V. LOS VESTIGIOS DE LA VENGANZA
Milo corrió desenfrenado para encontrarle, o más bien para alcanzarle y rogarle que le perdonará, ya no le importaba como lo lograría pero si fuera necesario se arrojaría a las vías del tren para que le escuchase. Cerca de él a unos cuantos metros Aioria le seguía por todo el pueblo, por supuesto Milo no lo había notado, en tal estado de excitación sería difícil que se percatase siquiera de que alguien más justo en ese momento venía desembarcando…
-¡Rayos Milo! Por un momento deja de hacer zigzag, te perderé…- Susurró para sí mismo el león.
-¿Dónde te has metido Camus? ¿Dónde estarás? He mirado las partidas y todavía faltan muchas horas para que salga alguna que te lleve a Siberia…- Se preguntaba en voz alta mientras caminaba tratando de recuperar el resuello y echando un vistazo a toda la gente que había ahí.
¿Estará en…? Si tal vez ha ido al café junto al muelle… Una vez más se lanza en una alocada carrera en dirección al muelle.
-¡Demonios! Otra vez a correr… Me tendrás que recompensar Mu…- Mientras volvía a correr tras Milo.
Camus pagó dejó el dinero para pagar lo que había consumido sobre la mesa, se levantó con más pena que nunca y se dirigió a la puerta. Hacía un sol resplandeciente… aquel sol cercano al atardecer siempre brillaba con una intensidad muy especial. Mientras caminaba hacia la estación pensaba en lo mucho que extrañaba Siberia, extrañaba el frío intenso que azotaba la región y sobre todo extrañaba la paz de aquel lugar remoto.
Una voz le habló… una voz que él mismo conocía… su cuerpo se estremeció. Levantó la vista poco a poco, hasta toparse con la persona frente a él… conocía esas piernas, los brazos, el cabello azul ondeando en el viento… la piel dorada, los ojos turquesa…
-¡Milo! ¿Qué haces aquí?-
-Vine a impedir que hagamos la peor estupidez de nuestras vidas… separarnos…- Le contestó recuperando la respiración.
-Ya es tarde Milo… me voy… y no me pienso quedar a escuchar como tratas de endulzarme el oído.- Pasó por un lado del sorprendido escorpión, ciertamente no esperaba que le recibiera con aplausos y flores pero al menos que le escuchara.
-No Camus, espera…- Le sujetó la muñeca para hacerlo retroceder. –Lo sé… lo sé todo, se que paso ahí en tu templo y sé que era una trampa… yo estaba ciego por los celos y no supe escuchar… ¡Perdóname Camus!.- Lo había dicho todo, de golpe, su corazón latía violento. Y solo podía mirar en aquellos ojos azules un duelo interno del cual no sabía si saldría victorioso.
-Milo… ¿Sabes de que me di cuenta con todo lo que paso? De que tú no confías en mí, yo se que no era nada favorecedora la manera en que me encontraste, pero si al menos hubieras escuchado todo…yo no puedo hacer nada Milo por que tú no te fías ni de tu sombra… ¿Cómo pretendes amarme si no confías?.-
Milo se desplomo al escuchar aquello toda la seguridad y aplomo que había en él cayo y se resquebrajo como cristal contra el piso… una única lágrima rodó por su mejilla, lo había perdido, ya no había nada que pudiera hacer… le había herido mucho más de lo que él le había lastimado. Cerró los ojos y se dejo caer de rodillas totalmente vencido.
-Es verdad Camus, soy una persona insegura, desconfiada, celosa y mezquina. Es más tal vez ni siquiera te merezco que me dirijas la palabra… tomes la decisión que tomes quiero que al menos sepas que yo te amo, te ame desde el día en que te vi y seguiré amándote hasta el fin de mis días. He cometido muchas estupideces en mi vida de algunas soy consciente de otras no. Tu Camus, eres lo mejor y lo bueno en mi vida, por no decir que lo único bueno en tan miserable existencia como la mía. Tengo que reconocer que mi corazón solo tiene un dueño y ese eres tú… todo gira entorno a ti, mi mundo, mi amor, mi vida… todo. Si te marchas tendré que ir tras de ti y si te niegas tendré que pedirte que me mates entonces por que no voy a aceptar mi vida sin ti, prefiero la muerte a perder lo único valioso y bueno que he conocido y que es el amor… el amor en toda la extensión de la palabra… tú eres el amor mismo.- Milo ya no miraba a Camus… tenía la mirada perdida, la mirada de aquellos que lo han perdido todo y que ya no tienen más esperanzas.
Camus se arrodilla frente a él y toma sus manos entre las suyas y acerca sus labios a su rostro, limpia con ellos sus mejillas arrasadas de lágrimas.
-Milo… has sido sincero en tus palabras, lo veo en tus ojos y eso vale más que todo lo que pasó… tú eres simplemente mi vida misma… y yo no podría vivir sin ti… discúlpame a mí por haber sido egoísta y no haber pensado en lo que conllevaría mi conducta… yo…- Ya no terminó de hablar por que Milo sello sus labios con un beso… un beso sincero, apasionado, uno de esos besos que se roban hasta el alma del ser amado. El escorpión fue el primero en separarse, le sonríe a su amante y se pierde en sus ojos azules.
-Vámos al Santuario, no tienes por que huir de mí…-
-¿Y quien dijo que huía de ti?-
-¿Uh?.-
-Jajaja ya, vámonos…- Se ponían de pie los dos cuándo una voz severa y fría les interrumpió.
-¿Qué están haciendo fuera del Santuario?.-
Milo volteo en la dirección de donde provenía la voz, que le parecía escalofriante por que la conocía… abrió los ojos como platos al verle ahí de pie mirándoles, escrutándolos. No había olvidado esa voz en tantos años. El cabello lacio, color rojo hasta la mitad de la espalda, los ojos dorados… la piel blanca y esa sonrisa… sarcástica, que él mismo aprendió tan bien.
El escorpión se inclinó ante él y le dirigió respetuosas palabras.
-Maestro Quirón hace tanto que no le veía… ¿A que debemos el honor de su visita?…-
-Eres cínico Milo, supongo que lo aprendiste de mí… he venido a matarte.-
Camus y Milo se quedaron mudos ante semejante declaración, un sudor frío surcó la frente de Milo que guardó un silencio mortal.
-Hace años te lo advertí… ¿No es así?… te dije que donde te liaras con el caballero de Acuario vendría yo mismo a matarte… ¿O tal vez prefieras que ejecute primero a tu amante?…- El antiguo caballero de escorpión se coloca en la posición de ataque que el mismo Milo usaba… la aguja escarlata.
-¡NO! – Gritó Camus poniéndose enfrente de Milo.
-Veo que la promiscuidad de los caballeros de Acuario no ha cambiado… desde entonces Eneo era así, aunque claro tú no superas a tu maestro en cuanto a belleza.- Le dijo cruelmente Quirón a Camus.
-Qúitate Camus… esto lo tengo que arreglar yo.- Lo empujo a un lado igualando la posición de combate de su propio maestro.
-No esperaba que llegaras a tanto Milo… pudiste haber muerto con honor, pero ahora que has levantado el puño en mi contra he de considerarte como un traidor al Santuario y no tendré piedad.-
-No es necesario llegar tan lejos Quirón, antiguo caballero de escorpión…- Una sorpresa más para los tres pares de ojos que observaban atentos una figura saliendo de las sombras, caminando seguro y elegante… el caballero de Leo… -Mucho me temo que te has precipitado en vano…- Dijo al llegar hasta dónde ellos se encontraban y colocarse entre maestro y alumno.
-Aioria de Leo… imposible no reconocer esos ojos del mismo color del de Aioros… y al ser tu también un caballero dorado estarás de acuerdo en que ejecute a este traidor…-
-Lamento decir que no… por que el caballero de escorpión es mi amante y no Camus como piensas, así que no voy a permitir que lo masacres y si levantas el puño contra él entonces tendrás que pelear primero conmigo… y sabremos que ataque resulta más poderoso, tus agujas escarlatas que conozco a la perfección gracias a tu alumno o mi rayo de voltaje… así que la última palabra es tuya.-
Milo y Camus observaban atónitos casi con la boca abierta no podían creer lo que estaba haciendo Aioria, estaba retando directamente a Quirón y había mentido para protegerles.
-Jajaja vaya Milo, si que la has armado buena… haberte liado con el discípulo del caballero de Sagitario…aunque ciertamente es preferible a… cualquier caballero de la casa de Acuario… y mejor para ti Milo, por que sabes lo que te pasará si yo me llego a enterar que te haz metido con alguno de los del templo de Acuario, sabes bien que no apruebo tu proceder… seducir a los caballeros de Atena…- Comento evidentemente con desagrado señalando a Aioria delante de él. –Son todos una burla para la diosa que protegen de cualquier manera para evitarme más líos y para estar seguro…-
Veloz como era disparo las 14 agujas de un solo tiro, todas contra Camus que estaba a un lado de Milo, nadie lo había visto moverse fue demasiado rápido, ni el mismo Aioria que lo tenía de frente pudo evitar que las agujas golpearan a Camus que calló al piso varios metros atrás, Milo corrió a él.
-¡Te he dicho que Camus queda fuera de este lío!.-
-¡AGUJA ESCARLATA! ¡ANTARES!.-
-¡RAYO DE VOLTAJE!.-
El chocar de los dos ataques lanzados hizo que todo el lugar se estremeciera, la luz enceguedora del ataque de Aioria y la luz roja desprendida de Antares, una explosión estruendosa y pronto todo el lugar quedó arrasado.
-¡AIORIA!.- Gritó el escorpión que miraba completamente fuera de sí la escena.
Tras la nube de polvo que se levanto que hacía más difícil la visión al fin pudieron ver a los dos caballeros cubiertos de polvo y rasguños aún de pie, respirando agotadamente sosteniéndose la mirada, sin titubear cuidando hasta el mínimo movimiento… era cosa de que alguno de los dos se moviese una fracción de segundo más rápido y el otro indudablemente caería derrotado. Los ojos fieros del león atentos a cualquier movimiento del antiguo caballero del escorpión, era evidente por que Aioria era el león, pues solo él poseía ese temple que difícilmente alguien podía quebrar, la agilidad, la fuerza y el porte de un auténtico león.
Finalmente Quirón cedió y rompiendo la posición de batalla se echó a reír, una risa macabra.
-Muy bien león, veo que eres digno de ser el portador de la armadura dorada de leo, hacía tanto que no veía tal fiereza al pelear y por lo que veo hablas en serio al decir que no dejarás que mate al inútil de Milo, bien… de momento les perdono la vida a los dos, ¿Oíste Milo? Voy a permitir que sigas jugando otro rato con el pupilo de Aioros y en cuanto ti Camus, donde me entere o siquiera huela que te acercas a Milo… los mataré a los dos.- Les dedicó una última mirada de odio a los tres y dio media vuelta dejándoles solos. Hasta que se hubo marchado Aioria rompió la posición de defensa y suspiró pesadamente, llevó una mano hasta su hombro, donde había golpeado la aguja un hilillo de sangre escurrió hasta caer al piso, dio la vuelta hacía ellos con una sonrisa en el rostro.
-Bueno chicos estuvo muy cerca ¿No?.-
-Aioria, no tenías que hacerlo.- Protesto Camus ya de pie con la ropa echa jirones.
-Gracias Aioria te debo una.- Dijo el escorpión con una sonrisa sincera en el rostro.
–¿Estás bien?.-
-Si, solo fue un rasguño, estoy bien y no hay nada que agradecer.-
-¿Cómo nos encontraste?.-
-Bueno, Mu estaba preocupado, me dijo que sentía algo extraño y me hizo seguirte.-
-Jajaja Mu siempre preocupándose por los demás.-
Los tres caballeros se alejaron caminando lentamente durante el ocaso rumbo al Santuario, tres siluetas con el sol de frente, dos de ellas abrazadas, Camus y Milo y Aioria andando solo a un lado de ellos.
La noche había caído ya cuando llegaron los tres a las escalinatas que llevaban al templo de Aries donde Mu los esperaba como siempre con una sonrisa suave en el rostro.
-Empezaba a preocuparme por ustedes, pero veo que llegan bien, algo llenos de tierra pero bien. Camus es un gusto verte de regreso, aunque no pueda decir lo mismo de ti Aioria jajaja.-
-Gracias Mu, ya ves, de camino me encontré un escorpión y no pude negarme.-
-¡Que amable Mu! Al menos podrías consentirme un poco ¿No?.-
-Anda ya no te pongas así, curaré la herida.-
-¿Solo eso? ¿Nada más para un caballero herido en batalla?.-
-Eso… lo pensaré.-
-Jajaja bueno creo que les hacemos mal tercio, ¿Nos vamos Camus?.-
-Lo mismo pienso, nos vemos después chicos, gracias Aioria.-
-De nada Camus.-
-Y por cierto no se desvelen mucho ¿eh?.- Bromeo un poco Milo y siguió andando sosteniendo el brazo de Camus por encima de su hombro y asiéndole de la cintura. Mu y Aioria se quedaron solos, mirándoles caminar cuesta arriba, sonrieron ante la idea de que al fin se habían arreglado los malos entendidos entre ellos. El caballero de Aries fue quien rompió el silencio.
-Hacen bonita pareja, valió la pena el golpe ¿No crees?.-
-Bueno eso depende… depende de cómo termine el día de hoy si valió la pena o no el haber arriesgado el pellejo por ese par.- Aioria como siempre jugando, una mirada significativa al joven de cabello lila, coqueteándole descaradamente. Mu le miraba con aquellos ojos intensos y no pudo evitar sonreír a su compañero.
-Pasa para que te cure esa herida y luego… luego… la noche es larga, no tienes por que irte a tú templo, puedes quedarte en el mío…- Un rubor cubrió sus lozanas mejillas.
-¡Acepto! Me quedo en tu templo… ¿Para siempre?.-
-Jajaja si quieres…-
Entre tanto alboroto, reconciliaciones y un par de caballeros tratando de resistirse mutuamente había alguien que desde su templo se encontraba un poco nostálgico. El de la sexta casa, el de los cabellos de sol, Shaka de virgo. En el fondo sabía que había hecho lo correcto al dejar ir a Milo, pero también sabía que lo extrañaría, no solo en su lecho, si no también en su corazón, tal vez por que estúpidamente pensó que podría borrar la imagen de Acuario del corazón de Milo. Que tontería. Una sonrisa irónica cruzó rostro del joven de cabellos rubios y prefirió meditar y olvidar… borrar para siempre lo que había sucedido.
-Así es como debe ser… así…- Murmuro y se sentó en flor de loto.
-Milo… yo…-
-No Camus… déjalo, ya no quiero escuchar nada más…estamos solos tú y yo… lo demás viene sobrando…-
-Es solo que me pregunto como Quirón dio con nosotros.-
-Máscara seguramente, ¿Quién más tiene una mente tan enferma?.- Comentó con un gesto de evidente desagrado, ya ajustaría cuentas con él.
-¿Máscara? ¿Y él como sabía?.-
-Tiempo atrás Máscara tomó la mala costumbre de andar espiando escondido en los rincones, no me extrañaría que alguna vez escuchase las acaloradas conversaciones entre Eneo y Quirón… cualquiera pudo escucharlos, discutían a todo pulmón y ahora que lo pienso tú sabías que Quirón andaba tras de mí… ¿Quién te dijo?.-
-Eneo me lo dijo…- La mirada triste y baja del francés, los ojos cristalinos en los que se leía toda emoción como en un libro abierto. –Mi maestro me advirtió que tuviese cuidado en lo sucesivo con Quirón, por que se había vuelto un poco loco y no permitiría que yo me acercase a ti o viceversa.-
-No importa eso ya, cualquier cosa que venga… sea mi maestro o Máscara o lo que sea, estaremos juntos…-
-Si, juntos…- Camus no parecía convencido de que así fuera pero aún así sonrió y se acercó a los labios asesinos que tantas noches lo torturaron… para que una vez más le torturasen, desgarrasen o asesinasen… daba igual, ya daba igual en los brazos del escorpión celeste… el dueño de su corazón…
-Jajaja Camus… ¿Ahora?.-
-Si… ahora…-
Milo levantó a Camus en sus brazos y lo sentó en la mesa de la cocina, tras los besos apasionados en los labios, y en el cuello las prendas caían una a una, las manos buscaban los parajes de cada cuerpo, de la piel, sus sinuosidades y pliegues explorados ya tantas veces pero que siempre prometían más y más a cada caricia, a cada beso. El escorpión inclinando a Camus un poco, baja voraz de la piel del francés, la lengua recorriendo, probando hasta llegar a su sexo, reacciona al momento, pues solo basta el más ligero toque. Los gemidos de Camus se pierden en la inmensidad del templo de Acuario. De nuevo los labios lascivos atrapan el miembro completamente erguido, solo para anteceder la unión que inevitablemente ocurriría, succiona y lame aquel miembro en su boca hasta lograr arrancar gemidos más altos de los labios delicados del francés que se aferra a la mesa y sin poderse controlar acaba por estallar en el interior de la boca cálida de Milo, el semen tibio llenando sus labios. De nuevo reincorporándose busca los labios de Camus para depositar un salvaje beso aún con el sabor de su semen en los labios, atrae su caderas contra él y estocándolo de una vez hasta la empuñadura. Los gemidos de ambos ahora, a medida que el ritmo de sus caderas aumenta llenan la cocina y rebotan por el templo, completamente abrazados, unidos, en cuerpo y en alma susurran palabras y secretos de amor que solo ellos comprenden. Un gemido prolongado escapa de los labios de Milo cuando finalmente llega al éxtasis en el interior del cuerpo de su Camus, llenándole de su simiente en ese delirio que siente siempre al hacer el amor con él.
Una gargantilla con un dije llama su atención, sobre aquella mesa donde acababan de poseerse…
-Camus… ¿Qué es eso?…-
Camus voltea hacía donde él le señala, justo detrás suyo… un escalofrío le recorre la columna vertebral…
¿Cómo ha llegado eso hasta aquí? ¿Será posible? Después de tanto tiempo…
Aquella era la gargantilla que solía llevar al cuello Eneo, su maestro, el antiguo caballero de Acuario, la gargantilla de oro con el escudo de la casa de Acuario, la recordaba nítidamente, un día no la vio más en su cuello y supo que algo grave pasaría.
-¿Camus? ¿Sucede algo? ¿Es tuya esa gargantilla?.-
-Si Milo, es mía…- Mientras se abrazaba con fuerza a él…
-¿Camus? ¿Me amas?.-
-Te amo más que a nada…-
-Yo también te amo… más que a nada.-
EPÍLOGO
Ahí estaba de pie recargado en el árbol dónde habían grabado sus nombres, el cabello rojo como el fuego caía libremente por su espalda, los ojos dorados atentos mirando siempre con una seriedad que no parecía verosímil en un hombre tan joven y tan guapo.
Siempre tarde Eneo, siempre llegas tarde.
Pensó con una mueca que parecía una sonrisa y minutos después subía por la colina una figura esbelta, la cabellera ondulada del color del chocolate se agitaba contra el viento, le miró ahí esperándole con aquellos ojos azules siempre vivos y alegres. Se acercó hasta él y le dio un suave beso en los labios a manera de saludo.
-Lo lamento Quiron siempre te hago esperar ¿Verdad?.-
-Si siempre me haces esperar pero de ti ya no me extraña.-
-No te enfades Scorpio… ya estoy aquí.-
El caballero de Acuario se abraza a su amante como si se le fuera la vida en ello, haciéndose rodear por los musculosos brazos.
-Hay algo que te quiero regalar, por eso te cité aquí, en nuestro árbol.-
Una sonrisa amplia en el rostro hermoso y blanco del caballero de Escorpión, al escucharle.
-¿Qué cosa?.-
-Esto…- Se separa unos instantes de él y se saca una gargantilla de oro de donde cuelga el escudo de la casa de Acuario, la coloca en el cuello de Quiron y le sonríe.
-Pero… esto es muy preciado para ti… no deberías…-
-Yo quiero que tú la tengas… para que siempre me recuerdes…-
-Eneo… siempre te recuerdo… y tal vez no debería…-
-¿Por qué?.- Le preguntó el joven de los ojos azul aguamarina.
-Ojos azules ni confíes… ni te enamores…- Le dijo bajito mientras sellaba sus labios con un cálido beso.
-No seas malo Quiron…-
FIN
ESCRITO POR HOKUTO SEXY
