Primer encuentro y Ordenando ideas…..Isabella Cullen

BellaPOV

Edward se acercó a la mesa del profesor avanzando por el pasillo lateral que había a mi lado. Pobre chico, el único pupitre libre era el contiguo al mío. Automáticamente limpié su lado del pupitre, empujando mis libros hasta formar una pila. Dudaba que se sintiera muy cómodo en ese asiento.

Comenzaba lo que para el prometía ser un semestre muy largo, al menos en esta clase. Sin embargo, quizás podría sacar a la superficie sus secretos al sentarme a su lado; no es que hubiera necesitado antes de proximidad para conseguirlo… y tampoco es que hubiera nada que mereciera la pena escuchar…

Edward Swan caminó hasta interponerse en el flujo de aire caliente que soplaba en mi dirección desde la rejilla de ventilación. Su olor me impactó como la bola de una grúa de demolición, como un ariete. No existe imagen lo bastante violenta para expresar la fuerza de lo que me sucedió en ese momento. En aquel instante, no hubo nada que me asemejara a la persona que fui antaño, no quedó ni un jirón de los harapos de humanidad con los que me las arreglaba para encubrir mi naturaleza. Yo era una depredadora; el, mi presa. No existía en el mundo otra verdad que no fuera ésta.

Para mí ya no había una habitación llena de testigos, porque en mi fuero interno los acababa de convertir a todos ellos en daños colaterales. El misterio de sus pensamientos quedó olvidado. Yo era una vampira y el tenía la sangre más dulce que había olido en ochenta años. La sed ardía en mi garganta como si fuera fuego. Sentía la boca achicharrada y deshidratada y el flujo fresco de ponzoña no hizo nada por hacer desaparecer esa sensación. Mi estómago se retorció de hambre, un eco de la sed. No había pasado ni un segundo, el aun no había terminado de dar el paso.

El olor se arremolinó nuevamente a mí alrededor, dispersando mis pensamientos y casi impulsándome fuera del asiento.

No. Mi mano se aferró a la parte central del borde de la mesa para intentar sujetarme a la silla. Pero la madera no estaba por la labor y mi mano atravesó el armazón y arrancó un puñado de astillas. La forma de mis dedos quedó grabada en la madera.

Destruye la evidencia,ésta era una regla fundamental. Rápidamente pulvericé los bordes que tenían la forma de mis dedos, dejando sólo un agujero desigual y una pila de virutas en el suelo, que dispersé con el pie.

Destruye la evidencia. Daño colateral…

Sabía lo que iba a suceder ahora. El chico debería venir a sentarse a mi lado y yo tendría que matarlo.

Los testigos inocentes de la clase, otros dieciocho jóvenes y un hombre, no podrían abandonar la habitación una vez que hubieran asistido a lo que iba a ocurrir en breve.

¿Quién eraesta criatura? ¿Por qué yo, por qué en ese momento? ¿Por qué debía perderlo todo ahora sólo porque a el le había dado por escoger esta insólita ciudad para aparecer?

¡¿Por qué había venido hasta aquí?!

¡Yo no quería ser un monstruo! ¡No quería matar en esta habitación llena de niños inofensivos! ¡No quería perder todo lo que había ganado en una vida entera de sacrificio y privaciones!

No podía… El no podía hacerme eso.

El olor era el problema, el enorme atractivo de su olor. Si hubiera alguna manera de resistir… Bastaría que otro chorro de aire fresco me aclarara la cabeza.

No, no hubo ninguna brisa. Pero yo no teníapor qué respirar.

Paré el flujo de aire a través de mis pulmones; el alivio fue instantáneo, pero incompleto. Todavía tenía el recuerdo del olor en mi cabeza y el sabor en el fondo de mi lengua. Ni siquiera podría resistir eso durante mucho tiempo. Pero quizás fuera capaz de soportarlo una hora. Una hora. Sólo el tiempo necesario para salir de esa habitación llena de víctimas, víctimas que quizás no tendrían que serlo. Si era capaz de contenerme sólo durante una hora.

No respirar era una sensación incómoda. Mi cuerpo no necesitaba oxígeno, pero iba contra mis instintos. Yo confiaba más en el olor que en cualquiera de los otros sentidos en momentos de tensión. Era el que me guiaba durante la caza y el primero que avisaba en caso de peligro. No solía encontrarme en situaciones difíciles siendo yo un peligro en mí misma, pero el instinto de supervivencia era tan fuerte en mi naturaleza como en el de un ser humano normal. Incómodo, pero manejable. Más soportable que olerlo a ely no poder hundir mis dientes en su fina piel, delicada y transparente hasta llegar al cálido, húmedo, pulsante…

¡Una hora! ¡Sólo una hora! Debía dejar de pensar en el olor, en el sabor.

El me miró en una sola ocasión, casi al final de la clase. Sentía arder en mi interior aquel odio injustificado cuando nuestras miradas se encontraron y lo vi reflejado en sus ojos asustados. El arrebol cubrió sus mejillas antes de que pudiera volver a esconder su mirada y yo casi perdí los estribos.

Menos mal que sonó el timbre. Salvada por la campana, igual que en el dicho. Ambos nos habíamos salvado: el de la muerte, y yo, durante un breve tiempo, de convertirme en la criatura de pesadilla que temía y detestaba.

No pude moverme con la lentitud habitual mientras salía de la clase. Algún observador ocasional hubiera averiguado que había algo raro en mi forma de caminar, pero nadie me prestó atención. Todos los pensamientos humanos seguían girando en torno al chico que estaba condenado a morir en poco menos de una hora.

Decidí llevar a la práctica mi nuevo plan de inmediato. Era mejor que quedarme sentada en el aparcamiento, donde el podría pasar cerca de mí y acabar con mi empeño. Volví a sentir un enojo injustificado por el muchacho. Odiaba que, sin saberlo, tuviera ese poder sobre mí, que el me pudiera convertir en algo ultrajante. Crucé el pequeño campus muy rápido —tal vez demasiado, pero no había testigos— en dirección a la oficina. No había razón para que mi camino y el de Edward Swan se cruzaran. Debía evitarlo como a la pequeña peste que era.

La oficina estaba vacía, a excepción de la secretaria, la única persona a la que quería ver. No oyó mi sigilosa entrada.

— ¿Señora Cope?

La pelirroja de bote alzó la vista y abrió los ojos de forma desmesurada. Estos correctores de exámenes… siempre los sorprendía con la guardia baja, jamás se enteraban de nada, sin importar cuántas veces nos hubieran visto con anterioridad.

—¡Oh! —exclamó entrecortadamente. Estaba un poco agitada. —. Hola, Bella. ¿En qué te puedo ayudar?

La mujer agitó las pestañas detrás de las gruesas gafas. Estaba incómoda, pero yo sabía ser encantadora cuando me lo proponía. De hecho, me resultaba muy fácil, conocía de inmediato qué tono adoptar o qué gesto realizar.

Me incliné hacia delante y sostuve su mirada como si observara intensamente esos corrientes ojillos castaños suyos. La mujer era ya un manojo de nervios. Esto iba a resultar sencillo.

—Me preguntaba si me podría ayudar con mi horario de clases —dije con la voz suave que reservaba para cuando no deseaba atemorizar a los humanos.

Oí cómo aumentaba el ritmo de los latidos de su corazón.

—Por supuesto, Bella. ¿Cómo puedo ayudarte?

—¿Sería posible cambiar la clase de Biología por otra de mayor nivel científico? Tal vez Física…

—¿Tienes algún problema con el señor Banner, Bella?

—En absoluto. Lo único que ocurre es que ya he estudiado ese temario…

—… en esa escuela de enseñanza acelerada a la que asististeis en Alaska, cierto —frunció los labios mientras lo consideraba.

Todos deberían estar en la universidad. He oído las quejas de los profesores. Destacan en todo, no vacilan al contestar, jamás se equivocan en un examen… parece que hubieran encontrado la forma de engañarnos en cada asignatura. El profesor Varner estaría dispuesto a creer que nos están haciendo trampas antes que aceptar que un alumno es más inteligente que él… Apuesto a que su madre les da clases…—. En realidad, no caben más alumnos en Física. Al profesor Banner le disgusta tener más de veinticinco alumnos en una clase.

—Yo no sería ningún problema.

Por supuesto que no. Una perfecta Cullen no lo sería nunca.

—Ya lo sé, Bella, sólo que no hay suficientes pupitres…

—En ese caso, ¿podría no asistir a clase? Emplearía ese tiempo en estudiar por mi cuenta.

—¿No asistir a clase de Biología? —se quedó boquiabierta. Es una locura. ¿Tan difícil te resulta aguantar una asignatura que ya te sabes? Tiene que haber algún problema con el profesor Banner. Me pregunto si debería hablar con Bob del tema—. No tendrás suficientes créditos para graduarte.

—Ya recuperaré al año que viene.

—Tal vez deberías comentarlo antes con tus padres.

La puerta se abrió a mis espaldas, pero fuera quien fuera no me importunó con sus pensamientos, por lo que ignoré esa entrada y me concentré en la señora Cope. Me incliné un poco más cerca y le sostuve la mirada con los ojos abiertos. Hubiera funcionado mejor de haberlos tenido dorados en lugar de negros. La negrura atemoriza a la gente, como debe ser.

—Por favor, señora Cope —modulé la voz del modo más suave y persuasivo que pude, y puedo ser considerablemente persuasiva—. ¿No hay ninguna otra clase donde haya sitio para mí? Estoy convencida de que debe de haber un resquicio en algún sitio. Biología como sexta hora de clase no puede ser la única opción…

Le sonreí a la par que procuraba no mostrar mucho los dientes para no asustarla y suavizar la expresión del semblante.

Su corazón resonó con más fuerza.

—Bueno, tal vez podría hablar con Bob, quiero decir, con el señor Banner y ver si…

En un segundo cambió todo: la atmósfera de la habitación, mi misión en la misma, la razón por la que me inclinaba hacia la mujer pelirroja… Lo que antes tenía un propósito concreto, ahora se había convertido en otro muy distinto.

Un segundo fue todo lo que necesitó Samantha Wells para abrir la puerta y depositar con retraso la hoja de firmas en la cesta situada en la entrada. Un segundo fue lo que tardó el golpe de viento que se coló por la puerta en sacudirme. Un segundo fue todo lo que necesité para comprender por qué esa primera persona no me había interrumpido con sus pensamientos nada más entrar. Aunque no necesitaba asegurarme, me volví. Lo hice despacio, pugnada por controlar los músculos que se negaban a obedecerme.

Edward Swan estaba ahí en frente, de pie, con la espalda apoyada contra la pared al lado de la puerta, con un papel apretado entre las manos. Sus ojos se abrieron aún más de lo habitual cuando asimiló mi mirada feroz, inhumana.

El olor de su sangre saturó cada partícula de aire en la habitación pequeña y calurosa. Mi garganta estalló en llamas.

El monstruo me observó de nuevo desde el espejo de sus ojos, una máscara de maldad.

Mi mano vaciló en el aire sobre el mostrador. No tendría siquiera que mirar hacia atrás para coger la cabeza de la señora Cope y aplastarla contra la mesa con fuerza suficiente para matarla. Dos vidas, mejor que veinte. Una ganga.

El monstruo esperaba ávido y hambriento a que lo hiciera.

Pero siempre debe haber una posibilidad de elegir, teníaque haberla. Interrumpí el movimiento de mis pulmones y fijé el rostro de Carlisle delante de mí.

Me volví para encarar a la señora Cope y escuché la sorpresa interna que le había causado el cambio en mi expresión. Echando mano del autocontrol que había tenido tiempo de practicar en décadas de esfuerzo, conseguí que mi voz sonara aún más monótona y suave. Quedaba suficiente aire en mis pulmones para hablar una vez más, apresurando las palabras.

—Bueno, no importa. Ya veo que es imposible. Muchas gracias por su ayuda.

Giré y me lancé fuera de la habitación al tiempo que intentaba no sentir la calidez de la sangre dentro del cuerpo de Edward cuando pasé a escasos centímetros de el.

No paré hasta llegar a mi coche, moviéndome demasiado rápido todo el camino hasta allí. La mayoría de los humanos se habían marchado ya, por lo que no hubo muchos testigos. Oí a un alumno de segundo, Austin Marks, darse cuenta y luego pensar que era imposible...

De donde habrá salido Isabella Cullen, es como si se hubiera materializado en el aire... Ya me vale, ya estamos con la imaginación otra vez. Mamá siempre dice...

Los demás estaban allí cuando me deslicé dentro del Volvo. Intenté controlar la respiración, pero tragaba a grandes bocanadas el aire fresco, como si estuviera sofocada.

—¿Bella? —me preguntó Alice con voz preocupada.

Sólo sacudí la cabeza en su dirección.

En vez de contestar, lancé el coche marcha atrás. Debía salir de allí antes de que Edward Swan me siguiera incluso al aparcamiento. Mi propio demonio personal, hechizándome... Hice girar el coche y aceleré. Cogí los setenta antes de llegar a la carretera y una vez en ella, llegué a los ciento diez antes de doblar la esquina.

Sin mirar, supe que Emmett, Rosalie, y Jasper se habían vuelto todos para observar fijamente a Alice, que se encogió de hombros. No podía ver lo que había pasado, sino lo que estaba por pasar.

Y luego miró hacia adelante para ocuparse de mí. Ambas procesamos lo que ella veía en su cabeza y ambas nos sorprendimos por igual.

—¿Te marchas? —susurró ella.

Los otros se volvieron para observarme a su vez.

—¿Voy a hacerlo? —susurré entre dientes.

Entonces, vio que mi futuro tomaba un giro mucho más oscuro cuando flaqueaba mi resolución.

—Oh.

Edward Swan estaba muerto. La sangre fresca arrancaba brillos escarlata a mis ojos. Luego, había una investigación y transcurría un largo plazo de espera, por precaución, antes de que volviera a ser seguro que saliéramos, para empezar de nuevo…

—Oh —dijo otra vez.

La imagen de su visión se volvió más detallada. Contemplé el interior de la casa del Jefe Swan por primera vez, y vi a Edward en una cocina pequeña de armarios amarillos, dándome la espalda mientras yo le acechaba desde las sombras… hasta que el olor me llevara hasta el…

—¡Detente! —gruñí, incapaz de soportarlo más.

—Lo siento —susurró ella con ojos dilatados.

El monstruo se regocijó.

Y la visión de la mente de Alice volvió a cambiar. Una autopista vacía, por la noche, flanqueada por árboles cubiertos de nieve que desfilaban a más de trescientos por hora.

—Te echaré de menos.

Emmett y Rosalie intercambiaron una mirada de aprehensión. Estábamos a punto de llegar al lugar donde teníamos que girar para tomar el largo camino que nos llevaba a casa.

—Bajémonos aquí —les instruyó Alice—. Debes decírselo tú mismo a Carlisle.

Asentí y las ruedas del coche chillaron al frenar bruscamente. Emmett, Rosalie y Jasper descendieron en silencio. Harían que Alice se los explicara todo cuando yo me hubiera marchado. Ella me tocó el hombro.

—Harás lo correcto —murmuró, pero esta vez no era una visión, sino una orden Charlie Swan no tiene más familia. Eso le mataría a él también.

—Sí —dije yo, aunque sólo podía estar de acuerdo con Alice en la última parte de la frase.

Aceleré de regreso a la ciudad, y supe que las visiones en la mente de Alice estarían tornando del negro al blanco como si fueran una luz estroboscópica. Mientras conducía de vuelta a Forks a ciento cincuenta, no estaba seguro de hacia dónde iba. ¿A despedirme de mi padre o a abrazar al monstruo que moraba en mi interior? La carretera desaparecía bajo las ruedas.

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Me recliné contra un suave montículo de nieve, dejando que la nieve seca se acomodara en torno a mi peso. Mi piel se enfrió hasta que ya no sentía el aire a mí alrededor, y los pequeños pedazos de hielo se sintieron como terciopelo bajo mi piel.

Arriba, el cielo era claro, con estrellas, brillando intensamente, azul en algunas partes y amarillo en otras. Las estrellas creaban majestuosas y remolinadas formas contra el negro universo - una vista maravillosa. Exquisitamente hermosa. O por lo menos, debió serlo. Lo hubiera sido, si yo hubiera logrado verlo.

No estaba mejorando nada. Seis días habían pasado, seis días me escondí aquí en el vacío y deshabitado Denali, pero no estaba ni cerca a la libertad que tenía hasta la primera vez capté su esencia.

Cuando miré al brillante cielo, fue como si hubiera una obstrucción entre mis ojos y su belleza. La obstrucción era un rostro humano, poco destacable, pero no podía borrarlo de mi mente. Escuché los pensamientos acercándose antes de escuchar los pasos que los acompañaban. El sonido del movimiento era sólo un débil susurro contra la nieve.

No me sorprendió que Jacob me hubiera seguido hasta aquí. Sabía que el había estado reflexionando esta futura conversación en los últimos días, aguardando hasta que estuviera seguro de lo que quería decir exactamente.

Lo visualicé a unos 55 metros de distancia, balanceándose en la orilla de una negra roca.

La piel de Jacob era plateada a la luz de las estrellas. Sus ojos color ámbar brillaron mientras me espiaba, medio enterrado en la nieve, y sus labios se estrecharon lentamente en una sonrisa.

Exquisito. Sihubiera logrado notarlo. Suspiré.

El se agachó y con la punta de sus dedos tocó el borde de la roca, su cuerpo giró en una espiral.

Cannonball,pensó.

Se lanzó al aire; su forma se transformó en una oscura y retorcida sombra mientras giraba elegantemente entre las estrellas y yo. Formó una bola con su cuerpo justo en el momento en que tocó el montículo de nieve detrás de mí.

Una ventisca de nieve voló a mí alrededor. Las estrellas se volvieron negras y yo estaba enterrada en los plumosos cristales de hielo. Suspiré de nuevo, pero no me moví para desenterrarme. La oscuridad debajo de la nieve ni dolió ni mejoró la vista. Todavía veía el mismo rostro.

- ¿Bells?

Había nieve volando de nuevo mientras Jake rápidamente me desenterraba. Removió la nieve de mi rostro inanimado, sin mirar mis ojos.

- Disculpa, - murmuró. - Era una broma.

- Lo sé. Fue divertido.

Su boca se torció hacia abajo.

- Rachel y Rebeca dicen que debo dejarte sola. Ellas piensan que te molesto.

- Para nada, - le aseguré. - Al contrario, soy yo quien está siendo grosera -Abominablemente grosera. Lo lamento mucho.

Te irás a casa, ¿verdad?El pensó.

- No lo he...exactamente...decidido aún.

Pero no te quedarás aquí.Su pensamiento fue melancólico, triste.

- No. No parece estar...ayudándome.

Hizo una mueca. - Es mi culpa, ¿verdad?

- Por supuesto que no. - Mentí gentilmente.

No seas una dama conmigo.

Sonreí.

Te hago sentir incómoda.Se acusó.

- No.

Levantó una ceja, su expresión era tan discrepante que tuve que reír. Una carcajada corta, seguida por otro suspiro.

- Está bien, - Admití. - Sólo un poco.

El suspiró también, y puso su barbilla en sus manos. Sus pensamientos mostraban decepción.

- Tú eres mil veces más adorable que las estrellas, Jake. Por supuesto, tú ya sabes eso. No dejes que mi obstinación te quite tu confianza. - Reí entre dientes por lo poco probable de aquello.

- No estoy acostumbrado al rechazo - Se quejó, presionando afuera su labio inferior en un atractivo puchero.

- Ciertamente no. - Estuve de acuerdo, tratando con poco éxito, bloquear sus pensamientos efímeros mientras recordaba sus centenares de conquistas acertadas.

Mayoritariamente, Jake prefería a las mujeres humanas - ellas eran mucho más atractivas por una cosa. Tenían la ventaja de ser suaves y cálidas. Y siempre impacientes, definitivamente.

- Súcubo. - Bromeé, esperando interrumpir las imágenes oscilando en su cabeza.

Hizo una mueca, mostrando sus dientes. - La original -.

Al contrario de Carlisle, Jake y sus hermanas han descubierto sus conciencias lentamente. Al final, fue el cariño que sentían por los seres humanos lo que los transformó en los hermanos en contra de la matanza. Ahora los hombres que amaron...vivieron.

- Cuando apareciste aquí -Jake dijo lentamente. - Pensé que...

Yo sabía lo que había pensado. Y debí haber adivinado que el se sentiría de esa manera. Pero no estaba en mi mejor momento para pensar analíticamente.

- Pensaste que había cambiado de idea.-

- Sí. - Frunció el ceño.

- Me siento horrible por destruir tus expectativas, Jacob. No era mi intención-No estaba pensando. Es sólo que me fui...digamos que arrancada.

- Y supongo que no me dirás por qué...?

Me incorporé y envolví mis brazos alrededor de mis piernas, en defensa. – No quiero hablar de eso -.

Jacob, Rachel y Rebeca era muy buenos(as) en la vida que eligieron. Mejores incluso, en alguna forma, que Carlisle. A pesar de la insana proximidad que se permitían con aquellos que debían ser-y alguna vez fueron-su presa, no cometían errores. Estaba demasiado avergonzada para admitir mi debilidad frente a Jake.

- ¿Problema de pantalones? - Adivinó, ignorando mi repugnancia.

Solté una carcajada triste. - No en la forma a la que te refieres -.

Estaba tranquilo. Escuché sus pensamientos como si corriera por diferentes posibilidades, tratando de descifrar el significado de mis palabras.

- Ni siquiera estás cerca - Le dije.

- ¿Una pista? - Preguntó.

- Por favor Jacob, Ya déjalo -.

Estaba tranquilo de nuevo, todavía especulando. Lo ignoré, tratando en vano de apreciar las estrellas.

Se rindió después de un silencioso momento, y sus pensamientos persiguieron una nueva dirección.

Bells, si te vas ... ¿a dónde irás? ¿De vuelta con Carlisle?

- No lo creo - Susurré.

¿A dónde iría? No podía pensar en un lugar de todo el planeta que me llamara la atención. No había nada que deseara ver o hacer. Porque, no importaba a dónde fuera, no estaría yendoa algún lugar-sólo estaría escapandode uno.

Odiaba eso. ¿Cuándo me convertí en una cobarde?

Jake puso su brazo alrededor de mis hombros. Me tensé, pero no me escapé de su abrazo. El no pretendía nada más que ser amigable. Por ahora. - Creo que volverás - dijo, su voz con un pequeño rastro de su largo y perdido acento Ruso.

- No importa qué sea...o quién sea...lo que te atormenta. Tú lo enfrentarás. Tú eres así -.

Sus pensamientos eran seguros como sus palabras. Traté de contener la visión de mí misma que el guardaba en su cabeza. Alguien que enfrentaba sus problemas.

Fue placentero pensar en mí de esa manera de nuevo. Nunca dudé de mi coraje, mi habilidad para enfrentar dificultades, antes de aquella horrible hora de clases de biología en el instituto hace tan poco tiempo.

Lo besé en la mejilla, retrocediendo rápidamente cuando el movió su rostro hacia el mío, con sus labios maliciosos.

- Gracias, Jake. Necesitaba escuchar eso -.

Sus pensamientos se volvieron petulantes.

- De nada, supongo. Desearía que fueras un poco más razonable acerca de ciertas cosas, Isabella -.

- Lo siento, Jacob. Tú sabes que eres demasiado bueno para mí- Yo sólo...aún no he encontrado lo que busco.

- Bueno, si te vas antes de que te vuelva a ver...Adiós, Bella.

- Adiós, Jake. - Cuando dije las palabras, pude verlo. Pude verme de vuelta. Siendo lo suficientemente fuerte para volver al lugar en donde quería estar. - Gracias de nuevo.

Se puso de pie con un ágil movimiento, y luego se alejó corriendo a través de la nieve tan rápido que sus pies no dejaron huellas. No miró atrás. Mi rechazo lo molestó más de lo que demostró, incluso en sus pensamientos. No querría volver a verme antes de que me fuera. Hice una mueca de disgusto. No me gustaba herir a Jacob, aunque sus sentimientos no eran profundos, escasamente puros, y, en cualquier caso, no los podía corresponder.

Apoyé mi barbilla en mis rodillas y fijé nuevamente mi vista en las estrellas. De pronto me sentí ansiosa de comenzar mi camino de regreso. Sabía que Alice me vería llegar a casa, y se lo diría a los demás. Esto los haría feliz-a Carlisle y Esme especialmente. Pero miré a las estrellas nuevamente por un momento, tratando de ver más allá del rostro en mi cabeza. Entre yo y las brillantes luces en el cielo, un par de desconcertados ojos cafés achocolatado me miraron fijamente, pareciendo preguntar lo que ésta decisión significaría para el. Por supuesto, no podía estar segura si realmente era ésa la información que expresaban esos curiosos ojos. Incluso en mi imaginación, no podía escuchar sus pensamientos. Los ojos de Edward Swan continuaron preguntando, y una descubierta vista de las estrellas continuó eludiéndome. Con un fuerte suspiro, me di por vencida, y me puse en camino. Si corría, estaría de vuelta al auto de Carlisle en menos de una hora...

Apurada por ver a mi familia-y deseando fervientemente ser la Bella que enfrenta sus problemas-Corrí más rápido de lo normal por el campo nevado, sin dejar huellas.

Aló!

Espero les guste! Ahora Bella nos cuenta su forma de ver ;)

Claro esto esta apoyado en Sol de Media Noche.