Disclamer: Avatar le pertenece a "Bryke". Yo solo utilizo los personajes para el desarrollo de la trama de este fic, que si es de mi propiedad.
N/A: ¡Por ser la semana TOKO, mi alma fangirl ha resurgido con animos! Espero que, por favor sepan disfrutar de estos humildes drabbles-o oneshots-, que tal vez estén del asco, pero son mi contribución al TOKO.
Advertencias: Errores ortográficos, OOC (ligero, creo). Hipotesis/Teorías.
Tema: Teamwork/Trabajo en equipo.
Summary: Porque ella no quería ser la damisela en apuros, de ningún tipo, y él lo sabía.
Trabajo en equipo
Los días habían transcurrido con normalidad, si es que podía llamarse rutina o costumbre cotidiana a patearle el culo a algún que otro bandido o mercenario que a diferencia del resto de la gente de la Nación del Fuego, podía ver más allá de los disfraces improvisados del equipo Avatar.
Evadiendo un puño, que tenía como objetivo su rostro, Zuko sostuvo con su brazo a modo de llave la muñeca de la mano de su adversario, en tanto elevaba la pierna izquierda, agachándose con la derecha para luego usar el peso de su contrincante, elevándolo por sobre su hombro, y provocando que cayera de espaldas al piso, junto con él, que a diferencia del atontado sujeto, se había reincorporado tan prontamente cuando noto dos grandes rocas rozándole las mejillas.
Sus oídos captaron un: ¡Auch!, seguido entonces por el típico sonido sordo de alguien cayendo en el suelo.
—Buena reacción—aplaudió Toph, con una sonrisa.
Zuko se permitió devolver el gesto, girando sobre sus talones, formando un arco con uno de sus brazos, dejando salir una larga lengua de fuego de sus dedos, la cual se desprendió y voló en dirección a la chica de cabellera negra, quien solo ladeo un poco la cabeza, hacia la derecha, permitiendo entonces que la llama golpease al corpulento hombre que había tratado de atacarla por detrás.
— ¿Punto ciego?—preguntó él, estirando sus brazos. Tenía el cuerpo agarrotado por tanta persecución.
Toph alzó una ceja. Era claro que aquel comentario había sido tomado por el lado equivocado. Más sin embargo, Toph solo inspiró aire, soltándolo luego. Estaba hambrienta, por lo cual no se pondría a pelear estúpidamente con el príncipe solo por un comentario tan absurdo.
—Salto, así que, fue un punto ciego—enfatizo la palabra, fijando sus ojos en la figura del chico, aunque no pudiese verlo realmente—pero sol por un momento, fácilmente hubiera barrido el suelo con él—afirmó con seguridad, poniendo sus manos en jarras.
Zuko solo se encogió de hombros, restándole importancia.
—Se hace de noche, deberíamos irnos. —y sin esperar respuesta por parte de la joven, comenzó a caminar. Sujetando, ahora, la corra con las provisiones que habían conseguido en el pueblo cercano al bosque en el cual acampaban en esos momentos.
Durante una semana en medio de los entrenamientos de Aang, las provisiones habían desaparecido debido al voraz apetito de Sokka y Momo, huelga decir que Katara sin disimulo alguno estalló de rabia ante la inconsciencia de su hermano mayor. Con respecto al lémur no podía hacerse nada, era un animal por lo que "era natural esperar algo así de él", pero del chico de la Tribu Agua no.
Fue así como todo dio inicio, la idea de que tuvieran que turnarse entre ellos para ir a comprar provisiones al pueblo más cercano al bosque. Aunque claro, tras los intensos entrenamientos de Aang, sumado al apetito de Sokka y al hecho de que eran un grupo más o menos numeroso, la comida se acababa una vez se conseguía.
Hoy era el turno de él y Toph, por ende, se suponía que las cosas deberían ser fáciles. Pero no, algo le decía que el destino, tal vez el karma, quería castigarlo por hacer tantas atrocidades en el pasado. Porque sin duda su quemadura ahora le delataba ante los que alguna vez fueron sus súbditos, claro que era lo suficientemente consiente de este hecho como para ocultar su rostro. Sin embargo, ningún disfraz engañaba el ojo de un mercenario, cazarecompenzas o bandido dispuesto a llenarse los bolsillos. Habían reconocido su cicatriz.
Tratando de disipar los sentimientos de culpa que se disponían a apropiarse de él en esos instantes se percató de que algo andaba mal. Por lo regular Toph no paraba nunca de hablar, incluso en una oportunidad comprendió que odiaba el silencio, haciendo cualquier cosa para que este se viese roto.
Y aún así estaba todo tranquilo, sin sobresaltos.
Preocupado, se dio la vuelta para notar como la joven maestra tierra caminaba con los brazos cruzados, y su típica cara de indiferencia. También, se dijo para sí mismo, que el movimiento irregular de su cuerpo no tenía nada que ver con que cojeaba, casí imperceptiblemente.
— ¿Sucede algo?—preguntó ella de repente, sacándolo de sus cavilaciones mentales. —Te noto intranquilo.
Zuko la miro, mentiría si no admitiese con algo de precaución, Toph era de carácter volátil cuando se trataba de conversaciones verbales. Sin embargo, los ojos ambarinos no pudieron apartarse de su pie, más precisamente de su tobillo.
—Estas herida. —afirmó, elevando la vista para estudiar la reacción de la chica.
Toph por unos segundos pareció tensarse, asemejándose a un pequeño gatito que hubiera sido acorralado. Zuko reprimió la sonrisa, y la risa, que amenazaban con salir disparadas de sus labios. No quería terminar sus días bajo la tierra, literalmente. Por supuesto Toph no se dejo amedrentar, por lo cual sonriendo casí de forma ególatra, inflo y saco pecho.
— ¡Ja!—soltó— ¿Yo herida? ¿La gran Toph, la más joven y genial maestra tierra de todo el mundo, herida?—alzó las cejas, dejándolas caer luego, con cierta diversión—Por favor, unos bandidos como esos no pueden hacerme nada. Yo soy invenci—pero antes de que terminase su oración, Zuko se había acercado a ella, arrodillado, y apretado ligeramente el tobillo de la pierna derecha. Ella soltó un alarido— ¡¿Qué diablos crees que estás haciendo?!—bramó, pateando el hombro del moreno.
Zuko frunció el ceño ante el golpe en su hombro, pero no dijo nada más. Volvió a mirar el tobillo de la muchacha, estaba hinchado, una clara muestra de que se lo había torcido.
—Esta torcido—se sentía algo estúpido por señalar lo obvio, pero también sabía que la propia Toph era demasiado testaruda como para admitir que había terminado herida por su propia incompetencia en el campo de batalla.
—Mi tobillo esta en perfectas condiciones, ahora, muévete—ordenó, pero al sentir que el chico no había acatado lo que le había solicitado, sin ninguna delicadeza lo apartó con la mano, avanzando con un peculiar cojeo. Cerró los ojos con fuerza al sentir el dolor subir por su pierna. Muy seguramente Zuko la habría visto de hecho podía sentirlo a su lado, caminando a su mismo ritmo. —No necesito ayuda—anunció, moviendo la cabeza a otro lado.
—Yo creo que sí, si sigues caminando con el tobillo así tal vez Katara no pueda sanarte tan rápido. —mencionó él, en un vano intento por que la chica recapacitase. La hinchazón que presentaba el tobillo se había tornado de rosado suave, a morado oscuro, casí azul.
—Claro, como esa vez que quemaste mis pies—devolvió ella con brusquedad.
Zuko calló por unos instantes, provocando que Toph quisiese golpearse la cabeza contra un árbol. Era sabido por todo el grupo que Zuko se sentía más culpable por haberla dejado incapacitada realmente por unos cuantos momentos, que cualquier otra cosa que hubiera hecho hasta ahora. Ciertamente, quemar los pies de la única persona que estaba dispuesta a darte la confianza necesaria para reiniciar no era un buen comienzo. Y Toph juró, desde ese día que él se le había acercado para disculparse, demasiadas veces, que ella lo perdonaría solo para que cerrase su boca.
—De acuerdo, fui una tonta al decir eso. Ya olvídalo—escupió las palabras velozmente, volviendo a caminar a su ritmo.
Sin embargo, sin advertencia alguna, Toph pudo sentir como su cuerpo se despegaba del suelo. Sorteando las posibles razones para que eso sucediese, comenzó a moverse inquieta, entre los brazos del príncipe.
— ¡Suéltame! ¡No quiero que me cargues!—expresó, dejando a Zuko sin otro remedio más que depositarla en el suelo, de rodillas. Al sentirse otra vez en la superficie áspera que amaba, volvió su rostro, claramente enfadado; hacia el del maestro de fuego. — ¡Ni se te ocurra intentarlo de nuevo! ¿Me oyes?—tratando de levantarse del suelo, sintió otra punzada de dolor en su tobillo, cayendo sentada sobre la tierra.
—No puedes seguir—afirmó Zuko frunciendo el ceño—Tu tobillo esta torcido y caminar solo empeorara su estado. Sé que no debería decirlo, pero esta azul, y cuando un tobillo esta así significa malas noticias Toph. —explicó con brevedad.
—Pero no quiero que me cargues—replicó ella en un susurró, apretando los labios.
Zuko se mantuvo estudiando sus facciones con ojo crítico. Analizándola con el fin de descubrir el porqué de su tozudez. De lo poco que la conocía sabía que era algo brusca al hablar y actuar, que su orgullo era tan grande como el de él, y que por ningún motivo deseaba ser comparada con las otras chicas, frágiles y sensibles. Que no podía ver sobre el agua, hielo, y que Aang le gano por medio de su aire control, haciéndose invisible a los ojos de Toph.
Fue entonces que entendió.
—No puedes ver cuando te cargan cierto—dedujo.
El cuerpo de Toph volvió a tensarse, y ella solo profundizo su ceño fruncido. Como quien dice, el silencio otorga, y ella no estaba negando la realidad de las palabras que habían salido de la boca del joven.
Zuko se sintió tentado a revolverle el pelo y darle un beso en la frente, como su madre solía hacer con él cuando volvía tras una sesión de juegos con Azula. Y la razón para ello era porque, su madre intuía que él no odiaba los juegos, sino porque odiaba sentirse débil, incapaz de hacer algo por su cuenta.
El mismo sentimiento que Toph seguramente albergaba en lo profundo de su corazón y solo salía a flote cuando no era capaz de ver. A su mente regresaron las memorias del día que se presento como aliado a los demás, el día en que ella había ido a hablar con él personalmente por la noche, antes de que quemase por accidente sus pies. El terror de ella mientras huía arrastrándose por el suelo, teniendo solo sus manos de guía, su respiración agitada, y el pánico en su voz se habían grabado en su cerebro.
Suspirando, se acercó a Toph, tomándola por los hombros, evitando que esta se cayese.
—Ni se te ocurra…—comenzó ella.
—No voy a cargarte, solo voy a ayudarte. —comunicó.
Toph sintió como el agarraba uno de sus brazos, y lo llevaba hasta la altura de su hombro, depositando la palma de esta sobre este. Seguidamente, él llevo una de sus brazos por detrás de su cadera, sosteniéndole.
—Caminaremos a la vez, ¿te parece?—
Toph se mantuvo callada unos minutos. Pensando y calculando cuanto les tomaría llegar a su destino si caminaban de ese modo. Y claro, también en espera de que sus mejillas volvieran a ser frías, porque de un momento a otro la temperatura de estas se había disparado, y una inesperada sensación de vergüenza se había apoderado de ella.
—Nos tomara mucho tiempo. —dijo finalmente, con cierta duda.
—No importa. Más nos tomaría dejándote forzar tanto tu otra pierna.
—No llegaremos a tiempo para la cena.
—Y desde cuándo habrá una si nosotros tenemos la comida.
Toph sonrió ampliamente.
—Tienes razón—concordó ella, riéndose.
N/A: Son las 22:30, por lo cual sigue siendo 11/08/2012.
Las escenas de pelea me salieron del asco, no esto hecha para ellas. Ahora volviendo al tema de este One-Shot. La teoría que se refleja aquí es a siguiente: Como Toph no puede ver nada sobre superficies que no sean tierra como el agua o el hielo, sumado también a la gente que vuela-como Aang-. Pensé que si alguien la cargaba, al tener ella sus pies fuera de cualquier contacto con la tierra, quedaría privada de la única visión que conoce. Y como sabemos, Toph odia de sobremanera sentirse inútil.
