Varios cientos de metros bajo la tierra, el bunker de la corporación Oyamada albergaba a lo que había quedado después de la guerra nuclear; en solo 200 años el mundo había cambiado tan drásticamente que era casi irreconocible, mas sin embargo no la mente de los humanos, quienes se habían aferrado a que la guerra era la solución a sus problemas de escases y hambre.

La guerra había terminado con gran parte del continente americano, Australia estaba completamente extinta, y pensar en la Antártica era tan creíble como Atlantis.

Si bien, la corporación Oyamada, una empresa milenaria que era la principal maquiladora de armas de planeta, irónicamente ellos se habían preocupado por refugiar a los niños durante la guerra y nadie mas. Ahora que todo había terminado, y todos eran huérfanos les brindaba educación, entrenamiento para sobrevivir en el exterior y comida.

No era un lugar feliz, ningún niño actuaba con alegría e inocencia, esos sentimientos se habían extinto en el mundo actual, incluso aquel grupo de afortunados sobrevivientes que se encontraban bajo la protección del bunker y no debían de pelear por comida con humanos o animales, ninguno era feliz, eran muy pocos los que alguna vez habían dado señales de optimismo, o de mostrar algún rasgo de personalidad. Era como si ninguno tuviera sentimientos, como si fueran máquinas programadas para sobrevivir día con día, la convivencia era pacífica, nadie se entrometía en los asuntos de otros, y nadie desobedecía las pocas normas del lugar, simplemente a nadie le interesaba salir de su rutina.

Ninguno allí tenía un nombre, eran identificados por cifras según sus rasgos físicos, pero el deseo por reclamar una identidad propia simplemente no sucedía en nadie.

Ese era un día distinto al ordinario en Oyamada Corp. Tenían visitas del exterior, un par de monjes con sus rostros cubiertos en telas observaban al grupo de no mas de 50 adolescentes que habitaban allí, era la hora de la comida, y como siempre el silencio reinaba, algo inconcebible en cualquier otra época. Las manos de la pequeña sacerdotisa temblaban al sujetar su rosario, parecía a punto de entrar en una crisis nerviosa cuando uno de los "guías" del lugar decidió intervenir.

-¿Sucede algo malo?- Preguntó acercándose un poco a la mujer cubierta en velos.

-Indudablemente es ella.- Fue el viejo monje quien hablo, parecía estar emocionado por lo que veía del otro lado del cristal, incluso se quito su capucha, permitiendo al joven guía apreciar el extraño tatuaje de su cráneo, el guía intento no mirar. –Pude sentir su poder incluso desde la superficie, ¿Tu qué opinas?- Se dirigió a la sacerdotisa, quien le contesto con rezos en un antiguo idioma, el monje sonrió ampliamente. –Bien, tendremos que hacer pruebas para estar seguro, ¿No lo crees?

Repentinamente la sacerdotisa perdió su transe y sus músculos se tensaron, extendió sus manos a los lados, dejando caer al piso su rosario, el cual hizo un ruido casi musical al chocar contra el mármol del piso. Bien, ahora en verdad entraría en transe.

La sacerdotisa movió sus manos frente a su rostro, mientras sus ojos se ponían en blanco. Siguió moviendo sus manos formando signos indescriptibles, hasta que una pequeña masa de luz se formo frente a ella; la masa siguió su trayecto directamente al cristal que los separaba del comedor el cual atravesó fácilmente y siguió su camino hasta quedar en medio de todos los jóvenes, quienes parecían no notar que la masa de luz comenzaba a tomar una nueva forma, irradiando energía por todo el lugar. Nadie lo notaba, excepto un par de chicas.

Curiosamente, eran las dos únicas con el cabello rubio, pero ahora ese no era el único factor que tenían en común.

Una de las chicas, la que tenía el cabello mas corto se llevo sus manos a la frente, para proteger sus ojos de la luz, mientras soltaba un gruñido, estaba molesta porque al parecer nadie mas se inmutaba por la cegadora luz que había en el lugar, varios chicos a su alrededor la miraban con el ceño fruncido, sin embargo ninguno otro tuvo alguna reacción inesperada; excepto por la pequeña jovencita de ojos verdes que se sentaba en el rincón, su primer instinto fue ponerse de pie bruscamente, como si estuviera lista para enfrentar la luz, una de las dos chicas con las que siempre estaba intentaba tranquilizarla, mas sin embargo, ella también parecía ignorante ante los rayos de luz.

El monje del otro lado del cristal parecía tan feliz que no sería sorpresa que comenzara a cantar en cualquier momento, la sacerdotisa aun no salía de su transe y el guía, bueno, él no tenía ni la menor idea de que era lo que esos dos buscaban, ni tampoco entendía la repentina felicidad del monje o el estado de la sacerdotisa, pero la condición de esta le comenzaba a alarmar.

-Vaya, que sorprendente.- La sonrisa del monje se amplió al posar sus ojos en la pequeña joven rubia que era detenida por sus amigas. –Buscábamos a una y encontramos a las dos, este si es un día de suerte. Creo que con eso será todo, hermana Leena.

La sacerdotisa cayó de rodillas al suelo, mientras que el guía corría a su auxilio. Las dos jóvenes que habían reaccionado a los rayos de luz parecían casi tan sorprendidas como si hubiesen visto el rostro de dios, convenientemente ninguna hablo, ni siquiera la que estaba rodeada por su par de amigas.

Fue cuestión de segundos en lo que una voz habló a través de las bocinas que había en casi todos los salones del bunker:

- 0-1-3-1 (cero uno tres uno) y 0-1-3-2, preséntense en el lobby. –Y después la voz repitió- Internas 0-1-3-1 y 0-1-3-2 se solicita su presencia en el lobby.

La rubia de los cabellos mas cortos torció su cuello hasta encontrarse con la otra chica que las voz llamaba, juzgando por la forma en que sus amigas la rodeaban pudo entender el porqué les llamaban, pero ¿Ella no había sido tan obvia, o si?.

-Entonces solo nosotras lo hemos visto.- Pensó.

Ella dejo su comida de lado y se puso de pie en silencio, cruzando el comedor sin molestarse en ver a los cincuenta pares de ojos que la vigilaban, se encontró con 0-1-3-2 en la puerta, y mordió sus labios antes de soltar un suspiro.

-¿Crees que hicimos algo mal?- Preguntó tan bajo la chica rubia de ojos verdes, tal vez ni siquiera su compañera la había escuchado.

-Eso lo sabremos en un momento.


N/A:

Bien, este es el primer capitulo.

¿Pueden adivinar quienes son? Yo creo que si (:

Probablemente no veamos muchas escenas de amor en los próximos capítulos -o tal vez veamos tantas que tendremos diabetes al finalizar la historia- pero intentaré de la mayor forma posible el que esto no sea tan aburrido como pienso que es.

P.D: ¿Ya han pasado a dejarle buenos mensajes a Roci? Si no es así, deben hacerlo, el link está en la imagen de la historia.

P.D 2: En realidad no soy mucho de pedir reviews, pero si llego a ver un numero considerable, seré buena y subiré un capitulo especial que he preparado para el día de San Valentín.

P.D 3: Les dejo mi recomendación musical (?) : Gorillaz - El Mañana.

Muchas gracias por leer, y si eres Roci: "FELIZ NAVIDAD!" jajaja, y perdón por el ENORME retraso.