Capitulo 1
Dos años después
74 Juegos del Hambre
Los golpes de la puerta hicieron que Haymitch gruñese entre sueños. Estaba tirado sobre el sillón, dónde había caído tras una larga borrachera la noche anterior, y no se había despertado desde entonces. Escuchó los gritos de la entrada de manera lejana, por lo que no se molestó en moverse, mientras los porrazos se volvían más insistentes y fuertes. Hubo un estrépito y, cuando quiso darse cuenta, los Agentes de la Paz ya habían ingresado a su casa y lo estaban poniendo de pie de manera forzada entre órdenes y palabras que se mezclaban en su confundido cerebro. Una vocecita aguda comenzó a llegarle a los oídos, por lo que tuvo que pestañear varias veces para que la imagen excéntrica y rosada de Effie Trinket tomase forma frente a sus ojos.
- ¡Hay que moverse ya, Haymitch! ¡Nos espera un día muy, muy, muy importante!
La respuesta del cuarentón fue otro gruñido. Claro, lo había olvidado entre tantas botellas: aquel día se celebraba La Cosecha, aquel evento apestoso al cual debía asistir para figurar como el único mentor del Distrito 12 para los nuevos Juegos del Hambre. Cada año, tenía que soportar el tormento de ver a sus dos tributos ir directamente a la muerte. Cada año, soportar ser un juguete para el Capitolio y sus homicidios, camuflados en deporte. Y cada año, preocuparse de una manera inapropiada por que aquellos ojos azules no subiesen al escenario al ser su dueño escogido como tributo.
Haymitch se zafó de un tirón de los agarres de los Agentes, murmurando y refunfuñando palabras incomprensibles, y pateó una botella que se encontraba en el suelo, que retumbó al chocar contra la madera. Continuó abriéndose paso entre su propio desorden, tambaleándose, propinándole otra patada a unos calzoncillos que se elevaron un momento en el aire. Se sonrió, disfrutando del rostro asqueado de Effie, quien apretó los labios y se dio vuelta para salir de su casa a paso apresurado.
Fue trasladado en coche, escoltado y compartiendo transporte con Effie, quien no dejaba de parlotear acerca de lo pobre y penoso que era aquel Distrito a ojos de todo Panem, exigiéndole seriamente que procurase que este año no fuese tan desastroso como los anteriores. Haymitch decidió no responder nada y guardó silencio todo el camino. En primer lugar, porque no le interesaba comentar nada al respecto; en segundo lugar, porque sentía que iba a vomitar todo si abría la boca.
A pesar de que La Aldea de los Vencedores estuviese bastante apartada del resto, llegaron bastante rápido a la Plaza Principal, donde comenzaba apiñarse una pequeña multitud. Aún era muy temprano, pero los jóvenes obligados y sus familiares que vivían más cerca, ya se encontraban allí. El escenario ya se encontraba montado, con las sillas ya ubicadas y las urnas de cristal repletas de papeles. El alcalde, un hombre aparentemente agradable, parecía estar bastante angustiado, como todos los años.
Haymitch deseaba que todo transcurriese rápido y no estar conciente de ello, por lo que de su chaqueta sacó una pequeña petaca repleta de un fuerte licor. No le hizo caso alguno a la mirada de reproche de Effie, quien no llegó a decir nada que el hombre ya estaba bebiendo velozmente, haciendo un ruido algo desagradable. Para cuando bajó del auto, volvía a tambalearse, por lo que se aferró de Effie, quien rápidamente se puso a chillar sobre su comportamiento inapropiado.
Apenas estuvo conciente de lo que ocurría, tal como había sido su deseo. Cuando el lugar se llenó, dando comienzo a la Cosecha anual, tuvo que subir al escenario, lo que hizo renegando para sí mismo lo tanto que odiaba tener que asistir a aquel evento. Se dejó caer en una silla y abrazó a Effie, quien se zafó del abrazo, ya que aparentemente continuaba más que molesta con él. El resto de los acontecimientos ocurren de una manera demasiado veloz para la embriagada y lenta mente de Haymitch. Tras un discurso aburrido y repetitivo, Effie se puso de pie y tras anunciar alguna que otra palabra que el hombre no pudo comprender del todo, tomó la papeleta de la urna de las mujeres. Lo siguiente que pudo captar fue un alboroto, aunque no le prestó demasiada atención, hasta que la palabra "voluntaria" retumbó en la plaza. Levantó la vista para ver a una chica subir al escenario en medio de un griterío que lo aturdía más de lo debido a su condición. Al parecer, se había entregado como tributo en lugar de su hermana y se presentaba como Katniss Everdeen, por lo que se puso de pie y se acercó a ella luego de que terminase de hablar. La rodeó con un brazo, farfullando lo que él creía que eran palabras totalmente ciertas y, antes de que supiese realmente lo que estaba haciendo, estaba despotricando contra el Capitolio y su cobardía frente a las cámaras. Lo siguiente que podría recordar era el estruendo de haber caído del escenario al suelo.
Alguien lo levantó, él creyó que es alguno de los Agentes, y lo colocó sobre una camilla, llevándolo a un costado. Haymitch no comprendía bien lo que sucede a su alrededor, por lo que se limitó a observar con la mirada perdida. ¿Cómo era posible que su vida se hubiese convertido en semejante miseria? Los Juegos eran una mentira. Las promesas de gloria, también. Él era la prueba viviente de ello.
Entre sus pensamientos pesimistas y su confusión, pudo notar que el evento continuaba sin él en el escenario. Intentó clavar sus ojos en la muchedumbre, mientras un nombre retumbaba en los altavoces de la plaza. Peeta Mellark.
Las letras flotaron en su adormecido cerebro, tomando forma. Pudo notar una cabellera rubia caminar hacia el tablado entre la multitud y tardó unos pocos segundos en reconocer la figura de espaldas anchas que se elevaba como tributo masculino del Distrito 12. Mientras el alcalde leía el tratado, se fijó en las pantallas enormes que rodeaban la plaza, donde reflejaban la imagen de sus nuevos pupilos. Su mente solamente pudo fijarse en aquellos ojos azules que se proyectaban a través de las cámaras, aquellos ojos que parecían haberlo perseguido los últimos dos años.
"No. Él no". Fue lo primero y último que llegó a pensar en aquellos instantes. Volvió a sentir que el alcohol golpeaba en su efecto, por lo que recostó su cabeza y volvió a dejar caer los párpados, que parecían rogarle que les permitiese cerrarlos.
Peeta Mellark. Así que aquel era el nombre del hijo del panadero, cuyo pasado encuentro aún recordaba con cierta confusión después de un buen tiempo. El chico al cual ahora tendría que, probablemente, ver morir sin poder hacer casi nada para ayudarlo.
Cuando despertó, se encontraba con ropas limpias envuelto en las sábanas blancas que ya tan bien conocía. Por las ventanas, podía ver los árboles pasar a gran velocidad, lo que confirmaba sus sospechas. Ya se encontraba en el tren en camino al Capitolio y, a juzgar por la escasa luz que entraba, era ya de noche por lo que habría pasado inconciente toda la tarde. No quiso moverse, pensando en lo último que recordaba…
La Cosecha. Los nuevos tributos. Peeta Mellark. El chico misterioso. El chico del pan.
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Gracias por leer, damos credito a Cane que hace bastante por este fic. Nos pueden encontrar en tumblr como sofreackled o magicalbechi. Esperamos sus reviews para saber su opinión, cualquiera sea :)
