AVISO: Este capítulo tendrá una parte que quizás a alguno no le guste, es el principal motivo por el que lo clasifiqué como M (Mature).

Capítulo 4: Brutalidad

Sonya Blade se arrojó, cuchillo en mano y llena de furia, contra su némesis Kano. La teniente atacó empuñando el arma ensangrentada pero el criminal logró esquivarla, la grave herida en su pierna le hacía perder velocidad pero ignoraba el dolor concentrando todo su enojo en derrotar al hombre que tantas veces intentó capturar y siempre se escapaba.

- ¡Prepárate Kano! – gritaba Sonya. – ¡Hoy será tu último día libre!

- Primero deberás vencerme, y dudo que así sea.

- Búrlate si quieres, pero Stryker y Jax vendrán… y te destrozaran.

- Así que también viniste con tu amigo policía... bueno, yo siempre vengo preparado. – decía riéndose el Dragón Negreo mientras de uno de sus bolsillos sacaba un control remoto – He puesto explosivos en muchos sectores de esta cárcel y si no logra matarlos… por lo menos evitaran que nos molesten por un tiempo.

- ¡NO! - gritó Sonya pero ya muy tarde, el criminal apretó un botón del control riéndose, había activado los explosivos.

Mientras…

Stryker seguía corriendo para llegar al lugar donde Sonya y Kano deberían estar peleando.

- La sala de celdas debe estar cerca de aquí, no puedo perder tiempo… ¡¿Qué diablos?! – exclamó el oficial mientras sacaba su arma listo para gatillar.

- ¡Wow, espera, soy yo Jax! – contestó el mayor sorprendido.

- ¡Jax! Ya era hora de que aparecieras.

- Intenté encontrar otra forma de entrar pero fue inútil así que decidí ingresar por la entrada principal como hicieron Sonya y tú, menos mal que pudiste desarmar la bomba.

- Escúchame, me encontré con Kabal pero ya lo despaché… el era mi informante, ahora parece que quiere volver con los buenos.

- ¿Y Sonya?

- Eso iba a decirte, la dejé en la sala de celdas y me temo que Kano está tras ella. Debemos irnos.

- ¡Vamos!

Y el oficial retomó su camino ahora acompañado por el militar, corrieron con todas sus energías… pero un sonido los hizo detenerse, era como un "tic, tic, tic" que resonaba en todo el pasillo. El sonido comenzó a acelerarse cada vez más.

- No me gusta ese sonido. – dijo Stryker.

-Sí, suena como… como… - decía Jax sin poder terminar.

El dúo pudo observar en la pared del pasillo un mecanismo y se dieron cuenta que era eso lo que hacía el sonido, ambos inmediatamente sabían que era y empezaron a correr nuevamente.

- ¡MIERDA! – Exclamaron ambos.

La bomba estalló con una fuerza brutal, trozos de pared y techo caían, Stryker y Jax no se detuvieron pero por desgracia no pudieron evitar parte de los escombros que se les vinieron encima.

Esa no había sido la única explosión, en varios cuartos y sectores se repitieron estallidos, que amenazaban con demoler por completo el lugar.

Volviendo a la sala de celdas…

Los dos luchadores oyeron los estruendos de las explosiones, el corazón de Sonya se convirtió en un bloque de metal, Kano seguía riéndose.

- Listo, ya nadie nos molestará. – concluyó el delincuente.

- Kurtis… - pensaba Sonya hasta que por fin reaccionó gritando furiosa. - ¡MALDITO, TE MATARÉ!

- ¡Ven entonces, perra! – exclamó desafiante Kano señalándose a sí mismo.

Y ambos peleadores nuevamente se trenzaron en un feroz combate. Golpes y patadas volaban por todas partes, uno de los peleadores estaba decidido a exterminar al otro, era una pelea a todo o nada. El criminal logró quitarle a Sonya el cuchillo rojo de sangre con el que pensaba darle muerte, pero ella respondió lanzándole un rayo desde el dispositivo de su muñequera. Kano cayó pero se reincorporó rápidamente maldiciendo:

- ¡Ya me tienes harto con tus juguetitos! ¡Te arrancaré la cabeza y se la enviaré a tus compañeros de las Fuerzas especiales! ¡Así aprenderán a no meterse con el Dragón Negro!

Pero la militar no lo oía, solo quería destruirlo y nuevamente arremetió contra Kano, pero el dolor de su pierna ya era insoportable y le quitó velocidad, cosa aprovechada por él para darle un golpe en el abdomen, con tanta fuerza que literalmente le quitó el aire y luego usó su ataqué favorito: mientras daba un salto se compactaba de tal forma que parecía una esfera y girando en el aire golpeaba de lleno a Sonya, dejándola en el suelo.

La teniente Blade cayó al suelo con los ojos al techo, tras el ataque y sin perder ni un segundo el líder del Dragón Negro se abalanzó sobre la mujer y comenzó a golpearla salvajemente.

- ¡Finalmente te tengo maldita! ¡Muere, muere, MUERE! – mientras golpeaba sin piedad.

La pobre soldado ya ni siquiera se resistía, pero el desgraciado aún la seguía golpeando, su hermoso rostro estaba ahora manchado y sangre y con moretones. Kano estuvo como dos minutos "ametrallando" la cara de Sonya a puñetazos.

No contento con esto, comenzó nuevamente a estrangularla y usando la misma fuerza de sus manos le golpeaba la cabeza contra el piso al mismo tiempo. El ojo bionico de Kano tenía la habilidad de lanzar un rayo láser y lo usó para destruir la muñequera de Sonya para que ella no pudiera volver a usar sus dispositivos como la primera vez.

- ¡Muere, zorra, muere! – repetía una y otra vez Kano mientras la estrangulaba y golpeaba sádicamente.

- No puede ser. – Pensaba Sonya mientras intentaba sin éxito resistirse – No puedo morir así… Kurtis… ¿Dónde estás?

Sentía que se sofocaba, su vista se nublaba, ya no podía resistir más, se estaba muriendo. Increíblemente, Kano cambió de idea y la soltó, dejándola casi inconsciente en el suelo frío y sucio.

El criminal se puso de pie y saco una especie de comunicador:

- Atención, aquí Kano. ¿Ya están llegando?

- Sí, señor. – contestaba una voz a través del comunicador. – ¿y Kabal?

- No lo sé… y no me importa... aún no confío mucho en él y últimamente se comportó muy extraño... tengo miedo que intente abandonar el grupo de nuevo.

- Llegaremos en media hora.

Kano iba a contestar pero se quedó mirando a la mujer semiinconsciente, miraba su cuerpo y sus curvas. Luego de unos minutos mirándola y con una sonrisa asquerosa volvió al comunicador.

- Que sea en una hora.

- ¿Una hora? ¿Por qué?

- ¡Porque lo digo yo! Además debo terminar de hacer algunas… cosas.

- Ok, señor, en una hora llegaremos a su posición.

Kano apagó el comunicador mientras se acercaba al cuerpo de Sonya.

- ¿Qué… qué… me… me vas a… hacer? – decía la pobre mujer con esfuerzo.

- Jejeje, deberías preguntarme que NO te voy a hacer, preciosa. – le contestó Kano con ojos maliciosos y sonrisa perversa.

Volviendo a Jax y Stryker…

Con fuerza, ambos hombres pudieron salir de entre los escombros de la explosión, con varios rasguños y pequeñas heridas, pero nada que les impidiera seguir.

- Cuando atrape a ese desgraciado… - decía enojado Stryker acomodándose la gorra que le había quedado torcida.

- Sí, pero recuerda que debemos arrestarlo, no nos sirve muerto. Contactaré con nuestros refuerzos. – lo tranquilizaba Jax mientras activaba la radio de uno de sus brazos bionicos. – Atención, aquí el mayor Briggs, ¿Ya están en camino? Cambio.

- Afirmativo, mayor. – Contestaba una voz medio distorsionada ya que la radio estaba dañada por la explosión – Ya estamos cerca, en aproximadamente 50 minutos llegaremos, cambio.

- De acuerdo, estén preparados, estos desgraciados deben estar muy bien armados. Cambio

- No se preocupe, mayor. Tenemos hombres y armas suficientes. Cambio.

- Excelente, los esperamos, cambio y fuera.

Y nuevamente ambos siguieron su camino, ya estaban cerca de la sala de celdas, solo un par de pasillos más los separaban de Sonya y Kano.

- Sonya… resiste… ya estoy cerca. – pensaba constantemente Stryker mientras aceleraba su paso.

Y de nuevo en la sala de celdas…

Sonya casi ni podía moverse, apenas podía sentir su cuerpo, las heridas y los repetidos golpes a su cabeza la dejaron muy debilitada.

Kano se había acercado a ella mirándola detenidamente en silencio, hasta que finalmente se dignó a hablar:

- Siempre me has molestado zorrita, nunca dejaste de perseguirme, eres una maldita terca que cree que puede atraparme sin la ayuda de nadie. Realmente has sido un dolor de cabeza para mí y para el Dragón Negro, pero a pesar de todo, debo decirte… que eres muy linda.

- Q…¿Qué? – preguntaba confundida Sonya.

- Sí, tal como oíste, hace mucho que no estoy con una mujer tan linda, siempre he tenido la oportunidad y nunca logré nada. Con Mileena casi tuve algo, es más, estábamos por hace nuestras "cosas" privadas pero ahí descubrí su horrible boca llena de dientes afilados, pude huir a tiempo para no quedar castrado; con Sindel no tuve nada ya que Shao Kahn me hubiera partido en dos con sus manos; y Kira tampoco mostró interés en mí, solo le interesaba ese rubiecito tonto de Kobra.

- No… no… me…no me sorprende… - decía Sonya burlándose incluso en el estado en el que estaba.

Furioso por el insulto, el criminal le respondió con un feroz pisotón en el pecho a su rival caído, la teniente aulló de dolor.

- Ahora verás. Te mataré… pero primero me divertiré un poco. – dijo Kano con aún con la sonrisa perversa en su rostro.

El Dragón Negro se colocó encima de indefensa mujer y comenzaba a manosearla, ella intentaba con mucho esfuerzo resistirse pero estaba muy débil por el combate y las heridas.

- ¡¿Qu… qué haces!? ¡Suéltame, cerdo!

- ¡Cállate maldita, lo vas a disfrutar tanto como yo! - replicaba el criminal riéndose.

- ¡No! ¡Suéltame!

Kano logró voltear a Sonya dejándola boca abajo y dejando expuesto su trasero apenas cubierto por el pantalón ajustado.

- Je, esto es excelente, veo que haces mucho ejercicio.

- ¡No por favor! ¡No me hagas eso, todo menos eso! – rogaba la pobre teniente, ahora aterrorizada viendo lo que su enemigo pensaba hacer con ella.

- ¡Es tu culpa! Si vistieras como una militar de verdad y no como una ramera no te tocaría un pelo.

Sonya lloraba e imploraba que se detuviera, prefería la muerte antes que sufrir semejante deshonra, pero el desgraciado no la oía. El criminal colocaba todo su peso encima de la indefensa mujer para evitar su escape y con sus manos bajaba lentamente el pantalón de ella dejando a la vista su ropa interior.

- ¡Por favor, detente! - gritaba ella inútilmente con sus ojos azules bañados en lagrimas.

- ¡Así aprenderás mujerzuela! - le contestó el sádico tras bajarle el pantalón hasta la altura de los muslos.

- ¡STRYKER... JAX... ALGUIEN AYÚDEME... POR FAVOR QUE ALGUIEN ME AYUDE...! - gritó Sonya con todas sus fuerzas pero su captor le dio un terrible golpe detrás de la cabeza dejándola otra vez casi inconsciente.

- Bien, prepárate linda. - decía Kano mientras apoyaba sus manos en su propio cinturón.

- No… por favor… matame, pero no me hagas esto… por favor… te lo suplico... - seguía rogando ella mientras oía el sonido de un cinturón desabrochándose y una bragueta bajándose.

El Dragón Negro riéndose se preparaba para ultrajar a la soldado, pero un estruendo repentino terminó con su "diversión".

Dos figuras se abrían paso tirando abajo la puerta de entrada, eran las sombras de dos hombre corpulentos:

- ¡Sonya! ¿Estás aquí? – decía la inconfundible voz de Stryker, acompañado por la voz del mayor Briggs.

El ruido desconcertó tanto a Kano como a Sonya que ambos quedaron paralizados mirando a los recién llegados.

- ¡Sonya! – gritó Stryker al ver a la mujer tirada en el suelo y al criminal encima de ella, había llegado a tiempo para evitar algo horrible

La mente de Kurtis se nubló, el solo hecho de ver a Sonya gravemente herida, indefensa, con los pantalones abajo y a Kano encima dispuesto a abusar de ella le hacía hervir la sangre. El oficial cerró sus puños fuertemente, su mirada de sorpresa cambió por una expresión de furia que nunca antes había manifestado.

- ¡DESGRACIADO! – gritó Stryker abalanzándose sobre Kano, quien no tuvo tiempo de hacer nada (excepto, claro, volver a subirse la bragueta).

El oficial estaba fuera de sí, comenzó a golpear al Dragón Negro en el rostro, exactamente como él hace unos minutos hacía con Sonya. Los golpes eran feroces y él parecía dispuesto a quitarle la vida a su enemigo. Uno de los puñetazos le dio a Kano en la prótesis metálica, rompiendo gran parte de esta pero fracturándole la mano a Stryker, pero el ex marine estaba tan concentrado que ignoraba el dolor y seguía castigando.

- ¡Stryker! ¡Detente, es suficiente, lo vas a matar! – le decía Jax tratando de calmarlo.

- ¡Pero este bastardo merece morir! – contradecía Stryker mientras aún golpeaba a un Kano que prácticamente no se movía.

- ¡Stryker, basta! – concluyó Jax jalando al oficial con sus brazos metálicos para impedir que mate al enemigo.

Pero Kurtis, aún lleno de ira, sacó su arma y le apuntó a Kano en la cabeza.

- ¡Stryker no!

- ¡Callate Jax! ¡Mira lo que le hizo a Sonya!

- Lo sé, pero no podemos matarlo.

- ¡¿Por qué no?! ¡Decimos que se resistió demasiado y no hubo otra alternativa!

- No… Kurtis… no lo hagas. – interrumpió Sonya mientras se acomodaba el pantalón. De sus ojos no dejaban de salir lagrimas aunque esta vez eran lagrimas de felicidad al verse a salvo.

- ¿Qué? ¿Estás loca? – le decía Stryker a su moribunda compañera. - ¡Mira cómo te dejó! ¡Y encima quería violarte!

- Sí… pero prefiero… verlo pudrirse en prisión… no lo… mates… Kurtis…. – concluyó Sonya antes de finalmente desmayarse.

Tras oír la suplicas, Stryker se tranquilizó, guardó su arma y sacó unas esposas para apresar a Kano.

- Bien hecho Stryker, así trabaja un policía. – decía Jax.

- Agradécele a Sonya que me convenció. – respondió él, aún malhumorado.

Y mientras pasaba todo esto, afuera de la cárcel…

Una fila de camionetas blindadas con el logotipo de las Fuerzas Especiales se acercaba rápidamente.

En una de las camionetas varios hombres armados hasta los dientes esperaban llegar pronto para acabar con los último integrantes del clan Dragón Negro.

- ¡No puedo esperar, esos malnacidos no volverán a causar problemas! – decía unos de los soldados.

- Sí, ahora si les daremos el golpe final. –seguía otro.

Y así todos los soldados festejaban por adelantado "la caída de esos malditos asesinos", pero el festejo fue interrumpido por una voz metálica:

- No hablen, todavía no nos hemos enfrentado a ellos, así que no hay razón para festejar.

- ¡Vamos! ¿Realmente crees que pueden hacernos frente esos idiotas? – decía animado uno de los soldados.

- Primero háblame con respeto. – contestaba amargamente el desconocido de voz metálica.

- ¿Quién te crees que eres, pedazo de hojalata? – contradijo el solado ahora con enojo.

El desconocido se levantó, su cuerpo estaba completamente cubierto por una armadura amarilla y negra, su rostro estaba protegido por un casco con los mismos colores y dos visores negros tapaban sus ojos con los que ahora estaba observando de cerca a quien lo insultó.

- Escucha bien. – le decía el hombre al soldado. – Yo era uno de los mejores soldados del Lin Kuei y el proceso de automatización me perfeccionó al precio de mi libertad y mi alma. Pero Jax y Sonya consiguieron restablecerme y poder recuperar mi antigua vida. Ahora soy uno de ellos.

Acto seguido el ciborg se quitó la máscara revelando un rostro de tez oscura pero detrás tenía cubierto de placas y cables, parecía digno de una película de ciencia ficción.

- No tienes idea del dolor que sentí cuando me transformaron. – Continuó el ciborg – En agradecimiento a Jax y Sonya me uní a las Fuerzas Especiales y me dieron el cargo de dirigirlos a ustedes mientras ellos están ahora en esa cárcel abandonada con Kano y Kabal. Así que soy tu superior y me debes tratar con respeto ¿De acuerdo?

El soldado oyó con mucha atención cada palabra y no dijo nada, ya con su expresión era suficiente.

- ¡Cyrax! ¡Mira allá! – alertó otro soldado al ex Lin Kuei.

Un gigantesco helicóptero se veía a lo lejos en dirección a la cárcel. Tenía un logotipo que era reconocido en el acto por todos: un dragón pintado de negro.

- ¡Ya están ahí! ¡El Dragón Negro! – decía Cyrax mirando al cielo.

El helicóptero como se dijo antes era enorme y dentro también iban hombres sentados y fuertemente armados. Uno de los hombres estaba de pie con aire de líder.

- Escuchen bien. – dijo el hombre con una voz muy grave. – Ya estamos llegando, Kano y Kabal están dentro, los recogemos y nos vamos.

- Pero, Jarek… - interrumpió uno de los soldados del clan.

Enfurecido, el hombre lo golpeó fuertemente en el rostro y luego lo tomó del cuello.

- ¡No me interrumpas, odio que me interrumpan! ¡Además, Kano me asignó ser como líder temporal de ustedes, montón de idiotas, así que deben decirme "señor"! ¡¿Quedó claro maldita sea?!

- Sí, señor Jarek.

Jarek es uno de los mejores miembros de la organización, es un hombre corpulento, temperamental, con un rostro y una mirada que coinciden con los de un loco y en su espalda llevaba atada una especie de hacha. Tenía el torso cubierto por una suerte de armadura anaranjada, pantalones verdes con dibujos de un dragón, cabello negro corto, algo despeinado y una pequeña barba en su mentón.

- ¡Señor Jarek, mire! – gritó otro miembro señalando al suelo, donde se veía una caravana de vehículos militares.

- ¡Mierda! ¡Nos descubrieron! – exclamó Jarek enfurecido.

- ¿Qué hacemos ahora señor?

- Sigamos, no podemos dejar a Kano y Kabal solos a su suerte. ¡Por eso tenemos armas! ¡Si nos atacan, responderemos! ¡¿Estan conmigo?!

- ¡Sí! – gritaron al unisono todo los miembros restantes del clan.

- No dejaré que esos idiotas nos derroten. - Pensó Jarek - Espero que Jax esté con ellos, tengo algo pendiente que arreglar con ese maldito.

Fin del cuarto capitulo