Ninguno de estos personajes me pertenece, eso esta claro, la gran JK Rowling como siempre es la mente iluminada a la que todos le agradeceremos siempre.

CAP 2: Entre sueños

-No puedo creer que éste tan cambiada – mascullaba Sirius bastante desconcertado una vez que los cuatro amigos y Lily estuvieron sentados en la mesa de Gryffindor, y luego de haberles contado de donde conocía a la chica – ¡Y encima está en Slytherin!

-Sirius… no empieces con eso de que todos son magos tenebrosos, sabes que no es así – lo regaño Lily, como habitualmente hacia.

-No todos, pero la mayoría Lils – aclaró Peter mientras se atragantaba con el postre que acababa de aparecer.

-No chicos no es así – siguió esta con paciencia, mirándolos con la dulzura de una madre que le explica algo a sus niños pequeños – Anabelle por ejemplo es una chica muy agradable, nos encontramos de nuevo en la biblioteca y estuvimos hablando bastante. A mí me cayó muy bien…

-Claro que sí, ella es muy buena y muy dulce. No sé cómo pudo terminar allí – dijo Sirius bastante apesadumbrado mirando recurrentemente hacia la otra punta del salón – No recuerdo nada malo de ella.

-Es que probablemente no haya nada malo en ella amigo – lo reconfortó Remus dándole unas palmadas en el hombro – Lily tiene razón no todos los Slytherin deben ser malas personas…

El chico de ojos grises sólo hizo un gesto con la cabeza y siguió jugueteando nerviosamente con la comida que llenaba su plato. Quizás sus amigos tenían razón y no todos los de esa casa eran unos malditos, como su propia familia. Pero aún así no podía estar seguro.

Quería creer que su amiga de la infancia, con la cual compartía tan buenos recuerdos de juegos y tardes de sol, seguía siendo aquella niña simpática y dulce que él recordaba; pero le costaba mucho no dejarse llevar por las dudas que toda la situación le generaba y lo que su instinto le decía. Una vez más giró su cabeza y la miró, la chica ojeaba distraída las páginas de un libro mientras metía en su boca un enorme pedazo de pastel de papas. Se la veía tranquila y relajada, a pesar de las miraditas que todos sus compañeros le propiciaban. Por alguna razón levantó la vista repentinamente y cruzó su mirada con la de él, que le sonrío instintivamente. Ella le devolvió la sonrisa, o eso trato de hacer, ya que con la comida aún intentando ser tragada sólo logro que algunos alumnos que tenía cerca soltaran unas cuantas risitas al ver como empezaba a toser desesperadamente. Un largo trago de jugo después, la chica estaba más colorada que la gelatina de frambuesa que tenía enfrente.

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Aquella semana pasó bastante rápido, entre clases, castigos y fugaces vuelos en escoba por la tarde. Pronto llego el viernes y luego de la selección de los nuevos integrantes del equipo de su casa los cuatro merodeadores se dirigieron al Gran Comedor a llenar sus estómagos hambrientos.

Allí, sentadas en la mesa de Gryffindor, se encontraban Lily y Anabelle conversando animadamente en un extremo alejado de todos los demás mientras varias miradas entre extrañadas y reprobadoras provenientes de ambas casas no se apartaban de ellas.

Los cuatro chicos llegaron junto a ellas y las saludaron amablemente mientras se sentaban a su lado. Sirius vio como James, visiblemente nervioso, evitaba sentarse muy cerca de Lily. Su amigo aún no tenía el coraje de hablarle a la chica y despejar sus miedos.

-¿Qué tal las pruebas para el equipo? – preguntó Lily con una sonrisa sincera mientras jugueteaba con la comida en su plato.

-Geniales – contestó Sirius para después atacar ferozmente el plato de pollo y papas que tenía enfrente, una vez que pudo tragar todo lo que se había llevado a la boca, siguió – Todo más o menos igual… Solamente reemplazamos a los golpeadores por un par de chicos de cuarto, bastante buenos por cierto.

-¿Y tú de qué juegas Sirius? – se intereso la recién llegada al grupo mirándolo atenta y con una sonrisa – Recuerdo que eras muy buen buscador…

-James y yo somos cazadores… Desgraciadamente encontraron alguien mejor que yo para ese puesto ¿puedes creerlo? – bromeó él, le agradaba volver a ver a la chica, y que no actuara como una de esas serpientes lo aliviaba bastante - ¿Y tú no piensas probarte para el equipo? Eras muy buena… sería divertido competir con alguien realmente bueno, para variar.

-Eres malo Sirius - rió ella arrugando la nariz en una mueca algo cómica – Me comentaron que el equipo es bastante bueno…y respecto a lo otro, las pruebas son mañana, y la verdad no se qué hacer. ¿Ustedes creen que tengo chances?

-Hasta Peter con el brazo roto podría entrar a ese equipo – se burló James haciendo sonrojar al más pequeño de los amigos – Es un chiste amigo, vamos, un poco de humor.

-No eres gracioso James – soltó Lily de pronto, pareciendo extrañamente un poco contrariada – ¿Podríamos cambiar de tema, por cierto? Por una vez hablemos de algo que no sea quidditch o bromas, por favor.

-Buena suerte con eso Lils – susurró Remus entre divertido y resignado, mientras sus tres amigos fulminaban con la mirada a la pelirroja que aún con una mirada suplicante intentaba llevar la conversación hacia otros ámbitos.

La cena fue tranquila, y luego de que todos estuvieron satisfechos, el extraño grupo se dirigió a la puerta del Gran Comedor. Lily y los chicos se despidieron uno a uno de Anabelle, que debía tomar el camino hacia las mazmorras, y continuaron el trayecto hacia su sala común. Pero Sirius decidió quedarse atrás y cuando todos se fueron siguió a la chica.

-Lee...eh, digo, Anabelle… ¡espera!

-Ey Sirius- dijo ella dándose vuelta en su lugar y mirando intrigada al chico que se acercaba a paso rápido hacia ella - ¿Qué sucede?

-Quería preguntarte algo… - soltó él tratando de buscar las palabras correctas para lograr despejar sus dudas - Sé que es un poco delicado, pero realmente me gustaría…

-¿Quieres saber sobre Albert no? – le cortó ella bajando la vista mientras una mueca de resignación le inundaba el rostro. El moreno asintió con pesadumbre, era obvio que la sutileza no era su fuerte. Ella suspiró y levantó la cabeza para encontrarse con la mirada entre inquisitiva y arrepentida de Sirius. Él no quería ser el causante de esa tristeza que veía reflejada en los ojos de la rubia, pero la curiosidad no lo dejaba dormir – No sabemos nada de él… desde hace mucho ya.

Luego de escuchar la voz débil de la chica al esbozar esa cruda respuesta, no pudo más que arrepentirse de haberse acercado con tal duda. Sin embargo, y para su suerte ya que no tenía idea que decir en un momento como ese, la atmosfera tensa no duro mucho más. En un instante ella volvió a curvar sus rosados labios formando una bella, aunque débil, sonrisa.

-Te extrañe todos estos años estrellita – susurró con dulzura dándole un cariñoso apretón en el brazo, y con una mueca un poco más triste agregó – Y ahora que volví a verte me doy cuenta… que no quiero perder otro hermano.

Él solo pudo sonreír, y en un segundo la atrapó en un abrazo. Un abrazo protector, desinteresado, como aquellos que urgentemente necesitas después de un mal día. Él agacho unos centímetros su cabeza y pudo sentir el aroma que desprendía el cabello de la chica; el mismo de siempre. Se sintió como en casa. Por fin había podido volver a ver a la niña dulce y risueña que él tanto quería detrás de la mujer que ahora la escondía.

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A la mañana siguiente los cuatro merodeadores se levantaron bastante temprano, para ser sábado. Sirius los había arrancado de la cama, literalmente, rogándoles que lo acompañaran a ver las pruebas de Slytherin.

-¿En serio tenemos que ir? – se quejaba James por quinta vez mientras caminaban atravesando los jardines que aún se encontraban desiertos – Ya suficiente tengo con verlos jugar como monos amaestrados cuando nos toca contra ellos…

- No seas grosero James, ellos no son tan malos, y tú no eres tan bueno – Lily lo miró con una pequeña sonrisa burlona en su rostro para después agregar – Además vamos a apoyar a Ana…

-Si amigo. Le prometí que iríamos todos a verla. Ella no conoce a nadie aquí, recuerda eso – acotó Sirius sonando mucho más maduro de lo que realmente era – Además, no vendría mal otra chica en el grupo…

-¡Una chica más en el grupo sería espectacular! – se emocionó Lily volteándose para quedar de frente a sus cuatro amigos – Además, si sigo juntándome con tantos chicos se me va a terminar pegando lo bruta.

-EEEEY – exclamaron los cuatro mientras ella cambiaba su fingida cara de preocupación por una sonrisa socarrona.

-Bien que te diviertes con nosotros Lils – le recordó Peter arqueando sus cejas en una mueca de reproche mientras ella comenzaba a caminar a su lado.

-Es verdad, y tampoco te quejaste mucho cuando te enseñe esa maldición de los mocos… - rió Remus haciendo que la pelirroja sonriera pícaramente.

-Con amigos como ustedes nunca sé cuándo podría necesitar una maldición así – dijo ella con una mirada inocente mientras se adelantaba a sus amigos y comenzaba a subir una de las enormes gradas que rodeaban el campo.

Las pruebas duraron bastante poco realmente, no eran muchos los que se habían presentado, y tampoco eran muy buenos, para tranquilidad de los leones. Anabelle, por su parte, no lo había hecho nada mal para lo nerviosa que se la notaba. Ahora era la nueva buscadora de Slytherin y a pesar de tener una gran sonrisa en su rostro por ello, Sirius noto que algo más no andaba bien.

-¿Qué pasa rubia? – pregunto él, pasando cariñosamente su brazo por encima del hombro de ella mientras caminaban por los soleados jardines en dirección al castillo. Ella lo miró durante unos segundos algo dubitativa, pero ante la mirada seria de su amigo contestó.

-Me dijeron que no quieren que me siga viendo con ustedes… "Leones y serpientes jamás podrán ser amigos, somos rivales por naturaleza" – agregó imitando bastante bien la voz del capitán del equipo de su casa – Es decir, no me preocupa lo que piensen… pero tengo miedo que me saquen del equipo. ¡Había olvidado cuanto me gusta volar!

-Pfff por eso ni te preocupes Annie- la consoló él con una sonrisa un poco traviesa al ver la cara de genuina preocupación que cargaba ella – Ya verán como quedan si se atreven a echarte…

-Espero que lo que está pasando en estos momentos por tu cabeza no sea nada ilegal o prohibido Black – ella lo miró entrecerrando los ojos como intentado adivinar que estaba pensado

-Claro que no, oh por favor Merlín no lo permita – dijo teatralmente haciendo sonreír a su acompañante. No era muy difícil saber qué él no iba a desperdiciar ni una chance para jugarles una buena broma a las serpientes.

El tiempo siguió pasando bastante rápido y pronto los días comenzaron a ser más cortos y frescos. Anabelle se había adaptado a la perfección al grupo y así también el grupo a ella. Seguía siendo exactamente como Sirius la recordaba en su niñez, divertida y ocurrente, por ello sus amigos no habían podido evitar tomarle un gran cariño también.

Por otra parte, James aún no había tomado coraje para poder hablarle a Lily e invitarla a salir formalmente. Muchas veces le lanzaba sutiles indirectas a la chica, pero para su desgracia ella consciente o inconscientemente parecía no darse cuenta de nada de lo que pasaba a su alrededor. Es gracioso como a veces las personas más despiertas y atentas para algunas cosas son las que menos notan otras. La pelirroja era un claro ejemplo de ello, ya que la mitad de la población femenina del colegio (según Anabelle) ya había notado hace mucho que la relación de Lily y James se proyectaba más allá de una simple amistad.

Claro, eso también se debía a que las mujeres eran bastante más intuitivas y chismosas que los hombres para esas cosas, pensaba Sirius. Pero en este caso, ya era demasiado obvio, hasta él notaba la atmosfera extraña que los rodeaba cuando sus dos amigos estaban juntos o hablaban entre ellos. Tendría que darle él mismo un empujoncito a su amigo, si no lo hacía quizás esos dos tontos jamás llegarían a nada. Pero para eso necesitaba ayuda femenina, definitivamente. En ese momento levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Annie, él sonrío elucubrando un plan en su cabeza mientras ella lo miraba intrigada.

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Era una hermosa mañana de mediados de octubre, y los tenues rayos de sol entraban despacio por una de las ventanas de la torre de Gryffindor. Una somnolienta y sonriente pelirroja se desperezaba en su cama aún ajena al mundo que la rodeaba. Aún tenía los ojos cerrados, y es que aún no tenía ganas de despertar de ese hermoso sueño que había tenido. No recordaba exactamente cada detalle, pero había soñado con un chico de eso estaba segura. Era raro, tampoco recordaba su cara. Sólo sus ojos de un profundo color avellana. En realidad eso era lo único que recordaba del sueño, eso y el fuerte abrazo que el chico le daba, la increíble sensación de seguridad que le transmitía. Esos ojos le resultaban familiares, pero no tenía idea de donde…

Resignándose al fin a que no volvería a entrar al mundo de los sueños, procedió a levantarse a duras penas de su confortable y mullida cama con dirección al baño. Su día empezó bastante bien a decir verdad, pudo ducharse tranquila porque se había levantado un poco antes que sus compañeras de cuarto, y cuando llego al Gran Comedor vio con alegría que ese día, además de las delicias que solían preparar, los elfos habían hecho su tarta favorita: la de manzana. Pronto se le unieron los merodeadores y también Annie, quién había abandonado su mesa para charlar un poco con sus amigos. Pero extrañamente con el único que cuchicheaba era con Sirius, los dos susurraban algo inentendible para ella.

Así siguió el día de Lily Evans, uno de los mejores de la semana, pensaba ella. No había peleado con James ni con Sirius y estaba de un humor bastante bueno. Además no podía dejar de recordar ese sueño de la noche anterior y la hermosa sensación con la que se despertó. Seguramente sería lindo enamorarse… pero no, ella aún no tenía tiempo para eso. Quería terminar este año con excelentes notas y decidir finalmente hacia donde iba a orientar su vida. Además tampoco había encontrado de quién enamorarse. Sin querer seguir pensando mucho más en aquellas cosas del corazón, y habiendo terminado las clases del día, se dirigió a su habitual lugar de estudio, la biblioteca.

En el otro lado del castillo, un joven pelinegro caminaba con las manos en los bolsillos y ensimismado en sus pensamientos… La noche anterior había tenido el sueño más hermoso de todos. Estaba en los jardines de Hogwarts en una tarde soleada de primavera, había muchos estudiantes sentados en el verde césped, y un poco más lejos de todo estaban ellos. Él estaba entre los brazos de una hermosa pelirroja. Sentía a su lado el cálido cuerpo de la chica y como de vez en cuando ella le acariciaba la mejilla con dulzura. Ella le sonreía y descuidadamente le pasaba una mano por su desordenado cabello negro. Era ella, la chica que le robaba el aliento cada día, cada mañana, cada vez que aparecía radiante con sus ojos verdes llenos de entusiasmo por alguna nueva curiosidad que había descubierto en la biblioteca, la chica que se molestaba por cada travesura suya y lo regañaba como a un niño pequeño, para después abrazarlo cariñosamente y prometerle que no haría ninguna tontería más. Era ella, su amiga era sin dudas la persona que más ansiaba ver cuando se levantaba cada mañana…

Tenía que dejar de pensar tanto y actuar, no soportaba un segundo más lejos de Lily.

Últimamente hasta el más mínimo contacto con ella lograba alterarlo, ante cualquier pequeño roce accidental las hormonas de James comenzaban a enloquecer. Sentía como un hormigueo incesante le recorría toda la columna vertebral y cómo sus manos transpiraban asquerosamente cada vez que se encontraban a menos de un metro. Tenía que tomar coraje y enfrentarla de una vez por todas. Y por más raro que pareciera sentía que debía hacerlo cuanto antes, sintió que no podría aguantar un segundo más todas esas palabras que ansiaba decirle a la pelirroja. Y corrió a la biblioteca, seguro allí la encontraría.

-Creo que esto está saliendo a la perfección – murmuró una cabeza pelinegra observando detrás de un tapiz como el chico salía disparado por uno de los pasillos laterales.

Unos minutos después James llegaba agitado a la biblioteca tratando de divisar a la persona que tanto buscaba. Recorrió con nervios y un poco de desesperación los pasillos del lugar, varios grupos de estudiantes se quedaron observándolo algo intrigados mientras se paseaba por cada uno de los recovecos del lugar; pero para su desgracia no encontró a nadie. Así, un poco cabizbajo y decepcionado salió caminando lentamente de allí y empezó a caminar los pasillos y escaleras que llevaban a la torre. No notaba nada de lo que pasaba a su alrededor, ni tampoco quería hacerlo si allí no la encontraba a ella. Paso a paso sentía como las dudas se erguían con más fuerza dentro de su cabeza, necesitaba decirle todo ya, antes de que su valor se esfumara…

Ella venía caminando muy concentrada leyendo un libro sobre pociones, se sentía extraña ese día. Lo que más extraño le resultaba era recordar lo que había soñado, casi nunca lo hacía, y ese sueño en particular la tenía bastante inquieta para esa altura del día. No sabía porque daba tantas vueltas sobre el tema en su cabeza, pero de verdad le era completamente imposible concentrarse en otra cosa. Comenzó a bajar rápidamente y casi sin mirar por una de las escalinatas mientras seguía ojeando el libro que llevaba consigo. ¿Cómo diablos iba a concentrarse en las tareas que debía hacer si no podía dejar de taladrarse el cerebro con incertidumbres? Necesitaba recordar algo más de lo que había soñado, de quién era ese chico, estaba segura que lo conocía…

¡PUM!

En ese instante el libro y unos cuantos pergaminos salieron disparados por el aire con algunas cosas más y Lily se encontró tirada en el suelo, escaleras abajo, mientras alguien más se encontraba encima de ella. En un segundo el peso que le había caído encima desapareció y mientras ella se daba vuelta en el suelo para ver quién había sido el descuidado, una mano enorme la tomo del brazo para ayudarla a incorporarse. Y entonces fue cuando los vio. Esos ojos, los ojos del chico de su sueño, de un hermoso color avellana con pequeños y casi invisibles destellos dorados.

-Lily, lo siento, discúlpame… - la chica algo aturdida se limitó a sonreírle tímidamente. ¿Por qué el corazón le latía tan acelerado?

-No te preocupes Connor – dijo un poco sonrojada después de un rato y aún tratando de observar los ojos del apuesto Ravenclaw– Estoy bien…

-Que bueno Lily, no me sentiría bien si te hubieras lastimado por mi culpa – agregó él sonriéndole dulcemente mientras se acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja – Iba pensando en otra cosa… y creo que tu también ¿no?

-Estás en lo cierto. Tuve un día algo extraño nada más… ¿Y tú? – no sabía por qué razón quería parecer simpática y despreocupada con él. Bueno es verdad que era un chico muy atractivo, debido a su altura y a sus facciones angelicales definitivamente no pasa desprevenido en el colegio, pero ella no se estaba fijando precisamente en eso.

- Un día malo más bien… necesito urgente un libro para un trabajo que nos puso Slughorn y no encuentro ningún ejemplar en la biblioteca – dijo él preocupado mientras la pelirroja bajaba la mirada y buscaba el libro que tenía hace unos momentos en sus manos, había caído unos metros más lejos que el resto de los papeles.

-¿Es éste libro? – preguntó ella sonriente mientras le extendía el libro al joven castaño que sonrío aliviado.

-¡Sí! Wow Lily que casualidad… ahora me alegro haberme chocado contigo – rió él y acercándose un poco más a ella le propuso - ¿Qué te parece si vamos a la biblioteca y lo leemos entre los dos? ¿Me harías ese favor?

Ella sonrió complacida y algo ruborizada, cosa que tampoco estuvo seguro de porque sucedía, mientras asentía con la cabeza, y después de que ambos levantaran las cosas del suelo empezaron a caminar juntos en dirección a la biblioteca. Connor siempre le había parecido guapo claro, como a todas sus compañeras, pero nunca se había sentido tan rara como ese día y como en ese momento al hablar con él. De verdad tenía unos ojos preciosos.

Más lejos de allí a la vuelta del pasillo, pero lo suficientemente cerca como para escuchar toda la charla, se asomaba una desordenada cabellera negra. Después de unos segundos clavado en su lugar, aún repitiendo en su cabeza la conversación que había escuchado, se dio vuelta súbitamente y pateó con ira la pared más cercana. No podía evitarlo, ya estaba sintiendo que la perdía, y lo peor era que ni siquiera tuvo la oportunidad de ser sincero con sus sentimientos. Moría de ganas de abrazarla, y temía no poder hacerlo más que en un sueño.

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¡Hola! ¿Hay alguien por ahí? La verdad es que no estoy segura de si alguien estara leyendo esto, pero aún así me arriesgo y le agradezco al que lo haya hecho jajaja ¡Gracias!

Bueno, aunque los capítulos no sean muy largos, intento mejorar conforme avanza la historia... sólo espero que uds vean algunos avances, y si no lo hacen pues dejenme una crítica que siempre es bienvenida :)

Pasando a otro tema, hace unos días tuve un momento de iluminación y el capítulo final se plasmó repentinamente en mi cabeza, por lo que ya tengo mas o menos pensada allí toda la historia (que no será muy larga calculo). Así que aunque no tenga ningún seguidor, ¡esta historia va a seguir! Quizás algún día alguien la conozca y la quiera tanto como yo, ¿verdad? Bueno, la esperanza es lo último que se pierde jajaja

Saludos :)