Estoy de vuelta con otro capítulo de Love Kingdom. Al fin llegue a escribir el baile. Aunque hay un pequeño problema u.u Como el capítulo es tan largo, tendré que hacerlo en dos partes. Subiré la primera parte ahora y la segunda parte tal vez la suba a mitad de la semana, no estarán tan separadas una de la otra. Solo no la subiré juntas para agregarle más suspenso :P

Aquí va la primera parte, espero que cumpla sus expectativas. Me decidí a agregar un poco de Rimahiko ya que me encanta la idea de Rima celosa :3

No hablo más, aquí va la historia.


- ¿Qué hay que saber sobre el príncipe que nos visita?- preguntó la reina, ante el comentario misterioso que el rey había dicho hace unos instantes.

- No mucho, solo que hay que tener algo de cuidado con respecto al manejo de su título- advirtió el rey- No quiero ningún tipo de confrontación por algo tan pequeño como eso, y que no tiene nada de relación con nosotros.

- Yaya está confundida, ¿Qué es lo que Yaya hizo mal?- preguntó el As, mirando a Kairi, como esperando una respuesta.

- Su Excelencia no hizo nada malo- le contestó Kairi, al ver que Yaya no iba a quitar su mirada de sobre él a menos de que le contestara.

- Nadie dijo que hicieras algo mal, Yaya- continuó el rey, sonriéndole- Solo llamé esta reunión para evitar posibles problemas. No es nada grave. Quien nos visita, es el futuro príncipe de Amulet, Ichinomiya Hikaru, comprometido con la hija del rey de Amulet.

- Se más claro, Tadase. ¿Es un príncipe o no?- preguntó la reina.

- No- contestó el rey- Al menos no en toda regla- la reina gruñó enojada y él vio como Nagihiko se apresuró a calmarla- En su reino de origen, él pertenecía a una familia que era la siguiente en la línea de sucesión si el antiguo rey no tenía herederos varones. Entonces la princesa se casó y pronto dio a luz un heredero varón al trono, que ascendería cuando tuviera la edad suficiente. Así, la familia Ichinomiya, solo quedaron como parte de la nobleza del reino.

- Pero ninguno ostenta un título real- sentenció la reina- No veo el motivo por el cual nosotros deberíamos referirnos a él como príncipe, si no posee el título.

- Es solo simple formalidad, querida mía- le contestó de manera dulce el rey- Ichinomiya-san será una príncipe en menos de un año, cuando la boda se realice, y pertenece, en cierta forma, a la realeza de su reino.

- No es un príncipe.

- Si así lo deseas, solo usa su nombre al saludarlo, debido a tu título, no creo que él ofrezca quejas. Convoqué la reunión más por Yaya.

- ¿Yaya qué tiene que hacer?

- Referirse a Su Alteza Ichinomiya con su título de príncipe- le respondió Kairi, mostrándole como tenía que hacer. El rey asintió hacia él.

- Exacto, refiérete a él como príncipe Ichinomiya- continuó el rey- Y haz como que no sabes nada de lo que te conté. ¿Entiendes?

- Está bien- le contestó Yaya- ¿Eso es todo?

- Si, eso es todo, pueden retirarse.

Yaya, con movimientos veloces, se dirigió a la puerta del estudio y salió, con Kairi siguiéndole los pasos. La reina se levantó de manera más calmada, y se dirigió a la salida también. Pero fue parada por el rey quien le sonrió, y tomó su mano para besarla con dulzura. Y tendría que ser un tonto para no notar que la sonrisa que la reina le devolvió fue falsa, al parecer hace mucho que el amor se había acabado entre ellos. Al menos, desde que él estaba en Seiyo, que su relación era igual de distante y educada, como lo era en estos momentos. La situación no había cambiado, como tampoco el cariño que Nagihiko mostraba hacia la reina, era demasiado obvio, al menos para personas que no eran tan despistadas como Amu.

Sonrió, recordando cuando ella había llegado junto a él con la noticia. Casi sin aire y aún no creyéndolo completamente. Su reacción cuando le había dicho que ya sabía había sido demasiado graciosa.

La reina se retiró, y se quedó solo junto al rey. Él rey se volvió a verlo, y le sonrió, brindándole una sonrisa que le provocó escalofríos.

- ¿Tu también entendiste, Kukai?- le preguntó.

- Perfectamente, Su Majestad- le respondió, inclinándose ante él.

- Tadase- le replicó el rey, él solo siguió inclinado- Tengo un mensaje que quiero que entregues.

- Como usted ordene- el rey se dirigió a un cajón y sacó un sobre, que le entregó.

- Dáselo al rey Ikuto- le ordenó, antes de dirigirse a su escritorio.

Como vio que no tenía más que decirle, se inclino una vez más y se retiró, para entregarle la carta el rey. Cuando llegó a la recámara del rey, él le abrió la puerta antes de que golpeara.

- Supongo que tienes una carta para mi- le soltó, él le entregó la carta- Bien- dijo mientras la recibía- No te vayas aún- le ordenó al ver que él ya se estaba retirando- Toma- le entregó otra carta, un poco más pesada que la del rey Tadase le había dado.

Era su imaginación o… ¿había un collar dentro de la carta?

- ¿Se…la entrego al rey?- preguntó de manera dudosa.

- Es para Amu- le contestó de manera enojada, como si fuera obvio para él deducir que era para Amu- Entrégasela cuanto antes, eso es todo.

Con esa inusual orden, se dispuso buscar a Amu, lo que sería una tarea algo difícil desde que Amu había comenzado a actuar de una manera algo inestable desde hace unos días. Pasó por cerca del invernadero, y pensó que ya que estaba entregando los mensajes de otros, bien podría enviar un mensaje él mismo, uno que llevaba atrasando por unos días. Entró en el invernadero y silbó suavemente, llamando a su compañera, quien se apoyó en el dorso de la mano que él había extendido.

- ¿Cómo has estado?- le preguntó a la pequeña paloma- Tengo un mensaje para que entregues- le avisó.

Tomó el pequeño retazo de papel de su bolsillo y lo envolvió alrededor su fina pata, asegurándose de que estuviera bien colocado para que no se cayera en el camino. Acarició la cabeza de su pequeña amiguita emplumada, pensando en como reaccionaría Amu al ver que ella no era la única que tenía un pequeño mensajero personal. Como si fuera que él no había notado a Yoru salir de la habitación de Amu, o como si él no supiera a quien entregaba los mensajes. Aunque debía admitirlo, el método de Amu era más discreto que el de él. Mientras que las palomas mensajeras eran comunes, uno nunca antes escuchó de un gato mensajero. Sin contar que un gato andando de aquí para allá, incluso en medio de la noche, no era algo que resultara sospechoso, era completamente normal.

- ¿Kukai?- y hablando del rey de Roma…

- Hola, Amu- la saludó, levantando su mano y la paloma comenzando su vuelo- Tengo algo para t…

No terminó de hablar, porque la paloma pasó volando cerca de la cabeza de Amu, haciendo que ella gritara del susto y la paloma se fuera, no sin antes haber despeinado a Amu.

- Es por esto que evito el invernadero, ese monstruo siempre está allí e intenta atacarme- se quejó Amu, acomodando sus mechones de cabello.

- Puede sentir que no la quieres, supongo que por eso actúa de esa forma.

- No, es un cuervo que trata de sacarme los ojos- continuó quejándose Amu- No teniendo como puedes estar tan tranquilo teniendo un cuervo en tu mano. ¿Nunca oíste la frase "Cría cuervos y te sacaran los ojos"?

- La oí, pero no es un cuervo, es una paloma.

- ¿Una paloma con plumas negras?

- No son negras, son moradas, solo parecen negras. Aparte, en su pecho son algo rojas, un cuervo no tiene plumas rojas.

- Podría ser sangre- murmuró Amu, todavía en un berrinche.

- Tengo algo para ti- le avisó y le entregó la carta.

- ¿Una carta? ¿Qué tiene dentro?

- Eso no lo sé. No la abrí.

- ¿Quién la mandó? No tiene nombre- ¿en serio no tenía nombre? Se fijó y vio que solo decía que era para Amu.

¿Esta era la idea del rey de ser romántico? A su parecer, era más que obvio que necesitaba unas cuantas clases de cómo ser romántico. Sonrió cuando vio la verdadera intención de no haber puesto el nombre. Esto prometía ser entretenido, quería ver que haría alguien que es capaz de leer a Amu como un libro abierto.

- Eso no lo sé, la dejaron en la puerta de mi habitación- mintió- Supongo que tienes un admirador secreto entonces- ella lo miro, obviamente confundida- Nos vemos, tengo que volver junto al rey.

Se fue de allí, con el rostro confuso de Amu grabado en su cabeza y con una risa que con dificultad podía retener.

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- Felicitaciones por su acto- sintió una voz masculina decirle.

Volteó y se encontró a un joven rubio, de ojos celestes, mirándola atentamente.

- Muchas gracias, señor…um, ah- nunca antes lo había visto, ¿trabajaba en el castillo?

- Ichinomiya. Hikaru Ichinomiya- su cara se puso roja al darse cuenta.

- ¡Su Alteza!- exclamó- Perdóneme la falta de respeto Su Alteza, no sabía que era usted- se disculpó rápidamente.

- Está bien. Nunca fui presentado, no tenía porque saber.

- Aún así, discúlpeme. Y gracias por el halago, me esfuerzo para que la gente disfrute mi acto.

- Cumple su papel de manera perfecta.

- Si, no hay muchos que lo cumplan- sintió la voz del rey Ikuto agregar- Nos vemos de nuevo, Hikaru- lo saludó.

- Ikuto- Hikaru le sonrió de manera desafiante- Siempre es un placer verte.

- Es admirable ¿verdad?- fue la respuesta del rey- Como hay personas que reconocen cual es su papel y lo cumplen correctamente. Así como también nunca tratan de tomar un papel que no les corresponde.

- Increíble, aunque creí que tú eras de esos a los que les gusta romper las reglas.

Ella miraba de un lado a otro de esta conversación a dos puntas de la que ella había sido apartada, no entendiendo que era exactamente lo que estaba pasando.

- No, lo que pasa es que sigo mis propias reglas- fue la respuesta del rey- Como rey tengo ese poder. Tú, en otra parte…no tienes esa capacidad.

- Es por eso que juego con la reglas de los demás, es mi ingenio lo que me permite ganar aún bajo las reglas de otros- volvió a sonreír- Ahora, si me permiten- se inclinó ante ella, antes tomar su mano y besarla- Fue un placer presenciar su acto, señorita Hinamori, espero poder verla otra vez antes de retirarme de Seiyo. Adiós, Ikuto.

Vio como el príncipe se iba, aún preguntándose que había sido todo eso que habían hablado frente a ella.

- Parece que tienes un admirador- le habló el rey- Al parecer eres mejor de lo que pensaba- le soltó antes de irse el también.

Ahora si estaba confundida. ¿Qué había hecho ella?

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- Está algo difícil de poner- se quejó Amu.

- No parece tan complicado- comentó, viendo que el vestido era bastante delicado, pero aún así sencillo- Te ayudaré.

- Déjeme ayudarla- se ofreció la modista.

Las tres comenzaron a tratar de ponerle el vestido a Amu, sin lograr un buen resultado.

- ¿Cuál es el problema? ¿No lo hiciste a la medida?- le preguntó a la modista, confundida de porque era tan difícil que Amu se colocara el vestido.

- No es eso. Lo hice de acuerdo a las medidas que le tomé la última vez que la señorita vino. Es muy inusual, y no creo haberlas tomado mal- hizo una pausa, mirando el papel donde tenía anotada las medidas- Tomaré las medidas de nuevo- terminó diciendo.

La modista le tomó las medidas a Amu, mientras ella tomaba el vestido y lo comparaba con la figura de Amu, no estaba hecho para ella. ¿Podía la modista haberse confundido?

- Ya está- avisó la modista- Las medidas de ahora son distintas a las anteriores, por suerte la llamé con tiempo y podré tener listo el vestido antes del baile.

- Está bien, se lo encargo mucho- le contestó a la modista, mientras Amu se colocaba su anterior vestido.

Se retiraron de allí, y decidieron dar una vuelta por el pueblo, antes de volver al castillo.

- ¿Crees que haya tomado mal las medidas?- le preguntó a Amu.

- No lo sé, sería algo muy raro en una modista que es contratada por el rey- le respondió, mirando unas manzanas en un puesto de frutas.

- Entonces, todo eso fue… ¿porque subiste de peso?- le preguntó con delicadeza, no queriendo ofender a Amu y evitando su mirada.

Amu no le contestó, y ella pensó que se había molestado, miró en su dirección para encontrársela en el puesto de frutas, comprando varias manzanas.

- Se ven realmente deliciosas- le comentó Amu, llegando a su lado- No puedo esperar para llegar al castillo y comerlas. Lo siento, ¿dijiste algo mientras me fui a comprarlas?

- No, nada- decidió aprovechar la oportunidad y evitar disgustar a Amu por algo que se podía arreglar tan fácil como arreglar el vestido- ¿Volvemos al castillo?

- Claro, vamos. Así tengo tiempo para prepararme para mi acto- sonrió Amu, comenzando el camino de vuelta.

Ya estaban casi saliendo, cuando Amu se quedó quieta y ella se volvió a verla, confundida por su actitud. Amu seguía parada allí en medio del camino, mirando con atención hacia un costado del camino y sin intención de moverse. ¿Qué le pasaba? se acercó y miró hacia donde ella estaba mirando, y vio a un montón de personas dirigiéndose a sus hogares, pero nada que ella pensara que pudiera llamar la atención de Amu.

Las demás personas siguieron moviéndose, y una sola permaneció allí, mirando hacia donde estaban ellas. Un hombre alto, vestido de negro, con un sombrero tapándole el rostro, sonrió hacia ellas y se dio la vuelta para irse. Amu trató de seguirlo, y ella tuvo que pararla, ese sujeto se veía peligroso, Amu no podía acercarse.

- Amu, no- le habló, al ver que ella parecía ignorar su intento de detenerla.

- ¿Ah?- Amu se volvió a verla, luciendo bastante confundida. Parpadeó un par de veces y pareció reconocerla- ¿Nadeshiko? ¿Qué pasa?

- Que te pasa a ti- le reclamó- ¿Acaso planeabas seguir a ese hombre?- le señaló al hombre, que se retiraba a un paso lento.

- Lo siento, y no, no planeaba seguirlo- se disculpó Amu. Suspiró- Está todo bien ahora, volvamos al castillo.

Con algo duda aún, le hizo caso y retomaron su camino. Pero no pudo evitar notar las miradas furtivas que Amu hacía hacia donde se había ido el hombre.

- ¿Lo conoces?- le preguntó- ¿Conoces a ese…músico?- corrigió, ahora que notaba que eso que él traía a sus espaldas era un estuche de violín.

- Algo así- contestó Amu, aún sin mirarla- Digo no, no lo conozco- corrigió cuando se volvió a verla.

- Estás rara últimamente- concluyó, viendo que Amu no estaba dispuesta a colaborar.

- Solo deben ser los nervios por el baile- se excusó ella.

No podía creer que los nervios podrían cambiarla tanto, pero se calló su pensamiento. Ya había hecho todo lo que podía, ahora solo quedaba esperar a que Amu se acerque a hablar.

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Era realmente difícil saber donde ella se presentaría, después de todo era una cantante del bajo mundo, solo los del bajo mundo saben donde estaría Diamante Negro. Sin embargo, ella tenía un presentimiento, una corazonada, y supo que Diamante Negro volvería a estar en el club de mala muerte. Y si ella se presentaba, él también estaría en ese lugar. Lo había visto en el pueblo, no tenía duda, y tenía unas cuantas palabras que cruzar con él.

Se aseguró de que nadie la viera salir del castillo y se dirigió al pueblo, decidida a lograr su objetivo. Pasó de nuevo por todos esos pasadizos, que le dieron escalofríos como la última vez, y finalmente llegó a ese club, esta vez se ocultó en un lugar distinto, a esperar a que Diamante Negro apareciera.

Pero lo primero que apareció, por así decirlo, fue un brazo que se cruzó por su cintura y la hizo chocar con un cuerpo caliente. Ella intentó gritar, pero su boca fue tapada por una mano, y un susurro grave sonó cerca de su oído.

- Nos vemos de nuevo, Amu- le dijo aquella voz masculina mientras la apegaba más a él- Tanto tiempo sin poder sentirte.

Sintió su mejilla refregarse contra la suya, mientras una mano se colocaba en su pecho tratando de sentir su pulso y la otra la seguía manteniendo presa de ese abrazo. Sintió como su cara se calentaba y como su pulso se aceleraba, de la manera que él deseaba. Él conocía demasiado bien sus reacciones, por lo que sabía que hacer para lograr que ella reaccionaba como quería.

- Para- le rogó, mientras sentía su cuerpo llenarse de una sensación no deseada.

- Te extrañé- le volvió a susurrar, con su voz grave mandando escalofríos por su espalda.

Sintió algo caliente en su cuello y vio como él dejaba un rastro de besos que recorrían todo su cuello hasta cerca de su clavícula. Cayendo en su hechizo, ella se movió, dejándole un camino más fácil hacia ella y lanzando suspiros de placer ante los tratos que él le daba. Respiraba lentamente, con el aire caliente entrando y saliendo lentamente de ella, quemando su garganta en el proceso. Miraba su pecho subir y bajar de manera evidente- fruto de lo forzado de su respiración- como también la mano de él recorrer su pecho lentamente.

Él dejó de jugar con ella unos instante, todavía manteniéndola prisionera en el abrazo, y entrelazó los dedos de su mano con los de ella. Aprovechó ese contacto para besar su mano con dulzura y sintió como él acercaba sus labios peligrosamente a los suyos. Ella volteó un poco el rostro, queriendo ver sus ojos, esos ojos que ella admitía-en el fondo de su alma- que había extrañado.

Igual que siempre, igual de bellos, igual de brillantes, llenos de la misma mirada que le dirigía cada vez que se veían.

- T…Tú…- trató de hablar.

- Amu- fue interrumpida por la voz de Diamante Negro.

- No…- la voz de él estaba cubierta con una advertencia. Advertencia que Diamante Negro ignoró.

- ¿Debo recordarte que estás casada, Amu?- le habló de manera seria, retándola como a un niño pequeño.

Solo le bastó decir eso para que ella se diera cuenta de la locura que estaba haciendo, intentó soltarse de su agarre, pero él no la dejó. Lo intentó una vez más, y él finalmente la dejó ir. Casi se fue corriendo hacia Diamante Negro, dejando una distancia de más de tres metros entre ellos, queriendo recuperar el aire y la cordura al mismo tiempo.

- ¿A qué viniste Amu?- le preguntó- No quiero creer que viniste deliberadamente a romper tus votos matrimoniales.

- No vine a eso- dijo con la cara roja- Vine a ver si él te acompañaba- lo señaló. Diamante Negro enarcó una ceja- Quería asegurarme que había alguien que te esté cuidando- aclaró rápidamente.

- Puedo cuidarme sola- le dijo con orgullo.

- Pero eres mi amiga y me preocupas- le respondió con sinceridad. Provocando un sonrojo en el rostro de su amiga.

- No hay necesidad, me cuido bien sola- soltó, tratando de ocultar su sonrojo- Eres tú la que necesita que la cuiden- le sonrió- Ya que siempre olvidas el lugar donde te encuentras- dijo mientras miraba hacia el hombre que las observaba con una sonrisa- Ahora, ve al castillo, no tienes que estar en un lugar así. ¿Dónde está el Jack? ¿Por qué no te acompaña?

- Me escapé de él- dijo con timidez.

Diamante Negro se frotó el puente de la nariz en obvio disgusto, mientras ella reía suavemente pensando en que actuaba un poco como Kukai cuando renegaba por sus escapes. Pero la risa se le fue cuando escuchó el chillido de ese demonio y luego sintió como comenzaba a desacomodar su cabello. Intentó gritar, pero le taparon la boca, lo único bueno fue que le sacaron a ese demonio de encima.

- No tenemos que alertar a los del club de tu presencia- le dijo su voz, enojada- Llévatela contigo- le ordenó a Diamante Negro.

Ella abrió los ojos y vio como la "paloma"- que ella aún creía que era un cuervo- volaba de la mano de él hacía el hombro de Diamante Negro, que se estaba alejando de ellos.

- Odio a esa cosa- murmuró, viendo como se alejaba sobre el hombro de su amiga.

- Y te aseguras de que se vuelva algo mutuo ¿verdad?- se burló él.

- ¿Por qué todos insisten en decir que es mi culpa?- preguntó, fastidiada.

- Porque eres a la única que trata así, a todos nos obedece.

- Es un monstruo, está esperando el momento correcto para sacarles los ojos y me ataca porque yo sé su plan- lo único que obtuvo como respuesta fue una risa.

Sintió como era levantada por la cintura y luego fue colocada sobre un caballo, él subió frente a ella.

- ¿Qué estas haciendo?

- Te llevo al castillo, es peligroso que andes sola. No sé como lograste llegar sin problemas, pero no confío que la vuelta sea tan fácil.

No pudo emitir una queja, porque el caballo ya había comenzado su galope antes de que él terminara de hablar y ella sabía que él no se detendría. Y caerse del caballo era una idea para nada atractiva. Llegaron al castillo y el escondió al caballo entre unos árboles, antes guiarla dentro del castillo por una entrada secreta.

- ¿Cómo sabes de esta entrada?- le interrogó.

- Es la entrada que uso para visitar a la reina- le dijo con una sonrisa burlona, ella solo lo golpeó.

- Idiota- dijo enojada.

- ¿Celosa?

- Nunca.

- Yo creo que si- volvió a sonreír- Ahí está su habitación- señaló una ventana sobre sus cabezas.

- ¿Tengo que escalar eso?

- Solo sube a mis hombros y no será tan difícil- ella hizo como él le indicó- Cuidado con el estuche, es frágil- la retó mientras ella subía por su espalda- Ahora, trata de agarrarte fuerte al marco de la ventana. ¡Salta!

Hizo como él dijo y pronto se encontró firmemente agarrada a la ventana, puso un poco de fuerza, logrando entrar en su habitación. Cuando salió a agradecerle, él ya había desaparecido, como si no hubiera estado allí y ella solo murmuró un "Gracias" al aire, ya que sentía que era lo correcto agradecer.

Al dirigirse a su cama, lo que se encontró fue a Yoru, quien había aparecido de la misma manera en la que él había desaparecido, sin que ella se diese cuenta.

- ¿Acaso ahora haces magia?- dijo en gracia hacia Yoru.

Ella sabía que ninguno de los dos hacía magia. Él solo se había ido mientras ella terminaba de entrar y Yoru probablemente ya estaba en su cama cuando ella llegó, solo que no lo había notado. Tomó a Yoru del cuello y retiró la carta.

"…Escuché que se celebra un baile en Seiyo y que estás invitada. Felicitaciones. Espero que el baile te ayude a distraerte esa noche, una noche que lamento no poder pasarla junto a ti. Pero no desespero, yo también buscaré mi manera de despejar mi mente esa noche y pronto estaremos juntos como antes. Es solo cuestión de tiempo. Te amo, Amu. No lo olvides"

- Yo también te amo- dijo mirando hacia la noche fuera de su ventana.

"PD: Sé que Diamante Negro se está presentando allí en Seiyo, en alguna parte del reino. Y también sé que Él la acompaña. Sólo ten cuidado de no cruzarte con ninguno de ellos. ¿Si?"

Cerró la carta, pensando que debía de haber hecho como su marido deseaba, aún sin necesidad que él le pidiera ese favor. Aún si haber recibido esa carta, lo de esa noche no debía de haber pasado.

- Todo volverá a la normalidad cuando estemos juntos- dijo al aire- Lo sé, creo en que será así.

Quiero creer en que será así.

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- Estás bella como siempre, querida- le dijo Tadase, cuando llegó al salón en el que debían esperar antes de hacer su entrada.

- Rima-tan ¡Que bonita que estás!- la felicitó Yaya, sonriéndole.

- Si, Yaya, lo sé. Soy la más bonita de todas- le cortó todo el discurso, Yaya siempre decía lo mismo.

Yaya la miró con gracia, se tapó la boca y simplemente se fue a molestar a su Jack. Ella solo enarcó una ceja ante su actitud, antes de dirigirse al sillón y esperar a que sea la hora. Nagihiko la siguió y se paró detrás de ella, al lado del Jack de Tadase.

- Yaya está muy ansiosa- gritó Yaya- Será la primera vez que Yaya va a un baile con Amu-chi y Nade-tan.

Cierto. Se le había olvidado. Había hecho de la Joker una invitada especial, sólo para ver las reacciones de la realeza de Easter. Sonrió al ver que este baile ya no le resultaba tan aburrido. El rey y la princesa entraron en el salón, la princesa siendo seguida por sus dos doncellas, el rey trayendo a la cintura la espada ceremonial. Tadase traía una igual, una espada que era pasada de generación en generación en cada reino y que se la llevaba en eventos importantes en los que participaba la realeza.

- ¿Y el príncipe no piensa venir?- preguntó el rey Ikuto, sonando impaciente.

- Me dijo que como él sólo estaba de visita y nunca recibió una invitación formal, asistiría como el resto de los invitados. Que no necesitaba presentación- le respondió Tadase.

- Si, claro- dijo y se fue al balcón, a paso enojado.

La princesa se rió suavemente, y luego se acercó a ella. O al menos eso creía, pero resultó que terminó hablando con Nagihiko.

- El príncipe tiene otras intenciones ¿verdad?- le dijo en voz baja y con un tono dulce.

- Su Alteza es muy perceptiva- le contestó él, usando un tono similar al de la princesa. Ante lo que ella solo enarcó una ceja- También parece que Su Alteza comparte mis sospechas- ella se rió- Supongo que habrá que esperar a entrar al salón donde se realiza el baile.

- Así parece- Utau se alejó de él y la miró con gracia- Tiene usted un guardián muy inteligente Su Majestad- le dijo con una sonrisa.

- Órdenes de mi marido- le contestó- ¿Por qué? ¿Te interesa tener uno?- Yaya se rió de su respuesta, pero ella la ignoró- Deberías pedirle a tu hermano por uno si tanto te interesa- le dijo enojada, por algún motivo que ni ella entendía.

- Esa es una buena sugerencia- le contestó aún sonriente- Pero no soy muy aficionada a tener guardias rodeándome. Aún así le tengo mucho respeto a los Jacks, pienso que es un puesto importante- se apresuró a aclarar.

- Si tú lo dices…

- Rima- la miró y ella le sonreía- Permíteme- tocó su cabeza y vio como le quitaba el listón en su cabeza- Primero, el cabello suelto te queda mejor- le aconsejó- Y segundo, no uses ese color verde- de quien sabe donde, sacó un listón de color melocotón- El verde es el color de los celos- le guiñó el ojo mientras decía eso- Este color es más suave, es parecido al color del amor. O al menos el color que yo pienso que tornaría el amor de la reina- agregó antes de irse junto a su hermano en la terraza.

- Utau tiene razón, querida- intervino Tadase- Ese color queda mejor contigo- ella solo asintió, aún confundida por el actuar de la princesa.

- Aquí está su listón, Su Alteza- Nagihiko le alcanzó el listón verde- Si desea puedo llamar a una de las sirvientas para que reemplace los listones.

- No, déjalo. De todas maneras no me importa- le soltó, todavía confundida y mirando el listón en sus manos.

Los minutos pasaron, y la realeza de Easter, junto a Yaya, fueron llamados al salón. Como invitados, ellos iban primero y al último entrarían los reyes de Seiyo. Tadase se levantó y le ofreció su mano, ella la aceptó, mientras se revisaba una última vez en el reflejo de los adornos que había allí. Entraron, los alabaron como siempre y el desfile típico de personas que querían saludarlos personalmente, comenzó. Todo era bastante normal, hasta que notó que la gente no la miraba tanto como siempre, sino miraba a otra parte del salón, donde ella pudo reconocer una cabellera rosa entre medio del tumulto. Sonrió, el tiempo de diversión había comenzado…

- Su Majestad, es un gusto poder verla de nuevo- le hablaba uno de los nobles del reino.

…tan pronto como terminara el protocolo que debía cumplir como reina.

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- Amu…estás hermosa- le dijo a Amu, mientras la emoción de verla así de bonita la llenaba.

- Gracias- le respondió Amu, con la cara roja- El vestido resultó más bonito de lo que pensé.

- Hay que agradecerle a Yaya por prestarnos su modista- sin duda, sin la ayuda de Yaya no podrían haberlo logrado.

- Ustedes dos realmente me ayudaron- Amu se veía aún más bonita con ese rojo en su cara, le hacía su tarea como maquilladora más fácil.

- Todo por una amiga- le aseguró- Hoy es una noche especial, y tienes que brillar más que nunca. No habrá hombre que no se enamore de ti- le animó.

Aunque ella sabía perfectamente que solo había un hombre en particular al que Amu quería impresionar. Sin duda el rey Ikuto era un sueño, tal vez no para ella, pero para la mayoría si. Y a Amu realmente parecía gustarle el rey. Ella sabía que él estaba casado, y que se iría dentro de poco, así que pensó que Amu podía sentirse, al menos por una noche, como una princesa. Quería darle eso a su amiga, quien a pesar de que la conocía hace poco se había ganado su amistad y cariño, gracias a su inocencia, su gran bondad. Amu era de las pocas personas que tomaba a Yaya en serio, y ella, como su institutriz, apreciaba aquello.

- Parece que el baile está por comenzar- comentó Amu, sacándola de su reflexión- ¿Crees que tardarás mucho con mi cabello?

- Ya está listo- le dijo, mientras terminaba de arreglar su maquillaje.

- Pero si prácticamente está suelto, como si recién hubiera salido de bañarme.

- Así es como va, y no luce como si recién salieras de bañarte. Ahora, párate- Amu hizo como le indicó- Un último toque…- colocó la cinta roja de modo que cruzara bajo el busto de Amu y se atara en su espalda. Encargándose que el moño fuera resistente y hermoso al mismo tiempo.

- ¿Por qué la cinta?

- Para que se vea más bonito. Aparte resalta con lo blanco del vestido. Es el color de la pasión y el color de la vida, creo que va contigo- agregó en un murmuro.

- ¿Qué? ¿Qué dijiste?

- Nada- fue su rápida respuesta.

Y aún había otra razón. La cinta ayudaba a disimular un poco el arreglo que la modista había hecho al vestido luego de que no le entrara en la última prueba. Tenía que hablar con Amu respecto a esto, pero decidió dejarlo para después de baile, cuando las cosas en el castillo estuvieran más en calma.

- Hora de ir al baile- anunció con alegría.

Cuando abrió la puerta, se encontró al príncipe Hikaru del otro lado, con la mano extendida como si hubiera estado a punto de golpear la puerta.

- Su Alteza- lo saludó cuando se dio cuenta que solo se le quedó mirando- ¿En qué puedo ayudarlo?

- Solo venía a escoltar a la señorita Hinamori al baile. ¿Me equivoqué de recámara? Unas sirvientas me dijeron que era aquí- habló mientras dirigía sus confundidos ojos celestes hacia el pasillo.

- No, esta es la recámara de Amu- le contestó- En un segundo sale.

Amu salió y se sorprendió, al igual que ella, de encontrar al príncipe esperándola. Él también lució impresionado ante el aspecto de Amu y ella sonrió viendo que había logrado parte de su objetivo, ahora solo faltaba llevar a Amu frente al rey de Easter. El príncipe se ofreció a escoltar a Amu y Amu aceptó. Ella pudo ver que podría haber una traba en su plan, ante un pretendiente no esperado y el confuso accionar de Amu.

Por un segundo, se paró a pensar, y reflexionar sobre lo que había hecho. ¿Amu realmente estaba interesada en el rey? ¿O solo buscaba sentirse como si perteneciera a la realeza?

- ¿Llegué a conocerte bien, Amu?- preguntó en voz baja, caminando detrás de Amu y el príncipe.

Entraron en el salón, siendo Amu la que llamó la atención de todos. Tal y como ella había predicho.


Chan Chan Channn... ¿Qué va a pasar a partir de ahora? ¿A quién aceptará Amu?

¿Quién sabrá que va a pasar a partir de ahora? Ah, si, yo lo sé. Y en un par de días, ustedes también los sabrán. Claro, todo depende de cuan ansiosas estén por la continuación y si me lo hacen saber.

Al parecer, decidí agregar a la Amu de la serie en la historia. O sea la Amu que tiene múltiples amores. Sinceramente, me sorprende que no haya hecho que terminara enamorada de Kukai. Por suerte, me encanta poner a Kukai como el hermano mayor y el que la regaña.

¿Celos Rimahiko? ¡Claro que sí! Pobre Rima, no sabe ni siquiera que está celosa. A pesar de que Utau no es nada sutil a la hora de decírselo- al parecer la sutileza no es don que Utau posea- y ella aún no se da cuenta que lo que sucede es que siente celos.

Dos nuevos pretendientes. El príncipe Hikaru. ¿Qué clase de pasado es el que lo une con el rey Ikuto? Y el violinista, ¿un antiguo amor de la adolescencia? ¿Un affaire que no quiere admitir? ¿Y por qué trabaja junto a la amiga de Amu, Diamante Negro?

Todo esas preguntas y otras más serán respondidas en el próximo capítulo. ¡No olviden dejar reviews con sus opiniones! Y no se olviden de avisarme que tan ansiosas están por el próximo capítulo.