Disclamer: Avatar le pertenece a "Bryke". Yo solo utilizo los personajes para el desarrollo de la trama de este fic, que si es de mi propiedad.

N/A: ¡Por ser la semana TOKO, mi alma fangirl ha resurgido con animos! Espero que, por favor sepan disfrutar de estos humildes drabbles-o oneshots-, que tal vez estén del asco, pero son mi contribución al TOKO.

Advertencias: Errores ortográficos, OOC (ligero, creo). Menciones de Iroh/OC (Su esposa), Maiko (de nuevo, lo lamento), Toko (casí al final)

Tema: Drink/Bebida.

Summary: Solo vives de ilusiones sobrino. Esas habían sido las palabras de su tío.


Bebida

Miró nuevamente la luna, la copa de sake, cuyo líquido era azotado por el brillo de las velas que daban una lúgubre iluminación a su oficina y suspiro. Pesadamente, así como de forma lenta, deseando que su miseria se viese expulsada de su ser.

— ¿Zuko?—la pregunta resonó, rompiendo el silencio auto impuesto. Iroh dejo caer sus hombros, casí fatigado.

Acercándose a una silla, tomándola y arrastrándola hasta quedar frente a la ventana, a un lado de su sobrino, siendo separados por la pequeña mesa donde yacía la jarra del néctar del olvido de todo pesar, y una segunda copa, vacía.

—La luna es hermosa, no te parece.

Zuko no respondio, solo tomo otro sorbo de su copa. Rápido y sin miramientos, sin dirigirle siquiera la mirada.

Iroh bufó. Era obvio que convencer al chico era más difícil que convencer al gran Appa a no darle besos amistosos cada vez que el bisonte y su dueño, le hacían una visita en su tienda de té.

—Sabes que lo hace por su familia cierto. —afirmó. Iroh no era el líder del Loto Blanco por nada.

—A ella poco le importa su familia—declaró con frialdad el soberano de la nación del fuego. Que ironía.

—Lo hace porque ya tiene diecinueve Zuko. Sus padres no pueden esperar más, y creo que ella quiere hacerlo. —expresó el anciano con serenidad, sirviéndose una ligera copa de sake.

Zuko dejo con un golpe seco la pequeña taza vacía sobre la mesilla. Entrecerrando sus ojos, apartando la vista de la luna.

—Ella no quiere, ella no es así. —susurró el chico de cabellera negra con vehemencia.

Iroh tomo un sorbo de su copa y miró las estrellas. Recordó su infancia, dura, casí fría- A su esposa e hijo muertos. Momentos felices, momentos tristes.

—Ni tú tampoco—dijo finalmente tras un largo silencio. — ¿Quién renuncio a una dama para luchar por otra?, tú, pero aún con tus sentimientos reconocidos ni un "Te amo" sale de tus labios.

—Pero ella sabe…—

—Sobrino. —Iroh lo cortó, entornando los ojos, para luego suavizar sus facciones, sonriendo con nostalgia. —Las mujeres, incluso las más duras no lo saben todo. Ni nosotros los hombres sabemos que traman nuestras propias mentes, ¿Cómo hacerlo con las mentes llenas de tramos oscuros, blancos o grises?, ella es fuerte, pero sigue siendo una mujer. —Iroh retiro la corona de la cabeza de su sobrino, arrojándola con cuidado sobre el escritorio de la oficina, detrás de ellos. —Y tu hombre…—hizo una pausa, volviéndose otra vez hacia la ventana. —Todos nosotros necesitamos ser amados, sentirnos queridos.

—Pero lo hacemos, quiero decir…—Zuko trataba de organizar la torrente de palabras que deseaban salir de su boca—Nos miramos, y la deseo, ella siente mi deseo. Puede leerme, y me asusta, pero a la vez me reconforta. No puedo, ni tampoco siento necesidad de fingir…ella es…—

—La única. Lo sé, sentí lo mismo por tu tía. Una mujer imparable cuando quería, pero oh el destino…—los ojos marrones del tío de joven rey se perdieron en las estrellas tintineantes, en esa noche clara que se encontraba fuera del palacio, siendo solo accesible por la vista ofrecida gracias a la ventana. —La aparto de mí al dar a luz a nuestro hijo. —los labios temblaron. Zuko se mantuvo alerta, no vaya a ser que su tío colapsase o algo. Sin embargo su cuerpo se relajo, apartando toda sensación de alarma del chico. —Creí que moriría, solo. Y como vez sigo estándolo, no puedo olvidarla. —confesó con férreo control sobre su voz, la cual había perdido intensidad. Zuko lo vio tomar una profunda respiración, decidido a continuar—Pero aún así, si tuviese que mirarla a los ojos como el primer día que le dije mis sentimientos, lo haría, y poco importaría si ella me rechazase. —Iroh miro con una sonrisa sabia a su sobrino—Solo vives de ilusiones, sobrino—susurró, tan bajo como un secreto que nadie debería oír—La realidad es qué, si las palabras no salen, por más que tu corazón sea el que ella oiga, la inseguridad de que ese sentimiento es real siempre estará presente. Debes manifestarlo, darle forma, y la forma que tus sentimientos pueden llegar a ella en todo sentido es con tus actos, y tus palabras. —Enderezándose, el líder del Loto Blanco, y gerente del Dragon de Jazmín abandono el cuarto, dejando al joven solo.

Solo y con miles de posibilidades y pensamientos rondándole por la cabeza. Miró la jarra de sake, y la copa medio llena. Con un chasquido, dejo la copa en la mesa y miro la luna. Cerrando entonces los ojos, estaba cansado de todo.

Imagino la piel blanca, similar a la leche, brillar bajo el fuego de las velas. El cabello negro y largo siendo desatado, extendido en el lecho, el cuerpo más pequeño que el suyo estremecerse bajo el toque de sus labios y el roce de sus manos por cada rincón.

Algo dentro de él tembló, provocando que abriese sus ojos. Maldijo, pasándose una mano por el rostro, cubriendo su cicatriz. Una escalofrió, no el fantasma de un recuerdo mejor dicho, le golpeo.

Cuando se habían conocido ella era apenas una niña. Ruda, poco elegante en notable contradicción con sus nobles orígenes, pero aún así hermosa. Aún cuando se quejase, gritara o insultase su voz era melódica. Y fue un día que ella quiso satisfacer su curiosidad, tocando su rostro, su cicatriz.

Recordó como su cuerpo se había tensado, en obvia reticencia ante el suave toque de la mano de ella, claro que la aspereza de la piel consiguió relajarle un poco. Era similar a una caricia, amable y delicada. Que ella fuese ciega solo aumentó su congoja, para alguien privada de la visión, muy seguramente un hombre con cicatrices le parecía algo normal.

Luego de esas veces, hubo otras, ocasiones reducidas mejor dicho. Pero él siempre lo agradecía, ese toque. Ni Mai había conseguido que su cicatriz fuese algo por lo cual no debería preocuparse. Podría ser una cosa superficial de su parte, pero no le agradaba la idea de ser desagradable para quien estuviese con él, le observase o prejuzgase por la marca de destierro que exhibía, ahora con orgullo, en su rostro.

Y hubo un día en que esas caricias pasaron a esfumarse para dar paso a un beso. Fue corto, un roce apenas, pero Zuko estaba seguro que sus sentimientos no pudieron haber sido tan transparentes en otro momento que no fuera aquél. La cara de Toph, roja como los tomates maduros, desapareció de su vista al instante. Ella había huido.

Y tres semanas después desde Gaoling habían llegado halcones mensajeros. Todos con la misma carta dirigida a cada miembro del equipo Avatar, y por curioso que pareciese a Ty Lee y a Iroh.

Era Toph pidiendo consejo.

Consejo para la elección de un marido que la desposase.

La sorpresa, la furia, la culpa, frustración y muchos otros sentimientos negativos se habían visto conjurados por las palabras, según decía la carta, dictadas por la misma Toph, incluso las palabras que componían cada oración serian como las hubiese dicho ella en voz alta de estar presente.

Él rompió la carta, y esa misma mañana, con la visita de Mai en su despacho se había sincerado. No dijo nombres, Mai solo sonrió, claramente compadeciéndole, y a su vez brindándole apoyo y buenos deseos.

Pero ella siempre lo supo.

—Ella no te esperara eternamente solo porque ya no estamos unidos. —había dicho ella antes de salir. No había malicia en su tono, solo sinceridad.

La afirmación le había caído como una broma de mal gusto, porque él creía que efectivamente, como él deseaba, las cosas saldrían bien. Por una vez.

Más no fue así. Toph se oponía a casarse con cualquiera, algo que por un lado sus padres apreciaban y a su vez consideraban una especie de maldición. Era obvio que ellos deseaban que se casase con un hombre de buena posición, mientras que ella no quería que cualquier noble debilucho se convirtiera en su esposo, por lo cual, siempre terminaba las citas programadas-la mayoría de candidatos seleccionados por Katara-con esos peleles en el suelo llorando por sus madres, como Toph decía, volviendo con una sonrisita de satisfacción en su rostro.

Pero la cosa pareció ceder cuando su madre tomo las cosas por otra ruta. Toph había tenido dos citas, ya, con un militar, un general de las fuerzas del Reino Tierra. No solo tenía renombre en las filas del ejército, sino que era joven, mayor que Toph por dos años apenas, y provenía de noble linaje. Siendo también, un maestro de tierra control.

Katara ya había comenzado a hacer planes de boda, al menos cuando Toph no miraba, escuchaba o sentía su euforia próxima. Las palabras: boda, compromiso y matrimonio. Se volvían cuchillas que le daban puñaladas de forma repetida.

Sin embargo Toph evaporaba esos sueños y fantasías románticas que tanto Ty Lee como Katara solían dejar a flote y merced de la imaginativa de sus compañeros. Más no obstante, nunca había negado que Coy le parecía agradable.

No podía soportarlo. Tomando nuevamente la jarra de sake, se sumergió en el néctar del olvido. Esperando que el dolor y toda esa situación fuese un sueño.

Quería olvidar, olvidarla a ella y su risa burlona, sus ojos llenos de esa esencia que encerraban misterios por descubrir, sus cabellos negros que, sueltos; se convertían en una selva que deseaba explorar con sus dedos. Su cuerpo, pequeño a diferencia del suyo, que deseaba complacer como pudiese, sus labios melocotón que pedían un beso pasional.

—Vete…—pidió a la nada. Agarraron su cabeza con sus manos—vete…—repitió en un murmullo.

— ¿Zuko?—

Ah, ahí estaba su voz, atormentándole como siempre. Apartando sus manos de su cabeza, tomo un pequeño candelabro, sosteniéndolo con una mano, extendiendo el brazo en dirección hacia donde había nacido la voz. Toph estaba vestida con el último vestido, que, muy probablemente Katara y la madre de la joven le habían hecho ponerse.

Esto era demasiado.

Era un vestido con un verde similar a las hojas secas de té, con ligeros bordados en hilo de oro, que formaban una especie de enredaderas con alguna que otra hoja, la enredaderas ascendían desde ambos lados bajos del vestido, perdiéndose detrás de las caderas, solo para surgir por encima del escote blanco, que se mantenía ceñido a los pequeños pero tentadores senos de la joven mujer. Para finalmente, rodear el cuello alto del mismo, que estaba abotonado internamente.

El vestido en si era sencillo, pero en Toph, quien además lucia el cabello suelto, cayendo como una cascada por su espalda, y luciendo un broche para el cabello, hecho de jade; solo aumentaba la belleza del mismo y de quien lo usaba.

— ¿Se te ofrece algo?—quiso golpearse la cabeza al ver como ella alzaba una ceja. Fue entonces que reconoció que la pregunta había salido en automático de su boca, pero el tono empleado en sí había sido cortante, distante, hostil.

—Solo venia a…—ella calló por unos instantes—preguntarte algo. Concluyó, jugando con el dobladillo de su manga izquierda.

—Dime.

No le había ofrecido sentarse, siendo sincero la cordialidad no estaba, en estos momentos, en su lista de prioridades. Solo quería que ella se fuera, no podía olvidarla si ella venia a verle.

Toph se mantuvo en silencio por unos instantes, eternos y perturbadores.

— ¿Crees que Coy sea el indicado?—preguntó.

—Retírate por favor. —pidió Zuko, apretando los dientes.

¿Acaso ella venia a humillarle más de lo que ya había hecho?

— ¿Debo o no?—interrogó nuevamente ella, con un tono más serio.

—Es tu vida—aparto la vista de su imagen. Seguro ella, su voz y el aroma a césped recién cortado que ella despedía se disiparía de su memoria mientras menos la observase.

—Y yo quiero que mis amigos participen en ella.

Suficiente.

Sin mediar consecuencias futuras, dejo el candelabro sobre la mesa del escritorio. Acercándose con pasos largos, que no tardaron en conducirlo frente a la chica, quien había levantado la cabeza, enfrentado sus rostros.

— ¿Realmente quieres saber lo que pienso?—lo había decidido, de su respuesta el caos o el milagro llegarían y tocarían a su puerta.

Ella asintió con la cabeza.

—Es una idea horrible. —cerniéndose por encima de su cuerpo menudo, la tomo de los hombros, manteniéndola arraigada al suelo, su nariz rozo la de ella. —Te amo—confesó.

La beso.

Ella quiso apartarse, pero él no se lo permitió, la mantuvo cerca suyo, presionando sus labios con los de ella. Cuando Toph entendió que en vano seria pelear, se mantuvo quieta. Su cuerpo tembló de pies a cabeza. Los labios de Zuko quemaban los suyos con un calor indescriptible, abriendo apenas la boca, sintió como la lengua de él se abría paso de forma lenta, como tratando de confirmar la invitación que ella inconscientemente le ofrecía. Abrió más la boca, permitiéndole explotar cada rincón hasta saciarse.

Sus piernas flaquearon, cayendo de rodillas al suelo, Zuko le siguió, inclinándose y tomando el rostro de ella entre sus manos.

El aire escaseaba y ellos debían separarse.

La respiración de Toph tardó en recomponerse al su ritmo usual. Todo en ella se sentía caliente, como la vez que ella y Katara habían ido al sauna de ese spa en Ba Sing Se. La diferencia era que un hormigueo bailaba entre sus labios, la ausencia de los labios de Señor del Fuego habían dejado cenizas que ansiaban realzarse con el fuego nacido en ese instante.

— ¿Por qué?—susurró, llevándose una mano temblorosa a los dedos.

Zuko permaneció callado, sin apartar su vista de ella.

—Ya te lo dije, te amo. Y si no me crees. —con un rápido movimiento descalzo los pequeños pies de la chica. Cogiéndolos de los tobillos, para luego depositarlos sobre la fría superficie del suelo—Confírmalo tú misma. —le reto.

Toph sintió entonces que su cuerpo se vio invadido por latidos sin freno del corazón de Zuko. La sinceridad era destilada con cada palpitar, provocando que su propio ritmo cardiaco se acelerara.

Fue lo mismo que aquel día.

Ese día cuando sintió deseos de besarlo, mientras tocaba su cicatriz. Ese día en que él se inclino adelantándose y haciéndola sentir no solo estúpida, sino también demasiado vulnerable.

La había atrapado con la guardia baja, con el corazón semi expuesto. Porque ella con el pasar de los días había asimilado-y con el tiempo lo hubo confirmado-que Zuko solo permitía que ella tocase su rostro. Mai nunca tenía mucha aprobación cuando lo hacia delante de ella y los demás, incluso el mismo Zuko lucia incomodo.

Paso toda una noche encerrada en el cuarto de huéspedes que le habían asignado, durante la cena había optado por comer en su habitación, dando como excusa que se sentía algo cansada. No quería estar en el mismo cuarto que él, no quería sentirlo al lado de Mai en la mesa, no quería percibir la felicidad flotando de su ser cuando Mai le tocase o le hablase. Era egoísta, lo sabía, pero no podía presentarse así. No con Mai allí, no conocía mucho a Agujas (como tan amorosamente había decidido llamarle), pero se sentía sucia, como la traidora, la usurpadora, la que estaba mal.

Se sentía horrible y no sabía que hacer para remediarlo.

No le menciono el asunto a nadie, salvo a Ty Lee.

Fue extraño, la chica solo se le acercó y termino revelándole toda la verdad. Lo que más le sorprendió fue que la misma muchacha juro guardar ese incidente como un secreto, solo de ellas dos, y de Zuko, pero seguía siendo importante el tener alguien para hablar del asunto. Con el paso de los días Ty Lee dijo que la única manera de olvidar a un hombre era conocer a otro, otro que estuviese disponible, sin compromisos, aunque claro, en su caso Ty Lee lo había expresado como una sugerencia. Ya que ella creía, incluso aseguraba con toda a seguridad del mundo que Zuko tenía sentimientos encontrados por ella, que la amaba.

¡Con un demonio! ¡Al final Ty Lee había dado en el blanco!

¿Y ahora qué?

—Eso es todo—la voz de Zuko la había desterrado de la tierra de "reflexiones de última hora"

El rostro de Zuko lucia contraído. Casí triste, dándose la vuelta, estuvo más que dispuesto a abandonar primero la oficina.

Pero ella no estaba dispuesta a permitirlo, parándose del suelo, corrió hasta arrojar al Señor del Fuego al suelo, junto con ella.

—Eres tan idiota ¿sabias?—regañó ella con las mejillas rojas y un nudo en la garganta.

Zuko sintió el cuerpo de ella sobre su espalda, ladeando ligeramente la cabeza, noto como ella se apartaba hacia un lado, permitiéndole, entonces; sentarse en el piso. Mirándola, noto el rubor en las mejillas, todo era silencio pero a su vez, no había mucho que decir.

— ¿Me amas?—

Ella abrió y cerró la boca varias veces, evito sus ojos, girando la cabeza hacia cualquier otro ángulo, para finalmente musitar.

—Sí, creo que te amo también.

Él no necesito nada más que esas palabras. Para volver a tratar de besarla.

Pero, por otro lado, debía empezar a pensar de qué forma haría frente a los padres de Toph, después de todo, no estaba dispuesta a dejarla ir. Y él hecho de que el Señor del Fuego pidiese la mano de la única hija de los Bei Fong podría resultar complicado.

Sin embargo, recordando las palabras de su tío, y las de Mai; decidió que lo intentaría. A fin de cuentas, ahora era ella quien ahora lo besaba.


N/A: El One-shot más largo hasta ahora. Quería en un inicio centrarme en que el alcohol hiciera mella en las emociones de Zuko, pero baje un poco el nivel del uso de este tema, dejándole en segundo plano.

Espero que les guste este One-Shot. Solo falta uno y será la finalización de este proyecto tan especial, dedicado para la Toko Week.