Otro capítulo de Love Kingdom. Realmente, me siento feliz de no haber demorado tanto en subirlo como el anterior.
Este capítulo tal vez aclare algunas cosas que venían pasando en capítulos anteriores, o tal vez los confunda más, pero lo importante es que este capítulo es así porque ya estamos casi al final de la historia. No pienso alargar la historia, ya que no me gustaría tener que hacer pasar a una mujer embarazada por tanto problemas u.u
Disclaimer. Shugo Chara y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a Peach-Pit.
- ¡¿Estás embarazada?!- el grito de Yaya resonó por el lugar, obteniendo la atención de todos.
Al menos por unos segundos, luego la atención de todos estaba puesta en la Joker, quien todavía parecía estar en shock de haber sido descubierta. Nadie dijo nada, todo estaba envuelto en un silencio incómodo. Ella intentó decir algo, dar una orden que calme a todos y que quite la atención de sobre la Joker. Pero antes de que algo saliera de su boca, la Joker salió corriendo del salón, provocando aún más silencio.
Y en medio del silencio, el grito de Kukai quien salió corriendo detrás de ella, pesaba mucho.
- Discúlpeme, Su Majestad- dijo cuando estaba a punto de retirarse del salón, inclinándose hacia Tadase- Pero tengo que retirarme- soltó antes de salir del salón, seguramente para alcanzar a la Joker.
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Los murmuros comenzaron a sonar, una reacción que ella habría podido evitar si Amu le hubiera dado tiempo para hablar. Aunque, lo admitía, también habría sido capaz de calmar la situación si ella misma no se hubiera sorprendido de la manera que lo hizo. Pero no podía evitarlo, la noticia la había tomado completamente desprevenida. ¿Un embarazo? ¿Un hijo? Nunca pensó que tendría que hacerse cargo del bastardo del rey tan pronto. Y hablando del rey…
El rey Ikuto estaba allí en su trono, tieso como una piedra e incapaz de quitar de sus ojos esa sorpresa que había dejado la noticia del embarazo de la Joker. Sus manos se aferraban con fuerza al apoyabrazos del trono, mientras que la princesa colocaba una de sus manos sobre el brazo del rey, en señal de apoyo.
Miró a Tadase, consultándole con la mirada y él le sonrió, indicándole que actuara normal. Para él era fácil, él ni siquiera debía sospechar que el hijo de la Joker también era del rey de Easter. No sabía en que posiciones los colocaba, y que problema podrían surgir. Las personas seguían murmurando acerca de la noticia y de la huída de Amu, ella tenía que callarlas.
- El evento de esta noche a terminado- declaró mientras se levantaba su trono- Todos los sirvientes cuya obligaciones hayan terminado se retiran, quiero que sólo los encargados de la limpieza se queden en el salón- miró a Tadase- Yo me retiro a nuestra recámara, ¿vendrás también?
- Ya todo terminó por hoy- le dijo con una sonrisa- Mejor es ir a descansar.
Tadase se acercó a ella y la acompañó hasta la puerta, la realeza de Easter también se retiró. En el salón sólo quedaban los sirvientes, por el momento todo estaba controlado. Más mañana sería una nueva lucha.
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- Amu, espera- Kukai la tomó del brazo, haciéndola parar- No debiste haber huido así, eso sólo provocó que aumenten los rumores.
- Lo sé- le contestó, mientras se pasaba una mano por la cara- Sé que no debí salir así, pero actúe por instinto.
- ¿Y qué piensas hacer ahora?- le preguntó, preocupado por ella.
- Nada, en cuestión de horas todos en el castillo lo sabrán y tengo que hacerme la idea.
- Ya sabes, ellos piensan que tú eres una doncella soltera- comenzó a hablar él, llevándola a la recámara- Dirán cosas de ti por estar embarazada soltera.
- Supongo- jugó con los bordes de su vestido, con algo de nervios- Pero no hay nada que pueda hacer, si ellos deciden pensar sobre mí de esa manera es cosa de ellos, yo sé que no hice nada malo.
- No sé si sea bueno para ti estar en un ambiente así- dijo de manera seria- Talvez…
- No voy a volver al reino- le interrumpió, sabiendo lo que diría- No aún, y no sin que él me acompañe.
- Sabes que a él le quedan todavía cosas para hacer.
- Entonces lo esperaré aquí- contestó con decisión.
- Amu, no- apretó sus hombros con fuerza- Lo lamento, eres mi amiga, y no quiero forzarte, pero no puedes quedarte aquí, al menos no estos primeros tiempos.
- Kukai, yo…
- Te irás- le ordenó- Mañana antes de que todos comiencen sus actividades, tendré un carruaje preparado para ti y en el que partirás hacia el reino. No puedo permitir que estas personas digan cosas de ti y te insulten, se lo prometí a él, que te cuidaría de todo. Ve al reino, yo me encargaré de la situación, de aclarar las cosas y limpiar tu imagen.
- Pero eso puedes hacerlo aún estando yo aquí- le reclamó.
- ¿Y que hay de Ikuto?- ella se calló ante esa pregunta- Sabes que intentará acercarse, hablar de esto contigo, ¿Cómo haré para limpiar tu imagen si alguien descubre de su relación?
- ¡No hay ningún tipo de relación!- dijo en nerviosismo, separándose de Kukai- Yo amo a mi esposo- le aseguró.
- Lo sé, pero no todos confiarán en tus palabras como yo lo hago. Si alguien los ve, si siquiera los ven hablar, sacarán sus conclusiones. Nadie se ha olvidado del baile y podrían empezar a relacionar cosas que no son.
- Pero…
- ¿Quieres que llamen a tu hijo como el bastardo del rey?- le preguntó de manera seria, con el enojo colándose en sus ojos esmeralda.
- ¡No! Mi hijo no es un bastardo…
- Entonces haz lo que digo- se dirigió a la puerta- Prepara tus cosas, empácalas todas y espera a que venga a buscarte para que tomes el carruaje- terminó de decir y se fue.
Ella se quedó allí en la recámara, sin saber muy bien que hacer. Decidió obedecer a Kukai, como primera medida. Comenzó a guardar todo en las maletas en las que lo había traído, y mientras estaba a mitad de eso, Yoru saltó sobre una, llamando su atención.
Supo que traía un mensaje y se dirigió a su collar, para retirar la carta. Aunque esta vez era un pequeño pedazo de papel doblado.
Sólo faltan unos pocos días, dentro de poco iré a buscarte. Te amo, Amu.
Eso es todo lo que decía. Guardó esa "carta" junto con sus otras cosas y siguió su tarea, con una sonrisa. Ahora sabía bien lo que iba a hacer, y estaba decidida con ello.
Horas después, cuando afuera aún era de noche, Kukai pasó a buscarla como prometió y la ayudó a llevar sus maletas. Cargaron todo en el carruaje y la ayudó a subirse, reteniendo su mano una vez que ella ya había subido.
- Amu- la llamó y ella se volvió a verlo- Buen viaje- le dijo con una sonrisa.
- Gracias, me muero de ganas de volver- mintió, para que no descubriera su plan. Él se rió.
- Siempre fuiste una mala mentirosa ¿sabes?- él suspiró- Está bien, haz lo que quieras, sé que di mi mejor intento- esbozó una pequeña sonrisa- Dios, realmente eres un problema. No sólo me espera una reprimenda por parte del rey, sino que cuando él vuelva me dará una paliza por no lograr que volvieras al reino.
- Lo siento- dijo con sinceridad- Eres mi amigo y no me gusta causarte problemas.
- No importa, si no estuvieras por ahí no sería tan interesante. Supongo que te quedarás en un reino cercano- ella asintió- Bien, si llega algún mensaje de él, te lo haré llegar- se dieron un apretón de manos amistoso, y él cerró la puerta.
Vio como Kukai le indicaba el nuevo destino al cochero y como la despedía a medida que se alejaba el carruaje. Ella le sonrió, despidiéndose también. Aunque al sacar la cabeza por la ventana, también pudo ver a esa figura en el balcón del estudio del rey Tadase, que la observaba irse, se despidió de ella también, teniendo una sospecha de quien era.
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- ¿Qué piensas hacer respecto a eso?- preguntó Utau, entrando en el despacho.
- Nada- contestó, provocando el asombro de Utau.
Él miró el juego de ajedrez en la mesa, piezas perfectamente armadas y colocadas. Tomó el rey en sus manos.
- Eso está más allá de mi campo de movimiento, el rey solo puede moverse muy poco.
- No es momento para tus analogías- le replicó de manera brusca- Esto no es un juego, es algo sumamente importante.
- Lo sé, y debido a lo importante que es, es que no puedo tomármelo a la ligera.
- ¿Esa es tu respuesta?
- Lo es.
- ¿Y que hay respecto a Amu? ¿Simplemente dejarás que se vaya?
- No, ella es mía ahora, y no permitiré que alguien más tenga lo que es mío.
- ¿Entonces la llevarás a Easter? ¿En secreto?
- No, todos verán cuando ella se vaya conmigo, no pienso ocultarlo.
- Pero, tú, el rey…no puedes llevarte a la Joker, no cuando tu reina te espera en Easter.
- De eso me encargaré yo cuando llegue su momento. Ahora, que hay del Jack- Utau evitó su mirada- Cometió una insolencia hoy, y lo más probable es que reciba un castigo.
- Lo…Lo hizo para proteger a Amu, no creo que él se arrepienta…pero…
- Pero, tú también lo has notado ¿verdad? Los gestos del rey, sus verdaderas intenciones- las manos de ella se volvieron puños- Si te molesta eso, debiste haber actuado antes y marcarlo como tuyo.
- Yo conozco mi lugar- le replicó, mostrando su rabia- Soy la princesa de Easter, estoy aquí en compañía del rey en una misión diplomática. No estoy aquí para conseguir un compañero. Y más importante, sé que no debo involucrarme con algún sirviente. Tú eres el que no entiende el lugar donde está, tú nunca lo haces- le reclamó, saliendo enojada del lugar.
- Yo también conozco mi lugar, y conozco las reglas. Pero, como lo dije antes, me manejo por mis propias reglas- le respondió, aún sabiendo que ella no lo escuchaba.
El dejó la pieza de nuevo en el tablero y tomó en su lugar a la reina. La reina, la pieza que tiene una gran variedad de movimientos, a diferencia del rey. Sonrió, su reina pronto se estaría moviendo. Sólo era cuestión de esperar a que llegara el momento correcto.
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- Su Majestad- Kukai se arrodilló delante de ella- Le pido que me permita explicarle la ausencia de la Joker, de Hinamori Amu.
- ¿Huyo de vergüenza? Después de todo es una doncella soltera, y embarazada.
- Ella no es soltera- aquello la sorprendió- O al menos eso es lo que me gustaría informarles a los demás.
- Entonces mentirás.
- Yo…asumiré el papel de su esposo y el padre de su hijo- declaró- Le pido que Su Majestad me respalde en esta historia.
- ¿Cuál es tu plan?
- Quisiera decirle a los demás que Amu y yo éramos un matrimonio antes de entrar a servir en el castillo, sólo que se mantuvo en secreto por orden real.
- ¿Y por qué nosotros ordenaríamos tal cosa?
- Entonces, que sea con un permiso real. Nuestro deseo, apoyado por Su Majestad.
- ¿Realmente estás dispuesto a asumir ese papel?- él asintió- ¿Aún a pesar de que es hijo de otro?
- Lo haré, asumiré el papel.
- Está bien, realmente no quiero este tipo de problemas en el castillo, menos cuando aún tenemos a la realeza de Easter como invitados. Te concederé lo que deseas, si la duda alguna vez llega a nosotros, confirmaremos la veracidad de tu historia.
- Se lo agradezco mucho, Su Majestad- se levantó al fin, mostrándole su rostro con una cicatriz de corte en su mejilla izquierda.
- Supongo que ya recibiste tu castigo por tu insolencia de ayer- comentó, él asintió.
- Con su permiso- se inclinó y se dio la vuelta para retirarse.
- Sin embargo- agregó- Sabes que ningún miembro de la realeza será capaz de brindarte ayuda si el verdadero padre reclama al niño- él sonrió.
- No se preocupe por eso, no pasará- el aseguró, y se retiró.
¿Qué no pasaría? ¿Cómo estaba tan seguro? Después de todo, aquel chiquillo que la Joker cargaba en su vientre traía sangre real, y teniendo en cuenta lo delicada que era la sucesión en el reino de Easter, dudaba que el rey se quedara sin hacer nada.
¿Qué clase de situaciones tendrían que enfrentar?
Decidió que lo mejor no era sentarse allí, esperando a que llegaran. El rey estaba allí, ella hablaría con él y aclararía las cosas con él. ¿Se llevaría al chiquillo? ¿Lo reclamaría como suyo? ¿O tendría al bastardo del rey corriendo por los pasillos de su castillo?
Se dirigió a la recámara del rey Ikuto, entrando cuando escuchó la indicación desde adentro, y le ordenó a Nagihiko que esperara afuera. Ella sabía de la amistad de Nagihiko con la Joker, y no quería su intervención en esta situación, si algunas de sus palabras o métodos le parecían bruscas.
- ¿Para que me buscabas?- le preguntó el rey, sentado frente a u escritorio.
- Sabes para que, vengo a hablar de la Joker, de Amu- respondió.
- ¿Qué hay con ella?- siguió él, como si no entendiera que pasaba.
- No estoy para juegos- le aclaró- Voy a ser directa, ¿el niño que ella está esperando es o no es tuyo?- sus gestos se endurecieron y notó como su cuerpo se tensaba.
- No mentías al decir que ibas a ser directa.
- No acostumbro a mentir con temas serios- le replicó- Ahora, quiero una respuesta.
- Aún así, sigo sin ver porque debería importante.
- Es importante, soy la reina de Seiyo. Si el niño es tuyo, y no lo reclamas, eso significaría que tendría a tu bastardo corriendo por los pasillos de este castillo dentro de unos años. Sin contar que, aún sin haberlo reclamado, nos pidas que le brindemos protección, ya que es un posible heredero al trono. A menos de que lo abandones completamente, lo que nos dejaría libres, también si el pequeño no es tuyo- tomó aire- Como ves, es muy importante para mi saber como son las cosas, y también me gustaría saber como piensas actuar.
El rey la miraba fijamente, en sus ojos reflejándole el enojo que sus palabras le habían provocado. Por alguna razón se había enojado mucho ante la idea, pero eso no le importaba. Ella sólo quería saber si el niño era de él o no, nada más.
- Está bien- dijo luego de un rato- Si quieres saber…desde que yo llegué a Seiyo, el único momento en que la toqué fue en el baile- le respondió, ella lo examinó, viendo que decía la verdad- Así que te puedes hacer una idea de si soy el padre del niño o no.
- Entiendo, gracias por colaborar. Eso era todo lo que tenía que discutir contigo- terminó de decir, comenzando a retirarse.
- El hijo de un miembro de la realeza con un sirviente es realmente un problema ¿no?- le preguntó él, con burla- En especial si una mujer miembro de la realeza es la cumple la falta, eso suena casi imperdonable.
- Supongo que lo es, pero no entiendo el punto de que me digas esto.
- No, supongo que no lo entiendes- comentó enojado- Ten cuidado reina, no siempre vas a poder controlar todo como deseas, siempre un hecho inesperado puede suceder.
Ella salió, preguntándose que habrá sido a lo que se refería el rey con aquellas palabras. Suspiró, aquello no le importaba, ya sabía lo que quería. El hijo de la Joker no era el bastardo del rey, por lo que no significaba ningún problema para ellos. Ya no había nada más que saber. Pero, a pesar de que se decía eso a ella misma, aún había una parte de ella que genuinamente quería saber quien era el padre de ese niño.
- Dime, ¿Quién crees que sea el padre del hijo de Amu?- le preguntó a Nagihiko. Él miró a la recámara de donde ella había salido hace unos instante- No es él- le aclaró- Acabo de preguntárselo y me confirmó que no es el padre.
- No creo saber quien podría ser, Su Majestad- le respondió.
- ¿Qué hay de Kukai? ¿Él podría ser el padre?
- ¿Kukai? Supongo que si podría serlo, pero no me lo podría imaginar. Ellos son muy buenos amigos.
- Él asumirá el lugar como el padre, dice que lo hace para proteger su imagen, pero bien podría ser porque él es el verdadero padre.
- ¿Qué es lo que Su Majestad piensa?
- No lo sé, mis sospechas estaban puestas en el rey completamente, una vez que supe que él no es, no tengo idea de quien más podría ser.
Sacudió la cabeza, decidida a dejar de pensar en el tema, quien fuera el padre no debía importarle, y no le importaría.
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- ¡Vamos, Amu! ¡Apúrate!- le llamaba su amiga, corriendo delante de ella.
- Espera, no vayas tan rápido- le pedía ella, ya solo viendo el brillo del adorno en su cabeza, que lucía como un diamante, un adorno que quería mucho y que tal vez había sido la inspiración de su nombre artístico en el presente- Ya estoy cansada- dijo en un puchero, acelerando, para ver si así se acercaba un poco a ella.
Alcanzó a verla y aceleró aún más, pero con eso solo consiguió caerse, golpeándose las rodillas contra el duro suelo.
- Duele- se quejó, revisándose sus rodillas y viendo que tenían algo de sangre.
- Se ve doloroso- sintió una conocida voz decir, ella se volteó para verlo parado detrás de ella- Sabía que esa carrera que querían hacer iba a terminar con una de ustedes lastimada- dijo con enojo.
- Lo siento- se disculpó, él suspiró.
- No te disculpes, es todo idea de ella, tú sólo la quieres mucho como para decir que no- le dijo con una sonrisa, ofreciéndole su mano- Vamos- la cargó en su espalda- Vayamos a casa y allí te revisaran tus rodillas.
- Está bien- ella se agarró bien, colocando su cabeza sobre uno de sus hombros- Gracias.
- No hay de qué- le aseguró sonriente- Es divertido cargarte, aunque seas muy pesada- se burló de ella, provocando que su cara se pusiera roja de rabia.
- ¡No estoy pesada!- le reclamó, provocando que él se riera.
- Lo sé- le dijo luego de que dejó de reírse- Eres liviana como una pluma- ahora su cara se estaba volviendo roja de vergüenza- Podría cargarte de esta forma para siempre- agregó en un murmuro.
Ella suponía que debía estar echando humos por los oídos, debido a lo caliente que sentía su rostro en este momento. Era la primera vez que recibía un halago de algún niño que no fuera un familiar suyo, él era su amigo, pero aún así, no pudo evitar sentirse muy feliz. Él ya tenía 12 años, y ya había conocido a muchas chicas, que la halagara a ella, una pequeña de ocho años, la hacía sentir especial.
"Y yo podría estar junto a ti de esta forma para siempre" Eso era lo que quería decirle, pero no se animaba, la vergüenza se lo impedía.
Llegaron a la casa de él, donde los padres de ella también estaba, y lo hicieron mientras su amiga les contaba a sus padres el porque se demoraban tanto.
- En serio- insistía, mientras tiraba del vestido de su madre- Ellos se están demorando porque están ocupados besándose- la cara de Amu tardó un microsegundo en hervir al escuchar las palabras de su amiga- Kissu Kissu- hacía gestos con las manos, haciendo como si estas se besaran- Todo el día están así y no me hacen caso- terminó diciendo, en un puchero.
Los adultos se rieron de sus gracias y su madre le acarició la cabeza. Ella entró rápido en la habitación, bajándose de la espalda de su amigo.
- ¡Eso no es cierto!- aclaró en un grito- Yo no estaba…ha…haciendo eso, de…de…b- tartamudeaba a causa de la vergüenza que le causaba decir siquiera la palabra "besarse".
- Deja de decir mentiras como esa- su amigo colocó una mano en su cabeza, en un gesto para que se tranquilizara- A nadie le gustan las niñas mentirosas- su amiga infló los cachetes- Y menos cuando dicen mentiras tan feas como esas. ¿Cómo puedes decir algo así de tu amiga, cuando sólo tiene ocho años?
- Pero ella quiere hacerlo- le replicó, al comienzo de un berrinche- Y tú también, no me digan que no, yo los veo. Ustedes se gustan.
- Yo nunca dije que quisiera be…be…bes- volvió a tartamudear.
- Ya, ya, Amu-chan- la consoló su mamá, sonriéndole- Papa y Mama saben que Amu-chan no estaba haciendo eso.
- ¿En serio?- preguntó, incrédula de que le creyeran.
- Preguntando así, van a pesar que al final todo era cierto. Y puede que nos quieran casar si piensan que nos besamos- se burló su amigo.
Sintió su cara hervir aún más y se escondió detrás de la falda del vestido de su madre, antes de sacarle la lengua a su amigo.
- Yo nunca me casaría contigo- le dijo antes de seguir sacándole la lengua.
- Yo tampoco- le replicó, sacándole la lengua también, pero viéndose mil veces más genial de lo que ella lo hacía.
- ¿Saben, chicos?- habló su madre- Siempre está aquel dicho que dice "nunca digas nunca"
Ambos la miraron confundidos, antes de mirarse entre ellos y apartar la mirada, con una vergüenza que no sabían de donde habían sacado.
¿Era posible que su madre lo haya sabido desde ese tiempo? Lo más seguro era que sí, y por eso les había soltado su frase. Una frase que quedaba perfecta, desde que estaba casada con aquel que dijo que nunca se iba a casar y que ahora estaba alegremente esperando un hijo de él.
Abrazó su vientre, mientras miraba a través de la ventana del carruaje como entraban en el reino, el reino que estaba más cerca de Seiyo. Estaba a solo unas horas de distancia y si ella necesitaba volver a Seiyo, lo podría hacer en nada de tiempo. También hacía más fácil el comunicarse, y era también con ese motivo, que había traído a Yoru con ella, así aprendiera el lugar donde ella se encontraba.
Aunque, si lo pensaba bien, si traía a Yoru con ella, ¿Cómo haría Kukai para comunicarse? Una carta demoraría mucho, lo más rápido y discreto sería un animal mensajero, como Yoru.
- ¡Oh no!- exclamó, dándose cuenta de lo que usaría.
- ¿Se encuentra bien, señorita?- le pregunto el conductor del carruaje, al escuchar como ella casi había gritado.
- S…Si- logró responder- Sólo es que creí que me había olvidado muy importante, pero no importa ya, ya lo encontré.
¡Kukai iba a usar al demonio! Rogaba al cielo que no hubiera ningún tipo de mensaje para ella, así Kukai no mandara a ese cuervo del demonio, que él aseguraba que era una paloma, para entregarle la carta.
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El rey se encontraba en su despacho, revisando unos papeles importantes, y él sólo esperaba pacientemente a que las horas pasaran. De vez en cuando, el rey se volvía a verlo y sonreía, de seguro recordando el castigo que le había puesto por la insolencia de salir corriendo tras Amu. Él no reaccionaba, y esperaba a que todo esto terminara.
En medio del silencio, la puerta se abrió de manera estruendosa, y el rey Ikuto entró en el despacho, con el paso firme típico de un rey. Mientras Tadase era el príncipe blanco que había subido al trono, Ikuto podía ser considerado como el rey de oro que surge de la tierra y se adueña del reino, sin detenerse ante nada. Las diferencias entre ellos eran obvias e Ikuto parecía haberse encargado de resaltarlas en este momento.
- Dos días- pronunció con firmeza- Dentro de dos días, la caravana real de Easter llegará a retirarme de aquí. Te aviso para que sepas preparar tu despedida diplomática- fijó sus ojos nocturnos sobre Tadase- Y quiero a la Joker, no, a Hinamori Amu que esté presente en esa despedida- declaró, antes de retirarse de la habitación.
Retirándose de la misma forma que entró, nunca esperando una orden o indicación por parte de Tadase. El silencio rodeándolos de nuevo, cuando su presencia ya no estaba en el lugar.
- Ya lo oíste- dijo Tadase luego de un tiempo, con un tono de voz tranquilo- Tú eres el único que conoce su ubicación y la forma de comunicarse con ella, asegúrate de que esté presente en la despedida al rey.
- ¿Simplemente va a hacer todo lo que él ordene?- le interrogó, algo curioso por su sumisión.
- Por supuesto. ¿Qué otra cosa podría hacer? Después de todo, él es el rey de Easter y el poseedor de aquel artefacto. Simplemente cualquier poder que yo pudiera poseer, palidece al lado de todo el poder que él maneja.
- Entiendo- dijo en un asentimiento- Con su permiso, me retiro a cumplir su orden- declaró mientras se inclinaba ante el rey.
Se dirigió al invernado y llamó a su mensajera, que se posó en su mano al instante.
- Es tiempo de que Amu regrese- dijo mientras colocaba el mensaje en la pata de la paloma- Y es mi oportunidad de devolverle una de todas las veces que me metí en el barro por ella- dijo con actitud infantil mientras le indicaba a la paloma de plumas moradas que alce el vuelo.
Sé que me vas a querer matar cuando ella llegue junto a ti pensó, mientras los gritos de enojo de su amiga lo hacían reír de la expectación.
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- Sabía que no volverías al reino- sintió una voz masculina decirle.
Volteó a ver, y lo encontró allí, sentado al borde de su ventana como si no fuera nada. Como si no fuera una proeza el que haya llegado hasta donde su ventana se encontraba y como si no fuera peligroso que se quedara allí, donde corría el riesgo de caer por varios metros.
Ella suspiró y sacudió la cabeza, sabiendo que él siempre sería así.
- Al parecer no eres al único que no logré engañar- respondió
- Eso es porque yo te conozco muy bien- dijo con una sonrisa traviesa, bajándose de la ventana- Y tu gran determinación, casi necedad, es lo que más me gusta de ti- se paró frente a ella, sólo centímetros los separaban- Junto con muchas otras cosas de ti que me gustan- agregó en un susurro, mientras acercaba su rostro al de ella.
Su corazón se aceleraba mientras su apuesto rostro se acercaba al de ella, con unas intenciones que eran obvias en la mirada que él le daba. Pero, por primera vez, la timidez o su corazón acelerado no evitaron que su mente siguiera funcionando y así logró hacer algo para detenerlo.
- Estoy embarazada- le dijo con rapidez, sabiendo que eso lo detendría.
Y él hizo como ella planeó. Paró, suspiró y alejó su rostro mientras le daba una sonrisa resignada.
- Lo sé- dijo luego de unos momentos de silencio- Kukai se le contó a Diamante Negro.
- Ah…está bien- contestó con nerviosismo, alejándose unos cuantos pasos de él.
- ¿Ya se lo dijiste?- preguntó con calma.
- ¿A quién?- él sacudió la cabeza.
- Sabes de quien hablo- respondió- Tu esposo, ¿le avisaste del embarazo?
- N…No, aún no. Pensaba decírselo cuando estuviéramos de vuelta en el reino- se explicó.
- Eso es muy egoísta- declaró, sentándose en una silla que había allí.
Ella calló, con el corazón doliéndole ante lo fuerte de las palabras que él había soltado sobre ella.
- N…No lo e…
- Lo es- le interrumpió- Es egoísta, ¿no crees que a él le gustaría compartir la alegría de la noticia junto a ti?- fijó sus profundos ojos en su rostro.
- Yo…yo sólo…
- Si fuera yo, te castigaría por algo así.
Ella se tensó en su lugar y miró con ojos incrédulos a su acompañante.
- Si tanto deseas dejar la noticia para ti sola, talvez dejaría que te quedaras sola por un tiempo- suspiró- O eso es lo que intentaría hacer si yo fuera el padre.
- Tú… ¿tú crees?- una lágrima bajó por su mejilla- ¿Crees que él me haría algo así?
- No- fue su respuesta instantánea- No lo haría- escuchó un golpe seco y vio que él había pegado su cabeza contra la pared- Él no lo haría, porque si sus sentimientos hacia ti son al menos la mitad de fuertes que los míos, esa separación la sufriría más él que tú- se levantó de la silla y se acercó a ella- Perdóname por haberte dicho algo que te hizo llorar- se disculpó mientras la abrazaba.
Ella cerró los ojos, comenzando a calmarse gracias a la calidez del abrazo y a la seguridad que sentía mientras sus brazos la envolvían. Escuchó como él suspiraba de nuevo.
- Esto no está bien, en el estado que estás y lo imposible que se me hace controlarme, no puedo evitar dañarte- dijo con pesimismo- Debo irme ahora, es lo mejor- la soltó y se dirigió a su ventana, dispuesto a salir de la misma forma en que entró.
- Espera- dijo, mientras lo tomaba del brazo- no…no te vayas.
- Amu…
- Quédate conmigo un rato más- le suplicó- Yo…me siento sola- confesó, mientras lágrimas bajaban por su rostro- Estoy sola aquí, y extraño mucho a los demás.
- Está bien, me quedaré un poco más- le dijo con una sonrisa.
La guió a su cama y se sentó junto a ella, acariciándole los cabellos con una mano mientras que con la otra limpiaba sus lágrimas. Sonrió satisfecho luego de que su tarea había terminado.
- Y… ¿Cómo se siente haber vivido en el castillo de Seiyo?- le preguntó casualmente.
- Es un lugar muy tranquilo y la gente es muy agradable también, no fue muy difícil sentirme a gusto allí- contestó con una sonrisa, apoyando su cabeza en el hombro de él, agradeciendo su compañía, esos días allí habían sido realmente solitarios- Por ejemplo, esta aquella vez…
Así, le siguió contando al compañero de su amiga todos los buenos momentos que había pasado en Seiyo, sintiéndose mejor con cada anécdota que relataba. Él solo se quedaba en silencio, escuchando todas y sonriendo de vez en cuando, buscando animarla. Su compañía y la compañía de sus amigos en sus recuerdos terminaron de quitar la tristeza de su corazón. Amu comenzó a sentirse muy relajada, tanto que no notó cuando había dejado de hablar y había quedado dormida.
Su corazón saltó en su pecho cuando se despertó, al ver a la mascota del demonio sobrevolar su cabeza.
- ¡Ah!- gritó con fuerza, debido al susto.
Ese maldito cuervo aleteó con más fuerza sobre ella, despeinándola aún más. Ella intentó gritar de nuevo, pero una mano le cubrió la boca y luego otra espantó al cuervo lejos. No tanto como ella quería- ya que aún seguía en la habitación pero en la punta opuesta a donde estaba ella- pero lo suficiente como para calmarla.
- No grites de nuevo- dijo una grave voz en su oreja- O la gente cerca podría asustarse- se levantó de la cama y se dirigió al cuervo.
Ella miraba atentamente como se acercaba y lograba que el cuervo dejara que retirara el papel envuelto en su pata. Ciertamente, estaba enojada. Ese cuervo siempre la molestaba y esta vez si que le había causado un susto enorme.
- Toma- le entregó el papel- Obviamente es para ti, ya que Diamante Negro no sabía que vendría- ella miró el papel, recordando las palabras de Kukai- Bueno, me voy- dijo con tranquilidad, antes de saltar por la ventana.
Ella corrió a verlo, pero cuando llegó a la ventana, él ya no estaba a la vista.
- Supongo que adiós- dijo al aire.
Volvió a su cama y tomó aire antes de leer la nota de Kukai.
Es tiempo de volver, Amu. Tienes una última presentación que hacer antes de Él venga a buscarte.
Su corazón se aceleró ante lo que este mensaje significaba. ¿Su marido volvería? ¿Al fin volvería a estar a su lado? Con emoción, comenzó a recoger todo y planear su vuelta. Era por esto por lo que había esperado por mucho tiempo.
Entonces, mientras seguía fantaseando acerca de eso, terminó de entender las palabras que Kukai había escrito. ¿Última presentación? ¿Eso significaba que necesitaban a la Joker? ¿Para qué? Suspiró y luego se encogió de hombros, suponía que cuando volviera a Seiyo se enteraría para que la necesitaban.
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- Su Majestad- un sirviente se inclinó ante él- Su Majestad el rey Tadase me mando a informarle que la ceremonia de despedida ya está por comenzar, que se dirija al gran salón.
- Está bien, avísale que en un momento voy- le ordenó de vuelta y el sirviente se retiró.
- ¿Entonces asistiremos a la despedida?- preguntó Utau, luciendo algo confundida.
- No, sólo dije eso para que se fuera- le contestó.
- Hiciste llamar a Amu para que se presentara en la despedida, ¿y ahora no vas a ir?
- Exacto.
- ¿Vas a dejarla sola?
- El show debe continuar, ¿no es así la frase?- le replicó, sonriendo ante la expectación de lo que venía- Aparte, ella es una profesional, ella sabrá que hacer aún si yo no estoy allí- tomó su maletín y se dirigió a la puerta.
- ¿Cuál es tu plan?- le preguntó de manera seria, siguiéndolo.
- Quien sabe- Utau le dirigió una mirada feroz- Confías en mi ¿no?- ella asintió- Entonces haz como todas las otra veces, sólo espera a mis órdenes.
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Su última presentación. Esta era su última presentación. Entonces debía ser épica. Por eso preparó todas las herramientas que había estado evitando usar y se preparó para mostrar todo su arsenal. Les iba a dar un show tal que nadie se iba a olvidar de la Joker Hinamori Amu.
Terminó de colocar un truco en su bota, sus mangas tenían otros más, y Kukai entró en su recámara.
- ¿Lista?- ella asintió- Bien- dijo con entusiasmo- Hora de tu última presentación.
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Un giro en el aire, y cayó al piso con su pose triunfal, terminando el acto. Se arrodilló ante el rey mientras todos aplaudían ante el gran show que les había dado.
- Excelente presentación, Joker- la felicitó Tadase- Realmente hubiera deseado que nuestros invitados hayan podido verla, pero se tuvieron que retirar antes de lo previsto- ella sólo asintió, no perdiendo mucho tiempo en su mente preguntándose en donde podría estar Ikuto.
- Su comentario me halaga, Su Majestad- declaró, antes de pararse- Y tengo algo muy importante que informarle. Yo…- fue interrumpida por alguien que llegó corriendo a donde ella estaba.
- ¡Su Majestad! ¡Su Majestad!- casi gritaba el hombre- Tengo un anuncio muy importante que hacerle- declaró, mostrando una gran nerviosismo- Es mi deber decirle que, acabo de descubrir a la persona que está intentando atacar a la corona- la señaló- La Joker, Hinamori Amu, es una espía que planea destruir la realeza de Seiyo desde adentro.
Y con eso termina el noveno capítulo de Love Kingdom.
Definitivamente van a pasar muchas cosas en el capítulo que viene.
Para los que pensaran que la palabra bastardo sonaba muy fuerte. Tengo que decir que usé esa palabra debido al tiempo en que se desarrolla la historia, aún a pesar de que a mi también me sonaba muy brusca, y es algo común que a los hijos concebidos fuera del matrimonio sean llamados bastardos. Siendo peor en el caso del hijo de un rey, por eso es que Kukai estaba determinado a que no pensaran eso de Amu y que no sufriera la discriminación que sufrían las mujeres que cometían esos pecados.
No tengo mucho más que decir, esperen con ansias el capítulo siguiente. Y no olviden dejar reviews con sus opiniones, críticas o comentarios. Los estaré esperando con muchas ansias.
¡Hasta el próximo capítulo!
