Aquí el segundo capítulo de Love Kingdom, me alegro que les haya gustado el primero, a pesar de que no había casi nada de Amuto :P
Agradezco a todos lo que dejaron reviews en el capítulo anterior y este capítulo va para ellos. Gracias por confiar en la historia y por hacerme saber su opinión :)
Sin nada más que decir. Los invito a leer el capítulo.
- Estuviste genial- la felicitó Kukai- Creo que hasta la reina estuvo entretenida mientras fingías tropezar en tus actos- le sonrió.
- Gracias, me alegra- le contestó, con una sonrisa falsa.
¿Alegrarla? ¿Cómo podía ser eso posible? ¡Esa había sido una de las más grandes vergüenzas que había pasado! Ella no había fingido tropezar, ¡ella había tropezado! Solo había tenido suerte de que todos hayan pensado que era parte de su acto. Aunque hubiera deseado tener mejor suerte y haber estado fuera del intenso escrutinio del rey de Easter. Era como si el estuviera atento a ella, esperando al momento en que ella tropezara o cometiera un error, y lo peor era que ella le había dado el gusto. Se había tropezado y se había caído más veces de las que ella pudiera recordar. Aunque no es que quisiera recordar ninguna de esas. Al final había salido rápido de la habitación, por si alguien hubiera notado la verdad y hubieran comenzado a comentar de ella.
Suspiró. Había sido un desastre mayor, pero había sido por lo menos una noche, nunca más se iba a repetir. O al menos eso esperaba.
Kukai se había ido a los segundos de decirle aquello, para comenzar su tarea como Jack del rey y los demás pronto lo siguieron, dejándola sola. Aburrida, se decidió por un dar un paseo por los jardines del castillo, que siempre le habían gustado. Estaba tranquila, admirando de cerca las flores, cuando sintió una mano en su hombro. Se dio vuelta y se encontró con una joven rubia de ojos violetas, a quien reconoció como la hermana del rey de Easter, la princesa de Easter. Se apresuró en incorporarse y darle una reverencia.
- Su Alteza- le dijo de manera educada, y ocultando el susto que le había pegado al aparecer así.
- No era necesario, señorita Hinamori- le dijo la princesa con una sonrisa- Solo la vi y decidí felicitarla por su acto de anoche- sintió sus mejillas arder ante el recordatorio de aquello.
- Muchas gracias, me alegro de que a Su Alteza le haya gustado.
- Su acto fue impecable, y…- no pudo continuar porque alguien la interrumpió.
- Utau- la llamó el rey, apareciendo en el jardín- Tengo que hablar contigo.
Ella reverenció al rey cuando llegó junto a ellas, la doncella que acompañaba a la princesa la imitó. Él solo dirigió la mirada hacia ellas unos segundos y volvió a mirar a la princesa.
- Tenemos que hablar…en privado- agregó, viendo a ellas.
Ella comenzó a alejarse, para dejarles su espacio, y cuando se estaba yendo, alcanzó a notar la sonrisa que el rey le estaba dando. Una sonrisa traviesa y, aunque odiara admitirlo, encantadora. Sacudiendo su cabeza ante esa idea, continuó su camino de vuelta al castillo y a la normalidad.
Más no pudo evitar darse la vuelta una vez más, para verificar si el rey seguía allí o se había ido. Él y la princesa no aparecían por ninguna parte.
- ¿Qué quiere de mi?- preguntó en voz baja, entrando en el castillo.
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La mala suerte parecía no querer dejarla. Otra vez se había tropezado mientras actuaba, la gente comenzaría a sospechar si ella seguía haciéndolo. Lo peor, era que ahora no tenía ni siquiera la excusa de la mirada del rey, él y la princesa ni siquiera habían estado allí. Simplemente había sido su torpeza.
Caminó con pesadez por los pasillos del castillo, pensando el porque de sus errores, cuando sintió una mano acariciar su cuello, causándole escalofríos. Se apartó con rapidez y miró a quien le había hecho. Grande fue su sorpresa al descubrir que había sido el rey Ikuto quien le había acariciado el cuello.
- ¿Te asusté?- la burla se escuchaba en su voz.
- Su Majestad- se inclinó- Si, lo hizo.
- Entiendo- dijo con una sonrisa- Déjame hacer algo para compensarte- se acercó a ella y se paró cuando sus cuerpos estaban a menos de un centímetro de distancia.
- Ma… ¿Majestad?- tartamudeó al notarlo tan cerca.
- No me llames Su Majestad, si eres tú puedes decirme Ikuto- él tomó su rostro en sus manos.
- Majestad- él no le hacia caso- I…Ikuto- él paró y le sonrió.
- Solo déjame compensarte- ella cerró los ojos, viendo que el rostro del rey Ikuto estaba demasiado cerca.
Entones sintió en su frente una presión, que reconoció como el dedo del rey y también notó que él le estaba haciendo la señal de la cruz.
- Listo- dijo él con alegría- Te di la bendición, y es la bendición de un rey, es mucho mejor que la de otra persona.
Sonriendo, se alejó tres pasos de ella y la miró con gracia. Ella aún tenía esa mirada de incredulidad de antes.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?- la miró con gracia- ¿Qué pensaste que haría?- él definitivamente se estaba burlando de ella.
Sintió su sangre hervir, sus manos se volvieron puños y sabía que sus mejillas estarían rojas de la rabia. ¡Él se estaba burlando de ella! Ese…ese gran idiota, ¿Cómo se atrevía a burlarse de ella? Lo miró con rabia y él le sonreía de manera burlona, como desafiándola a que diga algo. Y sabiendo que ella no diría nada. Era lógico, él era el rey de Easter y ella solo era el Joker de Seiyo. No podía hacer nada.
- N…Nada- tenía problemas para que su rabia no explote y hasta hablar era una tarea titánica- No pensé en nada, Su Majestad- en lo único que pensé fue en matarte pensó para si misma- Con su permiso- se disculpó antes de seguir su camino.
- Espero que tu acto haya estado tan entretenido como el de ayer- le dijo, cuando ella se había alejado ya unos pasos- Definitivamente estaré presente para el de mañana.
Traducción: él estaría allí esperando a que ella se tropiece de nuevo. Sus manos volvieron a formar puños y así fue como llegó a su cuarto. Por suerte todos habían notado que no estaba de humor y no la habían molestado mientras ella se dirigía a su cuarto.
Suspirando, entró y se encontró a Yoru en su cama. Lo que le parecía raro, desde que lo había mandado de vuelta, con una carta para él. Se acercó y lo tomó en brazos, revisándolo bien, por si estuviera lastimado o herido. Yoru estaba entrenado para entregar las cartas. ¿Por qué esta vez no lo había hecho?
Notó la carta en su collar y también notó que esa no era la que ella había mandado. La tomó y vio que era de él. Eso explicaba el porque Yoru estaba allí, ya había vuelto con la carta en respuesta a la que ella había mandado. Sin embargo, el que Yoru haya vuelto en nada de tiempo…
Suspiró, mientras sonreía ligeramente mirando la carta. Él estaba cerca. Lo sabía.
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Estaba almorzando en el comedor y de repente un tornado entró. Y por tornado, se refería a Yaya.
- ¡Amu-chi!- gritó mientras entraba en el comedor, azotando la puerta.
Luego era tomada y sacada de allí, con la puerta cerrándose con suavidad. Se podía escuchar todo lo que Yaya decía del otro lado de la puerta y todos sonreían con gracia mientras la escuchaban.
"Pero yo quiero hablar con Amu-chi" decía en un puchero y se escuchaba la voz de Nagihiko como un murmuro. "Nagi, eres tan aburrido como Kairi" "Pero ya entré, me hubieras dejado ir a hablar con ella" "No, Yaya no entiende de protocolo" comenzó un berrinche "Yaya quiere jugar con Amu-chi y Yaya no parará de gritar hasta que juegue con Amu-chi"
Hubo bastante revuelo, y una de las doncellas que trabajaban en la cocina se comenzó a reír. Los cocineros la mandaron a callar y luego Nagihiko entró en el comedor.
- La señorita Hinamori Amu, el As solicita su presencia- dijo con educación.
Con una sonrisa, se levantó y se dirigió a él. Salió y fue tacleada por Yaya en un abrazo, mientras ella le comenzaba a contar a toda velocidad todo lo que quería que jugaran. La acompañó a su habitación y pasaron la tarde juntas. En un momento, cuando Yaya estaba distraída con algo, aprovechó para hablar con Nagihiko.
- Kairi usa dulces para convencerla- le susurró a Nagihiko- ¿No te dio esa recomendación?
- Lo hizo- dijo con resignación- Es más, me dio una bolsa llena de sus dulces favoritos. Pero en cuanto menos me di cuenta, ya estaba vacía y solo había logrado que se vistiera y bajara a desayunar.
Ella miró a Yaya, sentada delante suyo, no dudaba de la palabra de Nagihiko. Como tampoco de las de Nadeshiko, definitivamente Kairi tenía un don para poder mantener a Yaya ligeramente tranquila.
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- Ikuto- Utau volvía a llamar a su hermano.
Rima la miró con aburrimiento, dirigiéndose al gran salón seguida de Kairi, mientras notaba lo apegada que parecía estar la princesa al rey. La reina de Easter merecía compasión, si tenía que lidiar con esas situaciones todos los días. Incluso a ella le estaba comenzando a molestar, aún cuando el rey y su hermana la traían sin cuidado.
- Ni siquiera Yaya fue tan apegada a sus padres como lo es esa chica al rey- le comentó a Kairi, quien solo asintió en señal de que la había escuchado y concordaba con ella.
Rima cerró los ojos con aburrimiento y continuó su camino. Si ella creía que antes había estado aburrida, ahora lo estaba aún más. No había forma de sacarle una palabra a Kairi, no entendía como Yaya decía que se divertía estando junto a él. Su insoportable prima era rara. Ahora entendía porque sus tíos le habían pedido si podía vivir con ella en el palacio, ella y sus locuras probablemente habían drenado todas sus energías.
- ¡Rima-tan!- y hablando del rey de Roma…
Yaya llegó junto a ella saltando y se paró sonriente. Rima notó como una de sus coletas estaba casi desarmada, respiraba agitadamente, traía algo de tierra en el rostro y el ruedo de su vestido estaba destrozado. Había estado jugando de nuevo, de eso no había duda. Miró hacia Nagihiko que llegaba junto a ella y comenzaba a arreglar su peinado. Él también traía tierra en su armadura, lo que significaba que ella se le había escapado y él se había metido en los mismos lugares que ella para hacerla volver.
- Estas hecha un desastre- declaró. Ella le siguió sonriendo- ¿Qué estuviste haciendo?
- Yaya fue a la ciudad y se divirtió mucho. Yaya hizo nuevos amigos.
- ¿Recordaste que debes de actuar como un miembro de la realeza?
- Yaya lo recordó- comentó, comenzando a saltar en dirección al gran salón ahora que Nagihiko había terminado de arreglar su peinado.
- Destrozó el ruedo del vestido- comentó con enojo a Nagihiko, antes de seguir a Yaya al gran salón.
Mientras se retiraba podía escuchar como Kairi hacía el amague de comenzar a anotar llamar a la modista, hasta que recordó que era Nagihiko quien estaba a cargo de Yaya ahora. Con poco interés, se preguntó que era lo que hacía que la relación de Yaya con Kairi fuera casi tan armoniosa como la de Tadase con Kukai y en cambio ella ya se enojaba solo al despertarse, sabiendo que Nagihiko volvería a ser su sombra.
Llegó al gran salón, tomo aire y se fue a sentar en su trono, preparándose mentalmente para el suplicio de las entrevistas con los aldeanos. Últimamente le estaba resultado más aburrido de lo que era y ella sabía perfectamente porqué. El ver a Yaya entretenida la hacía más conciente de su propio aburrimiento, y por lo tanto, se aburría más. Yaya ya casi ni prestaba atención a las entrevistas, entretenida charlando con Nagihiko. Miró sobre su hombro, a Kairi, parado detrás de ella de manera rígida, con los ojos clavados en su espalda y de vez en cuando mirando alrededor en busca de peligro.
- En serio, ¿cuándo comienza la diversión de la que ella habla?- murmuró, mientras el último aldeano se retiraba.
- Dentro de un momento, querida- le dijo Tadase, quien al parecer la había escuchado- Ya mandé a llamar a la Joker- le sonreía mientras le contaba eso.
- Genial- dijo de manera brusca. Haciendo una mueca ante lo que venía.
Vio entrar al rey Ikuto en el salón, su hermana caminando a su lado, como una sombra.
Parpadeó un poco, creyendo haber visto mal cuando vio a la doncella que acompañaba a la princesa asentirle a uno de los sirvientes de palacio que estaban allí. Miró a Tadase, tratando de ver si él había notado lo mismo que ella, pero él seguía igual de sonriente de siempre y con la misma cara de despistado con que lo había conocido. Pensó que había enloquecido del aburrimiento, pero entonces vio como Kukai miraba atento a la doncella y al sirviente, como vigilando sus demás movimientos. Incluso lo vio acercarse más a Tadase, como si él estuviera en peligro y supo que no era su imaginación haber visto aquello. Pero a pesar de haber confirmado su sospecha, no se preocupó, no creía que hubiera un peligro real y a parte Kukai era conocido por atacar primero, preguntar después, así que era propenso a exagerar las cosas.
El rey y la princesa se ubicaron en los tronos que se mandaron a preparar para ellos, justo antes de que aquella persona que profanaba la comedia entrara. Con toda su fuerza de voluntad se concentró en pensar cualquier cosa que no fuera la Joker y así pudo pasar buen rato. Hasta que en un punto el aburrimiento le ganó y se puso a mirar a su alrededor, evitando a la Joker a propósito, momento en que notó la sonrisa seductora del rey mientras miraba a Amu hacer sus tonterías en el centro del salón. También notó el sonrojo en el rostro de la Joker y por primera vez encontró entretenido mirarla. Un sonrojo que se cambió por un gesto de sorpresa y tristeza no asumida cuando el rey se retiró del salón antes de que ella terminara su acto.
Así que la Joker estaba ilusionada con el rey, al igual que varias sirvientas, y el rey le estaba alentando su ilusión, eso sonaba interesante. Talvez había encontrado algo para batallar el aburrimiento y enojo que le producía ver las actuaciones de la Joker.
La Joker terminó su acto y Tadase se puso a conversar con Utau, lamentándose de la ausencia del rey. Ella se encogió de hombros, aburrida de la charla, y se decidió por ir a su recamara, a cambiarse a otro vestido antes de la cena. En el camino, con Kairi caminando detrás de ella, miró por el costado de su visión hacia la ventana y captó movimiento fuera. Se acercó a la ventana, solo para encontrarse fuera de esta a lo que parecían ser el rey Ikuto junto a la Joker. El rey la tenía contra una pared y con los brazos a los costados de la cabeza de Amu, impidiéndole escapar. Estaba a punto de dejar de observar cuando vio como Ikuto inclinaba la cabeza y acercaba su rostro al de Amu. Ella no podía ver bien que pasaba, debido al ángulo en el que ella estaba, pero sabía perfectamente lo que estaban haciendo, y es que no era difícil de deducir. Sonrió.
- Kairi- lo llamó- ¿Qué piensas de la infidelidad en el matrimonio?- le dijo, volviéndose a verlo.
- Si su majestad está sospechando de una posible infidelidad por parte del rey Tadase, permítame decirle que en mi no cabe duda de que el rey le es absolutamente fiel. El rey es un hombre honesto, que respeta la santidad del matrimonio y la promesa que le realizó a su amada reina al momento de casarse.
Ella calló, fingiendo tomarse su tiempo para reflexionar su respuesta y luego de un tiempo se volvió a verlo. Él seguía firme allí, mirándola atentamente.
- Eso no era lo que te pregunté- le contestó- Pero aprecio las palabras- dijo de manera educada- Y realmente no estaba preocupada porque Tadase me fuera infiel, si así fuera hace mucho que me habría enterado, con lo pendientes que sus fans están de él- comentó con burla- Es más, ni siquiera sospecharía de que él me fuera infiel cuando viaje a otros reinos- suspiró. Reanudó su camino a su recamara- Aunque más que decir que no sospecharía, sería que no me importaría, y es que no soy una persona celosa.
- ¿Y Su Majestad espera una reacción igual por parte del rey?
- La verdad no, él puede ser celoso si quiere. Pero sería peor para él, ya que se preocuparía por nada ya que yo no le sería infiel.
- Si Su Majestad me permite el atrevimiento, debo decirle que suena como el sueño de cualquier caballero. Comprendo porque Su Majestad se enamoró de usted.
Ella solo asintió, mostrándole que no la había ofendido y continuaron con su camino. No sabía porque sería tan difícil encontrar a una mujer que no fuera celosa. Más bien, ella no sabía porque las personas sentían celos. A ella le parecía algo completamente inútil y estaba segura que nunca conocería a la persona que la hiciera sentir celos.
¿Una persona a la que tuviera miedo de perder? ¿A la que quisiera siempre a su lado? Todas las personas le resultaban molestas y la mayoría del tiempo prefería estar sola. ¿Alguien que siempre le sonría? Para nada quería eso, tantas sonrisas resultaban molestas, y es que ella no veía el caso en sonreír si no había nada gracioso. Si le sonreían, ella esperaba que fuera una sonrisa sincera, con un verdadero motivo para la felicidad, solo de esa forma no le resultaría insoportable. Pero nadie le había sonreído así, incluida Yaya. Yaya podía sonreírle feliz y ser honesta, ella siempre vivía feliz, pero nunca le había sonreído feliz debido a que Rima le brindaba felicidad.
Talvez la idea de una persona que le sonriera de esa forma sonara tentadora, pero sabía que esa persona no existía. Entonces no había ninguna persona a la que ella tuviera miedo de perder, y por lo tanto no podía sentir celos.
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- ¿Saliste a tomar aire fresco?
- ¿Quién?- se dio vuelta a ver y se lo encontró detrás de ella- ¡Su Majestad!- gritó sorprendida.
- Shh, baja la voz, no querrás que nos descubran ¿o no?- uno de sus brazos se pasaron por su cintura.
- M…Majestad- susurró, su cara poniendo roja al ver que debió de ponerse su capa al salir del gran salón.
- Ya te dije que es Ikuto para ti- le susurró al oído- Me alegro que te hayas quedado con tu traje, realmente me gusta- le dijo con voz grave, mientras una de sus manos acariciaba su vientre.
Amulet Heart me has traicionado pensó mientras el rey le sonreía al ver su cara roja.
- Su Majestad, por favor…pare- él paró.
- ¿Te molesta?- le preguntó de manera seria.
Ella no supo que contestarle. Él hizo que ella se quedara con su espalda chocando contra la pared y colocó sus brazos uno a cada lado de su cabeza. Ella se lamentó mentalmente al ver que no había salida.
- Contesta- sus ojos zafiros se clavaron en ella- ¿Te molesta? ¿No te gusta el que esté cerca?- acercó su rostro aún más al suyo y pudo sentir su aliento caliente- ¿Quieres que me vaya?- le susurró, sus labios separados por menos de un centímetro y sus ojos mirándola atentamente.
- S…N...No sé- confesó, sintiendo que le faltaba el aliento.
- ¿No sabes? ¿O no quieres saberlo?- acercó su cuerpo al de ella, provocando escalofríos por todo su cuerpo.
- No…No quiero saberlo- cerró los ojos, avergonzada de su respuesta. Una respuesta que era completamente sincera.
- Lamento oír eso- sus labios fueron cubiertos por algo caliente y supo que eran los labios del rey.
Intentó resistirse, pero aún a pesar de forzarse a rechazarlo con todas sus fuerzas, no podía dejar de sentir el suave e intoxicante tacto de los labios del rey sobre los de ella. La temperatura, el ritmo, la pasión, todo era perfecto y su cuerpo traicionó a su mente al abrir los labios para dar paso a la lengua del rey.
Si antes había tenido una tarea difícil tratando de resistírsele, ahora esa tarea era imposible. No había vuelta atrás y la lujuria del beso incluso había dominado su mente. Sus manos se enredaron en su sedoso cabello azul medianoche y su cuerpo tenía espasmos de placer donde sea que Ikuto la tocara. La pasión, el deseo, la locura, nunca pensó que un rey le haría sentir todas esas cosas. Aunque, quien la estaba besando, quien la estaba volviendo loca, no era el rey de Easter, no, solo era Ikuto Tsukiyomi. El hombre que estaba marcando a fuego su presencia en ella con cada tacto de sus manos.
El maldito y traicionero aire hizo que se separaran, momento en el que se quedaron mirando a los ojos. Momento que le bastó para recuperar su cordura y para que la culpa la golpeara con toda su fuerza. No resistió y luchó para liberarse de sus brazos, no queriendo que su tacto la siguiera quemando.
- ¡Suéltame!- le ordenó- ¡Déjame ir!
- Amu ¿Qué te pasa?- le preguntó, tratando de no resultar golpeado mientras ella agitaba sus brazos para que la liberara- ¡Tranquilízate!
- ¡Suéltame!- sin querer, lo golpeó fuerte en la nariz y él perdió fuerza en su agarre.
Se separó rápido de él, y estuvo a punto de disculparse por haberlo golpeado, pero el miedo a que él intentara agarrarla de nuevo la dominó. Corrió lejos de él, sin mirar hacia atrás.
- No, no y no. ¿Qué me pasa?- dejó que las lágrimas bajaran por sus mejillas- ¡Yo no soy así!
Siguió corriendo y se encerró en su cuarto. Ni siquiera salió a la hora de la cena, con lo mal que se sentía, no podía pensar en comer.
- Yo…no soy así- se abrazó una vez más.
Yoru le dio un susto al saltar sobre ella y ella no tardó en notar la nota en su collar. La tomó, y la presionó contra su pecho, sin leerla siquiera.
- Lo siento- susurró- Por favor, perdóname.
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- Es realmente temprano en la mañana- comentó, mientras la veía acercarse.
- Tú dijiste a la mañana- le replicó.
Él sonrió y palmeó el lugar libre al lado del banco donde él estaba. Como era muy temprano en la mañana como para andar peleando, y ella tenía aún algo de sueño, hizo como le indicó.
- Lo sé, pero pensé que como eras tú, eso sería cerca de las diez.
- ¿Y planeabas pasar tanto tiempo esperando?- le preguntó en incredulidad, apenas y eran las siete de las mañana, ¿en serio estaba dispuesto a esperarla en este lugar por más de tres horas?
- No por cualquier persona esperaría tanto, pero tu lo vales, cada eterno segundo- le dijo con decisión, su mirada derritiéndola- Te amo, Amu.
- Como… ¿Cómo puedes decir algo así? Llevamos un mes de conocernos- le replicó, roja ante sus palabras.
- Eso no es cierto, nos conocemos desde niños.
- Eso fue hace mucho, la última vez que te vi tenía diez años. Pasaron más de ocho años desde eso. No puedes decir que me amas.
- Pero lo hago, yo te amo- él tomo su mano- Pasaron ocho años, años en los que creí en mi amistad con esa pequeña que se había ido. Nunca se deterioró, porque sabía que clase persona era mi amiga. Luego ella vuelve a mí, toda una joven y en cuestión de un mes, esa amistad se convierte en amor. No es locura y no es algo apresurado. Ella sigue siendo la misma, su alma, su ser, sigue siendo tan bello como cuando era una niña. Y me sigue brindando tanta felicidad como en aquellos años.
- Y…Yo- ¿Qué se podía decir ante aquellas palabras?
- Talvez lo años pasaron y cambiaron algunas cosas, ya no soy tan lento como antes. Y ahora estoy dispuesto a hacer lo que no tuve el valor de hacer ocho años atrás…asegurarme que seas solo para mi, mi amada esposa. Te amo, siempre te amaré Amu. ¿Me dejarás amarte?
Cerró los ojos, mientras luchaba para encontrar las palabras y lograr que salieran de su boca.
- Yo…no te conozco, para mi fueron muchos años- sintió como el agarre en su mano perdía firmeza.
- Entiendo…
- Pero…quiero conocerte- abrió los ojos y lo miró decidida- Quiero saber todo de ti cuanto antes, y no se me ocurre una mejor forma de hacerlo que casándome contigo- le sonrió, su rostro sintiéndose caliente ante la mirada que él le dirigía- Acepto, me casaré contigo.
La sonrisa que le dirigió cuando entendió lo que ella había dicho fue deslumbrante, y aceleró su corazón a un punto en el que temía por su salud. Él se paró y luego la tomó de la cintura levantándola en el aire, aún sonriéndole.
- ¿Qué haces?- le dijo entre risas, él le hacia dar vueltas en el aire.
- Estoy feliz- él también habló entre risas de felicidad- ¿Tú no lo estás?
- Ahora mismo estoy más mareada que otra cosa, demasiados giros- él la bajó y le sonrió con un profundo cariño.
- Te amo- le volvió a decir, haciéndola sonrojarse igual que la primera vez.
- Talvez sea algo apresurado decirlo, pero estoy viendo que tarde o temprano lo terminaré diciendo- él le sonrió- Yo también te amo.
- Para siempre- susurró, enredando sus dedos con los de ella y acercando sus rostros.
Y ese perfecto beso fue un presagio de todo lo que les esperaba en el futuro. Ella sabía que no estaba equivocada y que lo amaba, como también sabía que no habría un día en el que se lamente hacerlo.
Fin del capítulo dos. ¿Qué tal quedó?
La última escena es un recuerdo de Amu, y continuación de otro recuerdo que puse en el primer capítulo. Explica la razón por la que Amu huye y la razón de que sienta tanta culpa. Pero no se preocupen, no la haré sufrir más, me decidí a que esta historia sea puro romance y comedia, sin nada de drama. Así que este será el único drama que se encontrará, ni Amu ni Ikuto sufrirán.
De nuevo,a todos aquellos que dejaron sus alentadores reviews en el capítulo pasado, se los agradezco y espero que les haya gustado el capítulo que escribí para ustedes.
Bueno, me despido y espero volver con otro capítulo pronto. Dejen reviews con sus opiniones.
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
