Fan fic de " Slayers " by Isa. Todos los derechos de autor están reservados a Hajime Kanzaka y Rui Araizumi y Tokyo TV, SOFTX; los personajes y el contexto. El argumento y personajes muy secundarios, son míos. Comentarios y opiniones, al final de la obra.

Esta versión es ligeramente distinta a otras que circulan por la red; la historia es la misma pero se encuentra actualizada en cuanto a nombres de hechizos y objeto; gracias a QP/Diana por la información facilitada.

NOTAS SOBRE ESTE CAPÍTULO:
Bien, nuevo capítulo. ¡Por fin! Este es uno de los principales de la historia, así que no tiene mucho que ver con los anteriores. Como siempre, aunque esta historia tiene mucho sobre las novelas y la información que tengo sobre el mundo de "Slayers", me he tomado ciertas licencias para poder escribirla.


Capítulo: 6. " En la Torre de Rezo. "

El paisaje había cambiado; no solo por la latitud y la época en la que se encontraban, más al sur y ya en primavera. Hacía mucho tiempo que esa llanura no había gozado de la vida que tenía en ese momento. Ahora, por fin después de varios años, aquella planicie se encontraba cubierta por una incipiente vegetación típica de pastizal, con lavandas, amapolas y dientes de león despuntando sus flores en la primavera, y los insectos y pájaros pululando por todas partes. Años atrás, ese mismo lugar había sido corrompido por el miasma de la última resurrección de Ojo de Rubí, y pese a la posterior muerte del Señor de los Demonios, no muy lejos de aquel lugar, su presencia había perdurado en toda la región, haciendo que prácticamente cualquier forma de vida desapareciera.
Sin embargo, unos seis meses atrás, dos sacerdotisas habían purificado con su poder (y cierta ayuda involuntaria) la energía negativa que había quedado impregnada en la tierra, las rocas y la atmósfera del lugar. Y gracias a ellas, no solo dos almas en pena fueron liberadas, sino que ese mismo lugar había vuelto a lo que debía ser su estado natural.
Naga observaba el lugar desde lo alto de su caballo, que a pesar de su paso elevado, caminaba con ganas de echarle un bocado a algún manojo de la fresca hierba de primavera que crecía en la pradera. Su mirada era curiosa y expectante, pero no lograba encontrar lo que quería.

-¡Eh, Zelgadiss!- alzó la voz llamando al hechicero que cabalgaba solo unos pasos por delante de ella- ¿Es aquí donde está la Torre de Rezo? Yo no veo nada.-

-Sí, está al final de esta pradera, sobre un promontorio al final del barranco donde se corta.- contestó este sin volverse.- Llegaremos en seguida.-

Naga torció el gesto, escéptica ante las palabras de Zelgadiss.

-De hecho, allí está.- anunció este deteniendo a su caballito blanco y señalando al horizonte.

Efectivamente, la Torre de Rezo se alzaba al final de la pradera, cerca de una cornisa de roca que cortaba de forma abrupta la planicie donde estaban. Desde lejos, parecía una especie de enorme tronco seco que hubiese quedado en pie, pero un segundo vistazo revelaba que en realidad era una gigantesca construcción de piedra, erosionada y malgastada por los años… entre otras cosas.

Zelgadiss miró el objetivo de su viaje. Hacía años que no había vuelto a pisar aquella zona, y mucho menos acercarse tanto a aquella maldita torre, no desde que él fatídico día que Shabranigudó había vuelto a resucitar de manos de su abuelo-bisabuelo y tanto él como Lina y Gaury tuvieron que huir corriendo como nunca antes lo habían hecho. Sin embargo, el destino había decidido que volviese allí años después.

¿Por qué sería que siempre se acaba volviendo a lugares que se ha jurado nunca volver?
De repente, Naga le sacó de sus pensamientos.

-¿Es esa la torre de Rezo?- preguntó escéptica, aunque Zelgadiss estaba seguro de que su tono de reproche se debía al desprecio que ella le procesaba – ¡Qué ridícula! Con la fama que tenía tu abuelo, me imaginaba que sería otra cosa más impresionante.-

- Esa torre fue construida hace 1000 años, durante la Guerra Kouma, aunque ignoro el propósito.- explicó Zelgadiss ignorando el tono despectivo de Naga –Supongo que sería la sede de algunos grandes hechiceros del pasado contemporáneos a Lei Magnus, o puede que también esté relacionada con otras grandes torres como la de Artel, o algunas de las torres que hay en el exterior de la barrera. Esa torre estuvo deshabitada durante siglos, pero Rezo debió tener un buen motivo para hacer de ella su base de operaciones y su guarida durante el último año que estuve a su servicio, y el lugar donde creó el círculo de resurrección donde resucitó a Ojo de Rubí.-

Como era de esperar, Naga soltó una de sus carcajadas, que hizo que su caballo piafara nervioso.

-¡Esto es increíble!- exclamó la presumida hechicera entre carcajadas – Me imaginaba que el Monje Rojo sería alguien mucho más digno, y no un hechicero ermitaño en una torre abandonada.- entonces sus risas se desvanecieron al recordar algo- Un momento…Entonces¿qué era el laboratorio que tenía en la ciudad de Sairag?-

-Ese era su laboratorio "oficial"- contestó Zelgadiss haciendo hincapié en el adjetivo calificativo de su discurso.- Allí era en donde llevaba a cabo sus estudios y experimentos oficiales, con sus discípulos reconocidos. Yo nunca estuve allí hasta después de que él hubiese muerto.-

-¿Es que tú no eras discípulo suyo?-preguntó Naga en su habitual tono jocoso.

-Yo era su discípulo y su esclavo.- contestó Zelgadiss fríamente, -No uno de sus estudiantes.-

Y diciendo esto, espoleó de nuevo a su caballito en dirección a la torre.

Poco más tarde, alcanzaron la base de la Torre. Era mediodía, pero aún así, la enorme y aún magnífica construcción, proyectaba una gran sombra sobre la pradera, permitiendo que ambos alzaran la vista hacia la desmoronada cúspide sin que el sol les deslumbrara. Ahora que el lugar volvía a tener vida, esta también se manifestaba a lo largo de la enorme construcción, y las oquedades y ventanas abiertas del edificio se habían convertido en refugio de cernícalos, abejarucos, vencejos o lechuzas, entre otros pájaros, que entraban y salían de las aberturas de la enorme torre como si de una enorme colmena se tratara. La verdad es que ahora el edificio parecía ser una simple ruina vestigio de unos prósperos tiempos pasados, y no un lugar que hasta no hace mucho había estado contaminado por el miasma del señor de los demonios.

Ambos hechiceros descabalgaron de sus monturas, pero en contra de lo que Naga había previsto, Zelgadiss se dedicó a librar de sus aperos a su caballito blanco y amarrarle las manos. Ella le miró interrogativamente, y el hechicero espadachín le explicó si volverse:

-Nuestra búsqueda puede llevarnos todo el día. Realmente no sé dónde puede encontrarse la Piedra de Sarvia en toda esta enorme torre, así que prefiero dejar a los caballos pastando en esta pradera mientras nosotros la buscamos.-

Naga resopló; como de costumbre, todo lo que hicieran los demás, le parecía estúpido, pero en particular lo que dijera u opinase Zelgadiss. No obstante, se volvió hacia su enorme caballo castaño y luego hacia la torre, para comprobar por si misma que tenía razón. Era un buen momento para que su montura descansase.

-Espero que no cojan un cólico con tanta hierba nueva.- exclamó mientras comenzaba a desatarle la cincha de la silla al suyo.

-Siempre podremos sanarlos.- contestó el mago dándole una palmada en el cuello al suyo.
Una vez dejaron preparadas a sus monturas, ambos hechiceros se encaminaron hacia el interior de la torre atravesando la puerta principal. A pesar de sus profundas razones para estar allí, ambos intentaban mantener la calma, aunque por distintos motivos. Naga nunca había estado allí, así que caminaba mirando con curiosidad las altas bóvedas del corredor flanqueado de gárgolas y otras grotescas esculturas, y que conducía al eje centrar de la Torre. Mientras lo hacía, seguía de cerca a Zelgadiss, quién parecía tener claro el camino a seguir, cosa que le gustase o no, era algo muy propio de él.

Finalmente alcanzaron el eje de la torre situado en la planta baja, que por supuesto consistía en un enorme salón rodeado de columnas y una escalera imperial al frente. Todo estaba ruinoso, pero la luz del día se filtraba a través de los resquicios y aberturas de la torre, dándole al lugar más un aspecto de guarida que de construcción maldita. Zelgadiss alcanzó a ver por el rabillo del ojo como un raposo se ocultaba de las sombras al ver a los dos humanos, e involuntariamente recordó a Jiras, el hombre-zorro que habían encontrado en el exterior de la Barrera, y los muchos problemas que les había causado, pese a su evidente falta de cualquier cosa. Entonces suspiró profunda y ruidosamente, como si tuviera que aceptar una tarea y un destino que no sabía cómo solventar.

-Muy bien, "Ma-senshi"- dijo Naga con los brazos cruzados bajo su generoso busto, - ¿Qué hacemos ahora?-

-Iremos a la parte alta de la torre.-contestó Zelgadiss sin volverse, y sin dar muestras del desasosiego que demostró hacía tan solo un instante- Allí es donde se ofició la resurrección de Ojo de Rubí, y también el último lugar donde vimos la Piedra de Sarvia. Empezaremos a buscarla por allí.-

-Perfecto.- contestó Naga, -Vayamos arriba… Y espero que por una vez tengas razón.- añadió con su habitual arrogancia.

Y diciendo esto, Naga hizo un gesto con las manos sobre su frente provocando que una luz dorada la envolviese, para verse luego alzada por el aire al tiempo que invocaba "Levitación."

Zelgadiss vio como la orgullosa hechicera se elevaba por encima de él ofreciéndole una vista no del todo decorosa desde su posición, aunque ahora ese era un detalle que no le importaba. Afortunadamente para él, el conjuro de "Levitación" era bastante sencillo comparado con el "Ray Wing" y otros de su clase, así que no tuvo problemas en seguirla por el aire, y atravesar una vez más los arbotantes que constituían el esqueleto de la torre.
Muy a su pesar, Naga tuvo que aguardar a que Zelgadiss la alcanzara en su ascensión y la guiara a través de los distintos niveles de la enorme torre. Era evidente que el hechicero conocía bastante bien el lugar y sabía lo que se hacía; por mucho que a Naga le disgustase que cualquiera estuviese por encima de ella, Lina en particular, y ahora también Zelgadiss, ella misma tenía que aceptar a regañadientes que los demás actuasen cuando ella no se podía hacer cargo de la situación. Eso había pasado en varias ocasiones en el pasado, especialmente cuando acompañaba a Lina Invers sus viajes y se tenía que limitar a observar como ella invocaba el "Dragon Slave" Y ahora, una vez más, tenía que hacer lo mismo con Zelgadiss.
Finalmente el mago aterrizó suavemente sobre un amplio rellano en la parte alta de la torre. Al hacerlo, volvió a suspirar y esperó a que Naga le alcanzara.

-¿Y ahora, qué?- preguntó ella tras echar un vistazo a su alrededor para comprobar que esa parte de la torre se encontraba en un estado razonablemente mejor que la parte baja de la misma.

-Por aquella puerta.- contestó Zelgadiss con su habitual frialdad- Desde ahí se accede a las habitaciones de Rezo y se sube a lo alto de la Torre.-

Naga no dijo nada, sino que se limitó a caminar hacia el portón de madera al que Zelgadiss se refería, y a continuación, empujó con cierto esfuerzo la pesada puerta que crujió al abrirse. Cuando lo hubo hecho, se encontró ante una amplia sala de techo abovedado y columnas adosadas a la pared, que parecía haber estado habitada hasta tiempos recientes en algún momento. Este hecho no pasó desapercibido a los ojos de Naga, quién empezó a reírse con su habitual estilo.

-¡Jo-jojojojojojojo!... Ese Monje Rojo definitivamente era un farsante. No sé a qué clase de loco ermitaño se le ocurriría vivir en una ruina como esta.

Zelgadiss la siguió dentro de la habitación y se dirigió hacia el muro del fondo ignorando sus risas.

-Es cierto, este lugar es una ruina. Pero Rezo era un gran versado en Magia Blanca y conocía el hechizo de "Retroceder en el Tiempo", así que podía devolver su antiguo esplendor a estas viejas habitaciones cuando él quisiera.-

Las risotadas de Naga cesaron de golpe, y ella abrió los ojos en una mueca de genuino asombro: la Serpiente había sido entrenada en Magia blanca y conocía bastantes conjuros efectivos de la misma, pero al que Zelgadiss se refería, nunca pudo dominarlo; de hecho, muy pocos podían, y la afirmación del Ma-Senshi le indicaba lo realmente poderoso que había sido Rezo.

Entonces vio como Zelgadiss atravesaba una puerta que parecía escondida en el fondo del muro, y comenzó a seguirle subiendo unas angostas escaleras escasamente iluminadas. Chasqueó la lengua y le siguió en silencio hacia arriba.


Esa era una de esas cosas que uno se pregunta de vez en cuando. En el pasado, antes de la Guerra Kouma, la humanidad había prosperado hasta unos niveles bastante superiores a los actuales, tanto en lo referente a la magia como en la ciencia. Sin embargo, tras la tremenda batalla entre Mazoku y Ryozoku que tuvo lugar en el hemisferio norte del planeta, y en la que los humanos también se vieron envueltos, muchos de esos conocimientos se habían perdido y olvidado. Aquella torre era un vestigio de los gloriosos tiempos pasados, y tal vez su aire decadente era un reflejo de una época que llegaba a su fin, síntoma del momento en que fue construida. Pero eso no terminaba de justificar aquel sin-sentido de escaleras empinadas, galerías oscuras y retorcidas, paredes llenas de recovecos, y en general, una planificación caótica. La pregunta que Naga se hacía en ese momento era¿cómo unos constructores, todos ellos grandes maestros del pasado, con unos conocimientos tan avanzados como para idear una torre de semejantes características a esa, era capaz de cometer unos errores arquitectónicos y de planificación como esos? Desde que había atravesado aquella puerta semioculta, Naga había estado siguiendo a Zelgadiss por un sinfín de escaleras lóbregas y empinadas que parecían estar diseñadas por un arquitecto borracho o, en caso de tener otra opción, por un completo incompetente.

Sin embargo, conforme iban ascendiendo, se empezaba a sentir una brisa suave y cálida que contrastaba con el aire viciado y el olor a musgo y piedra del interior de la torre. Igualmente, una mayor cantidad de claridad parecía pugnar por querer iluminar la angosta escalera.

Finalmente, Naga pudo ver el por qué de esa sensación cuando atravesó una gran puerta con arcada. Zelgadiss se había detenido a pocos pasos de ella, y se encontraba mirando una gran sala circular y abovedada y de estado ruinoso, pero sin ninguna puerta ni abertura en sus laterales. Sin ninguna duda, ambos se encontraban en el punto más alto de la Torre. Pese a que no había ninguna ventana ni vano en los muros de la sala, la luz y el aire fresco de primavera se filtraba por las grietas de las paredes y las oquedades dejadas por los sillares derruidos. Mirando al techo, se podía ver que algunas golondrinas y torcaces habían hecho del techo de roca un lugar ideal para instalar sus nidos, y entraban y salían envueltos en un batir de alas por los huecos abiertos en los muros. Era, en definitiva, un lugar muy distinto de la tétrica ruina que había sido hacía tan solo unos meses atrás.
-Es aquí.- sentenció de repente Zelgadiss sacando a Naga de sus conclusiones- Aquí es donde Rezo ofició la última resurrección de Shabranigudú hace casi cinco años.- el mago suspiró pesadamente dejando caer los hombros- … Nunca pensé que volvería a este lugar.-

-¿Cómo¿aquí?- exclamó Naga mirando a su alrededor sin llegar a creerse lo que acababa de oír, y su voz resonó por la sala- ¿Es aquí donde resucitó Ojo de Rubí?- y la pomposa hechicera hizo ademán de querer responder a los hechos de su manera habitual, pero Zelgadiss se le adelantó antes de que ella comenzara a reírse.

-Si no me crees, mira al suelo. Aún están grabados las runas y símbolos del círculo de resurrección que Rezo usó.-

Naga dio un bote y desvió la mirada hacia toda la superficie del suelo de la sala para comprobar que estaba en lo cierto, entonces volvió a mirar a Zelgadiss, quien caminaba adentrándose aún más en la gran sala.

- ¿Y es aquí donde está la Piedra de Sarvia?- preguntó Naga aún asombrada, esforzándose por contener el escalofrío que le recorría la espalda al tomar conciencia de lo que allí había ocurrido.

-Aquí es donde sabemos que estuvo por última vez.- contestó Zelgadiss mirando alrededor, como si buscara algún punto de referencia desde donde orientarse.

-¿Es que no sabes dónde puede estar?- espetó Naga chasqueando la lengua.

-No, no lo sé.- contestó Zelgadiss sin vacilar, y luego se volvió hacia ella- La Piedra de Sarvia estaba oculta en el interior de una estatuilla de orihalcón de forma femenina, y cuando Rezo se hizo con ella, se la llevó a esta sala… Pero luego no sabemos qué hizo con la piedra, aunque apuesto que destruyó la estatuilla. Rezo tenía poder incluso para destruir el orihalcón, y él acostumbraba a destruir aquello que se interponía entre él y sus objetivos.-

Naga se quedó mirando durante unos instantes a Zelgadiss en silencio, sin ningún atisbo de su pompa o de su impresionante desdén hacia los demás. Una pequeña parte dentro de su ser le había advertido sobre el significado de la afirmación de Zelgadiss, y casi de manera inconsciente, lo había relacionado con aquellas palabras que él una vez le dijo cuando ella reposaba bajo una de las muchas estatuas dedicadas al Monje Rojo: "¿Rezo? En realidad era un farsante." Si era verdad, cosa que a ojos vista no se podía revocar de ninguna manera, todo lo que había oído de los últimos tiempos acerca del tal vez más popular miembro de los 5 Grandes Sabios de los tiempos actuales, todo lo que el común de la gente y el pueblo creía acerca del Gran Monje Rojo, era falso.

Zelgadiss era la prueba viviente de ello.

-Entonces¿cómo piensas encontrarla si no sabes ni cómo es?- preguntó de repente cuando sus pensamientos volvieron a la realidad actual.

-Yo no he dicho que no sepa cómo es, solo que no la he visto nunca ni sé qué pasó con ella.- replicó Zelgadiss en su acostumbrado tono tajante- Cuando yo y los que eran mis subordinados buscábamos la Piedra de Sarvia, recopilamos mucha información acerca de ella y su naturaleza. Por supuesto había muchas de las cosas que averiguamos eran falsas, pero sí supimos que era similar a una esquirla de carbón de buena calidad, como el azabache o la antracita.-

-¡Qué ridiculez¡La codiciada Piedra de Sarvia no resulta ser mas que un tizón para hacer fuego!- contestó Naga comenzando a reírse, y Zelgadiss dio un respingo al comprobar cómo sus risotadas resonaban efecto del eco en la enorme sala con efectos dolorosamente obvios, tanto que los pájaros que anidaban en la bóveda de piedra salieron en bandada hacia el exterior, y trozos de forjado del techo se desprendieron formando nubes de polvo en su caída.

-¡¡Cállate!!- ordenó Zelgadiss alzando la voz, -¡Vas a conseguir que se derrumbe el techo sobre nosotros con tus risotadas!-

-¿Y qué?- Le retó ella- No vas a ser tú quién le diga a la Gran Serpiente Blanca lo que debe hacer y lo que no.-

El gestó de Zelgadiss tembló ligeramente, en una mueca de furia, pero enseguida se recompuso y la mueca se convirtió en una sonrisa cínica.

-¿Ah, sí? Pues si el techo se derrumba, me gustaría que me explicaras cómo haremos para buscar la Piedra de Sarvia con semejante estropicio en esta sala.- contestó en un tono fríamente casual.

Naga interrumpió sus risotadas.

-¡Ju!, tal vez tengas razón.- entonces puso las manos en jarras, un gesto habitual en ella- Muy bien, hábil hechicero de pacotilla¿Se te ocurre alguna forma de buscar algo que no sabes cómo es?-

Zelgadiss volvió a sonreír, pero esta vez sus labios esbozaron la típica mueca de autosuficiencia que solía adoptar cuando se creía dueño de una situación.

-Por supuesto. Utilizaré el Plano Astral… Cuando buscaba la Piedra de Sarvia, uno de mis hombres era muy diestro en la magia de búsqueda, y aprendí unas cuantas cosas de él.- contestó sin revelar la identidad completa de Zorlf.

-¿Con una bola de cristal?- contestó Naga en tono burlón, -Eso también sé hacerlo yo.-

-No la necesito, incluso con mis poderes mermados. Si lo que dijo Luna Invers es cierto, la Piedra de Sarvia no es más que un pedazo de las gemas "Sangre de Demonio" que Lina lleva siempre puestas, así que de estar aquí, reaccionará antes los conjuros de búsqueda en el plano astral.-

Naga gruñó.

Ignorando la opinión de la Serpiente, le mago espadachín se situó en el centro de la sala, justo en el mismo lugar donde casi cinco años atrás, Rezo se había situado para llevar a cabo su nefasta ceremonia de resurrección. Desde allí podría aplicar el conjuro de búsqueda de forma igual para toda la superficie de la sala, e igualmente, se encontraba en el punto de la misma donde era más probable que estuviera. Una vez se hubo detenido sobre el eje central de la sala, cerró los ojos e hizo un gesto con las manos extendiéndolas hacia delante; entonces comenzó a recitar en voz baja un hechizo y un resplandor blancuzco surgió de sus manos.

Naga contempló, sin que su gesto de desdén desapareciera de su rostro, cómo la luz que emanaba de las manos de Zelgadiss se desparramaba por toda la superficie de la sala sin importar cuán derruida o agrietada estuviera. Al hacerlo, los objetos mágicos que había en la sala reaccionaron ante el poder de Zelgadiss, y Naga pudo ver cómo los símbolos del Círculo de Resurrección grabados en el suelo se hicieron aún más evidentes al despedir un resplandor plateado. A pesar del propósito con el que había sido creado, el hecho de que ahora comenzara a brillar de esa forma no significaba nada: ninguno de los dos tenía poder suficiente como para llevar a cabo semejante invocación, y ninguno de los dos estaba activando el círculo, tan solo realizando un sencillo conjuro de búsqueda.

En cualquier caso, la enorme sala disfrutaba ahora de una curiosa iluminación producto de la luz solar que se filtraba a través de los muros de piedra; de la luz plateada desprendida por las runas del Círculo de Resurrección, y de la suave luz blanca producida por efecto del hechizo de Zelgadiss. Pero a pesar de todo ello, no había ninguna piedrecita que brillara por ningún lado, y el mago-espadachín tampoco percibió nada de lo habitual además de la reacción natural de los restos del Círculo de Resurrección y un halo que lo envolvía todo. Si la piedra de Sarvia estuviese allí, por mínimo que fuese su fragmento, reaccionaría ante su poder y este se vería multiplicado… Pero allí nada de eso ocurría.

-¡Maldita sea!- exclamó el hechicero al comprobar que su búsqueda era infructuosa, - ¡No percibo nada!-

Naga gruñó y con gesto furioso le apuntó con el dedo, en una curiosa versión del mismo gesto que compartía con su hermana pequeña.

-¿Cómo que no encuentras nada¡Tu magia es un fraude o me estás engañando! Si este es el último lugar donde ha estado la Piedra de Sarvia, por fuerza debería estar aquí.-

-Es sencillamente que no encuentro nada claro. Percibo una especie de "presencia" mágica, como su la Piedra de Sarvia hubiese dejado su rastro en estas rocas, pero no hay nada definitivo.- explicó.

Zelgadiss detuvo su conjuro bajando los brazos, y se volvió hacia la pomposa hechicera con gesto furioso.

-Mi magia no es un fraude; sé muy bien lo que estoy haciendo. Lo único que digo es que no está aquí- sus ojos se abrieron en una mueca de sorpresa al darse cuenta de algo-… No está en el suelo.-

Naga arqueó una ceja, escéptica.

-¿Qué quieres decir?-

Zelgadiss se quedó mirando al vacío durante unos instantes, como si estuviese ordenando el hilo de sus ideas.

-No es que no encuentre la Piedra de Sarvia… -comenzó a decir casi como para si mismo- Es que no la encuentro en el suelo de esta sala, por eso solo percibo su presencia cuando hago el rastreo…. Eso significa que puede estar en cualquier parte de esta sala, incluso de la torre.-

-¿Estas insinuando que la maldita piedra puede estar en cualquier parte de esta torre?- preguntó Naga en un tono cada vez más impaciente.

Zelgadiss asintió.

-… Rezo tomó la estatua de orihalcón y extrajo la Piedra de Sarvia de ella para ejecutar el Conjuro de Resurrección para Ojo de Rubí.- comenzó a enumerar Zelgadiss con la intención de llegar a una conclusión lógica- No sé cómo activaría la Piedra para que su conjuro se viera multiplicado lo suficiente, pero desde luego que debió situarse justo donde estoy yo ahora.- anunció señalando el centro de la sala- Pero de acuerdo con lo que dijo Luna, entonces la activación de la Piedra de Sarvia sería igual que la de las gemas Sangre de Demonio que Lina lleva… Así que el hechicero que la use debe estar en contacto directo con la piedra.-

-¿Insinúas que se la tragó?- preguntó Naga divertida aunque haciendo un esfuerzo por contener la risa, -Hay que ver qué tonterías se te ocurren algunas veces.-

-Es una posibilidad.- contestó Zelgadiss fríamente, -Rezo pudo habérsela tragado o solo haberla sujetado con las manos. Entonces es cuando…- el hechicero vaciló-… Cuando Ojo de Rubí tomó el control, y a partir de ahí ya no sabemos que pasó, solo que este lugar quedó maldito.-

Naga sintió un nuevo escalofrío recorriéndole la espalda: Shabranigudú, el señor de los demonios de este mundo, había estado en esa misma sala hacía tan solo unos años, y cierta aterradora posibilidad apareció ante sus ojos durante un momento.

-¿Y si Ojo de Rubí la destruyó o la usó para si mismo? Esa "Caballero de Ceephid" explicó que las Gemas de Lina Invers son una manifestación del poder de cada uno de los Cuatro Reyes de la Oscuridad que hay, y Ojo de Rubí es uno de ellos.-

-Pero igualmente Acqua, el avatar de Raguradya, nos dijo en el desierto de las tablas que la Piedra de Sarvia sí seguía existiendo, aunque no sabía dónde se encontraba.- sentenció Zelgadiss- Además, si la Piedra de Sarvia es una manifestación de su poder, no creo que fuera Ojo de Rubí fuera tan idiota como para destruir algo que representa su poder. Según Lina, las Gemas de Sangre de Demonio pertenecieron a Xelloss, así que por fuerza debe estar en esta sala. Los Mazoku quieren la destrucción de lo que existe, pero no se destruirían a si mismos.-

-¡Ju!- exclamó la Serpiente con desdén, - ¿Y en dónde, mago de pacotilla? Acabas de decir que no la puedes encontrar.-

-¿Es que no me escuchas?- replicó Zelgadiss en tono frío.- He dicho que no está en este suelo… Así que debe estar en cualquier otra parte de esta sala, o incluso de la torre entera.-

Los ojos de Naga se abrieron ante esa evidencia.

-¡Claro¡No entiendo como a mi, la Gran Serpiente Blanca, no se le ha ocurrido algo así antes!- exclamó alegremente, y entonces volvió a repetir el gesto de apuntar con el dedo.- En ese caso seré yo la que se ocupará de buscarla en toda la sala con mis propios métodos.- anunció con determinación.

Zelgadiss se quedó mirando en silencio al dedo índice que le señalaba casi con acusatoria mente, y luego desvió la vista hacia la propia Naga. A pesar de las grandes diferencias en cuanto a personalidad, era evidente que Amelia era la hermana de aquella pomposa mujer, y que compartía con ella múltiples trazas de su carácter. Aún así, resultaba increíble lo iguales que aquella a quien amaba y esa mujer podían ser, e igualmente lo diferentes que eran.

- Está bien, Gracia.- contestó él en tono lacónico, aunque a Naga no se le pasó por alto que él había utilizado su verdadero nombre para dirigirse a ella.- Búscala por ti misma en esta sala si eso es lo que quieres. – entonces entrecerró los ojos- Pero tan solo recuerda que la misión de resucitar a tu hermana me pertenece a mí, y por tanto la Piedra de Sarvia. Así que no se te ocurra apropiarte de ella, aunque nuestro fin sea el mismo. Me la entregarás si la encuentras¿entendido?-

Naga apretó los dientes con rabia.

-Entendido.- contestó ella en tono frío, sabedora de que no tenía otra opción.

-Muy bien.- asintió Zelgadiss,- En ese caso yo la buscaré por el resto de la torre mientras que tú la buscas aquí.-

Y diciendo esto, el Ma-senshi arrancó sus pasos hacia la puerta por donde había entrado antes. Naga le contempló marchar con una mezcla de rencor e impotencia; una vez Zelgadiss hubo desaparecido por la única arcada de la sala, ella extrajo su bola de cristal de su capa y sonrió con autosuficiencia.


Zelgadiss descendía lentamente por las escaleras que hacía un rato que había subido, aún sumido en los pensamientos sobre el paradero de la Piedra de Sarvia. Esperaba que su inmediata conclusión, que el codiciado objeto se encontrara realmente en algún punto de la misma torre, fuese cierta. De no ser así, estaría ante una terrible posibilidad en la que no se atrevía ni a pensar: Acqua había sido muy clara, para que la resurrección de Amelia pudiese efectuarse, debía hacerse antes de que llegase el verano, y para eso quedaban entre cuatro a seis semanas. Si la Piedra de Sarvia no estaba allí¿Dónde podría estar¿O dónde la buscarían? Al menos tenía el consuelo de que Lina, su hermana y Gaury la estaban buscando por otro lado.

En cualquier caso, lo primero era buscarla a conciencia en toda la torre, y esa era una tarea que podría llevarle no ya horas, sino días, aunque Naga le estuviese ayudando con sus propios métodos. Si aplicaba la lógica, lo normal sería empezar a buscarla por los lugares que seguro había atravesado Rezo y él mismo el día que Ojo de Rubí resucitó, ya que en principio la Piedra se había encontrado en esos mismos lugares, pero tampoco tenía forma de asegurarlo. Entonces, una idea asaltó su mente: Ródimas y Zorlf, los que habían sido sus únicos amigos y leales compañeros durante los años que él sirvió a los descabellados propósitos del Monje Rojo, habían muerto en esa Torre, y habían estado encerrados como fantasmas malditos en ella y sus inmediaciones durante años sin que él ni los demás lo supieran.

Hasta el día que Amelia, acompañada de Shilfild, les habían liberado.

Aquello había significado mucho para él; entre ellos tres había una relación de camaradería que se podía comparar a la que ahora compartía con Lina, Gaury y, por supuesto, Amelia. Él sabía que cuando lucharon contra Ojo de Rubí, el Señor de los Demonios les había presionado torturando las almas de sus dos compañeros caídos. Pero siempre había dado por hecho que, una vez desaparecida aquella reencarnación de Shabranigudú, ellos dos habían quedado liberados. Así que cuando Amelia le contó lo sucedido, se sintió avergonzado y agradecido a la vez, y nunca supo cómo darle las gracias.

-Haciendo que muriese… Así fue como lo hice.- gruñó para sí entre dientes y apretando los párpados de rabia, - Ródimas, Zorlf… cuánto desearía que estuvieseis aquí pudieseis decirme dónde está la Piedra de Sarvia en esta maldita torre…-

Su involuntario deseo le sorprendió y le hizo pensar en su egoísmo. El hecho de encontrarse en una situación como esa, no era justificación para desear que sus dos antiguos compañeros aún se encontraran en el limbo para poder ayudarle ahora. Él mismo era el culpable real de que ahora se encontrara en esa situación.
En ese momento, un pequeño resplandor atrajo su atención por el rabillo del ojo, aquel que no se encontraba cubierto por el espeso mechón de flequillo. Casi de forma inconsciente, se giró hacia el tenue brillo para comprobar que se trataba de una bola de crista situada sobre una peana en lo alto de un atril cerca de una ventana. La bola era similar a la de Naga, pero de mayor tamaño, y el brillo que desprendía no era debido más que a la luz que se filtraba por la ventana.

-¿Una de las bolas de cristal de Rezo?-preguntó Zelgadiss para sí.- ¿Cómo ha podido permanecer tanto tiempo aquí olvidada?-

Y sin pensarlo mucho, trepó por el atril y deslizó la mano hacia ella con un propósito.

-Al menos me servirá para lo que la quiero…- se dijo.

Zelgadiss retiró la bola de la peana suavemente, y esta volvió a brillar.

Entonces, un suave eco de unas anillas de metal se dejó oír por el corredor de la escalera.

Zelgadiss detuvo la mano, pero sin soltar la bola. ¿Qué había sido eso¿Algún tipo de mecanismo atado a la bola¿El viento silbando en el esqueleto de la torre? Tal vez no le habría dado tanta importancia si no fuera porque aquel rítmico chasquido le resultaba odiosamente familiar. Gruñó para sí y arrancó la bola de su pedestal, para luego saltar del atril al rellano de la escalera. El mismo eco de unos eslabones de metal al entrechocar, volvió a oírse.

Las cejas de Zelgadiss se fruncieron en un gesto mezcla de irritación y de alarma; involuntariamente, giró la vista hacia la bola de cristal, que aún sostenía en la mano, en espera de alguna respuesta. Para una mente agudizada por el peligro como la suya, era evidente que "algo" estaba ocurriendo en la Torre además de su propia presencia y la de Naga. Pudiera ser que tuviera que ver la susodicha bola, pero no percibía nada inusual en ella, así que¿qué podía ser?

Maldijo para sí y se apresuró escaleras arriba para encontrarse con Naga convencido de estar haciendo bien cuando el mismo sonido volvió a hacerse eco entre los muros de piedra.


Cuando volvió a lo alto de la torre, se encontró a Naga poco más o menos donde la había dejado antes. La hechicera sostenía su bola de cristal aún en la mano, y tenía una mueca de irascibilidad e incredulidad en su rostro, como si no se acabara de creer algo que ella daba por hecho. Conociéndola, era obvio que ese "algo" era que ella había confiado en sus poderes para encontrar la Piedra de Sarvia, pero que se había acabado dando con tres palmos en las narices. Sin embargo, gracias a esa misma bola, pudo ver el reflejo de Zelgadiss entrando apresuradamente en la enorme sala.

-¿Ya has vuelto?-preguntó con cierto deje despectivo, - Te ha llevado muy poco tiempo registrar el resto de la torre.-

-Cállate, no he subido aquí por eso.- contestó este en tono frío.

Naga ya iba a responder algo cuando reparó en la bola de cristal que Zelgadiss sujetaba en la mano.

-¿Y eso¿Te has buscado otra para ti?- preguntó haciendo un gesto significativo hacia la suya propia.

-No, solo la he encontrado.- contestó Zelgadiss automáticamente, -Era de Rezo.-

Los ojos de la princesa de Seillon se abrieron brillando por la codicia.

-La Bola es lo de menos.- contestó Zelgadiss anticipándose a sus pensamientos. –Ahora mismo tenemos un problema.-anunció gravemente.

Como era de esperar, Naga comenzó a reírse tapándose la boca con el dorso de su mano, y como también era de esperar, más cascotes y polvo suelto de argamasa cayeron del techo ante la mirada de hastío de Zelgadiss.

-¿Y cuál ese problema que te obliga a venir en busca de mi ayuda?- preguntó Naga en su acostumbrado tono altanero.- ¿Es que ya no te basta con meterte tú solo en un lío y que luego yo vaya a buscarte?-

-Hay algo o alguien en esta torre además de nosotros.- contestó Zelgadiss gravemente ignorando los reproches de Naga.

-¿De veras¿Y de qué se trata…?-

La respuesta a la pregunta de Naga vino en forma de otro compás metálico de unos eslabones entrechocando entre sí, y a continuación y suave resplandor azulado que recorrió toda la estancia, desde la primera loseta del suelo hasta el último sillar del techo acompañado de un tañido casi musical.

Para su sorpresa, ambos se encontraron mirando estupefactos cómo el aspecto de toda esa enorme y derruida sala había cambiado por completo: ya no era la vieja ruina de hacía unos instantes, sino una magnífica estancia cubierta de mármoles y con techos ornamentados con trabajados frisos y mosaicos de piedras semipreciosas y pan de oro que brillaban gracias a un óculo de luz situado justo en el centro de la bóveda. Era como si la estancia hubiese recuperado el aspecto de lo que debió ser una vez, en algún momento del pasado. Tanto en la estructura arquitectónica como en la ornamentación de la misma, se podían distinguir aspectos de la construcción y de la representación que hasta ahora nunca habían visto antes, ya que sencillamente no existían en la época actual.

-Pepero¿qué ha pasado?- exclamó Naga aún estupefacta ante lo que estaba viendo.

Los ojos de Zelgadiss aún seguían estando abiertos de puro asombro, pero involuntariamente apretó los dientes al caer en la cuenta de algo.

-Esto… esto ya lo he visto yo antes.- balbuceó.

-¿Cómo?-

-Es el hechizo de "Retroceder en el Tiempo".- explicó Zelgadiss aún incrédulo de sus propias palabras,- El que permite que cualquier sitio recupere su esplendor del pasado.-

Naga se volvió hacia él boquiabierta; al hacerlo, pudo sentir como la suela de sus botas resbalaba sobre la pulida superficie de las losas de mármol que cubría en suelo. Sin hallar ninguna respuesta en el hechicero-espadachín, quien solo permanecía inmóvil y con gesto de puro desconcierto, se volvió de nuevo hacia la sala mirando en todas direcciones, como si esperara algún tipo de respuesta procedente de los muros de la torre.

Y una vez más, el eco de los eslabones de metal se dejó oír en la torre, pero en esta ocasión desde algún punto concreto detrás de ellos.

Esta vez los dos hechiceros se giraron para mirar atrás y buscar una respuesta. Y lo que encontraron fue una figura de gran presencia pese a ser incorpórea; era la figura de un hombre que aparentaba tener mediana edad y se cubría con largos ropajes en diversos tonos de rojo mientras portaba en la mano derecha una larga vara rematada por una gran gema roja y de la que colgaban anillas. La figura tenía los ojos cerrados y resultaba terriblemente familiar.


Odio. Odio en su estado más puro era lo que el rostro de Zelgadiss reflejaba. Hasta donde Naga podía recordar, nunca antes le había visto con esa expresión de profundo odio que emanaba de sus ojos el gesto de su cara, que incluso parecía deformar las finas facciones del hechicero. Ni siquiera cuando ella le rescató el hechizo de Kari durante su misión en Mosiquita ahora hacía un año, él tuvo nunca esa expresión.

Se giró de nuevo hacia la figura traslúcida que acababa de aparecer en la sala. Era un espectro, desde luego (o eso, o un Mazoku que pretendía adaptarse al plano material sin lograrlo), de alguien que estaba muerto y que no había podido ir a donde quiera que fueran las almas de los difuntos. Pero era evidente que el causante del odio de Zelgadiss era ese espectro, alguien que sin duda el Ma-Senshi ya conocía. ¿Quién era? Cuando una evidente sospecha había empezado a tomar forma en la mente de Naga, Zelgadiss se le adelantó.

-¡¡TÚ!!- exclamó con voz ronca, como si pronunciar aquella simple palabra le hubiese costado un gran esfuerzo.- ¡¡Eres tú, Rezo, maldito bastardo!!-

Naga dio un bote.

-¿Cómo¿Rezo, el Moje Rojo?- exclamó en voz alta, pero aparentemente nadie le había prestado atención.

Pese a ello, se giró de nuevo hacia la figura, que ahora parecía más corpórea, como si al pronunciarse su nombre, estuviese recobrando su ser. La Serpiente le miró de hito en hito: sí, tenía que ser él, ya que si bien nunca le había visto en persona, sí había visto numerosas estatuas y representaciones suyas por todas partes debido a su fama; además de lo cual, también había que señalar el parecido existente entre el espectro y Zelgadiss: ambos tenían sendos remolinos de pelo a los lados de la cabeza, ambos tenían rostros imberbes de finas facciones, y ambos tenían el cabello de color oscuro… Aunque Rezo era tanto o más algo que el propio príncipe Phill.

Zelgadiss siguió ignorando a Naga y centrando toda su atención en el espectro. De alguna forma, se las apañó para avanzar unos pasos hacia él, pese a parecer que se hallaba tan fuera de sí que era incapaz de coordinar nada.

-¡Vamos, CONTESTA!- ordenó.

Zelgadiss… dijo entonces el espectro. Para sorpresa de Naga, aquella voz era suave y educada, sin ningún atisbo de la rudeza con la el Ma-Senshi solía hablar. Sin embargo, este no se inmutó, sino que seguía firme en su puesto.

Sí, Zelgadiss. Soy yo, Rezo.

Como si la última esperanza de que aquello no fuera cierto se desvaneciera, Zelgadiss se tambaleó ligeramente ante la respuesta; había llegado a un punto que parecía que no podría actuar con coherencia y raciocinio. Entonces Naga vio la oportunidad de que alguien le prestara un poco de la atención que ella se merecía.

Y lo hizo de la mejor forma que ella sabía hacer: comenzó a reírse.

-¡JOJOJOJOJO—JOOJO!- resonaron sus escandalosas risotadas, -¿El Monje Rojo ha venido su torre en persona porque teme lo que yo, Naga, la Serpiente Blanca, pueda hacer con sus tesoros¡Qué gran honor!-

En esta ocasión no cayeron más cascotes sobre el suelo de la sala, sino que el espectro de Rezo se giró suavemente hacia ella mientras que Zelgadiss parecía recuperar parte de su cordura, en particular su desagrado hacia las entradas en escena de Naga.

Cierto, princesa Gracia. contestó Rezo con la que parecía su habitual calma a la hora de hablar, Soy yo, pero no he venido a causa de lo que su alteza cree.

La breve respuesta del Monje Rojo tuvo un efecto inmediato en la Serpiente Blanca haciendo que sus risas se detuvieran casi de inmediato. En primer lugar, no era lo que ella había creído (o querido creer); Y en segundo lugar, el espectro conocía su verdadera identidad.

Sin embargo fue Zelgadiss el que respondió.

-¿Entonces por qué has venido aquí? Confiaba en que hubieses desaparecido de la faz de este mundo cuando Lina Invers aniquiló a Ojo de Rubí. ¡Tú debías haber desaparecido junto a esa maldita criatura!-

No, no desaparecí. Aunque es cierto que Shabranigudú no pudo hacer nada ante el hechizo que convocó Lina, aquel que conjura a la Señora de las Pesadillas. Esa pedazo de Ojo de Rubí ha vuelto a su origen y ahora forma parte del Mar del Caos. Explicó Rezo volviéndose hacia su pariente. Resultaba curioso que alguien que era ciego como él, fuese capaz de dirigirse hacia los demás como si les estuviera viendo.

La sonrisa de Zelgadiss se volvió cruel, incluso más de lo normal en él. El hecho de que Rezo le hablase de esa forma debía parecerle irrelevante

-¿Y tú no fuiste a reunirte con él después del favor que le hiciste al resucitarlo? Porque es evidente que eres solo un espectro de un muerto y de ninguna forma estás vivo.-

Es cierto, morí y Shabranigudú estuvo apunto de arrástrame con él en su caída.

-Y evidentemente, eso no ocurrió.- gruñó Zelgadiss disgustado con esa idea. –Es por eso que estás aquí¿verdad? – Y sin esperar repuesta, su gesto se volvió más agresivo, -Pero eso no es un gran problema. Ahora que eres solo un espíritu sin forma, me bastará cualquiera de los conjuros de la Elmekia para acabar definitivamente contigo, - arqueó las cejas, divertido- Después de todo es lo que quise hacer durante años, y mira por donde ahora se me presenta la oportunidad.-

Naga se volvió hacia Zelgadiss con cierta repulsión en la garganta. Ella sabía que Zelgadiss no era una persona con una moral especialmente alta; cuando el mago-espadachín tenía que rebanar a alguien con su espada, no dudaba en hacerlo, y eso era parte de la fama que le precedía. Pero de ahí a destruir el espíritu de un humano, había una diferencia, y más si ese espíritu era el de un familiar con una reputación como la de Rezo. En su fuero interno, Naga despreciaba las disputas familiares, y ver que Zelgadiss afrontaba la suya propia con esa fría crueldad, le revolvía el cuerpo. Además, cometer semejante crimen como era destruir el espíritu de un humano, le dejaría todavía en peor lugar frente a Cheephid.

Para sorpresa de los dos, Rezo contestó con calma.

Aunque yo sea solo un espíritu ahora, no podrías hacerlo.

-¿Ah, no? –exclamó Zelgadiss, - ¿Y en qué te basas para afirmar eso?-

Tu rencor hacia mi te nubla el pensamiento, contestó Rezo sin perder la calma- En otras circunstancias te habrías percatado inmediatamente de lo que acabo de hacer y de lo que eso significa.- dijo acompañando sus palabras de un gesto señalando los alrededores de la sala.

Zelgadiss le miró sorprendido, y luego siguió con la vista el gesto de Rezo. Entonces lo comprendió: pese a estar muerto, Rezo seguía conservando sus poderes, siendo incluso capaz de convocar el complicado hechizo de "Retroceder en el Tiempo" en toda la enorme sala. Obviamente, eso significaba que Rezo sería muy capaz de anular cualquiera de los conjuros de la Elmekia, pese a que si le alcanzaban, le herirían gravemente, o incluso le destruirían.

El mago espadachín tembló de impotencia y desazón, hasta que una oleada de calma (o de raciocinio) pareció invadirle.

-Ya veo- contestó, -Tal vez el hecho de que este lugar fuera el principio de tu perdición explique por qué estas aquí. – añadió con cierto regocijo, -Pero no ocurre lo mismo para saber por qué estas aquí precisamente ahora. Me consta que no has vagado como espectro en esta torre.-
Zelgadiss nunca habría podido imaginar lo que Rezo acababa de hacer como respuesta a sus afilados comentarios; de hecho Naga tampoco lo había imaginado, y muy a su pesar la Serpiente Blanca tenia que admitir que estaba presenciando algo completamente inaudito. Algo que le estaba haciendo perder protagonismo a pasos agigantados.

Rezo había abierto sus ojos.

No eran los grandes ojos que Lina o Amelia tenían, ni mucho menos los ojos rasgados de pupila violácea de Mazoku que Xelloss tenía, sino que eran almendrados y de color azul oscuro, similares a los del propio Zelgadiss. Hasta ese momento, la única vez que se había visto a Rezo con los ojos abiertos estos resultaron ser de un demoniaco color rubí, por una razón tan simple como que Shabranigudú había estado encerrado en ellos. Pero eso era algo que ninguno de los dos parientes había descubierto hasta ese fatídico momento.

Sin embargo, aquellos almendrados ojos azules reflejaban una calma y una serenidad impropias de lo que cualquiera que hubiese conocido más en profundidad a Rezo hubiese podido esperar. Y eso era lo que en definitiva más desconcertaba a Zelgadiss.

Eso y lo que Rezo declaró a continuación.

He venido a ayudarte.

Zelgadiss se quedó sin habla, y la vista de Naga saltó de uno en otro intentando comprender qué pasaba. Lo normal, habría sido que ella se riera con desprecio e hiciese una entrada espectacular de las suyas, pero una vocecilla en el fondo de su conciencia le advertía que era mejor esperar a ver qué ocurría. Naga odiaba sentirse ignorada y/o desplazada, pero el recuerdo de su hermana Amelia le hacía conservar una pizca de sentido común en su henchido ego.

-¿Ayudarme? –exclamó Zelgadiss, escéptico- ¿acaso me tomas por un estúpido?¡Sé perfectamente en qué consiste tus "ayudas"!- su voz goteaba desprecio.

La expresión de Rezo siguió siendo tranquila, e igualmente indescifrable, de una forma que llegaba a ser desconcertante pero que a Zelgadiss no le resultaba ajena.

-Dime, qué te propones.- ordenó.

La serena mirada de Rezo pareció turbarse durante un breve instante.

Estoy aquí porque deseo ayudarte. Sé lo que buscas y por qué.

Zelgadiss y Naga dieron un bote de sorpresa e hicieron amago intercambiar miradas buscando una respuesta.

-Monje Rojo…- intervino entonces Naga, anticipándose a cualquiera de los dos parientes- ¿Qué sabes tú de esto?-

Sé que buscáis la Piedra de Sarvia para resucitar a vuestra hermana menor, alteza.

La expresión de Naga era de absoluto asombro¿cómo podía ese intento de Rezo saber algo así?

Pero la reacción de Zelgadiss fue de furia, y con un rápido movimiento, desenvainó su espada de gavilanes dorados, sabedor de que por si sola ese arma era insuficiente para finalizar lo que se proponía hacer. El gesto era insuficientemente intimidatorio y Rezo lo sabía.

Zelgadiss, sabes perfectamente que eso no servirá de nada. Por favor, no hagas esto más complicado.

Zelgadiss balanceó su espada ante sí y su sonrisa se volvió sarcástica.

-¿Complicado?... Te diré lo que es complicado.- contestó con frialdad-. Lo complicado es ver como un bastardo como tú puede seguir existiendo después de haber dejado que Shabranigudú arrastrara su alma.- apretó los dientes- No entiendo cómo puedes seguir en este mundo y aparecer precisamente aquí con propuestas de buena voluntad.-

No es tan complicado, biznieto. contestó Rezo- Después de que Ojo de Rubí me arrastrara consigo al abismo, pude liberarme en el momento en que tu amiga Lina Invers invocó a la Señora de las Pesadillas en la Gor Nova. Luché contra su dominio y conseguí inmovilizarle el tiempo suficiente como para que la hechicera rosa le asestara el golpe fatal.

El Ma-Senshi gruñó; recordó como años atrás, después de la lucha contra Ojo de Rubí, Lina le había dicho "Si no me crees, entonces Rezo no me ayudó…" Él no la había creído, o no había querido creer lo que Lina le había dicho entonces, pero ahora Rezo se lo estaba corroborando. No pudo hacer otra cosa que guardar silencio; a pesar de si mismo, Zelgadiss tenía el suficiente sentido común para saber cuándo debía estar callado.

Durante estos últimos años he podido mantener cierto contacto con este mundo, así que estoy al tanto de algunos de tus pormenores. añadió Rezo con suavidad.

-¿Qué has estado en contacto con este mundo? Cómo es eso¿a través de Fibrizo?- preguntó Zelgadiss un tanto incrédulo.

No. El Amo del Infierno no tiene nada que ver en esto. Yo nunca fui convocado por él.- explicó Rezo, Pero estoy al tanto de su desaparición y de cómo Lina Invers lo hizo convocando a LON en este mundo.- hizo una breve pausa Al igual que pudo hacerlo conmigo.

- ¡Qué pena!- exclamó Zelgadiss mordazmente.

Rezo ignoró el comentario, pero Naga se había quedado boquiabierta: sabía que Lina había tenido algo que ver con la Caída de la Barrera de los Demonios en la zona del desierto de la Destrucción, más allá del Imperio de Elmekia, pero no que eso había sido producto de que ella matar a Fibrizo y menos aún de que fuera capaz de convocar a la mismísima Señora de las Pesadillas, como ya había oído decir unas cuantas veces en los últimos minutos.

Aunque bien pensado¿no había visto ya cómo lo hacía cuando entraron en el desierto de las Tablas?

Es por eso que sé qué es lo que ha ocurrido en estos últimos años y también que tú has tenido mucho que ver en todo esos sucesos. En cierto modo, has estado trabajando para el bien de los humanos y por beneficio del propio Ceephid.

-Gracias.- contestó Zelgadiss en un tono que no se sabía si era burlón o de genuino agradecimiento. –Pero también gracias a ti, yo no me puedo considerar un enviado de Ceephid ni mucho menos.- Entonces apretó el puño sobre el pomo de su espada, que continuaba desenvainada- No puedo considerarme porque gracias a ti he sido un auténtico monstruo durante años, tanto si quería como si no.- su voz era ácida- ¿Cómo quieres que te crea cuando muchas de las veces que me prometiste tu ayuda fue hechizándome¿Crees que no recuerdo cómo desaparecieron accidentalmente algunas de las haciendas vecinas a la de nuestra familia? Sí, fue realmente una gran ayuda el despertarme de repente mientras que las casas de los que habían sido mis vecinos de la infancia ardían hasta los cimientos.-

Rezo no respondió a las palabras de Zelgadiss, de hecho, nadie esperaba que lo fuera a hacer, y eso animó a Zelgadiss, desde su posición de vivo, a dar rienda al rencor que había habitado su corazón durante largos años.

- Lo tenías planeado desde el principio¿verdad? Al obligarme a cumplir todos esos encargos me alejabas del estilo de vida que había tenido hasta entonces y hacías que creciera una leyenda negra en torno a mí.- continuó diciendo Zelgadiss en un torrente de voz ronca- Así conseguías que nadie me creyera, y que a ti se te siguiera viendo como un santo mientras me ordenabas cumplir tus misiones desde atrás. ¡Menudo gran hipócrita que eres!-

Llegados a este punto, Naga pudo ver un leve temblor en los ojos de Rezo. En cualquier caso, parecía increíble que un hombre con una mirada tan serena y casi bondadosa, pudiese ser el autor de las faltas que Zelgadiss le imputaba. ¿Realmente era un demonio disfrazado de santo? Zelgadiss así lo estaba afirmando, y también lo habían hecho su hermana Amelia y Lina.

El mago espadachín inspiró profundamente, como si quisiera calmarse un poco. Pero en realidad lo hizo para tomar aire y seguir su lista de acusaciones.

-Yo me negué, por supuesto; lo hice muchas veces. – explicó con fingida tranquilidad- Pero pronto aprendí que eso era inútil. Cuando no quería obedecerte a la hora de buscar objetos de orihalcón, tú me hechizabas y me convertías en tu marioneta. Hice muchas atrocidades de las que apenas fui consciente cuando estaba bajo tu embrujo y entonces el resto de los hombres que tenías a tu servicio empezaron a llamarme el "Berserker de Rezo"…. Claro que no eran los únicos, el resto de la gente me empezó a considerar un criminal y me llamaron "Ma-senshi". Llegó un punto en que ya temblaba ante lo que me podías hacer.-

Rezo siguió impasible, pero su mirada era casi piadosa y apenada, como si realmente le doliera de alguna forma lo que Zelgadiss decía. Este, por su parte, parecía impasible ante ese gesto, para él solo había una verdad.

-¡Esa fue la "ayuda" que tú me diste! La de convertirme en un monstruo manipulado por ti y sin voluntad que solo servía para hacerte el trabajo sucio y que pudieras recobrar tu vista, algo que ya ves, bastaba con que estuvieses muerto para hacerlo.-

Zelgadiss…. dijo por fin el Monje Rojo.

-¿¡¡Y pretendes que después de todo te crea cuando ahora me ofreces tu "ayuda"!!?- contestó el mago ignorando a Rezo- ¡Por mí la única ayuda que me puedes ofrecer es que te pudras en el abismo del Mar del Caos junto con Fibrizo¡Tu no tienes nada que ofrecerme!- concluyó escupiendo en el suelo.

Naga había permanecido en silencio durante todo este tiempo, escuchando atentamente la lista de acusaciones lanzadas por Zelgadiss al tiempo que miraba de reojo a ambos. Podía entender el rencor de Zelgadiss, aunque a su juicio él no era el más indicado para echarle nada en cara a nadie, pero había otra cosa que intrigaba a Naga y que tal vez el mago espadachín no había querido pensar.

Hacía falta alguien con un intelecto refinado como el suyo para darse cuenta.

-Monje Rojo.- exclamó para sorpresa de todos- ¿Qué ayuda es esa?-

Ambos parientes se volvieron hacia ella sorprendidos por su intervención, pero Rezo, más sereno que Zelgadiss, se recompuso rápidamente.

Mi ayuda, alteza, es facilitaros el paradero del único fragmento integro de la Piedra Filosofal.

-¿¡CÓMO!?- exclamó Zelgadiss; entonces su pariente se volvió hacia él.

Sí, Zelgadiss, esa es la ayuda que quería facilitaros. contestó Rezo con tranquilidad volviéndose de nuevo hacia su biznieto. Yo nunca fui consciente de lo que hacía, solo sabía que debía lograr a toda costa que mis ojos se abrieran y vieran con normalidad. Yo nunca supe que había sido Ojo de Rubí quién me instigaba a desearlo tan exacerbadamente.-

Zelgadiss gruñó; no sabía si creer las palabras de Rezo (las mismas que Lina, después de todo) o si guiarse simplemente por los hechos.

Zelgadiss, has sufrido mucho durante años por mi culpa.- continuó diciendo Rezo con pesadumbre, -y sé que la situación en la que te encuentras ahora es también en gran parte por mi culpa. Es por eso que deseo ayudarte a que logres lo que buscas. Yo cogí la Piedra de Sarvia y la usé para resucitar a Shabranigudú, así que sé lo que pasó con ella. Y también sé que cuando al abrir los ojos y Ojo de Rubí apareció, vi que no había sido mi deseo, sino el suyo. Conseguir que yo recuperara la vista era su forma de volver a este mundo.-

-¿Ah sí? Cuéntame alto que no hay visto ya¿Qué otra falacia piensas contarme ahora?- contestó Zelgadiss.

Rezo suspiró, pero continuó hablando ignorando los ácidos comentarios del mago espadachín.

La Piedra de Sarvia se deshizo cuando yo la usé, pero sus pequeños fragmentos permanecieron en esta sala. La mayoría se convirtió solo en polvo que cayó desintegrado en este suelo, pero una pequeña esquirla se conservó intacta, y…

Al escucharlo, Zelgadiss abrió sus ojos por el asombro; no podía creer que Rezo le estuviese diciendo algo así. Pero se recompuso y su rencor volvió a tomar el control.

-¿Y qué¿Cuál es el trato esta vez por contarme todo eso?-

Esta vez no hay trato, Zelgadiss. contestó Rezo en tono firme, Esta vez solo te estoy ayudando.

-¿Ayudando¿Desinteresadamente¡Venga ya!- espetó el mago espadachín ácidamente- ¿Qué es lo tú ganas diciéndome dónde se encuentra lo que supuestamente queda de la Piedra de Sarvia?-

El Monje Rojo suspiró, como si estuviera pensando qué contestar. Pero fue Naga la que intervino; para ella solo existía la verdad de que ese personaje cubierto de ropajes rojos era la única y mejor posibilidad de saber en dónde se encontraba lo que ambos buscaban… Y el idiota de Zelgadiss no hacía más que cuestionarlo.

-¡Deberías aprender de la gente sensata, Zelgadiss!- irrumpió ella atrayendo así la atención de ambos parientes, el vivo y el muerto.- ¡Rezo sabe dónde está lo que buscamos¡Deja que lo diga ya y acabemos con esto de una vez!-

-¡Gracia, esto no es asunto tuyo, solo mío!- contestó Zelgadiss en uno de sus mejores tonos autoritarios y dirigiéndose a Naga por su verdadero nombre. La Serpiente Blanca apretó los dientes dispuesta a rebatirle, pero Rezo fue más rápido e intervino a tiempo.

Su alteza tiene razón. Esto se está prolongando y el tiempo está de vuestra contra. Zelgadiss se giró perplejo hacia él. Lo que queda de la Piedra de Sarvia ya no está aquí.- reveló para sorpresa de ambos.- Se encuentra en posesión de la hija del sumo sacerdote de la ciudad de Sairag, aquel que mi Copia destruyó.

Ante semejante revelación, ninguno de los dos hechiceros aún vivos, se atrevió a decir algo. Finalmente Zelgadiss pudo digerir la noticia… como cierta.

-¿¡CÓMO¿La tiene Shilfild!?- exclamó.

-¿¡Esa sacerdotisa pusilánime!?- añadió Naga lanzando su juicio sobre ella.- ¿¡Y sabiendo lo que ocurre, se lo ha callado y no me ha dicho nada!?-

Rezo asistió con la cabeza y continuó explicándose.

Así es. Se apropió de la Piedra cuando ella y la princesa de Seillon, aquella a quien buscáis resucitar, estuvieron en la torre. Con su ayuda, eliminaron el poder del miasma de Shabranigudú que aún quedaba en esta región.

Naga y Zelgadiss no se atrevieron a responder nada. Estaban demasiado sorprendidos, sobre todo el mago espadachín porque sabía que lo que contaba Rezo era cierto.

…Ambas son buenas sacerdotisas; la hija del sumo sacerdote fue incluso capaz de protegeros del poder de mi Copia… Pero aún así, eso no es suficiente para purificar esta zona de un miasma tan poderoso. Es gracias a la Piedra de Sarvia que lo consiguieron. Pero ella no sabe nada de esto y me ha sido imposible comunicarme con ella para revelárselo.-

Zelgadiss dejó caer los hombros, y pareció arrepentido de alguna forma. Él no tenía conocimientos de Magia Blanca más allá del Conjuro de "Dormir", o el de "Recuperación" que Amelia le había enseñado, pero sabía el alcance de lo que significaba haber purificado la torre del miasma de Ojo de Rubí, y además librar de su condena a sus dos antiguos compañeros. Amelia nunca le dijo que hubiese considerado estos hechos como algo extraordinario, sino algo natural que habían conseguido entre Shilfild y ella porque "la Justicia estaba de su lado." Por supuesto, él sabía que esa explicación estaba totalmente fuera de lugar, pero en ese momento él tampoco tenía forma de rebatírsela.

Y ahora tenía la respuesta ante esa pregunta, una respuesta que tenía mucho sentido y que les daba solución a sus problemas de un solo golpe.

Pero Zelgadiss seguía desconfiando de todo lo que tuviera que ver con Rezo.

-¡Increíble!- seguía diciendo la asombrada Naga, -¿Cómo puede alguien así ser capaz de tener la Piedra de Sarvia y encima aprender el "Dragon Slave"?-

La casualidad a veces tiene formas muy curiosas, alteza. explicó Rezo con tranquilidad. De todas formas, no deberíais subestimar de esa forma a la sacerdotisa del Hulagón.

-Sí, mucha casualidad es esa. ¿Y qué ganas tú por casualidad, "abuelo"?- espetó Zelgadiss.

Rezo suspiró pesadamente volviendo a cerrar los ojos. Luego alzó la vista y miró a Zelgadiss; el mago espadachín sintió un leve temblor recorriéndole la espalda. Odiaba a Rezo y le temía, pero verlo con los ojos abiertos mirándole de esa forma, y que estos no fueran de color rubí, le hacía sentirse aún más inseguro. A pesar de lo que estaba ocurriendo en ese momento, Zelgadiss aún no había soltado su espada.

Lo mismo que cuando ayudé a Lina Invers a acabar con Shabranigudú. Ayudaros.

-Sí, claaaaaaaaaro.- se mofó Zelgadiss.

Zelgadiss, todo lo que te hecho desde que el momento en que naciste ha sido en mi propio interés. Déjame que te compense de alguna forma. Creo que es mi turno de hacer que por una vez obtengas algo bueno de mí.

Zelgadiss pestañeó. ¿Desde el momento en que nació¿A qué se refería? Sabía que Rezo le había manipulado en cierta forma desde niño, pero no que ya desde nacer tuviese planes para él.

Yo ya no estoy bajo el control de Ojo de Rubí. Soy libre para dártelo.

-Monje Rojo, - intervino Naga, que ya se estaba cansando de tanta charla familiar- Si la Piedra de Sarvia la tiene esa sacerdotisa. ¿Puede decirnos dónde se encuentra ella exactamente? Usted es un sacerdote y posee el don de oráculo, así que no le costará mucho decírnoslo.-

Ella partió junto con Melina, la hija menor de la familia a mi servicio a quien entregué a Zelgadiss en adopción. Sé que no se han separado todavía y se encuentran en algún punto cerca de…
Pero no pudo seguir hablando. De repente, la figura espectral de Rezo se convulsionó, y a continuación su cuerpo se arqueó hacia atrás de forma grotesca. Entonces, una serie de chispazos empezaron a surgir del plano astral justo a la altura de su estómago, y en ese momento ambos hechiceros vieron cómo una especie de cono negro atravesaba por la espalda el cuerpo traslúcido de Rezo, quien gritaba de dolor mientras manoteaba alocadamente sobre su agujereado vientre, como si intentara apagar algo que se estuviera quemando sobre él. Al tiempo que los dolorosos alaridos de Rezo llenaban la sala, todas las criaturas que poblaban la inmensa torre de piedra, desde las palomas hasta los ratones, pasando por toda clase insectos, se apresuraron a abandonarla en desbandada.

Algo muy grave estaba ocurriendo.

Los dos hechiceros sabían que alguien estaba atacando a Rezo, pero ¿quién? Ninguno de ellos había lanzado ningún conjuro sobre él, y menos uno que adoptase esa forma.

Rezo siguió lanzando alaridos de dolor, como si algo se consumiera dentro de él; al mismo tiempo, el cono negro que le había atravesado el vientre, seguía creciendo y empujando hacia fuera de su vientre. Una malévola risita cantarina se dejó oír en el preciso momento en que las fueras de Rezo flaquearon lo bastante como para que ya no pudiese seguir controlando el conjuro de "Retroceder en el Tiempo", y en el mismo momento en que la risa cantarina aumentó de tono, la cúpula de piedra bajo la que se encontraban, empezó a recuperar su anterior aspecto derruido.

-¿¡Qué está pasando!?- exclamó Naga horrorizada por la forma en que la figura de Rezo se convulsionaba.

-Esa risa… es posible que sea….- empezó a adivinar Zelgadiss.

Entonces el vértice del negro cono de energía adoptó una forma alargada hasta que por fin apareció con un aspecto físico más reconocible, el de un bastón de madera rematado por una gran gema roja y sujeto por una mano enguantada de gamuza gris. Al instante, surgiendo de medio cuerpo, una imagen aún más grotesca acabó por formarse: en medio del cuerpo de Rezo se acababa de formar otra figura de rostro sonriente vestida de terciopelo negro y coronada por una melenita negra de tupido flequillo y sedoso aspecto, la de Xelloss.

-¡¡TÚ!!- exclamó Zelgadiss.-

- ¿¡Qué¿El mazoku cachondo?- coreó Naga.

-Hola, Zelgadiss…. Alteza.- respondió este con un gesto de la mano e indiferente ante los alaridos de Rezo.


- Siento mucho tener que irrumpir aquí de esta manera…- comenzó a decir Xelloss mientras Rezo seguía soltando alaridos de dolor y manoteando sobre el cuerpo del mazoku sin ningún efecto. –Pero no he tenido otra forma de hacerlo.-

Zelgadiss y Naga estaban en un estado de shock ante lo que estaban presenciando. Eso era algo que ninguno de los dos había esperado que fuera a suceder, y menos aún el doloroso espectáculo que Xelloss ofrecía surgiendo en medio del cuerpo intangible de Rezo. Finalmente el mazoku pareció reparar hacia dónde se dirigía la mirada de ambos hechiceros.

-¡Oh¡Cuánto lo lamento!- exclamó Xelloss en un tono que parecía sincero. –Esto no debería haber ocurrido de esta forma. Para mí es casi un atentado tener que hacerle esto al humano "portador".- les explicó dirigiendo una mirada al impotente Rezo.- Para nosotros el humano que porta a nuestro señor Ojo de Rubí en su interior, es digno de una atención especial.-

¡¡Suélta---meeeeeeeee!! aulló Rezo en un tono de voz que Zelgadiss solo le había oído usar cuando Shabranigudú tomó el control sobre él. No era lo mismo, pero evidentemente Xelloss se había materializado a través del Plano Astral usando el espíritu de Rezo.

Zelgadiss se sorprendió de si mismo deseando que el mazoku liberara a su pariente muerto. El rostro fantasmal de Rezo se sacudía por la agonía y Xellos parecía tenerlo totalmente dominado…. Era casi una posesión, y por mucho que el mago espadachín odiara a su bisabuelo, Xelloss tampoco andaba muy lejos en la lista y era un auténtico mazoku, no un humano. Zelgadiss miró al mazoku que permanecía sujetar a su pariente sin apenas esfuerzo.

-¿¡Qué quieres, maldito¿¡A qué viene todo esto!?-

- Qué pregunta, Zelgadiss. Estoy sorprendido de que a estas alturas aún me vengas con cosas como esta.- contestó Xelloss en tono cantarín, - Es un secreto, por supuesto.-

-¿¡Qué tontería es esta!?- exclamó Naga, -¿Qué pretende este tipo?-

Haciendo un notable esfuerzo, Rezo reunió fuerzas y su bastón de monje; incluso así, este emitió un tintineo.

Piedra--- de Sarvia---- quiere la… balbuceó hasta que Xelloss redobló su agarre sobre él.

-Ah, no. Tú quietecito.-

¡AAAAAAAAAAAAAAAARGH!

Naga y Zelgadiss se quedaron inmóviles asimilando lo que ocurría y pronto comprendieron que Rezo les estaba advirtiendo de exactamente lo mismo que había dicho Joseffine Mailstar: los Mazoku, y en este caso particular, Xelloss, buscaban la piedra de Sarvia. Lo que la oronda señora les había dicho no parecía ser ninguna farsa.

La Serpiente fue la primera en actuar, ignorante del verdadero poder del mazoku.

-¿Debo suponer entonces que tu misión es quitarnos la Piedra de Sarvia?-

-Lo siento, alteza. No puedo contestar a esa pregunta.- contestó abriendo los ojos. –Ya he dicho que es secreto.-

-¿Secreto? Eso es como si afirmaras que sí. Y lo que está claro además, es que no sabes con quién te enfrentas.- explicó Naga rematando uno de sus discursos con su risotada.

Durante un breve instante esta muestra del ego henchido de Naga pareció tener efecto sobre Xelloss y el mazoku tembló incómodo relajando así su agarre sobre la forma astral de Rezo. Al mismo tiempo, Naga no perdió el tiempo y empezó a pronunciar las Palabras de Poder.

-"Luz, entra en mí y brilla
hasta destruir la oscuridad más profunda"

¡Llama de Elmekia!-

-¡Naga, NO!- gritó Zelgadiss al darse cuenta de lo que hacía la hechicera. Pero era demasiado tarde; una resplandeciente llama blanca de plasma ardió sobre la palma de la mano de Naga, para a continuación salir disparada hacia el mazoku.

Xelloss sonrió, y con un vago gesto de su bastón, deshizo el conjuro que Naga le acababa de lanzar. Uno lo bastante poderoso como para atacar demonios de medio-bajo rango.

-¡Oh, por favor, alteza!- se quejó Xelloss en tono compungido, - No me ofenda atacándome de esa forma. Estoy muy por encima de ese nivel.-

Naga sencillamente se había quedado boquiabierta; Zelgadiss apretó los dientes y le dirigió una mirada de reojo a la pomposa hechicera sin perder de vista al mazoku que aún sujetaba a su abuelo.

-Tiene razón. Xelloss es el Sacerdote Bestia, el Asesino de Dragones. Un conjuro como ese es inútil contra él.-

-¡Eh, eh!- exclamó Xelloss de repente, - No me gusta que me llaméis así.-

Ase---sino de--- dragones… contestó Rezo sacudiéndose, No te... dejaré….

-¡No me gusta que me llamen así!- ladró Xelloss; parecía que ese mote le sentaba al menos tan mal al que usaba Firia llamándolo "basura cruda".

¡Es-----capad! aulló Rezo sacudiéndose, Mazoku…. Quiere la Piedra de Sarvia… Impedidlo.

-¡Por muy "portador" que seas, no puedo permitir que intervengas en esto!- y por primera vez, Xelloss pareció tomar en serio al espíritu de Rezo.

El gesto del Moje Rojo se torció en una mueca de esfuerzo supremo, y comenzó a pronunciar unas palabras cuyo ritmo Zelgadiss encontró familiar. Movido por un resorte, se volvió hacia la estupefacta Naga, que parecía desbordada por los acontecimientos.

-¡Naga, tenemos que salir de aquí!- exclamó nerviosamente sacándola de su estado de asombro. – ¡Ataquémosle todos juntos y vayámonos de aquí!-

En inmediatamente el coro de voces de Zelgadiss y Rezo se unió en uno solo, algo que hacía mucho tiempo que no había ocurrido. Naga se les unió sin perder tiempo y pronto los tres entonaron el mismo hechizo.

-"...Apelo al poder que duerme dentro de mi alma,
Despierta tu fuerza dormida
Y acude a mí para celebrar tu juicio en este instante."
¡La-Tilt!- gritaron los tres al unísono.

Xelloss abrió sus ojos amatista asombrado por lo que estaba ocurriendo. El poder de Zelgadiss estaba mermado desde que recuperó su humanidad, pero el polvo de la Piedra de Sarvia desperdigado por la cúpula de piedra, sumado al inmenso poder de Rezo, y el también poderoso poder de Naga, era algo a tener en cuenta. Tres La-Tilts cruzados eran peligrosos incluso para él, e involuntariamente, retrocedió al plano astral.

Hubo un gran resplandor de llamas azuladas acompañado por un estallido semejante al crujido de un relámpago. Incluso a la luz del día resultó algo visible; los pájaros y todos los demás animales que se habían ocultado en las oquedades de la torre y que aún no habían escapado después de la aparición de Xelloss, acabaron por huir atropelladamente como pudieron. Los dos caballos que los hechiceros habían utilizado para llegar hasta allí, se revolvieron piafando y corveteando, al menos en la medida que sus manos atadas les permitían, e intentaron salir al galope de allí.

Zelgadiss y Naga cerraron los ojos para evitar quedar cegados por el resplandor que semejante descarga acababa de producir. El "La-Tilt" estaba considerado como el más poderoso conjuro de ataque en Magia Espiritual, así que juntar tres de ellos en un solo golpe era algo para tener muy encuesta, y más aún cuando mezclar conjuros puede desencadenar fuerzas desatadas. No obstante, dada la naturaleza de ese conjuro, la estructura de la torre se mantuvo intacta.

¡Huid! exclamó Rezo de repente materializándose ante ellos durante unos segundos. ¡Yo le detendré!

-¿Qué…!?- exclamó Zelgadiss asombrado.

No debe conseguirla. ¡Id por esa sacerdotisa!

El hechicero espadachín balbuceó de forma inconexa, incapaz de creerse lo que estaba oyendo. ¿Rezo le estaba protegiendo?

Naga, sin embargo, no estaba tan asombrada como para quedarse paralizada.

-Esto es cosa mía…- anunció elevando un brazo al tiempo que pronunciaba un conjuro desconocido para Zelgadiss.- ¡YO salvaré esta situación!-

Una mancha negra en forma de cono se revolvió frente a ellos y se lanzó hacia su posición, pero otra roja salió hacia su encuentro y le detuvo el paso. Mientras, la voz de Naga coreaba otras Palabras de Poder y una especie de espiral energética empezó a formarse en toda la estructura de la bóveda de la torre; Zelgadiss vio cómo Rezo detenía con su bastón de monje el también bastón de monje de Xelloss, y cómo al hacerlo, se producía un choque en el plano astral que en el material aparecía reflejado como un estallido de luz. El mago espadachín apenas se podía creer lo que estaba viendo: Xelloss y Rezo combatían el uno contra el otro. Y Rezo estaba luchando para protegerles.

Entonces reparó en el conjuro de Naga, cuando el suelo y toda la estructura de la bóveda empezaban a temblar y formar extraños pliegues; las paredes opuestas del inmenso techo se extendieron hacia fuera, como formando sendas estructuras en forma de ¿alas?

-¿Qué es esto?- exclamó asustado pese a si mismo.

-¡VU-RIWAR!- gritó Naga. Al mando de su voz, otro ala de la bóveda se extendió hacia delante formando una especie de cuello serpentino rematado en algo que parecía una cabeza cornuda. La Serpiente se giró hacia allí y salió al exterior corriendo sobre la recién formada estructura hasta detenerse en su extremo en forma de cabeza de animal.

Un nuevo estallido tras de sí sacó a Zelgadiss de su asombro; se giró y vio como el techo de la bóveda se plegaba sobre la base, y en medio de todo eso, Rezo seguía convocando mega-conjuros para atacar a Xelloss. Estos no eran tan poderosos como para dañarlo irremediablemente, pero sí lo bastante molestos como para entretener al mazoku, aunque por algún motivo, tampoco parecía estar empleándose a fondo en su lucha contra Rezo. Zelgadiss había visto luchar a Xelloss y sabía de lo que este era capaz, así que aquello no era nada más que un molesto rifi-rafe entre él y el Monje Rojo. No obstante, el techo estaba a punto de echársele encima, así que hizo lo primero que pudo, envainó su espada y salió corriendo de allí en la misma dirección que Naga.

Al hacerlo, la cúpula de piedra del edificio acabó de unirse con el suelo justo donde él había estado un instante antes, pero sin encerrar en su interior de piedra al Monje Rojo o al Mazoku; el que sí se libró por muy poco fue Zelgadiss, que saltó hacia la estructura del cuello de piedra, y para no caer al vació, sacó una de sus dagas de entre sus ropas, que con gran acierto, hundió entre las junturas de los sillares de piedra que formaban la estructura, y allí agarrado por la empuñadura del arma, se quedó colgado balanceándose sobre el vacío.

-¡Maldita Loca!- murmuró entre dientes luchando por no caerse,- ¿Qué se propone?-

-¡Admirad todos mi gran obra!- exclamó Naga entre sus coros de carcajadas, -¡Este es mi Vu-Riwar, mi gran gólem dragón de piedra!

Zelgadiss pestañeó y luego miró a su alrededor tratando de comprender lo que había pasado. Al mismo tiempo, y para evitar males mayores, murmuró el hechizo de levitación y logró levantarse por el aire para evitar caer al vacío, hasta situarse encima de la estructura de piedra sobre la que se alzaba Naga. Entonces lo vio claramente; Naga había transformado la estructura de la cúpula de piedra en un inmenso gólem en forma de dragón con las alas extendidas, y ahora mismo ambos hechiceros se encontraban sobre el cuello de la criatura. Zelgadiss estaba totalmente asombrado al ver el gólem; Naga era realmente poderosa, pero también crear una criatura así era algo muy arriesgado. Aunque esa palabra no parecía tener cabida en el vocabulario de Naga.

Y como no podía ser de otra forma, Naga empezó a recitar otro conjuro. De inmediato el mago espadachín vio como todo el gólem fue rodeado de un halo de luz dorada, e inmediatamente reconoció el hechizo.

-¡Levitación!- gritó Naga.

-¡Estás loca!- contestó Zelgadiss, -¡No podrás levantar por el aire una mole como esta, y menos si ya has convocado otro hechizo!-

-¿Quién dice que no?- espetó Naga en su acostumbrado tono de seguridad totalmente carente de sentido común.

Para realizar varios conjuros a la vez hay que ser un mago especialmente poderoso, incluso alguien como Lina Invers solo podía convocar un hechizo sencillo como "Levitación" al tiempo que realizaba otro conjuro más completo… Así que invocar a un gólem-dragón como ese y luego alzarlo en el aire realmente era algo imposible. Pero para su sorpresa, Zelgadiss vio que era cierto. De alguna forma el poder de Naga sí bastaba para mover el dragón de piedra por el aire y mantenerlo de una pieza; es más, el gólem comenzó a batir sus alas de piedra como si realmente volara emitiendo un ensordecedor crujido al hacerlo. De inmediato Zelgadiss comprendió: las piedras de la torre estaban impregnadas del polvo de la Piedra de Sarvia y eso ayudaba a que los hechizos vertidos sobre ellas se multiplicaran. Naga, sin embargo, no parecía darse cuenta de ello y atribuía el logro de hacer volar a un gólem de piedra a su magnificencia como hechicera y por ello no paraba de reír atronadoramente.

- ¡Naga, haz que el gólem recoja los caballos y vayámonos de aquí rápido!- ordenó.

La hechicera le miró por encima del hombro y asintió; entonces, con un gesto de la mano, hizo descender al gólem y que persiguiera a los dos caballos que, merced de sus manos atadas, galopaban sin mucho éxito por la pradera para huir de allí. El gólem extendió sus garras de piedra y estas atraparon a los caballos con suavidad; a pesar de eso, Zelgadiss pudo ver el pánico en sus ojos y cómo coceaban tratando sin éxito de soltarse. Entonces alzó la vista hacia atrás y pudo ver como la mancha roja de Rezo y la mancha negra de Xelloss seguían enfrentándose en lo que quedaba de la cúpula de la torre; en lugar de uno de los representantes de Cephied, quién luchaba contra el Sacerdote Bestia no era otro que el último "portador" conocido de una de las 7 partes de Ojo de Rubí.

Zelgadiss se quedó mirando el combate subido al cuello del dragón de piedra, y fue entonces cuando comprendió claramente lo que estaba ocurriendo. Sus ojos grises se volvieron vidriosos, soltó un alarido lleno de frustración y dolor, hasta que finalmente sus piernas flaquearon y se dejó caer a horcajadas sobre la larga estructura de piedra, para sacudir un puñetazo al cuello de piedra sobre el que cabalgaba

-¡¡¡Maldita sea, maldita sea, maldita sea!!!- gritaba y bramaba con los ojos encendidos, -¿¡¡Por qué tienes que ocurrir algo como esto!!?-

Ajena a los bramidos de Zelgadiss, Naga seguía conduciendo al gólem por la planicie en una dirección indeterminada.


Continua en el capítulo-7 :"Reunión"