Disclamer: Avatar le pertenece a "Bryke". Yo solo utilizo los personajes para el desarrollo de la trama de este fic, que si es de mi propiedad.

N/A: ¡Por ser la semana TOKO, mi alma fangirl ha resurgido con animos! Espero que, por favor sepan disfrutar de estos humildes drabbles-o oneshots-, que tal vez estén del asco, pero son mi contribución al TOKO.

Advertencias: Errores ortográficos, OOC (ligero, creo). Menciones de Mai y Sokka (Fans Maiko & Tokka, lo lamento)

Tema: Payback/Pago devuelto, retribución.

Summary: Si esta era la forma en la que podía serle de ayuda y regresarle la confianza que había depositado en él en un inicio, que así fuera.


Retribución

Había muchas cosas que debían hacer antes de cantar victoria. Cada uno tenía sus problemas tras la guerra. Katara había decidido convertirse en misionera junto con Aang, con el objetivo de usar sus poderes curativos y comunicar en cada rincón del mundo que la batalla había llegado a su fin, dejando a Sokka como el único intermediario entre la Nación del Fuego y las Tribus del Agua del Norte y Sur. Él por otro lado, debía hacer frente a los murmullos de los funcionarios y consejeros que habían servido a su padre, debía ponerse al día con cada asunto de la economía de su nación, firmar papeles y por último y para colmo del combo "Estrés al máximo", reponerse de su relación rota con Mai.

Nunca había terminado de comprender que fue lo que apago la llama como Sokka decía con el mejor humor posible para levantarle un poco el ánimo. Según Mai, las responsabilidades estaban absorbiéndole bastante, no dejando ningún momento de relajación e interacción entre ambos. Y cuando lo había, no es como que Zuko luciese muy feliz, estaba cansado, incluso pensó que había perdido el ritmo de su fuego control por estar los últimos meses tras un condenado escritorio.

O al menos así fue hasta que Toph llego.

Recordó el pánico de los vasallos del palacio, y los gritos que él pego en su cólera, al ver como el suelo del jardín trasero se había abierto en dos para de este emerger una gran columna de tierra que recibió el aterrizaje de la joven maestra tierra. Agregado sea de paso que también lo cubrió con una ligera capa de lodo, producto de la repentina lluvia del día anterior.

Los regaños no se hicieron esperar de su parte, seguido de algún que otro golpe o contestación por parte de la chica. Ella siempre era así, bruta, replicante, y lo peor es que tenía tamaña determinación para llevar la contraria a cualquiera.

Con una escueta disculpa, similar a: "Lo siento, prometo no volver a fastidiar tu jardín". Y un movimiento de su cuerpo, que volvió al jardín a su estado inicial, como estaba hace tan solo unos segundos, pero algo desnivelado; la conversación se dio por terminada.

Al menos hasta una hora después.

Toph le escucho atentamente, riéndose de a ratos y soltando comentarios poco puritanos a diestra y siniestra. Cuando llego al tema de su relación terminada con Mai, Toph detuvo su caminar, le observo, y luego le golpeo en la espalda.

—Eres más fuerte que eso Chispitas. —dijo con el ceño fruncido—Tomaste decisiones equivocadas, las corregiste, y ahora tienes en tus hombros una nación. De nada vale la pena lloriquear por algo como un amor perdido. —concluyó con un bufido.

Zuko negó con la cabeza, suspirando, pero a pesar de todo sonriendo. Comprendía el comentario de Toph a la perfección, para nadie era secreto que había tenido, hace mucho tiempo atrás, un flechazo por Sokka. Pero claro, él muy ignorante no era capaz de verlo. Sin mencionar que Sukki estaba, ahora, formalmente conocida por todo el mundo como su pareja. Toph no era de las que se metían en vidas, relaciones o asuntos ajenos. Tampoco era un llorona, y muy seguramente se había pasado un tiempo con dolor de cabeza para reorganizar sus pensamientos.

—Gracias—le respondio. Revolviéndole el pelo.

— ¡Oye!—chilló ella, apartando la mano del ex príncipe de su cabeza.

—Lo siento. No pude evitarlo—se disculpo—Por cierto… ¿A que has venido?—la curiosidad muy pocas veces era uno de sus defectos, pero en esta ocasión no era así. Quería saber que había traído a la pequeña chica (la misma que ahora parecía haber pegado un ligerísimo estirón) a su nación.

— ¿Una no puede venir de visita sin hacer cita o que?—interrogó ofendida, cruzándose de brazos.

—No es por eso. Pero si has venido de visita, sígueme—pidió, encabezando una marcha hasta su oficina. Sentándose en su asiento. —Puedes sentarte—le comunico, al ver que ella seguía de pie.

—Tranquilo, me gusta estar parada. —aclaró ella con una sonrisa.

—Esta bien. ¿Té?—ofreció.

—Solo si es como el que hace Iroh—respondio. Respiro con tranquilidad el aire, percibiendo el aroma que desprendía la taza que Zuko le había acercado a una orilla del gran escritorio. —Tiene un aroma agradable, pero aún te falta mucho para prepararlo igual que él. —comentó, dando un primer sorbo a la taza.

—Dudo mucho que consiga igualar los tés que hace mi tío. —replicó el chico de ojos ambarinos de buen humor.

—Te doy razón en eso, solo por hoy. —cedió la pelinegra, tomando otro sorbo de su tasa.

— ¿Y cómo has estado?—comenzó Zuko. La verdad es que tanto tiempo tras el escritorio y el trabajo de oficina mermaron aún más si cabía la posibilidad de mantener una conversación de no más de dos minutos, cualquier persona, incluida su tío.

—Me va bien. Tengo planeado abrir una escuela de tierra control, y claro—los labios de la chica se curvaron hacia arriba, mostrando una sonrisa de orgullo. —metal control también.

—Te lloverán los alumnos—acotó con una risa. — Y yo sentiré pena por ellos. —añadió, con sincera lastima-aunque su voz tenía un tono de diversión-.

Toph apretó los labios.

—Me haces ver como si fuera un monstruo. —afirmo la chica, poniendo los brazos en jarras.

—Aang dijo estricta, Sokka tiránica, Katara bueno…poco razonable. —confesó él.

Porque desde el primer día, que se había unido al grupo del Avatar había deseado saber más de ella, siquiera un poco. Al enterarse que había enseñado a Aang el tierra control, pregunto como habían sido las lecciones y la actitud de la maestra al darlas.

Las opiniones no difirieron mucho, a lo sumo la diferencia radicaba en el modo de usar sinónimos para la misma cosa.

Zuko sintió cierta culpa al ver una sonrisita maliciosa florecer en el rostro de Toph.

—Con que eso te dijeron. Ya verán cuando les caiga de sorpresa. — murmuró con diversión.

—Bueno. Dejando tus truculentos planes de lado. ¿Hablaste con tus padres?—interrogó.

El rostro de Toph permaneció tieso. La sonrisa se había borrado, y la risa se evaporo como lo hizo el vapor del té humeante, ahora frio.

— ¿No lo hiciste?—hubiera deseado que su voz no sonase tan preocupada. Pero no podía impedir tal cosa. Katara le había explicado (cuando ambos habían arreglado de a poco sus diferencias), la complicada relación de Toph con sus padres, ella misma parecía renuente a reunirse con ellos cuando habían ido juntos a buscar a Aang, cuando este hubo escapado días antes de la llegada del cometa Sozin.—Toph respóndeme por favor.—pidió con amabilidad.

— ¡No fui! ¿Contento?—gritó la chica apretando los dientes—De igual forma ya sé como terminara. Me encerraran en una habitación de madera, si es en una de metal tal vez consiga escapar. ¡Pero sé que no me oirán! ¡Nunca lo hacen!—despotricó, dando patadas en el suelo.

Abandonado la seguridad del otro lado del mueble, Zuko se acerco hasta ella, tomándola por los hombros.

—Mira, sé que es difícil. Pero tienes que ir Toph, no puedes estar peleada con ellos toda tu vida, y ellos tampoco. —razonó él.

—No puedo, tal vez no lo sepas pero también puedo oírlos a ellos. —al sentir el desconcierto en el corazón del soberano, prosiguió con su explicación. —Como sabes mi condición me permite sentir los latidos del corazón de las personas, y muchas otras cosas, puedo leer sus emociones. Y las oigo Zuko, cuando les propuse a mis padres que me dejasen libre e irme con Aang, sentí su repugnancia ante el hecho de que yo hiciera cosas tan poco…refinadas sentí su decepción al ver que yo les había mentido. —Zuko aparto las manos de los hombros de la chica, al vislumbrar pequeñas lágrimas, las cuales ella rápidamente se seco. —Y por último sentí su miedo, entiendes…miedo. De mí—la voz se había convertido en un susurró cristalino, frágil, capaz de romperse así como la voz de ella.

Y eso a Zuko no le gusto, en lo más mínimo.

Esa no era la Toph de siempre: decidida, obstinada, orgullosa, fastidiosa de a ratos, dulce en otros. Esta era una Toph hecha en cerámica con ligeras gritas que amenazaban con romperse y desquebrajar su corazón. Y esas fisuras no podían curarse con pegamento, lamentablemente.

La memoria de ella dándole la bienvenida al grupo, a diferencia de los demás floto por su mente por unos instantes. Lo mismo ocurrió con el recuerdo del momento a solas que pasaron en la Isla Ember, al ver esa tonta obra teatral, las palabras que ella le había dicho disiparon sus sentimientos de auto culpa, como un soplo de brisa fresca.

Quería agradecérselo de alguna forma. Necesitaba hacerlo, ella había estado ahí para él, era su turno de retribuir todo lo que ella le había dado con desinterés.

—Vas a ir—sentenció Zuko, comenzando a caminar fuera del cuarto.

Toph se quedo de piedra al oír la voz decidida de su amigo, girándose, con el ceño fruncido, dio pasos largos hasta llegar detrás de él. Ahora caminaban por uno de los pasillos del castillo.

— ¿Es que no me oíste? ¡No puedo! ¡No soy capaz de ir sola hasta allá!—exclamó, importándole tres pepinos que algunas doncellas estuvieran escuchando tras las paredes y pilares del recinto.

— ¿Quién dijo que ibas a ir sola?—preguntó Zuko, alzando una ceja, en tanto la veía por sobre su hombro. Toph se detuvo, claramente confundida—Primero te darás un buen baño—señalándola con un dedo, volvió a darse la vuelta, retomando el recorrido que había suspendido por unos instantes—Te quedaras aquí por hoy, y mañana partiremos hasta Gaoling.

Los ojos de Toph se abrieron a más no poder.

— ¿Qué? ¿¡Qué tú qué?!—corriendo, rápidamente se situó enfrente del Señor del Fuego. — ¡Oh no! ¡Eso es una muy mala idea!—negó con la cabeza—No me interesa mucho la política, pero sé de sobra que las relaciones entre el Reino Tierra y la Nación del Fuego siguen siendo tensas, una visita sin aviso de tu parte a mi familia solo sería como echar madera al fuego. —resumió, cruzando los brazos—Así que vete olvidando de esa idea.

Zuko se rio, contento de ver hasta que punto la chica se preocupaba tanto por él como por la situación de su pueblo. Una sonrisa de satisfacción se formo en sus labios, Toph aún era algo ingenua si pensaba que él no tenía un plan.

— ¿Quién dice que no tengo un motivo para ir?—ella parpadeó ante lo dicho—Enviare un halcón mensajero con el siguiente mensaje: "Toph Bei Fon, heroína mundial y maestra tierra personal del Avatar, ha concluido con sus respectivos deberes para con el mundo. Por ende, se solicita una audiencia con el Señor y su esposa, Lady Bei Fong. Dicha audiencia tiene como objetivo comunicar de sus meritos militares a sus progenitores, además de los títulos honoríficos que recibirá su hija, del mismo modo que una propuesta de trabajo temporal o permanente aquí en la Nación del fuego"—Zuko se permitió alardear (al menos en sus pensamientos), que nadie nunca había dejado tan tiesa a Toph como él lo había hecho con sus palabras—Bueno, obviamente lo último es una mentira. Pero haremos como que te niegas con amabilidad, y luego les cuentas tus planes de abrir tu escuela. —sugirió con sagacidad.

Toph pestaño por unos segundos, aparentemente analizando el plan. No era mala idea, sus padres ante todo eran nobles, y como tales no podían negar audiencias si se les eran solicitadas. Dicho sea de paso que si le negaban una cita al Señor del Fuego, esa acción acarrearía problemas de índole diplomática.

—No sé—apretó los labios. El plan era bueno, pero seguía temiendo que nada saliese bien.

—Yo estaré ahí. —le recordó Zuko golpeándole suavemente la mejilla, esperando que ella saliese así del trance de la duda. —Y no pienso moverme.

Toph entonces alzo la cabeza, no podía ver a Zuko, pero la verdad es que hubiera deseado que sí. Era una lástima ser ciega cuando no podías ver las expresiones de los demás, más porque sabía que él no estaba mintiéndole. Sintió el sentimiento de honestidad desde la planta de los pies ascender por su columna vertebral hasta su cerebro. Era magnifico, dado que no supo como pero en un instante se sentía más segura.

—Eres consciente de que posiblemente griten y te, no sé…insulten. —expresó con inseguridad, aunque una sonrisa suave se formo en su boca.

—Tengo mucho de eso, ya me acostumbre—respondio él, bajando los hombros rápidamente.

— ¿Qué te hace pensar que te harán caso a ti?—

—Porque yo soy el Señor del Fuego. —Inclinándose a su altura, vio los ojos como perlas de jade. Sonrió—Y porque puede que tú me importes tanto o más que ellos. —reconoció con una sonrisa traviesa, rompiendo a reír cuando noto las mejillas rojas de Toph.

Claro, al menos así fue hasta que ella le golpeo el brazo, claramente avergonzada de tamaña declaración.


N/A: Quiero agradecer todos los amables reviews que he recibido hasta ahora. Me encanta saber que hay más fans del TOKO por allí. Muchas gracias por sus palabras de aliento, me alegra, del mismo modo; saber que disfrutan de la lectura y que esta les alegra el día y plasma una sonrisa grande o chica en sus caras.