Hola a todos. Gracias por los que comentaron, y por el apoyo. Planeo seguir, pero necesito un poco mas de inspiración.
Ahi les va el 9... Disclaimer: no soy Lucas, no lucro con mi historia.
Capítulo 9: La cruda verdad; Parte 1 (El rival)
Kar-Jo estaba volviendo en sí pero aún se sentía fatal, estaba mareado, le dolía la cabeza y el cuello, pero nada se comparaba con la opresión que sentía en su pecho; opresión que le impedía respirar tranquilo, le nublaba la mente y funcionaba como veneno para el corazón.
Algo terrible había pasado…
-Maestro…- murmuró Kar-Jo con horror.
Ignorando su malestar, se levantó cuan rápido era y corrió hacia donde fijaba su vista, sin importarle lo que se cruzara en su camino.
Al cabo de una hora de haber corrido lo más rápido que pudo y de no haber llegado a ningún lugar, se frustró. Pero entonces recordó sus enseñanzas: intentó calmarse y escuchar a sus instintos, a donde estos le guiaban. A pesar del dolor, era capaz de seguirlos.
Desanduvo lo andado (lo cual le tomó otra hora) y se encontró donde había empezado. Se encontró que el puesto imperial estaba en llamas, lo cual no lo inquietó dada la situación. Volvió a intentar escuchar a sus instintos. Finalmente se fijó en un bosque a lo lejos y se dirigió hacia allí.
Allí encontró claras y evidentes señales de batalla, como varios hyenax muertos, cortes rectos en los árboles provocados, pensó Kar-Jo, por las garras de las bestias. Pero había otros que habían sido cortados al medio por una sola ¿garra? No, definitivamente eran indicios de una lucha con sables de luz.
Kar-Jo, temiendo lo peor, se adentró en el bosque aún más. Al alcanzar un claro, se sintió repentina e inexplicablemente frío.
-El Lado Oscuro…- murmuró Kar-Jo nervioso.
Entonces, distinguió la bota de su maestro sobresaliendo de entre unos arbustos. Tras remover estos últimos, encontró el resto del cuerpo inerte de Mace Windu, con una enorme herida en su pecho, pero con la mejor expresión de serenidad, sus ojos mirando donde ya no podían ver.
Todo pareció sumergirse en un vórtice de oscuridad y sufrimiento, donde ya nada parecía volver a brillar…
Atrás quedaron los momentos de felicidad y de gozo sin fin, los entrenamientos distendidos donde Kar-Jo exageraba su torpeza y Windu su vejez. No había ya nada en el mundo que valiera la pena; ya nada importaba. Los sentimientos de dolor y pena se mezclaron con los de ira y terror, abriendo una brecha en su arraigada educación. El doloroso recuerdo de sus hermanos del Templo Jedi le devolvió esos sentimientos de venganza que creía haber eliminado.
El Lado Oscuro rodeó a Kar-Jo, quien no lo trató de impedir. Veintisiete años de paciencia y dedicación parecieron desvanecerse ante la nueva perspectiva de venganza.
Entonces, desenvainó su sable de luz y lo apuntó hacia atrás, justo a tiempo para bloquear el ataque de su agresor. Se separaron los dos combatientes y se miraron fijamente.
El agresor, quien estaba encapuchado bajo un manto negro, poseía un sable de luz de hoja roja, medía tanto como Kar-Jo y se encontraba agazapado, esperando el mejor momento para atacar nuevamente.
-¿Quién eres tú?- preguntó Kar-Jo desafiante y enfurecido.
El atacante no respondió, sólo se mantuvo en la misma posición.
-¿Eres tú Darth Vader?- inquirió el joven Jedi, aún mas furioso.
Ante esto, su rival soltó una risa despectiva.
-¿Darth Vader?- repitió con una voz fría y socarrona, tras lo cual se enderezó y se bajó la capucha. La cabeza del hombre era de color azul con tatuajes negros, y una larga melena negra a lo largo de toda la parte superior de la cabeza.
-No oses compararme con ese ex-Jedi. Mi nombre es Darth Kuusard, Lord Sith de la Orden de los Demonios del Lado Oscuro, y he venido a este mundo a exterminar tanto a los Jedi como a la estirpe de Vader.
-Basura Sith… ¡no te perdonaré lo que hiciste!- el dolor le desgarraba el pecho y la garganta.
-Ohh... pobrecito. ¿El pequeño se quedó sin su maestro?- se mofó Kuusard.
Desapareció entonces todo tipo de precaución. Desde ese mismo momento, sólo existía el deseo de causarle a ese asesino todo el dolor posible.
Haciendo uso de la Forma Vaapad, atacó con una serie de movimientos violentos al Sith, quien bloqueaba con su arrogante Makashi todos los embates del furibundo Jedi. Enlazados en un combate que hacía temblar los árboles, Kar-Jo y Darth Kuusard se batían a muerte en una lucha muy rápida y violenta. Sin embargo, Kar-Jo, enceguecido por el odio y el dolor, sólo buscaba lastimar a su contrincante con ningún éxito, lo que lo exasperaba aún más. Su propio dominio del Vaapad, el cual siempre le había dado éxito contra el Vaapad de su maestro, por otro lado, lo guiaba cada vez mas hacia un lugar donde ya no era posible distinguir el límite entre el Lado Oscuro y el Lado Luminoso de la Fuerza. Finalmente, quedaron sus sables cruzados en una disputa de fuerza física…
-Siento ira, odio y dolor, pero no sabes como usarlos. Te dejas llevar por ellos, pero no sabes como enfocarlos…- le susurró el Sith.
-Mi enfoque eres tú en este momento. Me basta para acabarte- escupió Kar-Jo.
-¿Crees que puedes derrotarme? La valentía y la estupidez se confunden en ti, niño, así como ambos Lados de la Fuerza- se burló Kuusard.
En medio de la contienda, Kar-Jo pareció despertar de un trance; alguien parecía llamarlo…
-Eres mejor que esto, Kar-Jo… no dejes que tus emociones te controlen. Serénate, y la Fuerza estará contigo… siempre-
-Maestro…- murmuró Kar-Jo.
Aprovechando ese momento de distracción, el Sith se zafó de la contienda provocando que Kar-Jo perdiera el equilibrio. Entonces, el malvado espadachín atacó hacia abajo, hacia la cintura del Jedi.
Fue todo cuestión de un instante... Kar-Jo percibió como una luz violeta salía de entre los arbustos donde yacía su maestro hacia donde se hallaba él mismo, para luego chocar contra la hoja del sable rojo. Escuchó el grito rabioso del Sith que denotaba sorpresa, por haber fallado semejante posibilidad.
Sin esperar una nueva oportunidad, derribó a su rival, tomó el sable de luz de Mace Windu y corrió hacia los arbustos donde yacía el cuerpo de este último. Lo tomó del brazo y se concentró en el primer lugar que se le vino a la mente.
Sólo alcanzó a escuchar un nuevo grito, esta vez de frustración, por parte de su rival, para luego no escuchar nada más…
