A las 7:30 de la tarde, David, Paige, Toby y Vanessa estaban frente a la casa de sus vecinos, esperando ser recibidos. Padre e hijo vestían una camisa azul marino, la de David algo más oscura además de un pantalón de pinza beige. Paige vestía un sencillo vestido anaranjado y Vanessa una camiseta de tirantes y unos vaqueros cortos, no se había molestado en arreglarse, además masticaba un chicle haciendo bastante ruido, lo que terminó sacando de sus casillas a su madre que enseguida se dirigió a ella y le obligó a escupirlo en su mano.

Cathy abrió la puerta después de unos segundos de espera, vestía un elegante vestido negro y tenía un recogido en el pelo. Sonrió a sus vecinos mientras les saludaba y les invitaba a entrar. Tomó a Toby del hombro nada más entrar.

- Estás muy guapo.- le arregló el cuello de la camisa.- ¿Por qué no vas a buscar a Nina a su habitación? Se alegrará de verte.- le guiñó un ojo.

Toby no se lo pensó dos veces, subió los escalones de dos en dos hasta llegar a su habitación. Respiró hondo varias veces antes de llamar a la puerta, enseguida apareció Nina con una gran sonrisa.

- ¡Toby! – se echó sobre su cuerpo y enroscó sus piernas alrededor de su cintura - ¡Cuánto tiempo!

Toby reía divertido mientras giraba sobre sí mismo con ella en brazos.

- Estás muy bueno.- revolvió algunos de los rulos de su cabello mientras volvía a poner los pies en el suelo.

Toby algo sonrojado le sonrió mientras intentaba asentar sus rulos con su mano sin mucho éxito.

- Te he echado de menos, ¿Sabes? – le miró.- Recordé muchas veces aquella conversación que tuvimos antes de marcharme a Europa, en la que prometimos no distanciarnos demasiado y vernos al menos una vez al año.

- Y finalmente no nos hemos visto en diez años y solo hemos hablado por teléfono para desearnos un feliz comienzo de año.

Nina bajó la mirada.

- La culpa es mía, cuando tomé la decisión de irme a Europa a estudiar hace diez años, olvidé muchas de las cosas que dejaría atrás. Solo pensé en que dejaría de estar sola por casa y que aprendería a ser más independiente.

- Lo importante es que tenemos todo un mes de Agosto por delante para recuperar el tiempo perdido, probablemente el último verano que pasemos juntos.

- Sí.- le abrazó.

- Me alegro que estés de vuelta.- besó su cabeza.

- Yo también.- se acurrucó en su pecho.

Minutos después ambos bajaron sonriendo, Toby fue dirección al jardín, donde estaban Terry y su padre con una botella de vino. Nina tomó asiento en el banco del porche y observó como su padre intentaba descorchar la botella sin mucho éxito, David se ofreció en su lugar y enseguida se deshizo del tapón si apenas esfuerzo, sonrió inconscientemente mientras estudiaba cada uno de sus movimientos. Vanessa observó a Nina pegada al cristal que separaba el jardín del salón.

La velada fue de lo más divertida, a Terry se le fue un poco la mano con el vino y terminó contando anécdotas de su pasado que no le dejaban bien parado. Cathy algo avergonzada había apartado la botella de vino aunque también reía divertida por las ocurrencias de su marido.

- Por los Wallings y los Ostroffs, que nuestras familias se mantengan unidas por siempre.- Terry alzó su copa.

Finalmente todos alzaron sus copas y brindaron, Nina y David sonrieron con complicidad.

Aprovechando que su padre le mostraba su colección de coches antiguos en miniatura a Toby y Vanessa; y que su madre y Cathy mantenían una conversación en la cocina, se dirigió a David por primera vez en la noche.

- Ven.- le tomó de la mano y prácticamente lo arrastró hasta su habitación.

Le obligó a sentarse en la cama mientras ella buscaba algo en el armario.

- Tengo algo tuyo.- le mostró un polo azul marino de manga larga.

- ¿Qué hace aquí? – la miró divertido.

- Hace años que lo tengo en mi armario, me lo regalaste.

Le miró confundido.

Toby y yo estuvimos jugando en tu jardín toda la tarde, ni la lluvia pudo detenernos. Cuando volvimos a casa sabías que mi padre se enfadaría si me veía empapada, así que me secaste el cabello y me diste tu polo para cambiarme. Al día siguiente fui a devolvértelo, pero me preguntaste si volvería a salir a la calle cuando llovía, yo respondí que sí decidida y tú me dijiste que podría quedármelo para cambiarme siempre que la lluvia me dejase empapada.

David escuchó con una sonrisa las palabras de Nina, lo recordaba a la perfección.

- Quiero devolvértelo.

- ¿Por qué?

- Porque es tuyo, yo era una niña cuando me lo diste, una niña caprichosa…

Sonrió al escucharla nuevamente, ¿Cuándo había dejado de ser una niña caprichosa?

- ¿Volverás a salir un día lluvioso?

- Supongo que sí.

- Y conociéndote acabarás empapada, así que puedes quedártelo, no me importa. Fue un regalo y no ha dejado de serlo por mucho que fueses una niña.

- Gracias.- se acercó a él peligrosamente y besó su mejilla.- Eres un cielo.

Salió de la habitación divertida dejando a David confundido, como el primer día.