Otro capítulo de Love Kingdom. Perdón por la demora, estuve algo corta de inspiración con esta historia, pero por suerte se me pasó.
En este capítulo vuelve unos de mis personajes favoritos :D Yoru! :3 a pesar de que solo es un gato, es mi personaje favorito de toda la historia xD Espero que su vuelta mejore el capítulo.
No mucho más que decir. Disfruten de la historia
- Esta tela es graciosa- comentó Yaya, mirando una de las telas expuestas- Amu-chi debería usarla- la empujó hacia ella.
- No estamos buscando una tela graciosa, Yaya- le aclaró Nadeshiko, retirando la tela- Estamos buscando una tela delicada y que no sea muy cara, así la modista le haga un vestido para el baile.
- ¿Y que tal esta?- mostró una tela similar a la anterior, solo que de distinto color.
- No me convence- mintió Nadeshiko- Busca otra- le sugirió y Yaya se fue a otra parte, con Kairi siguiéndole los pasos.
- Realmente eran horribles ¿verdad?- dijo ella, mirando una de las telas.
- Espantarías a todos con eso puesto- concluyó Nadeshiko.
- A mi me gustan- Nadeshiko enarcó una ceja hacia ella- Para usar en uno de mis actos- aclaró, Nadeshiko asintió.
Siguieron mirando las telas por varios minutos hasta que Yaya volvió toda emocionada.
- ¡Encontré la tela perfecta!- anunció con alegría.
Ambas suspiraron y se prepararon para ver la tela que Yaya decía que era perfecta. Las dos, seguras de que sería igual de peculiar que la anterior que había elegido. Kairi dejó la tela en la mesa donde estaban ellas y ambas aspiraron sorprendidas ante la tela que había escogido Yaya.
- Es perfecta ¿no?- preguntó con entusiasmo.
- Lo es- coincidió Nadeshiko, tomando la tela- ¡Yaya eres una genial! ¡Es la tela perfecta!
Nadeshiko siguió felicitando a Yaya, agrandando su ego y planeando el diseño del vestido, mientras ella solo se quedaba mirando la tela. Esta tela, le recordaba tanto a aquel día…
- Te ves hermosa, él se volverá a enamorar de ti- le aseguró su madre, sonriendo mientras terminaba de colocarle el velo.
- Estoy nerviosa- confesó, jugando con sus dedos.
- ¿Estas insegura de hacer esto?- su madre la miró seriamente- ¿Es que acaso dudas de tu amor?
- No, no es eso…
- ¿Dudas que él te ame?
- No, sé que él no me mentiría sobre algo tan serio como eso, pero…
- ¿Pero qué, Amu? ¿A que le tienes tanto miedo?
- A la eternidad- miró su vestido de un blanco inmaculado- ¿Cómo sé que él es la persona con la que quiero pasar el resto de mi vida? ¿Cómo una sabe que está haciendo lo correcto?
- Si tienes dudas, entonces escapa y luego cancelamos la boda- le sugirió, mirándola a través del reflejo del espejo.
- ¿Qué?- ¿en serio su madre le estaba sugiriendo eso?
- Escápate, no mires hacia atrás y ve en busca de ese amor que quieres.
- Pero…- tomó aire.
- ¿Qué pasa ahora? ¿No es esto lo que quieres?
- Yo…yo tengo miedo, pero…- sintió como las lágrimas se amontonaban en sus ojos- pero, cuando pienso en escapar, solo quiero llorar… ¿Por qué me duele tanto la idea de irme?
- Porque lo amas, cariño- le aseguró su madre con una sonrisa- Lo amas y por eso te duele la idea de separarte de él, no soportas saber que nunca volverás a estar a su lado- le acarició la espalda mientras limpiaba las lágrimas de sus ojos- Querías saber si estabas haciendo lo correcto, y ahí esta tú respuesta. ¿Estás haciendo lo correcto?
- Sí- ahora ella también estaba sonriendo- No hay otra persona con la que quisiera pasar el resto de mi vida. Él es el único al que amo.
- Me alegro de escucharte decir eso. Ahora, solo te falta un paso para que eso se vuelva realidad- la hizo levantar- ¿Estás lista para tomarlo?
- Claro, nunca estuve más lista para algo.
Con decisión y con su amor llenando su corazón, levantó su blanco vestido, dispuesta a dar ese paso que cambiaría su vida.
De vuelta en la realidad, se encontraba con las miradas de Nadeshiko y Yaya sobre ella.
- ¿Qué pasa?
- Te estábamos hablando desde hace rato, pero no nos hacías caso. ¿En qué estabas pensando?
- En nada en especial- les aseguró con la cara roja, con vergüenza de admitir lo que pasaba por su mente en esos momentos.
No les iba a decir que estaba pensando en el toque placentero de unas manos que le habían quitado el vestido esa noche. Era vergonzoso pensar en eso, pero no podía evitar hacerlo.
- Te ves sospechosa.
- Les aseguro que no es nada.
- No importa, Yaya no entiende de lo que hablan. ¿Vas a llevar la tela, Amu-chi?
- No- contestó de manera rápida- Es muy cara como para que yo pueda comprarla- se excusó rápido. La verdadera razón era que traería tantos recuerdos usar esa tela.
- No te preocupes por eso, yo te ayudaré- replicó Nadeshiko- Quiero ayudar a mi amiga a verse resplandeciente ese día.
- No, no tienes que…
- Yaya también ayudará, Yaya quiere ver a Amu-chi usando un vestido hecho de esta tela.
- Pero, yo no podría dejar que ustedes…
Calló, Nadeshiko y Yaya ya estaban hablando con el vendedor, arreglando el precio. Suspiró, no había logrado convencerlas, y ahora tendría que usar la tela. Ya se estaba dando una idea de cómo sería este baile.
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No entendía porque Amu había rechazado la tela tan rápidamente, cuando ella había notado la mirada brillante y la dulce sonrisa que esbozó al verla. Pero estaba equivocada si iba a lograr que ella se rindiera con eso. Ella era su amiga, y obviamente veía el interés de Amu en el rey. Y se iba a asegurar que el interés del rey estuviera en Amu. Ya se lo había pedido a la modista de Yaya, que realizara un vestido digno de una princesa para Amu. Amu llamaría la atención de todos en ese baile y no habría nadie que la supere en belleza, ni siquiera la reina.
Abrazó la tela que traía en sus brazos, impaciente para verla convertido en un precioso vestido. Le dejó la tela a la modista y se dirigió a la recámara de Yaya, para continuar con su deber.
- Nade-tan- Yaya llegó junto a ella, con una sonrisa- ¿Ya entregaste la tela?
- Ya la tiene la modista. Cinco días antes del baile Amu tendrá que ir con la modista para darle los toque finales- le aseguró con una sonrisa.
- ¡Yay! ¡Amu-chi será la más linda en el baile!- gritó con alegría Yaya- Aunque Yaya será la más tierna- terminó con una sonrisa.
- Sin duda, Yaya- le sonrió- Tú siempre serás la más tierna. Pero Amu, ella será la más bella de todos los reinos.
- Lamento contradecirlas- acotó la princesa de Easter, mientras se acercaba a ellas- Pero puedo asegurar que mi reina es la más bella de todos los reinos.
- Utau- la saludó Yaya alegremente.
- Su Alteza- se inclinó a saludarla- ¿La reina de Easter?- preguntó, recordando de repente su existencia.
- En efecto, mi reina es la más bella de todas. Mi hermano se enamoró de ella al instante de verla, cautivado por su belleza- aseguró la princesa con una sonrisa.
- Parece querer mucho a su reina- comentó, notando lo dulce de sus gestos cuando hablaba de ella.
- Ella es una persona magnífica, y la persona que hace feliz a mi hermano, no hay forma de que no pudiera quererla.
- Suena como alguien increíble, me sentiría honrada de conocer a Su Majestad.
- Yaya también quiere conocer a la reina. ¿Por qué no vino?
- Asuntos de la realeza. Pero no se preocupen, ella vendrá pronto.
- ¿Vendrá al baile?
- No sé- por un segundo cortó la mirada con ellas y miró hacia uno de los ventanales a su costado, sonriendo- Solo mi hermano y ella saben cuando vendrá. Solo sé una cosa, será en el momento menos esperado- comentó misteriosamente mientras se retiraba, siendo seguida por dos de sus doncellas.
- ¿Qué habrá querido decir?
- Yaya no sabe.
- Que cuando más se desee que la reina permanezca en Easter, será en ese momento cuando ella estará aquí- le respondió Kairi.
- ¿Cómo lo sabes?
- Eso es exactamente lo que ella dijo- le replicó- Yo solo lo expresé de manera que fuera más fácil entenderlo.
El momento en el que más se desee que la reina permanezca en Easter… ¿Podría ser en el baile? Ella sabía que no quería que la reina volviera en ese momento, por el bien de Amu.
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- Ya están las medidas, señorita Hinamori- le dijo la modista con una sonrisa- Cinco días antes de que se realice el baile tendrá que venir para hacerle los últimos arreglos.
- De acuerdo- respondió antes de retirarse de allí.
Con tranquilidad, caminó su regreso al castillo, y pronto se encontró allí. Se paró frente al castillo, mirándolo en todo su esplendor, todo lo alto, grande y brillante que era. Una vista impresionante, pero ella creía que había una mejor…
- Ah, tan bellas como siempre- susurró, mientras tocaba las rosas rojas del jardín.
Lo que ella prefería del castillo, era sin duda el jardín. Amaba las flores, y las demás plantas. Desde hace mucho tiempo que ella adoraba pasar su tiempo en un jardín, desde aquel día…
- ¿A dónde me llevas? ¿Por qué tanto misterio?- le preguntó, mientras era llevada a un lugar desconocido y del cual él se negaba a decirle algo.
- Ya verás- fue lo único que él le respondió.
- ¿No piensas decirme?
- Tal vez lo haga por un beso- él se paró y acercó sus rostros- ¿Qué dices? ¿Hacemos el intercambio? ¿Te cuento el secreto a cambio de un beso?- con cada palabra que él decía ella se volvía más roja.
- ¿C…Cómo? ¿De qué hablas?- fue lo único que alcanzó a replicar.
Él le sonrió y luego comenzó a reírse de ella, provocando que el rojo en sus mejillas fuera a causa de la rabia. ¡Se estaba riendo de ella! ¡Como se atrevía!
- Tú…como te atreves…
- Te amo, Amu- le cortó él, volviéndola a dejar sin palabras- Por eso no me río de ti, me río de mi mismo, de cuan fácil me enamoras más y más con cada uno de tus actos- ella abrió la boca para decir algo, pero las palabras no salieron- Ven- él la volvió a tomar de la muñeca y guiarla- Ya llegamos- le comentó luego de unos minutos- Esto es lo que quería mostrarte.
Ella miró con sorpresa el hermoso jardín frente a ella. Flores de distintos tipos crecían una al lado de la otra, formando arco iris donde quiera que los ojos se posasen. Maravillada con la vista, comenzó a caminar, ansiosa por ver que más había en aquel jardín. Siguiendo el camino indicado por las flores llegó a lo que parecía un laberinto de arbustos, y se paró un poco, con temor a perderse.
- No tengas miedo, ven- le dijo él, tomándola de la mano.
- Pero, el laberinto…
- Conozco el camino- le aseguró, comenzando a llevarla hacia allí.
- ¿Cómo?- preguntó, aún sorprendida- ¿Cómo sabes el camino?- él le sonrió y siguió caminando.
Llegaron a lo que parecía el centro. Otro jardín, dentro de este. De forma rectangular y medianamente grande. Decorado con más flores y aún más bellas que el jardín anterior, los arbustos que los delimitaban poseían flores de distintos colores, brindándole aún más color al lugar.
- ¿Quieres saber como sé el camino?- le preguntó, mientras la alzaba de la cintura. Entre la sorpresa por esto, ella solo logró asentir- Es muy simple de hecho- sintió que sus pies tocaban algo y se encontró sobre un pilar bajo, rodeado de rosas rojas- Es el camino que me lleva a mi felicidad, lo descubriría sin importar como- le contestó él, sosteniendo sus manos y sonriéndole dulcemente- Aquí nos casaremos, ya lo arreglé todo- le anunció- Espero que te haya gustado el lugar que escogí para ti.
Las lágrimas comenzaron a bajar de sus ojos, mucho antes de que ella pudiera reaccionar por completo. Miró el rostro del hombre que amaba, y que la amaba de igual forma, sintiendo como su corazón se detenía por unos momentos, fruto de la inmensa alegría. Con toda la fuerza de su alma, tomó aire y saltó sobre él, provocando que los dos cayeran en el proceso.
- Amu…que ¿Qué pasa? ¿Hice mal? ¿Estás llorando porque te molestó que lo decidiera solo?- le preguntó, preocupado. Tratando de encontrarse con su rostro.
Cuando consiguieron verse, ella solo le sonrió antes de agacharse y juntar sus labios.
- Me encanta el lugar- le aseguró cuando se separaron- Te amo- él le sonrió y cerró los ojos por unos segundos.
- Yo más aún, Amu- dijo de manera firme- Me enamoro de ti más a cada segundo que paso a tu lado.
Ella amaba los jardines, las flores, y a él. De eso no había duda.
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- ¡Amu-san!- le gritaba una chica, mientras la tomaba de la mano- ¿Ya te enteraste?- obviamente estaba emocionada.
- ¿De qué?
- Al baile en honor al rey Ikuto, viene un príncipe de otro reino- su emoción parecía aumentar con cada palabra que decía.
- Ah, no sabía- le contestó.
Con algo de temor, vio como la chica adquirió un rostro enojado ante su respuesta.
- ¿No estas ni un poquito emocionada?- le preguntó, como entristecida con su reacción.
- ¿Por qué debería es…- no terminó de hablar, porque una mano se colocó en su boca.
- Por supuesto que lo está- escuchó contestar a Nadeshiko- Ambas estamos muy emocionadas- la chica sonrió ante esta respuesta.
- Ah, por un segundo pensé…
- Te contaré lo que pasó, después- la interrumpió Nadeshiko, sonriendo de una forma que le daba escalofríos- Claro, si quieres.
- Por supuesto que si- le respondió con brillo en los ojos- Muchas gracias Nadeshiko-san. Usted es una persona muy generosa.
- Me halagas- lo hacía, de una manera descarada podría agregar- Ahora, si me disculpas, quisiera hablar con Amu a solas.
- Claro, no las molesto más- la chica se fue a paso rápido, casi saltando de la emoción.
- Estuvo cerca- Nadeshiko la soltó- Tú realmente no tienes cariño por tu vida ¿verdad?- la regañó- Si dejaba que continuaras y le mostrabas tu indiferencia, de seguro habría saltado por ti en rabia por como desperdicias esta gran oportunidad que tienes.
- No veo la razón por la que debería estar tan emocionada- contestó. Nadeshiko suspiró.
- Amu, si tanto quieres morir, ¿porque no simplemente vas y les cuentas a todas que tienes una romance con el rey Ikuto? Sería un método efectivo y rápido.
- ¡¿Qué?!- gritó, con la cara roja.
Su sangre estaba toda en su rostro y su corazón latía a una velocidad demasiado rápida para su salud. ¿Cómo se había enterado? ¿Y por qué lo decía de forma tan tranquila? Ella perdía la capacidad del habla, cuando estaba junto al rey, ¿y Nadeshiko comentaba acerca de ellos tranquilamente?
- Calma, Amu, solo era una broma- le dijo Nadeshiko, tomándola de los hombros- No te pongas así.
¿Una…broma? ¡Ella casi cae muerta a sus pies! Nadeshiko necesitaba dejar de hacer bromas como esa.
- N…No puedo creer que dijeras algo así- le reclamó, cuando logró calmar un poco los latidos de su corazón.
- Lo siento, en serio- le sonrió- Pero espero que eso haya logrado quitarte el hábito de mostrar lo poco que te interesa cuando algún miembro de la realeza viene al castillo.
- Eso no sé, pero te aseguro que mi corazón no volverá a ser el mismo- dijo medio enojada, a lo que Nadeshiko solo sonrió- No entiendo porque se emocionan tanto por la venida de un príncipe, en todos los reinos hay uno. Incluso aquí, en Seiyo, Tadase solía ser el príncipe. No es algo que sea poco común.
- Es el príncipe heredero al trono. Y no estoy segura de que asista al baile, Yaya me dijo que nadie lo esperaba. Yo creo que se trata solo de una visita diplomática.
- No te entiendo. ¿Entonces cómo todas decían que asistiría al baile que se realiza en honor al rey?
- Porque son chismosas. Y porque cualquier oportunidad ya comienzan a soñar que terminarán convertidas en princesas- ella sonrió- Se llevarán una decepción cuando vean que sea imposible.
- Siempre es imposible- le replicó.
- En este caso aún más. ¿Te cuento un secreto?- ella asintió- Él no es un verdadero príncipe.
- ¿Cómo?
- Como lo oíste. Es un noble comprometido con una princesa, y solo será príncipe una vez que el matrimonio se realice.
- ¿Cómo es que sabes todo eso?
- Tengo mis contactos- le aseguró con una sonrisa traviesa.
- Fujisaki-san- la llamó una de las sirvientas, acercándose a ellas- El As solicita su presencia.
- Está bien, iré en un segundo. Me tengo que ir- se despidió- ¡No te olvides de ir a la modista mañana!- le recordó mientras se retiraba.
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- ¡Amu!- le gritó Nadeshiko, parándose detrás de ella y haciendo que se ahogue con el té que estaba tomando- ¿Qué haces aquí todavía?- le reclamó, colocando sus manos en su cintura.
- Pues, umm…como decirlo, trabajo aquí- no sabía porque estaba enojada Nadeshiko- y también, aquí vivo- Nadeshiko la seguía mirando enojada- ¿Está…? ¿Hice algo mal?
- Aún no has ido a hacer la última prueba del vestido ¿verdad?- sus ojos eran dagas dirigidas a ella.
- Yo, pues, tenía planeado ir…pero me olvidé- comentó, mientras sentía el sudor frío bajar por la parte de atrás de su cuello- Que cosas ¿no?- dio una risa nerviosa.
- Amu…- la llamó con su voz tenebrosa.
- ¿Voy corriendo al pueblo a ver a la modista?- preguntó, levantándose y de paso marcando distancia entre ellas.
- Muy bien dicho- le contestó Nadeshiko, y ella salió corriendo, literalmente, de allí.
Cuando estuvo lo suficientemente lejos del comedor, y de la vista de Nadeshiko, se paró, tratando de recuperar el aire. Si iba a ir a la modista, pero primero tenía que recuperar el aire si quería poder aguantar el camino a pie hasta el pueblo.
- Nadeshiko realmente puede dar miedo algunas veces- comentó, mientras recordaba el terror sincero que la recorrió al ver a Nadeshiko allí.
Estaba a punto de salir del castillo, cuando fue parada por una rosa que se colocó frente a ella.
- ¿Qué?- miró la rosa, confundida por unos segundos, y luego miró la mano que la sostenía.
- Me recordó a ti- le dijo el rey Ikuto, tomando su mano- Es una flor rara que solo florece una vez cada tres años- le contó, mientras miraba las manos de ambos y colocaba la flor en la mano de ella- El color de sus pétalos me recordó a ti- le sonrió.
Fue el contacto entre sus manos y la dulce sonrisa que él le dirigió, lo que hizo que su corazón se acelerara, al mismo tiempo que sus mejillas se colorearan.
- G…Gracias- contestó con el rostro rojo.
- Serás invitada especial en el baile- comentó él, soltando su mano. Su cuerpo se quejó unos segundos, ante la ausencia de esa calidad que tenían sus manos.
- Si, fue petición de Su Majestad, le agradezco mucho a la reina.
- Serás el centro de atención- comentó él, sonando algo… ¿enojado? No sabía si enojado era la palabra correcta, pero parecía servir- Toma- le entregó una delicada máscara blanca- Será un baile con máscaras- le avisó- Quiero que uses esta.
- Gracias- aceptó la máscara- No debió haberse molestado por mí…
- Nos vemos luego, Amu- le dijo con dulzura, besando su mano- En el baile seré el único que te reconozca a la primera, así que prepárate para bailar conmigo toda la noche, porque no pienso dejarte sola un segundo.
Ella se sonrojó aún más ante esas palabras y no le contestó nada mientras él volvía dentro del castillo. Cuando pudo volver a reaccionar, solo puedo exclamar ¡¿Qué?! en un tono histérico. Con tanta mala suerte que Nadeshiko pasaba por cerca y la miró con fuego en los ojos, al darse cuenta que ella aún no iba al pueblo. Tragó con pesadez y corrió todo el camino al pueblo, impulsada por el miedo que le provocaba Nadeshiko. Así como también los nervios que le habían provocado la declaración del rey Ikuto.
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El jardín se veía bastante vivo desde el balcón donde ella estaba, pero eso no era lo que le agradaba de la situación. Le agradaba que el jardín se viera vivo sin la necesidad de que varias personas estén en el brindando movimiento. El jardín solo, las plantas únicamente, estaban llenos de vida y no había ni una persona que cruzara por ahí. Para ella, esa vista era la mejor, tan pacífica.
- ¡Rima-tan!- adiós paz.
- Algún día colmará mi paciencia y se irá de aquí para jamás volver- dijo en voz baja, de manera enojada.
- Su Majestad es demasiado bondadosa y quiere demasiado a su prima como para que eso suceda- le comentó Nagihiko, levantándose del sillón donde estaba sentado a su lado y parándose detrás de ella, mientras Yaya se acercaba.
- ¿En qué momento tú…?- trató de formular la pregunta, pero él hizo una seña de que guardara silencio.
- ¡Rima-tan!- Yaya la ahogó en un abrazo- ¿A que no sabes que?- preguntó con emoción- Nade-tan le está enseñando a Yaya como bailar- agregó sin dejarla contestar.
- ¿Tú institutriz?- eso le llamó la atención- ¿Ella sabe sobre las costumbres de los bailes de la realeza?- cuestionó.
- Nade-tan es muy buena- la defendió Yaya.
- No se preocupe por eso, Su Majestad, mi hermana está perfectamente informada de las costumbres de la realeza. Ella, de hecho, estudió bastante sobre la danza.
- Está bien- concedió, no estaba en humor de peleas- Solo que se asegure que Yaya no manche la imagen de la realeza de Seiyo. Y Yaya- la miró directamente- Si tu institutriz te dice que no aprendiste un baile y que no estás preparada para hacerlo, no lo haces. ¿Entendido?
- Pero, Rima-tan…- comenzó un puchero.
- Nada de peros, es mi última palabra.
Yaya hizo un último puchero, pero terminó aceptando y se fue de allí. Pensó que podría volver a la paz que tenía antes de venir Yaya, pero con fastidio vio que no podía porque ahora había un gran movimiento de sirvientes en el jardín y sus ruidos llegaban hasta donde ella estaba.
Suspirando, miró a su alrededor, encontrándose con el salón y con Nagihiko allí, con una sonrisa. Lo que le hizo recordar eso.
- ¿Por qué te sentaste a mi lado?
- Simplemente quería ver que era eso que tenía a Su Majestad tan concentrada y con un gesto de paz en el rostro.
- Eso, exactamente. Paz, eso era lo que me tenía en ese estado. Aquí rara vez tengo paz- se quejó- Rara vez encuentro algo que me haga feliz- suspiró de nuevo.
- Su Majestad…- ella podía escuchar la lástima en la voz de Nagihiko, y odiaba eso.
- No pasa nada- le cortó, levantándose- Ya me aburrí de la paz, de todos modos- dijo en su tono habitual- Vamos, quiero dar una vuelta por el pueblo- le avisó, mientras se dirigía a la salida.
- ¿Qué es lo que la haría feliz?- sintió la voz de Nagihiko preguntarle.
La suave y aún así alegre música que ella solía escuchar en los bailes a los que acompañaba a sus padres, esa era la música que llenaba el ambiente. Ella sonreía, mirando a sus padres bailar desde donde ella estaba sentada. La sonrisa alegre de su madre, la expresión pacifica de su padre y ese baile que compartían, que parecía casi mágico.
- Es magia- le comentó ella a su institutriz, quien miró a sus padres y sonrió.
- Dicen que es la magia del amor- le respondió ella- Usted también, señorita Rima, usted también será capaz de sentirlo, de vivirlo. Cada momento junto a la persona que se ama se siente como magia.
- No creo tener tanta suerte, el mundo es tan grande- aunque ese pensamiento era tentador, ella sabía que había que tener mucha suerte para encontrar a esa persona.
- Ya verá que lo encontrara- le aseguró su institutriz- Algún día sus padres la llevarán a conocer otros reinos y logrará conocer aquella persona que la haga sentir como si estuviera rodeada de magia. Y él caerá por usted al instante, no habrá quien no se enamore de usted.
- Yo no quiero el amor de todos- terminó ella la conversación.
Ella no quería el amor de todos, solo quería el amor de esa persona, si es que existía.
De vuelta en el presente, no puede evitar reírse. Pensaba en como había obtenido todo lo que no quería, y como le faltaba lo único que había deseado en ese entonces. Poco después de eso, su madre había fallecido, destruyendo la magia que había en su familia, y su padre se había vuelto a casar con una mujer caprichosa, que quería viajar por todos los reinos antes que formar una familia. Viajando, se había encontrado con Tadase y, tal como se había predicho, él se había enamorado de ella. Ella aceptó casarse, pensando que él era el príncipe que había estado esperando. Aunque mucho después se dio cuenta que solo había aceptado para no tener que vivir más junto a su padre y su esposa.
¿Qué es lo que haría feliz? En este momento, lo único que la haría feliz sería sentir por al menos unos momentos, esa magia que le habían prometido que sentiría cuando ella tenía catorce años.
- Conseguir lo que deseo- le contestó, él la miró confundido- Pero ya tengo todo lo que deseo, así que no hay nada que me hiciera más feliz de lo que estoy ahora- terminó de decir.
Él no le contestó, y ella sonrió. Había logrado que se callara y dejara de obligarla a pensar en esas cosas sin importancia. Ella era una reina, ella no tenía nada que ver con el amor.
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Yoru saltó sobre ella, dándole un susto al comienzo y brindándole alegría luego de que comprendió lo que significaba su presencia allí. Abrazó al mínimo con fuerza, y luego lo colocó sobre sus piernas, comenzando a acariciarlo, a lo que él respondió con un ronroneo. Con mucho cuidado, retiró del collar de Yoru la carta que iba dirigida a ella.
Feliz próximo aniversario, mí querida esposa
Sé que dije que retendría a Yoru solo por una semana, pero surgieron ciertos inconvenientes y tuve que alargar ese tiempo. Él debe estar feliz de volver contigo y con todos los mimos que tú le prodigas. Eres libre de tenerlo contigo por unos días, le vendrán bien unos cuantos días de descanso.
Por como los vientos soplan, lamento decir que no podremos estar juntos en nuestro aniversario. Nada deseo más que estar junto a ti, pero por ahora me es imposible. Más te prometo que esto terminará aún antes de lo que pensabas y podremos volver a estar juntos. Te amo, Amu. Volveré a tu lado, solo espera un poco más de tiempo.
La noche cae sobre mí y el cansancio toma mi cuerpo. Solo me queda repetir mi amor por ti y esperar por tu respuesta. Nos veremos pronto, Amu. No olvides que siempre te amaré.
- Yo también te amaré por siempre- susurró en respuesta.
Siguió acariciando a Yoru, reflexionando sobre la carta y pensando en su aniversario que se acercaba. Le parecería un día muy solitario sin él a su lado.
- Supongo que solo te tendré a ti y a Kukai para hacerme compañía- le habló a Yoru, volviendo a abrazarlo- Te extrañe, pequeño. Ahora te quedarás conmigo por varios días, y te daré toda la leche y el pescado que pueda conseguir- Yoru maulló alegre, como si entendiera lo que ella estaba diciendo.
Quinto capítulo terminado. ¿Se pensaron que iba a poner el baile? No, en este no. En el próximo capítulo será. No lo hice en este porque aún faltaban unas cosas que ajustar y una situaciones que agregar antes de que el baile se realice.
Momento Amuto! Releyendo la historia, me di cuenta de que este es el único momento Amuto en toda la historia que fue solo dulce o.O Sin darme cuenta había hecho que todos sus momentos estuvieran caracterizados por el deseo o por la burla. Aún cuando lo que yo quería mostrar era un amor firme, que se fortalece con los pequeños detalles u.u
Si la historia seguía así, Amu tendría una elección obvia. O la historia se volvería muy irreal si ella eligiera a Ikuto sobre su esposo. ¿Cambiar una vida segura con un esposo que la ama y respeta tanto como ella a él por una relación inestable basada en el deseo como la amante de un rey? No lo creo, o al menos yo no haría esa elección.
Así que mi meta para el resto de la historia, es mejorar esa relación, ponerle algo de sentimiento, y un sentimiento distinto del deseo. ¿Algo de celos? ¿Timidez? Tal vez Ikuto intentando defender a Amu de un peligro, a pesar de que, como rey, no debe haber tocado nunca una espada :P
Bueno, me estoy yendo por las ramas de nuevo. Espero que les haya gustado este capítulo, dejen reviews con sus opiniones. Todas las críticas son bien recibidas :D. ¡Nos vemos en el próxima capítulo!
