Capítulo 3: Viejas enemistades… y amistades
- En realidad no quiero pelear contigo, Kabal, más que nada por respeto ya que fuiste compañero mío en la policía, así que ríndete. – le decía Stryker a su adversario. – Dentro de unas horas vendrán soldados de fuerzas especiales y agentes de la SWAT, rodearan el lugar por completo.
- Si crees que tengo miedo estas equivocado, en una horas ya no estaré aquí, Stryker.
- Déjame adivinar, tú también esperas refuerzos, ¿no?
- Jejeje, acertaste. ¿Dónde están Sonya y Jax? Seguro viniste con ellos.
- Una pregunta interesante, pero yo tengo una mejor: ¿Dónde está Kano?
- Tomó el otro camino, el que conduce a las celdas.
- ¿Las celdas? Ahí es donde fue..
El oficial no pudo evitar asombro y miedo al recordar a la persona que iba en esa misma dirección, la que en este momento estaba sola a merced de un cruel y sagaz asesino.
- ¡SONYA! – exclamó Stryker mientras volvía sobre sus pasos para ir a ayudar a su amiga.
Pero Kabal, usando su supervelocidad, se colocó entre Stryker y la puerta interrumpiendo el paso.
- No te iras así de fácil, Stryker. Primero debes vencerme si quieres ver a tu amiga.
- En ese caso, tendré que arrancarte esa mascara a golpes.
Dicho esto el oficial intentó darle un golpe en la máscara-respirador de Kabal, pero el Dragón Negro lo bloqueó con un brazo y como contraataque le dio un rodillazo en la boca del estómago. El oficial retrocedió tambaleándose, pero se recupera rápidamente y le propina varios golpes al enemigo enmascarado. Kabal no pudo bloquear muchos de los golpes, varios de ellos los recibió de lleno.
- Si piensas que vas a vencerme estas muy equivocado, Stryker. – exclamó Kabal mientras desenfundaba sus hookswords. – Voy a cortarte la cabeza.
- No si antes yo vuelo la tuya.
Stryker desenfundó una de sus pistolas pero Kabal fue más veloz y con una de sus hookswords hizo volar el arma del oficial al mismo tiempo que con la otra pensaba darle el golpe final a la cabeza. Pero tras perder el arma de fuego, Stryker se agachó esquivando el ataque mortal que lo habría decapitado de haber llegado al objetivo y le da un golpe en las costillas a su rival.
- ¡No vale usar pistolas, Stryker! ¡Pelea!
- De acuerdo.
El oficial tomó el aarma del suelo y la guardo en su funda, luego extrajo de las correas de su espalda sus dos tonfas (o macana de policía), si bien no eran armas afiladas como las hookswords de Kabal podían levemente equilibrar la pelea.
- ¿Crees que tus dos palitos pueden contra mis espadas?
- Acércate y veremos.
Mientras tanto, en la sala de celdas…
- ¡No te escaparas esta vez, Kano! – gritaba una furiosa Sonya Blade a la vez que se ponía de pie luego de un golpe recibido.
- ¿Vas a arrestarme? ¡Ay, qué miedo tengo! – respondía burlonamente el criminal.
- Tengo que hacerlo por deber, pero lo que yo quiero es destruirte de una vez.
- Bien preciosa, he hecho una cuchilla especial para ti, y tiene sed de tu sangre.
Con una sonrisa diabólica, el hombre sacó un cuchillo un poco más largo del que suele llevar siempre, con el filo como el de una sierra.
- Tengo otra cuchilla para tu amigo Jax, lástima que no ha venido.
- Lamento decirte que si ha venido.
- ¿Y dónde está?
- Ya aparecerá, y cuando lo haga te arrepentirás.
- Muy bien, entonces… te mataré antes de que llegue.
Tras dicho esto, el desgraciado saltó y con un grito de guerra arremetió contra la soldado con la cuchilla ya preparada para desgarrar su garganta. Pero no contó con la velocidad de su rival, quien eludió el ataque para contraatacar con una patada al abdomen. El hombre cayó arrodillado por el dolor y exclamo con ira:
- ¡Ahora verás, perra! ¡Voy a arrancarte el corazón y a aplastarlo con mis manos!
Kano se incorporó y nuevamente atacó a Sonya, la soldado esquivaba los golpes con cuchillo que le daba su enemigo y finalmente con una toma de artes marciales logra desarmarlo. Ahora el combate era a puño limpio, Sonya demostraba ser más veloz y ágil, pero Kano no debía ser subestimado.
La lucha era pareja, parecía que no iba a tener fin, hasta que el criminal logra golpear a Sonya en el rostro tan fuerte que le provoca un corte en la frente y aprovecha la desorientación que produjo el golpe para tomar a la mujer del cuello y comenzar a estrangularla.
- ¡Muere, zorra! ¡MUERE! – gritaba enojado Kano apretando el cuello de Sonya hasta que se sofoque.
Pero lo teniente tenía varias sorpresas que al parecer su enemigo había olvidado, con esfuerzo, la mujer colocó la palma de su mano frente a su boca y con un fuerte soplido una pequeña nube de polvo rosa encegueció al Dragón Negro. El delincuente maldecía a su enemiga y a sus dispositivos, pero ella no perdió tiempo y le dio una severa paliza que concluyó con un golpe de karate al cuello y una patada voladora al pecho, dejándolo en el suelo.
Volviendo a Kabal y Stryker…
La pelea era reñida, ambos contrincantes demostraban ser igual de fuertes, las espadas de Kabal están muy afiladas pero los tonfas de Stryker tenían la dureza suficiente para contrarrestarla. El integrante del Dragón Negro usó su supervelocidad y comenzó a dar vueltas alrededor del oficial hasta desorientarlo para luego pararse de nuevo frente a él y darle una patada en las costillas seguida de un golpe al rostro.
Stryker cayó al suelo boca abajo, inmóvil, sentía ardor en el pecho y escupía sangre. Su enemigo enmascarado se acercó despacio aún blandiendo sus hookswords.
- Lamento que termine así, Stryker. – Decía Kabal – Has sido un buen compañero y amigo en la SWAT, pero no puedo permitir que te metas con el Dragón Negro.
- Kabal… - hablaba con esfuerzo el oficial. - ¿Cómo puedes… como puedes ayudar a Kano?
- Él es una pieza importante de la organización, necesita la colaboración de todos los integrantes.
- ¿Estás loco? ¡Fue por su culpa que tu estés así! ¡Mírate, todo tu rostro destrozado, necesitas un respirador para poder vivir!
- ¡Pero él no me hizo esto! ¡Fueron las tropas de exterminio de Shao Kahn!
- ¡Sí, pero Kano lo ayudó a él y todos esos desgraciados a atacar nuestro mundo! ¡Él les proporcionó las armas a los enemigos! ¡Quería que Shao Kahn nos derrotara y conquistara todos los reinos!
- Tal vez tengas razón, Stryker. Pero el Dragón Negro ha sido gran parte de mi vida, además ahora en mi estado no puedo hacer otra cosa… ¿crees que me aceptarán de nuevo en la policía con esta apariencia? ¿Sabes lo tortuoso que es vivir con un respirador?
- Encontraremos la forma de arreglar tu aspecto… Sindel conoce mucho de magia, quizás pueda ayudarte… o Raiden podría…
- No, ya no hay nada para mí. Lo siento, pero debo destruirte.
El oficial intentaba levantarse, pero no lo lograba y lentamente su excompañero se acercaba y el filo de sus armas brillaba con las tenues luces del alba que ingresaban por las ventanas.
Mientras…
Kano permanecía en el suelo, absolutamente inmóvil, Sonya aprovechó para contactar mediante su radio a Stryker:
- Stryker, soy Sonya. Ya encontré a Kano ¿Hallaste algo?
Pero no se oía nada del otro lado, solo un silencio que inmediatamente incomodó a la militar, ella sabía que esas radios eran excelentes y tenían buena señal desde cualquier parte así que no era posible que no se oyera nada.
- ¿Stryker? ¿Me escuchas? – decía extrañada Sonya a su radio-muñequera.
La noche comenzaba a aclarar, el sol lentamente se elevaba y la luz entraba e iluminaba débilmente el lugar, Kano aún seguía sin moverse, Sonya lo empujó levemente con un pie, atenta a algún ataque sorpresa, pero no hubo ninguna reacción por parte del hombre.
- ¡¿Stryker?! ¡Responde por favor, Stryker! – insistía la teniente. - ¡Resp… AAAAAARRRRGHHH!
Sonya gritó con todas sus fuerzas cuando un dolor inmenso repentinamente invadía en su cuerpo, más específicamente en su pierna derecha, cayó arrodillada y vio sangre en el piso, enseguida oyó la voz de Kano.
- ¡Te confiaste demasiado zorra! ¡¿Cómo se te ocurrió pensar que podías vencerme?!
La mujer soldado miró su pierna derecha, la que ahora mismo estaba siendo atravesada por un cuchillo y manando sangre, Kano había fingido el desmayo esperando el momento justo para apuñalar a su enemiga. El dolor era insoportable, a tal punto que salían lágrimas de sus ojos y con fuerza comenzó a tirar de cuchilla hasta quitarla de su extremidad.
- ¿Te dolió, preciosa? – preguntaba Kano nuevamente burlándose.
- ¡No más de lo que te dolerá a ti! – gritaba furiosa Sonya empuñando la cuchilla ensangrentada y arrojándose contra su enemigo.
De nuevo con Kabal y Stryker…
El integrante del Dragón Negro se sigue acercando a su contrincante, quien aún estaba en el suelo boca abajo.
- ¿Unas últimas palabras, oficial? – decía Kabal mientras con sus manos se preparaba a dar el golpe fatal.
- Sí… - le contestó Stryker mientras se daba vuelta rápidamente con una granada en una mano y el seguro de la misma en la otra. - ¡Aquí te va un regalo!
Aprovechando que estaba en el suelo, el oficial rodó a un lado velozmente dejando la granada a los pies de su rival. Kabal sin dudarlo quiso usar su supervelocidad para escapar, pero apenas dio unos pasos la granada explotó enviándolo por los aires.
El guerrero enmascarado "voló" algunos metros para caer al suelo, de repente notó que se le hacía difícil respirar y sentía una brisa en su espantoso rostro lleno de cicatrices, capaz de asustar al más valiente.
- ¡Mi… mi mascara! – decía sorprendido y horrorizado el Dragón Negro al notar la ausencia de su soporte de vida.
La máscara de metal, que había se le había salido con la fuerza de la explosión no estaba cerca de él, había desaparecido. Al haber perdido la mascara-respirador, el hombre comenzó a ahogarse, ya que no podía respirar por sus propios medios.
Una silueta se acercaba lentamente al moribundo Kabal, no tardó mucho tiempo en reconocer al sujeto con el que estaba peleando hace unos segundos: Stryker, quien en su mano llevaba la máscara.
- De...devuélvemela Stryker, la… la necesito.
- No sé si debería hacerlo.
- Tu e… eres un pol… policía, debes arrestarme… pero no dejarme morir así.
- Tienes razón, pero dijiste que no podías seguir viviendo así, que era una tortura tener que llevar esta mascara el resto de tu vida. Así que te en realidad te estaría haciendo un favor.
- No… no dejarías morir a tu… informante… ¿verdad?
- Claro que no pero…
La frase tomó por sorpresa a Stryker, él nunca había visto a su informante y pensó que estaría en el mismo lugar con Kabal y Kano, pero esa confesión lo dejó anonadado.
- ¿Tú eras mi informante, Kabal? – preguntó el oficial sorprendido.
El sujeto asintió sonriendo con mucho esfuerzo, sentía como la fuerza lo abandonaba a cada segundo. Stryker siguió preguntando:
- ¿Y por qué? ¿Por qué me dijiste lo que Kano y tú iban a hacer?
- Para decidirme…
- ¿Decidirte? ¿Decidir qué?
- De… de qué lado estar.
- Creí que ya habías dejado claro de qué lado estas.
- No, es verdad lo que dijiste de Kano y su participación en el intento de conquista de Earthrealm… pero quería recuperar al Dragón Negro, volver a mi vieja vida… o por lo menos eso quería hasta ahora, que descubrí que si Shao Kahn, Shang Tsung, Quan Chi o cualquier otro dominara esté mundo para fusionarlo con Outworld… no… no podría vivir en un mundo así. No podía decidirme por cuál bando debía luchar, así que te contacté para que vinieras y te enfrentaras a mí.
- Y te derroté, Kabal.
- As… así es… me has demostrado que estuve mal en abandonarlos a ti y a los demás solo para seguir mis propios deseos cuando lo que más importa es mi mundo… nuestro mundo... ¿Qué me dices,… compañero?
Con una sonrisa Stryker lentamente le colocó la máscara-respirador a Kabal. El Dragón Negro se quedó sentado inhalando y exhalando hasta recuperar el aire y las fuerzas.
- Bien Kabal, quédate ahí. Iré por Sonya, está en peligro y Jax aún no aparece. – decía el oficial.
Dicho y hecho, Stryker comenzó a correr dejando a Kabal recuperándose. La luz del amanecer se hacía más fuerte, el sol se veía desde lejos, ya dentro de poco vendrían los refuerzos para ambos bandos.
- Debo apresurarme. – Pensaba el oficial – Resiste, Sonya, ahí voy.
Fin del tercer capítulo.
