Capitulo 2

Podría decirse que saltó de su cama en cuanto pudo tener control sobre sus extremidades. Comenzó a revolver entre sus cosas, confiado de que encontraría algo en lo cual ahogarse y volver a perder la conciencia, hasta que encontró su adorada botella de vodka. ¿Con qué fin iba a querer estar conciente si ahora era la vergüenza de la nación entera, después de haberse caído de esa forma delante de las cámaras? De todas formas, no sabía si aquel era realmente su verdadero problema, ya que todo el mundo sabía y estaba acostumbrado a su relación con el alcohol. Entonces, ¿Cuál era el verdadero problema? ¿Tanto le afectaba que Peeta hubiese salido escogido como tributo? Apenas sabía quien era. Apenas habían interactuado una sola vez…

Para cuando llegó al compartimiento donde se estaba desarrollando la cena, encontró allí a Effie, Katniss y Peeta, quienes aparentemente ya se habían alimentado y se fijaron en él, probablemente por su estado realmente deplorable. Su cabeza volvía a darle vueltas y apestaba a alcohol.

-¿Me he perdido la cena? - preguntó, arrastrando las palabras. Después vomitó en la alfombra y cayó encima de la porquería.

Escuchó de manera lejana la voz aguda de Effie y supuso, a juzgar por el sonido de sus tacones, que abandonaba la habitación. Sintió un par de manos tirando de sus brazos y se puso de pie a la fuerza, dejándose ser sostenido por los dos tributos. Podía diferenciar entre las manos más delicadas y pequeñas de Katniss en comparación a las manos firmes de Peeta, pero en aquel estado, no le dio mucha importancia.

-¿He tropezado? --preguntó Haymitch en un tono totalmente ronco, arrugando la nariz frente al hedor que se elevaba por el aire- Huele mal.

Se limpió la nariz con la mano, manchándose la cara con vómito. Fue entonces cuando le llegó una voz conocida de algún lugar cerca de su izquierda.

- Vamos a llevarte a tu cuarto para limpiarte un poco – había dicho Peeta.

Simplemente, se dejó arrastrar. Los adolescentes hicieron todo el trabajo de llevarlo hasta su dormitorio, medio arrastras, medio a empujones. Ni siquiera se dio cuenta cuando ya estaban allí, tirándolo en la ducha y encendiendo el agua corriente, cuyo contacto frío no pareció afectarle. Pudo oír las voces de los chicos conversando, asombrándose internamente de que Peeta se ofreciese a encargarse del asunto.

Pestañeó, comenzando a enfocar el rostro pálido del chico en su campo de visión, mientras escuchaba el golpe de la puerta que indicaba que Katniss había abandonado el cuarto. Peeta lo observó un instante y chasqueó la lengua, moviendo la cabeza de forma negativa.

- Parece que siempre que nos cruzamos hoy, estás dispuesto a quedarte inconciente – comentó el chico, agachándose para ponerse de rodillas junto a la ducha y poder mirarlo de más cerca. Su voz sonaba más fuerte de lo que en realidad era en la cabeza de Haymitch, ya que éste aún continuaba aturdido. – Apenas te subieron al tren, avisaste que te ibas a echar una siesta y …

No supo que más dijo el chico, porque no le estaba prestando atención alguna a sus palabras, aunque la verdad no recordaba haber dicho que se iba a recostar. Probablemente hubiese sido su excusa para desaparecer en medio de un estado de ebriedad al instante de haber arribado al tren, ¿pero a quién le importaba lo que había hecho en medio de su inconciencia anterior? Estaba más concentrado en seguir con la mirada las manos del joven, que se deslizaban de una manera ágil y veloz, probablemente para no pasar demasiado tiempo tocando el vómito, dedicándose a desabrocharle los botones de la camisa. Se dejó acomodar para que él pudiese quitarle la prenda, a la cual escuchó luego de un momento borroso, caer contra el suelo. Aquel sonido se mezcló con un bufido asqueado de Peeta, aunque no le dio mucha importancia.

-No tienes por qué hacer esto, chico – masculló Haymitch con una voz ronca, intentando poder seguirlo con la vista, aunque apenas podía enfocarlo a la perfección.

-¿Y dejarte pudrir en el vómito? – dijo Peeta con ironía. – Es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo – añadió, y a Haymitch le pareció notar un cierto tono divertido en su voz.

Peeta se incorporó para inclinarse y obligarlo a echar la cabeza hacia atrás, ayudando con su mano a que el agua le limpiase la porquería del rostro. Tal cercanía le produjo a Haymitch una sensación extraña, algo así cómo cierta nostalgia por el contacto humano, así también un calor que no supo reconocer en absoluto. En su cerebro atontado, reconoció aquello como algo agradable que no deseaba dejar de experimentar.

Por eso mismo, un bufido se le escapó cuando el chico se alejó de él, poniéndose de pie a su lado. Peeta pareció analizarlo un momento y luego se sentó en el borde de la bañera, inclinándose para poder desabotonarle el pantalón, ya que también había quedado manchado. Comenzó a quitárselos con dificultad, tanto por la postura como por el peso extra que el agua le proporcionaba. Le lanzó una rápida mirada al adulto, quien no podía dejar de observarlo, algo que aparentemente lo incomodó, puesto que un ligero rubor se asomó por sus pálidas mejillas y volvió a concentrarse en su trabajo.

Peeta tiró de sus pantalones y los lanzó al suelo, aparentemente meditando cual sería su siguiente paso. Haymitch pudo notar la duda en las facciones del chico, deduciendo que éste estaba un poco perdido, aunque no era capaz de procesar alguna que otra palabra como para decirle algo. El chico del pan analizó un instante la bañera con los ojos.

- Te quedó un poco de comida en la cabeza – explicó con la risa camuflada en su tono de voz. Volvió a inclinarse, esta vez sobre Haymitch para poder alcanzar con su mano el frasco de shampoo que se encontraba en un costado de la tina. Fue en ese momento, que el mentor pudo sentir el aroma que el joven desprendía, incluso sobre su propio hedor; una mezcla exquisita entre chocolate y pan recién horneado. Sus sentidos adormecidos pidieron sentir con mayor intensidad la fragancia que Peeta desprendía, además de que necesitaba volver a apreciar ese contacto cálido que le había proporcionado minutos atrás. Y los efectos del alcohol fueron sus mayores aliados…

Haymitch tomó el brazo del muchacho a medio camino y jaló de él. Peeta resbaló en el borde mojado de la bañadera y cayó sobre su mentor, produciendo un pequeño estrépito, mezcla de agua y el choque de su cuerpo contra la porcelana y el propio Haymitch. Mellark pareció quedarse anonado y sin saber exactamente como reaccionar, mientras que el adulto acercaba su rostro al cuello del chico, aspirando su perfume, admirando las pulsaciones que lograba captar con aquel contacto. Lo aferró con fuerza por los hombros, sintiendo el escalofrío recorrer el cuerpo del adolescente.

Pudo notar como Peeta se ponía tenso y, antes de lo que Haymitch hubiese deseado, intentó apartarlo, echándose hacia atrás. A causa de su estado, Abernathy no pudo retenerlo, por lo que el chico se puso de pie con bastante rapidez a pesar de la postura incómoda y el agua. Salió de la bañera y lo miró, con el rostro tenso, acompañado de alguna otra expresión que el atontado Haymitch no pudo descifrar.

- Creo que tienes la suficiente energía como para terminar por tu cuenta – masculló Peeta, en un tono algo seco.

Sin siquiera preocuparse por el estado de su mentor, el tributo se dio vuelta velozmente para salir del cuarto con paso decidido, tirando de la puerta para abrirla y luego, cerrarla de un portazo a sus espaldas.

A la mañana siguiente, aún le dolía la cabeza, pero no se le antojaba tomar algo de alcohol de inmediato. Suficientes mareos tenía con simplemente pensar en aquel suceso que apenas recordaba con exactitud. ¿Cómo podía haber sido tan idiota como para actuar de aquel modo? ¿Debería mostrarse indiferente frente a Peeta o buscar alguna excusa? Prefería la primera opción, ya que podría fingir que no recordaba nada de lo que había ocurrido. Y si no lo recordaba, directamente no había existido. Y fin del asunto.

Ingresó al vagón comedor cuando Effie y Peeta ya se encontraban presentes. Masculló un "buenos días" que solamente la mujer respondió. Observó de soslayo al chico mientras tomaba asiento; el panadero parecía avergonzado, bastante reservado y muy concentrado en la bandeja de panecillos que tenía enfrente, además de aparentar encontrase bastante curioso con su taza de chocolate caliente.

- Sospecho que debes saber muy bien la receta de esos panecillos – le espetó Haymitch de improvisto.

Peeta lo miró, levantando la vista por primera vez, aunque no acotó nada. Probablemente, recordaba aquella lejana situación en la panadería, pero era obvio que ninguno de los dos iba a mencionarla.

Por suerte, Katniss hizo su aparición y pareció cortar el ambiente, distrayendo la atención de todos los presentes. Sin saber el motivo, Haymitch se rió entre dientes e invitó a la chica a sentarse con ellos. Ellos se pusieron a conversar entre sí, pero el mentor prefirió ignorarlos; se sirvió un poco de jugo y, al llevárselo a los labios, notó que estaba demasiado dulzón para su gusto. Fue allí cuando sacó su acostumbrada petaca del interior de su camisa y la abrió, echándole un poco de alcohol a la bebida.

Estaba disfrutando de aquella combinación, cuando la voz de Katniss le llegó desde algún punto de la mesa.

- Entonces, ¿se supone que nos vas a aconsejar? preguntó la chica.

- ¿Quieres un consejo? Sigue viva respondió Haymitch, antes de echarse a reír.

Parecía que todos esperaban que fuese capaz de decir algo mejor que eso, pero la verdad, era la única ciencia de los Juegos. Y ya estaba un poco cansado de aconsejar a niños que, lamentablemente, todos los años se dedicaban a morir.

El silencio se hizo presente solo unos instantes, porque Peeta inesperadamente dejó su desayuno para clavar su mirada en la de Haymitch, dejando de lado aquella actitud avergonzada de minutos atrás.

- Muy gracioso – dijo el chico. De repente, le pegó un bofetón al vaso que Haymitch sostenía en la mano. El cristal se hizo añicos en el suelo y el líquido rojo sangre se desparramó por la alfombra - Pero no para nosotros.

Haymitch lo pensó un momento y le dio un puñetazo a Peeta en la mandíbula, tirándolo de la silla. Por un instante, se preguntó si fue solamente por el alcohol o por su completa actitud; probablemente un poco de ambas. Cuando se volvió para coger el alcohol, Katniss se irguió para clavar su cuchillo en la mesa, entre su mano y la botella. El estupefacto mentor los miró a ambos un momento, sopesando algunas ideas, de modo que apartó la mano de la bebida y los observa. En realidad, observa a la chica, intentando ignorar a Peeta.

- Bueno, ¿qué tenemos aquí? ¿De verdad me han tocado un par de luchadores este año?

No pudo evitarlo y observó como Peeta se levanta del suelo para tomar un puñado de hielo de debajo del frutero, con la intención de llevárselo a la marca roja de la mandíbula.

- No Haymitch lo detiene antes de que lo haga, sujetando un instante su brazo. Al percatarse de aquel contacto, lo suelta de inmediato - Deja que salga el moratón. La audiencia pensará que te has peleado con otro tributo antes incluso de llegar al estadio.

- Va contra las reglas. – reprocha Peeta, quien le echó una mirada a la mano de su mentor por un instante debido a aquel contacto.

- Sólo si te atrapan. Ese moratón dirá que has luchado y no te han ganado; mucho mejor.

Ya, demasiado contacto con el chico para su gusto en muy poco tiempo. Decidió fingir estar interesado en su compañera, pidiéndole una demostración de su uso con el cuchillo, aunque en realidad se estaba debatiendo si aquel golpe había sido demasiado. Tal vez debería pedirle disculpas, pero no quería crear otra situación entre los dos. Seguiría con su plan y lo ignoraría el mayor tiempo posible. O al menos, se mostraría indiferente.

-Vengan aquí los dos -- pidió Haymitch, señalando con la cabeza al centro de la habitación.

Peeta y Katniss obedecen sin chistar, y él da vueltas a su alrededor. Examina sus músculos y sus facciones, aunque poco parece concentrarse en la muchacha que tiene enfrente. Le es inevitable notar como Mellark desvía la mirada, manteniendo la cabeza gacha la mayor parte del tiempo. Haymitch buscó su mirada al analizarle los rasgos, sujetándolo del mentón, aunque el chico se zafó de su agarre. Él no le reprochó absolutamente nada; después de todo, tenía sus motivos aunque no hablasen de ellos.

-Bueno, no está todo perdido – dijo finalmente el mentor en un tono casual, como si ignorase por completo la actitud del chico – Parecen en forma y, cuando queden en manos de los estilistas, serán bastante atractivos – no pudo evitar mirar a Peeta en aquel momento. Extrañamente, el chico alzó una ceja durante una fracción de segundo. – De acuerdo, haré un trato con ustedes: si no interfieren con mi bebida, prometo estar lo suficientemente sobrio para ayudarlos, siempre que hagan todo lo que yo les diga.

Y además, no deseaba seguir regalándole golpes a Peeta, después de todo. Extrañamente, fue el chico el primero en aceptar, lo cual lo asombró a pesar de no demostrarlo en absoluto. Interrumpió a Katniss en medio de una pregunta para indicarles a ambos que se dejen arreglar por los estilistas apenas lleguen al Capitolio, así pudo tomar su botella de alcohol y salir del vagón.

No deseaba compartir más un cuarto con Peeta mientras las cosas estuviesen tan tensas. Para cuando llegó a su dormitorio, se dio cuenta de que estaban llegando al Capitolio. Ni se preocupó en asomarse por la ventana; veía aquella imagen todos los años y le resultaba terriblemente asquerosa. Guardó su botella y se quedó allí encerrado, hasta que llegaron a la estación. Dejó que los encargados llevasen sus cosas y bajó del tren en medio de la multitud que se apiñaba para ver a los nuevos tributos de los juegos. Entre las cabezas que intentaban abrirse paso acompañadas de los flashes de las cámaras, vislumbró el cabello de Peeta, quien pareció volverse un instante para mirarlo. Hizo una mueca que no supo identificar del todo y volvió a darse vuelta para seguir los pasos de su compañera.

Tal vez era momento de comenzar a olvidar ciertas confusiones.

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Agradecemos otra vez a Cane y Bruna. Nos pueden encontrar en Tumblr como sofreackled, magicalbechi o lunaticoo-. Esperamos sus reviews! :)