Fan fic de " Slayers " by Isa. Todos los derechos de autor están reservados a Hajime Kanzaka y Rui Araizumi y Tokyo TV, SOFTX; los personajes y el contexto. El argumento y personajes muy secundarios, son míos. Comentarios y opiniones, al final de la obra.

Esta versión es ligeramente distinta a otras que circulan por la red; la historia es la misma pero se encuentra actualizada en cuanto a nombres de hechizos y objeto; gracias a QP/Diana y Toshiko por la información facilitada.

Notas sobre este capítulo:

Por fin después de tanto tiempo, puedo actualizar esta historia... No me lo creo ni yo.

La razones de esta demora han sido varias. En primer lugar, y la más importante... es que ¡tuve que reescribirlo todo otra vez! Tenía escrito este capítulo desde hacía mucho en otro sitio, y por error, lo borré, lo tiré y desapareció. Así que cuando me di cuenta, tuve que volver a reescribirlo tooooodo de nuevo. Y eso me dio una pereza de miedo. Al final lo he acabado, pero he cambiado bastantes cosas.

Otra razón es que por fin me leí las novelas de "Slayers" desde la 1ª hasta la 6ª, y luego la 9ª por fan-traducción. Eso me ayudó a descubrir muchas cosas, que además, también me han servido para retocar toda la primera parte. Un trabajo que ya he hecho y actualizado.

La última razón ha sido un cúmulo de situaciones personales, otros proyectos y averías en mi ordenador, que parecen haberse puesto de acuerdo para obstaculizar esta historia.

En fin. No creo que este capítulo vaya a sufrir grandes cambios, pero tengo que retocar los 3 primeros de esta II-Parte para que peguen con la anterior, aunque el siguiente capítulo ya está escrito desde hace meses.

A disfrutar.


Capítulo: 5 "Por un pedazo de Cephied"

Zelgadiss tiró de la rienda de su caballito blanco para conducirlo hasta el abrevadero construido a modo de pilón en una gran piedra de granito en uno de los muros que jalonaban aquella parte de la plaza mayor de esa pequeña ciudad donde Naga y él mismo se encontraban ahora. Un poco más abajo, varios hombres llenaban cántaros de agua que sacaban del abrevadero y a continuación las cargaban en las aguaderas de sus rucios borricos, mientras que al otro extremo el agua se vertía en un gran pilón techado que en los meses calurosos del año servía de lavadero público pero que ahora, debido al frío y las aguas heladas del deshielo, nadie usaba.

El caballo hundió su hocico en el pilón y comenzó a beber con lentitud a causa del frío mientras que su dueño esperaba la vuelta de su compañera que se había adentrado en la cuidad de una forma demasiado precipitada. Zelgadiss no solía prestar demasiada atención a los problemas ajenos mientras que no se viese involucrado en ellos o pudiese sacar algo de provecho, pero la forma de actuar de Naga tras recibir aquel misterioso mensaje, era extraña. ¿Qué era lo que sucedía para que ella se dirigiese tan precipitadamente a esa cuidad como para abandonar de esa forma la búsqueda en la que estaban metidos los dos?

En ese momento, mientras cavilaba varias posibilidades, ninguna demasiado convincente, un grupo niños armados con palos de madera a modo de espadas y capas llenas de remiendos, irrumpió junto a él entrechocando los palos como si estuvieran jugando a pelear. Sin otra cosa mejor que hacer, se puso a observarlos

- ¡Muere malvado! –Gritó uno de ellos en tono teatral muy metido en su papel de "héroe" y haciendo como si clavase la espada en el pecho de otro niño, pero el chico ni se inmutó -¡Pero muérete! –sentenció.

- ¡No puedes matarme! – Respondió el otro con convicción -¡Al "Ma-Senshi" no le dañan las espadas! -

Entonces Zelgadiss miró fijamente a los chicos¿a qué demonios estaban jugando? En ese momento una niña de pelo largo recogido en una coleta, irrumpió en escena vestida de una guisa similar a la de los chicos.

- ¡Las espadas no, pero la magia sí! –Gritó en el mismo tono -¡Y yo soy "Lina Invers, la Dra-mata", y acabaré contigo!-

Ahora ya estaba claro a qué jugaban...

- ¡No puedes matarme! –Se quejó el niño que hacía de "Guerrero Oscuro" - ¡Lina Invers y el "Guerrero Oscuro" son amigos! -

Los otros dos le miraron sorprendidos.

- ¡Eso es mentira! –se quejó de nuevo el primero -¿Quién te ha dicho eso? -

- ¡Es verdad¡y lo sé porque los dos son crueles, y malos, y no se les puede vencer! -

- ¡Lina Invers no es mala! –se quejó la niña al pensar que lo que el niño decía podría ser verdad

- No sé... Yo creo que es verdad. –Opinó el primero después de un instante- Los dos matan a la gente. –Entonces les miró divertido –A lo mejor son novios... –aventuró.

En ese momento el caballo de Zelgadiss levantó el hocico del pilón, su dueño le miró y tiró de las riendas para marcharse de allí: ya había escuchado suficiente... además¿dónde ese había metido Naga? Movido por el impulso, montó en el animal y se dispuso a buscarla (al menos averiguar a dónde había ido) callejeando por la ciudad.

Mientras todo esto ocurría, Naga se encontraba inmersa en una conversación con aquel que había reclamado su presencia con tanta urgencia en medio de un lujoso mesón del centro de la ciudad donde los clientes podían disfrutar de mesas construidas separadas por apartamentos y construidas en maderas nobles, todo ello adornado con plantas de interior, lo que demostraba lo lujurioso del local.

La Serpiente dio un sorbo a una taza de té, algo inusual en ella, mientras escuchaba.

- ¡...Es horrible, Maestra Naga! –le dijo su interlocutor llevándose las manos a la cabeza- ¡Yo no puedo hacer nada para recuperar a mi querida Serene-sama porque tan solo soy un humilde hechicero! –Naga alzó una ceja- .. Comparado con vos, por supuesto. – señaló.

La Serpiente dejó la taza en la mesa y cruzó los brazos bajo su busto.

- No puedo ver cuál es el problema, mi querido discípulo. –dijo con tono altanero,- Tú eres lo bastante poderoso como para enfrentarte a esa familia... -

El tipo negó con la cabeza.

- ¡No, no... No lo entiende! Son una antigua familia de grandes caballeros hábiles con la espada y la mágica... ¡Hasta la madre de mi rival es increíblemente poderosa¡Todo mi poder no sirve para nada! –Naga le miró fijamente y dijo:

- ¿No puedes hacer nada contra la ama de la familia? –preguntó gravemente y con cierta curiosidad, y su "discípulo" negó con la cabeza- ¿Es tan poderosa? –el tipo asintió.

Naga se apartó en un pensativo silencio: si en aquella familia era tan buenos guerreros y poseían semejante poder mágico, podría ser que...

- ¡¡Se lo ruego, Maestra!!- exclamó de repente el tipo cogiéndola por las manos- ¡Usted es la única que puede hacer algo para recuperar a mi querida Serene-sama, su discípula! -

Naga alzó la vista y pareció meditarlo unos instantes.

- De acuerdo –dijo por fin- Te ayudaré... Es mi deber ayudar a mis seguidores. –explicó "Y también porque esa familia puede tener lo que busco." Se dijo.

Entonces ambos se incorporaron y salieron del local.


En ese momento Zelgadiss cabalgaba a paso por la ciudad y casualmente acertó a pasar por la calle donde se encontraba el lujoso restaurante al que Naga había ido, y entonces la vio salir acompañada de alguien más. La Serpiente iba como de costumbre, caminando con paso gallardo y consiguiendo ser el centro de todos, tanto por su espectacular figura como por su particular modo de vestir; pero era su acompañante lo que más le llamó la atención. Finalmente Zelgadiss la alcanzó y pudo ver con más detenimiento al objeto de su interés: era un hombre joven de aproximadamente la misma altura que Gaury, cara rectangular, nariz larga y ojos de expresión suave que miraban a Naga con una especie de evidente idolatría. Su cabello cortado en melena caía a ambos lados de su rostro y su color era similar al del humano Zelgadiss, y en su conjunto, aquel hombre poseía cierto atractivo. Hasta ahí todo era normal, pero había lago que, por mucho que lo intentase, no podía ignorar: aquel tipo de complexión atlética, iba vestido... como Naga. En efecto, a pesar de su figura obviamente masculina, llevaba un corpiño escotado como el de Naga, un tanga provocativo como el de Naga, guantes y botas como los de Naga, y una capa con hombreras claveteadas como las de Naga... La sola visión de aquel tipo era tan desconcertante que le producía escalofríos, pero Zelgadiss se la arregló para ignorarlo, algo en lo que era hábil.

Naga le vio llegar en el momento en el que se disponía a montar en su caballo.

- Déjanos, Zelgadiss. –le dijo antes de que el mago abriera la boca – Hay algo que tengo que hacer yo sola. -

El mago-espadachín detuvo su caballo y se encogió de hombros.

- Haz lo que quieras –le respondió y entonces miró al tipo que la acompañaba,- ¿Quién es este esperpento? –preguntó sin evitar el insulto.

El hombre que Naga llamaba "Discípulo" le miró fijamente, aquel tipo que acababa de llegar montado en el caballito blanco no lo gustaba: hablaba como un mal educado incluso a la maestra Naga, y su aspecto tampoco era el más apropiado¿cómo se atrevía a hablar así a la gran Naga un tipo que hablaba como un hortera y vestía de una forma tan sosa con esa túnica corta de color blanco sucio y esos pantalones rectos que de milagro no estaban llenos de remiendos? Pero el gesto de su cara, su misma mirada, la joya roja del pecho, sus ropas monocromas y la espada que le sobresalía del cinturón le advirtieron que no era un cualquiera.

- ¡Oh¿quién es este mal educado, Maestra?!- -preguntó acercándose a ella por si caso, pero Zelgadiss ignoró su juicio y le siguió con la vista.

Naga miró a uno y luego al otro dándose cuenta entonces de que debía responder a ambos; suspiró con una mezcla de disgusto y resignación y se volvió hacia Zelgadiss.

- Este es Alfonso, uno de mis discípulos. –explicó y el mago espadachín abrió los ojos sorprendido –Ha pedido mi ayuda, así que de momento nos quedaremos en esta ciudad un tiempo. –Zelgadiss la miró fijamente- Es algo que no puedo dejar pasar.-

Zelgadiss la miró unos instantes y luego al tal Alfonso, su discípulo (ahora ya estaba claro el asunto de la ropa) y luego se volvió de nuevo hacia Naga.

- Muy bien, nos quedaremos aquí dos días, no te esperaré más tiempo ¿Entendido? –Naga le miró fijamente- ¿Quieres que Amelia resucite, no? –la Serpiente dio un bote y apretó los dientes,- Yo también.- concluyó Zelgadiss haciendo girar su caballito y alejándose de allí a trote.

Alfonso se giró hacia su maestra que apretaba los puños y dientes con rabia; tenía motivos para odiar a Zelgadiss y al lo largo de su forzosa convivencia aún no había encontrado nada que la hiciese cambiar de opinión, más bien al contrario¡era tan cínico e insensible! Claro que qué se podía esperar de alguien que siempre había tenido tan mala reputación como él, un asesino después de todo. Tan solo la idea de que él estaba tan empeñado como ella en resucitar a Amelia poniendo todo su deseo en ello (cosa que solo él podía hacer), le libraba de su castigo; pero esa misma idea le hizo pensar que el estaba en lo cierto y no podía demorarse con otros asuntos, aunque atañesen a sus discípulos.

Si embargo Alfonso estaba desconcertado: ese tipo se atrevía a hablar y darle órdenes a su maestra como si fuese una cualquiera, además¿a qué se refería con eso de resucitar a esa tal Amelia?

- Maestra, –dijo sin poder contenerse más- ¿Quién es ese energúmeno¡Qué descarado!-

Naga le dirigió una breve mirada.

- Es mi socio... –respondió simplemente- No te preocupes, es solo un trabajo temporal.- añadió adivinando su pregunta.

Y diciendo esto ambos subieron en el caballo y se dirigieron calle arriba.


Sin nada mejor que hacer, Zelgadiss abandonó la cuidad. Es cierto que ahora ya era humano, pero seguían sin gustarle las grandes concentraciones de gente, además, esa ciudad tenía numerosos carteles de busca y captura suyos adornando los muros de los edificios, y aunque había cambiado bastante, podía darse el caso de que alguien le reconociese, y él ya no era lo bastante poderoso como para enfrentarse a un destacamento entero de alguaciles y que la guardia de toda una ciudad le persiguiera... al menos en campo abierto siempre tendría la oportunidad de usar sus hechizos. Pero el principal motivo era Naga: ella no quería que él se metiera en sus asuntos ni él quería saber nada de ellos... y menos aún con ese travestido. Eso hizo que se sorprendiera; él que creía haberlo visto ya todo, se encuentra de repente con que, mira por donde, alguien había considerado a Naga lo suficientemente buena como para querer que la le tomase como discípulo. Era cierto que Naga era una poderosa hechicera, eso tenía que admitirlo (y más aún que ahora estaba casi sin poder), pero de ahí a ver que uno de sus discípulos era un travestido... eso era algo insuperable. Al no ser que ese fuera uno de los requisitos para ser discípulo de Naga, el vestir como ella.

Al pensar en eso sintió un escalofrío recorriéndole la espalda: aunque él se había considerado un monstruo, nunca dejó de considerarse un hombre y ya tuvo que disfrazarse de mujer en una ocasión cuando él y los demás fueron a Femenil buscando la Biblia Cleir, o también aquella vez que él mismo intentó disfrazarse de mujer para participar en el Torneo de Tenis Mágico. Pero en la ocasión que aconteció en Femenil, aunque le enfureciese verse con la falda, unos pechos aún mayores que los de Lina (bueno, eso era difícil de superar) y zapatos de tacón que Amelia le puso, era una necesidad de vida o muerte, no tanto para él como para el resto del grupo; y su indumentaria, aunque humillante, no era tan ridícula. En cuanto a la ocasión que se intentó disfrazar para participar en el Torneo de Tenis, fue producto de la desesperación, y los resultados eran desastrosos. Sí, Zelgadiss había tenido que hacer muchas cosas ridículas en su búsqueda de la Biblia Cleir, pero nunca ir por ahí como el tal Alfonso. Tal vez a ese tipo le gustase vestir así. Qué asco...

Zelgadiss dejó al caballito a rienda suelta por el borde norte del inmenso bosque de Kresaus en el reino de Ratelgaut, formado en aquella zona por abetos de donde empezaban a abrirse las yemas de la vegetación forestal ante la incipiente primavera. El tiempo pasaba inexorablemente, a pesar del viento frío que soplaba desde las Montañas Ulugun, la primavera ya estaba allí y eso era un problema: tal vez había sido una imprudencia quedarse en esa ciudad durante dos días, pero también es cierto que la Torre de Rezo se encontraba a menos de una semana de viaje a caballo desde donde estaba ahora, y esa era una zona que él conocía bien por sus actividades cuando él buscaba la Piedra de Sarvia. Sin embargo, a pesar de la urgencia del viaje, no le agradaba encontrarse cerca de la frontera de Ratelgaut y Lyzelly donde había decenas de carteles de busca y captura suyos por todas partes: a pesar de que sus actividades habían cesado hacía ya unos años, el recuerdo de estas aún estaba fresco en la memoria popular, y el hecho de estar allí por las mismas razones que en el pasado (buscar la piedra de Sarvia) era cuanto menos, inquietante... Aunque ahora al menos sabía por donde empezar a buscar la dichosa piedra y no había necesidad de matar a nadie solo porque tuviese una estatuilla de orihalcón.

O sí...

En ese momento su caballo se detuvo y piafó nerviosos; Zelgadiss levantó la vista y miró en todas direcciones mientras se llevaba las manos a la espada instintivamente: algo andaba mal. Entonces oyó unos gritos humanos y de bestias surgiendo entre los árboles; frunció el ceño y meditó unos instantes hasta que finalmente hundió los talones en los flancos de su caballo y se sumergió entre los abetos con la intención de ver qué ocurría.

Efectivamente, en un claro del bosque un jovencito larguirucho, armado con una fina espada, probablemente un florete, sacudía mandobles adiestro y siniestro sin acertar ni una; el problema es que los adversarios del chico eran un grupo de cuatro bersherkers que, sin ninguna duda, un mago debía haber convocado para acabar con aquel jovencito tan torpe. El mago no deseaba meter se en asuntos de otros magos, pero la situación era tan lamentable que si no hacía algo, esos cinco bersherkers la matarían delante suyo en un momento... Aunque la actuación del chico era tan penosa que esas criaturas asistían estupefactas viendo como su supuesto adversario intentaba derrotarles sin que se le cayera la espada de las manos.

- ¡Tomad esto! –decía el chico sacudiendo la espada torpemente- ¡Y esto otro!-

Zelgadiss chasqueó la lengua y desenvainó su espada con un movimiento limpio aguardando el momento de intervenir.

El chico hizo movimiento amplio y torpe con su arma que acabó clavándose en un tronco, dio un respingo al ver lo que había pasado y empezó a tirar de ella por el mango con la intención de desclavarla del tronco tirando con ambas manos y contrarrestando con el pie, como haciendo palanca para poder sacarla de la rugosa corteza del tronco. El problema no era solo que el chico se estaba empezando a poner morado y sudar profusamente por el esfuerzo, es que la espada apenas sí estaba hundida en el tronco del árbol y hubiese bastado un simple tirón para desenclavarla.

Los bersherkers, al igual que Zelgadiss, se habían quedado totalmente estupefactos por el penoso espectáculo. Sin embargo, tal ver por la mentalidad de Zelgadiss, acostumbrado como estaba a estar rodeado de gente con muchas rarezas y haber pasado por todo tipo de experiencias, el mago espadachín se recuperó rápidamente de la impresión y una nueva idea asaltó su mente.

¿Qué necesidad había de que un grupo de bersherkers, criaturas violentas de por sí, atacarían a alguien tan desvalido que incluso un zagal tumbaría de una pedrada? Había algo ahí que no estaba claro…

Y Zelgadiss tenía interés por los asuntos no del todo claros; esos que para bien o para mal le habían llevado hasta donde estaba.

Pese a todo, chasqueó la lengua incomodo. Estaba dividido entre dos posturas enfrentadas; por un lado, no veía la necesidad de tener que ayudar a esa desgracia de chico y meterse en problemas ajenos a él mismo; pero por otro lado, no tenía nada mejor que hacer mientras Naga pasaba un tiempo con el pervertido de su discípulo, y Zelgadiss tenía la necesidad de estar ocupado siempre en algo, en este caso un asunto que no le parecía del todo normal.

Sin volverse a cuestionárselo de nuevo, desenvainó limpiamente su espada bastarda y espoleó al caballito blanco, que irrumpió a galope en medio del claro del bosque. Sorprendidos por su repentina aparición, tanto el chico esquelético como el grupo de bersherkers, quienes a duras penas se volvieron hacia el espadachín. Desde su posición aventajada como jinete y la velocidad del galope, rebanó limpiamente la cabeza de uno de los bersherkers, y el brazo de otro. Estos, sin embargo, se recuperaron rápidamente de la impresión, y se lanzaron contra el caballo; si conseguían inmovilizarlo, harían caer a su jinete y así se librarían del él. Pero Zelgadiss sabía que ese caballo procedía de los establos reales de Seillon, y por tanto estaba entrenado para la lucha, así que sujetó las riendas y con la vaina de su espada, sacudió el cuarto trasero del caballito, que respondió saltando hacía arriba sobre sus cuatro patas, y a continuación coceando con fuerza hacia atrás. Al ejecutar la cabriola (1), la tremenda coz impactó en el pecho de uno de los bersherkers, dejando una notable marca de herraduras en su pecho y haciendo que saliera despedido. Hizo girar al caballo sobre los cuartos traseros, obligándolo a estar en movimiento, de forma que no le pudieran sujetar por las riendas; hizo que saltara alternativamente con sus patas delanteras de un lado a otro, y aprovechando el movimiento de distracción, apuñaló con su espada a otros y lanzó una de sus dagas en dirección contraria; esta se clavó limpiamente en el cuello del último de los berserkers, que calló hacia atrás como un peso muerto.

Finalmente detuvo su caballo, y le dio unas palmaditas y caricias en el cuello para calmarlo y recompensarlo del esfuerzo y la impresión. Volvió a envainar la espada y miró alrededor: todos los bersherkers estaban muertos o incapacitados. Suspiró pesadamente y por fin detuvo la mirada sobre el chico, quién se había derrumbado sobre sus rodillas y temblaba violentamente.

-¡Eh, chico¿Estás bi…?- comenzó a decir, pero en cuanto llegó a su lado, su voz decayó.

El que creía que era un chico, un adolescente desgarbado principalmente, resultó ser un joven de su edad. Sin embargo, pese a sus ricas ropas, se adivinaba el enclenque cuerpo del chico, aún más débil de lo que había pensado; su cara alargada resultaba huesuda, al igual que su cuerpo, pero sus mejillas estaban pobladas de unas espesas patillas propias de alguien de mayor edad. Y por fin, sus ojos reflejaban una gran inocencia, muy lejos de la fría mirada del mago espadachín.

Zelgadiss comprendió qué clase de persona podía ser ese chico, pero aquello no hacía más que intrigarle sobre lo que allí pasaba.

Sin esperar respuesta, agarró la empuñadura del florete clavado en el tronco del árbol, y con un tirón seco, lo sacó de donde estaba para devolvérselo a su dueño.

-Aquí tienes tu arma. ¿Estás bien?- preguntó intentando controlar su sorpresa.

-Se… señor.- balbuceó el chico-hombre.

Zelgadiss suspiró, la voz del chico resultaba similar a la de Xelloss cuando al mazoku le daba por hablar con su también irritante tonillo educado. Se limitó a tender el florete a su dueño.

-Toma.- ofreció secamente.

El joven miró primer a su arma y luego a su salvador.

-Mu… Muchas gracias, señor.- dijo por fin,- Le agradezco mucho que me salvara de esos monstruos. Pese a todo mi talento de caballero, esas criaturas eran temibles.- explicó.

Zelgadiss pestañeó confundido. ¿Talento¿qué talento? La forma de luchar de aquel individuo solo se podía calificar de patética.

-No tienes que agradecerme nada.- contestó Zelgadiss dándose la vuelta.- Los bersherkers son unas criaturas violentas y agresivas, pero carecen de organización. Si sabes cómo, se puede acabar con ellas sin tener que recurrir a la magia.-

-¡Cuánto sabe!- exclamó de repente el joven, -¡Usted debe ser un auténtico maestro!-

-¿¡…Cómo!?- exclamó el mago espadachín.

-Y por lo que dice, también debe entender de magia… ¡Es usted fantástico!-

Un gotón de sudor recorrió la frente de Zelgadiss. El sabía que era bueno, o al menos que se paseaba entre los buenos, pero de ahí a recibir tanta alabanza gratuita de alguien como ese chico, resultaba extraño.

El chico, sin embargo, parecía ajeno al azoramiento de su interlocutor.

-¡Alguien como usted es lo que necesitamos para protegernos!-

-Oye, chico….-

-¡De verdad¡Alguien como usted podría protegernos de las criaturas que nos atacan continuamente!- explicó el chico, casi hablando solo.- Tan poderosa estirpe de caballeros como la mía, necesita de paladines como usted.-

Zelgadiss gruñó: ese chico hablaba como una versión en niño de Ródimas. Y aunque el viejo caballero había enseñado muchas cosas al "Ma-kenshi" sobre la caballerosidad y el saber hacer, Zelgadiss no estaba por la labor de escuchar discursos baratos de floridos ideales en los que no creía.

No hasta que el chico le dijo algo que captó su atención.

-Esos monstruos nos persiguen porque ambicionan nuestra posición y nuestro poder.- explicó, y el mago arqueó una ceja. –Mi familia podrá contra cuantas de esas criaturas que nos ataquen. Yo pertenezco a una gran estirpe de caballeros.-

Por supuesto esa era una versión deformada de la realidad, pero el motivo inicial que había llevado a Zelgadiss a intervenir en la lucha, volvía a irrumpir en su mente. Ese chico, obviamente, era una pena… pero su familia debía tener algo de gran valor que indujese a que alguien convocara a berserkers, y posiblemente otras criaturas, a que le atacaran.

El mago espadachín ayudó, aunque con cierto disgusto, a levantarse al chico. Le bastó un simple tirón de su mano para incorporarlo. Al hacerlo, pudo comprobar lo liviano que era pese a que incluso parecía algo más alto que él mismo.

-Gracias por su ayuda, señor. Esas criaturas me habían herido y no podía levantarme…-

-Ya… ¿Cuánto hace que os atacan bestias como esa?- preguntó.

-Pues hará unas semanas, pero son cada vez más.-

-¿Y dices que os atacan porque ambicionan algo que tu familia posee?- el chico asintió mirando expectante al mago espadachín con sus grandes e inocentones ojos, -Bien, en ese caso, creo que debería echar un vistazo. Es posible que puedas necesitar más de mi ayuda- concluyó Zelgadiss con una sonrisa siniestra.

Por supuesto el chico sonrió ampliamente de oreja a oreja con absoluto entusiasmo, y cogió las manos de Zelgadiss con devoción. Ese era un gesto que había visto a aquellos devotos que se arrojaban desesperados y agradecidos a los pies de Rezo en sus supuestos actos piadosos. Era algo que Zelgadiss encontraba desagradable, y no solo por eso sino que ese chico era un reflejo de esa situación. No obstante, era eso lo que quería, convencer al chico de que le condujese a su familia, una que debía tener algo de valor.

Eso era algo más fácil de hacer cuando no tenía que ocultar su rostro.


Poco después de que Zelgadiss hubiese limpiado sus armas de la sangre de los bersherkers, ambos cabalgaban a lomos del caballito blanco; dado lo enclenque de la constitución del chico, eso tampoco era algo que sobrecargara a la montura. Zelgadiss cabalgaba sobre la silla, pero el chico no había tenido más remedio que montarse a horcajadas en la grupa del animal, y en vez de sujetarse con las piernas, como cualquier otro jinete haría, lo hacía agarrándose con fuerza al borrén trasero de la silla y la cintura de Zelgadiss, quien se encogía con desagrado ante la sensación táctil.

Al principio habían ido a trote a través de un sendero del bosque que el chico le había indiciado, pero apenas pudieron aguantar un trecho a ese paso pues Zelgadiss comprobó con estupefacción que las fuerzas de ese chico eran tan pocas que no podía mantenerse sobre la silla del caballo si este se movía a ese ritmo, y además, le estaba clavando sus huesudos dedos en la cintura al agarrarse a él intentando mantenerse en su sitio. Pese a que tardaría más, al final dejó que el caballo fuese a paso.

El chico, ya más confiado desde su posición, explicaba la situación a Zelgadiss. El "ma-kenshi" apenas había necesitado un par de preguntas acertadas para que este le contara incluso más de lo que deseaba saber, y esa no era la mejor de las ideas.

-…Mi familia son los Mailstars, una poderosa estirpe de caballeros de este país que dicen que se remonta a la época del antiguo reino de Lethidius, y que según nuestra tradición, mi familia está relacionada con grandes personajes históricos, incluso se dice que con la estirpe del espadachín que derrotó a la Súper bestia Xanaffer en la ciudad de Sairag.-

Por supuesto semejante afirmación casi hizo que Zelgadiss cayera de su montura. Aquella rotundez parecía más bien un farol que un hecho veraz, más cuando el propio Zelgadiss estaba al tanto de la historia de la familia de Gaury… o al menos de lo que el espadachín era capaz de recordar.

-¿Por dónde vamos ahora?- preguntó Zelgadiss a su enclenque compañero de montura queriendo variar de tema.

-Sigue el camino paralelo al arroyo hasta llevar al puente de piedra. Luego subes por él hasta llegar al camino de grava. Luego giras a la izquierda y ya llegaremos.- explicó el chico de forma solícita.

Zelgadiss asintió, algo incómodo por la proximidad física de alguien que no le despertaba muchas simpatías. Sin embargo él no estaba allí para solo llevar a ese chico de vuelta a su casa.

Tenías más cosas que averiguar.

-Ya que me has pedido mi ayuda, me gustaría que me explicaras por qué te perseguían esos bersherkers. Antes has dicho que es debido a que ambicionan el poder de tu familia, pero los bersherkers no son criaturas que se interesen por asuntos humanos.-

El chico le miró con sus grandes e inocentones ojos para luego exclamar.

-¡Cuánto sabe usted! Tiene toda la razón.-

Apenas sin volverse, el mago espadachín pudo notar en su cogote la mirada aturdida del mismo, y el suspiro que soltó después de su parrafada.

-... Esas criaturas malignas atacan a mi noble familia de caballeros desde hace unos dos meses.- explicó, - Aún no sé por qué lo hacen, pero afortunadamente hemos podido deshacernos de ellas. Incluso mi madre, Lady Jossefine, ha tenido que participar en la lucha.- Zelgadiss se volvió sorprendido hacia el chico, y vio como uno unos gruesos lagrimones se formaban en sus inocentones ojos,- ¡Mi madre!¡Una dama como ella viéndose forzada a luchar contra esas criaturas!... ¡Es inadmisible!-

Zelgadiss parpadeó asombrado. Era evidente que ese joven no debía saber nada sobre la realidad de la situación, pero esa familia debía tener algo muy importante para que los bersherkers, trolls y otras criaturas la atacaran de esa forma a alguien como ellos. Especialmente un chico como ese.

Pero¿qué clase de mujer era aquella que luchaba contra los bersherkers? Era posible que esa mujer sí supiera la verdad.

-¿Tu madre se está enfrentando a esas criaturas¿Acaso es una hechicera?- preguntó.

-¿Uh?... No, no lo es. Que yo sepa... Pero mi padre sí lo es.-

-Hmmmm...-

La mente de Zelgadiss estaba empezando a sacar sus propias conclusiones. Ese chico era demasiado simple como para saber nada sobre luchas de poder, pero él ya había visto situaciones como esas previamente.

Al poco el sonido apagado de los cascos del caballo sobre el suelo húmedo del bosque, se convirtió en algo más sonoro cuando entraron a un camino de grava. Al hacerlo, el oído experto de jinete que Zelgadiss tenía, captó un ritmo extraño en los pasos de su caballito; sin duda le hacía falta un cambio de herraje.

A partir de allí el paisaje cambió, y ahora era más despejado, y merced de la luz solar, estaba franqueado por numerosos arbustos en flor. Era algo realmente bonito. Sin embargo, la mente de Zelgadiss poco se podía concentrar en disfrutar del paisaje; la verborrea del "caballero" que llevaba a sus espaldas no le dejaba concentrarse. Era algo insoportable, aunque en medio de las pseudo gestas caballerescas que el chico contaba, el mago espadachín averiguó datos interesantes, como que ese chico pertenecía a una familia de caballeros del reino y su padre era Lord Mailstar, quien además también debía ser un hechicero. También supo que ese chico debía estar destinado a heredar a su padre, como correspondía en esos casos, pero por razones que debían ser obvias para todo el mundo menos para ese chico y su familia, eso era algo que no había sucedido.

La pregunta obvia era¿qué clase de secreto guardaba una familia que parecía estar destinada a un fracaso sucesorio?

Eso tenía que tener algo importante.

Sin embargo había otro detalle que incomodaba al "Ma-Kenshi". Ciertamente los ideales caballerescos del intento de caballero le recordaban a Ródimas. Pero al contrario que ese enclenque que llevaba a sus espaldas, Ródimas había sido una persona admirable, un viejo caballero que había visto mucho mundo en su larga vida, y que aún así, pese a todo lo malo que había visto y vivido, había sido capaz de conservar sus ideales. Eso era algo que Zelgadiss siempre había admirado en él. Pero muy a su pesar, Jeffrey solo hablaba de unos ideales utópicos y poco creíbles que no se ajustaban a la realidad, y eso le ponía enfermo.

Sobre todo porque le hacían recordar a Amelia, a cómo era cuando la conoció.

Cuando por fin llegaron, ambos se encontraron cara a cara con una gran quinta de tres plantas construida en piedra de color siena y con pronunciados tejados de pizarra acompañado de unos jardines salvajes pero cuidados. En cuanto atravesaron la verja del recinto, un ejército de criados y guardias acudió a recibirlos, acompañados de dos personajes que de inmediato atrajeron la atención del espadachín. Una mujer oronda y muy ornamentada, sin duda la madre del chico; y un hombre cubierto con una armadura de aspecto... extraño, y armado con un largo sable. No era la mejor arma para alguien protegido así, pero sus razones tendría aquel individuo.

Más cuando aquel hombre se le quedó mirando mientras que la mujer besuqueaba al chico de tal forma que la maternidad llegaba a un grado posesivo.


Algo más tarde, Lady Mailstar, su hijo Jeffrey, el hombre cubierto con la armadura y el propio Zelgadiss, se encontraban reunidos al rededor de una mesa de té en una de las salas de la quinta. A su espalda brillaba el sol de media tarde enmarcado por unos pesados cortinajes de terciopelo púrpura; a la izquierda se encontraba el chico al que había rescatado, que sin sus aparatosos ropajes de noble, parecía aún más desvalido, mientras que enfrente suyo, se encontraba la madre del chico.

Ahora que la veía más cerca, pudo comprobar con desagrado más características de ellas. En primer lugar, todo lo que su hijo tenía de enclenque y desvalido, ella lo tenía de masa corporal, una curiosa mezcla de lo que debía ser un ancho esqueleto, grasa corporal, e increíblemente, masa muscular. Su cabello rizo permanentado parecía teñido, al igual que su rostro, cuyo espeso maquillaje blanco y profusos coloretes rosados, junto a una sombra de ojos y un pintalabios exagerados, hacía que pareciese una especie de máscara de teatro... o una muñeca pepona. Bajo ellos se adivinaban unos gruesos carrillos, ojos inexpresivos y una nariz ancha y romana.

Sus ropas, aunque pretendían ser sencillas por el uso hogareño, eran ostentosas por sus tejidos y numerosas puntillas, a lo que se unía los numerosos anillos de oro, y los dientes del mismo material. Además de eso, la mujer despedía un profundo olor a perfume, tanto que hacía que la nariz le doliese.

Estaba claro que a esa mujer le gustaba proclamar su (supuesto) rango mediante la ostentación; incluso sus dientes de oro bien podrían ser de adorno en lugar de funcionales.

La voz de la mujer acompañaba su ostentosa apariencia, y variaba de un tono autoritario a una voz chillona y desagradable.

-... Mi hijo me ha contado como usted le ha salvado de esos monstruos que le atacaban.- decía la mujer mientras dejaba la taza de té en un platito de porcelana profusamente adornado.- Debo darle las gracias por ello. Esas horribles criaturas nos atacan sin descanso desde hace semanas, y nos vemos obligados a luchar contra ellas con tal de defender esta noble casa de un famoso linaje de caballeros.-

-Los Mailstar, por lo que tengo entendido¿cierto?- añadió Zelgadiss incisivamente.

La verdad es que Zelgadiss muy bien podría haberse ido de la mansión en cuanto tuvo la ocasión, pero prefirió quedarse allí y averiguar qué estaba pasando. Además, también había notado que el individuo de la armadura bronceada no le había quitado la vista de encima.

- Así es. - contestó la mujer con una sonrisa complaciente- Presumo que usted posee un linaje de noble ascendencia¿Sr...?

-Gaywords- contestó Zelgadiss con el mismo tono complaciente.- Y sí, se podría decir que sí poseo cierta ascendencia.- añadió con una sonrisa marcadamente cínica.

La mujer y su hijo Jeffrey sonrieron abiertamente por la respuesta. Evidentemente ninguno de los dos llegó a captar la acidez en el tono de Zelgadiss. Sin embargo, el individuo de la armadura se sacudió suavemente al oír ese nombre.

-Mi sirviente Garda, aquí presente- comenzó a decir Lady Mailstar girándose hacia el individuo de la armadura, - Me ha informado que los arreos de su caballo portan el escudo de la Casa Real de Seillon.- explicó- ¿Tiene usted alguna relación con esa honorable familiar real?- preguntó la oronda mujer con una sonrisa.

- Bueno, se podría decir que he hecho algún trabajo para el Príncipe Philionell.-

-¡Guau!- exclamó otro que no podía ser sino Jeffrey- Mamá¿te das cuenta de qué noble caballero tenemos en casa? -

-Por supuesto que sí, hijo mío.-

Zelgadiss sonrió para sí. Aunque no le gustaban los juegos de engaños y estratagemas, era evidente que los había encandilado. Y no había mentido, solo dicho la verdad de una forma camuflada. Ahora ya se había metido en donde quería.

Satisfecho con su éxito, se llevó la copa de vino tinto a la boca, y bebió un par de sorbos con deleite.

-Un vino excelente, señora.- anunció alzando la copa hacia el trasluz.- De Zefiria¿verdad?-

-Ooooh, veo que usted también es un entendido.- exclamó la oronda mujer,- Por supuesto que es de Zefiria, el reino que mejores vinos produce. Y en esta casa solo se consume lo mejor.- explicó la mujer con pedantería.

Jeffrey, animado por las palabras de su madre, alargó la mano para coger otra de las copas de la mesita, pero en cuanto su madre le vio hacerlo, reprendió.

-No hijo, tú no. Aún eres muy joven para consumir vino.-

Jeffrey se quedó mirando a su madre con sus grandes ojos, y luego dejó la copa sobre la mesa obedientemente.

-Sí mamá.-

Zelgadiss suspiró para si mismo al escucharles eso y la conversación entre madre e hijo que siguió a continuación; ese chico tenía su edad, y su madre le trataba como si aún fuera un niño en lugar de un hombre. A el mismo le gustaba el vino, siempre que fuera bueno, y especialmente en las comidas, pero de repente le asaltó la idea de cuántas copas de ese buen vino le harían falta para aguantar una situación familiar como aquella; no podía evitar pensar que tanto la mujer como el hijo, por muy noble ascendencia que tuvieran, eran unos completos imbéciles que solo se preocupaban de la imagen que supuestamente esa familia debía proyectar. El hijo estaba completamente incapacitado para convertirse en caballero como bien estaba demostrando continuamente, pero su madre debía pensar que no era así, y le cuidaba y mimaba como si de verdad llegara a serlo. Ese chico y su madre no sabían, o no querían saberlo, sobre la realidad de su situación... Aparentemente, todo lo contrario al caballero de la armadura que también contemplaba la situación con resignación. Ese hombre era un veterano, o en todo caso un profesional, y la situación le debía parecer tan patética como al propio Zelgadiss.

El cansancio moral dio lugar a la suspicacia¿y si ese hombre, Garda, como le había llamado Lady Mailstar, buscaba lo mismo que él¿Y si esa familia acogía en su seno a cualquiera que pudiera defenderlo de los trolls y bersherkers? Zelgadiss tuvo la sensación de encontrarse ante un competidor. Eso explicaría porque Garda no había apartado la mirada de él. Instintivamente, Zelgadiss se puso tenso, listo para cualquier situación.

Pero por muy patética que fuese la situación, y por muy preparado que estuviese ante cualquier acto inesperado por parte de Garda hacia él. De hecho el propio Garda tampoco parecía estar listo para aquello.

De repente la puerta situada tras el asiento de Jeffrey se abrió de golpe como impulsada por una patada o un golpe similar; el estampido fue lo suficientemente fuerte como para que Jeffrey casi se incrustara de cabeza contra el techo del salto que dio sobre su sillón. El resto, incluido el propio Zelgadiss, se volvieron sorprendidos hacia la puerta.

Fue entonces cuando Zelgadiss casi se atraganta con el vino…

Por la puerta irrumpió alguien que él nunca habría supuesto. Se trataba de una joven que debía tener aproximadamente la misma edad que él, o la de Jeffrey; era alta incluso para ser mujer, y poseía un cuerpo tremendamente voluptuoso con el que solo Naga parecía ser capaz de rivalizar. Pero ese no era el problema, sino que esa chica tenía una cara prácticamente idéntica a la de... Lina. Así era, ojos grandes y castaños, cejas finas y cara redonda rematada por una larga cabellera pelirroja, aunque de un color más furioso que el de Lina, posiblemente teñido. Literalmente, era como si hubiesen cogido la cabeza de Lina y pegado sobre el cuerpo de Naga. Más cuando esa chica iba vestida como la propia Naga incluyendo el provocador tanga y la pesada capa de hombreras claveteadas, aunque el tono de sus ropas tenía un matiz castaño.

Zelgadiss no se atragantó con su bebida porque lo volvió a escupir en la copa; si se lo hubiese tragado, se habría ahogado con el vino.

La chica giró sobre sus talones embotados y se encaró con todos los presentes, menos Jeffrey que se acurrucó en su sillón como si de un cachorro asustado se tratara; igualmente, su cara estaba teñida de rojo, muda evidencia de la vergüenza que sentía al ver a una mujer así vestida. El "Ma-kenshi" supo de inmediato que esa joven debía tener alguna clase de relación con Naga, tal vez similar a la de Alphonso... Actualmente muy pocas hechiceras se atreverían a ir por el mundo de una guisa que hacía al menos que no se usaba un centenar de años, menos por gente como Naga, Eris, o mismamente esa mujer, claro está.

Lady Mailstar sin embargo estaba más molesta que otra cosa.

-¡Lady Selene!- exclamó,- ¿Qué formas son esas de irrumpir en esta casa¿No sabe usted que antes de entrar debe llamar a la puerta?-

Zelgadiss estaba demasiado asombrado por la visión de esa joven como para prestarle atención a lo que la señora Joseffine estaba haciendo.

-¿Qué casa ni qué narices?- contestó la copia deformada de Lina con un chirriante tono de voz,- ¡Esta casa no tiene ni estilo ni nada que se le parezca¡Y ni usted ni esa birria de prometido que me han puesto...-continuó diciendo la joven mientras señalaba a Jeffrey, aún más escondido en su sillón- ... Tienen derecho alguno a retenerme en esta mansión!-

-¡Señorita Fittsmeyer¡Le ruego que haga el favor de callarse y vuelva a sus habitaciones inmediatamente!- ordenó Joseffine poniéndose en pie, -Sabe perfectamente que esta noble casa está siendo objetivo de continuos ataques. Debería cuidarse más de cuál es la actitud que aquí tiene.-

-¡JA-JAJJAA!- contestó la joven descocada en lo que parecía una especie de imitación de la risa de Naga, -Lo que debería usted hacer es plantearse la razón de porqué la atacan de esa forma.-

Zelgadiss clavó la vista en la joven. Por lo que había podido deducir, esa joven también debía tener alguna clase de posición (o ella lo creía así) y también era la prometida de Jeffrey. Pero sobre todo, ella debía saber por qué razón la familia Mailstar estaba siendo atacada.

La joven no parecía tan estúpida como el resto de la familia, aunque sí parecía alguien egocéntrico. Zelgadiss juzgó que tal vez debería "hablar" con ella cuando pudiera verla a solas.

Como movida por su presencia, Selene se giró hacia Zelgadiss y clavó su prepotente mirada en el mago-espadachín, que la sostuvo fríamente. Era extraño ver a alguien con un rostro tan similar al de Lina pero deformado por aquella mueca.

-¿Quién es este hombre?- preguntó señalándole con el dedo,- ¿Un nuevo guardaespaldas? Menudo elemento.- se mofó.

Para sorprenda de Zelgadiss, fue Jeffrey quién intervino esta vez; parecía que la indignación había despertado en él algo de su flaco carácter.

-¡No te consiento que hables así del Sr. Graywords!- exclamó y el propio "Ma-kenshi" desvió la vista hacia él sorprendido.- ¡Él es un gran mago espadachín que me ha salvado de un grupo de bersherkers¡No es nadie indigno de esta casa!-

Selene escuchó a Jeffrey con una ceja arqueada, y entonces volvió a reír con aquella burda imitación de la risa de Naga.

-¿Un mago? Dudo que él pueda hacer nada... JOJOJOJOOOO!-


La situación en el palacio de Seillon resultaba inquietante. De alguna forma todos los miembros importantes de la realeza se encontraban alterados. Hacía ya más de 6 meses que la princesa Amelia había ido de visita de cortesía al reino que en su momento había supuesto una amenaza para la estabilidad de la paz entre los reinos del interior de la Barrera, el pequeño pero potencialmente peligroso reino de Zoana.

La situación había cambiado, claro, y Seillon podía permitirse mantener buenas relaciones con Zoana igual que lo hacía con el resto de los reinos. Pero la visita de los actuales príncipes de Zoana al palacio real de la Capital de la Magia Blanca no se debía precisamente a una visita de cortesía.

El enorme palacio real costaba de 5 plantas, y la segunda de ellas estaba dedicada a los asuntos de estado y gobierno de Seillon principalmente. En uno de los numerosos despachos que constituían la gigantesca estructura, se estaba celebrando una inusual reunión entre los dos príncipes de Seillon y los dos príncipes de Zoana. La situación era tensa dentro del pequeño despacho, y todos ellos se encontraban de pie en la sala sin hacer uso de ninguno de los aparentemente cómodos sillones; y en particular uno de ellos se paseaba de arriba a bajo de la sala como si de un león enjaulado se tratara.

Philionell, tan transparente como era, estaba nervioso. Vestido con sus ropas blancas bordadas en oro, caminaba a grandes zancadas esquivando a duras penas a su hermano menor, el príncipe Christopher, y a los dos príncipes consortes de Zoana, Martina Zoana Mel y Zangulus. Todos ellos ya habían tenido que tratar entre sí de alguna forma, así que ya se conocían; pero de todos ellos, solo Zangulus no pertenecía a la nobleza, sino que había adquirido el título por un acertado matrimonio. Pero precisamente por eso, su visión de gobierno era algo distinta a la que mantenía su esposa y su suegro.

Pero esta vez la reunión no era un asunto de gobierno exactamente, pero sí podía llegar a serlo.

-Cálmate, Phill.- intervino Christopher, - Poniéndote nervioso no vas a arreglar nada.-

-El príncipe Christopher tiene razón, Phill. -intervino Zangulus con una sorprendente familiaridad hacia el regente de Seillon.- Lo único que sabemos es lo que nos ha dicho mi esposa.-

Martina miró con aire culpable a Zangulus. Ella no les había dicho "toda" la verdad, solo lo que Amelia le había pedido que dijera.

-¡Es que no puede ser, no puede ser!- exclamó este, -No entiendo como es que han podido pasar más de 6 meses sin que mi hija se haya puesto en contacto conmigo.-

Philionell se dejó caer pesadamente sobre uno de los sillones del despacho, y dejó caer la cara sobre las manos en un gesto de cansancio. Christopher pareció comprender qué podía estar pasando, así que se acercó a su hermano.

-No creo que ella se haya ido de palacio como hizo su hermana.-dijo en tono consolador. Phill se volvió y miró a su hermano menor.

-Tienes razón. Mi hija nunca abandonaría a su familia y a sus deberes de esa forma.- entonces una nueva idea asaltó su mente.- ¿Sabemos algo sobre Lina Invers?- preguntó de repente.

Zangulus y Martina se miraron el uno al otro.

-No tenemos noticia alguna de ella ni de su compañero Gaury.- contestó Martina,- Yo solo sé lo que Amelia me contó.-

Zangulus miró a su esposa; él sabía por qué Amelia había partido tan de improviso tras su visita a la corte de Zoana, pero no estaba seguro de que debiera revelarlo. No obstante, si Amelia había partido en busca de su hermana mayor sabiendo ya dónde se encontraba, algo debería haberla ocurrido porque no tenían ninguna noticia de ella desde entonces.

Comprendía la preocupación de Phill, él ni siquiera sabía a qué había partido su hija.

- Martina...- comenzó a decir el gigantesco hombretón,- ¿Podrías repetirme qué fue lo que mi hija te dijo exactamente?-

Christopher pudo ver que la princesa de Zoana se encontraba cada vez más incómoda; a su juicio ella debía saber algo más de lo que parecía.

- Ella me dijo... que debía irse en busca de algo de vital importancia para la Corona de Seillon. Yo la asistí en todo lo que pude; me pidió que os dijera lo que ya os he contado, le di mi amuleto de Zomerstherld para que la protegiera, y se marchó con su caballo.-

-¿No te dijo nada más?- preguntó Christopher en tono incisivo. -¿No dijo nada sobre qué era eso tan importante?-

Martina parecía a punto de derrumbarse, pero ella tampoco era la persona más sensata del mundo, así que sus ojos brillaron de forma peligrosa y exclamó con una voz dos octavas más aguda.

-¿¡Cómo te atreves a dudar de mi palabra!? Que mi querido Zomerstherl caiga sobre mí ahora mismo si estoy mintiendo!-

Los dos príncipes de Seillon, incluso el propio Zangulus, retrocedieron asustados por el ímpetu de la princesa de Zoana, cuyo rostro parecía desquiciado y sus tirabuzones se sacudían nerviosos a ambos lados de su cara redondeada. Pero Martina se quedó en el sitio en cuando oyó cómo alguien (o algo) llamaba a la puerta.

-Adelante- dijo Christopher, que parecía el más compuesto de todos ellos.

-Tranquila, amor.- murmuró Zangulus en la oreja de la alterada princesa de Zoana.- No creo que se trate de Zomelstherd.-

La puerta se abrió y por ella apareció un hombre de edad madura, una barba canosa que enmarcaba su redonda cara, y ropas blancas al estilo típico de Seillon.

El secretario de Philionell se acercó a su príncipe y le tendió un papel que llevaba en la mano.

-Tome, alteza. Creo que esto puede ser de interés para el asunto que ahora nos preocupa.

-¿Qué es esto?- preguntó el Príncipe mirando a su secretario, pero de inmediato volvió la vista hacia la hoja.- Esto es solo una factura encargada al tesoro real...-

-Sí, la recibimos hará una semana. Pero por favor, examínela.-

Philionell y Christopher se dirigieron a la mesa de despacho que había en la sala, y el primero tomó asiento en ella, mientras que el resto tomaba posiciones estratégicas a su alrededor.

-Mire el cargo y el concepto, por favor.- sugirió Lord Krophel.

Philionell hizo lo que su secretario le dijo, y él y el resto dirigieron la mirada hacia el final del documento.

-"Factura de servicios de Alojamiento y termas..."- comenzó a leer, -¿En la ciudad de Vezendy?- exclamó mirando a su secretario.-

-Eso parece. Pero no hemos enviado a ninguna representación a Vezendy... Ni siquiera al nuevo ducado de Kalmaart.- señaló Christopher.- Desde luego alguien ha estado pagando sus viajes haciendo uso del tesoro real.

-Eso no podemos permitirlo.- contestó Philionell tajantemente.

-Creo que debería leer el resto del documento, Phill.- señaló Zangulus.

Philionell asintió y siguió leyendo. Era su deber antes de sacar conclusiones precipitadas.

-"Alojamiento por una noche de 7 personas. Pensión completa mas baños, tres habitaciones dobles y una simple, ninguna mixta..." ¿De dónde sale tanta gente?... -preguntó en voz alta.

-Al final de la factura vienen las formas de los interesados, alteza.- explicó Lord Krophel.

Philionell asintió y pasó su vista hasta el final del documento; había 7 firmas más la del dueño del establecimiento, todo ello rematado con el sello real de Seillon. El príncipe de Seillon reconoció la última firma de inmediato.

- "Amelia Will Tesla Seillon, princesa del Reino soberano de Seillon"- exclamó, - ¡La factura está a nombre de mi hija!-

-Así es, alteza.- señaló Lord Krophel.

Los ojos de Philionell se volvieron vidriosos por la emoción, algo a lo que ya estaban acostumbrados los que le rodeaban de una forma u otra.

-¿De cuándo data esta factura?- preguntó de repente a su secretario.

-Del invierno pasado.- explicó este.

-Hmmm, eso quiere decir que mi hija estuvo allí en Vezendy en este invierno...Pero ella viajaba sola sin escolta¿Quién es toda esta gente que ella alojó en su nombre en ese establecimiento?-

- Antes de su firma aparecen las de los clientes a los que Amelia pago el alojamiento. Aquí figuran como "Escolta".-

-Amelia viajaba sin escolta... Eso estoy seguuuuura.- apuntó Martina.

-Y nunca la ha necesitado...-corroboró Philionell, - Mi hija es muy capaz de defenderse por si sola. ¡Ella es toda una heroína! Una auténtica hija de su padre.-

Si alguien hubiese visto en ese momento la expresión de Martina, se habría asombrado de ello. La princesa de Zoana no era la persona más estable en cuanto a percepción de la realidad, pero ella misma se encontraba profundamente azorada al escuchar al príncipe regente de Seillon. Su marido, mas pragmático y realista pese a la influencia de ella, murmuró algo cohibido.

-Bueno, supongo que sí. Ya sabemos qué cosas ha hecho...-

-Pero tú también, Zangly.- respondió Martina en un susurro que parecía un ronroneo.- Tú también te enfrentaste a ese niiiiiiño endemoniado.-

Zanglus no sabía qué responder. Conocía el ronroneo de Martina, pero no era el mejor momento ni el lugar.

- Bien, en cualquier caso, ella le pagó el hospedaje a toda esa gente.- puntualizó Christopher, -Veamos las firmas. Así sabremos qué puede haber pasado.-

Su hermano mayor asintió y todos volvieron la vista hacia el documento.

-Esta firma es la de Lina Invers.- señaló Martina un nombre con una rúbrica envolvente.

-... Y esta la de Gaury Gabliev.- añadió Zangulus.

- Si su hija está con la Hechicera Rosa y el mercenario, explicaría por qué no se ha comunicado con nosotros en los últimos tiempos.- era la conclusión de Lord Krophel, -Pero no consigo identificar el resto de las firmas.-

-Hmmmm... - murmuró el príncipe regente de Seillon, -Veamos...-

Los cinco permanecían con la cabeza baja sobre el documento intentando descifrar las 4 firmas restantes de la factura. Era curioso ver como algo así podía crear semejante expectación cuando por lo general nadie quiere fijarse tanto en algo que sirve para desembolsar dinero.

-Creo que la firma junto a la de Lina dice "Luna Invers"... no es que esté repetida.- sugirió Christopher.

-¿Luna Invers¿Conocemos a alguien con ese nombre?- preguntó Lord Krophel.

-Yo sí, pero solo de oídas.- contestó Martina haciendo que sus tirabuzones se sacudieran.- Se trata de la hermana mayor de Lina, Luna. Una mujer terriiiiible, por lo que he oído.-

-Tiene sentido. El apellido coincide.- añadió Christopher, - Pero¿y esta otra? Parece que la primera letra es una "Z", pero no entiendo el resto.-

-En mi opinión no es una firma real, solo una rúbrica.-

-... Creo que podría tratarse de la de ese mago quimera que viaja con Amelia y los demás.- pensó Martina en voz alta, - Reconozco la firma de cuando él estuvo trabajando para Zoana.-

-¿Quieres decir Zelgadiss?- exclamó Philionell, -Bueno, la verdad es que tiene sentido. A donde va Lina y Gaury, van mi hija y él. Pero no veo porqué debería firmar de una forma tan poco clara.-

-Honestamente, alteza, la gente no suele hacer firmas legibles.-

- En mi opinión Zelgadiss no querría que se le pudiera identificar fácilmente.- sugirió Zangulus, más avispado que el resto.- Posiblemente no quería ser reconocido.-

-Oigh, No veo por qué.- exclamó Martina.

-Es muy sencillo, cariño.- contestó Zangulus a su esposa,- Zelgadiss no es solo un mercenario como yo lo fui, sino que es un criminal en muchos países.-

-Cierto, alteza.- corroboró Lord Krophel - Pero a causa de los servicios que ha prestado por este mundo Es por eso que en el reino de Seillon fue indultado... No me extrañaría que el nuevo Ducado de Kalmaart no hubiese hecho nada al respecto.-

-Tampoco veo por qué deberían hacerlo. No tienen pruebas para ello.- contestó Christopher, - Pero lo que Lord Zangulus dice tiene sentido. Es muy posible que quisiera ocultar su identidad.-

-Bien, pero eso no aclara quienes son el resto.- espetó Philionell, - Por el momento sabemos que son Lina Invers y su hermana, Gaury, Zelgadiss... pero no sabemos quiénes son los demás.

-La firma de la voluta pertenece a Shilfild, la sacerdotisa del Hulagón residente en la quinta del sacerdote Gray...- informó Lord Krophel.

-¿Qué?... ¡Vaya, pues es verdad! Es esa chica... Creí que había ido de viaje de peregrinación a Sailarg y resulta que está viajando con mi hija.-

-Eso nos da más información. El sacerdote Gray había manifestado su inquietud por el paradero de su sobrina.- explicó Lord Krophel.- Y dada la ayuda que ha prestado en otras ocasiones a la corona, sugirió la posibilidad de que le ayudáramos a buscarla.-

-Bueno, pues se ve que eso ya no tendremos que hacerlo. Ya sabemos dónde puede estar.- contestó Phill con una sonrisa.

-Bien, pero seguimos sin saber de quién es esta firma.- puntualizó Christopher, - La que está subrayada y tiene una voluta al rededor; esa que dice "Naga, Serpiente Blanca".-

-¿Naga¿Quién es esa persona? No me suena de nada.- exclamó Phill.

Al oírlo, Martina tuvo un sobresalto y su marido oyó como murmuraba. "Lo ha conseguido"


Ya era media tarde cuando Zelgadiss salió a pasear por la hacienda de la enorme casona, cuyas paredes se teñían de dorado y los tejados de rojo anaranjado. El olor del campo en primavera teñido por la humedad del aire de la tarde invadió sus pulmones. Era una buena tarde para pasar al aire libre, aunque estar allí después de haber aguantado esa charada, le hacía sentir mal.

Por el rabillo del ojo alcanzó a ver cómo en los establos de la lujosa casona. Allí estaba su caballito blanco, desensillado y sin arreos, con las orejas caídas a los lados; estaba totalmente relajado y tranquilo mientras un herrador le revisaba las patas, cortaba lo que le sobraba del casco y le clavaba unas herraduras nuevas en los cascos.

Al menos había alguien que sí se encontraba bien allí.

De repente sus agudizados instintos de lucha y supervivencia gritaron con voz alta y clara, y casi de forma instintiva, saltó hacia un lado, giró en el aire y calló derrapando al suelo mientras miraba a su atacante. Tras él, dos dagas se hundieron en el suelo justo donde había estado.

-¡TÚ!- exclamó al reconocer a Garda, embutido en su armadura como estaba -Debí suponerlo.-

-Yo también supuse que serías capaz de esquivar mi ataque.- contestó Garda bajo su casco mientras desenvainaba su espada.- Tú no eres como ese crí... Jeffrey.-

-Y por lo que veo, tú tampoco.- contestó Zelgadiss desenvainando su propia espada de media mano,- ¿Por eso quieres luchar contra mí?-

-Alguien capaz de acabar con un grupo de cinco bersherkers con solo su espada y salir indemne, tampoco es alguien normal.- contestó Garda, -Pero puede que Jeffrey solo viera lo que quiere ver. Por eso quiero comprobarlo primero.-

-¿Luchando contra mí?- preguntó Zelgadiss jocoso.

-Bueno, es la única que se me ocurre. - contestó Garda en el mismo tono.- Así que si no te importa...-

-Cuando quieras.-contestó Zelgadiss con una sonrisa fría.

Garda blandió su sable con intentando hacer una demostración de fuerza, cosa que a Zelgadiss no le impresionó, pero si preparó discretamente sus dagas. En contra de lo que pidiera parecer, fue una escaramuza leve. Garda parecía solo interesado en tantear las fuerzas de Zelgadiss, pero tampoco quería llegar a un combate serio. De alguna forma el mago espadachín captó que Garda se andaba con cuidado en esa casa, tal vez por la confianza que la familia depositaba en él, y no quería problemas con ellos. Verle pelear con el recién llegado, alguien quien parecía muy apreciado por la familia, le ocasionaría problemas.

- No peleas en serio.- anunció el "Ma-kenshi" -Esperaba algo más de alguien que tiene una armadura protegida con el "Escudo de Valma".-

Galdia parecía genuinamente sorprendido.

-¿Có... cómo lo sabes?-exclamó.

Zelgadiss sonrió con autosuficiencia.

-He visto el anagrama grabado en la espalda de tu armadura.- contestó, -Ese hechizo es caro y difícil de hacer, así que imagino que alguien con poder te lo habrá dado.-

Galdia rompió a reír y Zelgadiss se apartó de él bajando la espada pero sin perderle de vista.

-... Eres bueno, muy bueno. Hasta ahora muy pocos sabían lo de mi armadura hechizada.-

Zelgadiss se limitó a sonreír con la misma frialdad.

- No sé qué buscará alguien como tú en esta familia, pero sin duda Lord Goldias Mailstar estará interesado en ti.-

Durante un breve instante, Zelgadiss perdió el temple.

-¿Lord Mailstar?- preguntó.

-El señor de estas tierras y esta casa.- explicó Garda, - El querrá verte esta noche en tus habitaciones.-

-Le estaré esperando.-respondió el mago espadachín envainando su arma.


La habitación que le habían asignado a Zelgadiss era increíblemente lujosa y recargada, ni siquiera las habitaciones que había tenido en los palacios de Seillon y Femenil habían resultado tan ostentosas. Era evidente que la mansión de los Mailstar estaba dominaba por las imposiciones de Lady Mailstar, la señora Joseffine, y su particular sentido del gusto y la estética... incluso la habitación tenía un penetrante olor dulzón que le estaba dando dolor de cabeza.

Afortunadamente había podido darse un baño en condiciones, cambiarse y adecentarse un poco; con cierto disgusto había comprobado que su piel humana tenía el inconveniente de querer almacenar todos los perfumes y olores con los que se encontraba, y si antes solo sus ropas cogían olor, ahora su cuerpo y lo que le rodeaba cogía los aromas del ambiente; el resultado es que tanto sus ropas como él mismo despedían un fuerte olor a sudor y a caballo, y Zelgadiss se vio obligado a lavarse a conciencia para quitárselos de encima. Las doncellas de la casa habían tomado sus ropas, menos la capa por ser ahí el lugar donde el mago guardaba sus pertenencias, y se las habían llevado para lavarlas; a cambio le habían facilitado un batín y unas zapatillas para la ocasión, pero prefirió prescindir de ellos dado que esa noche esperaba "visita" y prefería estar listo para la ocasión, esta vez con una camisa más corta y unos pantalones sujetos a la cintura, como los que usó durante una temporada en sus años de quimera. La espada bastarda, como de costumbre, colgaba en la cintura.

Alegando estar cansado del viaje, y querer estar listo para una posible eventualidad, consiguió cenar solo sin tener que compartir mesa con Lady Mailstar, su hijo y esa joven que parecía una hibridación de Lina y Naga. Realmente agradecía profundamente poder comer a solas y con tranquilidad al margen de esa gente.

Poco después de que una doncella le hubiese traído una bandeja con sus viandas: puré de patata con queso y filetes de solomillo de cerdo con salsa acompañados de ciruelas pasas, un plato dulzón de salsa fuerte que el puré ayudaba a suavizar. La doncella que dejó sobre una mesa y Zelgadiss comió con gusto y tranquilidad; normalmente él no tenía el mismo interés que Lina y los demás en llenar el estómago con platos exquisitos, pero después de un tiempo a base de cecina, queso y otras viandas de viaje, agradecía el cambio.

Aún no había acabado de comer cuando alguien llamó a su puerta. Estaba claro que no le iban a dejar ni comer en paz pese a lo mucho que quisiera pasar un rato tranquilo.

El mago espadachín se levantó de la silla y se dirigió a la puerta con la mano cerca de la empuñadura de la espada. Tal vez la doncella estaba algo nerviosa por ver que no había soltado la espada, aunque Zelgadiss también decidió que en aquella casa todo el mundo estaría acostumbrado a algún tipo de extravagancia.

-¿Quién es?- preguntó apoyando la mano en el pomo de la puerta.- No he ordenado nada más.-

Finalmente, se oyó una voz que no correspondía a ninguna doncella.

-Sr. Graywords..- se oyó decir a una voz claramente masculina y de cierta edad, - Soy Lord Mailstar, Goldias Mailstar.-

"Por fín" pensó Zelgadiss.

-De acuerdo.- contestó, - Puede pasar.

Al abrir la puerta el mago espadachín se encontró cara a cara con un hombre que le superaba en altura, posiblemente de la misma talla de Gaury y de su misma complexión atlética. Su cara era algo alargada y su cabello enmarañado era del mismo color oscuro que el de Jeffrey, aunque estaba salpicado de alguna que otra cana; Zelgadiss supo de inmediato de quién había heredado Jeffrey sus rasgos, aunque el chico resultase ser una patética copia de su padre. Goldias iba vestido con un jubón negro y calzas del mismo color, solo salpicado de rojo oscuro por algún bordado en el cuello o línea de botones, y también llevaba un sable colgado a su cintura.

Tras él, se encontraba Garda, vistiendo su armadura encantada de color bronce; lo extraño es que en esta ocasión Garda se había quitado el casco y se podía ver a un hombre de facciones duras, cejas menudas, y una gran cicatriz que le cruzaba el ojo derecho, aunque este no estuviese desprovisto de visión. Garda también padecía de alopecia, algo normal considerando que no parecía quitarse el casco casi nunca.

-¿Es usted el Sr. Graywords¿El que acabó con cinco bersherkers con solo su espada?- preguntó Goldias con algo de escepticismo, - No puedo creer que solo sea algo mayor que mi hijo.-

-¿Le disgusta eso?- preguntó Zelgadiss con sorna.

-No. Solo me apena.- Zelgadiss arqueó una ceja,- Podemos pasar¿verdad? No le negará la entrada un noble en su propia casa.-

-Por supuesto.-

Parecía que a Goldias le gustara tanto como a su mujer que le dieran coba. Al menos esa fue la primera impresión de Zelgadiss. Los dos pasaron a la habitación y Garda cerró la puerta tras de sí sin que Zelgadiss perdiera la vista sobre ellos. Sin embargo Goldias dijo algo que el mago espadachín no esperaba en absoluto.

-Siento tener que interrumpir su cena.- se disculpó.

-Eso no importa ahora. ¿Qué quiere Lord Mailstar?- preguntó Zelgadiss cruzándose de brazos y clavando la mirada en el individuo de negro.

En ese momento reparó en que las joyas de sus botones y el bordado de su jubón no eran casuales; dentro de ellas se adivinaban pequeños anagramas de protección y amplificación, igual que en la empuñadora de su espada. Ese hombre no vestía de negro por un casual: era un hechicero. Goldias "el (caballero) Negro"

-Hay muy poca gente que sea capaz de acabar con los bersherkers, solo los magos o los espadachines muy habilidosos son capaces de algo así.- anunció Goldias en tono incisivo. -Si usted fue capaz de algo así debo presumir que es un mago o un espadachín... o ambas cosas.-

-Soy ambas cosas.- contestó Zelgadiss en tono tajante, - Y le rogaría que se dejara de preámbulos y fuera directamente al grano.-

-Vaya, es usted una persona muy tajante.- resopló Goldias.

-Simplemente no me gusta hablar sobre medias verdades... -le aclaró Zelgadiss dándose la vuelta y recogiendo los platos de la cena. Estaba claro que no iba a poder terminar de comer.

- Yo solo he visto a una persona capaz de invocar a los bersherkers y manejarlos como si fueran un ejército.- intervino Garda por fin.- Hace ya varios años, en esta región... Un templo regido por sacerdotes de los demonios fue atacado por una masa de bersherkers dirigidos por un solo hombre.- Zelgadiss miró a Garda por el rabillo del ojo- Ese hombre era un hechicero vestido de color hueso, y no era humano... Los sacerdotes del culto le llamaron el "Ma-Kenshi"-

Zelgadiss no aparentó ninguna emoción, pero recordaba aquello. Fue poco antes de que Zorlf y Ródimas se unieran a él... Por aquel entonces él solo era un chico de unos 15 años, pero ya comandaba parte del ejército de Rezo. En aquella ocasión atacaron un templo de sacerdotes negros para robarles sus objetos... Al parecer tenían en su posesión varias estatuas de orihalcón y un par de libros de magia interesantes. Los bersherkers arrasaron el lugar, por supuesto, y Zelgadiss le llevó sus tesoros a Rezo, pero nunca supo que fue de ellos cuando el Monje Rojo supo que no tenían nada que ver con lo que buscaba. Posiblemente y pese a todo su valor, el orihalcón acabó destruido cuando a Rezo le dio aquel arrebato de furia que hizo que Zelgadiss le temiera tanto; y posiblemente también los libros acabaran guardados en su laboratorio bajo la vigilancia de Chiva, el mazoku-pollo, para luego acabar destruidos junto con el resto de la ciudad de Sairag.

Lina, su hermana y Gaury se habían dirigido hacia allá, pero esperaba que la Piedra de Sarvia no estuviera allí, o al menos que no hubiese sido destruida.

Si es que no la tenía aquella familia.

- ¿Insinúas que yo pueda ser ese "Ma-Kenshi"?-preguntó Zelgadiss a Garda con una media sonrisa.

- Eso es algo que no sé, pero sí sé que tú puedes tener un nivel muy similar.-

- Supongo que tendré que decir "gracias" por ese cumplido. -

Goldias, sin embargo, tenía otros planes en mente antes que elucubrar de cosas como esa.

-Los bersherkers atacan a nuestra familia desde que Lady Fittsmeyer llegó a esta casa. Yo no soy tan estúpido como mi mujer y mi hijo como para no haberse dado cuenta de que es por culpa de ella.- exclamó de repente Goldias y los otros dos se giraron hacia él. - Estoy seguro que usted sabe eso también.-

- ¿El qué¿que su mujer y su hijo son unos com---hmmmmmmmm!!!-

-¡Chisssss¡Ni se te ocurra decirlo en voz alta!- exclamó Garda tapándole la boca.- ¡Por tu propio bien, NUNCA-NUNCA digas nada malo ni insultes al Lord Mailstar Junior!!-

Garda le soltó la boca a Zelgadiss y este se dio la vuelta hacia él mientras que se limpiaba la boca con su manga. No le gustó nada la sensación de que le pusieran la mano encima de esa forma, pero estaba más sorprendido por la reacción de Garda.

-¿Qué dices¿A qué viene eso?- preguntó sorprendido.

Un gotón de sudor recorrió la frente del mago espadachín cuando los dos hombres, tan duros y fornidos como parecían ser con sus armas y aspecto, miraron nerviosos hacia todos los ángulos de la habitación; parecían un par de niños con miedo a que les hubiesen pillado con las manos en la masa.

Entonces ambos hombretones se abalanzaron encima de él, arrinconándolo contra una pared con los ojos fuera de sus órbitas por el miedo.

- Es por ella, es por mi mujer...- confesó Goldias casi en un susurro.- Joseffine es una mujer temible. En mi casa solo se hace lo que ella ordena.-

- ¿Y qué tengo que ver yo en que sea ella la que gobierne su casa?- preguntó Zelgadiss disgustado.

- Eso es precisamente lo que queremos. -contestó Garda en el mismo tono, - Queremos que tú nos ayudes a deshacernos de ella.-

-¿¡CÓMO!?-


Volviendo la vista atrás, Zelgadiss había muchas cosas buenas por el bien de los demás, especialmente por el bien de los habitantes del mundo donde vivía. Aunque fuese de forma involuntaria o simplemente, obligado por las circunstancias, había luchado y ayudado a derrotar a personajes como Ojo de Rubí, Zannafer, Gaarv, Fibrizo y la propia Estrella Oscura entre otros. Además de eso, también había participado en asuntos más mundanos, como los cambios de gobierno de reinos como Femenil, Seillon, Zoana, Alto y Barítone. Casi nada...

Pero la gente no le recordaba por eso, es más, la mayoría no estaba enterada de nada de esto. En la memoria popular él era el "Ma-Kenshi", un monstruo deformado que vagaba totalmente tapado para ocultarse a ojos de los demás, y que atacaba templos donde se guardaban reliquias mágicas, hombres ricos y pobres que poseían objetos de orihalcon, y que además comandaba su propio ejército de Trolls y Bersherkers. Se podría decir que Zelgadiss estaba acostumbrado a hacer de todo.

Pero lo que Goldias le estaba explicando era totalmente nuevo.

-... Mi mujer, Joseffine, y mi hijo están convencidos de que, por mi herencia de Caballero, Jeffrey, algún día podría convertirse en caballero de la Guardia Real. - explicaba Mailstar, y para sorpresa de Zelgadiss, comenzó a mirar nerviosamente a su alrededor, un gesto que últimamente se estaba convirtiendo en algo habitual.- Pero eso ya sabemos que es imposible. -explicó en un tembloroso susurro.

Zelgadiss arqueó una ceja, no se esperaba ese comentario, y menos afirmado con tanto miedo. Parecía que Goldias y Garda tenían auténtico pavor a decir algo negativo sobre Jeffrey y le había suplicado que él tampoco lo hiciese. El Ma-Kenshi supo que ellos vigilaban cualquier movimiento sospechoso por si decían algo fuera de lugar, pero no podía comprender a qué tenían tanto miedo.

-Mi hijo ha tenido muchos profesores y maestros durante años, que obviamente no han conseguido hacer nada con él. - explicaba Goldias con un resoplido- así que finalmente mi mujer arrendó un matrimonio concertado con esa Lady Fittsmeyer, que es hija de un poderoso Almirante del ejército.-

-¿Un almirante? - exclamó Zelgadiss -Eso es un cargo militar de la marina... y Ratelgout no tiene mar.-

-Cierto, pero Lord Fittsmeyer pertenece al ejército del Imperio de Lyzelli.-señaló Garda que hasta entonces había permanecido callado- En Lyzelly casi todos los nobles con cargos importantes son militares. Eso es lo que ocurre en los imperios.-

-...Imagino que el joven con quien está comprometido Jeffrey es esa joven pelirroja que he visto antes en el salón de té.- sugirió Zelgadiss con escalofrío involuntario.

-Así es.- corroboró Goldias,- Dada la posición de la joven, ese matrimonio supondría un acercamiento entre los dos países y también más posibilidades para acceder a un cargo como Caballero de la Guardia Imperial.

- Un bragetazo perfecto... -ironizó Zelgadiss, y Goldias asintió. – Pero no parece que esa chica esté dispuesta a casarse con su hijo.-

-Eso es exactamente lo que pasa.-contestó Garda desde la esquina de la habitación. De alguna forma el hombre de la cicatriz y Goldias parecían muy relajados en uno con el otro; los sirvientes no acostumbraban a tener esa clase de comportamiento delante de sus señores.

-Nadie quiere matrimonios arrendados y menos con esa joven consentida y gritona que viste como una prostituta.- opinó Garda.

- Esas ropas son más bien de hechicera...- señaló Zelgadiss interrumpiendo al hombre de la cicatriz -Aunque ya estén pasadas de moda.-

-Eso es cierto,- contestó Goldias, también conocido como lord Mailstar.- Pero Selene Fittsmeyer no es una hechicera.-

Zelgadiss se volvió sorprendido hacia Lord Mailstar. Estaba ansioso por saber si existía alguna clase de relación entre Selene y Naga, pero lo que Goldias acababa de decir había deshecho esa posibilidad.

- Entonces... ¿Por qué viste así?- preguntó dubitativo.

- A ella le gusta ir de esa guisa. Dice que esa es la indumentaria de la gente con clase.- resopló Goldias, - Su amante opina de la misma forma, aunque él si es un verdadero hechicero.-

-¿Su... su amante?- tartamudeó el perplejo Zelgadiss.

-El verdadero atacante de la familia Mailstar. - resopló Garda desde su posición- Él es quien convocó a esos bersherkers que tú derrotaste.

Zelgadiss luchó contra su expresión de sorpresa y dirigió la mirada hacia Goldias, que se había dejado caer cansadamente sobre la silla del escritorio de la habitación.

-... Mi mujer y mi hijo viven en su propio mundo y no se han dado cuenta de la verdadera razón detrás de esos ataques a esta casa. -explicó por fin Lord Mailstar- Es una jodida historia sentimental... El amante de Selene quiere recuperarla.-

Garda soltó una risotada y luego se volvió hacia el "Ma-Kenshi".

-Irónico¿verdad?- preguntó al aire,- Un hechicero pervertido desea liberar a su amada de un matrimonio forzado... Suena a novela barata de caballerías.-

Zelgadiss sin embargo, tenía un semblante serio en el rostro.

-Ese hechicero... ¿es muy poderoso?- preguntó a Goldias.

- Sí, lo es. Comparable a mi... Es capaz de invocar el "Necro Vud". Aunque he comprobado que ese hechizo no funciona ya.-

-No, ni lo hará más.- señaló Zelgadiss. -Basa su poder en Fibrizo y el Amo del Infierno ya desapareció con la caída de la Barrera.-

Goldias le miró con las cejas arqueadas,

-Realmente estás versado en magia. Debo felicitarte.-

-Gracias.- contestó el Ma-Kenshi con una sonrisa autosuficiente,- Por lo que he oído, ese hechicero y Lady Selene visten igual.-

-Sí, -afirmó Garda con un resoplido, - Ese hombre da miedo, de verdad. Un joven pervertido que viste como un cruce entre hechicera y prostituta... Esa clase de personas que prefiero no tener cerca.-

A pesar de haber visto muchas cosas, Zelgadiss podía comprender a aquel curtido hombre: alguien como Alphonso le daría miedo a cualquiera.

- Resumiendo… Como su hijo Jeffrey no ha podido ser nombrado caballero, su madre, Lady Joseffine, pretende conseguirlo mediante un matrimonio de conveniencia, pero ninguna de las partes quiere que eso ocurra¿cierto?- dedujo Zelgadiss, - … ¿O es que Jeffrey tampoco quiere casarse con esa joven pelirroja?-

Goldias negó con la cabeza, y añadió.

-Mi hijo hará todo lo que su madre le diga, aunque en el fondo no lo desee.-

El Ma Kenshi elevó la vista brevemente en un gesto desesperación, y luego añadió con sorna.

- Entonces¿qué desea de mí¿Quiere que intervenga y haga cambiar de opinión a Lady Joseffine?-

-No. – negó el Caballero Negro,- Lo que deseo es que ayudes al otro hechicero, Alphonso, la próxima vez que ataque esta mansión…- su voz se silenció y Goldias miró a su alrededor con nerviosismo, y luego se abalanzó sobre Zelgadiss para cuchichearle en voz baja.- ¡Ayúdame a derrotarla y que no pueda defenderse!-

Zelgadiss le miró estupefacto mientras el Caballero Negro se retiraba de encima de él.

-¿Derrotar a…?- balbuceó, -¿Pero qué quiere decir con eso?- exclamó intentando volver en sí.

-Joseffine es una mujer TERRIBLE.- añadió Garda en el mismo tono confidencial y los ojos desorbitados,- Un verdadero monstruo con un poder enorme. Por su culpa la vida de todos nosotros es un verdadero infierno.-

-Eso es lo que llevan diciendo todo el rato… ¿Cómo es eso posible¿es una hechicera? Jeffrey me dijo que era una mujer normal.-

-Es cierto, mi mujer no es una hechicera, pero es igualmente… monstruosa.- reconoció el marido de ella en el mismo tono temeroso.

Zelgadiss resopló. Ayudar a un noble a deshacerse de su inconveniente esposa era uno de los encargos más raros que había recibido hacer. Eso solo tenía una justificación.

-Ya… ¿y qué gano yo con ello?-

-Todo lo que un noble hechicero como yo sea capaz de darte.- aseguró Goldias, -Si lo consigues, tendrás toda mi gratitud.-

-No me interesa la gratitud de los nobles.- negó Zelgadiss con una media sonrisa y Garda le miró amenazadoramente, hasta que el Caballero Negro le hizo un gesto con la mano.-…Pero sí me interesa la clave del poder de Joseffine.-


Zelgadiss deseaba tener alguna clase de forma para poder contactar con Naga. Sabía que el "discípulo" de su socia, aquel esperpéntico individuo que vestía como ella, era en realidad el supuesto amante de Lady Selene Fittsmeyer, la prometida de Jeffrey. Y también sabía que él era el causante de los repetidos ataques con bestias a aquella familia noble. No le había costado mucho sumar dos y dos después de las explicaciones recibidas por parte de Lord Goldias Mailstar y lo que había visto en aquella casona.

Las razones que tuviera ese noble metido a hechicero y caballero eran algo que no le incumbía, pero no ocurría lo mismo con la esposa de Goldias, Joseffine, por quién Zelgadiss había empezado a sentir un repentino interés no carente de segundas intenciones. El mago-espadachín sabía que su socia ayudaría al aberrante Alphonso y él quería aprovecharse de esa circunstancia… La petición de Goldias era simplemente una excusa para lo que buscaba.

El problema es que habría sido mucho mejor coordinar el ataque con el de ella, y así obtener mejores resultados. Pero no podía hacerlo porque sencillamente no tenía cómo aunque sí el con qué; Lord Mailstar era un noble con bastantes recursos y bien versado en la magia, así que disponía de los elementos necesarios para conjurar un hechizo de visión con el que manifestarse ante Naga… pero para que el "Visión" fuese efectivo, la persona al que iba dirigido debía tener igualmente un receptor de ese hechizo, y Zelgadiss no sabía de nada que Naga tuviera para hacerlo posible, e igualmente ignoraba su paradero actual, aunque era de suponer que estaría en la guarida o donde quiera que viviese ese aberrante Alphonso.

Lo único que podía hacer era esperar a que ambos hechiceros aparecieran por allí, y luego ya se vería.

-Sé que Alphonso atacará de nuevo para rescatar a Selene, - explicó al Caballero-hechicero que era Lord Mailstar- Pero no puedo prever cuándo ocurrirá, aunque si Alphonso es como pienso que es, tengo la sensación que será en un momento poco recomendable.-

-¿Recomendable…?- inquirió el Caballero Negro.

-Recomendable para poder ganar una batalla.- explicó Zelgadiss con una sonrisa autosuficiente. –Un ataque totalmente carente de sentido común.-

Goldias le escuchó y se preguntó cómo podía saber ese joven mago-espadachín lo que iba a ocurrir.

-Solo tenemos que sentarnos y esperar a mañana…- añadió Zelgadiss dirigiéndose hacia donde estaba la ropa de cama proporcionada por las doncellas de la mansión, -Y ahora, si me disculpan, me gustaría dormir un rato.-añadió mirando a sus dos "invitados" por encima del hombro haciendo que tanto Goldias como Garda fruncieron el ceño ante las palabras de Zelgadiss, - Les recomiendo que hagan lo mismo… Las próximas horas pueden ser muy agitadas.-


Aquel día Zelgadiss durmió hasta tarde. Era algo que normalmente no solía hacer ya que su mente siempre estaba centrada en alguna clase de objetivo y tenía por costumbre madrugar para seguir en su búsqueda aprovechando bien el día. Pero en aquella ocasión sabía muy bien que madrugar no iba a precipitar los acontecimientos, y prefirió tomárselo con calma disfrutando de un bien merecido descanso después del duro viaje que llevaba haciendo durante todo el invierno.

La verdad es que habría seguido durmiendo si no fuera porque casi dos horas después del amanecer, una doncella de la casa llamó suavemente a la puerta haciendo que él se removiera de su lecho y despertara.

-¡Un momento¡ya voy!- contestó apartando las sábanas y restregándose los ojos. No estaba acostumbrado a ese tipo de tesituras; normalmente era él quien se encontraba al otro lado de la puerta junto con Amelia llamando a Lina para que se despertara, o si no zarandeando a Gaury por un hombro para lo mismo cuando ambos compartían habitación.

Aún con los ojos legañosos, se dirigió a la puerta y la abrió con un crujido; al otro lado le aguardaba una doncella vestida con una cofia recargada de puntilla, como era todo en aquella casa.

-Buenos días, Señor.- comenzó a decir la mujer con educación.- Lord Jeffrey desea saber si estaría dispuesto a realizar un entrenamiento de espada con él en esta mañana.-

Zelgadiss arqueó las cejas, súbitamente despierto. La idea de que Jefrrey, para quién él parecía haberse convertido en alguna clase de héroe particular, le pidiera un entrenamiento con espadas, le resultó bastante incómoda. Pero realmente no tenía nada mejor que hacer hasta que a Naga y Alphonso se les ocurriera hacer su entrada triunfal.

-Dígale que iré en cuanto haya desayunado.- contestó él en tono frío.-… Y que prefiero hacerlo en esta habitación.-

-Como usted ordene, señor.- contestó la doncella para luego retirarse con una suave inclinación de cabeza.

El mago-espadachín cerró la puerta tras de sí con un pesado suspiro e intentando hacer de tripas, corazón. Le esperaba un día muy largo y prefería afrontarlo con el estómago lleno.

Algo más tarde, tras haber desayunado un sustancioso ágape entre otras cosas a base de pan tostado con mermelada y mantequilla, Zelgadiss se encontraba vestido de su habitual guisa y preparado para el combate; no por hacer caso a la petición de Jeffrey, sino por lo que pensaba que podía pasar.

Se había dirigido al patio trasero de la quinta en donde se encontraba el joven Mailstar haciendo amagos de movimientos de esgrima con su florete; no había nadie más con él, pero reconoció las figuras de su padre y de Garda desde una ventana de la mansión que daba a esa parte de la hacienda, aunque no pudo encontrar ni a la madre del chico ni a su pretendida prometida. Cuando Jeffrey le vio llegar, abrió sus grandes e inocentones ojos y exclamó con alegría:

-¡Ah, señor Zelgadiss¡Cuánto me alegro que haya decidido asistirme en mis prácticas de esgrima!-

-Es lo mínimo que debo hacer con la familia que me ha acogido.- contestó él con un encogimiento de hombros que pretendía ocultar su descontento, - Fue su madre quién me pidió que lo hiciera personalmente.-

-¡Muchas gracias, Sr. Graywords!- contestó el joven enjuto bajando su arma, - Y ahora, si me lo permite, deje que le demuestre algunos de mis mejores movimientos.-

Zelgadiss no tuvo oportunidad de replicar; llevado por el entusiasmo, el chico hizo el saludo protocolario con su florete, y a continuación empezó a ejecutar una serie de torpes mandobles como si fueran sablazos sin llevar un orden o táctica real. Al contemplarle, el mago espadachín negó con la cabeza y suspiró; esos movimientos se parecían más al juego de los niños de la plaza que había visto el día anterior en aquel pueblo que a una verdadera táctica de esgrima.

-…No puedes usar un florete como si fuera un sable.- apuntó el mago-espadachín desde su posición.- El sable sirve para cortar, y el florete para ensartar. – explicó.

-¡Guau¡Usted sí que sabe, Sr. Graywords!- exclamó Jeffrey, - ¡Por favor, enséñeme más!-

Zelgadiss suspiró. Más le valdría haberse quedado callado.

-Antes que eso, prefiero seguir observando cómo trabajas la esgrima… Luego te corregiré lo necesario.-

-¡De acuerdo!- exclamó Jeffrey con una amplia sonrisa de entusiasmo, -¡Observe esto!-

Y como era de esperar, el joven Mailstar continuó sacudiendo furiosamente su sable sin ton ni son… Al poco, Zelgadiss se cansó y decidió dejar de observarlo y centrarse en asuntos más importantes.

Fue entonces cuando Selene Fittsmeyer apareció vestida con sus ropas a lo Naga en medio del jardín trasero de la casa donde ambos se encontraban; al verla, Jeffrey enmudeció visiblemente, y la miró con visible inseguridad. Por su parte, Zelgadiss alzó una ceja con curiosidad interesado en la repentina intromisión de la joven.

Lady Fittsmeyer, se volvió hacia ellos dos con una sonrisa cargada de autosuficiencia y luego empezó a reírse imitando las carcajadas de Naga, incluido el gesto de taparse la boca con el dorso de la mano.

-¡JOJOJOJOJOOO!... ¡El fin de esta farsa está próximo¡Pronto mi adorado Alphonso y nuestra maestra llegarán aquí!- anunció.

Jeffrey retrocedió asustado, no se sabe si por las palabras de Selene o por la sola presencia de esta, queriendo ocultarse tras Zelgadiss, pero él le rechazó sacudiendo un hombro con brusquedad, y se acercó a aquella mujer. A pesar de lo que ella acababa de anunciar la pelirroja, no pudo evitar un escalofrío: Selene era como una bizarra quimera producto de la fusión entre Lina y Naga, y eso bastaba para asustarle a él, y de hecho a cualquiera.

Selene se giró y se encaró con él mirándole de arriba a bajo con marcada prepotencia. Era el mismo desdén que había mostrado hacia él cuando le vio el día anterior.

-¡Oh, con que el nuevo guardaespaldas de la familia Mailstar está aquí!- espetó poniendo los brazos en jarras y haciendo resaltar sus prominentes curvas, -No veo que seas gran cosa, no te puedes comparar ni con Alphonso ni con la maestra Naga.-

-Desde luego. Pero creo que estás equivocada respecto a mí.- contestó Zelgadiss con una marcada sonrisa despectiva e ignorando las voluptuosas formas femeninas de la joven.

En ese momento, un gran crujido de madera al romperse resonó en las cercanías; a continuación le siguieron unos cuantos más, y el suelo tembló con el estampido de un gigantesco paso. Zelgadiss supo de inmediato de qué se trataba; ya había visto antes cosas similares, y también que la presencia de Lady Fittsmeyer allí no era una casualidad .

-¡Ya están aquí!- exclamó Selene con euforia, -¡Alphonso y mi Maestra ya han llegado!-

Los tres miraron hacia el cercano bosque situado tras los jardines, y vieron como gigantescos abetos eran derribados produciéndose un estampido al hacerlo; a cada abeto que caía, le seguía el trueno de una pisada. Jeffrey palideció y retrocedió unos pasos acercándose al muro de la quinta hasta casi tocarlo con la espalda, mientras que Selene y Zelgadiss aguardaban impacientes a que apareciera lo que quiera que fuera eso.

-Un gólem gigante de piedra. –predijo Zelgadiss, y Selene se volvió hacia él con gesto inquisitivo.

De inmediato, todos pudieron ver cómo entre las copas de los árboles por donde huían bandadas enteras de pájaros en una algarabía de gritos y chillidos; entre las copas se distinguía una bamboleante figura de roca caliza en cuyos hombros se podían adivinar dos figuras cubiertas con capas y hombreras claveteadas. Y acompañando esa figura, también se distinguían unas ostentosas carajadas similares –aunque más elaboradas- a las de Selene Fittsmeyer.

-¡Todo el mundo fuera de aquí, rápido!- apremió Zelgadiss a todos los que allí había.

Los criados y demás trabajadores de la hacienda no se hicieron de rogar y huyeron del lugar a toda prisa, sabedores de lo que iba a pasar. En cambio tanto Selene como Jeffrey permanecieron en sus puestos.

-¿¡Quién te crees que eres para danos esas órdenes, mago de pacotilla!?- espetó la pelirroja con una clara expresión de desprecio en su cara redondeada. –Para tu información, mi amado Alphonso y nuestra maestra están al tanto de tu presencia aquí, y te combatirán igual que a todos los miembros de esta familia de bobos.-

-¿Cómo?- exclamó Zelgadiss, sorprendido. -¿Qué quieres decir con que Alphonso y Naga están aquí¿Naga también ha venido?-

-¡JOJOJOJOJOOO¡Veo que ya conoces el nombre de mi maestra!, Es natural…- rió Selene tras sacar sus propias conclusiones, - Anoche informé a mi amado y a mi maestra que la familia Mailstar había contratado a un intento de hechicero para que les detuviera… Y por supuesto, eso hizo que decidieran acudir a mi rescate hoy al medio día.-

Zelgadiss gruñó. Era evidente que tanto Naga como todos los que la rodeaban hacían honores a su total carencia de sentido común, y que por ello atacaban a medio día y de frente, en lugar de esperar unas condiciones estratégicas más favorables… Pero el hecho es que no había contado conque ahora Naga le pudiera tomar como su enemigo al verlo con esa familia, y eso complicaba las cosas. Él solo quería derrotar y capturar a Lady Joseffine, no en convertirse en el adversario eventual de un gólem dirigido por la alocada Naga y el esperpento de Alphonso.

-…Señor Graywords¿piensa enfrentarse usted solo a ese monstruo?- inquirió Jeffrey desde atrás aún asustado.

-¡Mierda, esto complica las cosas!- exclamó él sin dirigirse a nadie en particular, aunque su miedo hizo que Selene riera aún más alto.

Entonces el gólem por fin hizo acto de total presencia en medio de los jardines de la hacienda, y allí se detuvo. Era una criatura colosal, como solían ser los golems de Naga, pero hecha de piedra caliza color siena típica de la región, y su aspecto general recordaba a una especie de criatura hecha con placas de metal pero de forma humana; sus ojos eran hexagonales y su perfil, anguloso(2) Pero lo más llamativo eran las dos altas figuras vestidas con idénticas ropas oscuras de diseño atrevido, pese a ser una masculina y la otra femenina; también lo era el extraño coro de risotadas que había entre ambas figuras y la otra de la joven pelirroja a los pies del monstruo. Por su parte, Jeffrey temblaba como una hoja sin saber qué hacer, dividido entre su miedo y sus ansias de convertirse en héroe, mientras que Zelgadiss aguardaba el próximo movimiento para saber qué hacer.

Fue entonces cuando el padre de Jeffrey salió de la quinta y corrió para situarse junto a Zelgadiss.

-…Tenías razón.- dijo nerviosamente cuando alcanzó a Zelgadiss, cuyos penetrantes ojos observaban la escena evaluando qué barrabasada podría ocurrir a partir de ese momento. –…Esa mujer y Alphonso atacarían de la forma menos prevista.-

-No es eso lo que me preocupa ahora. No creo que vaya a necesitar una ayuda especial. – contestó Zelgadiss sin perder de vista al gólem, cuya sombra se proyectaba sobre la casa. -¿Dónde está su mujer? Ella debe salir de la casa para que podamos actuar.-

-Lo hará cuando Jeffrey se vea amenazado.- explicó Goldias.

-Empezamos bien…- se quejó Zelgadiss.- No quería llegar a ese extremo.

-¡Es él, maestra!- anunció de repente Selene apuntándole con un dedo, -Él es el enviado para evitar que vuelva con vosotros.-

Desde lo alto, Naga detuvo sus risotadas. A los pies del gólem había podido identificar la figura de su discípula Selene Fittsmeyer, vestida como debía estarlo… Cerca de ella alcanzó a distinguir a otra enjuta figura que debía pertenecer a un niño, y que de alguna forma, le resultaba vagamente familiar; y por último, dos figuras, una de negro y otra de blanco-hueso, a quién se refería Selene.

-¿¡Cómo!?... ¡Pero si es Zelgadiss!- exclamó asombrada atrayendo la atención de su discípulo en piel al otro lado de la cabeza del golem,- ¿Qué hace él aquí?

-Haga que salga su mujer de la casa, Goldias.- ordenó Zelgadiss en voz baja, -Yo tengo que hacer.-

Y diciendo esto, pronunció el conjuro de "Raywing", que le alzó por el aire a cierta velocidad. En otras circunstancias habría ejecutado el "Levitación", mucho más sencillo de hacer y que no consumía tanto poder mágico… pero la situación apremiaba y no podía perder el tiempo en un conjuro de movilidad tan limitada.

-¡Naga! –gritó atrayendo su atención mientras volaba hacia su posición, -¡Escúchame!-

La hechicera de larga cabellera negra y voluptuosa figura le siguió con la mirada, pero lista para poner en movimiento a su gólem en cualquier momento. Mientras, abajo, Selene se quedó mirando con expresión confusa al mago que llamaba a su maestra.

-¿Qué es esto¿Se conocen?- murmuró.

-Papá¿qué hacemos¿Te vas a enfrentar tú también a ese monstruo de piedra?- preguntó Jeffrey a su azorado padre.

-Tú no hagas nada y estate quieto.- contestó este… - O mejor dicho, llama a tu madre y dile que tenemos problemas.

Demasiados interrogantes para todo el mundo, tanto que Jeffrey permaneció en su sitio sin comprender la orden de su padre. Tampoco entendía por qué el Sr. Graywords había alzado el vuelo para hablar con los hechiceros que gobernaban el monstruo de piedra.

-¿Qué haces aquí, Zelgadiss?- exigió saber Naga cuando el mago espadachín flotó lo bastante cerca de la cabeza del golem, -¿Qué haces interponiéndote entre el rescate de mi discípula y yo?-

-Tus discípulos no me interesan, sino el poder que esta familia posee.- contestó Zelgadiss haciendo caso omiso a la mirada de desprecio que Alphonso le lanzó.

-¿Qué quieres decir? –contestó la voluptuosa hechicera con petulancia.

-Es muy posible que ellos tengan lo que andamos buscando.- explicó y Naga le miró boquiabierta. Zelgadiss había llegado a su misma conclusión y por eso él también estaba allí.

-¡Ya basta de tonterías, maestra¡Rescatemos a Lady Selene de esta gente!- bramó de repente Alphonso de forma irracional e ignorando la situación de su maestra,- ¡Ataca, gólem, ataca!- ordenó.

Y el gólem obedeció.

De repente alzó el puño del hombro donde se encontraba la sorprendida Naga, haciendo que perdiera el equilibrio y resbalara de allí, precipitándose al vacío. Zelgadiss, merced de su "Raywing", pudo moverse lo bastante rápido como para atraparla por un tobillo evitando que cayera, pero aún así, sintió el tirón de la caída y del peso de Naga, que después de todo era tanto o más alta que él.

-¡Ugh! – gimió el mago, y la hechicera se vio colgada cabeza a bajo sujeta solo por el tobillo de su pierna embotada. Afortunadamente para Zelgadiss, no era la primera vez la hechicera que sujetaba con fuerza por el tobillo -ahora con ambas manos- se encontraba en una situación similar, y Naga reaccionó pronto invocando su propio "Raywing".

Ignorando esto, el puño del gólem siguió su irremediable curso hacia donde se encontraba Jeffrey, mientras que la atención de Alphonso se desvió hacia su maestra y lo que acababa de pasarle perdiendo así control sobre el monstruo de piedra. El puño se precipitó hacia Jeffrey sin que se viera capaz de esquivar la trayectoria de la gran masa rocosa; por su parte, Lord Mailstar fue más rápido y se echó a un lado ajeno a la suerte de su hijo.

Entonces hubo un gran estampido, como el de un edificio al derrumbarse, y todos se giraron hacia el origen del mismo. Jeffrey Mailstar permanecía cubriéndose la cara con los brazos sin soltar el florete mientras temblaba aguardando el inevitable golpe del puño de piedra, a su lado esa misma amenaza había caído totalmente hecha pedazos, tanto que la criatura tuvo que atajar su incipiente caída apoyando la otra mano en el suelo; y en medio de polvo resultante, se podía distinguir una oronda figura femenina armada con una gigantesca maza de meta que sujetaba mediante un largo mango.

-¡No, ella no!- exclamó Naga con temor en cuanto la vio, un miedo tal que Zelgadiss nunca le había visto antes, salvo tal vez, en presencia de Lina y Luna Invers, - ¡Es Joseffine Mailstar!-

Zelgadiss sonrió al ver que la madre de Jeffrey por fin había hecho acto de presencia, pero no entendía por qué Naga estaba tan asustada, flotando allí a su lado. Incluso Alphonso y Selene parecían temerosos de ella, lo mismo que Goldias, su marido. Por lo que fuera, todo el mundo parecía tener pánico a la señora Mailstar.

Aunque después de ver cómo ella había hecho añicos el puño de piedra del gigantesco gólem, empezó a comprender por qué… y eso solo hizo que se reafirmada su creencia en que ella poseía la Piedra de Sarvia.

-¡Ya sabía yo que no podía confiar en el pinchinglas de mi marido para proteger a Jeffrey y a esta casa!- exclamó la oronda señora echándose la vara del mazo sobre el hombro.- Al final tengo que hacerlo yo todo, que solo soy una pobre dama.-

-No, Joseffine, no… - siguió murmurando Naga aún con temor.- No sabía que el prometido de mi discípula sería el (valiente) Jeffrey.-

La mirada de Zelgadiss saltó de unos a otros aún confundido, hasta que comprendió. Joseffine, la oronda mujer exuberantemente emperifollada, realmente era quien de un certero mazazo, había deshecho el puño del gólem de piedra que había amenazado a su hijo. Y ahora se dirigía hacia su tembloroso marido, sentado de culo en el suelo, y que no paraba de temblar.

-Ca… cariño, t…te juro que iba a hacer lo posible porque el monstruo de piedra no aplastara a…a Jeffrey.- balbuceó.

-¡A callar!- exclamó esta soltándole un generoso capón en lo alto de la cabeza, uno muy similar a los de Luna con su hermana pequeña. -¡He visto todo lo que ha pasado, así que no mientas!-

Goldias calló de bruces al suelo sin poder articular nada más, y su mujer se giró buscando al resto con la mirada.

-¡Mamá, me has salvado!- exclamó un aliviado Jeffrey abrazando a su progenitora.

-Por supuesto que sí, mi hijito.- contestó ella con deleite.

-¿La conoces, Naga?- preguntó Zelgadiss a su desconcertada compañera esperando que ella aclarase algo, - Ella es nuestro objetivo.-

-¿Qué dices, Zelgadiss?- contestó ella súbitamente despierta, - Joseffine es una mujer terrible. Ya has visto lo que es capaz de hacer.-

-Sí, lo he visto.- contestó el mago espadachín con frialdad.- Por eso ella puede ser nuestro objetivo.-

Naga abrió sus ojos azules y le miró boquiabierta, al entender a qué se refería Zelgadiss.

-¿Cómo¿Entonces es ella la que puede tener la Piedra de Sarvia y por eso es tan poderosa?- preguntó la Serpiente con asombro.

-Exactamente.- contestó Zelgadiss con una media sonrisa de las suyas. –Y todos aquí quieren quitársela de en medio… Creo que si la logramos capturar, les haríamos un gran favor y conseguiríamos lo que buscamos.-

Pero en ese momento, como si de alguna forma intuyera que podría estar pasando, Joseffine desvió la vista hacia arriba para encontrarse con Naga y Zelgadiss.

-¿Qué hacen esos dos ahí?- inquirió.

-No lo sé, mamá.- contestó Jeffrey lo que creía oportuno, -Pero la mujer morena se parece a la Señorita Naga, una de las que me ayudó a reencontrarme con papá.-


Lo que siguió a continuación fue una auténtica cacería. Tanto Naga, como Zelgadiss y Alphonso, apoyados por el propio Goldias y Garda, quien apareció en ayuda de su señor, e incluso Selene, se precipitaron en la captura de Joseffine ya que ella era el objetivo de todos ellos por uno u otro motivo. Por su parte, su hijo, incapaz de comprender lo que ocurría, corría tras sus padres con ademanes heroicos que, realmente, no conducían a ningún resultado real y que entorpecían el combate.

Zelgadiss comenzó a comprender la razón del temer que todo el mundo le procesaba a Lady Mailstar; aquella oronda – y a su juicio, repelente- señora, tenía un nivel extraordinario para ser "solo" una humana: no podía ser una quimera porque no se veía en ella ninguna mezcla con otra criatura, y porque de ser así, nunca habría podido engendrar a su enclenque hijo Jeffrey. Igualmente, tampoco era una hechicera, no conjuraba ningún poder ni hechizo para hacer lo que hacía, pero sus habilidades incluían una extraordinaria velocidad a la carrera, y también una gran fuerza, agilidad y resistencia. Para Zelgadiss, las capacidades físicas de aquella mujer eran comparables a las de Firia, pero claro, Joseffine no era una dragona con forma humana, sino una humana real.

La oronda señora esquivaba los hechizos lanzados por Alphonso y Naga, al tiempo que iba deshaciendo en cascotes al gran gólem de piedra, y todo con ayuda de sus extraordinarias capacidades físicas y de su maza. Tanto Goldias como Garda, muy a pesar de ambos, también sufrieron en sus propias carnes los envites de la mujer, mientras que Zelgadiss y Naga se las veían y deseaban para no ya atacarla, sino solo evitarla.

Y lo peor es que no parecía haber forma de poner fin a eso al no ser que se la derrotara o huyeran.

-¡Sr. Graywords¿Por qué ataca a mi madre?!- gritó Jeffrey poniendo las manos en forma de bocina para hacerse oír. -¡Usted está aquí para protegernos!-

El mago se limitó a protegerse con un mal logrado escudo "Air Valm"que acabó por derribarle y hacer rodar por el suelo. No tenía fuerza suficiente ni poder como para hacer frente a Joseffine siendo ya humano. Y Naga, pese a ser tan poderosa, tampoco se encontraba en mejor posición.

-¡Sois unos idiotas! –exclamó la señora como si respondiera a las demandas de su hijo, -No deberíais atacarme así. Yo no soy vuestra enemiga.-

Tanto Naga como Zelgadiss tuvieron la vaga impresión de que se refería a ellos dos a un nivel más que personal.

Pero lo más preocupante era que el gólem se había convertido en un amasijo de escombros de piedra, y seguramente la cercana casona acabaría por hacer pareja con el mismo dado el estado de la fachada que daba a aquel lado. Cerca de allí, yacían en el suelo tanto Goldias como Garda; el primero se había revelado como un hechicero bastante competente, pero sus conjuros eran rechazados uno tras otro a golpe de maza por Joseffine; el segundo se encontró con el problema añadido de que Jeffrey se le había subido encima usando sus finas extremidades para agarrarse a la armadura de Garda como si de un monillo se tratara… El bravo no tuvo problemas para desembarazarse de él tirando de un hombro, pero tan pronto lo hizo, su casco con la cabeza dentro, se convirtieron en diana el mazo de Joseffine.

Ahora mismo, Alphonso, con Selene oculta tras él, jadeaba en lo alto del montón de cascotes que había sido el gólem, mientras que Zelgadiss y Naga rodeaban a Joseffine de forma estratégica.

-… Es imposible que venzamos a esta mujer, Zelgadiss.- anunció Naga visiblemente nerviosa y cansada, -Es demasiado poderosa.-

-No es necesario vencerla, solo atraparla.- contestó Zelgadiss, aunque haciéndose cargo de lo que Naga decía.

-Sois unos estúpidos. Esto no es lo que tenéis que hacer.- dijo la mujer alzando la voz.

Zelgadiss chasqueó la lengua, pero se dio cuenta de algo que tal vez podría funcionar. Era medio día y el sol de primavera estaba alto en el cielo, pero aún así, cabría la posibilidad de que funcionara; para completar su plan, desvió la vista hacia Alphonso, que aguardaba aún encima del montón de cascotes con su uniforme medio destrozado, y sonrió.

-Naga… cuando yo te diga, haz que el gólem reviva y coja a Joseffine.-

La Serpiente Blanca comprendió. Después de tanto tiempo viajando juntos, habían empezado a entender las tácticas de cada uno y compenetrarse en combate, aunque no llegaba al nivel que Zelgadiss tenía con la hermana de Naga. Igualmente, la Serpiente hizo un gesto a Alphonso para que atacara a Joseffine con uno de sus hechizos. El esperpéntico hechicero tenía su traje prácticamente destrozado, aunque en opinión de Zelgadiss, verle con el corpiño deshecho y su uniforme apenas reconocible, hacía que saliera ganando.

El hombre de largos cabellos miró de reojo con absoluta adoración a la voluptuosa pelirroja que había tras él, y a continuación comenzó a recitar el mantra con las palabras de poder.

-"Tú que viajas por el cielo y la tierra,

fuente de toda energía, viento y fuego.

Concentraos en mis manos y dadme poder."

¡Bola de Fuego!-

Y a su orden, una Bola de Fuego, otra de las muchas que habían sido lanzadas, se precipitó hacia los pies de Joseffine; para evitarla, la oronda mujer saltó en el aire casi con desgana, y fue entonces cuando Zelgadiss vio su oportunidad. El sol de medio día proyectó una amplia sombra de la figura de Joseffine sobre el suelo, y Zelgadiss lanzó una de las dagas que ocultaba en las mangas de su corta túnica hacia esa parte del suelo.

-¡"Shadow Snap"!- gritó al clavarse la daga sobre la sombra.

El efecto no se hizo esperar; la daga sujetó la figura de Joseffine desde el Plano Astral, manteniéndola fija en su sitio, y la oronda señora calló pesadamente al suelo sin poder moverse de donde estaba.

-¡Ahora, Naga¡Sujétala!- arengó el mago.

Naga tenía que hacer las cosas a lo grande, y en este caso ella capturó a Joseffine de una forma que no había esperado Zelgadiss; los escombros de piedra que habían sido un gólem se convirtieron en una gigantesca mano que se cerró en un puño en torno a Joseffine, convirtiéndose en una jaula de piedra para ella.

Para asombro de todos, Joseffine ahora estaba atrapada en medio de un inmenso puño de piedra y sin su mazo de metal, que había soltado al caer al suelo. La mujer tenía un aspecto lamentable, con el maquillaje deshecho de forma que se deslizaba como churretes por todo su orondo rostro, mientras que sus revueltos cabellos le hacían parecer que había salido de en medio de un arbusto de zarzas. Su vestido, en cambio, merced de su fuerza y habilidad, no estaba tan dañado como el de Alphonso.

Joseffine no inspiraba ninguna pena desde su puesto, era la mirada de profundo descontento con que observaba a Zelgadiss y Naga lo que más inquietaba de ella. El mago-espadachín, sin embargo, tenía otra clase de prioridades.

-Nos ha costado, Joseffine, pero por fin la hemos capturado.- anunció Zelgadiss con satisfacción, -. Le rogaría que colaborara con lo que le voy a pedir. Le prometo que la soltaré en cuando haya conseguido lo que quiero.-

Zelgadiss había hecho antes cosas como esta, pero la actual tesitura tenía otro matiz.

-¿Qué es lo que quieres, Zelgadiss?- preguntó Joseffine con severidad sin hacer amago de querer escaparse de su cárcel de piedra.

- El secreto de su poder. Creo que saber perfectamente de qué le hablo.- contestó él en un tono que no dejaba lugar a discusión alguna, y situándose frente a ella para corroborar este hecho.

Naga arqueó una ceja. Ella ya había tenido un encuentro bastante desagradable con Joseffine años atrás, y sabía cómo era la señora Mailstar y por qué su marido había obrado como lo había hecho… pero ahora la mujer se le antojaba algo distinta. Su voz era extraña, como si no fuera ella.

Fue entonces cuando Jeffrey, quién al contrario que su padre, había salido indemne de la batalla, se acercó temblando a los allí congregados arrastrando los pies por el polvoroso suelo.

-¿¡Qu… qué ha hecho, Sr. Graywords!?- exclamaba con voz quebrada, -¿¡Por qué¿¡por qué nos ha atacado de esa forma!?... ¿Por qué hace tanto daño a mi madre?-

Jeffrey parecía estar totalmente descorazonado por lo que había pasado. No parecía creerse que aquel hombre que le había salvado el día anterior hubiese colaborado con los enemigos de su familia y que ahora tuviese hecha prisionera a su madre después de atacarla sin ningún miramiento.

Zelgadiss saboreó la decepción de Jeffrey; de alguna forma se alegraba de romper su inocencia.

-¿Te refieres a todo esto?- preguntó como por casualidad echando un vistazo al caos rodeante, - Yo no tengo nada que ver con los asuntos de tu prometida….- explicó lanzándole una mirada de reojo a Selene, quién abrazaba a Alphonso con gesto posesivo, -… Ni con vuestro atacante. Desde el principio solo me interesaba tu madre.-

La mirada de Naga saltó entre uno y otro. Sus intereses incluían más objetivos, pero no veía la necesidad de dar explicaciones, aunque inevitablemente Jeffrey también se dirigió a ella.

-¿…Y usted, Srta. Naga?- preguntó en el mismo tono plañidero, -Usted me ayudó a reunirme de nuevo con mi padre hace unos años…. ¿Por qué se vuelve contra nosotros?-

-Porque no puedo permitir que se abuse de mis discípulos.- contestó Naga en tono autoritario a aquel chico a quien siempre había considerado un pusilánime, - Y tu madre lo había hecho.-

Jeffrey no sabía qué hacer, parecía a punto de echarse a llorar por las decepciones sufridas de manos de Zelgadiss y Naga.

-Toma nota, chico.- añadió Zelgadiss en tono frío, - Las cosas no son siempre lo que parecen.-

Joseffine seguía mirando a ambos hechiceros con severidad. Por alguna extraña razón parecía totalmente ajena a la situación de su hijo, y su expresión, pese al lamentable estado de su ruinoso maquillaje, era tremendamente seria.

-¿Crees que yo tengo la Piedra de Sarvia, Zelgadiss? –preguntó entonces Joseffine; su voz no era en absoluto tan chillona como solía serlo, sino que tenía una cadencia seria y profunda.

Tanto Zelgadiss como Naga se giraron hacia ella sorprendidos por lo que acababa de preguntar y por cómo lo había hecho. Pero el Ma-Kenshi pronto se recompuso.

-Sí, así es.- contestó él, -No veo otra explicación para explicar las capacidades de las que ha hecho gala… Y dado el estado en que se encuentra, le rogaría que me la diera cuanto antes. Ya no tienes nada que hacer y no sirve que me lo oculte más.-

Joseffine no respondió, sino que apretó los dientes. Al principio ambos pensaron que era por un gesto de rabia e impotencia, pero pronto descubrieron que no era así: la oronda señora estaba concentrando sus fuerzas para salir del puño de piedra que la aprisionaba. Y para sorpresa de Naga y Zelgadiss, realmente estaba surgiendo efecto, pues la piedra caliza empezó a desquebrajarse bajo la presión de la fuerza de Joseffine Mailstar.

Con un bramido de esta, el puño de piedra se quebró por completo, dejándola libre de nuevo, y antes de que el estupefacto Zelgadiss pudiera reaccionar, se encontró con que Joseffine se había abalanzado sobre él a una asombrosa velocidad y le sujetaba el cuello a la altura de la glotis con el mango de su mazo que había recogido del suelo.

Naga estaba igualmente asombrada, no sabía cómo podía haber pasado algo así, y le costaba creer la rapidez con que Joseffine había actuado para coger su caído mazo y aprisionar el cuello de Zelgadiss de esa forma. Alphonso, que también había visto lo ocurrido, había sufrido tal impresión que acabó por desmayarse en brazos de Selene, pero nadie más pareció dar importancia a este hecho.

Lo peor de todo es que ahora solo le bastaba un pequeño empujón hacia abajo para partirle el cuello a Zelgadiss, nada difícil de hacer dada la fuerza y el peso de la señora.

-¡Mamá!- exclamó el único que podía alegrarse con la situación, -¡Te has soltado!-

Sorprendentemente, una vez más Joseffine ignoró a su hijo y siguió con la mirada clavada en Zelgadiss.

-¡Eres un entupido, "Ma-Kenshi"!- exclamó la oronda mujer, y al oírla, Zelgadiss tuvo la certeza de que había algo diferente en ella, no ya solo el tono de su voz.- ¡Yo no tengo la Piedra de Sarvia!-

-¿¡Q… qué!? –exclamó él con la voz ahogada por la presión del bastón del mazo sobre su glotis.

-¡La Piedra de Sarvia nunca ha estado en posesión de esta familia!- explicó la mujer que no parecía ella, -La Piedra estuvo por última vez en la Torre de Rezo.-

Zelgadiss soltó una exclamación ahogada por el asombro y por su situación actual haciendo pareja con la que soltó la propia Naga. Jeffrey, sin embargo, contemplaba la escena con claro asombro en sus grandes ojos abiertos como platos.

-Guarda que la Piedra no caiga en manos de los Mazoku.- añadió Joseffine, -Ellos no debe obtenerla.-

-¿Qué es la Piedra de Sarvia, mamá?- preguntó Jeffrey confundido por las palabras de su madre, quien siguió ignorándole.

Zelgadiss rió, aún ahogado por la presión del mazo y de su situación actual.

-…Así que es eso¿eh?- exclamó, -Un mazoku que se ha adueñado de un cuerpo mortal… una posesión… Debí suponerlo.-

Joseffine abrió los ojos con asombro y Naga apretó los dientes; no sabía qué hacer, pero si Zelgadiss estaba en lo cierto, un conjuro como el de "Bendición Sagrada" que ella conocía, sería de mucha ayuda.

-¿Yo, un mazoku?- preguntó Joseffine casi con desdén. – ¡No insultes a un Caballero de Cephied de esa forma!-

Aquello dio un completo giro a la situación.

-¿¡Un Caballero de Cephied!?- exclamó la asombrada Naga, -¿Cómo esa Luna Invers?-

Joseffine asintió, y luego se alzó sobre sus regordetas piernas soltando al igualmente asombrado Zelgadiss.

-¿Un Caballero de Cephied….?- musitó él mientras se incorporaba sacudiéndose el polvo y masajeándose la glotis.

-¿Qué es un Caballero de Cephied, mamá?- preguntó Jeffrey, quien cada vez tenía más preguntas que hacerse tras ver y escuchar todo lo que había pasado.

Joseffine Mailstar permanecía en pie en medio del trío; había cierta majestad en ella, pese a lo penoso de su figura y de su estado con el rostro cubierto de polvo y maquillaje destrozado. Pero aún así, Zelgadiss y Naga la miraban con asombro.

-¿Quiere decir esto que Joseffine es en realidad un Caballero de Cephied y que esa es la razón de su poder?- aventuró Naga.

-Sí, eso parece…- añadió Zelgadiss tragando con dificultad.- Al menos es lo que ella dice.-

La oronda señora se limitó a sacudirse el polvo del vestido y a atusar sus revueltos cabellos permanentazos. Luego se volvió hacia ellos apoyando la cabeza de su mazo de metal contra el suelo.

- No sigáis más pistas falsas.- ordenó, - La Piedra de Sarvia estuvo en la Torre del Portador por última vez que se supo de ella, y nadie más la ha buscado.- explicó para asombro de los dos hechiceros, -… Pero ahora los Mazoku la buscan y la ambicionan. Guardaos de ellos.-

Zelgadiss y Naga intercambiaron miradas sin saber qué decir. Aquello era totalmente imprevisto pero al menos explicaba la razón del poder de Joseffine, y también que la oronda señora no pareciese ser nada de lo que ellos habían visto antes en ella.

-¡Así que no volváis a hacer el tonto de esta forma!- gritó de improviso.

Estaban equivocados: ahora sí que parecía ser otra vez la vieja Joseffine. Y por si quedaba alguna duda, cogió a su hijo, le dio un abrazo de oso, y luego repartió un mazado entre su marido Goldias y a Garda en lo alto de la cabeza a partes iguales.

Alphonso parecía querer empezar a espabilarse de la impresión recibida, pero Selene seguía aún abrazándole y temblando por la reacción de Joseffine; la pelirroja se volvió hacia su maestra con gesto suplicante, pero Naga parecía incapaz de moverse de donde estaba.

-¿Este Caballero de Cephied dice que los Mazoku buscan la piedra de Sarvia…?- preguntó Zelgadiss sin acabar de creérselo.

Y así fue cómo acabó el nuevo intento de la familia Mailstar por convertir en Caballero a su sucesor.


El día siguiente amaneció con muchos cambios, principalmente concernientes a la familia Mailstar. Aunque Goldias no entendía toda la magnitud de la recién descubierta identidad de su mujer Joseffine, sí estaba familiarizado con lo concerniente a Cephied y lo que implicaba que su mujer estuviese relacionada con semejante poder. Eso hizo que el desesperado noble metido a hechicero y a hombre de negocios sucios perdiera cualquier clase de fe que pudiera conservar en lo concerniente a poder ser bendecido por Cephied.

Por su parte, Garda, teniendo un sentido mucho más práctico que cualquier otro, optó por escapar de aquella familia de locos en cuanto tuviera la oportunidad, a ser posible poniendo una gran distancia entre los Mailstar y él…. Tal vez en algún lugar más allá de donde había estado la Antigua Barrera.

Jeffrey , sin embargo, tuvo una reacción sorprendente para todos: anunció a viva voz que no quería que le engañaran más y que rehusaba casarse con una mujer descocada tan lejos de sus ideales de noble dama a quién servir como caballero. Y eso significó que dejaría de hacer tanto caso a su madre, ya que Jeffrey, tras descubrir que Joseffine no era una mujer cualquiera, y que por eso Zelgadiss les había engañado a todos, e incluso que su padre había colaborado en ello… se sintió profundamente manipulado por todos lados y prefirió sacar sus propias conclusiones de cara a futuras eventualidades.

Esto, claro está, favoreció a Selene y Alphonso: la extraña pareja que formaban los discípulos de Naga, se vieron finalmente liberados del matrimonio pactado que Lady Mailstar y el padre de Selene, el Almirante Fittsmeyer, habían acordado para la rimbombante pelirroja. Ambos dieron las gracias a Naga la ayuda prestada con su acostumbrada idolatría, cosa que la Serpiente agradeció de muy gusto, como era esperar en alguien de su henchido ego.

Para Zelgadiss, fue sin embargo, una especie de revelación desalentadora. Los problemas de esa familia, y todo lo concerniente a Naga y sus discípulos eran asuntos ajenos a él; pero era la identidad de Joseffine y lo que ella les había dicho lo que más le había afectado. El hecho de que hubiese más Caballeros de Cephied por el mundo, tanto a este como al otro lado de la Barrera; Luna y Joseffine podría no ser los únicos Caballeros de Cephied en el mundo, incluso podría haber otros relacionados con el resto de los Dragones Celestiales del mundo, como Raguradia o Valwin…. Y si eran gente como Joseffine, desde luego no se puede decir que Cephied tuviera mucho acierto a la hora de elegir a sus representantes. Si realmente LON tenía la última palabra sobre toda forma de existencia por encima de Cephied e incluso de Shabranigudú, desde luego que se estaría divirtiendo de lo lindo.

Luego estaba la inquietante premonición que Joseffine-Cephied había hecho: los Mazoku también buscaban la Piedra de Sarvia. Al menos habían recibido la información suficiente para proseguir con su búsqueda. Su próxima parada era la próxima Torre de Rezo, y para llegar allí yendo a caballo tardaría menos de una semana.

Tan cerca y tan lejos a la vez…

-Naga…- dijo él mientras cabalgaba sobre el caballito blanco que había pertenecido a Amelia, y que realmente era el único que había salido beneficiado de su encuentro con la familia Mailstar. –Creo que ahora podría decirte que estamos en paz.-

-¿Cómo?, - contestó ella desde su enorme caballo de paso elevado, -¿A qué te refieres?-

-Esta vez he sido yo quién te ha salvado… cuando te caíste de tu gólem y te sujeté por el tobillo.-

-¡JOJJOJJJOOOO!- río ella haciendo que ambos caballos levantaran las orejas asustados, -No hables con tanta rapidez, Zelgadiss… Te recuerdo que todavía tenemos mucho que hacer.- su mirada se volvió seria.- Y tú me debes más que ningún otro.-

Él reflexionó sobre lo que ella acababa de decir, y supo que era verdad. Naga podía ser igualmente arrogante en sus afirmaciones, pero eso no les quitaba valor.

-Es cierto.- contestó en tono serio, -Y he jurado que lo conseguiré. Haré que tu hermana vuelva a la vida.-


N. de la A. :

(1) La Cabriola es un movimiento ecuestre de la equitación de Alta Escuela. Como todos los movimientos usados en esta doma, está basado en movimientos usados para el combate a caballo, y esto queda claro en la forma en que un caballo cocea al ejecutarla tal y como la describo aquí.

(2) Seamos claros, los golems de Naga parecen todos robots gigantes de las series de Mechas.

Continúa en el capítulo-6: "En la Torre de Rezo".