Es mitad de semana, o algo así, lo que significa que tengo que cumplir lo prometido. Aquí está la continuación del capítulo anterior: El Baile Real.

Esta vez no tengo mucho que decir, agradezco sus reviews en el capítulo anterior y ahora subo la continuación, que espero que cumpla con sus expectativas.


- Una compañía envidiable la que tiene usted, Su Alteza- halagaba un noble, junto a su esposa, al príncipe.

- Este sin duda es un vestido exquisito- agregó la mujer, observando su vestido- Aunque la dama que lo luce no se queda atrás- sonrió mientras la miraba.

- Muchas gracias por todos los halagos, que no soy merecedora- respondió en una inclinación, ocultando el rojo de su rostro.

- Y humilde además, que delicia- agregó el noble.

Ellos dos se retiraron, y ella pudo respirar tranquila. Todas esas charlas la ponían más nerviosa de lo que ya estaba, con la mitad de los invitados del baile mirándola atentamente. Agradecía que fuera un baile con máscaras, o no hubiera podido aguantar la presión.

- ¿Disfrutas de la velada?- le preguntó el príncipe.

- La disfrutaría más sin todas las miradas sobre mí- confesó.

- La belleza llama la atención en todas partes- le dijo con suavidad, vio como miraba a un costado y sonreía pícaramente, antes de acercar demasiado su rostro- Y una belleza como la tuya sin duda atraería la atención de todos- tomó su mano con delicadeza- Una dama más bella que la reina, la proclamada belleza del reino, sin duda una sorpresa completamente inesperada- se inclinó ligeramente- ¿Esta hermosa dama me permitiría el honor de este baile?

- Sería una descortés si dijera que no. Acepto- fue llevada por el príncipe hacia el centro de la pista.

Todo el camino sintió la mirada de todos sobre ella y al momento que llegaron al centro, tenía el cuerpo completamente tieso. A ella le gustaba más ser la Joker, nadie le prestaba mucha atención, y podía cometer tropiezos a su antojo, la gente pensaba que era parte de su acto. Ahora, como invitada especial del baile real, con el fastuoso vestido que Yaya y Nadeshiko le habían regalado, sentía que cualquier paso en falso que diera la perseguiría por el resto de su vida.

- Tranquila- le dijo con suavidad el príncipe Hikaru- Respira, y olvídate de las personas a tu alrededor.

- Más fácil decirlo que hacerlo.

- No hay ningún peso sobre tus hombros que debas temer- acarició sus hombros, tratando de calmarlos. Lamentablemente, no funcionó, ella seguía tiesa- Eres la Joker, recuerda, ellos se olvidarán de ti en cuanto el baile haya terminado. No importa lo que pase.

- Gracias- suspiró, aún algo tiesa.

- Ahora, disfruta el baile. Bailando- colocó una mano en la parte baja de su espalda y la otra sobre su mano derecha.

Bailaron por varios minutos, en un silencio tranquilo, siguiendo la lenta cadencia de la música, y con ella tratando de ignorar a las personas observándola. Cosa que no logró, no cuando comenzó a ver como las mujeres comenzaban a murmurar cosas acerca de ellos.

- ¿Ella? ¿La futura princesa?- exclamó una, asombrada.

Sintió su cuerpo tensarse y miró al príncipe. ¿Dónde estaba la verdadera princesa? ¿Dónde estaba la prometida del príncipe Hikaru?

- Su Alteza…- intentó hablarle. Él la miró, indicándole que la había escuchado- ¿Cómo esta la princesa?- preguntó en los nervios.

- Perfectamente. En su reino, cumpliendo con sus tareas reales y con los arreglos de la boda.

- ¿Usted está emocionado con la boda?

- ¿Emocionado?- preguntó, pensativo- ¿No es eso algo típico de las damas?

- No, también los hombres pueden emocionarse por las bodas- al menos su esposo había estado tan ansioso como ella…- Es una celebración importante, la máxima expresión de amor.

- ¿Lo es?- él parpadeó sorprendido- A mi me parecía una simple ceremonia formal, un acuerdo en cuanto a los bienes materiales- ella lo miró sorprendida, y con sospechas de que Su Alteza no sentía nada hacia la princesa- No veo como la boda tiene que ver con los sentimientos. ¿Acaso la boda hace que el amor crezca? ¿Acaso el organizar una boda hace que dos personas que no sentían nada el uno hacia el otro, de pronto se enamoren? ¿Tiene ese poder?

Ella calló, reflexionando acerca de lo dicho por el príncipe. Él tenía razón en una cosa, la boda no afectaba en nada los sentimientos de las personas. Si esas dos personas se amaban antes de la boda, lo harán después de esta. Y si no los unía ningún lazo ante de esta, tampoco había ningún lazo sentimental que los una después de realizada la boda.

Y siguiendo con ese razonamiento, un matrimonio no podía ayudar a mantener unidas a dos personas, si entre ellas se había acabado el amor…

- Entonces…

- Ese no es su poder- sintió la voz del rey Ikuto interrumpir- El poder de una boda es algo un poco más humano, y distinto del amor, en parte. Es como una especie de reclamo, como la sucesión en un trono- se inclinó ante ellos, ella también se inclinó en muestra de respeto- Es decir "esto me pertenece"- colocó una mano sobre la suya e hizo que soltara la mano del príncipe- Como el heredero legítimo a un trono puede tomar la corona, sobre aquellos que solo se encuentran en la línea de sucesión por meras formalidades- la mano del príncipe se retiró de su espalda y ella se vio impulsada cerca del rey- Pero, más importante, es decir "esta es la persona que mi corazón eligió y la persona que me entregó su corazón". Una declaración que, al menos en mi caso, significa que solo me la quitarán sobre mi cadáver- sonrió mientras dirigía esos brillantes ojos zafiro hacia ella, logrando que su cara se pusiera roja.

- Entiendo, ese es el poder que posee- Hikaru sonrió- Supongo que por eso las mujeres le dan tanta importancia a la ceremonia.

- Sin embargo, no todas las ceremonias de boda tienen ese poder. Muchas veces son un mero acuerdo con respecto a los bienes, como tú dices. Y muchas otras, la unión de dos personas se realiza sin ninguna ceremonia, sin palabras, solo dos corazones que deciden permanecer juntos. Así que te aconsejo, asegúrate de lo que estás haciendo antes de casarte. ¿Es un acuerdo material? ¿Es una ceremonia formal? ¿O es una unión verdadera?

- Gracias, por el consejo, Ikuto- el príncipe le ofreció la mano.

- De nada, Hikaru- se dieron un apretón de manos- Ahora, a cambio del consejo, ¿me permitirás tener a la señorita Hinamori como compañera de baile?

- Ella lleva la marca de Casa Real de Easter, pensé que como un miembro de tu reino debía de cuidar de ella hasta que tú o Utau reclamaran su compañía- se inclinó ante ellos y se retiró.

- ¿De qué habla?- preguntó, confundida por las palabras del príncipe.

- La máscara que te di- le contestó Ikuto- Lleva la marca de la Casa Real de Easter grabada a un costado. Con eso me aseguraba de que ningún hombre tratara de acercarse, pero no conté con la presencia de Hikaru.

- ¿Cómo?- preguntó, sumamente asombrada- ¿Entonces solo habría podido hablar con personas que sean de Easter?

- No, solo con personas que pertenezcan a la nobleza o realeza de Easter- el rey ignoró el shock en el que se quedaba y se preparó para bailar- Tranquila, respira y baila.

- No puedo con todas las personas mirándome- se quejó, viendo como el rey ignoraba lo tensa que estaba.

- De acuerdo- la hizo girar y que su espalda chocara contra el pecho de él- Ahora, cierra los ojos y solo sigue la música.

- Pero…

- Solo haz como te digo- a regañadientes, lo obedeció y trató de concentrarse en la música. Pero aún sentía las miradas sobre ella- Giro- dieron un giro completo y ella sintió como algo caliente se posaba sobre su hombro, logrando quitarle la tensión- Lento, toma aire- tomó aire y aspiró una esencia fresca, como una noche de comienzos de verano. Sintió como gran parte de su cuerpo se relajaba- Lista para bailar, medio giro- la mano de él se colocó sobre su hombro izquierdo, presionando suavemente y brindando calor a esa zona. Antes de continuar su camino por su brazo y llegar a su espalda- ¿Mejor, Amu?- le dirigió una sonrisa deslumbrante. Blanco brillante, que contrastaba con su piel morena y la máscara negra que traía.

¿Qué si estaba mejor? ¡Estaba mejor que nunca! Toda esa tensión, todos esos nervios, habían desaparecido como si fuera magia. Se sentía tan relajada como si acabara de levantarse. Estaba tranquila, tanto que le daba sueño, y terminó apoyando su cabeza sobre el pecho de Ikuto.

- Tomaré eso como un sí- ella podía oír la sonrisa en su voz, pero no tenía ganas de levantar el rostro- Estuviste bajo mucha tensión ¿o me equivoco?- ella negó con la cabeza- Bien, ahora solo bailemos en paz. ¿Escuchas la suave música?

Ella no solo escuchaba la música, podía escuchar su propio corazón latiendo de manera frenética, y también podía escuchar el corazón de Ikuto latir en sincronía con el suyo. ¿Eso era posible? ¿Era cierto? ¿O solo era su imaginación? Le dejó de importar, realmente ya no le importaba. En ese momento lo único que sentía era Ikuto bailando junto a ella y la música sonando. No había nada más, y ella estaba bien con eso.

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- Una movida arriesgada del "príncipe"- marcó las comillas en el aire- Teniendo en cuenta de que podría perder su título antes de tenerlo si la princesa se entera de la compañía que tiene esta noche.

- Es solo un inocente baile, Su Majestad- le aseguró Nagihiko.

- Talvez la reina solo este celosa de que ella no puede bailar- comentó la princesa- Es una pena que el rey se haya enfermado- comentó acerca de la retirada de Tadase, debido a un dolor de estómago.

- Tadase no se controla a la hora de comer, posiblemente comió una carne que no estaba bien cocinada. Tendré que encargarme de los cocineros luego de que el baile termine, y espero que la comida que les ofrecemos a los invitados esté en perfecto estado.

- Estoy seguro que todo terminará bien- Nagihiko le sonrió- Lo bueno es que Yaya, digo, Su Excelencia, está disfrutando del baile.

- Ah, ya volverá diciendo que el hombre que la invitó a bailar no sabe bailar- comentó con aburrimiento, ante la rutina que Yaya había repetido durante toda la noche.

Un joven se acercaba a invitarla a bailar y ella aceptaba, solo para a los minutos volver diciendo que esa persona no sabía bailar. No era culpa de ellos. No era que ellos no supieran bailar, ellos no sabían bailar de la forma que Yaya bailaba. Suspiró, no había caso con ella.

Desde su lugar privilegiado, pudo observar como había un gran movimiento y como las personas comenzaban a murmurar. Por simple curiosidad, miró que los tenía tan entretenidos y vio que había pasado algo mejor de lo que ella había esperado. Había invitado a la Joker para así ver la reacción de la princesa ante el accionar de su hermano con respecto a la Joker, pero la aparición del príncipe había arruinado todo. O al menos eso creía, sin embargo, parecía haberlo mejorado todo. En especial con la escena de celos que había mostrado el rey, o eso creía, debido a la atención que todos posaban en ellos tres. Pensó que se armaría una pelea y alertó a Nagihiko y Kairi con la mirada, más Hikaru solo se inclinó ante el rey ante de retirarse. ¿Qué había pasado allí? ¿Acaso a Hikaru le preocupaba tanto perder su titulo?

- Eso fue aburrido- comentó cuando todo se había calmado.

Había esperado más y, para el colmo de todo, la princesa estaba ocupada hablando con Nagihiko, completamente ignorando lo que su hermano hacía. Ella miró enojada a Nagihiko, él no podía evitar ser así de "sociable" ¿verdad? Dios de seguro lo castigaría si no coqueteara con cualquier mujer que le hablara. Realmente no le gustaba tener que tratar con todas las mujeres que se quedaban encandiladas con él, y solo aceptaba su protección debido al incidente reciente.

- Estoy aburrida- declaró, levantándose de su trono- Me retiro a mi recámara. Adiós- terminó, despidiéndose de Utau y Nagihiko, antes de salir del salón.

No le importaba si Nagihiko la seguía o no. Ese era problema de él, ella se iría a su recámara. Caminó decidida unos cuantos pasos, hasta que se paró ante la presencia de un misterioso cerca de una ventana. Botas y pantalones negros, un saco verde oscuro, su rostro completamente cubierto por una sombrero negro. Normalmente no tendría miedo de un "desconocido" en un baile de máscaras, pero la espada que este traía en su cinturón, junto con el cuervo negro sobre una de sus manos cubiertas de guantes negros y el hecho de que no mostrara su rostro, la hizo sentir en un gran peligro.

- Su Majestad- sintió la voz de Nagihiko llamarla y ella retrocedió unos pasos.

- No se preocupe, Su Majestad- le aseguró el desconocido, liberando al cuervo y volteando a verla, o algo así. Se inclinó.

- Su Majestad- Nagihiko colocó una mano sobre su hombro- ¿Está temblando? ¿Está bien?

- Perdón por asustarla, Su Majestad- se disculpó el desconocido- Solo salí a tomar un poco de aire- les mostró una sonrisa, aún ocultando sus ojos con el sombrero- Ahora volveré al baile- pasó junto a Nagihiko e hizo una inclinación de cabeza- Jack, con su permiso- entró al salón de baile.

- ¿Lo conoces?- le preguntó a Nagihiko, quien le sonrió a ese hombre cuando pasó cerca de ellos.

- Sí, es uno de los invitados al baile, lo vi dentro al comienzo del baile. ¿Se dirige a su recámara?- le preguntó.

- Por supuesto- le contestó, aún enojada con él. Y comenzó a caminar.

Fue parada por la mano de él, alrededor de su muñeca. Ella se volteó a verlo, confundida por su accionar. Lo encontró arrodillado frente a ella.

- ¿Su Majestad me permitiría el honor de este baile?- le preguntó, con una sonrisa adornándole el rostro.

- ¿Qué?- ella se soltó de su agarre de manera brusca- Tú, como… ¿Cómo te atreves? ¿Acaso no conoces tu lugar?- ¿Acaso se atrevía a burlarse de ella? ¿De la reina?

- Mi lugar es como protector de la reina- admitió, parándose- Y mi deber es hacer a la reina feliz- le aseguró- Pude ver como la reina deseaba bailar, pero no pudo debido al problema del rey. Sé que solo soy un simple Jack, pero me gustaría que la reina pudiera obtener al menos uno de los bailes que deseaba.

- ¿Por qué? ¿Por qué aquí? ¿Por qué ahora?

- Porque aquí aún se puede escuchar la música, y porque no hay personas que nos vean o juzguen a la reina. La reina puede ser ella misma- le sonrió de nuevo- ¿Lo va a intentar?- le ofreció su mano y ella se le quedó viendo.

Observando esa mano como si fuera un veneno potente, y también como si fuera el antídoto para una enfermedad que la venía aquejando hace mucho. Era como un juego de ilusión, no sabía que sería en realidad hasta que decidiera si tomarla o no. Podía ser algo bueno, o podía ser su perdición. ¿Qué sería? Más importante, ¿se arriesgaría a tomarla?

Como si alguien la manipulara, colocó su mano sobre la de él y al instante en que se tocaron, un fuego recorrió su interior. Había sido veneno ¿verdad?

Un veneno que no pareció matarla al instante y que no le provocaba dolor, al menos eso era algo bueno. Se colocaron en posición de bailar y con el débil rastro de música que llegaba hasta donde ellos estaban, comenzaron a bailar. Para su sorpresa, Nagihiko era mejor bailarín que cualquier persona que haya conocido, y miles de veces más grácil que Tadase. Ella no podía evitar sentir que estaba en uno de sus sueños de la infancia donde bailaba con un príncipe que le susurraba su amor en el baile que ambos compartían sobre una nube. Cerró los ojos, en vergüenza de esos sueños infantiles, y dejó que el calor se retirara de su rostro, mientras seguía flotando en ese baile.

"…es la magia del amor" "…usted también será capaz de sentirlo, de vivirlo. Cada momento junto a la persona que se ama se siente como magia" Las palabras dichas por su institutriz hace años atrás volvieron a su mente, confundiéndola en porque habían vuelto en ese instante.

Ella no experimentó, ni experimentaría la magia del amor.

Una lágrima bajó por su mejilla, y fue recogida por la mano de Nagihiko.

- Todo está bien, Su Majestad. No hay porque llorar- le aseguró.

Y ella creyó lo que él le decía.

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La reina sí que era un hueso duro de roer. Le causaba gracia como no era capaz siquiera de ver lo que pasaba con ella. Tal vez era mucho pedirle que reconozca las acciones de cierta persona alrededor de ella, a pesar de lo obvias que fueran. Pero al menos debería reconocer los sentimientos que llenaban su propio corazón. Pero no, seguía en negación. Y era casi tan despistada como cierto Jack, que esperaba pacientemente a que Yaya se cansara y decidiera retirarse a su recámara.

¿Es que todos en aquel reino estaban ciegos? Ella e Ikuto se habían percatado de la situación en cuestión de segundos, y los que vivían allí parecían ignorar por completo lo que pasaba. ¿Es que acaso el Jack, Kairi creía que se llamaba, no notaba que Yaya solo aceptaba bailar con otros jóvenes esperando que él la saque a bailar? Tampoco parecía notar que ella inventaba cualquier excusa para volver junto a él al ver que no hacía nada ante ella bailando con varios jóvenes.

No le sorprendía porque Ikuto decía que el castillo en vez del lugar donde vivía la realeza, más parecía una casa llena de jóvenes adolescentes que jugaban a ser grandes e intentaban reconocer que eran esos sentimientos que los ocupaban. Definitivamente su hermano no servía como niñera.

- Su Alteza- sintió que la hablaban, ella se volteó a ver al hombre con su rostro cubierto por un sombrero negro- ¿Me permite este baile?

- ¿Quién…?- ¿Por qué ese hombre no le mostraba el rostro?

Él levantó la cabeza ligeramente, mostrando una sonrisa deslumbrante y luego dejando que ella viera el resto de su rostro, ligeramente cubierto por una máscara negra. Que viera esos ojos esmeralda que ella había visto con anterioridad, esos ojos vacíos de envidia o cualquier otro sentimiento negativo. Esos ojos que la miraban con sinceridad y con buenas intenciones.

- Tú…- no podía formular las palabras.

- Se ve hermosa esta noche, princesa- le respondió sin perder la sonrisa- ¿Me daría el honor de un baile con usted?- le ofreció su mano, y luego de un momento ella aceptó.

Realmente deseaba bailar, y él era el primero en la noche que se había atrevido a pedirle un baile. La dirigió a la pista y le dio un giro antes de colocarse en posición para bailar. Cuando logró reconocer el ritmo que se tocaba, comenzó a guiarla en el baile, bailando con una elegancia propia de un miembro de la realeza.

- ¿Por qué te ocultas?- le preguntó, luego de un rato de bailar en un calmo silencio.

- No me oculto, esta noche estoy siendo su acompañante secreto- le contestó con tranquilidad.

- ¿Mi qué secreto?- le preguntó con la cara roja.

- Solo disfruta de la noche, Utau- le dijo con una sonrisa.

- ¿Por qué la familiaridad repentina? Soy una princesa, y tú eres un Jack, no lo olvides- él le respondió con una sonrisa.

- Como dije, disfruta de la noche. Disfruta del baile, Utau. Relájate. No estoy aquí como el Jack del rey, estoy aquí como tu acompañante- señaló hacia la ropa que traía, distinta a la de un guardia real- Y creo que como acompañante puedo llamarte por tu nombre, en vez de por tu titulo.

- Supongo- le contestó, de nuevo con la cara roja- No creo que esté mal disfrutar del baile.

- Está totalmente bien- continuaron bailando, en un silencio que de nuevo no era incómodo, sino que era lo indicado en ese momento- Antes de comenzar, tú le diste un consejo a la reina- habló él de nuevo- Ahora, quiero darte yo uno. Te vez mucho mejor cuando sonríes feliz.

- ¿A qué te refieres?

- Como Jack, mi deber es observar todo a mí alrededor, y alrededor de Su Majestad, para asegurar su protección. Y termino viendo más de lo que crees. Así que veo cuando sonríes de manera protocolar, o cuando sonríes feliz mientras hablas con tu hermano o alguna de tus doncellas. Y, en mi opinión, las sonrisas sinceras aumentan tu belleza. Supongo que mi presencia esta noche, es algo egoísta, ya que lo hice debido a que quería verte sonreír de esa misma forma. Quería ver tu brillo de nuevo y que todos los demás lo vieran.

- K…Kukai…- ella casi no podía hablar de los nervios. Él le tapó los labios con un dedo.

- No hables. Sólo sonríe- le dijo con suavidad.

Con gran habilidad, logro que ella hiciera unos pasos de baile realmente impresionantes, que llamaron la atención de todos. Cuando terminaron recibieron muchos aplausos, ante los que ambos respondieron inclinándose y sonriendo a su público. Mientras lo seguían aplaudiendo, ella lo miró y él pareció notar que ella lo miraba, ya que se volvió a verla. Ella le sonrió, realmente feliz, y agradecida con él, había logrado mejorar esa noche que ella pensaba que estaba perdida. Una noche en que no había hecho nada más que desear volver a Easter pronto, pero que ahora le parecía una noche que valía la pena recordar. Él le sonrió de vuelta y le levantó en pulgar de manera discreta, haciéndola reír ante ese gesto tan poco usual.

Las personas se retiraron y ellos volvieron a bailar, esta vez de manera más tranquila. Bailando hasta que el fin del baile los tomó desprevenidos y tuvieron que retirarse junto al resto de los invitados. Él se ofreció a acompañarla, y ella aceptó, no queriendo arruinar los últimos momentos de esta magnifica noche.

- ¿Cómo es que no estás cuidando del rey? ¿No te reclamaran por haber ignorado tu deber e ir al baile?

- Conseguí un reemplazo, y aparte Kukai nunca fue al baile- le guiñó un ojo- No hay nadie que lo haya visto volver luego de que se retirara junto al rey, o al menos nadie que vaya a delatarlo ¿o sí?

- ¿Dudas de la integridad de una princesa?- se burló ella.

- Nunca, no me arriesgaría a insultar a Su Alteza de esa forma- le respondió con una sonrisa.

Siguieron caminando y pasaron por el pasillo que era perpendicular al pasillo donde se encontraba la recámara de Amu. Así fue como ambos pudieron ver las siluetas de Amu e Ikuto junto a la puerta de la recámara de Amu. No había que ser un genio, ni hacia falta mirar mucho, para saber lo que estaban haciendo. Ella movió su cabeza de un lado a otro, mostrando su reprobación y sintió el suspiro cansado de Kukai.

Vieron como Amu e Ikuto entraron en la recámara. Kukai colocó una mano sobre su hombro y la empujó ligeramente, indicándole que continuara el camino que tomaban antes del "descubrimiento" que habían hecho.

- Se los advertí- le confesó a Kukai- Ninguno me hizo caso- él asintió- Será un verdadero revuelo cuando la reina aparezca dentro de poco- él volvió a asentir.

- La reina no es la única que va a aparecer pronto- comentó Kukai, ella solo enarcó una ceja ante él y siguió el camino.

Llegaron a su recámara, ella abrió ligeramente la puerta y se volvió a verlo.

- Muchas gracias, por esta noche- le agradeció sinceramente.

- Ha sido mi placer- le respondió, inclinándose ligeramente- Descansa bien, Utau- tomó su mano- Buenas noches, mi princesa- besó su mano con delicadeza, antes de dar la vuelta e irse.

Ella sólo sonrió mientras lo veía irse, la sonrisa todavía adornando su rostro mientras entraba en su recámara y se dirigía a descansar de una noche que permanecería en sus recuerdos para siempre.

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¿Por qué Utau-chan tenía quien la saque a bailar y ella no? Miro a Kairi, su mal humor había arruinado la noche para ella también. ¿Por qué los bailes le molestaban tanto a Kairi? Ella había pensado que esta noche podría bailar junto a Nade-tan y Kairi tal y como lo había hecho en los ensayos. Al menos en los ensayos en que había logrado que Kairi bailara. Pero Nade-tan había estado todo el tiempo junto a Amu-chi, quien a su vez había pasado la noche junto al príncipe Hikaru, y luego se había ido a mitad de la noche.

En definitiva, los hombres habían arruinado su noche. Primero el príncipe Hikaru, al llevarse a sus amigas Amu-chi y Nade-tan; y luego Kairi, quien se había vuelto un ogro, negándose a bailar aunque sea una vez con ella. Ella podría simplemente haberlo arrastrado a la pista y hacerlo bailar, tal como hizo durante los ensayos. Pero Rima-tan le había dicho que volvería con sus padres si hacía algo que pusiera en vergüenza a la realeza de Seiyo; y ella no quería irse. No mientras sus amigos siguieran en Seiyo, y no ahora que se divertía tanto junto a Kairi. Al menos la mayoría del tiempo.

Pero no siempre estaría en Seiyo, algún día se iría. O Rima perdería la paciencia, o ella se casaría. Lo que no era una locura, desde que ya se encontraba en edad casadera. ¿Como sería el hombre con quien se casara? ¿Sería amable? ¿Sería divertido? ¿Le permitiría quedarse en Seiyo a pesar de que no debía?

- Después de todo, el puesto del As no es puesto real- dijo mientras caminaba de vuelta a su recámara.

- El puesto del As sí es un puesto real- le habló Kairi.

- Gracias, Kairi- sonrió suavemente- Pero todos saben que Tadase lo inventó solo para mantenerme tranquila. No es un puesto real. Si fuera un puesto real, tendría alguna obligación, al igual que Rima tiene obligaciones como reina. Pero no, no tengo que hacer nada, me paso todo el día jugando.

- ¿Eso es lo que la preocupa? ¿La razón por la que tarda en dormirse cuando cae la noche?

- ¿Cómo lo sabes?- preguntó sorprendida.

- Soy su guardián. No puedo retirarme hasta que esté seguro que Su Excelencia está dormida, cuando usted duerme profundamente, ese es el momento en que intercambio la guardia.

- Pero, pero entonces...¿Cuanto duermes?- había noches que se quedaba despierta hasta cerca del amanecer y habían otras noches que se las pasaba en vela. ¿Todas esas noches él se quedaba despierto junto a ella?

- Duermo lo necesario para mantener segura a Su Excelencia. Soy su guardián. Y como su guardián, tendré que recordarle cual es su deber. Su deber es permanecer junto a la reina, ayudarla a encargarse del reino, evitar que la reina extrañe su hogar. Y el deber que desarrolla mejor, hacer que mi tarea de cuidar de usted sea un desafío. Ese es su deber, Su Excelencia, y es un deber que usted cumple muy bien.

- ¿En serio lo es?- Kairi asintió- ¿Y lo hago bien?

- Como ninguna otra persona.

- Genial. Entonces mi puesto es el que mejor cumple su deber- dijo con emoción- Me encargaré de recordarle eso al hombre que se case conmigo. Aunque talvez me olvide- dijo pensativa- Ya sé- exclamó cuando se le ocurrió una idea- Kairi, tú recuerda- le avisó- Y tú dile a mi futuro marido que mi puesto es el que mejor cumple su deber.

- Eso será imposible, Su Excelencia.

- ¿Por qué?

- Porque en cuanto Su Excelencia se case, será su marido el encargado de su cuidado. Y yo pasaré a ser el guardián de quien el rey disponga. O quedar como un simple guardia.

- ¿Y por qué no podrás cuidarme tú? ¿No puedes cuidarme aunque esté casada?

- No creo que su marido lo permita, es casi imposible. No se preocupe, estoy seguro que su marido velará por su seguridad muy bien.

- Pero yo no quiero que otro me cuide, yo quiero que Kairi me cuide.

Le parecía injusto, Kairi era quien cuidó de ella desde que llegó a Seiyo. Varias veces había cambiado de institutriz, hasta que llegó Nadeshiko, y muchas veces había cambiado de modista, o instructor de equitación, o cocinera, o doncella, o criada. Kairi, como su guardián, era el único que no había cambiado. O al menos no lo habían cambiado porque no era capaz de cumplir su deber. Sólo lo habían cambiado, y por un corto período de tiempo, porque Rima se había enojado con Nagi, nada más.

Ella estaba acostumbrada a Kairi y le agradaba que Kairi esté junto a ella. Ella no quería a un desconocido, o su marido, cuidando de ella, quería a Kairi.

- Si no van a permitir que Kairi me cuide, entonces me casaré con Kairi- declaró, pegándose a él- Entonces como serás mi marido tendrás que cuidarme ¿verdad? Así podrás cuidarme siempre ¿verdad?

Kairi la apartó de manera rápida de él, y podría decir algo brusca. Tomándola por completo por sorpresa, él nunca la había tratado así.

- Kairi...- lo llamó, confundida por su accionar tan inusual en él.

- Su Excelencia- le habló él, dándole la espalda- No puede andar diciendo esas locuras como si nada, mucho menos en público- ella podía notar lo mucho que le costaba mantener su tono.

- No es ninguna locura. Es lo que quiero. Quiero que Kairi me cuide, que se case conmigo.

- Si tanto insiste en que cuide de usted- Kairi perdió el control, paró y tomó aire- Entonces insista en mantenerme como guardián- continuó hablando, un poco más calmado- Pero no hable de contraer matrimonio conmigo, no hable de establecer un lazo emocional cuando lo único que quiere es que la cuide alguien con un rostro conocido.

¿Lazo emocional? Se refería a... ¿amor? De seguro era amor, estaban hablando de matrimonio después de todo. Ella... ¿amaba a Kairi? Ella no sabía que era el amor, en muchos aspectos era una niña aún, y el amor era uno de esos aspectos. No tenía idea de como se sentía el amor, ni siquiera sabía como se sentía gustar de alguien. Ella había llegado a Seiyo siendo una pequeña de doce años, y desde el instante en que se había visto con Tadase, tuvo a Kairi junto a ella, como su guardián. Todos los chicos que había conocido a partir de ese momento, se habían sentido intimidados por la presencia seria de Kairi detrás de ella. Muchos, ahora que lo pensaba, habían tratado de alejarla de él, para poder confesarse, pero ella se había negado. Tadase se lo había dicho, Kairi era su guardián y siempre debía estar junto a ella para asegurar su seguridad. Kairi se lo había prometido, que siempre estaría a su lado, que la protegería con su vida. Y por esas palabras, ella se había negado.

Ahora se arrepentía, pensando en todas esas oportunidades que había desperdiciado, oportunidades que tal vez ahora le servirían para saber que era lo que sentía por Kairi. ¿Qué era lo que sentía? Sabía que no era solo un capricho de tener un rostro conocido cuidándola, pero no sabía si se trataba de un sentimiento de amistad, de hermandad o si era algo mucho más profundo.

- No quiero que me cuides solo porque eres un rostro conocido- le respondió, con las manos hechas puño pensando en su acusación- Quiero que me cuides porque así lo prometiste, porque así cumplirías tu promesa. Prometiste estar siempre a mi lado ¿Lo recuerdas? Aquella noche de tormenta...Yo creí en tu promesa, creí en que siempre me protegerías. Esa es la razón por la que dejé de tener miedo, porque supe que estarías siempre a mi lado y que mientras estuvieras junto a mi nada me haría daño.

Luchando contra las lágrimas traicioneras que comenzaron a salir de sus ojos, se retiró de allí. No quería que nadie la viera llorar.

- Su Excelencia- Kari intentó pararla, tomó su muñeca.

- Yaya- se soltó de su agarre- Llámame Yaya, nunca lo haces. ¿Por qué no me llamas por mi nombre? Aunque sea una vez, una sola vez. O como aquella vez, Yaya-chan ¿Por qué no volviste a llamarme de esa forma?

- S...Su Excelencia.

- Adiós, Kairi- soltó antes de continuar su camino a su recámara. Llegó y cerró la puerta en su cara, no estando de humor para desearle las buenas noches como siempre.

Una vez que se cambió y se dirigió a su cama, se sorprendió de encontrar la puerta de su recámara abierta. Y se sorprendió aún más de encontrar a Kairi dentro de su recámara. Él nunca había entrado en su recámara sin avisar antes y recibir una respuesta por su parte, solo aquella vez...

- Buenas noches, Yaya-chan- le dijo antes de dirigirse fuera de su recámara.

Ella se quedó paralizada por varios minutos, decidiendo si creer en lo que acababa de pasar o no. Para cuando pudo reaccionar y salió a ver el pasillo, se encontró con que estaba vacío, no había rastro de Kairi. Eso aumentó su duda ¿aquello había pasado en realidad? ¿O había sido solo su gran imaginación?

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- Parece que el baile acabó- sintió la voz de Ikuto decir, liberándola de el mundo de ensueño en donde se encontraba.

Miró a su alrededor, dándose cuenta de que era como él le había dicho, la gente se retiraba y la música se iba deteniendo lentamente. No pudo evitar pensar que la noche había sido demasiado corta.

- Hora de regresar al mundo real- dijo con amargura.

- El mundo real no es tan malo como lo haces ver- fue la respuesta de Ikuto- Ven, yo te enseñaré como mejorarlo- la tomó de la mano y se retiraron del salón.

La llevó hacia el jardín, tapándole los ojos mientras caminaban hacia alguna parte en específico y luego los soltaba, dejándola frente a unas flores hermosas. Ella había andado cientos de veces en este jardín, ¿Cómo nunca antes las había visto?

- Son unas flores que solo abren de noche- le relató él- Las descubrí en unos de mis paseos nocturnos. He visto cuanto tiempo pasas por aquí durante el día, supuse que te gusta mucho el jardín y las flores en él.

- Son hermosas- dijo mientras las seguía observando.

- No son las más hermosas aquí- susurró él. Se volteó a verlo y vio que él tenía su mirada fija en ella. Un escalofrío recorrió su espalda.

- Ikuto…- él le hizo una seña que se callara, y ella así lo hizo.

Él se acercó lentamente a su rostro y se le quedó mirando, con esos profundos ojos zafiro sobre ella. Sus labios estaban tan cerca que podían sentir la respiración del otro. Así, cada vez que ella aspiraba por la boca, aspiraba el aliento de Ikuto, un aliento caliente y que sabía a pecado.

Sus labios se juntaron y ella dejó de pensar racionalmente a partir de ese momento. Sólo se dejó llevar por las sensaciones y por el latido acelerado de su corazón, que le gritaba algo que ella aún no lograba comprender. Se separaron por falta de aire e Ikuto se ofreció a acompañarla a su recámara, ella solo asintió, incapaz de expresar palabras de aceptación o rechazo debido a lo confundida que se encontraba.

Llegaron a su recámara y ella se quedó mirando la puerta, con miedo de ver hacia él. La abrió y aún sin mirarlo, se despidió.

- Buenas noches- soltó rápidamente, queriendo escapar cuanto antes.

- Amu- su voz la hizo detenerse- Amu, mírame- aún en contra de lo que la lógica le indicaba, hizo lo que él le dijo- Te amo, Amu- le dijo de manera seria, derribando todas sus paredes.

- ¿Cómo?- ella no podía creerlo, era imposible que él estuviera enamorado de ella- Pero, nos conocemos hace muy poco.

- Eso no me importa, yo te amo- le respondió firmemente.

No. Ella no podía contra esas palabras. Y su resistencia se debilitaba, cuando su corazón comenzaba a hablar más claro. Yo también te amo, Ikuto.

- El mundo no es tan bueno como lo muestra- le respondió ella- Y ambos estamos demasiado adelante como para volver atrás- concluyó.

Junto sus labios con los de Ikuto, mostrando como tenía razón. No había vuelta de esto, no de lo que sentían y no de lo que iba a pasar esa noche. Entraron en su recámara, olvidándose del mundo, de una forma similar a la que lo habían hecho durante el baile.

Mientras su corazón se aceleraba aún más, las ropas se iban separando de sus cuerpos y sus pieles se tocaban aún más, ella pensó que esa clase de tela sobre ella siempre tenía el mismo fin.


Y así termina el baile. O al menos la noche del baile. ¿Qué les pareció?

Adiós Hikaru. Amu eligió, y Hikaru no reemplazará a Ikuto. Uno menos, aún queda saber que hará con los otros tres que le quedan. Sinceramente, Amu tiene suerte, no todas tenemos a tres hombres tras una.

Rimahiko, Rima como siempre tan terca y Nagihiko como siempre tan paciente. Es gracioso como los celos pueden hacer que confundas la amabilidad con coquetería. Esperemos que Rima comience a escuchar las voces en su cabeza, y las de fuera de su cabeza también, y se dé cuenta de lo que siente por Nagi.

En la primera revisión de esta parte del capítulo, no había nada contado sobre Yaya y Kairi, luego me llegó la inspiración y apareció la escena que leyeron. Y así su historia terminó siendo mi favorita, junto con la de Kukai y Utau. Como ven, puse un poco de todas las parejas, y me encargué de desaparecer a Tadase (sonrisa malvada). Por lo que me siento complacida con eso.

Todas las parejas dieron un gran salto, en especial la principal, el Amuto. ¿Que sucederá a partir de ahora? Nadie sabe cuando el marido de Amu volverá, cuando la reina de Easter aparecerá, como se desarrollaran las cosas. ¿Qué pasará cuando Amu y Kukai se vean? ¿Y cuando Utau e Ikuto se enfrenten? No piensen que este es el final, porque aún falta todo esto por resolver.

Cumpliendo lo prometido, les dejé la continuación del baile. No olviden dejar sus opiniones, son muy importantes para mi, me ayudan a mejorar. Bueno, espero que les haya gustado. ¡Hasta el próximo capítulo!