• Casanova •
Capítulo 2
La noche torturaba con suma frialdad. Los soplidos de los vientos golpeaban fuertemente la humilde cabaña a cada pocos segundos, sintiéndose en el aire un sombrío ambiente.
Era una tormenta, una horrible y gris tormenta que azotaba al pueblo, parecía como si el clima sintiera su dolor, inundando el lugar de completo luto, acompañándolo en ese perfecto momento de amargura.
Aun lado de la cama se encontraba observando el inerte cuerpo de su hermana cubierto únicamente por una delgada manta que dejaba diferenciar visiblemente la silueta de la chica.
Las velas que rodeaban el cuerpo, las débiles llamas de fuego trataban de mantenerse en pie ante cada crujido de la puerta que se abría colándose el viento cuando alguien entra al aposento para ver al cadáver. Distinguía a cada una de ellas a mirarlos con el rabillo del ojo con desprecio, todas aquellas personas le eran depreciables.
Desvió el rostro con un intento de ignorarlas, apretando los puños conteniendo las ganas de llorar. Se dedico a prestar atención a lo primero que se le cruzara a su vista para distraerse. No pensaba llorar ya lo había hecho suficiente y por mucho tiempo, solo quería que todo terminara que dejaran de molestarlo e irse a un lugar lejano como siempre lo había deseado, sin importar nada, simplemente dejarlo todo.
De nuevo la helada brisa colándose por la puerta le hizo saber que alguien más entraba, frunció el entrecejo al ver una cabellera rojiza y esa pose arrogante pasar por el umbral, conocía a aquella persona y eso era lo que le enfurecía.
Se puso de pie violentamente provocando un leve estruendo al tirar la silla, se fue dispuesto a su habitación, no quería que ese hombre se le acercase.
Con movimientos rápidos paso de largo de la gente que estaba amontonada en el pequeño cuarto, sin siquiera querer oír las voces que lo llamaban para darle el pésame.
La voz de su madre le hizo detenerse, chasqueo la lengua, había sido demasiado tarde, dirigió su mirada hacia la mujer, una de cabello rubio y ojos mieles mirándolo, incluso en ese momento de pérdida se mantenía firme y regia como si la muerte de su única hija no le hubiera afectado. Llego donde la mujer, inexpresivo.
— ¿Que quieres madre? — Pronunció débilmente sin perder el tono de amargura en su voz.
— Tu prometido acaba de llegar — Se detuvo un instante mirando por la ventana – Quiero que lo vayas a saludar — Ordenó con seriedad.
Eso, precisamente eso era lo que quería evitar.
Todo era arreglado, su maldito matrimonio con ese hombre había sido un cruel arreglo para arruinar su vida, no lo amaba, ni mucho menos lo conocía.
¡Pero que más daba si a los demás les valía un carajo su vida!
Esperaba que con eso su madre ya estuviera feliz, al fin tendría lo que siempre quiso, dinero, mucho dinero.
Lo quería intentar con Ino, casarla con el nieto de Chiyo, Akasuna Sasori, un herrero del pueblo que ganaba mucho dinero con su trabajo, Ino nunca estuvo interesada en el matrimonio pero si estaba dispuesta en hacerlo, casarse con ese hombre que no amaba solo para complacer a su madre.
Deidara pensaba distinto, el era libre y eso quería mantenerlo.
Desafortunadamente el Akasuna nunca estuvo interesado en la menor, lo quería a él, no sabía el motivo pero había aclarado que prefería tener como esposo al rubio, por el contrario su ventaja fue que la anciana había hecho el trato con su madre de que se casaría con la hija menor, si no fuera por la repentina muerte de su hermana aquellos planes seguirían intactos.
Tsunade lo que quería era dinero y que mejor manera que utilizar a algunos de sus hijos para conseguirlo, con los años había perdido el amor de madre que había en ella, su mente solo se centro en lo material, no sabía que le había hecho cambiar tanto a su madre o era que desde un principio ese era su plan, no lo comprendía y no quería saberlo.
Le dio la espalda al hombre que estaba al lado de su madre, no quería hablarle, ni siquiera quería verlo, sin embargo el joven pronuncio su nombre con un grave pero cálido tono de voz.
— Es una lástima la pérdida de tu hermana — Lo lamentó, al momento que tomo su mano delicadamente mostrando una expresión de pesar.
Ni siquiera había reaccionado al movimiento del pelirrojo cuando ya había quitado su mano por simple reflejo, acto que provoco una mala expresión en el rostro de su madre.
— Gracias por preocuparte… — Sin muchos ánimos había dicho aquella palabra — Si me disculpas no me siento con ganas de estar aquí, así que me retiro, hnm — Dijo casi diciendo las palabras entre dientes, le costaba poder decirlo con amabilidad ante esa persona, porque en realidad deseaba poder decirle otras cosas en la cara, sin embargo se reservo sus comentarios.
Sentía la penetrante mirada de su madre posada en su cuerpo, pero le daba lo mismo.
Subió al segundo piso de la humilde casa encontrándose primeramente con su habitación, vacía y llena de oscuridad, avanzo y así mismo como se encontraba se tumbo sobre la cama entretanto se aferraba con impotencia a la frazada que en ella cubría.
Nunca sería nada de ese desagradable sujeto.
— Disculpe la actitud de mi hijo, está muy afectado por la muerte de su hermana… — La mujer era astuta, no pretendía por nada dejar que su hijo le ganara, después se encargaría de él, de cualquier modo ya debería de estarse acostumbrando, muy pronto ese hombre seria su nuero y eso era algo que Deidara debía hacerse la idea, aunque no quisiera.
Ofreció una taza de café al Akasuna, haciéndole sentir en un ambiente amistoso para poder así hacerle olvidar la conducta de su hijo.
— No tiene de que disculparse, entiendo completamente — Expresó en completa compresión el hombre tomando la taza ofrecida — Debió serles un golpe muy bajo —
Al momento la helada brisa se coló por la puerta cuando esta se abrió en unos segundos dando pasar a un sujeto que había entrado al lugar, su cabellera negra era algo que se le reconocería por cualquier lado, su albina piel temblaba tenuemente ante el frio, al adentrarse a la estancia se despojo de su bufanda con sumo cuidado sacudiéndola por algún rastro de nieve en ella había quedado, con la mirada buscaba inquietamente cierto cabello rubio, sin embargo no lo hallaba.
Toda aquella caminata había sido solo por un único y exclusivo motivo, ver a Deidara. No podía dejar solo a su mejor amigo en momentos como ese, debía hacerle pensar que estaba para él en cualquier momento.
— ¿Que hace aquí? — Se dijo a sí misma la mujer de ojos almíbar, al instante que ya había cambiado su expresión por una de fastidio, afilo la mirada mientras se dirigía al hombre, no obstante disculparse antes con el Akasuna — ¿Qué haces aquí? — Su tono se volvió bajo siendo también despreciativo y tangente.
— ¿Dónde está Deidara? — Preguntó, contestando así mismo la pregunta daba momentos antes.
— No tienes nada que hacer, y mucho menos no tienes nada que decirle a mi hijo así que vete, no te quiero en mi casa — Fue cortante y directa, se notaba el desprecio que le tenía al moreno.
Sin embargo Itachi conocía el motivo de aquella actitud, de algún modo la mujer era sabia y tenia discernimiento, sabía que la relación de Deidara con él era algo fuera de lo común, Tsunade podía captar el ambiente que su hijo emitía cuando estaba con el Uchiha. Eso precisamente era lo que no le gustaba, la amistad de esos dos era muy fuerte, no había algo esa relación que simplemente no encajaba y no podía permitir que siguiera de esa forma, aún mas sabiendo en la clase de trabajo que se dedicaba el moreno, era muy pobre como para estar a su nivel, o mejor dicho al nivel que ella quería.
Sin muchos miramientos el Uchiha salió igual que como había entrado, dejando así la esperanza de poder consolar a su amigo.
Se escucho seguido como algunos de los hombres mayores opinaban que sería mejor ahogar las penas con licor, y así lo hicieron, a los segundos todos los varones salieron a cumplir con lo dicho.
No se tardo mucho cuando el ruido de la casa había disminuido, y eso lo había captado inmediatamente, se dispuso a descender al piso inferior dándose cuenta que solo unas pocas mujeres se encontraban allí. Al poco tiempo le había explicado lo sucedido con el resto de los invitados expresando de sus labios que eso no era lo suyo, bueno siendo el caso que lo probable era que el Akasuna también se encontrara en el mismo sitio.
Se acerco de nuevo al cuerpo de su hermana, comenzando acariciar el cabello de la misma apartando delicadamente algunos mechones de su cuello captando la imagen de dos orificios al costado de la piel, frunció el ceño ante la herida volviendo a tapar aquellas marcas con las hebras.
— ¿No saben porque la ataco el vampiro? — Pregunto la única anciana que se encontraba.
Los presentes las miraron comenzando a cuestionarse la misma pregunta.
— Habían muchas otras presas ¿Por qué exactamente a Ino? — Volvió a pronunciar sin soltar la cadena que se hallaba entre sus dedos.
— Seguro solo fue simple coincidencia — Contesto una de las jóvenes amigas de la chica — Ino se dirigía para ver a Sasori — Indico la joven, segura de sus palabras ya que ella misma iba acompañar a su amiga al encuentro con el pelirrojo.
— Pero eso no explica el porqué no te ataco a ti tambien Hinata — Ante ello la chica calló.
— Es algo extraño la muerte de esta chica, no tiene sentido — Dijo una de las mujeres sentada en uno de los troncos de leña tocándose su cabello azabache — ¿Por qué ahora? Estando tan cerca de su matrimonio —
— Es inexplicable — Dijo la anciana junto al fuego mirando al único varón de la estancia — Pero después de todo mi nieto nunca estuvo interesado en ella —
— Tks — Expresó Deidara entendiendo las palabras de la vieja — Ahora su nieto podrá conseguir lo que quiere, ¿no? — Indico aborrecido alejándose del fallecido cuerpo de la menor.
— ¡Deidara! — Llamó su madre intentado callar las próximas palabras que saldrían de la boca de su hijo.
— Maldición — Murmuro con un enfado retenido acercándose a la puerta, saliendo por la misma.
No quería seguir escuchado lo mismo, estaba harto. Comenzó a caminar entre la nieve sin rumbo fijo, simplemente quería despejarse por un momento.
Las horas habían pasado, la noche estaba tocando el paisaje de la aldea, tiñendo de colores opacos y sombríos los terrenos del pueblo, en pocas ocasiones se veían los pueblerinos caminar por los desolados caminos de tierra. En esta ocasión todos los hombres estaban reunidos en una taberna, cada uno entraba tomando asiento por el lugar, las masculinas voces de los sujetos inundaban el ambiente.
— ¿Qué haremos ahora? Han pasado casi veinticuatro años desde que el vampiro tomo una vida humana — Comentó atareado un individuo de cabellos color marrón con una cicatriz horizontal en medio de su nariz.
— Eso fue porque todos cumplíamos las órdenes de no salir después del anochecer — Contesto otro a su lado con un cigarro en su boca, exhalando el contenido del tabaco.
— Pero nadie ha desobedecido tales órdenes — Se puso de pie con el ceño fruncido un joven con varias líneas dibujadas sobre el rostro, exclamo exaltado tomando parte de la conversación.
— Es cierto, ese maldito vampiro ataco a plena luz del día — Soltó otro uniéndose de igual forma, estando sentado en una de las esquinas de la taberna, de cabello albino y ojos amatistas.
— ¡Debemos hacer algo! No podemos dejar que esto continúe — Le siguió el muchacho que se mantenía a su lado acariciando a un perro blanco de orejas marrones.
Algunos de los hombres le siguieron la palabra, golpeando la madera de los muebles que allí estaban frente a ellos. De inminente la puerta de la entrada del bar se abrió dejando pasar el fuerte frio de la helada.
— Hay que cazarlo — Se escucho decir de la varonil voz, mismo que había entrado hace segundos por la puerta cerrándola al mismo instante tras de sí.
Aquellos hombres le miraron, algunos con miradas de recelo y otros con una expresión de afirmación ante lo dicho. El joven se bajo la capucha de su cabeza mostrando así el rojizo de su cabello despeinado. Tomo lugar en uno de los asientos disponibles, estando este cerca de la puerta.
Los evidentes rostros de los todos los presentes se encontraban alterados, y como no, la situación hacia que todos comenzaran a dudar de qué decisión tomar, sus vidas estaban en riesgo, creían que la luz del día era su único refugio contra el vampiro, dándose cuenta que pensar en ello fue erróneo.
— No, nosotros no tenemos oportunidad contra él — Contradijo uno de lo que estaban en contra de la propuesta del Akasuna.
— Exacto, solo nos estaríamos sirviendo como comida — Le secundo un chico estando consumido por el miedo.
— Si son tan cobardes se pueden quedar aquí lamentándose mientras se chupan el dedo niñitas — Excluso Hidan, uno de los que opinaban que ir tras el vampiro era lo mejor.
— ¡Sí!, debemos matarlo — Le siguió el castaño seguido del ladrido de su mascota.
— Están equivocados, solo aumentaremos su furia — Expresó el Uchiha que estaba entre la pelota, sin alterar siquiera la tranquila expresión de su rostro, a lo que el Akasuna le miro de reojo ante su comentario.
— Si no hacemos algo ahora ¿Cuántas vidas mas piensa tomar? Piensen en nuestras familias, acaso planean dejar que ese maldito chupa sangre se salga con la suya — Expresó uno de los mayores del lugar, uno de cabello azulado — Ya hemos sido demasiado cobardes, nosotros mismos permitimos esto, es suficiente ya es hora de actuar — Termino levantando su mano hecha un puño, siendo seguido por el grito de varios.
— No, por favor, no actúen tan apresuradamente, piénsenlo — Dijo Iruka uno de los adultos, mismo que había iniciado la conversación, a pesar de todo el optaba por algo menos drástico sin embargo ya la mayoría habían tomado su decisión.
— ¡A matar al vampiro! — Gritaron al unísono comenzando a salir del lugar repletos de inminente euforia llena de venganza.
Cada uno se dispuso a buscar su arma para el ataque, esperando el momento culminante del anochecer para adentrarse en el bosque con búsqueda del acecino sangriento.
Preparándose para la próxima batalla, la muerte de un asqueroso vampiro.
Bueno hasta que por fin me decidi subir el segundo capitulo, espero les gustara.
No olviden dejar su review si quieren que lo continúe ;D
