La fría pared a sus espaldas le hacia daño ya que su tacto helado se le clavaba en el cuerpo como miles de agujas y agarrotaba sus músculos. En cambio su garganta en carne viva y sus muñecas, destrozadas por haber intentado soltarse de los grilletes, habían dejado de dolerle hacia un rato, lo que volvía la situación preocupante. De su boca escapo otra bocanada de vaho que se deshizo en la oscuridad opresiva de la celda.
Pero todo aquel dolor físico no era nada comparado con el que le destrozaba las entrañas. Por una parte, les había fallado. Lo sabia por que había visto la mirada de decepción en la cara de sus compañeros cuando le habían cogido: la mirada aterrorizada de Antonio y la mueca de enfado de Vicent y Arthur, pero aquello seguía sin ser nada ya que, en cierto modo, lo entendía. En segundo lugar y lo que más le había dolido de todo, era haber visto en la cara de Gilbert, aquella expresión aliviada cuando se lo habían llevado.
Eso si que dolía. No sabia porque, pero el nudo que se formaba en su garganta cada vez que lo recordaba era insoportable. Había llegado a sentir esperanzas de llegar a ser alguien para el albino igual que Gilbert lo había sido para él, un amigo, alguien en quien confiar, lo que fuera. Había sido tan estúpido.
"Por que yo soy el único que puede matarte" Ahora se daba cuenta de ello. El nudo volvió a aparecer en su garganta como un leve recordatorio de lo que había hecho.
Y no pudo más.
Metiendo la cabeza entre las rodillas para que nadie más pudiera verle o siquiera escucharle, lloro y las lágrimas calientes bajaron por su cara quemándole contra la helada piel. No emitió ningún ruido, su garganta ya no funcionaba.
Estaba completamente solo, pensó. La familia a la que solo veía en ceremonias oficiales, a la que hablaba desde la más absoluta formalidad y a la que se esforzaba en proteger absurdamente, no se podía considerar familia, no cuando lo único que habían hecho por el había sido meterle en aquel maldito trabajo.
Nunca había tenido amigos de verdad, con los que pudiese reír tranquilamente, estaba prohibido y además la gente le temía demasiado como para siquiera acercarse. Por eso que aquellas nuevas personas en su vida habían significado tanto para él. No recordaba ninguna vez que se hubiera podido reír abientemente, como lo había hecho con los amigos de Gilbert.
"Gilbert" volvió a recordar con aquel maldito nudo en la garganta. Solo con él había podido dormir tranquilo, solo él era el único que no le temía, solo él… Un sollozo ahogado escapo de su garganta revotando en las paredes a su alrededor. Todo había sido mentira. ¿Por que debería Gilbert querer ser su amigo si había masacrado a su familia? ¿Por qué no debería temerle si llegaba a casa siempre pringado de sangre hasta arriba?
Era tan estúpido.
No servía para nada más que para matar. Realmente no era alguien necesario para la sociedad. Realmente necesitaba morir. Si, era lo mejor. Ahora su supuesta familia estaría a salvo y ya no haría mas daño a nadie. Era lo mejor.
La vida seguiría, Gilbert reconstruiría su vida, encontraría a alguien con quien pasarla felizmente y se olvidaría del horror que le había hecho vivir. Si, encontraría a otro. Una extraña furia le recorrió las entrañas al imaginárselo.
"No eres nadie para él, solo eres basura" se recordó mentalmente intentando alejarse de la rabia que le corroía.
Si, definitivamente tenia que morir, algo en el no funcionaba como debía, los sentimientos que le provocaba el albino no podían ser normales. Aquella rabia asesina que sentía en aquellos momentos no era buena. Tenia que morir, definitivamente y el mundo seguiría, el caería en el olvido como debía de ser y todo el mundo seria feliz.
"Que vida mas inútil" se lamento secándose las lagrimas pero ya resignado a su suerte.
De repente unos pasos se escucharon en el pasillo resonando contra las paredes de piedra helada. Pesados, tranquilos, monótonos. Ludwig levanto la vista ya sin mas sentimientos dentro por los que llorar, su mente se separo de su cuerpo como cuando le ordenaban matar a alguien. Volviendo todas sus reacciones impersonales. Actuando sin pensar. Había aceptado su destino. Moriría. Ya nada importaba.
Oyó la llave chirriar dentro de la cerradura y entro un chico de pelo rubio. El chico, que debería de ser de su misma edad, se le quedo mirando sorprendido y se pregunto que aspecto debería de tener.
-Em…- comenzó el chico acercándose un poco, detrás suyo entro otro con el pelo aun mas rubio y una mirada escalofriante que no se apartaba del primer rubio.-Soy Alfred general del ejercito americano y el es Ivan, del ejercito Ruso, hemos estudiado su caso y nos gustaría que nos siguiese por favor- pidió amablemente el rubio de gafas
El se le quedo mirando, su mente completamente vacía, su cara sin el mas mínimo sentimiento. Levanto las manos enseñándoles los grilletes a lo que el americano entendió y rápidamente se acerco para soltarle. Cuando estuvo liberado se incorporo sintiendo todos sus músculos agarrotados quejarse, les ignoro y salió de la cela precedido por el americano y vigilado por el ruso.
Era todo tan estúpido. El frio aire que pasaba por su dolorida garganta se sentía tan genial, tan puro, tan perfecto .Su cuerpo dolorido y agarrotado se sentía tan relajado, tan jodidamente bien, incluso la mirada del ruso sobre su espalda era agradable, contacto humano después de una semana en una celda.
No quería dejar aquel increíble mundo, no quería dejar a sus amigos sin una explicación y no quería que Gilbert encontrara a otra persona. Oh no, eso si que no, le quería solo para el y aunque aquello no estuviese bien, era lo que sentía y pensaba hacer. Su mente amenazo con volver a su cuerpo y tuvo que hacer un esfuerzo descomunal para volver alejarla.
Recorrieron pasillos, subieron escaleras y finalmente llegaron enfrente de una enorme puerta de hierro. La luz era clara, y brillante y el ambiente allí era mas cálido, pero el frio se le había metido en el cuerpo y seguía helado. El americano se dio la vuelta y le sonrio cálidamente.
-¿listo?- pregunto con una mirada de curiosidad cual niño pequeño.
El absorbió el aire limpio y fresco cerrando los ojos y lo soltó de una bocanada en una respiración honda, cuando los abrió intento responder, pero su garganta no funcionaba recordó con dolor, asique cerro la boca y simplemente asintió.
Y el americano abrió la puerta.
Dentro había un grupo de gente apiñada alrededor de una mesa, un hombre de apariencia importante con uniforme y con miles de insignias se sentaba presidiendo la sala. A su alrededor se encontraba un grupo de gente que reconoció enseguida. Antonio le sonreía rodeado por la cintura del brazo de Vicent, Arthur y Francis le miraban sin demostrar ninguna emoción y Gilbert…Gilbert fruncía el ceño.
El americano y el ruso le empujaron hacia la mesa donde el hombre de las insignias le dedico una profunda mirada.
-¿Eres Ludwig Beilschmidt?- preguntó, su voz dura, atemorizante.
El asintió incapaz de hablar física y psicológicamente.
-Bien, acabemos con esto rápido,- dijo recolocándose en el asiento- hemos estudiado su caso a fondo y después de la insistencia de sus amigos- pausa para dar suspense- hemos llegado a la conclusión de que usted no es culpable de sus actos y por lo tanto le dejamos en completa libertad sin cargos en su contra- y puso un sello rojo brillante en una hoja de la mesa.
Silencio.
Ludwig había oído lo que decía aquel señor, pero no lo entendía. El silencio se extendió por la sala esperando su reacción. Su cabeza intento descifrar las palabras otra vez, sin éxito y entonces, en un descuido, su mente volvió a su cuerpo y entendió todo al instante.
Dejo de respirar, su cuerpo amenazo con desplomarse en el suelo, y sus ojos abiertos de la sorpresa buscaron los de Gilbert pidiéndole una explicación. Gilbert entendiéndole al momento, fue a abrir la boca para responder a su muda pregunta, pero la carcajada feliz de Antonio le interrumpió.
-Gilbert nos lo conto todo- murmuro el moreno dándole un cálido abrazo- al principio nos sorprendimos, pero luego nos dimos cuenta de que no podíamos dejarte morir así sin mas, después de todo eres un buen tipo y siempre nos has ayudado.-
Francis también se acerco y le dio uno de sus abrazos "franceses" ante el cual, el señor de las insignias frunció el ceño.
-El amargado de Arthur llamo a su hermanito pequeño- continuo explicando el francés señalando al tal Alfred- para que no ayudara en tu defensa, fue pan comido-
-A quien llamas amargado Francés salido- chillo el ingles golpeando al francés, luego miro a la cara a Ludwig que seguía sorprendido y enrojeciendo añadió- tampoco ha sido para tanto, uno tiene sus contactos y…-
Vicent finalmente también se acerco a el y le dio la mano en señal de bienvenida, mientras que con la otra volvía a envolver a Antonio en un abrazo. Todos le felicitaron y le dieron la bienvenida de nuevo entre sonrisas y carcajadas.
Y entonces llego Gilbert y todos se quedaron en silencio esperando sus palabras, los señores de uniforme se habían ido, incluyendo al hermano de Arthur y a su extraño amigo ruso. Todos se le quedaron mirando, al que había peleado por el, al que le acababa de salvar la vida.
Gilbert entonces se paro a unos pasos de el, seguía con el ceño fruncido y le miraba fijamente presagiándole que algo iba mal. Un incomodo silencio se expandió por la habitación esperando y al final, después de la pausa dramática, Gilbert abrió la boca.
-Estas hecho una mierda-
Cuatro simples palabas, solo cuatro y su vida volvía a cobrar sentido, ¿como narices hacia eso? Asi que Gilbert no le odiaba, no quería matarle ni echarle la bronca, no fruncía el ceño por eso, solamente estaba preocupado por el y su aspecto de mierda. Solo eso.
Las lagrimas bajaron por sus mejillas sin poderlo evitar y al momento siguiente estaba abalanzándose sobre el albino y estrechándole fuertemente contra si mismo. Gilbert simplemente soltó una de sus carcajadas arrogantes y le devolvió el fuerte abrazo.
-Gracias- consiguió murmurar Ludwig con voz ronca y entrecortada. Gracias por salvarme la vida, Gracias por salvarme de mi mismo, Gracias por estar aquí para mi…
Las carcajadas y abrazos de sus amigos, de la gente que le quería y que le importaba volvieron a rodarle cálidamente haciendo que poco a poco volviera a entrar en calor.
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Gilbert aparco el coche enfrente de un reluciente edificio blanco reluciente. Se habían ido del maldito edificio gris hacia un momento y Ludwig, aún conmocionado, se había dejado llevar, como un perro, hasta el coche.
-¿Dónde estamos?- preguntó dándose cuenta por fin de donde estaba.
-En nuestro nuevo piso- murmuro Gilbert cerrando de un portazo el trasto de coche que, por un milagro divino, había sobrevivido a la guerra. Ludwig también se bajo sin pasar por alto un pequeño detalle.
-¿nuestro?- pregunto levantando una ceja interrogante. Gilbert frunció más el ceño y poniendo las manos en su cintura respondió.
-Si, nuestro- luego se acerco a la puerta de entrada y giro la lleve dentro de la cerradura- me la dieron el otro día por ser un "afectado de la guerra" o algo así y como tu casa quedo destruida después del ataque te vas a quedar aquí- Era una orden, no una sugerencia.
Ludwig sonrió sin poder evitarlo, Gilbert seguía igual que siempre. Siguiendo a la cabellera blanca se metió en una de aquellas nuevas maquinas llamadas ascensores que, para regocijo de Ludwig, era bastante estrecha. El viaje hasta la maldita planta fue incomodo y silencioso y al salir Gilbert estaba mas rojo que un tomate.
-Bue-bueno es aquí- y volviendo a girar otra llave, abrió la puerta y le dejo pasar al interior.
Ludwig se quedo a cuadros. La casa era mil veces más grande que la anterior, y transmitía una sensación de estar recién construida. Las paredes eran del blanco mas puro que había visto, el gran ventanal al fondo llenaba la estancia de luz y el suelo de madera oscura estaba cubierto por una gran alfombra y unos pocos muebles que había en la habitación: un sofá color crema, la mesa de cristal y lo que mas le sorprendió de todo, una televisión.
-Bueno…-empezó Gilbert- todavía no esta del todo amueblado ya que me acabo de mudar, pero creo que es mejor que tu antigua casa- murmuro con aquella sonrisa prepotente surcándole la cara, intentando picarle.
-¿Tienes una televisión?- pregunto ignorando su mordaz comentario y acercándose al mágico aparato- ¿Cómo narices la has conseguido?-
-Bueno…uno tiene sus contactos- y aquella sonrisa arrogante y complacida de que le admiraran, surco de nuevo su cara.
Ludwig se le quedo mirando serio, había echado de menos aquella sonrisa despreocupada, pero lo mas importante en aquellos momentos era resolver aquella duda que le había estado comiendo por dentro, tenían que hablar de lo que acababa de pasar.
Abrió la boca para preguntar, pero Gilbert, abriendo los ojos, se le adelanto interrumpiéndole aposta, dándole a entender enseguida, que no quería hablar de ello.
-Creo que te deberías de bañar- murmuro dándole la espalda y dirigiéndose a una puerta de lo suponía que seria el baño- te traje tu ropa de la casa, o al menos la ropa decente- se veía que estaba claramente nervioso.
El asintió con la cabeza y entro al baño obediente no sin antes dirigirle una mirada seria avisándole de que no podría escapar por siempre. Pero Gilbert simplemente le ignoro y cerró la puerta a sus espaldas.
Ludwig suspiro, no podía hacer nada por ahora asi que encendió la ducha, y mientras se desvestía, se observo en el espejo del cuarto. Realmente estaba fatal. Tenía los labios morados y rotos, la cara pálida y llena de barro, igual o peor que el pelo. Suspiró otra vez, se quito el pantalón y entro a la ducha.
El agua hirviendo enseguida le desagarrotó y relajo los músculos, dios que bien se sentía aquello. Se quedo allí un rato, simplemente disfrutando del agua caliente contra su frió cuerpo, pero al cabo de un rato se dio cuenta de que no podía quedarse allí para siempre y comenzó a limpiarse.
Cuando salió de la ducha se sentía una persona completamente nueva y al mirarse al espejo empezó a reconocerse, por lo menos el color había vuelto a su cara. Sonriendo tontamente cogió el peine y se peino el pelo hacia atrás como siempre hacia, luego se envolvió una toalla a la cintura y salió por la puerta.
Gilbert en el sillón levanto la cabeza y al instante enrojeció de nuevo sorprendido.
-¿Pero que haces así?-Comenzó a chillar- vas a…vas a coger una pulmonía, ponte algo idiota- chillo desquiciado.
"Si ya, pulmonía, lo que te preocupa a ti es otra cosa" pensó irónicamente Ludwig, pero con un deje de orgullo por provocarle semejante reacción al otro.
-¿Dónde esta mi ropa?- murmuro ignorando el nerviosismo del otro, ligeramente divertido.
-Allí- respondió rápidamente el otro señalando una puerta del fondo de la sala- yo…iré haciendo la cena- y corriendo desapareció por la puerta contraria de la sala.
Ludwig sonrió complacido consigo mismo y dándose prisa se dirigió a la habitación que tenia un cartel en la puerta que decía "Habitación del enano". Sonrió con un tic nervioso en su ceja, ya se encargaría luego de eso, girando el pomo, entro en su nueva habitación, allí en un armario gigantesco al lado de la aun más grande cama, encontró su querida ropa.
Eligió al azar unos vaqueros y una camisa de tirantes y rápidamente se los puso y se dirigió a la cocina. Tenía que hablar con Gilbert, pero al entrar, se encontró con Gilbert que recorría la cocina con movimientos fluidos y elegantes, completamente concentrado en lo que estaba haciendo y cantando una cancioncilla infantil. Se quedo parado en la puerta, simplemente observándole, viendo como cocinaba, completamente hipnotizado por el otro.
De repente al albino levanto la vista y le vio. Inmediatamente se sonrojo y comenzó a chillarle de nuevo.
-Que haces ahí parado vago asqueroso, ayúdame idiota-
Ludwig sonrió resignado y se acerco a echarle una mano. Vaya no llevaban ni tres horas juntos y ya había conseguido que se sonrojase tres veces y le insultara aún más.
Trabajaron juntos durante un rato hasta que todo estuvo preparado y la mesa puesta. La comida consistía en Wurst, puré de patatas, queso, pan y la insustituible jarra de cerveza, igual que la primera cena que habían tenido. Habían pasado tantas cosas desde entonces.
Tomaron asiento y empezaron a comer en incomodo silencio hasta que Ludwig sin poder contenerse más pregunto:
-¿Por qué lo hiciste? Mate a tu familia deberías odiarme no salvarme el culo- Gilbert se atraganto con su Wurst y tuvo que dar dos largos tragos a su cerveza antes de poder responder.
-Pues… yo- miraba a todas partes menos a su cara, entonces, de repente, viendo que ya no podía huir mas, trago aire y le enfrento- no fue tu culpa, no tenías otra opción- su mirada era seria y segura.
-Aun así fui yo quien lo hice- contraataco aun sin entender aún su punto.
-Ya pero te manipularon, no podías hacer nada y además…-de repente se quedo callado sin motivo aparente y volvió a sonrojarse por cuarta vez, con el ceño fruncido.
- ¿Y además..?.-le animo Ludwig ahora si muy interesado.
- Y además…yo…dios, ¿por que me haces decir estas cosas?- murmuro rascándose la cabeza y mirando al techo con el ceño fruncido y cada vez mas rojo.
-Por que me interesa saber por que me has salvado la vida- respondió serio Ludwig inclinándose sobre la mesa y acercándose lentamente a él, mientras le miraba intensamente. Gilbert le miro serio también y algo en su mirada le anuncio que había tomado una decisión.
-Me gusta estar contigo- dijo- me gusta tu valor, el que nunca te rindas, me gusta tu forma maniática de hacer las cosas, ese aire dominante que tienes… tu forma de sacarme de quicio en un momento, me gusta tomarte el pelo en venganza… me gusta…- frunció aun mas el ceño-me gustas y punto, no podía dejar que murieses- cuando acabo estaba mas rojo que los tomates de Antonio y le miraba como enfadado por haberle hecho decir aquello.
"Dios mío" pensó Ludwig "Me lo voy a comer vivo"
Y inclinándose sobre la mesa, alargando una mano y atrayéndole contra él, por fin unió sus labios en el tan ansiado beso.
Sorry por el retraso, pero acabo de empezar la uni y ando un poco liada (T.T SALVADME)
Weno supongo que el próximo cap ya sera el ultimo y tendré que meter el lemon y un fin decente
Gracias por aguantar y soportar mis paridas mentales n.n
Un beso y dejen reviews.
