Sherlock se fue, John se quedó. John se siente solo a veces, solo a veces. Aquel bar lo emborrachó. No recuerda bien la noche, solo las sábanas y el calor. Ni recuerda su sonrisa ni su carmín. John se siente solo a veces. Y tarde se da cuenta siempre de lo solo que quiere estar.

Es una de esas noches. Las imágenes relampaguean en mi cabeza pero son más rápidas y no las puedo atrapar. Fue una idea que se enterró en mi pecho y quiso echar raíces. Una idea de las noches en busca de consuelo después de que Sherlock lo dejara. John ahoga sus penas entre el placer de otra desconocida. Pero este también se va. Y el dolor lo abraza de nuevo, más fuerte esta vez. La culpa, oh la culpa, siempre te perseguirá pobre diablo.

...

Respiración agitada. Besos perdidos. Besos fugaces sobre besos amargos. Mordiscos salvajes. Respiración agitada.

Lineas rojas por su espalda. Caminos sobre su pecho. Huecos con huecos, con mil manos sin palabras. La bestia se trago el gemido. Gruñe. Respiración agitada.

El placer en sus cuerpos no llegaba a su mirada. El sudor de su frente calaba las ventanas. Tarde oscura y gris, fría que empañaba las ventanas. El infierno en la habitación gritaba en la cama.

El alcohol embotaba los recuerdos y el sexo le ensuciaba el alma. La herida no sangraba cuando sus labios se ocupaban. El dolor no tocaba cuando sus caderas se enterraban.

Una risa escandalosa bajo por su espalda. Un grito de placer terminaba. Salvaje, sin razón. Animal.

John abrazó la cama. Su pena lo aplastaba. La pasión cerró la puerta llevándose la nada. Otra vez. Una vez más. Todo pasaba. Tu fantasma me atormenta. Aquí y allá lo pierdo, pero nuestra senda no se quiebra.

Doctor herido, ¿puede curarme? Soy tu corazón el que habla.