El invierno definitivamente estaba llegando al castillo. Los días eran cada vez más cortos y muchas mañanas, el frío era casi insoportable. Por ello, los merodeadores habían restringido al mínimo sus salidas para volar, o para romper algunas reglas. Se estaban acostumbrando, como todos los inviernos, a permanecer mas quietos que de costumbre sentados frente a la chimenea de la sala común o de la recién descubierta sala multiuso.

A diferencia de sus amigos, Remus disfrutaba esos momentos mucho más que de las salidas y las aventuras prohibidas. Momentos como esos lo hacían sentirse normal. Además, era muy divertido escuchar a Sirius burlarse de todo el mundo y despotricar contra quienes le caían mal, le encantaba escuchar las anécdotas e historias de Peter, y como olvidar las ocurrencias y planes de James, siempre pensando en que harían en el futuro. Porque de algo estaban seguros, ellos seguirían ante todo juntos. Nunca lo habían dicho en voz alta, no era necesario, era algo que estaba implícito en su amistad. Desde el día en que descubrieron lo que él era, y sin dudar decidieron acompañarlo en ello, se dio cuenta de que nunca en la vida podría separarse de aquellos chicos. Nunca estaría solo, siempre tendría a sus amigos.

-¿En qué piensas tanto Lunático? – la voz de James interrumpió sus pensamientos y observó cómo sus tres amigos lo miraban intrigados.

-En cuanto les agradezco chicos, por todo – sólo sonrió y su mirada, profunda y amable, dijo todo lo demás.

-No hay nada que agradecernos, nunca lo hubo – el chico con lentes le dio un corto abrazo, mientras que Peter se acercó y le dio un apretón en el hombro.

-Supongo que aunque quiera nunca podré mantenerlos alejados del peligro de ser mis amigos – no podía evitar sentir ese peso irremediable en su conciencia, esa culpa constante.

-Oh Remy ya se puso sentimental – se burló Sirius, como siempre hacía, acercándose a su amigo y golpeándolo cariñosamente en la espalda – En serio, a veces creo que en estos días te pones como las mujeres amigo… Más sensible que de costumbre.

-Eres un imbécil Sirius – rió él mientras sus otros amigos también sonreían. Era imposible que su amigo se tomara algo en serio.

-Pero por lo menos no soy una niñita sensible y culposa – siguió bromeando él, recibiendo como respuesta un fuerte golpe de almohadón en la nuca - ¡EY! ¿Por qué tanta violencia? ¿Puedes arruinarme mi hermoso rostro, sabes?

-¿Seguro que nadie lo ha hecho antes? Porque lo tienes bastante arruinadito – dijo James burlándose de su amigo que se protegía con el brazo para evitar que Remus lo golpeara nuevamente. Pero eso no evito que el castaño dirigiera su ataque hacia sus partes bajas, y agarrándolo desprevenido lo golpeara con fuerza, justo ahí.

-Mejor va ser que cuides otros lugares importantes… - soltó Peter entre carcajadas, al mismo tiempo que Sirius intentaba escapar de más golpes.

-No vaya ser que quedes feo y además, ¡impotente! – continuó James, sacándole jugo a la situación y sin poder para de reír.

-Con amigos así, ¿para qué quiero mortifagos eh? – les recriminó el chico de ojos grises con una expresión dura que no le duró mucho. Unos instantes después, los cuatro seguían burlándose y bromeando entre ellos. Riendo, y siendo felices con esos pequeños momentos, como si nada más importara. Y la verdad es que, a pesar de todo, no había nada más importante que esa amistad.

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La pelirroja subía lentamente por las escaleras hacia su cuarto, intentando que ninguno de los chicos que continuaba en la sala común la escuchara. En su mente seguían retumbando las palabras que había escuchado decir a Remus. `Supongo que aunque quiera nunca podré mantenerlos alejado del peligro de ser mis amigos´, repitió en su cabeza. ¿Por qué podría ser peligroso ser amigo de Remus? Él era el más centrado de todos, el que siempre ponía orden entre sus amigos. Eso no tenía sentido. Quizás era sólo un chiste, pensó ella también, pero no...la forma en que lo había dicho era muy seria, cómo si se estuviera realmente lamentando de ello. La curiosidad la estaba matando, ¿qué estarían planeando el grupo de amigos? Algo le decía que no era nada muy inocente.

Esa noche un viento helado soplaba fuera del castillo y la luna blanca en lo alto del cielo bañaba todo el paisaje con su tenue luz. Lily salió por la puerta principal hacia los jardines, siguiendo desde lejos a un grupo compuesto por tres jóvenes que corrían apresurados en dirección al sauce boxeador. Bajo sus pies el suelo estaba cubierto de una fina capa de nieve que amortiguaba el sonido de sus pasos y a causa del clima propio de principios de diciembre, nadie más que ellos se encontraba cerca.

El trío de jóvenes se acercó al gran árbol que empezó a sacudirse un poco, pero en un segundo uno de ellos toco un punto exacto en el tronco y éste quedo inmovilizado. La chica que los seguía, y que había permanecido escondida detrás de unos arbustos para que no la vieran, abrió sus grandes ojos verdes con sorpresa y cuando estuvo segura de que no se darían cuenta de su presencia, los siguió.

Ese misterioso y sucio túnel por el cual estaba transitando no le daba una buena impresión. Tendría que hablar muy seriamente con sus compañeros cuando los encontrara, porque estaba segura que de acuerdo a la longitud del camino que ya había recorrido debían estar fuera de los terrenos del castillo. Después de un rato Lily se encontró de frente con una puerta la cual abrió con lentitud para no hacer ruido y sorprender a sus amigos en plena travesura, pero una vez que estuvo dentro escucho varios ruidos que no le gustaron para nada. Una especie de aullido hizo que se le pusiera la piel de gallina, y sin saber porqué, lamento que su enorme curiosidad le hubiera ganado, llevándola hasta allí.

Desde el piso superior se escuchaba lo que parecía una riña entre animales y después de un rato también la voz de un hombre que reconoció al instante: Severus.

Con miedo, pero también cautela, subió de a poco la escalera y se asomó a una de las habitaciones. Lo que vio dentro la dejo helada. En una esquina, temeroso y con la varita en alto, se encontraba Snape, quién miraba con odio hacia la otra punta de la habitación donde un cuerpo peludo y enorme yacía en el suelo y a su lado, James y Sirius.

De a poco, ese cuerpo tendido sobre el antiguo piso de piedra empezó a moverse, a extender sus largas extremidades y luego de un momento levantó la cabeza. Una fila de afilados dientes se asomó en su hocico mientras su mirada depredadora observaba al joven que temblaba de miedo frente suyo. Y fue entonces cuando James gritó: ¡Corre Snape! ¡Vete de aquí ya!

El aludido lo miró durante una milésima de segundo con la cara desfigurada por el odio y siguió parado firmemente en su lugar.

-¿¡Que, no escuchaste Quejicus!? – estalló Sirius apuntándole con la varita mientras la bestia lograba incorporarse con dificultad, al parecer estaba algo golpeada - ¡Vete de aquí! No podremos salvarte el trasero por mucho más tiempo.

-No necesito que me salven ustedes dos – soltó él con desprecio mientras lanzaba otro hechizo hacia el hombre lobo. Éste chilló de dolor. – Ustedes me trajeron aquí y voy a llevarlos a ustedes y esa bestia con el director…

-¿Y COMO DEMONIOS ESPERAS PODER LLEVAR A UN HOMBRE LOBO DENTRO DEL CASTILLO? – le gritó el chico de ojos grises sin más paciencia. Su mirada denotaba odio, pero también desesperación. Girándose hacia donde estaba James que aún observaba con preocupación la situación, le dijo – Vámonos de aquí y dejemos que lo intenté… Quizás tenemos suerte y nos libramos de este tonto.

James miró con desaprobación a su enojado amigo, pero cuando iba a decir algo el hombre lobo comenzó a incorporarse con más rapidez de la esperada y abriendo sus fauces en un aterrador aullido se lanzó contra lo primero que tuvo en frente.

En un segundo y delante de sus ojos la pelirroja vio como un grácil ciervo aparecía en el lugar donde hace un instante estaba su amigo y se arrojaba contra la bestia, impidiendo que esta atacara a Snape. De un momento a otro apareció también en la habitación un enorme perro negro que se dispuso a ayudar al ciervo en su tarea de proteger al chico que aún seguía inmovilizado con la varita en la mano.

Los gruñidos, aullidos y fuertes golpes, lo hicieron despertarse de su trance y el chico corrió, aterrado, hacia el túnel por el cual habían entrado. Lily quedo agazapada allí detrás de la puerta de una habitación colindante observando la escena.

El hombre lobo, furioso por haber sido detenido en su ataque, se desprendió de los dos animales que tenía encima y salió disparado hacia el piso inferior. El perro negro se levantó de un salto y si mirar atrás lo siguió. Pero el ciervo quedo tendido en el suelo, inmóvil. Lily se fue acercando a él lentamente y en un segundo, allí donde había estado ese hermoso y delicado animal, se encontraba el tremendamente golpeado cuerpo de James Potter.

Aterrada por lo que pudiera pasarle a su amigo corrió a su lado y empezó a zamarrearlo con cuidado intentando despertarlo.

-Vamos James, vamos… despierta – murmuraba angustiada ella al ver que no obtenía ninguna respuesta. Sacó su varita y apuntándola al cuerpo del chico murmuró `enervate´. Pero nada sucedió. Con el miedo creciendo en su interior y su corazón latiendo desesperadamente, se acercó al pecho del chico para comprobar si aún seguía con vida. El débil sonido de latidos que escuchó la tranquilizó un poco, pero rápidamente puso su mente en funcionamiento para ver cómo podría sacar al pelinegro de allí.

Tenía que salir a buscar ayuda urgentemente, pero no podía dejarlo ahí solo. Tomó una gran bocanada de aire mientras intentaba calmarse y concentrarse, y entonces levantó su varita apuntando al chico. Unos segundos después el cuerpo de éste empezó a elevarse unos centímetros sobre el suelo y ella intentando no perder la concentración por nada en el mundo empezó a moverlo hacia la salida.

Cuando ambos llegaron al sauce boxeador la luna aún se encontraba en lo más alto del cielo nocturno, pero de a poco unas cuantas nubes negras se interpusieron en su camino, bloqueando su luz y dejando el paisaje nevado en total oscuridad.

Lily aminoró el pasó, pero no se detuvo, James todavía seguía inconsciente. Entonces fue cuando vio algo moverse entre los arbustos y ante el susto, sin querer dejó caer el cuerpo de su amigo sobre el congelado césped. Con la varita en alto apuntó al lugar desde donde provenía el movimiento y espero que algo sucediera.

-Tranquila Lily, baja la varita, soy yo… - dijo una voz familiar, y en medio de la oscuridad notó como una figura se le acercaba. Sólo cuando estuvo cerca pudo darse cuenta de quién era e hizo caso a lo que le pedía.

-¡Peter! – exclamó ella abalanzándose sobre él y atrapándolo en un fugaz abrazo – James esta herido… ¿Dónde estabas? ¿Que es ese lugar? ¿Tú sabes sobre el hombre lobo?

-Tranquila Lily, ya te explicaremos todo – la interrumpió él antes de que siguiera preguntando, y agregó con una mueca de preocupación – Ahora debemos llevar a James a la enfermería. Eso es lo más importante.

Ella asintió rápidamente, y volvió a apuntar con la varita a su amigo haciéndolo elevarse en el aire.

-Y cuando lleguemos a la enfermería, déjame hablar a mí Lils, y ve a buscar rápido al profesor Dumbledore – sentenció el finalmente con una seriedad que ella nunca había visto en él mientras los dos corrían en dirección a la entrada principal, seguidos por el flotante cuerpo de su amigo que aún no había despertado.

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La mañana siguiente amaneció fría y gris, una débil nevada caía sobre el lugar, y desde la ventana de la enfermería Lily observaba detenidamente como los pequeños copos de nieve se depositaban sobre los jardines. A su lado James, aun dormido, estaba tendido en una de las camas. Ya era casi mediodía pero, según la enfermera, él dormiría seguramente unas cuantas horas más.

Una vez que supo que su amigo estaba bien y que nada de lo sucedido la noche anterior le traería consecuencias a largo plazo, se tranquilizó y volvió a repasar lo ocurrido en su mente una y otra vez. Había tantos interrogantes a los cuales no podía encontrarles una respuesta coherente… y para colmo, Sirius y Remus parecían haber desaparecido del castillo, ya que no podía encontrarlos en ninguna parte. A Peter, por su parte, lo interceptó a la hora del desayuno pero desgraciadamente el chico se había escapado hábilmente de sus preguntas desapareciendo hacia una de sus clases, para luego no dejarse ver el resto de la mañana.

Entonces un débil quejido interrumpió los pensamientos de la chica. James había abierto los ojos y tanteaba en la mesa de noche, buscando sus anteojos. Ella los tomó y se los acercó, mientras que el chico hacia una mueca de dolor al intentar incorporarse en la cama.

-¿Qué haces aquí Lily? ¿Qué paso? – preguntó él algo aturdido.

-Te hirieron, algo te lastimo anoche… - contestó ella mirándolo expectante – Y creo que ahora es tu turno de explicar bastantes cosas.

Él suspiró, y con pesadumbre asintió, dándole la razón.

-Sólo prométeme que guardarás el secreto y principalmente prométeme que no vas a enojarte… - ella no sabía si podría cumplir la segunda parte del pedido, pero igualmente asintió, necesitaba entender.

Después de contarle con lujo de detalles toda la verdad sobre la condición de Remus, y de cómo habían roto una cantidad inmensa de leyes mágicas al aprender a transformarse, James se detuvo mirando dudoso a la pelirroja que se había quedado con la mirada perdida en algún punto del paisaje invernal que afuera se desplegaba.

-¿Guardaras el secreto verdad Lils? – preguntó él, llamando su atención.

-Claro que lo haré… - contestó ella algo ofendida mirándolo – Remus también es mi amigo, y sé qué clase de persona es.

-No esperaba menos de ti - sonrió él y luego con un tono algo triste agregó – Disculpa por haberte hecho pasar por eso anoche…

-Me lo busque yo solita, no tienes porque pedir perdón – dijo ella interrumpiéndolo – Además, creo que soy yo la que debe disculparse. Cuando te dije que solo te preocupabas por ti mismo, yo creo que estaba muy equivocada…lo dije sólo por impulso, estaba enojada.

-Ya lo sé – sonrió él, y con un suave movimiento la tomó de la mano. Ella sintió que el calor de James contrastaba demasiado con la frialdad de su propia piel, pero aún así le agradó sentir ese contacto – Además, entiendo que a veces puedo ser bastante insoportable, y que quizás puedo parecer algo que definitivamente no soy.

Ella solo se limito a esbozar una sutil sonrisa y se lamento por haber pensado tan mal de él. Podía ser completamente inmaduro para algunas cosas, pero sin dudas la noche anterior le había hecho ver que no era ese niño caprichoso y egocéntrico que ella había pensado. En realidad era un gran hombre.

Miró como él sostenía su mano con firmeza y le regalaba una tranquilizadora sonrisa. No supo porque, pero por un momento se sintió como en casa, lo miró directamente a los ojos y vio por primera vez algo que nunca antes había visto, su mirada cálida y sincera parecía decirle que no se preocupara, que todo estaría bien. Sonrío. Y mientras él apretaba su mano con un poco más de fuerza sintió que nunca más quería que esos ojos dejaran de mirarla de esa forma.


¡Hola! He aquí un nuevo capítulo, en el que como verán agregue esa pequeña escena en la que James salva a Snape de las garras de Remus, no recuerdo bien donde lo mencionaba pero siempre me intrigó saber si Lily sabía esto y si lo sabía, cómo lo había tomado. Por mi parte, me convenía para la historia que se lo tomara bien, por supuesto jajaja. En fin... estoy un poco lenta con el tema de escribir y tengo que empezar a preparar exámenes importantes así que no se cuando volveré a actualizar pero espero no tardar tanto, al capitulo que sigue solo quieor agregarle un par de cositas más y listo.

Si hay alguien por ahi, lo saludo afectuosamente y le pido que por favor me cuente que opina de la historia, ¡sería genial saberlo! Gracias.