Hola a todos nuevamente. Perdon por hacerlos esperar tanto tiempo, pero estoy dudando seriamente sobre el futuro de esta historia.

Por las dudas hagan como que el capitulo de hoy es el ultimo de todos (mas alla de que es "cliffhanger"); simplemente no encuentro inspiracion para seguir la historia.

Bueno, empieza.


Capitulo 10: La Cruda Verdad; Parte 2 (El Destino de Kar-Jo)

Tan pronto como sintió golpear la tierra, Kar-Jo tomó la primera bocanada de aire, pero tragó polvo lo cual lo obligó a toser. Intentó incorporarse, pero no le respondían bien las piernas.

Se percató de que tenía tres cosas en sus manos y las soltó, inclusive algo mas pesado. El brazo de su maestro…

Su maestro…

La realidad lo golpeó tan fuerte como la primera vez. Se animó a levantar la vista y mirar hacia donde se hallaba Mace Windu. Se permitió derramar algunas lágrimas. No serían las últimas, pensó mientras hacía catarsis.

¿Por qué tuvo que morir? ¿Por qué su maestro impidió que lo ayudara? Tendría que haber imaginado que no permitiría de ningún modo que lo ayudase, pero se sentía tan bien por la posibilidad de por fin poner a prueba sus habilidades que no previó las intenciones de Mace.

Durante pocos segundos, tuvo la certeza de que el sable de luz de su maestro ayudándolo en plena batalla no era coincidencia, sino que le decía que él aún seguía con vida. Pero ahora sus instintos y su cerebro le confirmaban lo que su corazón no quería escuchar.

Por primera vez, se percató del lugar en el que estaba. Era el desierto en las afueras de Pelek Baw en el planeta Haruun Kal. ¿Por qué se había materializado en este lugar? No lo sabía pero, pensándolo mejor, lo que sí sabía era que no podría haber un mejor lugar para darle el último adiós a su maestro.

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Esa misma noche no se escuchaba ni el más mínimo susurro en Pelek Baw. Toda la aldea se hallaba en solemne silencio despidiendo al más grande de ellos. Aquel que con su paciencia y su fortaleza había llegado más alto que cualquiera en ese planeta. Aquel cuya fortaleza no se enfocó en el resentimiento hacia los extranjeros, sino que se transformó en una potente aliada gracias a la enorme sensibilidad a la Fuerza que poseía. Aquel que, aún a pesar de ser el Maestro de la Orden, uno de los más altos rangos en el Consejo Jedi, nunca perdió de vista sus enseñanzas, o se volvió arrogante, u olvidó sus orígenes.

Muchos recordarían la seriedad de Mace a causa de su naturaleza korun, pero quienes eran más cercanos a él conocían sus verdaderas cualidades: fortaleza, amabilidad, bondad, compañerismo, amistad, templanza, valor. Sentido del humor… ironía que sea Kar-Jo quien haya despertado esta cualidad en Mace Windu. Justo Mace Windu, quien se caracterizaba por su solemnidad. Kar-Jo recordaría por siempre las bromas de su maestro hacia él, cuando el joven Aprendiz fallaba y Mace se lo hacía saber de una forma muy peculiar, como aquella vez que le enseñó a materializarse pero nunca a hacerlo en batalla. Todavía podía sentir el calor de la hoja del sable de Mace en su mejilla cuando la tuvo a milímetros de distancia…

Las horas pasaron mientras la pira funeraria se consumía, anunciando que Mace Windu se hacía inmortal y se unía a la Fuerza, haciéndose aún más poderoso que antes.

Un gran hombre dejaba este mundo para unirse al todo y a la nada…

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Kar-Jo se hallaba sentado en una roca en mitad del desierto; había caminado por horas fuera de Pelek Baw y ya estaba amaneciendo. Aún a pesar de que los lugareños no lo culpaban por lo de Mace Windu, sino que le agradecían por haber traído el cuerpo, no podía evitar sentirse por lo menos incómodo ante la mirada de los horunnai.

Sinceramente, ya no encontraba sentido a nada, ni siquiera a la rebelión contra el Imperio y los Sith. A su mente llegó el recuerdo de Darth Vader matando a sus hermanos del Templo Jedi y la batalla con el Sith hacía unas horas.

Ya no sabía lo que sentir: no se sentía furioso ni triste. Lo invadía una misteriosa calma; definitivamente no había olvidado sus enseñanzas: había podido desprenderse de sus emociones. Lo que es más, sentía que su Maestro no lo había dejado realmente…

Y entonces, se percató de que su Maestro lo miraba expectante en una roca a su lado, conservando su típico rostro serio y sereno.

-Hola, mi joven Padawan. Sinceramente esperaba que te percataras antes- dijo Mace sin perder la seriedad.

Kar-Jo no respondía. No… no podía ser posible…

-M-maestro… ¿es usted?- balbuceó en un susurro Kar-Jo. Mace bufó.

-Vamos, Kar-Jo. Ni tú eres tan despistado como para no reconocerme- respondió Mace, sonriendo casi de forma imperceptible.

Kar-Jo sonrió radiante por ver nuevamente a su maestro. Pero al cabo de unos segundos, su sonrisa vaciló.

-¿Ha revivido, Maestro?- preguntó Kar-Jo sin mucha ilusión.

-No, Kar-Jo- respondió Mace-, si por revivir te refieres a que de un momento al otro me levantaré de las cenizas a las que redujeron mi cuerpo. Desde que mi alma fue arrancada del plano material, estoy unido a la Fuerza.

-Vaya…- se desilusionó Kar-Jo.

-¿Por qué esa cara, Kar-Jo?- lo reprendió Mace-. Como dice el Maestro Yoda, no debes llorar a aquellos que se van. Alégrate por los que se unen a la Fuerza; no debes extrañarlos- intentó consolarlo.

Kar-Jo no dijo nada; pasara lo que pasara, su Maestro seguía siendo su Maestro. Allí estaba, después de todo… serio y sereno como siempre, tal y como Kar-Jo lo recordaba, sólo que esta vez parecía menos corpóreo, como un espectro.

-Exijo explicaciones, Maestro. ¿Cómo es que está usted aquí?- preguntó Kar-Jo, aún sorprendido.

-He recibido entrenamiento de un viejo amigo que volvió del inframundo de la Fuerza tal como yo. Cuando llegamos aquí por primera vez, creí ver a mi antiguo amigo Qui-Gon Jinn. Atrás habían quedado los días en que él recibía mis consejos. Había llegado el momento de que él me enseñe aún después de muerto el camino hacia la inmortalidad; ahora puedo visitar ambas realidades cuando quiera- explicó Mace.

-¿Fue usted quién intervino en mi pelea contra el Sith?- preguntó Kar-Jo.

-No, Kar-Jo- contestó Mace-. Yo no puedo intervenir.

-Pero, ¿entonces quién fue?- preguntó Kar-Jo, desconcertado.

-Aún permanece en el anonimato para ti… lo descubrirás con el tiempo- dijo de forma misteriosa, y luego sentenció:

-Pero espero que sepas aprovechar la segunda oportunidad que se te ha dado; estuviste al filo del sable de ese Sith…

Kar-Jo no dijo nada, sumido en sus pensamientos; entonces alguien lo había ayudado pero… ¿quien?

-Todo a su debido tiempo, no debes ser impaciente- finalizó Mace, leyéndole los pensamientos-. Ahora, espero que sepas porque estoy aquí- inquirió cruzándose de brazos.

Kar-Jo reflexionó por unos instantes.

-Quizás… porque estuve planteándome el abandonar la lucha.

-Así es, mi joven aprendiz. Como no era seguro para ti el camino que tomarías, me vi en la necesidad de venir. Además –agregó con una mirada significativa-, te dije hace unos años que descubrirías la verdad sobre este lugar cuando estuvieras listo.

-Si, recuerdo ese día. Estuve esperando mucho tiempo para saber…- dijo Kar-Jo impaciente.

-Paciencia, Kar-Jo- interrumpió Mace nuevamente-. Antes, debes saber algo muy importante: el motivo por el cual te entrené como mi Padawan- finalizó Mace.

Kar-Jo se quedó sin habla. ¿Existía un motivo por el cual Mace Windu lo había entrenado? ¿Todo este tiempo sin decírselo?

-Verás, Kar-Jo. Nada de lo que sucede en el Universo escapa a la voluntad de la Fuerza. Que hayamos sido los únicos sobrevivientes en Coruscant a la Orden 66 no fue casualidad. No lo supe al principio, pero al conocerte detecté en ti un punto de ruptura. Siempre supuse que te había elegido por ser los últimos sobrevivientes y que debíamos ser nosotros los encargados de derrocar al Emperador.

Kar-Jo alzó la ceja, curioso. Abrió la boca para interrumpir, pero…

-Sin embargo- continuó Mace-, dos acontecimientos me demostraron que la importancia que tendrías sería aún mayor: en primer lugar, tu capacidad de expresar la voluntad de la Fuerza, una cualidad que has desarrollado sin que te dieras cuenta -Kar-Jo se sorprendió aún mas y cerró la boca-. Eso me demostró lo poderoso que serías, pero increíblemente no me inquietó. Fue muy distinto cuando conocí a Skywalker: él no me inspiró confianza, tu sí -Mace le sonrió a Kar-Jo, quien le devolvió el gesto-. En segundo lugar, la presencia de ese otro Sith me confundió. Al principio, en efecto sentí a Darth Vader en aquel planeta, pero luego detecté también esa otra presencia y terminé de comprender tu destino.

Luego de la explicación de Mace, Kar-Jo tuvo una rara sensación: enormes piezas de un rompecabezas le estaban cayendo encima, y él las esquivaba antes de que el cuadro resultante lo aplastara. Sólo entonces, ese cuadro resultante resultó nítido para él, lo cual no lo hizo sentir mas seguro.

-Creo que se lo que debo hacer- aventuró Kar-Jo-. Es solo que no estoy muy seguro…

-Eso, Kar-Jo- apuntó Mace-, nos a lleva al inicio de todo esto. En instantes, conocerás la verdad sobre este lugar y por fin enfrentarás tu destino. Mira hacia allí, Kar-Jo- dijo Mace señalando hacia su derecha.

Kar-Jo se fijó en un punto lejano donde había un macizo de montañas. La más grande de todas ellas era el umbral de una caverna.

-¿Es allí donde debo entrar?- preguntó Kar-Jo.

-Es allí donde conocerás tu destino- sentenció Mace.

Kar-Jo se levantó con decisión y se encaminó hacia la cueva, acompañado en espíritu por su Maestro. Cuando estuvo a un paso de la entrada, este último le dijo:

-No puedo entrar yo, sólo aquel al que se le debe iluminar el camino. Una vez dentro, yo partiré y tú seguirás tu propio camino.

Kar-Jo lo veía venir; sin embargo, esta vez estaba preparado para despedirse. Mace levantó una mano.

-Adiós, mi joven Padawan. Que la Fuerza te acompañe.

-Adiós, Maestro. Que la Fuerza lo acompañe… o más bien que siga unido a ella- bromeó nuevamente Kar-Jo, entrando en la cueva.

De inmediato, el espíritu de Mace Windu, con el semblante serio pero con media sonrisa ladeada, se desvaneció y Kar-Jo perdió todo contacto con el exterior.

La caverna era fresca y oscura. Al cabo de un rato, el joven Jedi, tras acostumbrarse al nuevo ambiente, pudo distinguir un camino que se le abría entre dos gigantescas laderas de rocas. Avanzó por el único sendero posible por varios minutos. No estaba nervioso; cualquier dificultad la enfrentaría a su debido momento. Sin embargo, la travesía duró poco y fue muy tranquila.

En pocos minutos, se encontró en una sala mas iluminada que el pasillo por el que había llegado; parecía una extraña cámara para los rituales. Allí se encontraba una extraña forma tallada en la pared: una cara aterradora con la boca abierta. Se acercó y notó que la boca era una hendidura en la pared. Había varios escritos antiguos rodeando la extraña figura, los cuales no pudo descifrar. Se alejó un poco y notó que la cámara entera estaba decorada con pinturas que mostraban antiguos Jedi enfrentando los peligros que rondaban en el universo.

Y entonces comprendió... Por instinto, sabía lo que tenía que hacer: avanzó hacia la cara tallada en la pared e introdujo su sable láser sin desenvainar en la hendidura. Retrocedió hacia el centro e instintivamente recitó el Código, tal cual se lo había enseñado su Maestro tiempo atrás:

-"No existe emoción, sólo existe paz. No existe ignorancia, sólo existe conocimiento. No existe pasión, sólo existe serenidad. No existe caos, sólo existe armonía. No existe muerte, sólo existe la Fuerza."

Tras haber recitado el discurso, a su alrededor aparecieron los espectros de varios antiguos Maestros Jedi, lo cual no lo sorprendió. Se inclinó solemnemente.

-Joven Kar-Jo Veald- anunció con voz enérgica el que presidía la comitiva enfrente de él-, mediante el presente rito de nombramiento, el Honorable Ancestral Consejo Supremo, funcional en circunstancias extremas, te honra con el nombramiento de Caballero Jedi, Guardián de la Paz y la Justicia en la Galaxia.

-Completadas tus enseñanzas- prosiguió el que se encontraba a la derecha del primero- y recorrido satisfactoriamente tu camino como Padawan, se te encomienda restaurar los valores correctos de la Fuerza y derrotar a los que desafíen todo lo creado en tiempos de paz.

-Este Consejo- continuó el que estaba a la izquierda del primero- ha visto tu destino. No es el de luchar contra el Imperio, sino el de prevenir que La Orden de los Demonios del Lado Oscuro sea una amenaza aún mayor que el Emperador. Tu destino es acabar con esta Orden antes de que sea demasiado tarde.

Todos los concejales desenvainaron sus sables y Kar-Jo de pronto sintió como fuerzas mayores que él eran las verdaderas reguladoras de los destinos de todo el Universo. Pronto entendió la naturaleza de la Fuerza.

-Levántate, Kar-Jo Veald, Caballero Jedi, Guardián de la Paz y la Justicia en la Galaxia- finalizó el espectro que habló primero.

Así lo hizo Kar-Jo. Se sentía extrañamente diferente; atrás había quedado el muchacho inmaduro. En menos de un día su vida había adquirido un nuevo sentido, lo cual lo llenaba de algo nuevo para él: responsabilidad.

-Tu nuevo sable de luz te espera- dijo uno de los concejales.

Kar-Jo avanzó hacia la cara tallada en la pared y sacó ya no su sable láser de Padawan, sino uno totalmente distinto. Era exactamente como uno que había visto en una imagen del Templo Jedi. La empuñadura era negra y parecía un modelo antiguo. Desenvainó y vio que la hoja era también negra pero resplandeciente y no tan redondeada como la de los otros sables.

-Haré que este nombramiento sea honrado…- sentenció Kar-Jo.


Gracias a todos por seguir la historia y bancarse un año para terminarla, igual que yo estuve un año sin poder darle el toque final (este capitulo lo hice hace un año pero era horrible y depues nunca mas pude revisarlo).

Nuevamente, gracias por el aguante.

Nos vemos en mis otros fics.