-Fan fic de " Slayers " by Isa. Todos los derechos de autor están reservados a Hajime Kanzaka y Rui Araizumi y Tokyo TV, SOFTX; los personajes y el contexto. El argumento y personajes muy secundarios, son míos. Comentarios y opiniones, al final de la obra.
Esta versión es ligeramente distinta a otras que circulan por la red; la historia es la misma pero se encuentra actualizada en cuanto a nombres de hechizos y objeto; gracias a QP/Diana y Toshiko por la información facilitada.
=Capítulo: 3=
"Partir de Nuevo."
Era un espectáculo, un auténtico espectáculo verlos comer. Melina era aún incapaz de salir de su asombro al ver como la llamada "Dra-Mata" se disputaba hasta la más ridícula migaja de comida con los demás, en especial con el espadachín mercenario: no importaba donde estuviesen, que siempre montarían una escena. Lo asombroso era que, aparentemente, los demás lo ignoraban y comían con toda tranquilidad, como si eso no les afectara para nada... Bueno, no exactamente. Shilfild, que estaba sentada junto a ella, comía con normalidad, pero su expresión era triste y con frecuencia lanzaba miradas de reojo a los dos glotones, para luego suspirar con resignación y tristeza y seguir comiendo; además, Luna, "la Camarera del Infierno", también parecía estar vigilándolos.
Era extraño, en una misma mesa estaban congregados para comer a la "Dra-Mata", "la Camarera del Infierno", el "Guerrero Oscuro", "la Serpiente", "el Hábil Espadachín"... ¡Qué cantidad de personajes famosos... con mala fama! Y aparentemente no había ningún problema entre ellos. Pero un vistazo más exhaustivo a la mesa demostraba que no era así; el estado anímico de Zelgadiss había sufrido una notable mejoría desde que Naga y él hablasen con Acqua, aunque al mismo tiempo mostraba un ligero aire de asombro y desconcierto por algo difícil de determinar. Tal vez fuese porque no acababa de creerse que Amelia pudiese resucitar usando la Piedra de Sarvia, aunque primero tuviese que encontrarla. Los demás tenían la sensación de que era algo mucho más complicado que eso. Melina sabía muy bien que su hermano estaba resuelto a hallarla, y más después de saber de una forma tan brusca que él además amaba a esa chica, y como él mismo decía, si ya la había encontrado en una ocasión, podía hacerlo otra más. Y ella sabía que su hermano no vejaría en su búsqueda, que una vez que se fijaba un objetivo, no lo abandonaba, sobre todo ahora que estaba enamorado... lo que significaba multiplicar su obsesión por un dígito indeterminado.
Tan obsesivo y cabezota como siempre… o más.
A Zelgadiss eso no parecía importarle, simplemente se mantenía en silencio como solía hacer y comía con tranquilidad y sin pausa; su cuerpo de humano y la situación de los últimos días le habían traído multitud de pequeñas sorpresas que él no había tenido muy presentes a la hora de volver a ser humano. Una de ellas ya la había podido experimentar, y era que prácticamente tenía frío todo el día a pesar de la ropa de abrigo que había comprado el día de mercado; otra era que su resistencia física era menor, así que si a eso se le suma que prácticamente no había comido nada en los últimos días, le hacía encontrarse muy débil, motivo por el que ahora que ya estaba más animado, le hacía tener mucha hambre: ya casi había comido tanto como Lina, algo sorprendente en él. Pero el principal problema es que tenía la sospecha de que definitivamente había perdido mucho potencial mágico; en principio lo había achacado al cansancio corporal de su última metamorfosis, y luego al estado anímico de los últimos días. Pero ahora que ya estaba algo mejor, empezó a pensar que tal vez la causa principal fuese que ya no tuviese el demonio-brownie con él, y que eso le había hecho perder facilidad con la magia... Realmente era un problema.
Mientras tanto Naga también comía, pero estaba extrañamente silenciosa y no se disputaba la comida con los demás (especialmente Lina) como solía hacer en el pasado cuando ambas viajaban juntas, de una forma similar a como Lina y Gaury lo estaban haciendo ahora. En esta ocasión lo hacía pausadamente y en silencio, haciendo gala de unos exquisitos modales. Alzó la vista y miró cómo Shilfild observaba entristecida a Lina y Gaury, cosa que venía haciendo desde que la conocía, y que su hermana, recordó con tristeza, le había explicado el motivo... un motivo que había hecho que esa sacerdotisa dominara el "Dragon Slave". Tal vez en otras circunstancias esa idea le habría hecho divertirse de Lina por un lado, y sentirse humillada por otro, pero ahora la situación era muy distinta. Su mirada se volvió hacia Melina, que estaba sentada entre su hermano y Shilfild, y que parecía asombrada por todo lo que veía, algo sorprendente en alguien que es hermana del "Guerrero Oscuro"; y esa idea le hizo volverse hacia Zelgadiss, quien comía en silencio, y gruñó incapaz de reprimir el rencor que le guardaba. Pero Naga sabía muy bien que ella también tenía parte de culpa.
-Lina... –la llamó de repente Shilfild y la hechicera pelirroja se volvió sorprendida hacia ella mientras le metía un dedo en el ojo a Gaury.
-¿Qué pasa, Shilfild? –preguntó segura de que la sacerdotisa le iba a decir algo sobre porqué pegaba a Gaury.
-Creo que... deberíamos pensar qué vamos a hacer exactamente.
-Pueess...
-Zel y Naga dijeron que si hay una forma de que Amelia resucite –señaló Gaury lo que ya era obvio.
Lina suspiró y se volvió hacia el mago que ya había dejado de comer.
-Partiré inmediatamente hacia la Torre de Rezo –explicó gravemente. -Tenemos de plazo máximo hasta el verano para encontrar la piedra y resucitar a Amelia; así que también me llevaré su caballito para ir más rápido.
Lina parpadeó.
-¡Vaya! Ya lo tenías pensado, ¿eh? –exclamó e hizo una pausa. -No sabía que supieras montar a caballo –señaló.
-Hace años que no monto; tendré que recuperara la práctica y el de Amelia no tiene mucha alzada. Pero es la mejor forma de... –comenzó a explicar pero no pudo continuar.
-¡Un momento! –exclamó Naga de repente. –Parece que siempre os olvidáis de que yo también tengo algo que decir. –Todos se volvieron hacia ella, -Zelgadiss, si de verdad piensas recuperar la Piedra de Sarvia, yo también iré contigo –anunció y todos parpadearon ante esa noticia. -Tengo tanto derecho como tú a encontrar esa piedra aunque luego seas tú el único que podrá resucitar a mi hermana –anunció con vehemencia.
El mago la miró largamente sabedor de que cumpliría con lo que decía.
-Muy bien; entonces saldremos los dos en cuanto consigas otra montura. No creo que la mula sea lo mejor –afirmó en tono grave con su habitual estilo.
Naga abrió los ojos: no se le había ocurrido pensar en que si Zelgadiss iba a viajar a caballo, ella también tendría que hacerlo, y la mulilla torda era demasiado pequeña y rústica para ella en un viaje como ese, más cuando Naga gustaba de monturas briosas y nobles, en vez de mulas y asnos.
La Serpiente se incorporó y abandonó la mesa con gruñido y sin decir una palabra: tendría que conseguir un caballo en poco tiempo con el riesgo que supone que la estafaran en una compra tan urgente y precipitada; además, Zelgadiss le había hecho notar algo en lo que ella no había pensado, y eso era un golpe contra su orgullo: qué rabia le tenía.
Melina la observó marcharse y miró a su hermano.
- Pe... pero –balbuceó.
Su hermano se volvió hacia ella.
-Melina, creo que será mejor que te quedes con Shilfild –sugirió.
La sacerdotisa miró a ambos hermanos un tanto confundida y luego asintió con suavidad.
-Sí. Yo pensaba volver a Seillon con mi tío Gray; creo que es lo mejor que puedo hacer –explicó. -Si quieres, puedes venir conmigo.
Melina no sabía qué responder, aunque era consciente de que su hermano no quería que la acompañase y si lo hacía no dejaría de ser una carga para él y Naga, así que quedarse con esa sacerdotisa era la mejor opción.
-¡Un momento! –pidió Lina. -¿Y nosotros, qué? También queremos recuperar a Amelia –anunció.
-Sí, Zel: no está bien que sólo Naga y tú intentéis recuperar la Piedra de Sarvia –añadió Gaury.
El mago les miró confundido; después de haber escuchado a Acqua y cargar con todas las responsabilidades, no había pensado que ellos tampoco se quedarían de brazos cruzados.
- Pues...
-Creo que lo mejor será que nosotros busquemos la Piedra por otra parte –señaló Luna tras un prolongado mutismo.
-¿Qué quieres decir? –preguntó Lina un tanto asustada.
-Puede que la Piedra ya no esté en la Torre de Rezo –opinó. -Teniendo en cuenta que siempre aparece cuando cambia el rumbo de la historia, es lógico pensar que pueda estar en cualquier punto donde se hayan celebrado grandes batallas estos últimos años; así que basándome en lo que mi hermana me ha contado, puede estar en Sairag, en Seillon, en Kataart o en el mismo Centro del Mundo. ¿Me equivoco?
Pero los demás les miraron confundido por aquella explicación.
-Hasta es posible que L-Sama la haya reclamado como suya.
-Es posible; la Reina Dragón dijo que cabían esas posibilidades. Pero sí nos confirmó que seguía en este mundo, no en un lugar inalcanzable para Zelgadiss, y sólo yo he podido contactar con L-Sama; eso él no lo puede hacer.
-Pe... Pero entonces tendremos que buscarla por cualquiera de esos sitios...e incluso tendríamos que invocar a L-Sama parea que nos lo dijese. –exclamó Shilfild con un escalofrío.
—Ya he dicho que sólo yo puedo hacer algo así, y si es Zelgadiss quien tiene que conseguirla, no le va a pedir algo que es imposible para él.
La ceja de Zelgadiss tembló ligeramente. Lo cierto es que tener que lidiar con L-Sama era algo que le superaba en todos los sentidos.
-Cierto. No creo que haga falta llegar hasta ese punto –señaló Luna con cierta burla. -Pero yo iré con vosotros a buscarla.
-¿QUÉ? –exclamó Lina asustada. -¡Por qué: no... No hace falta que vengas, hermanita. Gaury y yo...
-Nada de eso –contestó en un tono que no dejaba lugar a discusión. -Yo también estoy metida en esto y también es responsabilidad mía, así que viajaré con vosotros dos.
Lina empezó a sudar frío
-Pe... Pero Luna, ¿y tu trabajo? –objetó intentando que no se notara demasiado. Además, era sorprendente que Luna se olvidara tan fácilmente de sus obligaciones.
-Me deben unas vacaciones desde hace años...
-¡Pe... Pero! –siguió balbuceando Lina. No podía creerse que Luna estuviese hablando en serio cuando se refería a lo de las vacaciones.
-Ya está decidido Lina: iré con vosotros –anunció en tono tajante y fin de la discusión.
Lina sintió que el mundo se le venía encima.
-Bueno, no quiero pensar así, pero estaba pensando que... –comenzó a decir Gaury y todos se volvieron hacia él estupefactos.
-¿Tú... tú pensando?
Gaury parpadeó confundido.
-Hummm... Sí.
-¿Y qué pensabas?
-Pueeees... –comenzó a decir como si aquella interrupción hubiese cortado el hilo de sus ideas. -...En que si ninguno de nosotros encuentra la Piedra de Sarvia, entonces ¿qué pasará?
Todos enmudecieron al oír eso; habían dado por supuesto que la encontrarían en el plazo establecido y no habían pensado en la peor de las posibilidades. La verdad es que para una vez que A Gaury se le ocurría pensar en algo, qué bien pensaba en ello.
-En ese caso yo asumiré la responsabilidad –dijo Zelgadiss al cabo de un rato atrayendo sobre si toda la atención. -Volveré a Seillon y le explicaré al príncipe Fillionel lo ocurrido, asumiendo la responsabilidad y las consecuencias de la muerte de Amelia –explicó.
Los demás le miraron desconcertados por lo que acababan de oír.
-¿Estás seguro de lo que dices, Zel? –preguntó Lina. —Por mucho aprecio que Filionell te tenga, no creo que te perdone por algo así.
-Sí, hablo en serio. Amelia murió por mi culpa, así que seré yo quien cargue con eso sea como sea... Además, si conseguimos encontrar la Piedra, también debo pasar por Seillon: debo aprender el "Resurrección" para poder devolverle la vida a Amelia, y por lo que veo, es algo que solo puedo hacer yo.
Melina miró unos instantes a unos y otros sin entender. ¿Tan importante era esa Amelia como para informar al propio príncipe Fillionel de su muerte? ¿Y de qué conocía a su hermano a la realeza de Seillon? ¿Qué había estado haciendo su hermano durante tantos y largos años sin saber de él salvo las fechorías que de él decían?... Tal vez Amelia fuese una importante sacerdotisa de aquel reino, la capital de la Magia Blanca después de todo.
-Muy bien; pues entonces ya está todo aclarado.-concluyó Luna- Nosotros tres partiremos hacia Seilorg; Naga y tú hacia la Torre de Rezo; y Shilfild y Melina volverán a Seillon... Nos reuniremos dentro de dos meses y medio en Seillon. ¿De acuerdo?
Luna tenía tanta o más facilidad que su hermana para dar órdenes sin pedir permiso u opinión alguna.
-De acuerdo entonces –concluyó Zelgadiss poniendo se en pie. -Partiré en cuanto Naga y yo estemos listos –anunció con tranquilidad.
Se giró y abandonó la mesa subiendo los escalones que llevaban a las habitaciones. Melina le miró marcharse con una expresión indescifrable en el rostro.
Mientras todo esto ocurría, Naga buscaba, encontraba, regateaba y despotricaba por el precio de una buena montura habiendo ya visitado a un sinfín de campesinos dispuestos a vender sus rústicas bestias a una mujer que parecía tener tanto dinero como ella. Naga estaba empezando a perder los nervios: en la mayor parte de los casos, lo único disponible eran burros y mulas... incluso algún caballo, pero este resultaba ser una bestia de carga con grandes y peludos cascos, no algo digno de ella. ¿Es que nadie por aquí tenía un palafrén y todos eran rocines? Y por si eso fuera poco le pedían precios a su juicio desorbitados, algunas veces con claras intenciones de estafa, como ese palurdo que intentó venderle un buey de labranza ¡como montura! Menos mal que aquella mañana no hacía mucho frío y su búsqueda era más llevadera.
Finamente optó por las cuadras de postas donde seguro que todo lo que encontraría eran caballos rápidos; y después de rechazar algunas ofertas por culpa, cómo no, de los precios, se dirigió hacia una cuyo cartel rezaba, entre otras cosas, "Midas"... ¿ De qué le sonaba a Naga ese nombre?
Naga llamó al portón de madera con un llamador de metal en forma de puño.
-Adelante... –oyó decir a una voz apagada desde el interior.
La serpiente entró atravesando una especie de granero techado a cuyos lados colgaban decenas de arneses y útiles de labranza más o menos usados; finalmente se detuvo en un patio rodeado de cuadras donde picoteaban algunos gansos de plumaje blanco. Entonces salió a recibirla un hombre de mediana edad que se frotaba las manos con un trapo, muda evidencia de que había sido interrumpido de alguna labor manual.
-No esperaba que nadie fuese a venir hoy; con este tiempo es difícil que haya corre –explicó sin levantar la vista del trapo. -¿En qué puedo ayu...? –calló de golpe al verla.
Naga parpadeó sin comprender: aquel hombre la miraba con algo que parecía pánico y ella no sabía por qué había reaccionado así al verla; ella no era como Zelgadiss o como Lina, ni mucho menos, sino guapa, inteligente, compasiva, y muy hermosa. ¿Qué era lo que le pasaba? Pero para aquel hombre ver a esa mujer tan hermosa y de espectacular estampa, apenas vestida a la manera de las hechiceras, era algo terrible. No había duda de que era ella.
-Estaba buscando un caballo que pudiera igualar satisfacer mis exigencias –anunció Naga en un intento de que aquel hombre reaccionase.
-¿U... un caballo? –balbuceó.
Naga asintió aún confundida.
-Sí; quería una buena montura para mí que no tenga un precio excesivo... ¿Qué caballos tiene? ¿Hay palafrenes o corsieros? No quiero rocines.
El hombre palideció aún más. Naga arqueó una ceja; posiblemente el tipo la estuviese entendiendo.
-Es... escoja el que quiera –balbuceó cada vez más nervioso. -Y... y lléveselo.
-¿Qué...? –Naga le miró aún más desconcertada. -¿Que me lleve el que yo quiera?
-Qui... quiere un buen caballo, ¿no? Coja aquel diestro tostado de allá al fondo –anunció señalando una de las cuadras con un dedo tembloroso. -Se... se lo dejo por diez... ¡no! Cinco monedas de, de...
-¿Cinco monedas de qué? –preguntó Naga sin entender nada de nada.
-¡No, no se preocupe! ¡Se lo dejo gratis! –exclamó de repente el atemorizado encargado de la posta. -¡Cójalo y lléveselo; se lo dejo gratis!... ¡Y las monturas también! -exclamó casi histérico.
Naga se encogió de hombros y se giró hacia la cuadra de donde sacó con tranquilidad a un caballo de gran alzada de color castaño tostado y con un lucero en la frente que encajaba con la descripción de un diestro. Naga sonrió y tiró de su ronzal hasta llevarlo hasta donde colgaban los arneses colocándoselos tras seleccionar durante unos instantes cuales serían los mejores para el caballo... y alguien como ella. Pero seguía sin comprender que le había entrado a aquel hombre como para ponerse así nada más verla, así que se giró de nuevo hacia él con expresión interrogativa.
-¡Lléveselo, lléveselo! Pero por favor, ¡no se ría! –suplicó.
Naga le miró confundida; volvió a encogerse de hombros y abandonó la posta con un caballo regalado.
Una vez que se hubo marchado, el encargado de la posta se derrumbó sobre sus rodillas.
- ...Nunca... nunca creí que volvería a ver a esa hechicera de risa endemoniada después de abandonar Midas –tembló.
Mientras tanto en el patio de la posada, Zelgadiss también preparaba al caballito palafrén de Amelia ayudado por Gaury que le observaba cepillara la animal con cierta curiosidad.
-No sabía que supieras... bueno... cabalgar... –opinó con un deje de asombro. -Nunca antes te he visto montar.
Zelgadiss alzó la vista de las crines del animal.
-No me has visto porque no podía montar –contestó.
Gaury parpadeó.
-¿Por qué no podías montar? –preguntó confundido.
La expresión de Zelgadiss pasó por múltiples estados entre el asombro y la desesperación.
-Porquepesabademasiado... –masculló entre dientes.
En realidad eso no era totalmente cierto; Zelgadiss sí había podido montar durante sus años de quimera, pero era difícil dar con caballos lo bastante grandes y fuertes como para soportar su peso, y dada su condición, tampoco había tenido necesidad de hacerlo. Pero el mago-espadachín prefirió no enredarse en una conversación de ese tipo con Gaury.
-¡Ah, claro! Y un caballo no podía contigo –razonó Gaury con satisfacción.
-Síii, Gaury. –contestó el mago con exasperación, intentando cerrar el debate.
Y diciendo esto le puso la cabezada con el bocado mientras que el animal olfateaba el amuleto de chalzen que Zelgadiss llevaba puesto en la muñeca izquierda.
Por su parte Shilfild y Melina les observaban a una distancia prudencial cada una de ellas fijándose en uno de ellos en particular; si bien por distintas razones. Ambas tenían la misma sensación, la de perder a alguien importante para ellas... y por eso mismo era extraño ver juntos a ambos. Shilfild miraba a Gaury con una expresión melancólica en los ojos; bajó la vista y la desvió hacia su compañera.
-Melina... ¿vas a venir al final conmigo a Seillon? –preguntó con suavidad.
La joven agachó la cabeza con tristeza.
- ...Supongo que no tengo otra opción –contestó en tono resignado. -No puedo volver con mi familia sin haber acabado con lo que vine a hacer, y tampoco puedo irme con mi hermano –explicó con un suspiro.
Shilfild apoyó una mano en su hombro.
-No te preocupes, Melina. Estoy segura de que cuando tu hermano consiga resucitar Amelia; volverá contigo y con tu familia.
-Me gustaría estar tan segura como tú de eso, Shilfild –suspiró Melina con cierto disgusto. -Si todo lo que me contó es cierto, ahora mismo él nos odia y yo no soy más que un estorbo para él... No me extraña que emplee toda su energía en esa joven amiga vuestra.
-Si Amelia resucita, ella puede convencerle de que cambie de actitud hacia vosotros y seguro que ella también se convierte en tu amiga –contestó Shilfild en tono animoso.
Melina suspiró de nuevo preguntándose qué había en todo aquello y que era lo que podía esperar.
Por otra parte las hermanas Invers se encontraban sumidas en otra de sus acaloradas discusiones; Lina intentaba por todos los medios, haciendo lo posible por no recibir otro capón, convencer a su hermana de que no era necesario que fuese con ella y Gaury, pero Luna se mantenía en sus trece y al final fue ella quien acabó ganando la discusión gracias a una eficiente combinación del poder que ostenaba, fuerza de carácter y terror acérrimo. La verdad es que para Lina aquello era un verdadero trauma: ella había estudiado magia en Atlas porque desde siempre no tuvo intención de convertirse en camarera como su hermana sino en ser alguien por si misma, independiente del poderoso personaje que era Luna Invers, "El Caballero de Cephied". En un primer momento fue animada por los consejos de Luna, que la aconsejaba a "ver mundo" cuando se graduó en la Asociación de Hechiceros de Atlas, aunque más tarde Lina pretendió dedicarse al comercio de objetos mágicos. Esa idea le costó una soberbia paliza por parte de Luna ya que para conseguir dinero suficiente con el que abrir su negocio, se había aprovechado de ella de una forma bastante vejatoria. Aquel suceso la empujó a escaparse de casa y buscar su propio camino lejos de cualquier familiar.
Así que durante más de cuatro años Lina había gozado de una libertad que le había permitido hacer todas esas proezas que le daban dado esa fama, y aunque no quisiera admitirlo, también se había enamorado. Pero ahora su hermana se las había arreglado para viajar con ella. Le tenía pánico: Luna la pegaría, la reprocharía, la dejaría en mal lugar por todo lo que ella hiciese estuviese bien o no, y ella no tenía forma de evitarlo; Luna parecía estar resentida "ad eternum" por lo que había sucedido años atrás, y no parecía que fuese a tener ninguna clase de condescendencia con Lina. Ese no era el único problema, también estaba Gaury, asunto al que le había estado dando vueltas desde que se encontraron, ¿qué haría Luna cuando lo supiese? Lina no sabía qué hacer, tan solo disimulaba lo más que podía sus sentimientos, y deseaba secretamente que Gaury hiciese lo mismo. Pero lo que Lina no sabía era que Luna ya estaba al tanto de su relación con Gaury, de hecho ni siquiera había notado un sutil cambio de su hermana hacia ella.
-Pero Luna; no entiendo porque quieres venir: Gaury y yo conocemos muy bien los lugares donde se puede encontrar la piedra de Sarvia... –replicó Lina.
-No es por eso, Lina –la contradijo su hermana. -Este asunto es mucho más importante de lo que parece... La Piedra de Sarvia es demasiado valiosa como para que la tengan manos equivocadas, y-yo-sé que el propio Cephied está pendiente de este asunto, así que es mi deber ir con vosotros –le explicó en tono paciente.
Lina parpadeó al ir dándose cuenta de lo que le quería decir su hermana.
-¿Cephied? ¿Qué tiene que ver él con esto para que tú vengas con nosotros?
-Piensa en lo que nos explicó tu amigo: el propio Cephied le asignó la misión de encontrar la Piedra por lo que había hecho.
-Tu amigo ayudó de alguna forma en el pasado a Shabranygudú alimentándose de su rabia, cometiendo fechorías y ayudándole a resucitar... Aunque él no lo supiese –explicó.
Lina la miró durante unos instantes hasta que finalmente comprendió, y acabó soltando un suspiro de disgusto.
-O sea, que en realidad es otra lucha entre dioses y demonios, y como de costumbre nosotros estamos metidos en medio –dijo molesta. -Y como tú eres el caballero de Cephied, tienes que venir con nosotros, ¿es eso? ... Me extraña que pasando esto, Xeross aún no haya aparecido.
Para su sorpresa Luna asintió con suavidad y le habló en el mismo tono.
-Créeme, Lina: preferiría volver a mi trabajo y dejarte con Gau... tus amigos, pero yo también estoy metida en esto.
Lina abrió los ojos sorprendida al oír lo que su hermana le decía.
En ese momento Naga entró en el patio de la posada a lomos de un alto caballo tipo diestro, de capa tostada y paso elevado, jalonado con ricos arreos; tenía un aspecto magnífico desde allí arriba. Gaury se quedó mirándola sorprendido, aquella mujer seguía imponiéndole mucho y ahora sí que le parecía estar en presencia de una futura reina.
-¡Vaya! ¿Cómo has conseguido tan rápido un caballo como este? –le preguntó con curiosidad.
Naga detuvo al animal con suavidad y se encogió de hombros.
-Me lo han regalado –contestó con tranquilidad.
-¿Que te lo han regalado? –preguntó Lina acercándose a ella sorprendida por lo que acababa de oír. -¿Cómo?
Naga sonrió con prepotencia.
-Sí; gracias a mi encanto natural. –Lina suspiró mientras que la Serpiente miraba a su alrededor. -¿Dónde está Zelly? –dijo en tono sarcástico -¿Aún tiene frío?
-Ha subido un momento a su habitación a preparar sus cosas mientras que volvías –explicó Gaury con tranquilidad. -Dijo que en cuanto volvieses, que os marcharíais en seguida.
-Está bien... –contestó Naga desmontando. –Yo iré a prepararme también.- Y se dirigió hacia su habitación y Lina salió tras ella alcanzándola en la escalera de subida a las habitaciones.
-Naga...
-¿Qué quieres, Lina...? –le preguntó mirándola de reojo.
-Escucha, Naga: nosotros tres también nos vamos a buscar la piedra de Sarvia -explicó y Naga la miró con cierto asombro hasta que comprendió que ellos también eran amigos de su hermana y que era de prever que eso ocurriese. -No sé quién de nosotros la encontrar, pero te pido que Zel y tú os llevéis bien para que podáis dar mejor con ella –le explicó en tono serio. -Admite que él quiere a tu hermana y que está dispuesto a reparar su culpa.
Naga la miró sorprendida durante unos instantes sin saber qué decir, hasta que finalmente desvió la vista.
-Lo siento, Lina: no sé si podré perdonarle algún día lo que hizo a mi hermana.
La expresión de Lina pasó de la sorpresa a la dureza.
-Está bien, Naga... –contestó- Pero creo que no es tu deber preocuparte ahora por tu hermana cuando has estado años sin hacerlo. -
Naga dio un respingo y no supo que decir. Lina no volvió a comentarle nada más sobre ese tema; no lo veía necesario.
Algo más tarde, casi a medio día, todos se reunieron de nuevo en el patio para despedirse y comenzar un nuevo viaje cada uno por su lado; Zelgadiss y Naga montaban cada uno sendos caballos que piafaban y escarbaban en el suelo: era curioso ver al mago a lomos de un refinado palafrén cuyo color se confundía con sus ropas, y a una hechicera que casi le doblaba en altura desde donde estaba. Gaury y Melina hablaban con Zelgadiss mientras que Shilfild lo hacía con Luna, que aún estaba confundida por lo que le había dicho su hermana.
-Espero que volváis a Seillon con la piedra –le dijo Shilfild. -Os ayudaré con el conjuro de "Resurrección" y todo lo que esté en mi mano para que Amelia vuelva con nosotros –le dijo con tal franqueza.
-Gracias, Shilfild –contestó Naga tímidamente, algo sorprendente en ella.
-Zel; espero que tengas éxito en tu búsqueda –le dijo Gaury seriamente. -Todos nosotros deseamos que puedas resucitarla.
-Gracias Gaury –contestó Zel parafraseando a Naga.
Melina miró a unos y a otros sorprendida por la similitud que había: qué parecidos eran en realidad.
Finalmente ambos giraron sus caballos con una firmeza que disimulaba la torpeza de tantos años si cabalgar, y salieron a trote por la puerta le patio en dirección a la puertas sur de la ciudad confundiéndose entre el gentío de la ciudad. El resto los observó marchar con una expresión de duda y esperanza, hasta que Luna habló.
-Bien: ahora nos toca a nosotros –anunció.
Xeras soltó una pomposa boqueada de humo de tabaco ante la ventana que le mostraba el plano material, mientras que observaba como ambos hechiceros se despedían del resto y abandonaban la ciudad de Vezendy a trote sobre sus caballos. Entonces se volvió hacia su general y sacerdote.
-¿Y bien? ¿Qué opinas, mi sacerdote? –preguntó en aquel tono frío y falto de pasión que Xeross conocía tan bien.
-Opino que ellos dos de por si no suponen ningún problema -contestó Xeross mirando a su señora y a la imagen de la ventana- Pero que, no obstante, deberíamos tener cuidado si consiguen la Piedra de Sarvia... Especialmente en el caso de las Invers, sobretodo en Luna, ahora que por fin hemos confirmado que ella es el Caballero de Cephied –opinó.
Xeras miró largamente a su sacerdote mientras volvía a dar una boqueada a la larga boquilla de tabaco que fumaba mientras que parecía no prestar importancia a las palabras de Xeross, hasta que finalmente opinó.
-¡Bravo, mi sacerdote! -le felicitó. -Tan eficiente como siempre has demostrado ser –Xeross sonrió al oír la aprobación de su Señora, era algo que le llenaba de satisfacción y felicidad saber que ella le apreciaba y valoraba su trabajo. –Que resuciten o no a esa joven es lo de menos; el autentico problema es saber qué ocurrirá con la Piedra de Sarvia una vez que la hayan resucitado –señaló Xeras. -Sería un grave problema para todos nosotros que llegara a caer en manos del Caballero de Cephied.
-Estoy totalmente de acuerdo, mi Señora. -contestó Xeross. -Creo que deberíamos evitar que eso llegue a pasar. -Xeras asintió mientras soltaba el humo por la nariz. -Pero creo que es posible que esto sea mucho más complicado de lo que parece.
La todopoderosa Señora de las Bestias sintió que tal vez algo se le había escapado.
¿Qué quieres decir? –preguntó gravemente.
-Perdonadme mi Señora; he hablado más de lo que debía –se disculpó Xeross.
-No te preocupes y di lo que tenías que decir –ordenó.
-Bueno... Creo que no es preocupante que la princesa humana resucite; es más, puede que incluso nos convenga –señaló y Xeras le miró con curiosidad. -Quiero decir que ella forma parte de ese grupo de humanos que tan útiles y apetitosos han sido para nuestros planes en estos últimos años, así que no permitir su resurrección puede ser un error –explicó. -En mi opinión deberíamos permitir su resurrección y luego destruir la Piedra... o quedárnosla nosotros. –Hizo una pausa, -Aunque debo admitir que la alegría que desprenderán si eso ocurre, me produce vómito.
Xeras soltó una risita maligna al oír eso.
-Tienes toda la razón: no tiene nada que ver con el odio y la tristeza que desprende el mago que la hizo morir... Es deliciosa. –Espiró pesadamente. -No me extraña que nuestro Señor disfrutara tanto alimentándose de él a través del Portador –señaló.
-Nuestro Señor Ojo de Rubí posee unos recursos extraordinarios –sonrió Xeross.
-Muy bien; creo que ya es suficiente –dijo Xeras poniendo fin a la discusión. -Escúchame Xeross; te encargo una nueva misión. –Xeross asintió. -Deberás conseguir la Piedra de Sarvia para nosotros, o en todo caso, evitar que ellos la posean.
-¿Y si la consiguen de todos modos? –preguntó.
-Entonces, como tú bien has dicho, permitirás que la joven resucite, pero nada más. ¿Has entendido?
-Perfectamente, mi Señora.
Notas de la Autora:
Como se pude ver, la actitud de Naga ha dado un cambio. Ya no es la pomposa y autosuficiente hechicera que era en la primera parte y de las Ovas, sino que su actitud es bastante agresiva y recelosa con todos. Esto no es OOC, sino una evolución natural del personaje por lo ocurrido. Otro mismo ocurre con Zelgadiss: si antes estaba dolido, ahora más, y ha sustituido su profunda obsesión por encontrar una curación por la de hacer lo mismo con la Piedra de Salvia.
En cuanto a la breve biografía de Lina, es más o menos un compendio de toda la información oficial que hay al respecto.
Este capítulo ha sido revisado en cuanto a narración y gramática, y algunos diálogos para que tengan más sentido, sobre todo con los hechos posteriores.
