- Si vamos a dar el paso que sea por todo lo alto.- dijo David.

Nina sonrió y lo miró mordiéndose el labio, David la atrajo hacia él y pasó la mano sobre su hombro mientras con la otra conducía hacia las afueras de la ciudad. Se detuvo frente a un motel que parecía discreto, estaba oculto tras la carretera.

Una vez en la habitación David se deshizo de su cazadora, al igual que Nina. Él no paraba de dar vueltas, estaba algo nervioso, ella decidió llevar la iniciativa.

Lo empujó sobre la cama y se colocó a horcajadas sobre él mientras le besaba y desabrochaba su cinturón, David la detuvo apretando su mano. Nina lo miró confundida pero sonrió al ver que él se inclinaba y comenzaba a besar su cuello muy despacio, echó la cabeza hacia tras y él continuó el recorrido con sus labios, se deshizo de su camiseta y se perdió en sus pechos. Nina mientras tanto acariciaba su cabello y suspiraba mientras se apretaba más contra su miembro, sentía que perdería el control si David no la penetraba ya, ese hombre conseguía hacerle enloquecer con tan solo un roce de manos. Sin mediar palabra Nina lo tumbó en la cama de nuevo y bajó la cremallera de sus pantalones mientras ella se deshacía de los suyos y quedaba en ropa interior, acarició el bulto que tenía frente a ella y lo liberó llevándoselo a la boca. David la miró con desconcierto pero no puso oposición alguna, enseguida volvió a tumbarse y a disfrutar de las caricias que Nina le proporcionaba con su boca, sentía que iba a morir de placer. A Nina le encantaba tenerlo bajo su dominio en ese instante y oír como pronunciaba su nombre con voz ronca, de un momento a otro se abalanzó sobre él y tomó su miembro entre sus manos mientras bajaba sus bragas y lo hundía entre sus piernas. David palmeó la mesilla en busca de un preservativo, pero Nina se dirigió a su oído.

- Tranquilo, tomo la píldora.

David le mostró una media sonrisa seductora que terminó por enloquecer a Nina, la cual comenzó a moverse hacia arriba y abajo a un ritmo frenético mientras jadeaba sin ningún pudor. David no cerró los ojos en ningún momento, le encantaba verla disfrutar y le excitaba como nadie antes lo había hecho. Cuando oyó como pronunciaba su nombre fuertemente salió de ella y la puso de rodillas y de espaldas a él y sin mayor aviso, la penetró en esa postura. Nina gritó ante tal intromisión, fascinada y dolorida al mismo tiempo, pero sin dejar de mover sus caderas. Por su parte David acariciaba su espalda y mordisqueaba su oreja haciéndola perder el control más todavía. Poco a poco sintió que no podía resistir más, fue entonces cuando Nina volvió situarse sobre él y a susurrarle al oído que se viniese dentro de ella, y así lo hizo. Nina cayó sobre el pecho de David, ambos respiraban agitados mientras sus cuerpos sudorosos permanecían pegados.

- Te quiero.- pronunció Nina.

David no dijo nada, simplemente besó su cabeza y sonrió.