Ni Glee ni sus personajes me pertenecen
Quinn le quitaba el vestido a una Rachel que se estaba perdiendo en el cuello de la rubia quien no pudo resistirlo más y se puso encima de la más pequeña sonriendo diabólicamente.
Judy bajó las escaleras y encontró cosas volando por toda la estancia, cerró los ojos y las cosas volvieron a su sitio, pero Quinn seguía removiéndose y hablando en aquel sillón. Judy se acercó y agarró la mano de su hija.
- Quinn cielo, despierta –decía preocupada- Quinn…
La animadora mordía el cuello de Rachel para luego seguir besándola. La más bajita se incorporó separándose un poco y le quitó a la rubia su camiseta, después la besó y se acercó hasta su oído.
- Creo que ya está bien – susurró-.
Judy seguía al lado de su hija cuando notó que Quinn le apretaba la mano demasiado fuerte, lo que provocó que la madre se asustara aún más.
- Quinn! – gritó su madre para que se despertara pues realmente la estaba mancando-.
De repente la rubia abrió los ojos y uno de los frascos vacíos que tenía sobre la mesa salió disparado contra la pared rompiéndose. Quinn abría y cerraba los ojos, miró a su madre que tenía lágrimas en los ojos y al ver que la estaba agarrando la mano, la soltó rápidamente y se incorporó.
- Mamá! – le cogía con delicadeza la mano- lo siento, mamá – decía triste-.
- Tranquila tesoro- retiraba la mano y se levantaba a la vez que lo hacía Quinn- está… ah! – gritaba un poco al intentar moverla-.
- Ven, trae la mano – Quinn se acercó a la vitrina y sacó uno de sus frascos con un líquido amarillento, lo abrió y le echó un poco en la mano a su madre- ¿Qué tal?
- Gracias cariño – movía su mano- está mucho mejor – se acercaba y le daba un beso en la mejilla a su hija- ¿otra vez ese dichoso sueño?
- Si mamá – bajaba la cabeza- no puedo evitarlo, y – miraba hacia la vitrina donde había colocado el frasco que acababa de utilizar- no consigo hacer nada que me ayude, y tampoco encuentro nada en esos dichosos libros! – decía más enfadada cuando el timbre sonó.
Hacía un rato que Santana había llegado a casa de la rubia y esta le contó lo que le había pasado. Otra vez ese sueño, cada vez más real, pero, ¿por qué Rachel? Quinn no lo entendía. Judy siempre le había dicho a su hija, desde pequeña, que muchas personas están conectadas por vínculos que van más allá de la razón, Quinn no se creía eso, hasta que empezó a descubrir que no era una chica normal. La animadora tenía ciertos poderes, podía mover las cosas, tenía una capacidad magistral para retener todo lo que leía, era una experta en crear todo tipo de "pociones" para todo tipo de situaciones... Sabía del vínculo que tenía con su madre, obviamente por ser su madre, pero ¿qué vínculo podría haber con Rachel?, solo era Rachel… una perdedora… ¿no?.
- ¿Y bien? – decía la latina colocando un cuenco con palomitas en la mesa del salón-.
- ¿Qué? – preguntaba Quinn mientras colocaba los cojines en los sofás-.
- ¿Me vas a ayudar con Britt? – se sentaba en uno de los sofás-.
- Santana… bastante he hecho invitándola ¿no crees? – se sentaba al lado de la morena – el resto es cosa tuya.
- Joder Fabray… sólo te pido que me lo hagas más fácil
- San…- le cogía las manos- inténtalo, de verdad creo que Britt siente algo por ti – Santana sonreía-.
- Quinnie! – decía su madre cogiendo su abrigo – me voy, he quedado, voy a ir al herbolario, ¿necesitas algo? – decía asomándose al salón – hola cielo – le decía a la latina-.
- Hola Jud – sonreía-.
- No mamá, tengo todo, gracias – le sonreía- ¿qué tal tu mano?
- Estupenda – sonreía- bueno, hasta luego chicas! – abría la puerta para salir – uy! – casi se choca- hola! Tú eres… Brittany ¿verdad? – sonreía-.
- Si – decía tímida – hola
- Pasa pasa! Soy Judy – le daba dos besos- bueno os dejo, ciao chicas! Pasadlo bien! – cerraba la puerta-.
Las tres animadoras habían comenzado a ver una película, Brittany se había sentado al lado de Santana que no paraba de jugar con sus manos, algo que no pasó desapercibido por la rubia y por Quinn que sonreía al ver a su amiga tan nerviosa. De pronto el timbre sonó y Quinn se levantó a abrir.
- Hola – decía Rachel con un tono triste en la voz- siento llegar tan tarde.
- Da igual, ya habías avisado ¿no? – decía de mala gana invitándola a pasar- de todas formas no te has perdido nada.
- Aun así, lo siento, no pretendía llegar tan tarde – entraban en el salón – hola!
- Hola! – respondían a la vez Brittany y Santana con una sonrisa-.
- ¿Qué veis? – decía sentándose, había quedado justo al lado de Quinn-.
- Encantada – decía Brittany ilusionada – me encanta esta película.
- Si, no hace falta que lo jures- decía Quinn-.
- Bueno, a mí me gusta- decía Santana-.
- ¿si? – decía Brittany- que bien! – se abrazaba a la latina que acto seguido se puso roja-.
- Quinn, ¿tienes zumo o algo que no sea agua? – decía Rachel mirándola-.
- Eh…- contestaba la rubia nerviosa- si… ¿de qué lo quieres?
- ¿De qué tienes?
- Pues no sé… espera – decía levantándose y dirigiéndose a la cocina-.
Rachel se había quedado en el salón con Brittany y Santana las cuales seguían abrazadas, Rachel se fijó en que la latina comenzó a acariciar el brazo de la rubia, asique decidió seguir a Quinn hasta la cocina para dejarlas un poco a solas.
- ¿Y bien? – decía llegando a la altura de Quinn que estaba agachada mirando en la nevera-.
- ¿Qué? – saltó y se dio con la cabeza en lo alto de la nevera- ay! – decía acariciándose la cabeza-.
- ¿Estás bien? – se acercaba- déjame ver.
- Estoy bien, no es nada – se separaba – tienes ahí zumo, coge el que quieras, vuelvo ahora- decía marchándose hacia el sótano-.
Rachel se cogió un zumo y volvió al salón, antes de poder sentarse, vio a Santana y Brittany mirándose a los ojos, muy cerca, asique decidió no molestarlas, pues sabía que a la rubia le encantaba la morena, aunque nunca se lo hubiera dicho claramente.
No sabía a que parte de la casa ir. Se acercó a la puerta del sótano y la abrió, bajó las escaleras y vio a Quinn guardando un frasco con un líquido azul en una vitrina.
- ¿Para qué es eso? – decía acercándose-.
- ¿Por qué entras? – decía enfadada- ¿quién te ha dado permiso? – se acercaba a la más pequeña y la cogía del brazo – lárgate de aquí! – tiraba de ella hasta la puerta y la echó dando después un portazo-.
Rachel estaba enfadada y triste a la vez por como la había tratado Quinn, pero también estaba intrigada pues los frascos que había visto eran parecidos a unos que tenían sus padres en su habitación. Cuando llegó de nuevo al salón vio a Santana echada encima de Brittany besándola. Rachel se dirigió a la cocina dejó la botella con el zumo y salió de la casa.
– No sé para qué me pedías ayuda San... - decía guardando los libros en su taquilla-.
– Siento lo de ayer Quinn...- decía una avergonzada Santana-.
– ¿Por qué? - se apoyaba al lado de la morena en su taquilla mientras sonreía-.
– Pues... bueno ya sabes... se nos fue un poco de las manos...- agachaba la cabeza-.
– ¿Desde cuándo Santana López pide perdón?- se reía- además, tengo que agradecerte que echaras a Berry de mi casa.
– ¿Qué? Yo no la eché, pensé que tú la habías echado- le respondía mientras veían a Rachel pasar de la mano con Finn-.
Santana se fijó en que los ojos de Quinn se dirigieron hacia las manos entrelazadas de la pareja y acto seguido la rubia se dio la vuelta, abrió su taquilla sacó su mochila de mala gana y se dirigió hacia el baño rápidamente.
– Quinn! - decía mientras se esforzaba por alcanzarla- espera!
– No! - se dio la vuelta justo antes de entrar en el baño- quédate aquí y vigila que no entre nadie.
– Vale, pero...
– No! - entraba- luego te digo- cerraba la puerta-.
Santana y Quinn llegaban tarde a su clase de Geografía, pues la rubia se había entretenido demasiado en el baño. Cuando acabó la clase, Quinn cogió a Santana del brazo y la llevó con ella hasta donde estaban Brittany y Rachel.
– Hola! - decía Quinn sonriente-.
– Hola – decía una avergonzada Brittany-.
– ¿Comemos juntas? - preguntaba Quinn con la sonrisa aún puesta-.
– Claro! - decía Brittany, mientras que Santana aún no entendía la actitud de su amiga, pero se alegraba porque comería con Brittany-.
– Yo voy a comer con Finn – decía de mala gana mientras se marchaba-.
– Ir yendo, os alcanzamos ahora! - decía Quinn a la vez que alcanzaba a Rachel- eh! - la cogía del brazo para frenarla-.
– ¿Qué quieres? - decía con un poco de miedo porque conocía el carácter de la rubia-.
– ¿Por qué no vienes? - sonreía-.
– ¿Para qué? - la actitud de la rubia no le gustaba, era demasiado buena con ella-.
– Bueno... déjame invitarte a algo ya que el zumo de ayer no te lo acabaste y te fuiste sin decirme nada...
– Ya bueno... Finn me llamó... y como Santana y Britt estaban... ocupadas pues...- mentía-.
– Ya... - Quinn se dio cuenta de que aún seguía sujetando el brazo de la más bajita y acto seguido se miraron a los ojos- ven...
Rachel aceptó ir a comer con las tres animadoras, aunque seguía temerosa pues la actitud de la rubia le desconcertaba mucho, Quinn jamás le invitaría a nada, o quizás si, a un granizado, pero luego se lo tiraría a la cara. Santana y Brittany estaban muy juntas, hablándose al oído y riéndose, mientras Rachel miraba de vez en cuando a Quinn que jugaba con su comida.
– Santana, ¿me acompañas un momento?- decía Quinn-.
– ¿Qué? ¿para qué? - decía un poco molesta porque no le apetecía alejarse de Brittany-.
– ¿Me acompañas? - decía un poco más sería y levantando un poco la voz- ¿por favor? - sonreía-.
– Eh... si si, claro – se levantaba rápido siguiendo a la rubia dejando a Rachel y a Brittany un poco confusas- se puede saber ¿qué quieres? - preguntaba saliendo ya de la cafetería-.
– Toma- le entregaba unas monedas- ve dentro y trae cuatro granizados, todos del mismo sabor e intenta que Britt y Berry no te vean-.
– Pero...- se quedaba mirando al dinero que la rubia le había dado-.
– Vete! luego te explico- le decía mientras que la empujaba un poco para que se diera prisa-.
Al cabo de unos minutos Santana llegaba con una bandeja y los granizados.
– Si que has tardado – decía de mala gana-.
– No te quejes Fabray, que había cola y he tenido que esconderme para que no me vieran, creo que ya he perdido mi dignidad – le enseñaba la bandeja- y ahora ¿qué?
– A ver...- cogía su mochila y sacaba un frasco con un líquido morado dentro- este- decía mientras cogía un vaso- es el granizado de Rachel ¿de acuerdo?
– Son todos iguales Quinn...
– Ya lo sé Santana – decía molesta mientras abría el frasco y echaba unas gotas en el vaso ante la atenta mirada de la latina-.
– ¿Para qué es?
– Ya verás...- sonreía mientras que volvía a guardar el frasco- Finn no querrá volver a besar a Rachel – cogía el granizado de la más bajita y el suyo-.
– Quinn... ¿qué vas a hacer? - la seguía mientras volvían a entrar en la cafetería- igual y te arrepientes de esto...
– No lo creo...- decía sin mirarla mientras llegaban a la mesa-.
– Toma Berr... Rachel – sonreía mientras le entregaba el granizado-.
– Gracias Quinn – le seguía extrañando la actitud de la rubia pero lo aceptó y comenzó a bebérselo-.
Espero que os haya gustado aunque sea un poquito :)
El viernes subiré otro trocito.
Gracias por los comentarios, creo que según avance la historia más enganchará... :)
