Ni Glee ni sus personajes me pertenecen
La mañana pasó tranquila, Brittany y Santana habían quedado para esa tarde ya que era viernes y querían disfrutarlo. Rachel y Finn también habían quedado, irían al cine junto con Artie, Sam, Tina y Mike. Quinn por su parte decidió quedarse en casa, necesitaba descansar, y relajarse, además de alguien con quien hablar, y ¿quién mejor que su madre?.
– ¿Qué os apetece ver?- preguntaba Artie mirando las películas que salían en la pantalla del mostrador del cine-.
– Algo de miedo – decía Mike-.
– Si! voto por algo de miedo- continuaba Tina-.
Judy se encontraba en el salón con Quinn, llevaban mucho tiempo hablando, del instituto, los exámenes, pero realmente Quinn no quería hablar de nada de eso y Judy lo sabía asique comenzó a preguntarle por esos sueños que tenía.
– ¿Siempre es con Rachel?
– Si mamá... pero...- jugaba con sus manos-.
– Pero ¿qué?- notaba el nerviosismo de su hija-.
– Pues... son sueños...bueno... ya sabes...
– No cariño... no lo sé, los sueños son diferentes...
– Bueno... es que... siempre sueño... que nos abrazamos y...
– Un abrazo no tiene nada de malo, no entiendo por qué reaccionas así y empiezas a sudar tanto y... oh espera...- abría los ojos-.
– Si... no es simplemente un abrazo... hay... hay más
– Entiendo...
– Pero es que... dios...¿por qué Berry?- se llevaba las manos a la cara-.
– Te acuerdas aquello que te había explicado de que alguna gente está conectada ¿verdad?
– Si, claro ¿pero qué tiene eso que ver? - preguntaba la rubia extrañada-.
– Veras...
Finn llegaba con un paquete enorme de palomitas y se sentaba entre Rachel y Artie; la película estaba a punto de empezar.
– Son muchas palomitas para ti solo Finn...- decía Rachel-.
– Bueno, pensé que me ayudarías con ellas – sonreía-.
– No, no tengo hambre...
– Vaya...
- Está bien...
Rachel se acercaba a Finn para darle un pequeño beso en los labios mientras empezaban a comer palomitas.
– ¿Entiendes? - preguntaba Judy-.
– No, es decir, si... pero... los padres de Rachel... entonces... ¿también son brujos... magos... o lo que quiera que seamos?
– Si – respondía calmada Judy-.
– Pero... a ver... entonces... eso significa que ¿Rachel también tiene algún poder?
– Si, pero sus padres lo bloquean, para protegerla- explicaba-.
– Protegerla...¿de qué? - se extrañaba la rubia-.
- De ella misma...- observaba la cara de su hija, y comprendió que necesitaba contarle más- verás cielo... desde hace mucho tiempo, su familia y la nuestra no se llevan muy bien...
– Pero... tengo entendido que tú y los padres de Rachel os habláis y quedáis para cenar y demás ¿no? - interrumpía-.
– Si, pero eso es porque nosotros no nos dejamos llevar por lo pasado.
– Pero no entiendo...¿qué tiene que ver con que sueñe con ella, con que sus padres le bloqueen los poderes? No entiendo nada... - se recostaba en el sofá resoplando-.
– Hace muchos años – comenzaba a explicar Judy-.
Finn dejaba las palomitas a un lado para poder abrazar a Rachel que cada poco saltaba del asiento pues al final se habían decidido por una de miedo. Finn levantó suavemente la barbilla de Rachel y se acercaba a ella para darle un beso, justo cuando casi rozaba sus labios, la luz de la película le permitió ver la boca de la más pequeña. Finn se echó hacia atrás asustado.
– ¿Qué pasa?- decía Rachel asustada también-.
– Mamá... me estás diciendo que... porque mi tataratataratatara abuela le quitó el marido a la tataratataratatara abuela de Rachel... ¿nuestras familias se llevan mal? - decía sin poder creérselo-.
– Si... lo sé, es absurdo, pero has de saber que también, la tataratataratatara abuela de Rachel hizo una especie de maleficio o conjuro...
– Y tiene que ver con Rachel y conmigo ¿verdad?
– Así es, verás... digamos que... Rachel y tú no podríais estar ni si quiera en el mismo instituto si no fuera porque los padres de ella le están bloqueando los poderes...
– ¿Por qué? - preguntaba intrigada y desconcertada la rubia-.
– Digamos que ella...es muy fuerte- Quinn arqueaba una ceja- y dado que no sabemos exactamente que poder tiene...sería peligroso teniendo en cuenta que os atraéis aunque lo queráis o lo quieras evitar...
– ¿Qué?!- se levantaba- pero... tú sabías todo esto, y ¿no me has dicho nada hasta ahora?!- se movía por todo el salón- ¿qué Rachel me atrae?! ni hablar! ¿y qué pasa si de repente aparecen sus poderes y estamos cerca?! ¿me mata?!- seguía moviéndose mientras chillaba- ¿me evaporo?! ¿me convierto en rana?!
– Ya cálmate – decía Judy sentada desde el sofá muy tranquila- eso no va a pasar, y no lo sabemos, puede que pase algo malo, o puede que pase algo tan bueno que os acabe haciendo daño...
– ¿Qué? - al oír eso último se paró-.
De repente el timbre de la casa de Quinn empezó a sonar repetidas veces, acompañado de golpes en la puerta. Judy se acercó corriendo a la puerta y al abrirla una Santana con cara de pocos amigos apareció entrando rápidamente con un "hola" casi sordo a Judy, en busca de Quinn.
– ¿No había otro momento Fabray?!
– ¿Qué? - contestaba Quinn viendo como la morena se le acercaba rápidamente-.
– ¿No había otro momento para que, lo que sea que le has echado esta mañana, hiciera efecto?! porque no creo que fuera una reacción alérgica justo ahora ¿verdad?! - decía cerca de la rubia-.
– Cálmate Santana – se alejaba un poco de la latina- ¿qué ha pasado?
– Yo había quedado con Britt ¿sabes?, lo estábamos – se dio cuenta de que Judy estaba en la puerta del salón mirándolas- pues... viendo una película abrazadas y de repente llega corriendo la estúpida de Berry con el labio hinchado y con granos asquerosos, llorando y jodiéndonos la tarde y a que no sabes qué... por tú culpa!
– Quinn...espero que vayas a arreglar eso ahora mismo – le decía seria Judy-.
– Eh... si claro – cuando su madre ponía ese tono serio no le decía nunca que no-.
Santana y Quinn se dirigieron a casa de Brittany, en el coche, la latina no paraba de echarle en cara que las hubiera interrumpido Rachel por culpa de la rubia. Quinn no le hacía mucho caso, en su cabeza seguía la conversación que había tenido con su madre. Estaba intrigada en los poderes que pudiera tener Rachel, en lo que pasaría si estaban cerca, en la supuesta atracción que sentían la una hacia la otra y sobre todo en ¿algo tan bueno que pudiera hacerles daño?, no terminaba de entender esa parte; Quinn desechó ese pensamiento rápidamente, no podía llegar a llevarse bien con Rachel… la odiaba, era una perdedora, era Rachel.
Cuando llegaron a casa de Brittany, esta les abrió con cara triste y dirigió a las otras dos animadoras hasta el salón donde se encontraba Rachel sentada en un sofá de espaldas.
- Hola Rachel – decía Quinn acercándose a ella-.
- Déjame! No te acerques!- se levantaba alejándose de la rubia-.
- Por qué no os vais y me dejáis hablar con Rachel- les sugería a Brittany y Santana-.
- Vale – respondían ambas-.
Después de que se marcharan Santana y Brittany, Quinn se acercó a Rachel.
- Déjame verte – pedía justo detrás de ella-.
- No, estoy horrorosa – decía medio llorando-.
- Si no me dejas verte no puedo hacer nada – decía la rubia calmadamente-.
- ¿Qué vas a hacer tú con esto?!- se daba la vuelta-.
Quinn vio la cara de Rachel, sus labios estaban hinchados, tenía granos alrededor de ellos y sus ojos, la rubia miró los ojos de la más bajita, estaba llorando, y eso a Quinn le afectó más de lo que creía. Quinn se acercó a Rachel y la abrazó tan tiernamente como supo, no sabía por qué había reaccionado así pero ahora no iba a dar marcha a tras. Después de un rato la más bajita parecía que se iba calmando asique Quinn decidió romper ese abrazo.
- Creo que puedo arreglarlo – decía seria pero calmada la rubia-.
- ¿A si?- se extrañaba- y ¿cómo?
- Lo primero – pasaba un dedo por la mejilla de Rachel limpiándole una lágrima- deja de llorar – sonreía- y lo segundo, coge tus cosas y ven conmigo.
Las dos chicas se despidieron de Santana y Brittany y se dirigieron a la casa de Quinn; la rubia tenía la necesidad de ayudarla, no sólo porque se lo hubiera dicho su madre, sino porque realmente se había pasado. El camino en coche fue silencioso, Rachel se preguntaba cómo iba a ayudarla la rubia y por qué lo hacía además de pensar en el abrazo que le había dado, se sintió bien entre los brazos de Quinn, quién se lo iba a decir, sentirse cómoda en los brazos de alguien que te hace la vida imposible siempre que puede.
- Pasa- decía Quinn abriéndole la puerta de su casa- mamá! Ha venido Rachel!
- Hola cariño – bajaba las escaleras del segundo piso con una sonrisa- ¿cómo estás?
- Hola- intentaba sonreír- pues como puede ver – se señalaba el labio – no muy bien- bajaba la cabeza-.
- Bueno pero eso lo va a arreglar Quinnie, ¿verdad? – le echaba una mirada cómplice-.
- Claro – sonreía- ven conmigo- caminaban hacia el sótano, antes de entrar Quinn se paró en seco- no toques nada – decía seria-.
- Vale
Rachel ya conocía el lugar pero esta vez Quinn no la iba a echar, asique se pudo fijar mejor en todo lo que había en el sótano. Era un lugar de paredes negras y suelo de madera oscura, una mesa grande de madera blanca en el centro y encima de ella un montón de frascos con, lo que a Rachel le parecían, especias; también había cucharas de madera y una especie de olla de un bronce oscuro. A la izquierda un sillón negro al lado de este una lámpara de un gris metalizado y una estantería muy grande blanca con una gran cantidad de libros. A la derecha había una gran vitrina que pudo reconocer pues era la que había visto anteriormente con muchos frascos que contenían líquidos de varios colores y cada uno con una etiqueta.
- Siéntate ahí mientras que miro una cosa- le decía señalándole el sofá negro mientras que se acercaba a la estantería y cogía un libro-.
Pasaban los minutos, Quinn había mirado unos cinco libros y parecía que se estaba estresando, Rachel no podía apartar la mirada de la rubia, le estaba ayudando o eso creía.
- Aquí…- decía deteniéndose en una página – vale, no parece difícil- dejaba el libro en su sitio – quédate aquí ¿de acuerdo?
- Si.
Quinn se acercó a la mesa blanca y empezaba a coger los frascos con las especias que necesitaría y los acercó a la olla. La rubia salía del sótano dejando sola a Rachel, Quinn le había dicho que no tocara nada y no iba a hacerlo, pero si iba a mirar asique se levantó del sofá y empezó a mirar los frascos que Quinn había seleccionado. Cuando la rubia bajó las escaleras con un cuenco que contenía agua caliente vio a Rachel rodeando la mesa mirando todo lo que allí había.
