Disclamer: Avatar le pertenece a "Bryke". Yo solo utilizo los personajes para el desarrollo de la trama de este fic, que si es de mi propiedad.
N/A: ¡Por ser la semana TOKO, mi alma fangirl ha resurgido con animos! Espero que, por favor sepan disfrutar de estos humildes drabbles-o oneshots-, que tal vez estén del asco, pero son mi contribución al TOKO.
Advertencias: Errores ortográficos, OOC (ligero, creo). Menciones de Ursa.
Tema: Duck/Pato.
Summary: Hay veces que lo aburrido se torna divertido, y ello conlleva, en ocasiones, a situaciones embarazosas.
Pato
Toph quería bufar pero, sabía que eso sería de mala educación. Al menos estando Iroh allí presente.
No es que no le agradara el viejo tío de Chispitas, de hecho Iroh era uno de los pocos adultos a los que Toph podía llamar amigo. No obstante, era su edad y su actitud relajada lo que precisamente ahora estaba matándola del aburrimiento.
¿Alimentar a los patos-tortuga? ¿Enserio?
Es decir, ella dejaba su escuela de tierra control por unos días para hacer una visita al nuevo Señor del Fuego, y a su tío-quien también visitaba el palacio en ocasiones-, y lo primero que le proponían hacer era alimentar animales que ella no podía ver.
Debería agregar esto, a la larga lista de ocasiones irónicas en que todos sus compañeros olvidaban el hecho de que era ciega.
— ¿Te aburres Toph?—Pudo oír como Iroh dejo de sorber su té, haciéndole la pregunta con suavidad.
—Un montón—admitió, rodando los ojos. No iba a negar la realidad cuando se lo preguntaban. Ella no era una mentirosa después de todo.
—Podemos hacer otra cosa, si tu quieres—sugirió Zuko, dejando de lanzar migajas a los animales que rápidamente se dispersaron a lo ancho del estanque.
Toph torció los labios y cerró los ojos, sopesando que otra cosa podían hacer por la tarde. Un entrenamiento entre ambos estaba terminantemente prohibido desde que sin ninguna delicadeza, Toph había casí dejado fuera de su corona al Señor del Fuego. Y aunque le encantaba lo prohibido, la recién encontrada madre de Zuko prefería evitarse un segundo infarto ante la inminente casi muerte de su hijo.
El silencio se había prolongado por unos instantes, al no emitir aún un veredicto, tanto Zuko como Iroh volvieron a sus actividades anteriores, Zuko a alimentar a los patos tortuga e Iroh a tomar su té con algún que otro dulce traído desde Ba Sing Se.
Fue en ese preciso instante que los labios de la joven maestra tierra se estiraron hacia arriba, riendo por lo bajo, empezó a maquinar el modo en que ejecutaría su plan sin que este pareciera sospechoso.
—Juéguenos a la gallina ciega—
Iroh y Zuko pararon sus movimientos abruptamente, y Toph podía permitirse el reír ante la idea de que los corazones de ambos se habían detenido y saltado por un segundo, a causa de a sorpresa que produjo su propuesta.
—Toph…—Zuko calló unos momentos, escogiendo las palabras adecuadas. —Eso no seria, este…justo. —completó haciendo una mueca.
— ¿Por qué soy ciega?—un latido le confirmo la respuesta silenciosa, pero afirmativa, del moreno. — ¡Ni que fuera un cachorro que necesita guía! ¿Te olvidas que puedo ver?—dijo, haciendo más énfasis señalándose los pies con un dedo.
La culpa fue audible para sus oídos al reconocer como la respiración se tornaba algo pesada, y las plantas de los pies le comunicaban de esa manera llena de secretismo que los latidos se estaban volviendo algo lentos, graves, pero con un ritmo constante.
En resumen, Zuko, en esos momentos se sentía como un gran idiota.
Toph quiso sonreir, pero sabía que no podía permitírselo, debía parecer convincente, y mostrar algo que detonase la ternura que Chispitas le producía en ocasiones no ayudaría. Con ese pensamiento en mente, controlando a su vez las ganas mortales de curvar sus labios hacia arriba, prosiguió su dialogo.
—Escucha, es un juego fácil. Es más, yo seré quien corra y tú me persigues. —explicó.
Zuko se mantenía indeciso, Iroh por su parte parecía estar divirtiéndose de verlos a ambos, incluso Toph creyó leer en sus latidos que la escena que miraba delante suyo era lo más cálido que hubiera visto en mucho tiempo. Una ironía, tomando en cuenta que Iroh también manejaba el fuego control.
—De acuerdo. ¿Cómo se juega?—
Toph abrió los ojos.
— ¿Nunca lo has jugado?—una de las cejas de Toph tembló, agregado sea dicho que también lo hizo su garganta al contener una risa que pretendía salir de su boca.
—Bueno, nunca lo he jugado, pero he oído hablar del juego en sí. —admitió con algo de vergüenza el soberano de la nación del fuego.
Oh dios santo, ¡las cosas estaban marchando mejor de lo que esperaba!
—Bueno, siéntate en el suelo. —Zuko le obedeció, la sonrisa de su rostro se amplió. —Ahora cierra los ojos y cuenta hasta, déjame pensar, cincuenta estará bien—dijo con ánimo.
— ¿Tanto?—ahora era el cicatrizado quien alzaba una de sus cejas en clara señal de duda, y desconfianza. No era tan idiota como para no intuir que detrás de cada acto inocente de Toph se ocultaban, muchas veces, planes con el único fin de fastidiarle a él, Katara, Aang o Sokka.
—Pues sí, al menos hasta que termine de cantar. Y cierra los ojos—advirtió con tono firme—No sería la gallina ciega, si no estás ciego, ¿no crees?—concluyó con burla.
—Bueno. —respondió, sin poder contrarrestar lo cierto del comentario.
Justo después de cerrar los ojos, los oídos de Zuko se mantuvieron alertas ante cualquier sonido, pero el graznido de unos patos tortuga y el repiqueteo de sus plumas en el agua no le ayudaban a prestar la debida atención a su entorno. Si había un modo de capturar a Toph, era adentrándose siquiera en uno de los tantos sentidos que dominaba, la audición.
Pero de nuevo los graznidos feroces de los patos tortugas no le dejaban concentrarse, tanto en los sonidos que llegaban a sus oídos como en el número por el cual iba contando en esos momentos.
Entonces, súbitamente sintió unos labios. Lisos, húmedos y finos. La presión de estos se intensifico, así como la fuerza de empuje. Se sentía bien, tanto que no le hubiera molestado permanecer así unos momentos más.
Solo que había un pequeño detalle.
Era Toph quien le besaba.
La posibilidad nació fugazmente, impactándole con la devastadora fuerza de un rayo. Abriendo los ojos, vio los ojos similares a perlas mirarlo con diversión. Sus mejillas se calentaron al punto en que podía asegurar que debían ser comparables con tomates ahora.
—Sabía por Iroh que te gustaban los pato-tortuga, pero no tanto—y río, extrañándole, confundiéndole aún más.
Pero también, el reflexionar que los labios que yacían unidos a los suyos no se habían separado, y que Toph de hecho estaba a una distancia cercana, pero con sus labios bien lejos de los suyos.
¿Entonces quien?
Reparando en el comentario anterior, con el miedo trepándole por la garganta, bajó la vista. Un pato tortuga se movía inquieto entre los brazos de Toph, quien forzaba al pobre animal a mantener su pico unido a los labios del príncipe.
Zuko se apartó, colérico, limpiándose los labios con la mano. Enviándole una de sus peores miradas asesinas a la muchacha. Cosa que, luego le frustro, tomando en cuenta que ella no podía verlas. Ella por su parte devolvió al pobre animal al estanque, y para recompensarlo, dejo la bolsa de migajas que le habían dado para alimentar a los animales, cerca de la orilla, abierta en su dirección. Similar a un bufet gratis.
—Desearía poder ver tu cara ahora, tu corazón parece tambor. —añadió sin culpa, para después reírse nuevamente.
— ¡Me engañaste! ¡¿Y a quién diablos se le ocurre usar un pato-tortuga para una broma así?!—expresó ya fuera de sí el chico.
Toph calló, unos instantes. Era inquietante ciertamente, por lo regular Toph salía a la defensiva tras ser acusada de haberse pasado con sus travesuras. Ladeaba la cabeza, claramente llena de curiosidad.
— ¿Entonces querías que yo te diese un beso?—Zuko sintió que su lengua se le trababa— ¿Pensaste que era yo?—la duda, y por que no, una ligera congoja se habían instalado en la voz de la maestra tierra. Cuyas mejillas se colorearon de un rosa claro.
Entre tartamudeos, que eran de hecho negaciones, Zuko opto por la retirada, pisando los pies y saliendo del jardín, con el tono más ofendido que podía emplear en ese momento sin que sus pies temblasen o él mismo entrara en combustión espontanea.
Toph, le siguió, exigiéndole una respuesta clara, gritando luego.
Iroh tomo otro sorbo de su té y suspiro, negando la cabeza, en tanto una sonrisa secreta se instalaba en sus facciones.
—Que vergonzosos son los jóvenes de hoy en día. —
N/A: Lo hubiera subido más temprano pero es que fue el jodido tema lo que me la puso dificil. Además, no recuerdo que fuesen en sí patos-tortuga así que si estoy en un error haganmelo saber, si son tan amables.
