II. LA CENA

Para cuando Camus y Milo llegaron ya había mucha gente reunida en la estancia del Patriarca, entre invitados especiales, gente del mismo Santuario, los mismos caballeros dorados y por supuesto el Patriarca vestido exquisitamente con sus mejores galas.

El lugar de los caballeros estaba dispuesto en la mesa principal, seis lugares a la derecha, seis a la izquierda y en la cabeza de la mesa el Patriarca.

- Pero miren nada más quienes llegan…-

- Déjame adivinar Aldebarán, ¿Serán el señor irresistible y el señor frío?.- Rió Aioria.

-¿A que debemos el milagro de tan honorable presencia Camus?.- Dijo Afrodita con una expresión encantadora en el rostro.

- Simplemente no quería aburrirme en mi templo mientras ustedes se están embriagando aquí.- Replicó Camus con la seriedad de siempre.

- Jajaja ahora nos llama borrachos… pero si mal no recuerdo Acuario alguna vez saliste de este mismo lugar borracho como una cuba, ¿No es así?.- Milo les sonrió a los demás al preguntar esto. Todos rieron del comentario, era verdad, Camus hace unos años en una de las cenas había salido realmente ebrio, cosa extrañísima en él, no solo eso, había estado dando un espectáculo y lo mejor fue cuándo amarró a Milo a una silla cuando éste se disponía a marcharse.

- Seguro que lo pasaste muy bien Milo, sobre todo cuándo te amarró a la silla, ¿No te encanta que te sometan?.-

Shura con su comentario logró que todos los caballeros dorados estallaran en risas, incluso el mismo Camus sonrió tímidamente.

-¿Y cuáles fueron las palabras…?.- Interrogó Shaka.

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-¡TÚ NO TE VAS DE AQUÍ PEDAZO DE CABRÓN!.- Dijeron todos en coro.

-¿Van a seguir así el resto de la noche?.- Camus levantó una de sus cejas partidas para dar énfasis a sus palabras.

De todos solo había uno que no reía tanto como los demás, incluso parecía que reía por compromiso. Máscara Mortal, como siempre mal encarado. Sentado en su silla observaba y oía todo, no podía esconder lo mucho que detestaba a Milo.

De pequeños no lo soportaba por ser tan bromista y ya mayores tampoco le soportaba por que éste siempre se le adelantaba con alguna chica que quería conquistar.

Por más que Máscara Mortal le hiciera desplantes y lo tratara mal, Milo parecía divertirse con la situación y más le molestaba, varias veces habían acabado a golpes y más de una ocasión sus peleas les dejaron tan lastimados que no se habían podido levantar de la cama. Incluso el año pasado en el cumpleaños de Máscara Mortal Milo había llenado el templo del Cangrejo de serpentinas y globos. Cáncer por su puesto había montado en cólera y de no haber sido por Mu, se hubiera dirigido al Templo del Escorpión Celeste a arrancarle la cabeza a Milo.

En la mesa estaban dispuestos deliciosos platillos cocinados exquisitamente, haciendo gala de los mejores platos del Mediterráneo. Acompañaron los alimentos con un delicado vino francés.

- Alguien debe controlar la cantidad de vino que está tomando Camus.- Dijo Mu en medio de la cena.

- Jajaja yo lo voy a cuidar:- Sonrió Milo con aquella sonrisa cautivadora que tanto le gustaba a Camus.

- Milo, no es necesario, no pienso beber como cosaco esta noche.-

- Solo por si acaso, además tú siempre me cuidabas cuando bebía más de la cuenta. Pareces triste, ¿En qué piensas?.-

- No es nada, es que el sabor de este vino me recuerda a mi natal Francia, hace años que no visito mi país.-

- Cuando regrese la paz al Santuario te prometo que iremos a Francia.- Aseguró Milo sin saber que ese viaje no se concretaría ya que el destino les separaría más tarde. Le tomo la mano bajo la mesa y sus dedos se entrelazaron.

- Hacen una pareja muy curiosa, parecen más novios que amigos.- Comentó Máscara Mortal con doble intención.

Camus se quedó callado mirándole con interrogación.

-¡Claro que sí! Una pareja perfecta.- Le lanzó Milo.

- Bueno eso sí sería un gran escándalo, no para ti Milo, todos estamos acostumbrados a tu promiscuidad y a nadie le sorprendería, pero Acuario no es como tú para desgracia de él.-

-¿A quién le importa?.- Milo empezaba a molestarse.

-A ti menos que a nadie. Solo decía, como tú toda la vida le acosas…-

- Solo somos amigos, Cáncer.- Camus al notar la incomodidad de Milo se sintió mal de decir eso tan desinteresadamente.

- Si… solo… amigos.- Puso punto final a la conversación el molesto Milo.

Al escorpión le dolía tener que fingir delante de todos, Máscara Mortal tenía razón, finalmente a nadie le importaría saber que llevaba una relación con Camus. Pero a Camus sí que le importaba. Él no quería que todos le molestaran con ello y menos que supieran que el caballero de Acuario, el más serio y el único que se había salvado de las correrías propias de los demás había caído en los brazos del lujurioso caballero escorpión.

Camus… ¿Por qué ocultarlo? ¿Acaso no me amas lo suficiente para enfrentar los prejuicios? Me duele tu frialdad. ¿Por qué no puedes ser frente a los demás como eres conmigo a solas?] Se interrogaba Milo una y otra vez en silencio.

La cena siguió su curso sin percances, contaban con música para bailar, ya fuera entre ellos o con el resto de personas que se encontraban en la fiesta. Shura, Aioria y Afrodita se encontraban ya bailando en la pista improvisada con tres chicas, tres caballeros femeninos. Shaka y Mu discutían en la mesa acerca de los lugares que conocían de la India. Máscara Mortal y Aldebarán a su vez platicaban de la primera vez que entraron al santuario. Sin embargo Máscara no perdía detalle de lo que hacían Milo y Camus y pegaba oreja para tratar de escuchar lo que decían, sin conseguirlo.

La pareja platicaba animadamente de muchas cosas, empezaron con sus maestros, pasando por sus recuerdos de infancia y finalmente ellos mismos y su relación.

- La noche que me ataste a la silla… dime por que estabas tan fuera de sí.-

- Y ahí va de nuevo… te lo he dicho muchas veces.-

- Me gusta escucharlo por que no me lo creo.-

- Empecé a tomar para agarrar valor… para confesarte la verdad.-

- Mmmh…-

- Que te deseaba cada vez que te veía pasar, que me había enamorado de ti casi instantáneamente.-

- Jajaja tú siempre tan esquivo conmigo.-

- Me daba miedo…me dabas miedo.-

-¿Yo?.- Milo arqueó las cejas sorprendido.

-¡Sí, Tú! Me acosabas día y noche y yo estaba confundido por que era la primera vez que… que sentía algo así… por un hombre…-

- Es que tú me dabas alas. ¿La primera vez… por un hombre? ¿Quieres decir que ya habías sentido algo por alguna chica?.-

Camus levantó las cejas y sonrió tímidamente a su amante

- Vamos, tampoco soy de palo, claro que antes me había fijado en una u otra chica. Pero nunca me había atraído un hombre, nunca hasta que te vi.-

Milo se quedó serio mirándolo, él ya no recordaba desde cuándo le habían gustado los hombres igual que las mujeres. Sí, él también había quedado prendado de Camus cuándo le vio la primera vez. Serio como siempre, atractivo, cuándo le miró de cerca y vio lo blanquísima que era su piel, le deseo. En el Santuario había caballeros de piel blanca, como Mu que era de piel como él le llama, incolora o Shaka con un poco más de color. Pero no como su Camie. Ciertamente hacían un complemento perfecto, Milo con su piel dorada por el sol de la Isla de Milos que hacía resaltar el azul turquesa de sus ojos y Camus blanco como el marfil con su belleza gélida.

Camus subió la mano que tenía sobre la rodilla de Milo hasta sus fuertes muslos, tocaba suavemente a través de la túnica de seda, palmo a palmo como queriendo memorizar cada centímetro del cuerpo del escorpión. Subió, subió más, hasta tocar el pene de su amante; sintió como se enderezaba con rapidez entre sus dedos.

- Si sigues así… conseguirás que te tome sobre esta mesa… sin importarme nada.- Le dijo Milo con palabras entre cortadas por el placer, cerrando los ojos abandonándose.

- Eso si me dejo…-

-¡Ah! ¿Piensas luchar? Sabes que te ganaría Acuario…-

- Soy más eficiente que tú en cuanto técnica.-

- Si lo sé… tus manos son bastante eficientes, de verdad, ya no sigas…-

Máscara se había dado cuenta de lo que estaba sucediendo y se quedó estupefacto del cinismo de los dos caballeros sentados en frente de él.

Maldito Milo, me las has de pagar, será pronto y sé muy bien que es lo que más te dolería… ahora mismo empieza mi venganza… pagarás por lo que mucho que me has humillado. Mientras estos pensamientos venenosos le consumían comenzó a mandar con muy bajo poder sus ondas de Hades a Camus, de manera imperceptible.

Acuario sintió un mareo de repente y casi cae de la silla.

-¡Camus! ¿Qué pasa? ¿Estás bien?-

- Yo… no sé… me siento mal… me siento mareado.- Apretó los ojos fuertemente a causa de los mareos que se sucedían uno tras otro.

- Me da… vueltas la cabeza Milo…-

- Te ves muy mal, voy por un vaso con agua.-

- No, mejor acompáñame a mi templo, creo que necesito descansar.-

Shaka y Milo llevaron al su templo a Camus, ahora no soportaba el dolor de cabeza. Shaka le llevo a su dormitorio mientras Milo fue a la cocina por agua y en busca de algún analgésico.

-¿Estás bien Camus? Te ves pálido.-

- Si… ya pasan los mareos, tal vez fue el cansancio, no he dormido ni comido muy bien últimamente.-

- Bueno Camus busqué y busqué y no tienes ningún tipo de medicamento, así que tendremos que optar por algo más austero, tómate este té, te sentirás mejor.- Milo le extendió una taza con una infusión caliente. Camus bebía lentamente acostado en la cama.

- Nos quedaremos si te sientes mal.- Dijo Shaka

- No es necesario, es solo cansancio, de verdad, me siento mejor.-

- Olvídalo, me quedaré contigo.- Milo estaba preocupado, Camus no solía tener mala salud, era más común que Milo se enfermara, aparte de que era bastante dramático y por cualquier cosa deseaba estar en cama guardando reposo.

- En serio, regresen al baile, voy a dormir, no pasa nada, no es para tanto.-

Mu sí había sentido que alguien estaba atacando psiquicamente a Camus pero fue tan rápido que no alcanzó a distinguir de quien era el cosmo.

- Bueno ya me estoy aburriendo, mejor me retiro a descansar a mi templo.- Máscara Mortal se despidió con un gesto de desgano de sus compañeros que seguían en la mesa.

- Que descanses.- Le dijo Aldebarán.

- Igualmente, buenas noches.-

Por un momento Mu pudo ver que el caballero de Cáncer sonreía con malicia y se le quedó mirando hasta que desapareció en la multitud.

- Él no es una buena persona… hay mucha maldad en su corazón…-

- No seas exagerado Mu. Es bastante introvertido y un tanto latoso pero no es tan malo.- Aseguró Tauro.

- No sé, nunca me ha inspirado confianza…-

-¿Ves Shaka? Es un necio, no estuvo en paz hasta que nos corrió.-

- Tal vez quería estar solo.-

-¡Patrañas! Se sentía mal, tú lo viste.-

- Bueno vale, ¿Qué te parece si dentro de un par de horas regresamos para ver como sigue?.-

- De todos modos pensaba hacerlo, si el es necio yo soy más, jajaja.-

- Lo creo Milo.-

Ya casi llegaban al salón del Patriarca cuándo se cruzaron con Cáncer que venía en dirección contraria. Shaka se detuvo unos instantes mientras se acercaba a ellos. Milo frunció el ceño e hizo una mueca de disgusto.

-¿Cómo sigue el delicado francés?.-

- Bien, está durmiendo.- A Shaka le sorprendió que preguntara.

- Que pena que no se haya quedado para el postre jajaja.-

- Es natural teniendo tan agraciada compañía como tú cerca.-

- No te enfades Milo, era una broma. En fin, buenas noches, me retiro.-

- Adiós Máscara.-

- Bye bye cangrejito.-

-¡Vete al diablo Milo!-

Se alejó de ellos a paso normal, solo Milo lo siguió con la mirada mientras bajaba las escaleras.

-¿Siempre se llevarán así?.-

- No lo sé Shaka, se toma muy a pecho todo. Desde que éramos niños es así.-

- No es que tú seas muy simpático con él.-

-JAJAJA trato de no hacerlo rabiar pero él empieza con sus comentarios.-

Máscara Mortal llegó a la parte de atrás del templo de Piscis, por los lados se desbordaban hermosas rosas rojas. Afrodita cuidaba de sus rosas como si él mismo se tratara.

Pasó por el templo en completa paz ya que su guardián se encontraba en esos momentos divirtiéndose con el resto de sus compañeros, así que tenía el paso libre para llegar hasta Acuario donde el caballero de hielo se encontraba posiblemente en cama gracias a él.

Esto es perfecto no hay nadie en los templos, salvo el francés… pobre Camus seguramente debe encontrarse muy mareado gracias a mí… me pone las cosas más fáciles así… jajaja. Mientras pensaba esto se acercaba al templo de Acuario, tan frío como su guardián.

- Brrrrr que frío hace aquí, ¿Cómo alguien puede vivir en este frío?.- Dijo en voz queda.

Se detuvo unos instantes ante las escaleras que llevaban a la parte privada del templo, titubeo y sonrió torcidamente.

La estancia estaba levemente iluminada por lamparillas de noche, pudo distinguir unos confortables sillones color perla, un comedor pequeño y la cocina. Siguió andando como si de un ladrón se tratase, sus pisadas eran casi imperceptibles hasta que llegó alas puertas de la habitación principal. Eran puertas dobles y una de ellas estaba entre abierta, se veía luz en el interior; no se atrevió a irrumpir así que tocó la puerta.

-…¿Si…?¿Quién está ahí?.- Le contestó una voz tranquila, Camus.

- Soy yo, Máscara Mortal. ¿Puedo entrar?.-

- Ah… claro, pasa.-

Vaya, suenas decepcionado Camus, ¿Acaso esperabas que fuera el escorpión? Supongo que sí.

Máscara entró lentamente y cerro la puerta tras de sí. La habitación de Camus era bastante sobria, muebles sencillos pero elegantes. Lo que más llamó su atención fue la hermosa cama de dosel en la que estaba sentado Camus leyendo un libro.

Todo estaba pulcramente ordenado y no había nada fuera de lugar, ni siquiera un cepillo.

El caballero de Acuario lo veía con esos ojos azules tan fríos, un poco fastidiado.

-¿Sucede algo?.-

-No.-

-¿Pasó algo…?.-

Un silencio mortal. En verdad Camus empezaba a fastidiarse de la manera en como lo estaba mirando el caballero de Cáncer… de manera libidinosa. Cerró molesto el libro y se recargó más cómodamente en sus mullidas almohadas.

-¿A que has venido?.- Le espetó Camus.

- Vine a ver cómo estabas.-

- Bien, estoy bien ya te puedes marchar, quiero descansar.-

- La verdad es que vine a hablar contigo de algo…-

- Bueno si no es importante podemos hablar mañana, ahora no tengo deseos de escuchar nada.-

-¿De veras no quieres escuchar… nada…?¿Ni de Milo?.-

La manera en que habló y sonrió Máscara hizo que un escalofrío le recorriera la espalda a Camus.

-¿Milo? ¿Qué sucede con él?.-

- Jajaja hasta la expresión de tu rostro cambió.-

- Mira si has venido a quejarte de algo que te hizo…-

- No, no he venido a eso. Tú y él tienen algo más que amistad, ¿No es así?.-

- Ya te dije…-

- Yo los vi.- Puntualizó Máscara Mortal, se regocijó cuándo vio el efecto que surtían sus palabras en su compañero. Camus se incomodó y le miro de manera dura y más serio que nunca.

- …-

- Te has quedado mudo… Les vi en las afueras del templo del Escorpión Celeste cuándo se dirigían a la cena…

- No… sé… de que hablas.-

- Lo besaste muy apasionado jajaja, ¿Quién lo diría de ti?, de él no me sorprende, pero de ti sí.-

- Bueno ¿Y qué? Ya que tú mismo lo viste no hay más que decir. ¿Eso es todo lo que querías decirme?.-

- No me despidas tan rápido Camus… ¿Lo saben los demás?.-

- No, no lo saben. Y dudo mucho que les interese.-

-¿Qué pasaría si se enterara el Patriarca? ¿O tú maestro? ¿O el de Milo?.-

Acuario pensó que difícilmente a su maestro Eneo le molestara enterarse de eso pero al maestro de Milo, Quirón, si que le importaría… lo más probable es que le rebanaría primero el cuello a él y después a Milo. Antes de marcharse Quirón se lo advirtió.

-…¿A dónde quieres llegar?.-

-¿Y si el Patriarca se lo comunica a Atena? Seguro que a los dos los echarían del Santuario… o tal vez los matarían… quien sabe.-

Camus sintió mas miedo ahora, por que finalmente sus compañeros no serían problema, pero el Patriarca sí. Dudaba mucho que el entendiera la situación y Atena… se supone que sus caballeros solo le aman a ella y a nadie más… ¿Qué clase de caballero dividía su amor entre Atena y su amante?.

- Te congelaría la boca antes que pudieras decir nada…-

- No lo harás por que si intentas atacarme me defenderé y de cualquier manera se hará tal escándalo que vendrían los demás y sabrían el por que de la pelea…Pero no seré tan malo, guardaré su secreto…-

-¿Qué quieres?-

-A ti…-

-¿Qué estás diciendo, miserable?.-

- Ya oíste, a ti francés. Yo no diré nada a cambio de tu cuerpo.-

-¿Cómo…? Estas de broma.-

- Claro que no, tu decides, pero hazlo ahora por que si me marcho de tu templo sin una respuesta daré por sentado que no te importa que haga un escándalo de esto.-

-¿Por qué haces esto…?-

-¿Por qué no? Sabes muy bien que tú solo eres un juego para Milo, una más de sus conquistas, la mejor si me permites decirlo…- Máscara se acercó a la cama y se sentó en un extremo, suavemente acaricio la mejilla de Camus y este volteó la cara violentamente.

- Lo haces por que lo odias.-

- Si es verdad lo odio, lo odio desde el día que me hizo esta cicatriz en la frente. Y lo odio más por tenerte a ti…te doy mi palabra de que no diré nada… además Milo no se va a enterar de este pequeño trato, yo no se lo voy a decir y dudo que tú lo hagas jajaja.- Se rió cruelmente Máscara Mortal, tenía a Camus entre la espada y la pared, su plan estaba dando resultado. Su excitación crecía aún más cuando veía la cara de repulsión de Camus y su mirada de desesperación.

Camus estaba confundido, no sabía que hacer, si le decía que sí… ¿Podría confiar en que no diría nada? Y si le decía que no, no solo él estaría en problemas si no también Milo… se contuvo para no llorar y cerró los ojos al responder…

-¿Me das tu palabra?.-

- Si, no diré nada, te lo prometo.- Máscara Mortal tenía esa mirada de triunfo tan grosera en él.

- Aquí no…-

- Nadie vendrá.-

Camus aparto las cobijas y se puso en pié, de frente a Cáncer, comenzó a desabotonarse la camisa que traía puesta, pero sus dedos no le obedecían y temblaba.

Perdóname Milo, tú siempre serás el único…[/i] pensó tristemente al borde de las lágrimas.

Hizo un esfuerzo sobre humano para no mirar al caballero delante de él, pero no pudo. Máscara Mortal lo veía con deseo creciente y con media sonrisa dibujada en el cruel rostro. Al darse cuenta que no podía ni siquiera desabotonarse la camisa se burló cruelmente.

- Déjame ayudarte.- Y con dedos ágiles le desabotonó la camisa. Casi le arranco los pantalones mientras tocaba su suave piel que tanto deseo sentir. Durante todo ese horrible ritual Camus permaneció con los ojos cerrados, avergonzado por estar desnudo frente a los groseros ojos de Máscara y humillado por tener que doblegarse ante él.

Una vez que Camus estuvo desnudo el caballero de cáncer extasiado toco cada parte del cuerpo de Acuario. Se acerco más a él y le besó en los labios de manera brusca. Camus no le respondía así que le mordió con fuerza el labio inferior, pudo sentir como sus suaves labios se manchaban de sangre. Sin embargo el francés no se quejó, no dijo nada, estaba inerte. Le empujo con violencia a la cama y éste calló de espaldas.

Camus escuchó como Máscara Mortal se desnudaba y al sentirle sobre la cama encima de él se sintió morir.

- Ahora sí francés, eres mío.-

Le besó nuevamente y al no recibir respuesta se dedicó a besar el resto de su cuerpo, pero ni así pudo hacer que el frío caballero de hielo le respondiera y con mas coraje le tocaba.

- Puedes disfrutarlo Camus, como lo disfrutas con Milo, o puedes quedarte ahí como tabla.-

- Jamás disfrutaría algo así.-

- Bien, como quieras, me da igual.-

Enfadado por las gélidas palabras del francés Máscara Mortal lo tomó bruscamente de la cintura y lo puso boca abajo, justo debajo de él. Excitado miraba con lascivia su hermosa espalda, el tatuaje del signo de acuario en el lado izquierdo, cerca del corazón tapado casi en su totalidad por su largo cabello y más abajo sus suaves nalgas que se dedicó a mancillar cruelmente con las manos.

Tiro del cabello de Camus hacía sí hasta levantarle la cabeza. Era evidente que le estaba haciendo daño, la hermosa cara de Acuario reflejaba el dolor que sentía.

- Dime que me deseas.-

- No, no lo haré.-

¡Dilo!.- Tiró aún más de su cabello.

-…Te deseo…- Le contestó con aquel tono propio de él sin ninguna emoción.

Por fin soltó su cabello dejándole caer la cabeza sin ningún cuidado sobre la almohada. Máscara le separó las piernas para poder penetrarlo, fue entonces cuándo Camus no pudo más y comenzó a llorar.

Perdón, Milo mi amor, perdón… pero si alguien más se enterara nos separarían… perdóname…

Apretó los dientes cuándo Máscara lo penetro con violencia, las lágrimas corrían ahora libremente por sus mejillas, le quemaban, no solo era el dolor físico de lo que le estaban haciendo si no el dolor en el corazón. Agarró con fuerza la almohada y trató de no pensar en lo que sucedía, era inútil, no podía dejar de escuchar las obscenidades que le decía Máscara mientras lo embestía salvajemente, no podía dejar de sentir su cadera golpeándole con fuerza. Al menos una cosa le agradecía: que le hubiera puesto boca abajo, así ya no tendría que ver su maldito rostro sobre él.

Más asqueado se sintió Camus cuando Máscara derramó su simiente dentro de él dando fin a la cruel escena.

Cáncer se quedó dormido así, encima de él; por temor Camus no se atrevió a moverse, no quería despertarlo y que otra vez lo tomara de aquella horrorosa manera.

Se estremeció cuando escucho ruido dentro de su templo y pasos… pasos acercándose… voces… dos voces conocidas…