Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.


- ¿Quieres ayudarme? – sonrió llegando hasta la mesa-.

- Bueno… - se ponía al lado de la rubia- ¿puedo hacerte una pregunta?

- Ehm… - la miraba- tú dirás

- ¿Por qué tienes todo esto? Quiero decir… es un poco… raro – sonreía de lado-.

- Raro…- sonreía- puede ser – echaba el agua en la olla-.

- No me has contestado – decía calmada-.

- Verás – bajaba la cabeza- yo tengo la culpa de que te haya salido eso en la boca – la miraba-.

- No… no entiendo

- Rachel… mira…- se acercaba a la vitrina y cogía el frasco que había utilizado esa mañana – esto es lo que yo te eché en el granizado que te di por la mañana.

- Aja…- bajaba la cabeza-.

- Es como si fuera…- fue interrumpida-.

- Si,creo saber que es… - seguía con la cabeza bajada- mis padres me obligan a tomar una cucharada de un líquido azul todas las noches desde que tengo memoria, no es nada nuevo ver todos esos frascos que tienes ahí.

- Bueno me alegra que no te asustes como hizo Santana cuando le expliqué lo que hacía – sonreía mientras volvía a acercarse a la mesa- ¿me pasas ese frasco? – señalaba-.

- Si…- contestaba tristemente mientras se lo daba-.

- Rachel…- se dio cuenta- siento haberte hecho eso… de verdad – la miraba a los ojos-.

- Ya… da igual… - sonreía de lado- estoy acostumbrada

Rachel ayudaba a Quinn en todo lo que ella le decía, le acercaba frascos que contenían cosas desconocidas para la más pequeña.

- Ahora tenemos que esperar unos minutos ¿vale? – miraba a la más bajita con un gesto tierno-.

- Está bien – se sentaba en el sofá negro- Sólo me ayudas porque te lo ha dicho tu madre ¿verdad?-miraba a la rubia-.

- Pues si – vio el gesto de Rachel – quiero decir no… bueno…

- No hace falta que me des explicaciones- bajaba la cabeza- ¿cuánto crees que tardará?

- Diez minutos más o menos – bajaba la cabeza-.

Se formó un silencio bastante incómodo para las dos, Quinn había intentado disculparse pero no le salían las palabras e intentaba sacar algún tema de conversación pero no sabía muy bien de qué hablar con Rachel. Al cabo de quince minutos Quinn se levantó y se acercó a la olla donde había preparado la poción para Rachel, cogió una cuchara y con delicadeza la metió en un frasco.

- A ver- decía acercándose a Rachel que seguía con la cabeza gacha- necesito que me mires – se ponía de cuclillas para estar a su altura.

- Lo siento – la miraba - ¿tengo que tomármelo?

- No – se echaba unas gotas en las yemas de los dedos- quédate quieta.

Quinn acercó su mano a los labios de Rachel y con suma delicadeza los acarició esparciendo así aquel líquido, Rachel no pudo evitar cerrar los ojos y la rubia al verlo se puso, sin saber por qué, nerviosa. Cuando Quinn apartó su mano Rachel volvió a abrir los ojos y vio a la rubia sonreírle de lado.

- Mira – le acercaba un pequeño espejo- has quedado tan guapa como antes – no supo por qué había dicho eso-.

- Gra…gracias – no podía creérselo, ¿Quinn pensaba que era guapa?- la verdad que es increíble lo rápido que se ha quitado.

- Si, menos mal ¿no? – sonreía mientras que hacía flotar el espejo y el frasco hasta la mesa-.

- ¿Cómo has hecho eso? – decía una sorprendida Rachel-.

- Oh… eh… - nunca utilizaba sus poderes si había alguien en casa porque se sentía incómoda, salvo si era Santana, pero se sentía a gusto con Rachel- pues no lo sé, pienso en que quiero mover algo y se mueve- sonreía- Tus padres… ¿no tienen ningún poder?

- No, bueno eso me quieren hacer creer pero yo he visto a mi padre Hiram encender el fuego de la cocina con sólo mirarlo y a mi papi Leroy –Rachel se sonrojó porque se había sentido ridícula después de decir "papi" en frente de la rubia- le he visto pasar las páginas de un libro, también, con la mirada…

- Y…- se sentaba en el sofá- ¿y tú?

- Pues- seguía a Quinn- no, eso creo…aunque… me gustaría tener alguno, no sé… para… ser un poco especial- la rubia no pudo evitar reírse- ¿qué pasa? – la miraba-.

- ¿Necesitas sentirte especial?

- Bueno, creo que a todo el mundo le gustaría sentirse especial

- Y ¿no crees que ya eres especial?

- ¿Yo?

- Si, creo que tendrías que sentirte especial sólo por el simple hecho de lo bien que cantas Rachel

- Vaya – bajaba la cabeza sonrojada- gracias – sonreía-.

- No me las des, eso es algo que todos en el Glee Club sabemos – le restaba importancia- pero… podrías preguntarle a tus padres si tienes algún poder

- Ya se lo he preguntado, pero ellos no me dicen nada, siempre me cambian de tema

- Aja…- Judy entraba en el sótano-.

- Rachel, te veo mucho mejor – le sonreía-.

- Si – sonreía también – Quinn es un genio – la miraba-.

- ¿Quieres quedarte a cenar?

- No gracias, tengo que irme ya- cogía sus cosas-.

- Oh vaya… Hasta luego entonces – le daba dos besos

- Hasta luego – respondía mientras se acercaba a Quinn y le daba un beso en la mejilla- Hasta luego Quinn – sonreía marchándose-.

- Hasta luego- respondió la rubia casi en un susurro-.

Quinn subió a la habitación después de cenar y se dio una ducha, se puso unos pantalones cortos y una camiseta de tirantes y se tumbó en la cama pensando en todo lo que le había ocurrido ese día y poco a poco se le fue formando una sonrisa en la cara al recordar a Rachel. El móvil comenzó a sonar.

- ¿Qué pasa San? – sonreía.

- Dímelo tú rubita – sonreía al otro lado del teléfono- ¿Has solucionado lo de Berry?

- Claro – seguía sonriendo-.

- Oye te noto… ¿contenta? No sé si esa es la palabra – se reía-.

- Bueno, he conseguido dejarle la cara como la tenía antes… ¿Por qué no iba a estar contenta por eso?- se sentaba e intentaba disimular-.

- Nada… cosas mías, y ella ¿te ha dicho algo?

- No, bueno le vi un poco triste pero luego nos pusimos a hablar y… bueno hoy me enteré de muchas cosas…

- ¿Y me las vas a contar o qué Quinn?

- Claro, pero no creo que sea buena idea por el teléfono porque es bastante

- Bueno…

- ¿Y tú qué tal con Britt?

- Pues… muy bien – sonreía- lo hemos hecho

- Me alegro por ti morenita, ya era hora… ¿cuánto llevabas? Oh ya sé! Desde ayer en la clase de Historia – se reía-.

- No te rías Quinn! – oía a la rubia reírse más- lo digo en serio! – su tono era serio-.

- Bueno bueno – el móvil le vibró- un momento San – miró el teléfono y vio un mensaje de un número que no conocía- oye, hablamos mañana – le decía a la morena-.

- Vale, y me cuentas eso!

- Que si tonta! Te quiero, ciao

- Y yo! Ciao.

Quinn abrió el mensaje que le había llegado

"¿Puedes hablar?"

"¿Quién eres? – Q"

"Perdona, soy Rachel – R"

"Si puedo hablar, pero ¿quién te ha dado mi número? ¿Quieres que te llame?-Q"

"No, necesito hablar, pero mejor por mensajes, no quiero que me oigan hablar y tampoco puedo salir por la hora que es. Tu número me lo pasó Britt- R"

"¿Tan importante es que no puedes esperar a mañana? – Q"

"Si, he estado pensando en lo que hablamos esta tarde, en lo de los poderes y eso… ¿y si lo que me dan todos los días, ese líquido azul, es para que no tenga poderes? ¿Tú qué crees? –R"

Quinn sabía que ese líquido, esa pócima, era para bloquear los poderes de Rachel, pero no estaba segura de decírselo, ¿y si la metía en un lío? ¿Y si realmente era tan malo que Rachel descubriera sus poderes?

"No lo sé Rachel, no lo creo… no obstante ¿por qué no se lo preguntas a tus padres?- Q"

"No me lo dirían Quinn! He decidido que no lo voy a tomar esta noche, a ver si pasa algo- R"

El teléfono de Rachel comenzó a sonar, lo cogió sin mirar el número para que sus padres no se dieran cuenta de que estaba metida en el baño.

- ¿Diga? – susurró-.

- ¿Estás loca o qué te pasa?!- se oyó al otro lado-.

- ¿Quinn? Te dije que no me llamaras, no puedo hablar – seguía susurrando-.

- Rachel, ¿y si ese líquido azul es para alguna enfermedad y no te lo quieren decir para que no te preocupes? No sería buena idea dejar de tomarlo! –sonaba ridículo pero tenía que detener la insensatez que pensaba cometer Rachel-.

- No lo creo, además, sea lo que sea, ya es tarde, hoy ya no la he tomado.

- ¿Cómo? – se levantó de la cama casi de un salto- ¿no te la dan ellos?

- Quinn – hablaba más bajo aún- llevo tantos años tomándola que confían en mi-.

- Estás loca! – colgaba-.

Rachel se quedó mirando su teléfono, no le dio importancia a lo que Quinn le había dicho, salió del baño y se fue a dormir.

Quinn por su parte no paraba en la habitación, daba vueltas, se mordía las uñas; pensó en ir a hablar con su madre y contarle lo que pasaba, porque así la podría ayudar. Pero si se lo decía le echaría la culpa a ella, Quinn fue la que empezó con aquella conversación. Decidió acostarse, al día siguiente hablaría con Rachel.

A las diez de la mañana el timbre de Rachel sonó, haciendo que la bajita abriera la puerta casi dormida.

- Tenemos que hablar – logró decir antes de quedarse sin habla al ver a Rachel con aquel vestido rojo y corto que utilizaba para dormir-.

- ¿Qué?...- se frotaba los ojos- pasa…

- ¿Están tus padres?- entraba en el salón-.

- No, se han ido de picnic o eso creo…- se echaba en el sofá- Quinn… es sábado, quiero dormir... el fin de semana son los únicos días que no me levanto a las seis de la mañana para hacer mis ejercicios.

- Me da igual, siéntate! – le ordenaba mientras se sentaba en la mesa del centro para quedar así frente a ella- ¿cómo estás?

- Bien…- no entendía el comportamiento de la rubia- ¿por qué?

- ¿Has notado algo raro? – decía nerviosa-.

- ¿Qué? No… ¿esto es por lo de que no me he tomado ese dichoso líquido azul?

- Rachel… no sabes para que es, pero si tus padres te lo dan debe de ser por algo bueno

- ¿Y si es para que no tenga poderes? Yo quiero tenerlos Quinn- se levantaba- quiero ser alguien especial

- Pero ¿no te das cuenta de que si tú tuvieras algún poder te lo dirían? – quería quitarle esa estúpida idea de la cabeza-.

- ¿no entiendes que se lo he preguntado mil veces pero ellos siempre cambian de tema?!-se levantaba quedando en frente de Quinn que seguía sentada-.

- Pues si cambian de tema es porque no hay nada que tengas que saber!

- Si no hubiera nada que saber – se agachaba y se acercaba poco a poco a la cara de Quinn apoyándose en las rodillas de la rubia- me responderían algo ¿no crees?

- No! –se levantaba para sí alejarse- Rachel, ¿es que no te das cuenta de que puede ser malo para ti?

- Si fuera malo, ya me habría pasado algo – rodeaba la mesa para acercarse a Quinn- y mírame…- daba una vuelta- yo me veo bien

- Estás cometiendo una locura!

- Vete de mi casa!

Quinn cogió sus cosas y salió rápidamente de la casa. Estaba enfadada con Rachel y consigo misma, nunca tendría que haberle echado esa pócima a Rachel en el granizado para así no tener que curarla y que esa estúpida conversación nunca hubiera sucedido.