Hetalia, World Series… /Venezuela. Alfred/Ana María.
By: Aexis Martínez. Enjoy!
Eternamente tú.
Capítulo 2
Son más que Celos, cuando se mezclan con la culpa.
Se despertó porque un rayito de luz de sol iluminaba su rostro… Abrió los ojos y encontró a un hombre moreno dormido en el sillón diagonal a su cama, se levanto en silencio al baño, se alistó y bajó a desayunar.
En la cocina…
-Buenos días nana Hipólita.
-Buenos días niña Ana María, anoche no la escuche llegar.
-Ammm… es que le pedí a Vicente que me trajera un poco más temprano, me sentí algo indispuesta en la fiesta, pero no te preocupes ya estoy bien, ¿qué hay para desayunar?
-Te prepare Unas arepitas con caraotas y queso, como a ud le gustan mi niña… Ya decía yo que era extraño que el señor Lovino llamara tan temprano para saber de ud.
-Gracias nana, tu siempre consintiéndome. Llamó Lovi, le devuelvo la llamada más tarde, porque debe haberse preocupado, de otra forma no hubiera llamado, es necio y testarudo, al contrario de Venecciano. ¡Jeje! Aun no entiendo como es que son unos gemelos tan distintos… -decía mientras se sentaba en la mesa y despedazaba la arepa-
Suena el teléfono…
-Si, buenos días.
-¿Esta mi pequeña Venecia bien? –Dijo España con voz angustiada-
-Sí Sr. Antonio, no tiene de que preocuparse. –respondió la nana con cara risueña-
-¿Podría hablar con ella?
Venezuela se volteó de la silla y le hacia señas a la negra que tenia el teléfono al oído para que le dijera que estaba ocupada…
-Ahora está ocupada, pero le diré que le devuelva la llamada.
-Oh, entiendo, gracias. –Dijo e tono decepcionado-
La negra volvió a la cocina y se dirigió a Venezuela, quien saboreaba su arepa con el queso y las caraotas y su taza de guayoyo que no podía faltar.
-Ay niña, por qué no le contestó al señor España, sonaba bastante preocupado.
-Por qué le contestaría a alguien que me mantuvo bajo su yugo tantos años. Lo único que Antonio ha hecho bien por mi, fue mandar a callar a mi jefe. Me voy, si Chente se despierta, dile que estoy con Palomo…
En el establo, con su caballo palomo…
-Hola Palomo, vamos a arrear el ganado ¿quieres? Sabes, tu eres mi mejor amigo, el mejor compañero fiel que he tenido, si fueras un hombre estuviera casada contigo y no pensando en el Idiota de Alfredo, si supieras la que me hizo anoche, y yo que pensaba olvidar un rato el pasado y enseñarle a bailar, pero no, él estaba ocupado besando a Natalia, buscando que lo matara, a veces no se que coño piensa ese catire rancio…
¡A bueno pues, y por qué carajo tengo yo que preocuparme por lo que le hiciera Natalia a él!... Ay Palomo, a quien engaño, es tan obvio que todavía muero por U.S.A…
-El caballo solo la miraba, y relinchaba-
-Cierto, tienes razón, tengo que ser fuerte como siempre lo he sido, mantener y sacar a flote esa india que una vez fui y una guerrera que nunca he dejado de ser.
-Mari…
Ana María se volteó para saludar a Vicente, que tenia una cara bastante seria.
-Buen día Vicente, ¿Qué pasa, por qué esa cara? –Decía mientras se alejaba de su caballo blanco y se acercaba a Vicente.
-Tenemos que irnos.
-¿A dónde?
-A mi casa, recibí una llamada de nuestros jefes, tienen algo importante que decirnos, pero Ana, no tienes que aceptar nada si no quieres.
-¿A qué te refieres con eso Chente?
-Lo entenderás cuando lleguemos…
Al siguiente día, en otra inútil reunión de naciones… Todos salían del salón hablando de un tema que no era precisamente alguno de los que trataron en la reunión.
-Viste que Cuba y Venezuela llegaron juntos y tomados de la mano. –Le decía México a Argentina.
Venezuela y Cuba se tomaron nuevamente de la mano para salir al pasillo, en lo que salían U.S.A pasó al lado de ambos y le dijo a Ana en voz baja:
-Te sigo amando.
Venezuela se detuvo mientras él entraba al salón.
-¿Ana sucede algo?
-Sí, olvide algo… Adelántate en un momento te alcanzo.
-Bien.
En lo que vio desaparecer al cubano, se devolvió al salón, que estaba solo ocupado por un hombre que estaba parado frente a la pizarra, de espaldas a ella que se encontraba detrás de la puerta que cerró.
Estaba molesta, y estaba a dispuesta a decirle a ese hombre que de una vez la dejara en santa paz.
-¡Que bolas tienes tú Estados Unidos! Después de toda la mierda que me has lanzado, te atreves a decirme esa pendejada, como si fuera a caer como la primera vez.
-Bueno al menos te devolviste to tell me all that things no? Además, esas no son cosas que no te hallas buscado de mi Ana María Bolívar.
-¿Sabes como es la Vaina Alfred Jones?, tu puedes hacer lo que te de la regalada gana pero a mi ¡déjame en paz!, what is your problem with me?
Camino hacia ella y ella hacia atrás, hasta que estuvieron a poca distancia de la pared.
-Eres una estúpida Ana, si crees que voy a dejarte en paz, estas mal, no voy a dejarte caminar, respirar, pestañar hasta que al menos sigas sintiendo aunque sea desprecio por mi.
Ana se indignó más de lo que ya estaba por las palabras del gringo, ¿Qué se creía? – pensó- y levantó la mano para darle una bofetada sin darse cuenta que su rabia había puesto lagrimas en sus ojos, cuando se aproximó a darle el golpe a Jones, él tomo su mano y la empujó la pared tomando también su mano libre. Alfred le beso el cuello y acariciaba con su nariz la extensión del hombro y el cuello de Ana María hasta detrás de su oreja con una respiración sutil.
-Why? Only you make me fell stupid like before, the past don´t wanna go… You still in my heart Ana, I just can´t take you away from me.
Ana permanecía callada, estaba en cierta forma sorprendida, Alfred nunca se había mostrado así con ella, ni si quiera en sus peores momentos, ¿estaría él desesperado, que le sucedía?
-Mi intención nunca fue hacerte llorar, yo no quise besarla, jamás quise dañarte pero tú también me heriste y no me dejaste otra opción, pero si no puedo hacer que me ames si no quieres perdonarme al menos ódiame pero no me hagas esto, porque no pienso soportarlo. Tu con ese maldito negro, tomados de la mano y lanzándose miraditas durante toda la reunión, prefiero lidiar con una guerra que con eso…
El monologo lo cortó la risa de Ana María. –Alfred los había estado observando toda la reunión y sentía ganas de matar a Vicente cada vez que miraba a Ana de la misma forma que él deseaba mirarla, y al ver que Ana también lo miraba, lo sacaba de sus casillas heroicas, estaba totalmente lleno de celos, pero no podía decir o hacer nada en plena reunión-
-Estas loco si crees que vas a engañarme otra vez, si una vez pensé en perdonarte, estaría confundida, dormida o borracha, pero no conciente, no soy tonta, ahora suéltame.
-Pensé que me preguntarías si estaba celoso. (Yo también pensé lo mismo) –Le dijo mientras levantaba su rostro para verla de frente, y sostenía más fuerte sus manos para que no se soltara la venezolana que acorralaba contra la pared.
-Pues no, por qué estarías celoso, si eres feliz besando a tus ex en las fiestas ajenas. –Tenía una cara de furia.
-Eso fue un reto de héroe que me puso Francis, no podía decir que no, no podía mostrarle que era un cobarde.
-Si claro, y la estatua de la libertad usa pantalones.
-Esta bien, NO ME CREAS, yo solo tenia que besar a la chica que no amo entre Bela y tú.
-¡Imbécil! ¡y tenía que ser justo en mi fiesta de cumpleaños, justo cuando quería enseñarte a bailar, justo cuando pensaba perdonarte! –Se le escaparon las palabras que decía mientras lloraba por el recuerdo de la amarga noche que tuvo por su culpa- No podías simplemente besar a quien amaras, ¡no podías besarme a mi!
Alfred le cortó las palabras y el Aliento, con un beso profundo y largo, que luego de haber terminado, le decía perdóname cada vez que besaba las lagrimas que bajaban de las mejillas de Venezuela.
-Pero no solo a ti te han lastimado mis errores, no hay alguien a quien atormenten más que a mí. –Balbuceaba mientras dejaba libres las manos de la mujer de ojos verdes y olor a vainilla que tanto le gustaba, para subir las suyas por la cintura de la misma- Quería morirme después de que tome el broche que te regale del piso. –Le dijo mientras basaba su cuello, Ana María deslizó sus manos dentro de la chaqueta del norteamericano y desabotonó algunos botones de la camisa blanca que usaba, para sentir su pecho desnudo, luego tomo con una mano su nuca y enredó sus dedos en el cabello rubio de su seductor acompañante, quien ahora la besaba apasionadamente a medida que sus cuerpos ya no tenían distancia entre si y lo único que estorbaba entre ellos era la ropa- Quédate conmigo Ana. –Le dijo al besar su pecho descubierto, Ana reaccionó de inmediato a la propuesta, y con un golpe de realidad, empujo al oji azul hacia atrás-
-Que coño estábamos haciendo, yo no puedo quedarme contigo Alfred.
-Hasta cuando vamos a hacernos creer q nos odiamos Ana, con lo que paso ahora no podemos pretender seguir ignorando que traemos el pasado arrastrando a nuestras espaldas, my god!
-Las cosas son diferentes ahora, no es por eso precisamente que no puedo permitir que esto pase Alfredo, pero ya esta decidido, nuestros jefes han hablado y no me negué y él tampoco, así que no pienso herirlo nuevamente, a diferencia de ti, él ha estado siempre que te he necesitado o te he querido a mi lado brindándome su apoyo, por eso voy a darle una oportunidad.
-¿A quién te refieres con él?, se que no he estado contigo, pero no es porque no quiera, tu conoces las razones que nos separan mejor que yo Ana. ¿Qué sucede ahora con tu jefe, otra cosa más que me agregue a la lista para separarme de ti?
-No entiendes Alfred… Me caso con Vicente en tres días.
La noticia le cayó como una piedra de mil toneladas encima, lo dejo en shock, no sabia que hacer o decir, ni si quiera que pensar. Solo veía a la mulata volviendo a acomodarse para salir, a donde Vicente la esperaba. María se dispuso a salir cuando estuvo lista, en lo que abrió la puerta, escuchó la ultima oración de América del Norte, quizá la ultima que podría escuchar tan cerca de él fuera de una reunión de naciones.
-No serás feliz, y él tampoco, porque ambos saben que tu no lo amas Ana, ¿no te importa lastimarlo más estando con él, que solo siendo su amiga?
-Eso no te incumbe.
-Por su puesto que sí, porque los tres sabemos a quien correspondes tus sentimientos, ¿no es así?
Ella se volteó para mirarlo, recostado en una silla con la chaqueta en la mano con sus ojos azules fijos en ella, suspiró y cerro la puerta dejándolo en el salón, salió del edificio y se encontró con Vicente que la esperaba fuera, recostado de su auto…
-¿Por qué tardaste tanto?, ¿pasó algo?, ¿encontraste lo que olvidaste?
-No, creí haber olvidado algo pero, no olvidé nada, solo que me encontré con el superior de China y me dijo que llevara unos recados a mi jefe, pero nada más no te preocupes. ¿Nos vamos?
-Claro morena, súbete… -Le dijo mientras le daba un beso en la frente-
Desde el Auto Ana miraba la ventana, con nostalgia y tristeza.
