Fan fic de " Slayers " by Isa. Todos los derechos de autor están reservados a Hajime Kanzaka y Rui Araizumi y Tokyo TV, SOFTX; los personajes y el contexto. El argumento y personajes muy secundarios, son míos. Comentarios y opiniones, al final de la obra.
Esta versión es ligeramente distinta a otras que circulan por la red; la historia es la misma pero se encuentra actualizada en cuanto a nombres de hechizos y objeto; gracias a QP/Diana por la información facilitada.
Capítulo 7 "Reunión"
A Lina Invers siempre le había gustado el campo. Desde niña, en lugar de jugar a otros juegos considerados más de chicas, solía irse a recorrer las amplias dehesas repletas de vides, castaños y almendros que rodeaban la Ciudad Castillo de Zeefill. Le gustaba especialmente subirse a los viejos castaños y rebuscar tesoros escondidos entre sus retorcidas ramas. Era especialmente interesante cuando encontraba nidos de pájaros, sobre todo de urracas, porque estas solían esconder pequeños tesoros brillantes que habían recogido de quién sabe dónde. Con los años, esa afición infantil se había convertido en una práctica habitual, solo que en vez de buscar nidos de urracas, perseguía nidos de bandidos para quitarles sus tesoros.
El problema es que, mal que le pese, esa era una práctica que Lina Invers apenas había tenido oportunidad de practicar en el último año. Desde que se reuniera con su hermana, la hechicera pelirroja no había tenido muchas oportunidades de ser ella misma. Luna la controlaba y vigilaba en todo, y en cuanto veía el menor atisbo de indisciplina, siempre encontraba la forma de reprender a su hermana menor.
Así había estado ocurriendo durante un tiempo, hasta que una noche Lina no pudo soportar más reprimir sus impulsos de esa forma, y se dispuso a ejecutar el oficio que le había dado su conocida fama: "Cazar bandidos para robarles sus tesoros."
Después de todo, ella era la "Dra Mata."
De esa forma, cuando estuvo segura de tanto su hermana Luna como Gaury estaban profundamente dormidos en la posada donde iban a pasar la noche, Lina se calzó sus botas y guantes, rodeó la frente con su cinta de barbas trenzadas de dragón negro, colgó su corta espada a la cintura y echó la capa rematada con las características hombreras negras de concha sobre sus hombros. Esta noche iba a desahogarse y la gente volvería a conocer su nombre. Por supuesto tenía una buena razón para ello.
"Es posible que ellos sepan algo sobre el paradero de la Piedra de Sarvia" fue su banal argumento para justificarse. Después de todo donde encontró la Piedra por primera vez fue a mano de unos bandidos.
Dicho esto, abrió la ventana de su cuarto y saltó fuera invocando un hechizo de "Levitación" con el que se fue volando hacia las colinas que rodeaban la aldea donde los tres pernoctaban esa noche. Esa iba a ser una buena noche de caza.
Banal podría haber sido su excusa, pero cuando ya estaba amaneciendo, Lina volvió a la posada cargando un gran saco a su espalda y con una amplia sonrisa de oreja a oreja en el rostro. Había encontrado un grupo de bandidos no muy lejos de allí, les había asaltado al más puro estilo de la marca "Invers", y luego se habría apropiado de los tesoros que ellos guardaban y que ella consideraba de más valor. No había grandes objetos mágicos entre ellos, pero sí muchas monedas del antiguo reino de Lethidius… y dos golems de tamaño juguete que resultaban sospechosamente familiares. Tenían un escultural cuerpo femenino rematado por una caricaturesca cabeza. No obstante Lina intuía que tendrían un gran valor y se los apropió.
La alegría de Lina duró poco; cuando entró por la puerta de la posada, solo encontró al posadero y sus empleados ya trabajando allí… y a su hermana. Luna se encontraba de brazos cruzados vestida con su acostumbrada falda de volantes y su ajustado corpiño; sus ojos estaban tapados por su espeso flequillo, y el pie derecho tamborileaba de impaciencia sobre las baldosas del suelo.
-Her… hermanita.- alcanzó a decir Lina al verla desde la puerta.
-¿Qué, Lina¿Ya estás de vuelta de tus incursiones nocturnas?- preguntó Luna con tono peligrosamente calmo.
Lina tenía dos opciones: o contestar directamente la verdad, o hacer gala de una de sus representaciones teatrales que tan bien solían funcionar… pero Lina sabía que si bien eso tenía efecto con el común de los mortales, no con su hermana.
-Jajajajaja… Eso parece¿no?- rió nerviosamente, "Dios¿Cómo salgo de esta?" pensó.
-Creí que sabías que pensaba de esas actividades tuyas.- contestó Luna en el mismo tono calmo.
-Yo… yo… bueno… Nos hacía falta dinero, y…-
-NO nos hace falta dinero alguno, Lina. Ya me ocupo yo de eso y sabes bien que estamos bien de finanzas.-
- Pero Luna, -objetó Lina – No estarás gastando tus ahorros de tu trabajo de camarera que tan duramente has ganado.-
-No me des coba, Lina.- Ladró Luna.- Eso es mi problema. Y en cuanto a lo que traes ahí…- anunció mientras se aproximaba a su hermana pequeña.
De forma instintiva, Lina fue a cubrirse temerosa de lo que le esperaba: un glorioso golpe de parte del muy glorioso Caballero de Cephied. Pero cuando creía estar apunto de recibir lo que suponía inevitable, una voz idéntica a la de Lina, pero de tinte mucho más suave y educado, irrumpió por la puerta de la posada.
-Disculpad…-
Ambas hermanas se volvieron a la vez hacia la puerta y se quedaron allí congeladas de la impresión. En la entrada aguardaba una jovencita cubierta con una capa gris y un vestido de falda amplia; la joven era bajita y su cabello pelirrojo estaba recogido en sendas trenzas a ambos lados de su nuca.
El hecho en sí no habría sido tan especial si no fuera porque la chica en cuestión era idéntica a Lina.
Luna se separó de su hermana y se quedó mirando de hito en hito a la recién llegada. Efectivamente, esa chica era idéntica a Lina, pero al mismo tiempo, muy distinta; en lugar del acostumbrado aire de "marimacho" que tenía Lina, esta otra versión de Lina resultaba muy femenina, e incluso débil tanto en el carácter como en el aspecto físico.
-No quisiera molestar…- dijo la doble de Lina con voz suave.
-Oh, dios Cephied….- oyó Luna murmurar a su hermana mientras que la pelirroja se llevaba la mano a la frente.
-¿Qué significa esto, Lina?- preguntó Luna. Incluso su voz sonaba insegura por lo que estaba presenciando.
-¿Es usted Luna?-pregunto la recién llegada con suavidad.
La Caballero de Cephied asintió,
-Así es. ¿Y tú, si puede saberse?-
-¿Yo? Pues… Pues yo he venido siguiendo a mi original.- se explico la versión dulcificada de Lina lanzando una mirada de reojo a su doble.
Luna se giró hacia su hermana, que tenía una profunda expresión de hastío en el rostro. Entonces el posadero se acercó al grupo.
-¡Eh¿qué es todo esto?!-preguntó con rudeza, -Yo solo alquilé tres habitaciones a tres personas, no a cuatro.-
Luna frunció el ceño mientras que Lina seguía hundiéndose en su miseria particular.
-Diosssssss¿Qué puede ir peor ahora?-preguntó para si.
Entonces, bajando por la escalera principal que conducía a las habitaciones de la planta superior, hizo su aparición cierto mercenario espadachín de larga cabellera rubia.
-¡Holaaaaa, buenos días a…!- saludó, pero se quedó cortado al ver lo que había en la entrada de la posada.- ¡Lina, nunca me dijiste que tuvieses una hermana gemela!- exclamó.
-Cierto. Es algo que yo tampoco sabía.- añadió Luna.
-Cephied----Si podía ser peor.- concluyó Lina.
La doble de Lina recién llegada se ruborizó de forma notable, tanto que se llevó las manos cerradas como puños bajo la barbilla, como si intentara contener un grito de entusiasmo. Además de eso, ambas hermanas Invers repararon en que a la otra Lina le estaban temblando las manos y miraba a…. Gaury con una total y absoluta expresión de devoción.
-No, no puede ser…- balbuceó- ¡Pero que chico TAAAAAAAAN apuesto!- gritó.
-¿Huh?- fue la respuesta de Gaury.
Lina se equivocaba, podía ser mucho peor.
Era de noche.
Ella se encontraba mirándole a los ojos con una expresión de absoluta paz y adoración; su cuerpo reposaba boca-arriba en una superficie dura, madera posiblemente, mirando hacia su cara. Él hacía lo mismo pero a cuatro patas sobre ella, sus manos le sostenían a ambos lados de la cara de ella, y la miraba con la misma expresión de absoluta devoción. Ella dijo algo que él no alcanzó a entender, solo sabía que había movido los labios, pero no parecía que nada inteligible saliera de ellos. Él sonrió con suavidad, una de esas raras sonrisas que se concedía solo de ven en cuanto; al oírla, que no entenderla, se reclinó hacia ella nuevamente e intentó tomar los labios de ella con los suyos, con suavidad y cariño, pero movido por un profundo deseo de hacerlo. Lo hizo, y cerró los ojos sumergido en el deseo del momento, y disfrutó durante incontables segundos de esa sensación. Estaba emocionado, sentía que daba rienda suelta a algo que había deseado durante mucho tiempo pero que había reprimido. Sin embargo, fue consciente de cómo su mano, que teóricamente debía estar soportando su peso para no aplastarla, asía con firmeza un familiar mango de metal, el de su espada; y como esta se movía por una especie de voluntad propia. Entonces el beso se rompió, la boca de ambos se llenó del sabor acre y salado de la sangre; él se apartó de ella sobresaltado, y pudo ver con claridad como su cara se desfiguraba por el dolor al tiempo que escupía sangre por la boca; él soltó un grito ahogado y vio con más claridad todavía como el filo de su espada bastarda atravesaba su cuerpo desde atrás surgiendo entre los pechos de ella, cubriendo a ambos de sangre en el proceso. Entonces, para su horror, descubrió que no era otro que él quien la había ensartado con su propia espada de esa forma.
No se lo podía creer.
En ese momento, mientras que la veía contorsionarse por el dolor, sintió una mano en su hombro. Reconoció la sensación, era el sentido del tacto dormido por la insensibilidad táctil; sin verse, supo que su cuerpo volvía a ser de piedra. Entonces, quiso saber de quién era esa mano y se giró, y se encontró una vez más de cara a cara son su bisabuelo Rezo, que le miraba sonriendo con aprobación desde una sala de piedra medio en ruinas que reconoció de inmediato, la capilla de la que había sido su base en el último año de servidumbre a Rezo.
-Enhorabuena, mi berserker.- dijo este, - Has hecho muy bien tu trabajo. Felicitaciones.-
Zelgadiss se despertó sobresaltado, y se incorporó de golpe jadeando y sudando. Su mente tardó unos instantes en reconocer el lugar donde se encontraba. El cielo estrellado se extendía por el horizonte cubriendo una dehesa, y podía oír el quieto sonido del campo, con el canto de las lechuzas y el movimiento de los insectos y otros pequeños animales. El aire era frío y tembló envuelto en su capa, en gran parte también por el escalofrío que recorría su cuerpo.
Se giró hacia el fuego y vio que Naga montaba guardia mientras comía unas cuantas brevas, higos tempranos, recogidas de las higueras de la dehesa. Cerca de ella los dos caballos dormitaban de pie junto a un montón de heno. En cierto modo aliviado, Zelgadiss bajó la vista hacia sus manos para comprobar que estas seguían siendo de carne y hueso, y que no se encontraban manchadas de sangre…. Al menos en el sentido literal. También comprobó que el improvisado campamento estaba montado sobre el lomo del golem-dragón de piedra de Naga, pero que ahora este permanecía dormido, al menos durante el tiempo que su dueña así lo quisiera.
Zelgadiss suspiró pesadamente mientras se pasaba la mano por la cara, ahora ya más calmado.
-¿Te has despertado?- preguntó Naga tirando con indolencia las mondas de las brevas a los caballos, que ellos consumieron con gusto.- Creí que dormirías hasta la madrugada para hacer el cambio de turno.-
-Sí. –contestó Zelgadiss con la voz quebrada por el sueño.- Pero me he despertado por una pesadilla.-
Naga no dijo nada, se limitó a seguir comiendo brevas y Zelgadiss, sabiendo que no tenía motivos para prolongar la conversación, se dio la vuelta y volvió a sumirse en su intranquilo sueño.
Al amanecer, Naga dormía a pierna suelta mientras que Zelgadiss montaba guardia cerca del fuego y de los caballos. Pese al frío de la noche, Naga tenía una forma un tanto peculiar de dormir, repantigada por el suelo y apenas envuelta en su capa. Zelgadiss había observado que esa era más una característica de Lina que de Amelia, pero Naga parecía tener muchas trazas comunes con Lina además de con su hermana. La cosa no habría sido tan problemática si no fuera porque así Naga se arriesgaba a ponerse enferma por pasar frío, y porque esa postura no dejaba mucho a la imaginación en alguien que vestía como ella.
Pero Zelgadiss tenía otras cosas en las que pensar mientras aguardaba a que la portentosa hechicera se despertara. El sueño de anoche, aunque solo recordaba retazos de él, había sido muy claro. Entre las nubes del sueño podía recordar lo feliz que se sentía al tomar a Amelia de esa forma, pero sobre todo el horror que sintió al ver que la había matado. Él sabía que, de haber tenido alguna clase de relación con ella durante el tiempo que había estado siguiendo las ordenes de Rezo, el Monje Rojo le habría obligado a matarla sin miramiento. Su bisabuelo nunca habría permito que él hubiese tenido más vida que la de su completa servidumbre; si permitió que Ródimas y Zorlf estuvieran todo el tiempo a su lado fue sencillamente porque para Rezo ellos dos también eran sus sirvientes, pero en ningún momento Zel podría haberse permitido el lujo de entablar relación con nadie de fuera del escuadrón que Rezo mantenía para que le hicieran el trabajo sucio. De haber pasado, como bien sabía Zelgadiss, habría sido eliminado sin miramiento.
Zelgadiss desayunaba con desgana algunas de las brevas que Naga no se había comido, y un poco de queso de cabra aún blanco. Era un desayuno ligero comparado con lo que solía comer cuando viajaba con Lina, pero si lo bastante sustancioso como para quitarle el apetito. Sin embargo Zelgadiss no disfrutaba de su comida; no porque él tuviese el mismo interés que Lina y Gaury en probar cualquier "plato de comida típico de la región" a la primera de cambio, sino porque su mente no paraba de pensar en cosas que le daban dolor de estómago. Zelgadiss era de esa clase de personas que le gusta comer con calma y sin discusiones.
-Rezo…- murmuró.
Normalmente, cada vez que pronunciaba el nombre de su bisabuelo, este solía estar acompañado de una retahíla de sonoros calificativos no aptos para oídos pudientes. Pero ahora no sabía qué pensar.
De niño Rezo había sido su héroe particular, alguien a quién admirar en todos los sentidos, que le descubría un mundo lleno de cosas interesantes, se preocupaba por él y le quería; pero esos años de su infancia permanecían nublados en su memoria como si de un sueño se trataran. Durante el resto del tiempo, hasta justamente el día de ayer, Rezo se había convertido en todo lo contrario a lo que él había creído de niño: un ser cruel, manipulador, esclavista, hipócrita, falso y mentiroso que se ocultaba tras una falsa apariencia de santo. Zelgadiss no podía hacer otra cosa que odiarle.
Pero después de lo ocurrido el día de ayer, ya no sabía qué pensar.
Rezo se le había aparecido no en forma de "Espíritu de las Hadas", como se creía que eran esas tintineantes luces doradas que surgen en las oquedades del campo y las cuevas, sino en forma de fantasma perfectamente reconocible. Zelgadiss ya había tenido algunas experiencias previas con fantasmas y no-muertos, y realmente no era un tema que le atrajese mucho… Pero encontrarse de nuevo cara a cara con el causante de todas sus desgracias cuando ya lo creían bien muerto y enterrado, era algo que le descolocaba completamente.
Peló una breva más y dejó la piel negra del fruto en un montón que luego daría a los caballos. Encontró que le gustaba mezclar el sabor dulce de las brevas con el salado del queso blanco, pero su corazón y su mente seguían divagando con lo ocurrido el día anterior en la Torre de Rezo y no con el sabor del desayuno. Pese a lo mucho que lo odiase, había visto cómo Rezo sí parecía tener buenas intenciones respecto a él; Zelgadiss gruñó incómodo al percatarse de que si Rezo le había indicado dónde encontrar lo que quedaba de la Piedra de Sarvia es porque el Monje Rojo estaba al tanto de que la buscaba y por qué lo hacía. El mago-espadachín tembló involuntariamente al darse cuenta de que la situación de su sueño podría haberse dado perfectamente en otras circunstancias.
-En cualquier caso, el final ha sido el mismo…- murmuró para sí.
Pero, en ese caso¿Por qué Rezo le había indicado dónde, o mejor dicho, quién tenía lo que Zelgadiss buscaba¿Y por qué Xelloss había aparecido en ese preciso momento¿Acaso los Mazoku no buscaban la Piedra de Sarvia desde hacía ya tiempo¿O era algo que estaba ocurriendo ahora?... Si era lo que realmente parecía ser, entonces Rezo se había aparecido ante su biznieto para espiar su culpa ayudándole a lograr su objetivo… Y Xelloss pretendía evitarlo, o al menos conseguir la Piedra por él mismo. Zelgadiss sabía del poder de Xelloss y de Rezo, y había visto a ambos cómo se enfrentaban. Podría ser que todo fuese una comedia entre los dos, como dictaba su experiencia personal, pero no podía asegurarlo así después de lo que Joseffine había dicho.
-Menudo héroe de pacotilla estoy hecho…- exclamó para sí dando un sorbo a su cantimplora de agua, -Encuentro la Piedra de Sarvia, ayudo al Señor de los Demonios a resucitar, y luego a matarlo. Ayudo a toda la humanidad de este mundo por matarlo a él y a unos cuántos de sus subordinados… Soy un héroe que ha ayudado a acabar con todos ellos, pero no soy capaz de arreglar mi propia vida y vivir como una persona normal.- dejó la cantimplora a un lado y comenzó a reírse en voz alta, pero su risa era hueca y falta de alegría- ¡…Y encima no solo me persigue la gente a la que he salvado, sino que ahora también soy objetivo del Sacerdote-Bestia y ni siquiera estoy seguro de ello¡JAJAJAJAJAJA!-
Sus risas artificiosas hicieron que ambos caballos le miraran con las orejas cruzadas, y que Naga se despertara de su sueño. Las carcajadas, y menos una imitación tan pobre como aquella, eran materia suya.
- Zelgadiss, ahí que ver qué manera tienes de despertarme- gruñó en su habitual tono prepotente,- ¿Es que no sabes reírte como es debido?-
El mago espadachín se calló y la lanzó una mirada severa. Ella no era quién para juzgar la situación en la que él se encontraba en ese momento, pero Naga y él aún tenían algo que hacer juntos.
-¿Ya te has despertado?- preguntó en tono de afirmación, - Bien, termina de espabilarte porque tenemos que planear lo que vamos a hacer.-
Naga puso su habitual gesto de disgusto. Durante el breve tiempo que todos ellos habían permanecido todos juntos, él había notado que ese mismo gesto era el que ella adoptaba cada vez que Lina abría la boca.
-No veo dónde está el problema.- contestó ella mientras se incorporaba ajustándose sus hombreras claveteadas y la pesada capa de color añil sobre los hombros, - La Piedra de Sarvia la tiene la sacerdotisa del Hulagón¿verdad? Solo tenemos que ir a por ella y hacer lo que tenemos que hacer.-
Indudablemente, Naga era hija de Philionell. Por lo que veía, esa familia tenía cierta carencia de sentido común.
-No es tan sencillo, Gracia.- contestó Zelgadiss haciendo un ovillo las peladuras de las brevas, -Si lo que vimos allí es cierto, Xelloss no quiere que consigamos la Piedra Eso fue también lo que nos advirtió Joseffine: los Mazoku no quieren que consigamos la Piedra, pero la querrán para ellos.- explicó dándole las mondas de fruta a los caballos, que aceptaron gustosos.
Naga gruñó. Había llegado a un punto en que cada vez que Zelgadiss quería recalcarle alguna situación, él la llamaba por su nombre de pila, y Rezo también lo había hecho. Definitivamente esa familia no tenía respeto por la intimidad ni los secretos de nadie.
-No veo dónde está el problema, Ma-Kenshi.- contestó Naga. Si Zelgadiss podía ser ofensivo, ella también. –Indudablemente el encuentro con el Monje Rojo te ha nublado el cerebro. Sin duda ahora sabemos dónde está la piedra. Solo nos queda ir a por ella mientras que ese mazoku y el Monje Rojo siguen peleando entre sí.-
Zelgadiss gruñó. No estaba de humor para aguantar la cháchara de Naga.
- Es obvio que no has entendido nada de lo que está pasando. Xelloss es un mazoku de alto rango muy poderoso.- contestó el mago espadachín, - Rezo… no tiene posibilidades contra él.- contestó cerrando los ojos. Para Zelgadiss, el hecho de que Rezo hubiese atacado a Xelloss para salvarles seguía siendo algo asombroso.
- Muy bien. –contestó Naga en tono absoluto, como era usual en ella.- Entonces no perdamos más tiempo y vayámonos en busca de la sacerdotisa del Hulagón.- sugirió. Para Naga las cosas eran así de simples.
-No es tan sencillo.- contestó Zelgadiss al tiempo que empacaba las provisiones.- En primer lugar, no sabemos en dónde se encuentran Shilfild y Melina exactamente. Y en segundo lugar, si vamos por ellas directamente, revelaríamos a Xelloss su paradero y no podríamos hacer nada para evitar que ese maldito mazoku se haga con la Piedra antes de que yo tenga la oportunidad de usarla.-
- ¿Acaso le tienes miedo?- contestó Naga en tono jocoso.
-Solo un idiota no tendría miedo de alguien como Xelloss.-
Naga gruñó, pero alcanzó a darse cuenta (a su manera, pero cuenta al fin al cabo) de lo que Zelgadiss quería decir.
-Entonces¿qué sugieres que hagamos¿Es que ya tienes algún plan?-
Zelgadiss la miró sin decir nada, y luego se volvió hacia el horizonte. El cielo del este ya estaba más claro y empezaba a notar el calor primaveral.
-Nosotros solos no podemos hacer nada contra Xelloss, y me temo que tendremos que enfrentarnos contra él.- contestó en voz alta, casi como si hablara para si mismo.- Eso es algo que no podemos hacer solos, y ahora mismo solo se me ocurre alguien que pueda hacerlo.
-¿Quién¿Lina Invers?- adivinó Naga en tono molesto.
-No, su hermana Luna.- contestó Zelgadiss volviéndose hacia Naga- Ella sí puede enfrentarse a Xelloss.-
La reunión en la mesa del comedor de la posada había seguido su curso. Las dos hermanas Invers, el reflejo de Lina y Gaury habían estado intercambiando opiniones gracias a un soberano esfuerzo de paciencia por parte de Lina, especialmente en lo que se refiere en explicarle las cosas a Gaury. Además de eso, Luna también había estado escuchando a su hermana con su acostumbrada desaprobación en todo lo que Lina hacía… y su copia tampoco había contribuido a mejorar las cosas.
- Hmmmm, veamos si lo he entendido bien. –contestó Gaury cruzándose de brazos.- Esta otra Lina es una copia tuya pero en simpática¿no?- dedujo el espadachín señalando a la copia de Lina con el dedo, y ocasionando que esta se ruborizara de una forma notable.
- No es mi copia, es mi reflejo creado a partir del espejo mágico que un hechicero creó hace unos siglos para usarlo como arma definitiva.- explicó Lina.
-¿Y el arma definitiva es una copia de la gente que se refleja en ella?- preguntó Luna mirando a la copia de Lina, que aún seguía embelesada mirando a Gaury.
-Ajá.-contestó Lina, -Nadie querría verse a si mismo convertido en todo lo contrario a lo que es.-
Luna miró largamente a su hermana. Parecía que ciertamente Lina había aprendido un par de cosas desde que se fue de casa. Pero eso no resolvía el problema, así que se volvió hacia la copia de Lina.
-¡Eh, oye, despierta!- la llamó y esta pareció despertar de una ensoñación en la que estaba de tanto contemplar a Gaury. -Ya vemos que eres lo contrario a mi hermana aquí presente, así que me gustaría preguntarte algunas cosas.-
La otra Lina asintió obediente con un gesto de la cabeza.
- En realidad yo… soy idéntica a Lina.- explicó con suavidad, -Tengo sus mismos poderes, pero a mi no me gusta utilizarlos para hacer daño a los demás.- sus ojos se volvieron brillantes- Yo creo todas las personas deben resolver sus problemas hablando.- concluyó con determinación.
Lina dobló la cuchara que tenía entre las manos, mientras que Luna parecía indiferente a la reacción de su hermana menor.
- ¿Totalmente igual a mi hermana Lina?- preguntó Luna ignorando a ambas Linas, - Entonces… ¿tú también me considerarías tu hermana?-
La hechicera pelirroja miró a Luna asombrada, pero su hermana siguió ignorándola. Mientras, la otra Lina se llevó la mano a la barbilla, evaluando esa posibilidad.
-Hmmmm, sí, supongo que sí.- contestó tímidamente- Para mí usted también sería mi hermana… Mi hermana Luna.- contestó el reflejo de Lina con alegría.
-¿¡CÓMO!?- exclamó la verdadera Lina y sacudió unos cuantos golpes sobre la mesa con las palmas de las manos.- ¡¡Esto es increíble¡¡Tú no eres yo¿Entiendes?- gritó. -¡YO soy yo!-
-Lina.- intervino Luna con su acostumbrado tono frío y calmo- Compórtate y no hagas escenas, o atente a las consecuencias.-
Lina se quedó quieta en el sitio y pareció calmarse, solo lo suficiente como para contestar a su hermana.
-Pero Luna. Ella no soy yo; ella no puede ser tu hermana igual que yo lo soy.- razonó la pelirroja.
-Y yo no he dicho que lo sea.- contestó Luna con aplomo. Semejante respuesta hizo que la otra Lina casi la mirara con tono lloroso.- Dime, reflejo de Lina… ¿Te llamas así?- preguntó.
-Yo… siento mucho que no me considere su hermana pequeña, señorita Luna.- contesto el reflejo de Lina en tono compungido.
-Entiendo, pero al menos me gustaría saber cómo te puedo llamar.- objetó Luna con suavidad –Si eres el reflejo de mi hermana Lina, tu nombre debería ser "Nali" o algo parecido¿no?-
Ambas Linas abrieron los ojos en gesto de sorpresa, incluso Gaury intervino.
- ¡Hey, es verdad!- exclamó el espadachín.- Tú no puedes llamarte Lina porque no eres Lina. Te pareces a ella, pero eres mucho más femenina.- explico el rubio con su acostumbrada naturalidad ajena al peligro.
-¡Gaury! –amenazó Lina.
La otra Lina se puso más colorada todavía. Luna se percató que eso parecía pasarle cada vez que ella miraba a Gaury o este le decía algo.
-Muchas gracias por considerarme femenina, es todo un halago.- contestó- Pero la Señorita Luna tiene razón. Mi nombre tendría que ser Lina, pero la verdad es que todos me conocen como Elena.(1)-
-¿Elena?- inquirió Lina, -¿De dónde has sacado ese nombre?-
-Es el otro nombre que podías haber tenido, Lina.- aclaró Luna dando un sorbo al café de su desayuno. –Pero imagino que no te acordarías de eso.-
-Lina… Elena…- enumeró Gaury entonces, - Mejor; así será más fácil distinguiros.-
Lina miró a su rubio acompañante y asintió en silencio; Gaury tenía una forma muy simplista de ver las cosas, pero precisamente por eso había acertado en ese punto. No obstante había algo más que le intrigaba sobre su reflejo.
-¿Por qué me estabas siguiendo… Elena?- preguntó la pelirroja a su contrapartida, -Hacía muchos años que no nos veíamos.-
Elena parecía avergonzada por la pregunta de Lina, o al menos incómoda; pero todas las miradas estaban volcadas en ella y sabía que debía dar una respuesta. De todas formas ese era el motivo de que se hubiese reencontrado con su original y que estuviese allí.
-Yo… buscaba a los ladrones de esa guarida que usted atacó anoche, Señorita Lina.- explicó, -Ellos tenían algo que yo quería recuperar.-
Esa era una respuesta que ninguno de ellos se esperaba, y sorprendentemente la hechicera pelirroja intercambió miradas con su hermana Luna y con Gaury, quien se avino a intervenir en primer lugar.
-Eso no tiene mucho sentido. Si eres todo lo contrario a Lina, no entiendo cómo es que haces lo mismo que Lina… Tú no deberías atacar a bandidos para quitarles sus tesoros como hace ella.-
-¡Eh, eh!- exclamó Lina, incómoda.
-Gaury tiene razón, Elena.- añadió Luna, -No veo porqué harías lo mismo que mi hermana.-
-Yo… yo…- balbuceó la chica de las trenzas como si estuviera gravemente avergonzada,- Tenéis razón… No es propio de mí perseguir a esas pobres gentes que solo roban para poder vivir.- Lina casi se atraganta con su desayuno al oír eso, - Pero es que ellos me quitaron unos objetos que son muy importantes para mí.-
Pese a que Lina hacía grandes esfuerzos para recuperarse de la impresión y no empezar a toser su desayuno, había algo más que había captado su atención, y el brillo de la codicia alumbró sus ojos. Después de todo, ella era quién había atacado a los bandidos y quién ahora tenía sus tesoros… Debía haber algo de gran valor entre ellos como para hacer que esa pánfila reaccionase de es forma.
-¿Qué es ese objeto? –preguntó de repente la hechicera pelirroja, -Ellos tenían tesoros, sí… Pero no encontré nada que tuviera un valor especial.-
Luna taladró con la mirada a su hermana; estaba segura de que Lina ocultaba la verdad dado el olfato que tenía su hermana para con el dinero. Pero en esta ocasión no le parecía que Lina estuviese encubriendo la verdad totalmente. Por su parte, Gaury parecía pensar algo parecido.
-…Son unos regalos.- contestó Elena mientras que rubor teñía sus mejillas, -Regalos de boda.-
-¿¡Re… regalos de BODA!?- exclamaron al unísono ambas hermanas creyendo que se trataba de posesiones de esa joven.
-¿Lina haciendo regalos de boda? Eso es imposible.- fue el otro particular veredicto de Gaury, -Definitivamente esta chica no tiene nada que ver contigo.-
Pero Elena asintió, aparentemente ignorante de la expectación que había creado.
-Bueno, no son para mí.- aclaró la joven de las trenzas, - Sino para mi mejor amiga.-
Lina suspiró aliviada; lo último que se le había pasado por la cabeza era que su doble pudiera casarse con un joven en algún momento. Sorprendentemente era Gaury quién más se había acercado a la verdad, pues él no había asumido que Elena fuera a casarse, sino que esos regalos los estaba haciendo Elena.
-¿Quién es esa "amiga"?- preguntó Lina con temor. Tenía miedo de la respuesta, pero aún así, debía saberlo.
-¡Oh, pero si ya la conocéis!- contestó Elena con una sonrisa, -Es mi mejor y más preciada amiga… Una mujer maravillosa que ha encontrado al hombre de su vida.-
-¿Yo… la conozco?- preguntó una sudorosa Lina.
-Sí, por supuesto. Es Greisia.(2)- la hechicera pelirroja no pudo asociar ningún rostro conocido a ese nombre hasta que Elena terminó sus explicaciones.- Greisia es el reflejo de la señorita Gracia… aunque creo que ustedes la conocerán más como Naga.-
Ahora Lina sí que se atragantó: se vio cubierta por un montón de sudores fríos y empezó a temblar violentamente. Greisia era el nombre que debía haber recibido el reflejo de Naga, al igual que "Elena" era el de su propio reflejo… Pero lo que no esperaba en absoluto es que Elena considerase al reflejo de Naga como "su mejor amiga", y que proclamase semejantes bondades respecto a ella.
Luna, sin embargo, tenía otra visión de todos esos hechos.
- ¿Qué regalos son esos que dices que te quitaron los ladrones?- inquirió la Caballero de Cephied.
-¡Oh!, son dos golems de barro que realizó su prometido con ayuda de su futuro suegro… Tienen un gran valor.-
Al oír aquello, Lina pareció despertar de su estado de perplejidad mental.
-¿Dos golems de barro?- exclamó, -¿Unos que tienen un cuerpo con muchas curvas y caras como de… muñeco?-adivinó.
Elena dio una palmada de alegría al tiempo que soltaba una exclamación de alegría.
-¡Ah, entonces los tenéis¡Cuánto me alegro!- cerró los ojos en una mueca de coquetería, - Si, son esos… Los regalos del señor Gaira Eimberg, y su hijo Hyui Eimberg, el prometido de mi amiga Greisia.-
Gaury conocía muy bien a Lina, más incluso de lo que a su pelirroja compañera le hubiese gustado admitir. Sabía que Lina era codiciosa, charlatana, impulsiva, agresiva, y que tenía un irresistible deseo de querer resaltar por encima de cualquier situación… Pero igualmente sabía que debajo de esa capa de impertinencia y agresividad se hallaba una joven romántica y sensible al mundo y a los demás, aunque Lina no quisiera reconocerlo.
Era por eso que Gaury, pese a las muchas agresiones físicas y verbales que sufría por parte de Lina, tampoco se las tomaba en serio; esas cosas eran algo así como el tiempo, están ahí y punto, no se pueden cambiar porque lo que importa realmente es lo que ocurre después, al término de ellas, no en ese momento.
Pero por esa misma razón a Gaury no le gustaba el reflejo de Lina, la tal Elena… Ciertamente, la chica parecía poseer todo el encanto femenino que a Lina parecía faltarle, e igualmente no tenía las tendencias agresivas de la pelirroja Zeefiriana. Parecía que realmente Elena era todo lo opuesto a Lina, y Gaury la encontraba aburrida precisamente por eso: Elena no tendría ningún interés en probar platos exquisitos, ni en viajar ni conocer mundo, ni nada… se conformaría con una vida sencilla y monótona. De hecho, lo más probable es que nunca hubiese empleado los grandes poderes que poseía Lina aunque los hubiese heredado de su original.
Pero la principal razón de la desconfianza de Gaury hacia ella era que esa chica le parecía tener una doble moral, una totalmente opuesta a la de Lina.
El asunto en sí no habría tenido mayor trascendencia si no fuera porque ahora Elena guiaba a los tres, tanto las hermanas Invers como a él mismo, a Stoner, la ciudad de los golems, de donde eran nativos Gaira Eimberg y su hijo Hyui, el actual prometido del reflejo de Naga. Lina recordaba bien la ciudad, no solo por su gran memoria, sino porque allí aconteció otro de los grandes fiascos que había tenido en su búsqueda personal de ser más femenina y que como parecía ser lo habitual, había acabado en otro fracaso. Resultaba dolorosamente irónico ver que su propia versión femenina hubiese ido a parar a aquella ciudad.
Eso mismo hizo que se dirigiera a su reflejo con curiosidad, aunque no estaba segura de que Elena realmente se fijara en esos detalles.
-Dime, Elena…- empezó a preguntar.
-¿Sí?-
-¿Siguen Lord Granion y Lord Heissen con sus rivalidades políticas?-inquirió la pelirroja recordando los causantes del lío en que se vio envuelta durante su estancia en Stoner e intentando desviar la mirada de los ruinosos castillos que desde la distancia ya se adivinaban bordeando la ciudad.
-¡Oh, no!- contestó Elena con una sonrisa, una particularmente dulzarrona a gusto de Lina, - Después de tu estancia allí, ellos ya no gobiernan la ciudad.-
-¿Ah, no?- exclamó una sorprendida Lina,- ¿Y entonces quién lo hace ahora?-
-Una coalición de notables.- explicó la joven apartándose una trenza del cuello con coquetería, en un gesto que a Lina incomodó porque parecía dirigido a Gaury, que caminaba tras ellas.- Como por culpa de esos dos loores el gobierno de la ciudad estaba dividido y hecho un caos, después de que tú pasaras por aquí, hubo muchas quejas al rey, y al final, Lord Granion y Lord Heissen fueron despojados de sus poderes de mando. Luego se eligió un círculo de notables de la ciudad para que gobernasen en lugar de los dos loores.- se llevó la mano a la barbilla en un gesto meditativo, aunque igualmente sin dejar de ser coqueto.-… La verdad es que el señor Gaira Eimberg fue uno de los elegidos para el gobierno…-
-E imagino que rehusaría.- adivinó Lina.
-Sí, es verdad.- contestó Elena con una risita, que como todas las suyas, estaba llena de encanto femenino y coquetería, - Al señor Gaira no le gusta complicarse en asuntos de política.-
Luna caminaba junto a Gaury con gesto serio. Además de las habituales recriminaciones a Lina, había estado observando de cerca de su hermana, a quien no había vuelto a mencionar el incidente con los ladrones de la noche anterior, y ahora hacía lo mismo con Elena. Normalmente Luna tenía una mente clara, fría y ordenada, con un muy claro orden de prioridades… y en este caso, indagar sobre la tal Elena, reflejo mágico de su hermana, se había convertido en una de ellas. No era que Luna deseara vigilar de cerca a Elena, quién siendo lo contrario a Lina debía ser alguien tremendamente quieta y responsable, sino que deseaba comprobar algo por ella misma, especialmente algo referente a Elena y su claro –pero cohibido- interés por Gaury.
Además de eso, Elena les había pedido que volvieran con ella tras recuperar los golems, y las Invers habían accedido al saber que de esa forma encontrarían a Greisia, quién además de la prometida de Hyui Eimberg, también se había convertido en una eficiente sacerdotisa, cosa nada extraña dado que era el opuesto de Naga, y ella, siendo la princesa Gracia, nunca había tenido interés por convertirse en una sacerdotisa.
Esto tenía otro cariz: al tener Greisia ese dominio sobre la magia blanca, y dado quién era, tendría interés en ayudarlas en su búsqueda, (aunque las Invers habían acordado mantener en secreto todo lo posible lo referente a la muerte de la hermana de su original Gracia salvo que fuese estrictamente necesario decírselo) ella les podría ayudar sin problemas a averiguar más datos sobre lo que andaban buscando.
A medio día, tras un sosegado paseo por calzadas de piedra que conducían a su destino, las hermanas Invers, Gaury y Elena, llegaron a la ciudad de los golems. Elena estaba cansada después de la larga caminata que había hecho la tarde anterior y esa misma mañana de vuelta a la ciudad que se había convertido en su nuevo hogar, y al parecer el definitivo. Era obvio que la joven de las trenzas y la falda de vuelo, no estaba acostumbrada a semejantes trotes; no ocurría lo mismo con Lina, que con desagrado pudo comprobar como su cansado reflejo tuvo que ser ayudado por Gaury, quien muy en su caballerosa línea, le había ayudado a cubrir las últimas etapas del camino. Lina odiaba que Gaury la llevase en volandas o a cuestas cuando ella no podía caminar por alguna causa, pero en el fondo era un gesto que apreciaba en él; sin embargo, ahora tenía la impresión de que Elena había fingido estar más desfallecida de lo que parecía con tal de que el rubio espadachín la ayudara.
Por su parte Luna no dijo nada, sino que se limitó a seguir observando lo que ocurría; después de todo ella era el Caballero de Cephied y sus capacidades físicas estaban muy por encima de cualquier humano, incluso quimera, así que no se veía agobiada por el cansancio de una larga marcha. Su interés se centraba más en observar el comportamiento de los tres implicados.
Ajena a esos pormenores, la ciudad de los golems se alzaba a la orilla norte de uno de los lagos que alimentaba las fuentes del gran lago que separaba los Reinos de Seillon y de Ratelgueut, y por tanto sus aguas eran bastante quietas. Al igual que todos los lugares situados junto a grandes masas de agua, la temperatura en la ciudad era bastante constante, tanto en invierno como en verano, y las actividades que circulaban en la ciudad estaban muy relacionadas con el lago, cabiendo destacar la cantidad de limo extraído de sus orillas que servía como materia base para la creación de sus afamados golems. Tal vez la fusión de Nephimos, el espíritu de la tierra, con el del agua, hacía posibles semejantes buenos resultados gracias a alguna clase de variante del conjuro del "Bogardic Elm".
Dejando a un lado el detalle de su frustrada búsqueda que había llevado a Lina a detenerse en Stoner, la ciudad había experimentado un gran cambio estructura desde la última vez que Lina estuvo allí, cuando la onda expansiva de su "Dragon Slave" no solo destruyó el golem que controlaba Naga, sino también parte de la ciudad, incluyendo los castillos de los dos nobles que se habían disputado su gobierno y que ahora habían sido retirados del cargo.
Afortunadamente para Lina, no pasaron por la ciudad, sino que dieron un rodeo para tomar un camino de las afueras que conducía a una loma cercana al lago que, si Lina no recordaba mal, era por allí por donde se iba al hogar de los Eimberg. Al ser un camino menos transitado no tuvieron que cruzarse con tanta gente de la que entraba y salía, pero los pocos que lo hicieron (campesinos con sus carros de bueyes, comerciantes que iban a pie o a lomos de mula, o simplemente gente que trabajaba en los gremios de hechiceros artesanos de golems) quienes saludaban a Elena con sonrisas de aprecio y reconocimiento… pero en cuanto veían a Lina y se daban cuenta que no estaban viendo doble, se apartaban espantados de su camino.
Ciertamente, Lina había dejado una gran huella en esa ciudad… una muy distinta a la que dejaba Elena y la gente que tan cálidamente la saludaba al pasar. Y si bien Lina solo podía refunfuñar por lo bajo cada vez que uno de esos hombres anónimos se echaba a un lado del camino o directamente salía corriendo, la hechicera también tenía que soportar que Luna la mirara con profunda desaprobación y dijera cosas como: "¡Muy bonito, Lina!... Me pregunto qué más me queda por ver que no hayas hecho todavía."
Pero sorprendentemente, no la pegaba, sino que Luna no hacía más que eso. ¿Acaso era por la presencia de la tal Elena?
Cuando llegaron a la residencia de los Eimberg, que Lina recordaba con una casa-taller de dos plantas, con la vivienda a un lado y el taller de golems de arcilla al otro; la hechicera pelirroja encontró que ahora la vivienda era distinta, había cambiado respecto a como ella la recordaba. En primer lugar, tenía un ala más situada al otro lado de la casa en contacto a través de un pequeño patio por el que se accedía a través de una arcada... y en segundo lugar, había una cola de personas, todas ellas con algún tipo de lesión, que aguardaban su turno para entrar a esa parte de la casa en particular.
Al contrario de lo que Laila Eimberg, la hija de Gaira, siempre promulgaba sobre sus apuros económicos, la verdad es que a los Eimberg no les debía haber ido tan mal si podían haber hecho ampliaciones en su casa, pero ¿qué significaba toda esa gente con alguna clase de trauma esperando allí? Lina sabía que no se podía tratar de clientes que iban allí a comprar golems.
Cuando toda aquella gente, muchos con aspecto de campesinos y no de ciudadanos de Stoner, vieron llegar al cuarteto, saludaron a Elena con evidente alegría y afecto, pero sus voces se acallaron cuando vieron quién la acompañaba, la misma que había ocurrido poco antes en Stoner, y Lina volvió a sentir una punzada de disgusto. Con la cantidad de cosas buenas que había hecho por el mundo destruyendo tantos Señores de los Mazoku, la gente seguía recordándola como una hechicera temible que destruye ciudades y cosas así... Un poco mas y dirían que realizaba misas negras de adoradores de dominios o algo incluso peor.
-...No me extraña que te miren así, -murmuró su hermana Luna tras ella haciendo que la pelirroja se revolviera incómodamente, - No después de ver el destrozo que hiciste en la ciudad con tus hechizos.-
Gaury, sin embargo, no reaccionó, como si ya estuviera más que acostumbrado a ver cosas así, y siguió caminando como si tal cosa.
-Venga, vayamos para adentro.- arengó Elena con una energía inusitada en ella,- Greisia está en la Sala de Curación.-
-¿Sala de curación?- exclamó Lina sin comprender.
La susodicha sala resultó ser la estancia añadida a la casa, una gran habitación abovedada con varias estancias internas y una sala principal amueblada con bancos y divanes. Las paredes estaban adornadas con pentagramas y hexagramas de varios tipos, cuya finalidad en la Magia Blanca, aunque Lina desconocía cómo usar, estaba clara. Lo mismo con un tapiz que adornaba la pared del fondo, y los talismanes que había en varias urnas en estanterías en torno a la sala principal. La luz entraba a través de sendos ventanales en la pared principal así como de un óculo situado en el techo, completando el ambiente entre místico y acogedor de la sala. Lina no tenía dudas, esa mezcla entre templo y enfermería era la estancia de oficio de una sacerdotisa, una muy parecida a donde la propia hechicera pelirroja recordaba que trabajaba su madre cuando era niña.
Pero no fue la sala ni los pacientes lo que más la sorprendieron, sino la sacerdotisa que allí había atendiendo a los enfermos. Era una mujer alta, de cabello negro, largo y lustroso recogido en una gruesa trenza que caía a lo largo de la espalda, aunque sin evitar que el mechón de su coronilla surgiese respingón fuera de su cabello recogido; sus ropas blancas y moradas, con varios abalorios de protección situados en su cinturón y guantes hacían juego con el mismo de gran tamaño que adornaba su pecho, pero sin ocultar que debajo de todos ellos se escondía una voluptuosa forma femenina.
La identidad de la sacerdotisa, arrodillada frente a la pierna herida de un campesino, y de cuyas manos surgía el resplandor blanco típico del "Recovery", estaba clara. Era Greisia, el reflejo de Naga.
Lina no pudo contener la exclamación de asombro que surgió de su garganta; sabía que el reflejo de Naga era lo contrario de ella, del mismo modo que Elena lo era de la propia Lina... Lo que no se esperaba era que llegaría a ver a alguien como Naga vestida de esa forma tan decorosa y actuando de esa forma tan solícita y amable con sus pacientes. Aún así, tenía sentido: Naga era la princesa de Seillon, y como tal había sido entrenada para el sacerdocio, así que al igual que Amelia, era lógico pensar que el reflejo de Naga acabase ejerciendo de lo contrario a lo que la verdadera Naga había elegido hacer, o sea, ser sacerdotisa.
En cualquier caso, el hecho de saber de antemano que iban a encontrarse al reflejo de Naga convertida en sacerdotisa, no aliviaba la perplejidad de ver semejante escena.
Fue el paciente de Greisia el primero en reparar en las recién llegadas, en particular en Elena.
-¡Ah, Elena!- exclamó con la misma alegría que la gente que aguardaba su turno fuera, -¡Me alegro de verte!-
-¡Hola, señor Depar!- contestó la pequeña joven de las trenzas rojas, -¿Cómo se encuentra?-
Esto hizo que Greisia desviara su atención del paciente a quién estaba atendiendo, aunque sin detener el hechizo que tenía entre manos.
-Elena, te he pedido muchas veces que no distraigas a estas personas cuando estoy atendiendo sus dolencias.- se quejó suavemente la sacerdotisa.
-Perdóname, Greisia. –contestó Elena, azorada.- Pero han venido unas personas muy especiales que quieren verte.
Greisia se giró y se levanto de su puesto ignorando al campesino que había sido su paciente; no parecía tener mayor importancia ya que su pierna parecía completamente curada. Pero ese dato era ajeno a la atención de Lina, ya que claramente vio la expresión de asombro de Greisia al verlos aguardando allí en la puerta.
- Usted es... ¿es la Señorita Lina Invers?-balbuceo incrédula.
-Si, se podría decir que soy yo.- contesto Lina con un tono entre inseguro y molesto.- Y tú Greisia, el reflejo de Naga.-
-Si, soy yo.- contesto la sacerdotisa con amabilidad, para luego girarse hacia Elena, -No esperaba que fueras a buscarla, amiga.-
Elena se llevo la mano a la barbilla en ese gesto entre coqueto e inseguro que parecía tan suyo.
-Bueno, yo... no contaba con ello. Solo me encontré con Lina y con sus amigos.-
Greisia asintió en el mismo gesto amable, y luego miro al resto del grupo; allí no estaba Naga, aunque eso era algo que ya había notado, sino dos personas que le eran desconocidas: una joven de cara redonda rematada por una oscura melena de cabello liso, y vestida con una capa de viaje bajo la cual se adivinaba una falda de volantes y unas botas de ante. A su lado, como si una especie de guardaespaldas de ambos se tratara, iba un espadachín mercenario de larga melena rubia que también les miraba con curiosidad.
-Oh, creo que no conozco a sus acompañantes, señorita Lina.- anuncio con la misma educación.
A la hechicera pelirroja no le llevo mucho tiempo darse cuenta de que Greisia tenía los mismos delicados ademanes reales de Naga, pero que empleaba con cortesía y no con prepotencia.
-Nos presentaremos nosotros mismos.- intervino Luna sin mediar otra palabra, -Yo soy Luna Invers, hermana mayor de Lina.-explico apuntando a su hermana con un gesto de la barbilla.
-Y yo soy Gaury, Gaury Gabriev.- contesto el espadachín con una sonrisa. -Tú no nos conoces, pero todos nosotros ya conocemos a tu... euuuuh, original.- explico para sorpresa del resto.
-¿Conocéis a la Señorita Naga?- pregunto Greisia con el mismo gesto, -¡Vaya! Son muchas sorpresas para el mismo día.-
-¿Puedo levantarme ya?-interrumpió el ignorado campesino.
-¡Oh, perdone, me había olvidado!- exclamo la sacerdotisa, -Sí, por supuesto que sí. No es necesario que me pague el servicio, señor Depar.-
Al oír eso, Lina casi se puso mala; nunca se habría podido imaginar a Naga siendo tan despreocupada con el dinero. El campesino, sin embargo, parecía estar agradecido, así que se limitó a salir del pequeño templete.
Greisia, sin embargo, devolvió su atención al grupo de recién llegados; la expresión de sorpresa parecía haberse borrado de su rostro, y ahora lucía una mueca de timidez bastante similar a la de Elena.
-Bueno, tú ya sabes que sí la conozco.- explico Lina intentando romper el hielo, -Pero ella ahora está de viaje por otro lado.-
-En realidad hemos venido aquí para pedirte ayuda para ella.- explico Luna con su habitual tono autoritario que no daba lugar a replica alguna.
-¿Ayudarla¿Es que ha sufrido algún percance?- exclamó la sacerdotisa de voluptuosas formas.
-No, no lo está.- explicó Gaury con suavidad, -Pero tiene un problema muy grande y creemos que podrías ayudarla... En cierta forma también te incumbe a ti.-
-¡Por Cephied!- exclamo ella llevándose la mano a la barbilla con gesto de preocupación, -¡No estará en peligro!-
-No, que sepamos.-contesto Luna, -Pero sus problemas...- explico mirando de reojo a Elena que escuchaba la conversación con los ojos muy abiertos,-...también te pueden incumbir.-
-Entiendo.- contesto Greisia tras una pausa, -En ese caso, hablaremos sobre ese problema en cuanto haya acabado con mi jornada. Si me disculpáis, hay mucha gente que espera mis servicios de sacerdotisa.-
Lina y los demás supieron que no tenía caso intentar hablar ahora con Greisia, y menos con la cantidad de gente que esperaba fuera. Una vez más, quedaba claro el orden de prioridades del reflejo de Naga, y también que mucha gente de la que allí iba lo hacía porque la consulta debía salir gratis.
No pudiendo hacer nada más, Elena les condujo a la explanada frente a la casa de los Eimberg donde parecía que ahora residían ambos reflejos, aunque ese era un detalle que ninguna de las dos había explicado. Lina recordaba lo mucho que Laila Eimberg se quejaba de... bueno, todo, y sabía que esa joven no vería con muy buenos ojos su regreso, como si la hechicera pelirroja anunciara grandes catástrofes. No se podía decir lo mismo sobre su padre, Gaira Eimberg, quien había admirado a Lina desde el principio.
-Esperareis aquí fuera a que termine. –anunció Elena,- Mientras, sería mejor que vaya preparando las habitaciones para las visitas… Los Eimberg están trabajando en los talleres de la ciudad y no volverán hasta la hora de comer.-
Y diciendo esto, Elena se retiró en silencio al interior de la casa mientras las Invers y Gaury se quedaron fuera contemplando al grupo de clientes que venían a la consulta de Greisia. Luna no dijo nada y se limitó a sentarse sobre un poyo de piedra al lado de uno de los muros del edificio cubierto por unos parrones que daban sombra al conjunto, mientras que Lina cruzaba las manos tras la nuca, sin que aparentemente las aparatosas hombreras que llevaba le molestaran al hacerlo.
-Bueno…- suspiró.- Parece que solo podemos esperar. –cerró los ojos.- Y también tendré que saludar al viejo Eimberg otra vez….-
-¿Te molesta?- inquirió Gaury, -Parece que ese hechicero fabricante de golems realmente te tenía aprecio.-
-Sí y no. –contestó Lina sacudiéndose su brillante cabellera pelirroja,- Gaira Eimberg es uno de esos personajes famosos que cuando conoces, casi prefieres no haberlo hecho.-
-Entonces, lo que importa es que podamos hablar con Greisia.- contestó Gaury recostándose sobre el muro del edificio.- Eso es lo principal.-
Al oír aquello, Lina se sorprendió pensando lo claro que Gaury siempre tenía cosas que iban más allá de lo que en principio parecía esperarse de él.
Aproximadamente una hora y media más tarde, Greisia había acabado ya con todos los clientes y salió del pequeño templete donde hacía sus curas para encontrarse con las Invers y Gaury. Greisia parecía diferenciar entre su trabajo de sacerdotisa de curas y su vida personal, así que se había quitado todos los abalorios de Magia Blanca que le habían visto llevar mientras hacía su trabajo, y ahora lucía unas ropas totalmente modestas y discretas que incluso parecían disimular aún más su voluptuosa figura. Ahora se dirigía hacia ellos hasta detenerse frente a la puerta de la casa.
-Disculpad por haceros esperar.- exclamó, -No podía dejar sin atender a toda esa gente.-
-No te preocupes por eso.- contestó Luna, -Lo importante es que podamos hablar contigo.-
-Entiendo…- asintió Greisia,- ¿Y Elena¿Dónde está?-
-Ha dicho que tenía cosas que hacer y que volvería más tarde.- explicó Gaury, -Así que nos hemos quedado aquí.-
-Oh, ya veo.-contestó la sacerdotisa, -Elena es muy perfeccionista con las tareas del hogar, así que se ocupa mucho para tenerlo todo listo. No me extraña que no os haya dejado pasar todavía.-
-Entonces¿no podemos pasar?- preguntó Lina un tanto incómoda.
-Por Cephied, claro que podéis.- contestó Greisia con una sonrisa.
Y diciendo esto, sacó una llave de sus enaguas y abrió la puerta de la casona.
Una vez Greisia abrió la puerta de la casa, las Invers y Gaury siguieron al reflejo de Naga a la planta superior de la vivienda principal de los Eimberg. Según recordaba Lina, allí era donde se encontraba las habitaciones y dormitorios de la casa; al otro lado de las mismas, estaba el taller donde Gaira Eimberg llevaba a cabo sus creaciones. De todas formas, y a pesar de todo, el propio Eimberg –extravagante como era- había destruido una parte de la planta superior de la casa para encerrar en su interior a Lina mientras dormía, y allí usar su potencial mágico para hacer mover a ese penoso y caricaturesco golem que Lina le inspiró.
Como tantas otras cosas, la "Dra Mata" solo pudo apretar los dientes y gruñir para sus adentros ante el recuerdo de aquello.
Greisia subió las escaleras con paso tímido y suave, algo que parecía inherente en ella; las Invers no esperaron la vista de ella, mientras que Gaury miraba aquí y allá con curiosidad, y también con alivio al ver que Elena ya no estaba con ellos. Pero al llegar al rellano, todos acabaron chocándose entre sí cuando Greisia detuvo súbitamente el paso.
-¡OUCH!- exclamó Lina, -Greisia¿Qué haces?- preguntó molesta.
-Lina, compórtate.- replicó Luna, y con un gesto de la barbilla, señaló la causa de que la sacerdotisa reflejo de Naga se detuviera tan de repente.
Greisia había estado a punto de chocarse con otro de los miembros de la familia Eimberg, una joven casi tan alta como la propia sacerdotisa, cara redonda, ojos grandes y abundante cabellera pelirroja recogida en un moño con trenzas a ambos lados de la cara, y que vestía ropas de burguesa de clase media. No era particularmente guapa, pero sí tenía cierto atractivo, sobre todo en...
-¡Guau!- exclamó Gaury con admiración, -Está bien¡Ay!-
Lina le había metido un codazo en el costado al rubio espadachín, sabedora que allí no había armadura que le protegiera de sus golpes.
-¿Por qué me pegas?- se quejó desviando sus ojos azules hacia ella, -¡No he hecho nada!-
-No. Pero ibas a decirlo.-replicó Lina.
Mientras, un poco más arriba, la recién llegada hablaba con Greisia.
-Perdóname, hermana... no te vi llegar.-anunció la recién llegada que Lina había reconocido como la hermana menor de Hyui, Laila Eimberg. Una joven (ya no tanto después de los años que había pasado) que parecía estar gafada en todo lo que hacía, aunque por la forma de dirigirse a ella, parecía que ya aceptase a Greisia como parte de la familia.
-Oh, no pasa nada, Laila.- contestó el reflejo de Naga con su extraño tono educado.- Yo tampoco me di cuenta. No sabía que estuvieras ya en casa.-
-Bueno, entré por la puerta del taller.- explicó Laila, -Por eso no me veríais pasar.-Y diciendo esto, se apartó el rellano de la escalera para dejar sitio al resto del grupo.
La única mujer de los Eimberg miró tras Greisia para encontrarse cara a cara con alguien que creía conocer y otras dos personas más, una mujer de cabellera lista y gesto serio, y un espadachín con aspecto de mercenario de larga cabellera rubia, un tipo de personaje no muy habitual en una ciudad como Stoner, aparte de los antiguos soldados bajo las órdenes que antes de la llegada de Lina gobernaban la ciudad.
-Elena... ¿Has traído invitados? No me habías dicho nada.- preguntó Laila dirigiéndose a Lina, y obviamente confundiéndola con su reflejo. Luego se volvió hacia Luna y Gaury.-Disculpad que tengamos que atenderles de esa forma...- anunció bajando la vista.
-Laila...- contestó Lina, -Yo no soy Elena.-
Para sorpresa de la hechicera pelirroja, Luna se apartó ligeramente para dejarla sitio y que Laila pudiera verla con más detalle; parecía que la mayor de las Invers era consciente de que ese era terreno de la "Dra Mata".
-Soy Lina.-aclaró.
-¿Li...Lina¿¡Lina Invers!?-exclamó Laila visiblemente nerviosa.
"Ya está... A que lo hace." pensó Lina viendo la inevitable reacción de la joven Eimberg.
Y así fue, como Lina predijo para sí, Laila sonrió de forma visiblemente forzosa de oreja a oreja, y sus ojos se volvieron vidriosos.
-¡Lina Invers!- gritó – ¡La hechicera que tanto hizo cambiar esta ciudad y a mi familia! –mordió la manga de su blusa y la aguantó entre los dientes mientras sus ojos se volvían llorosos.- La desgracia ha caído sobre nosotros... Otra vez, todo cambiará.- predijo en tono lúgubre.
-Laila...- exclamó Greisia.
-Vaya, Lina...- exclamó Gaury con los ojos muy abiertos, - ¿Qué le hiciste a esta chica? Parece conocerte bien.-
La pelirroja, irritada por la actuación de la única mujer Eimberg y de Gaury, iba a decir algo, pero la mano de Luna se interpuso pidiendo silencio.
-Ya basta de charla.- ordenó la Caballero de Cephied.- Tenemos asuntos más importantes que tratar.-
Laila se volvió hacia Luna con sorpresa y cierta molestia por el tono tajante de esa mujer desconocida.
-Greisia... aparte de Lina¿Quiénes son toda esta gente?-preguntó,- ¿Qué hacen en mi casa?-
El reflejo de Naga dirigió una avergonzada mirada de soslayo a Lina y sus acompañantes y luego se giró hacia la que iba a ser su cuñada.
-Son la hermana de Lina Invers, Luna, y un espadachín amigo de ellas.-
-¿Cómo¿La hermana de Lina?- exclamó Laila. Pero no pudo seguir hablando: de repente se oyó una potente voz masculina tronar desde abajo.
-¿¡LINA INVERS!?- exclamó esa voz que la pelirroja reconoció de inmediato.
La "Dra Mata" se llevó la mano a la cara sin ningún disimulo y volvió la vista hacia atrás imitando a los demás. Abajo, al pie de la escalera todos vieron que Elena había vuelto ya acompañada por otros dos individuos; el primero era un hombre barbudo ya entrado en años pero de extraordinaria condición física, empezando por una gran altura y por ojos vivos y chispeantes, que iba vestido con un traje de faena entre los que destacaba un chaleco de cuero que seguramente le protegía en su trabajo. Junto a él, pese a ser más joven, se encontraba otro hombre de menor estatura (aunque comparable a la de Gaury) y rasgos más finos, que iba vestido de una forma similar y del que destacaba sobre todo una tupida cabellera de color castaño claro, casi pelirrojo. Lina no tardó en reconocerlos: Gaira Eimberg y su hijo Hyui.
Para el grupo que iba buscando la Piedra de Sarvia en dirección a Sairag, lo que después pasó se podría considerar casi como un retraso. Los Eimberg, al contrario de lo que Lina había esperado, estaban muy contentos por tener de nuevo a Lina Invers en su casa… especialmente en el caso del patriarca de la familia quien tenía una devoción especial por la hechicera.
Sin que pudieran evitarlo, todos ellos fueron arrastrados al salón principal de la casa –una estancia hecha de madera y piedra de decoración básicamente funcional salvo por algún tapete de puntilla o un jarrón con flores- donde se sucedieron los saludos y las presentaciones. Así fue como descubrieron que al parecer Gaira había aceptado en su casa a los reflejos de Lina y Naga cuando estas aparecieron vagando sin rumbo en las calles de Stoner; el recibimiento de ambas no había sido bueno dado que todos las confundieron con sus originales, pero Gaira, en recuerdo de lo que había servido su encuentro con Lina, le había ofrecido su casa. Pronto descubrieron que ellas no eran quienes aparentaban ser, sino todo lo contrario, aunque guardaban recuerdos y parte de la identidad de sus originales.
Fue entonces cuando finalmente las dos se quedaron a vivir de forma definitiva en casa de los Eimberg. Hyui se había mostrado especialmente interesado en acoger a Greisia, el reflejo de Naga, quien desde el momento en que se afincó en aquella casa, comenzó a ayudar económicamente a la familia ejerciendo de hechicera, mientras que Elena ayudaba en las tareas domésticas.
-…Elena ha sido de gran ayuda a esta familia.- explicó Gaira mientras miraba al reflejo de Lina con un gesto de la mano, -Pero nunca ha querido ayudarme con su magia en la creación de mis golems.-
-Por favor, señor Eimberg, no diga esas cosas. –replicó ella con suavidad, -Sabe que no creo que deba usarse la magia para fines lucrativos… Y también que la creación de golems no es mi especialidad.-
-Mira… en eso estoy de acuerdo.- Oyó Gaury como murmuraba Lina.
Gaira estalló en carcajadas.
-Sí, claro que sí…- entonces se volvió hacia Lina, -Pero con la "Dra Mata" otra vez en casa, mis deseos de hacer nuevos y buenos golems han aumentado.- anunció.
Elena dio un respingo y miró a Gaira y a su original con expresión de desconcierto.
-Pero si yo… soy como ella.-musitó de forma apenas audible.
Greisia, sin embargo, estaba encantada de vivir allí. Sabía que a pesar de todo lo que su original había provocado en la ciudad, ella por fin podría tener un lugar donde vivir con tranquilidad y practicar sus artes sanatorias; sus grandes poderes de magia blanca ayudaban a muchos ciudadanos de Stoner, sobre todo cuando sufrían accidentes en los talleres de golems, y pronto su popularidad se hizo grande, más incluso que la del templo de la ciudad, especialmente si se tiene en cuenta que en ocasiones no cobraba nada, salvo la voluntad. Hyui además había encontrado en ella toda la atracción que había visto en Naga, solo que en este caso, Greisia sí había respondido a su… admiración.
Finalmente, tras algún tiempo de estrecha convivencia, ambos habían decidido casarse, cosa que fue gratamente celebrada por toda la familia, vecinos y compañeros de gremio. Greisia se había mostrado muy entusiasmada con la idea, y de esa forma Gaira y su hijo habían usado su arte para crear un par de golems entre los dos que mezclaba el estilo de ambos. Esos golems le serían regalados a Greisia por su boda en solo unas pocas semanas, pero desafortunadamente fueron robados por una banda de ladrones que asaltaron los talleres de los Eimberg hacía dos noches. Lina sabía que esa familia era, irónicamente, muy conocida por su maestría en la creación de golems, y sin duda eso había atraído a esos bandidos ansiosos por conseguir una fortuna fácil.
La misma que ella había presupuesto cuando vio ese par de golems.
Después de dos días de búsquedas improductivas entre los compañeros del gremio y la guardia de la ciudad, Elena se había ofrecido a usar por primera vez sus poderes en ayudar a su amiga. La doble de Lina averiguó el paradero aproximado de los bandidos y les localizó usando las mismas habilidades de su original, los hechizos de búsqueda que ella también tenía pero que no había usado al menos hasta ese momento. Gracias a eso, Elena se había lanzado a recuperar los preciados golems de manos de esos ladrones al margen de lo que los demás hicieran, aunque Greisia sabía que algo había ido a hacer ella sola la noche pasada. Fue entonces cuando vio que su original también había atacado a los bandidos, y la siguió esperando poder reunirse con ella y recuperar los regalos.
-..Fuiste una imprudente.- espetó Lina con voz severa.
-¿Perdón…?- replicó su reflejo con incredulidad.
-¿No te das cuenta?- exclamó Lina, -¡Mírate!... Sé que tienes mis mismos poderes y posiblemente guardes la misma experiencia que yo tenía cuando surgiste de mí… Pero lo que estabas haciendo es totalmente inconsciente.-la regañó, -No puedes atacar a un grupo de bandidos yendo de frente y sin ningún tipo de protección mágica ni nada. Más si te falta práctica.-
Elena boqueó sin saber que decir, y más aún cuando Hyui intervino dándole la razón a su original.
-Lina tiene razón… Corriste muchos riesgos lanzándote a por esos bandidos sin estar habituada a luchar.-hizo una pausa.- Al menos deberías haberte puesto los atributos de hechicera que tenías cuando llegaste aquí.-
-Señor Eimberg…- exclamó Elena buscando con la mirada el apoyo del patriarca de la familia. –Yo solo quería ayudar.-
-Estoy de acuerdo con mi hijo.-respondió el barbado hombre asintiendo con la mirada, -Te agradezco tu intención, pero era peligroso.-
Elena parecía apunto de echarse a llorar, pero entonces Greisia se acercó a ella y la tomó por los hombros en un gesto reconfortante.
-Está bien, amiga… No te preocupes más por eso. La intención es lo que cuenta.-
Lina estaba convencida de lo que había dicho, y pudo comprobar que el resto del grupo allí reunido también, pero le sorprendieron los ademanes de Greisia, tan tímidos y educados comparados con los de Naga: era como si al mismo tiempo esa mujer mostrara toda la belleza y voluptuosidad que Naga podía tener, pero que al mismo tiempo la hubiese transformado en cálida feminidad. Vio entonces que Hyui la miraba con una expresión extraña, una especie de cruce de deseo y rechazo por ella.
-Yo creo que no debería haber más problemas.- anunció de repente Gaury dirigiéndose al joven Eimberg devolviéndole a la realidad.- Lo importante es que ya tenéis el regalo.-
Lina parpadeó; había tenido la sensación de que la intervención de Gaury no había sido casual.
El resto de la reunión de desarrolló en torno a la mesa de comida. Elena y Laila habían cocinado el almuerzo como al parecer era lo habitual en esa familia porque Greisia, según se supo, no tenía muchas nociones de cocina (algo que Lina encontró lógico dado que Naga siempre había destacado en todo, incluyendo las labores del hogar) así que los varones de la familia se dedicaban a su trabajo en los talleres de golems de la ciudad para los encargos generales, y en los talleres privados de la hacienda para los encargos particulares.
Durante la comida, hablaron de muchas cosas, quedando así en evidencia el carácter de cada cuál. A los Eimberg no les costó mucho trabajo tener una buena impresión de Gaury, pese a que el rubio espadachín no parecía muy avispado mentalmente y que los soldados mercenarios no son individuos que realmente guste a "las gentes de bien". Lina no podía negar que Gaury tenía una bondad innata que hacía que la gente no huyera de él, y lo que ahora estaba ocurriendo con esa familia era prueba de ello. Por otro lado, Gaira mostró repetidas veces que guardaba un genuino afecto por Lina, y para sonrojo de esta, la llamó "mi inspiración" en varias ocasiones durante la comida mientras la rodeaba el hombro con un brazo… lo que le valió varios golpes y gritos por parte de la hechicera.
-Lina… Señor Eimberg…- dijo de repente Luna mientras que comía con su habitual calma, -Estamos comiendo, así que por favor, guardad vuestros modales.-
De inmediato ambos obedecieron; incluso el fuerte carácter de Luna se había hecho evidente entre los Eimberg y se sentían intimidados por las órdenes del Caballero de Cephied. Greisia no pudo más que soltar una suave y disimulada risita al ver cómo su futuro suegro reaccionaba a sus órdenes, mientras que Elena permanecía incómodamente silenciosa.
Cuando el almuerzo finalizó por fin y la mesa del salón principal estuvo recogida, Lina desabotonó los enganches de su capa y hombreras para quitársela de los hombros y luego dejarla caer con un movimiento ampuloso sobre la mesa principal del salón; durante todo ese tiempo la estuvo sujetando por las enjoyadas hombreras que llevaba mientras murmuraba suavemente unas palabras y por último la sacudió levemente. Al hacerlo, los bolsillos mágicos del interior del forro de su capa se abrieron dejando que salieran a la luz las sacas donde la hechicera pelirroja había guardado los objetos que les había quitado a los ladrones la noche anterior.
-Un hechizo muy interesante.- la alabó Gaira.
-Sí... Me vienen a la cabeza unas cuantas veces que me habría sido útil.-añadió Hyui en el mismo tono.
-Es un conjuro muy sencillo de magia astral, pero muy útil.-explicó Lina mientras removía el contenido de las sacas buscando los golems de los Eimberg. –En realidad todos los hechiceros que viajamos por el mundo solemos usarlo para llevar nuestras cosas sin problemas.-
-Yo también lo conozco.- apuntó Elena-... Solo que no lo he usado.-
-¿De verdad?- exclamó Laila, - Creo que podrías ayudarme con eso cuando voy a hacer la compra. Subir la cuesta desde la ciudad yendo tan cargada es muy pesado.- sugirió Laila en un educado tono recriminatorio.
-Lo siento... no se me había ocurrido. –se disculpó Elena, azorada. -No me gusta usar la magia.-
Luna miró al reflejo de su hermana y suspiró para sí. Para ella, había cosas que cada vez estaban más claras.
-Bueeeeeeno, aquí están.- exclamó de repente Lina sacando los golems envueltos en trapos del interior de una saca y ofreciéndoselos a los Eimberg. –Aquí teneis.-
-Gracias.- contestó Hyui tomándolos con suavidad para luego volverse hacia Greisia.-Cariño, esto es el regalo que robaron. Supongo que ya imaginarás qué es, pero prefiero que no lo veas hasta la boda.-anunció.
-Oh, no pasa nada.- contestó Greisia con una sonrisa tan dulce como solían ser las de Elena.
-Lina... ¿En serio que se los vas a dar sin cobrarles nada?- preguntó Gaury cándidamente.
-¿Cobrarnos?-inquirió Gaira, sorprendido.
-Sí. Lina es de las que saca dinero por cualquier cosa.- explicó el rubio espadachín.
-¡¡Callate, Gaury!!- le increpó la hechicera pelirroja sacudiéndole un codazo en mitad de la cara, -¿¡Cómo quieres que les cobre por algo así!?-
El espadachín mercenario reculó hacia atrás por el golpe sin comprender el cambio de actitud de Lina, quien a su juicio siempre aprovechaba la menor oportunidad para cobrar por su trabajo, así que no podía entender por qué en esta ocasión no lo había hecho. Pero menos comprensible resultó que de repente Elena saliera corriendo a socorrerle.
-¡Gaury¿estás bien?!- exclamó.
-¡Ayayayayaya...yyyy... qué golpe!-se quejaba él.
Lina se quedó perpleja viendo como su reflejo asistía a su guardián, y luego su expresión se volvió furiosa sin que ella se diera cuenta. Fue entonces cuando Luna intervino.
-Elena, Lina... No hagáis más escenas. Gaury está bien.-
-Pero no es así…- replicó el reflejo de la pelirroja, -Lina le ha tumbado de un golpe. –Se giró hacia ella, -¿Cómo puedes ser tan bruta?-
-¿Y qué más da?- bufó Lina, incómoda por la reacción de Elena, sospechosamente parecida a las de Shilfild. –Eso no es nada. Gaury puede aguantar cosas mucho peores.-
-Tiene razón, Elena.- contestó Gaury incorporándose evitando su ayuda pero con la cara aún roja, -No me importa.-
Elena se sintió despechada una vez más y buscó la cercanía de Greisia para sentirse apoyada, pero en ese momento Luna cogió al reflejo de Naga por la muñeca y la apartó del resto del grupo; la tímida sacerdotisa no parecía tener voluntad para negarse al rudo trato de Luna y se dejó arrastrar casi sin esfuerzo e ignorando a Elena.
-¿Qué hace, señorita Luna?- replicó en tono molesto pero sin pasar de aquello.
-Lina.- exclamó la caballero de Cephied mientras la arrastraba fuera del salón.- Encárgate tú de socializar mientras yo hablo con Greisia, pero nada de peleas tontas con Gaury o con Elena¿Está claro? O si no, nunca acabaremos.- ordenó en tono rudo. –
La pelirroja miró a su hermana y comprendió; Luna no era la persona más dada a sutilidades y era evidente que la repentina intromisión de los Eimberg era un retraso en lo que tenían que hacer, así que había dejado la responsabilidad social a Lina mientras que ella se encargaba de lo realmente importante. A veces, Lina no podía hacer otra cosa que admirar el peculiar sentido de la responsabilidad de su hermana mayor.
Por su parte, Elena, obediente, solo asintió con la cabeza.
Luna subió las escaleras arrastrando a Greisia, quien al contrario que su original, había tenido el suficiente sentido común para darse cuenta que el comportamiento de Luna tenía un importante por qué, y dejó que ella actuase.
-Vayamos a tu habitación.- ordenó Luna en su acostumbrado tono tajante.
-Como desee… Ahí podremos hablar las dos.-
-Y sin interrupciones.- espetó Luna.
Greisia abrió la puerta de su cuarto y dejó paso a una habitación embargada de un embriagador olor a flores.
-Adelante, pase y siéntese.- ofreció.
La entró en el cuarto ignorando la excesivamente femenina decoración del mismo, y se sentó en la única silla de aquella habitación.
-Será mejor que te sientes, Greisia.- fue su irónica sugerencia mientras señalaba el catre de ella.
Como era de esperar, el reflejo de Naga obedeció recogiéndose la falda para sentarse sobre el colchón de lana.
-Es sobre tu hermana menor… La hermana de tu original, quiero decir.- anunció.
Greisia salió a la carrera de su cuarto con los ojos llenos de lágrimas y el largo cabello negro alborotado a pesar de llevarlo recogido en una trenza. Sus ademanes y la escena en general tenían un curioso parecido al de una mala obra de teatro llena de dramas sin sentido; aún así, Luna no hizo nada para detenerla.
Greisia bajó los escalones de dos en dos haciendo que sus pasos resonaran ruidosamente sobre el piso de tablas de madera, aunque con la algarabía de la planta inferior, nadie lo notó hasta que la joven sacerdotisa entró en el salón principal de la casa gritando:
-¡¡Hyui!!-
El aludido se giró hacia ella y sin que pudiera evitarlo, vio cómo su prometida se lanzaba sobre él sin detenerse.
-¡¡Ha muerto!!- exclamó Greisia para sorpresa de todos, -¡¡Mi hermana pequeña está muerta!!-
-¿¡Qué¿Tu hermana?- exclamó el pelirrojo como reflejo de lo que todos los demás se preguntaban, -Pero si tú… naciste mágicamente.-replicó conteniéndola por los hombros mientras ella sollozaba sobre su pecho.
Greisia levantó la cabeza y miró a su prometido con ojos llorosos.
-No…no yo.- balbuceó entre hipos, -Sino la hermana pequeña de Naga, de mi original.-explicó,- Para mí esa chica es como si también fuera mi hermana.-
Hyui soltó una exclamación ahogada y se giró hacia el grupo de recién llegados, incluida Luna que ya asomaba por el quicio de la escalera mientras bajaba del piso superior.
-Es por eso que habéis venido¿verdad?- les preguntó al relacionar los hechos.
-Sí, eso es.- contestó Luna entrando en la estancia, -Necesitábamos que ella lo supiera y que también nos ayude en nuestra búsqueda.-
Los Eimberg se quedaron mirando fijamente a las Invers, hasta que el patriarca de la familia respondió:
-Entiendo.-
Entre tanto, Hyui seguía abrazando a la alterada Greisia sin apartar la vista de ellos; Lina no pudo evitar volverse hacia su hermana y le murmurarle:
-También podías haber sido más sutil… Mira cómo está Greisia.-
-Tenía que decírselo.-contestó Luna lacónicamente, -O si no, nos habríamos pasado aquí todo el día sin poder hablar lo que habíamos venido a hacer… Los Eimberg te tienen mucho aprecio y con tantos cumplidos no habríamos acabado nunca.-
-Lina… Puede que tu hermana tenga razón.-añadió Gaury.
Poco más tarde, cuando el ambiente se hubo relajado lo suficiente y las Invers hubieron dado las suficientes explicaciones como para aclarar la situación sin ponerse en un compromiso especialmente grande (como era el hecho de que realmente existiera una forma de resucitar a alguien), los Eimberg y los reflejos de Lina y Naga accedieron a ayudar. Greisia, una vez suficientemente calma, anunció que ayudaría en todo lo que pudiera gracias a su poder de sacerdotisa, aunque fue una acertada sugerencia de Hyui la que hizo que por fin tuvieran más claro que hacer cuando este –obviamente comprometido con la causa, tal vez de una forma excesiva- sugirió que usaran el poder del oráculo o algo parecido en el templo de la ciudad. Greisia reaccionó con entusiasmo ante la sugerencia de su prometido, y rápidamente su expresión cambió a una de júbilo.
-¡Muy bien!- exclamó pareja Lina Invers levantando el puño en el aire,-¡Está decidido¡Esta tarde iremos al templo de la ciudad a consultar el oráculo!-
-Lina.- interrumpió Luna haciendo que la pelirroja pronto se arrepintiera de su espontánea muestra de entusiasmo- Iremos Greisia y yo; tú y Elena os quedaréis aquí. Y haz el favor de cuidar tus modales.-
Gaira se cruzó de brazos y negó con la cabeza en un gesto de mudo desconcierto por lo irónico de la situación; tras él, Elena miraba a todos con una expresión indescifrable.
Aquella tarde, cuando ya empezaba a refrescar y el horario de apertura del templo ya acababa, Greisia se vistió de nuevo con su atuendo de sacerdotisa y se dirigió hacia el templo principal de la ciudad. Luna se dispuso a ir con ella, intuyendo que haría falta un poco de persuasión del Caballero de Cephied para conseguir su objetivo, mientras que Laila también lo hizo en calidad de acompañante y amiga de Greisia. Eso fue algo que sorprendió a Lina: ella recordaba bien a Laila y su tendencia a ver siempre el lado negativo de las cosas, e igualmente que por eso mismo no parecía albergar muchas simpatías ni por ella ni por Naga... pero en este caso parecía tenerle genuino aprecio al reflejo de Naga.
En cualquier caso, Lina no discutió la decisión de su hermana; ella sabía que, por muy hábil que fuera con la magia astral y negra, sus conocimientos sobre magia blanca eran bastante básicos y funcionales, así que ese no era terreno para ella. Greisia era la única capaz de invocar y consultar un oráculo.
La hechicera pelirroja se encontró con que pasaría una agradable tarde en compañía de Gaury, los Eimberg... y su reflejo. Pero ni siquiera eso porque los Eimberg tenían otros planes para Gaury. Al final resultó que Lina se quedó prácticamente abandonada en casa de los Eimberg con la sola compañía de su reflejo, quien parecía extrañamente ausente después de los sucesos del día; así que Lina pensó que sería mucho más agradable quedarse fuera al fresco de la tarde hasta que el resto del grupo volviera.
Elena podría dedicarse a sus amadas tareas caseras mientras que ella esperaba sin hacer nada.
-Qué aburrimiento…- se quejó.
Entre tanto, las tres llegaron al templo principal de la ciudad de Stoner que ya había cerrado sus puertas al público; solo la entrada lateral de servicio para los sacerdotes aparecía abierta con su obvia restricción de personal. Por otra parte, el templo tampoco era algo demasiado extraordinario, sino que consistía en una modesta construcción tipo basílica de donde destacaba el gran cimborio del centro del edificio y que presumiblemente albergaba bajo él la correspondiente estatua cubierta de pan de oro de Cephied; el resto del edificio era de granito gris y solo tenía algunas cenefas y taqueados alrededor que rompían la monotonía de sus lisos muros.
-...Este es un templo más bien dedicado a Raguradya que a Cephied.- explicó Greisia mientras conducía a las otras dos mujeres a la entrada trasera.
- ¿A la Reina Dragón del Agua?- exclamó Luna.- No creo que ella sea de gran ayuda... Sería mejor un templo mayor de Cephied.-
-No sé por qué Raguradya no puede ser de mucha ayuda...-interrumpió Laila, -La gente de esta ciudad tiene una especial devoción por la Reina Dragón ya que su poder es evidente en nuestros golems.-
-Lo entiendo.- asintió Luna,- Pero no sé si resultará.-
Greisia no dijo nada, sino que llamó suavemente a la puerta del templo por donde entraban los sacerdotes desde la calle.
-¡Está cerrado!-contestó una apagada voz masculina desde el fondo del pasillo a donde daba la puerta, -¡Pueden volver mañana!-
-Soy yo, señor Anglesy.- contestó la morena sacerdotisa alzando la voz, - Greisia, la sacerdotisa.-
-¿Cómo... Greisia?- exclamó la voz.
Al instante vieron aparecer por el oscuro pasillo a un hombre de edad madura, ojos acuosos, y formas orondas que iba cubierto con una túnica de color morado con bordados en plateado y una prominente joya adornando su pechera a la manera habitual de los sacerdotes. No debía de ser de muy alto rango porque no llevaba ningún bastón, y los emblemas en plata de su túnica eran bastante sencillos. A pesar de su gruesa figura, sus pasos sonaban suaves, así que debía llevar zapatos de ante o cualquier otro tipo de material blando que amortiguaba sus pisadas sobre el suelo de granito del edificio.
-¡Buenas noches, señor Anglesy!- saludó Greisia con sus refinados modales.- Siento importunarle a estas horas, pero no tenemos más remedio. Es una urgencia.- explicó.
El tal Anglesy miró a Greisia y a sus acompañantes, reconociendo a Laila, a quien saludó con un leve gesto de la cabeza y que ella devolvió... y también a una mujer cubierta con una capa gris de viaje bajo la que se adivinaba una espada bastarda de filo peligroso. Sus poderes de sacerdote le hicieron notar que esa no era un arma corriente, pero igualmente que su poseedora no albergaba ninguna violencia hacia él y las demás.
-Imagino que lo será viendo cómo has venido y a qué horas. Podéis pasar- exclamó, -¿De qué se trata?-
-Verá, señor Anglesy...-
Un rato después, tras las debidas explicaciones, las tres se encontraban reunidas en la sala del Oráculo del templo, justo detrás de la estatua de Raguradya que presidía el mismo, debajo del cimborio, tal y como había imaginado Luna. El sacerdote, tras consultarlo con el prior del templo, les había permitido usar esa sala para invocar al oráculo fuera del horario permitido; tal y como parecía, Greisia era una sacerdotisa muy querida por su poder y dedicación en la ciudad de Stoner, así que no era de extrañar que tuviera alguna clase de privilegio pese a no formar parte del clero de la ciudad.
La sala del oráculo también era de planta circular, con una estrella de cinco puntas dirigida hacia el norte inscrita en el suelo, y circundad por una serie de símbolos que invocaban el poder de Cephied y Raguradya., y en cuyo centro se alzaba un bastón rematado por una gran gema que debía hacer las veces de oráculo. (3) Allí era donde Greisia llevaría a cabo la invocación que le permitiría "ver" lo que necesitaban.
-Intentaré averiguar todo lo que pueda...- anunció Greisia adelantándose al centro de la sala hasta situarse frente al bastón, sobre el que apoyó las manos en posición penitente.-
-Ten confianza, Greisia...- exclamó Laila cogiéndola por los hombros para luego retirarse de ella. Resultaba irónico que alguien tan pesimista como la única mujer de los Eimberg dijera algo así, pero el reflejo de Naga se limitó a responderla con una dulce sonrisa.
Mientras, Luna aguardaba junto al círculo, haciendo que su poder creciera.
Greisia comenzó con su ritual. Apoyó las manos sobre la gran gema del oráculo como si se tratara de una bola de cristal, al tiempo que murmuraba unas palabras que parecían una invocación, aunque ninguna de ellas podía reconocerlas. La estrella de 5 puntas y los símbolos que rodeaban la misma comenzaron a brillar con una cálida luz plateada, y conforme Greisia iba aumentando el ritmo de su hechizo, la bola que brillaba en lo alto del bastón, también lo hacía.
-Veo... algo...- anunció Greisia al cabo ya de un rato en medio de la invocación, - Pero no puedo concretarlo. Necesito más fuerza.-
-Yo te ayudaré.- contestó Luna, -No soy hechicera, pero tengo un poder... especial.- explicó.
Laila dio un respingo al oírla, pero rápidamente se apartó para dejarla paso hacia la estrella; Greisia, por su parte, abrió los ojos y alzó la mirada hacia Luna, soltando una exclamación ahogada cuando la mayor de las Invers desenvainaba limpieamente su espada bastarda, sujetándola por la empuñadura de la misma al tiempo que apoyaba el pomo (todo el modelo guardaba un vago parecido a la figura de un dragón con las alas abiertas para hacer la cruz y la guarda) sobre la gran gema. Greisia adivinó que Luna pretendía enfocar sobre la gema del oráculo alguna clase de poder que ella tenía a través de la espada en contacto con la gema del oráculo.
La sacerdotisa no sabía cómo, pero de repente su poder se vio empujado por una voluntad muy fuerte; no era que Luna tuviese algún tipo de dominio sobre la magia blanca y estuviese sumando su propia invocación a la que Greisia había usado, sino que su poder se veía alzado por una voluntad más grande que la de cualquier humano, la de alguien que parecía estar respaldado por alguna clase de presencia divina.
-¡Ya lo veo!-exclamó Greisia al cabo de unos minutos.-... Gracias.- contestó a Luna, quien simplemente asintió con la cabeza.
Un buen rato después, cuando ya hubieron acabado y la sacerdotisa reflejo de Naga no podía averiguar nada más, las tres descansaban en una pequeña salita al efecto junto al oráculo. Greisia, a pesar de emplear su poder mágico con bastante asiduidad, no estaba acostumbrada a grandes esfuerzos sostenidos durante mucho tiempo, y ahora se encontraba bastante cansada. Laila le había traído algo de beber y un dulce de hojaldre que los que los sacerdotes tenían preparados en una alacena contigua para casos como ese, cuando un sacerdote necesitara recuperarse tras un hechizo difícil.
-Gracias...- contestó mientras tomaba el bollo y lo mordisqueaba con suavidad.
-¿Qué has visto?- preguntó Luna sin rodeos.-
-¿Cómo?-preguntó Laila sorprendida, sentándose junto a Greisia, -¿Tú no has visto nada?-
-No. Yo no soy sacerdotisa... No tengo el poder del oráculo.-contestó Luna con su acostumbrado tono escueto.
-Si, es verdad.- corroboró Greisia, -La Señorita Invers no es una sacerdotisa... pero tiene un poder y una voluntad muy especiales que me han ayudado mucho.- terminó de comerse el dulce de hojaldre y añadió.-...Lo que he visto es inconcreto, pero muy preciso... Nosotros, los sacerdotes, no podemos adivinar el futuro o lo que está pasando en este momento en otro lugar... Pero sí vemos reflejos de esos hechos.-explicó.
-¿Y qué has visto?- volvió a preguntar Luna, quien ya sabía todo eso dado que su madre era una sacerdotisa, así que esas explicaciones sobraban.
-He visto... He visto a una joven también sacerdotisa a juzgar por su aura y el tipo de ropas que lleva... aunque no reconocí su concesión. Iba acompañada de una campesina, pero de ella no sentí nada relevante.- hizo una pausa, tomando fuerzas- La sacerdotisa que he visto tenía un... "algo" especial, parecido a lo que he sentido cuando usted me ha ayudado, señorita Luna.-
La Caballero de Cephied asintió.
-Por lo que dices, podría tratarse de Shilfild.- aventuró.
-No lo sé. No conozco a esa persona.- contestó Greisia, -Pero sí he sentido algo peligroso en torno a ella.-declaró.
Luna miró a la sacerdotisa con nerviosismo, preguntó en el mismo tono.
-Qué más.-
-También vi... a mi original. A Naga.- contestó Greisia con un tono especial en la voz, -Está como cuando yo surgí, pero su aura está perturbada... Supongo que por lo mismo que yo.-
-¿Está bien la señorita Naga?- preguntó de repente Laila, quien había permanecido en silencio durante todo ese tiempo.
-Sí, mi original está bien.- contestó Greisia con una sonrisa, parecía genuinamente preocupada por la condición de la persona... que le dio la vida.- Y no está sola... Hay una especie de hechicero, espadachín o algo así con ella.-
-¿Has averiguado algo especial sobre ellos?-preguntó Luna adivinando quién era ese hechicero, -¿Sobre cómo están o qué hacen?-
Greisia negó con la cabeza.
-... No hay nada especial en ellos salvo lo que he dicho. La sacerdotisa tiene un algo "especial" y podría estar en peligro... Mi original está a salvo, pero muy preocupada.-hizo una pausa.- No podría definir por qué exactamente, pero tengo un mal presentimiento hacia ellos.-
Luna la miró largamente. Sabía que en ese tipo de situaciones, los sacerdotes se guiaban más por la intuición que les daba el oráculo que por verdadera información comparada.
-¿Dónde están?- preguntó Luna sin rodeos, - ¿Dónde están la sacerdotisa y Naga?-
-No están demasiado lejos.- contestó Greisia un tanto azorada por las impetuosas preguntas de Luna.- Mi original se mueve a gran velocidad hacia aquí de una forma que no puedo saber... Y la sacerdotisa parece moverse a caballo o algo parecido hacia el sureste, hacia Seillon.-
-En ese caso...- anunció Luna poniéndose en pie.- Tal vez sea necesario empezar a movernos también.-
Ya habían pasado un par de horas desde que Lina se quedara fuera esperando a que Greisia y su hermana terminaran de usar el oráculo en el templo de Cephied de la ciudad, aunque para ella eso se estaba convirtiendo en un suplicio tener que esperar allí sola cuando ya había casi oscurecido por completo. Si realmente Greisia tenía tan buen manejo de la magia blanca como su original, podrían encontrar lo que buscaban fácilmente, y luego reunirse con Zel y Naga, pero por ahora Lina solo podría esperar a que el resto, incluido Gaury, volvieran.
Pero la hechicera sabía bien que eso era algo en lo que ni Gaury ni ella podían ayudar; era por ese motivo que Hyui se había llevado a Gaury a pasar el rato y divertirse a las tabernas de Stoner mientras que al final Lina se había tenido que quedar allí fuera a ver qué pasaba. La verdad es que a la hechicera pelirroja no le atraía ninguna de las dos opciones: odiaba quedarse quieta sin hacer nada y solo poder mirar lo que los demás hacían... pero tampoco le gustaba la idea de ver a Gaury bebido por la sencilla razón de que en cuanto Gaury se bebía un par de cervezas (normalmente era de los que pedían leche en las tabernas) enseguida se le subían a la cabeza, y en lugar de pasar por las crisis habituales producidas por el alcohol, se volvía increíblemente avispado. Para su sorpresa, Lina había tenido que ver a Gaury convertido en su propio reflejo cada vez que bebía, y era por eso que le había dejado a Hyui y Gaira que lidiaran con él.
-Seguro que esos dos no les importa hablar con "reflejos" de la gente.-murmuró con un resoplido mientras cruzaba los brazos tras la nuca.
En ese momento, los cabellos del cogote se le erizaron al notar una presencia tras ella.
-¿Quién anda ahí?- preguntó sin rodeos.
Se giró y trató de acostumbrar sus ojos a la oscuridad, lejos de las luces de los hechizos de luz que alumbraban el patio exterior de la casa de los Eimberg. Entonces alcanzó a vislumbrar la pequeña figura que surgió de entre las sombras de la casa.
-Ah, eres tú.- exclamó al reconocer a Elena, su reflejo.
Elena no dijo nada, simplemente se acercó al círculo de luz del patio dejándose ver, y Lina no pudo ahogar la exclamación de asombro que salió de su garganta. Elena apareció ante ella como parecía ir siempre, con el pelo recogido en una trenza y vestida con su falda de volantes, pero llevaba puestos todos sus atributos de hechicera... los mismos que años atrás había llevado Lina y que había ido sustituyendo por otros mejores o por pérdida. Elena tenía un aspecto extraño llevando las joyas en las muñecas, la cinta de barbas de dragón negro rodeándole la frente, y las aparatosas hombreras de escamas de dragón enjoyadas que una vez Lina tuvo; ciertamente su aspecto era extraño, incluso gracioso por lo descompensado que resultaba el contraste entre sus discretas ropas y los atributos de hechicería. Sin embargo, era la expresión de Elena lo que rompió esa idea.
Lina recordó la conversación que habían tenido a la hora de la comida cuando ella la recriminó de no haber ido siquiera preparada con sus atributos de hechicería, e intuyó que no era algo casual.
-Elena¿qué haces así vestida?- preguntó.- Los bandidos esos ya no están.-
-Lina...- comenzó a decir con los ojos llorosos, ignorando lo que la pelirroja le acababa de decir, -Yo no quería llegar a esto… pero no tengo más remedio.-
-¿Eh?- exclamó la pelirroja poniendo una mueca de estupor.
-Eres malvada y cruel... Siempre lo supe porque tú eres lo contrario a lo que yo soy.-
-Querrás decir que tú eres mi contrario.- señaló Lina, - ¿…Y a qué viene ahora eso de que soy "cruel"?-
-Porque es la verdad.- afirmó Elena con aplomo acercándose más aun a ella, -No hay más que ver cómo tratas a Gaury-sama.-
-¿Huh?- la mueca que puso Lina al oírla resultó aún más exagerada,- ¿Qué dices?-
Elena, sin embargo, parecía totalmente ausente a lo que su original estaba contestando, y siguió divagando con lo que quiera que fuera que tenía en mente.
-No me gusta tener que tomar esta decisión, va totalmente en contra de mis principios... "Fuente de toda energía".- explicó alzando la mano hacia delante, como si estuviera apuntando a Lina con el dedo índice mientras murmuraba algo,- Créeme, de verdad que odio la violencia... Pero ahora es la única opción… "invoco al poder del fuego para ayudarme."-
Lina dio un respingo cuando reconoció la pose y el ritmo de las palabras que Elena había murmurado mientras hablaba.
-¡Flecha de Fuego!- gritó la apocada pelirroja de las trenzas, y súbitamente un haz de llamas en forma de flecha surgió del arco con el que le había estado apuntando a Lina con la mano.
La hechicera, sabedora de lo que iba a encontrase, y curtida por cantidad de batallas realmente peligrosas, saltó a un lado para evitar el ataque. Aún así, por débil que fuera, Lina estaba asombrada por lo que Elena acababa de hacer.
-¿Qué haces?- exclamó, -¿¡Estás loca!?-
Elena no respondió directamente, sino que se llevó los puños bajo la barbilla y su gesto se volvió compungido, casi al borde del llanto.
-Es... es la primera vez que uso mi magia para atacar a alguien.- exclamó con nerviosismo,- Pero... no he tenido más remedio. ¡Eres cruel!-
Lina la miró asombrada, incapaz de entender por qué su reflejo la atacaba de esa forma, aunque parecía que realmente estuviese luchando consigo misma por hacer algo así. En cualquier caso, Lina sabía que, aunque no tuviese la misma experiencia que ella, Elena tenía sus mismos conocimientos y poder mágico, por lo tanto era una rival a tener en cuenta. Su temor se hizo evidente cuando Elena volvió a lanzarle sucesivas flechas de fuego que se estrellaron a su alrededor sobre el pavimento de piedra, haciendo que los arbustos que creían entre las losas ardieran aunque la mayoría se apagaran al chocar contra la roca. Lina las eludió saltando a un lado y a otro, o corriendo para escapar de ellas.
-¡Pero bueno¿a qué viene eso?!-gritó. -¿Qué te hecho yo para que me ataques así¡Así también vas a conseguir quemar la casa de los Eimberg!-
Elena no respondió a la pregunta de Lina, pero comenzó a sacudir las manos nerviosamente mientras gritaba casi al borde del llanto.
-¡¡Lo siento, lo siento¡¡Yo no quiero quemar la casa de los Eimberg!!-
A Lina le tembló la sien cuando se dio cuenta que Elena solo parecía afectada por el daño que pudiese hacer a los Eimberg y que no le daba ninguna respuesta salvo gritar exacerbadamente todo lo que el resto del mundo pensaba sobre ella.
"¿Acaso esa boba se ha creído todas las historias que van contando de mi por ahí?" pensó.
Pero no tuvo oportunidad de ganar ventaja sobre ella a pesar de que Elena parecía dolida por lo que podía haber pasado. Su reflejo invocó otro conjuro y se alzó por el aire más allá de los hechizos de "Luz" que alumbraban el patio, desapareciendo en la oscuridad nocturna; Lina la imitó, sabía que cegada por la luz no podría ver los ataques de su reflejo. No esperaba que Elena solo hubiese huido, e incluso así, quería saber por qué su reflejo la había atacado.
La hechicera no se había equivocado; tan pronto como ambas estuvieron lejos de la casa de los Eimberg, Elena volvió a atacar a Lina formulando el conjuro de la "Lanza de Hielo" gracias a que el hechizo de "Levitación" era lo bastante fácil como para permitirle luchar desde el aire invocando dos conjuros al mismo tiempo. Lina, que intuyó algo parecido puesto que esa era su forma de luchar, esquivó sin muchos problemas el disparo que Elena le había lanzado, que acabó estrellándose contra un promontorio cercano congelándolo en el acto.
-Está loca...- murmuró entre dientes mientras se aproximaba a ella,- Realmente voy a tener que luchar contra ella.-
Lina había esperado que su reflejo le diese alguna explicación, pero ella parecía estar totalmente ofuscada en querer hacerla daño.
-A lo mejor está siendo controlada...- aventuró al recordar los clones de Vulgrum.
Pero Lina sabía que no podía el tiempo en elucubraciones, sino que debía actuar... sobre todo cuando vio que Elena estaba formulando el conjuro de la "Bola de Fuego".
-Lo siento de verdad, Lina...- exclamó Elena con los ojos llorosos, -Pero es la única forma que tengo para que comprendas lo cruel que eres.-
Y diciendo esto, Elena lanzó su conjuro con mortífera precisión; tal vez Elena no estuviese tan habituada como Lina a combatir, pero desde luego que guardaba la destreza de Lina. La pelirroja vio lo que se le venía encima, sintiendo en sus propias carnes el efecto de sus hechizos.
-¡Escudo de Viento!- gritó a tiempo para cubrirse.
La bola de fuego impactó contra el escudo de viento provocando un estallido de llamas que fueron lanzadas en todas direcciones, causando que arbustos, leños y otros ardieran al contacto de las ardientes ascuas. Lina, por su parte, reculó en el aire por la fuerza del estallido y giró intentando mantenerse en el aire y no caer al suelo; eso era lo difícil de combatir volando, el poder formular dos conjuros a la vez. Elena se encontraba en la misma tesitura, más cuando ella tampoco tenía mucha practica en ese tipo de situaciones y encima empezaba a acusar cansancio.
-¡Escucha, Elena!-gritó Lina consiguiendo mantenerse a flote, -¡No sé a qué viene todo esto, pero este combate no tiene sentido!- Lina se mordió la lengua por lo que iba a decir.- ¡Y no quiero luchar contra mi misma!-
-¡No, no te creo!- replicó Elena con voz evidentemente agitada, -¡Lina, eres falsa, mentirosa y cruel¡No puedo dejar que sigas actuando así!-
-¿Actuando cómo?- bufó Lina, -¡No sé de qué me hablas!.. ¡Has visto como los Eimberg realmente me tienen aprecio!-
Entonces la hechicera pelirroja se fijó en que Elena parecía realmente compungida, no tanto por la expresión de la cara, que apenas la distinguía con tan poca luz, como por la pose.
-Los Eimberg... te aprecian.- musitó su reflejo, - Te aprecian pese a que tú destruiste esa ciudad y que maltrates tanto a Gaury.-
Lina parpadeó... y luego se ruborizó escandalizada.
-Un momento... Lo que te pasa en realidad es que me tienes celos¿verdad?-adivinó.
-¡Eso es mentira!- gritó Elena de repente, histérica.
Y sin que Lina realmente supiera de dónde había sacado semejante rapidez de reflejos, su reflejo gritó:
-"Freez Brid"- y una inmensa bola de hielo surgió de su mano con más precisión que la bola de fuego de antes; incluso en eso se notaba que era su reflejo al tener más maestría en los conjuros de hielo que en los de fuego.
El mesón a donde llevaron a Gaury los Gaira era un local como otros tantos. Tenía los muros de piedra y una estructura de vigas de madera, todo ello alumbrado con candiles de aceite y velas de sebo que a esas horas estaba abarrotado de gente que bebía, charlaba, voceaba y jugaba escandalosamente. Solo el hecho de que los asistentes de los camareros y el servicio de limpieza fueran pequeños golems de barro que correteaban entre las piernas de los parroquianos mientras limpiaban y recogían sus despojos, hacía que ese mesón fuera diferente a lo habitual.
A Gaury le gustaba la cerveza, aunque no solía beber muy a menudo porque según él, le afectaba mucho y luego siempre olvidaba todo lo que había pasado... así que era algo que prefería evitar. Sin embargo los Eimberg le habían convencido para pasar una saludable reunión entre hombres mientras las mujeres arreglaban sus cosas; Gaury no vio dónde estaría el problema de socializar un poco con ellos mientras Lina y las demás arreglaban el asunto del oráculo (o lo que fuera eso), que después de todo era algo donde él no podía hacer nada por ser un tema relacionado con la magia. Fue por eso que Gaury se había dejado secuestrar por ellos.
Los Gaira, padre e hijo, demostraron que eran unos personajes muy populares en la ciudad de Stoner; nada más entrar en el mesón, fueron recibidos con un coro de voces y gritos de entusiasmo mientras que ambos iban saludando al resto de los parroquianos con lo que parecía genuino afecto. Al ser Gaury su acompañante, él también fue rodeado de gente ansiosa de conocerle y saludarle, lo que hacía que Gaury gimiera incómodo en su interior al disfrutar de una fama y una atención que no entendía.
Al cabo de un rato el ambiente se había relajado lo suficiente como para que Gaury ya no se sintiera tan acosado; los Eimberg habían demostrado también tener muy buen beber y ahora Gaira se dedicaba a jugar una partida de dominó con unos cuantos compañeros del gremio en una mesa aparte mientras que Gaury compartía barra con Hyui quien, gracias a la bebida que había consumido, se había vuelto curiosamente locuaz.
El rubio espadachín sacudió su melena incómodo mientras que el pelirrojo experto en golems daba rienda suelta a su lengua...
-Así que compañero de viaje de Lina Invers...- exclamó apoyando la jarra de barro sobre la barra del mesón, -Mi padre adora a esa chica... para él es estupenda.-
-Bueno, Lina es una persona muy especial.- se excusó Gaury, más lúcido de lo que cabría esperar de alguien que ha bebido.
-Especial sobre todo cuando ella destruyó mi mejor golem y los castillos de los dos bastardos que gobernaban esta ciudad.-
-¿Sí? Jajjajajajaja... Lina hace esas cosas.-
-Sí, ella es todo lo contrario a Elena...- volvió a dar otro sonoro trago a la jarra, -Elena es puro encanto femenino.-
-Entonces, para mí ella no es Lina.- contestó Gaury con sinceridad, algo propio en él.
-Desde luego... Tiene que ser muy interesante para ti viajar con alguien así.-comentó Hyui apuntándole con un dedo mientras apoyaba el codo en la barra.
-Lo es... Con Lina nunca me aburro y siempre pasan cosas interesantes.-contestó Gaury con una sonrisa.
Entonces Hyui estalló a carcajadas.
-Me gusta tu forma de pensar, mercenario... Sabes vivir la vida.-
Gaury parpadeó sin comprender qué pretendía decir Hyui exactamente, pero entonces cambió de tema.
-Pero¿y Elena?-inquirió, -También debe ser… raro vivir con alguien tan contrario a Lina después de conocer a la de verdad.-
- Es cierto, Elena no se parece en nada a Lina... Es todo lo contrario a ella.-contestó Hyui. –Pero ella ayuda mucho a mi hermana y en nuestra casa, y también sirve de inspiración a mi padre pese a que no sea la verdadera Lina… así que no me puedo quejar.- hizo una pausa mientras daba un nuevo trago a su jarra, -¿Y tú siempre viajas con Lina Invers?-preguntó Hyui mirándole inquisitivamente.
-Siempre. Soy su guardián.- contestó el espadachín con aplomo.
Y contra todo pronóstico, Hyui estalló a carcajadas.
-¿Su "guardián"?- exclamó con jocosidad, -¿Acaso alguien como la "Dra Mata" necesita un guardián?-
-Sí cuando Lina vive al ritmo que lo hace.- explicó Gaury con naturalidad, -Lina necesita que alguien cuide de ella para poder salir airosa de los líos en que se mete. Y ese soy yo.-
-Entiendo...- contestó Hyui dando un nuevo trago a su jarra, -Y por supuesto, Elena no necesitaría de un guardián.-
-No. Elena no necesita a alguien que la cuide de esa forma.- Gaury hizo una pausa, -Elena lo único que necesita es alguien con quien poder convivir en una vida tranquila. Por eso creo que este es un buen lugar para ella.-
-Vaya... Eres mucho más perspicaz de lo que pensé.-contestó Hyui con genuina admiración.
-Euuuhh... Gracias... supongo.-contestó Gaury sin saber qué decir realmente.
Hyui ya había bebido bastante y estaba en el estado de encontrarse inusitadamente alegre por cualquier cosa, e igualmente locuaz. Así que no tardó mucho en apurar su jarra y pedir una más al mesonero, quien respondió rápidamente a su petición dejando otra jarra más sobre la mesa junto a unas cuantas cortezas de cerdo fritas. Hyui comenzó a beber de su nueva jarra mientras que Gaury aún iba por la primera, y con su acostumbrada gula, picoteó el bol lleno de frituras, que comió mientras Hyui seguía hablando y un par de golems de arcilla corretearon a sus pies limpiando lo que caía al suelo.
-... Elena es como Greisia.- explicó el pelirrojo conjurador de golems, -De la misma forma que Lina lo es de Naga... pero al mismo tiempo, ambas son muy parecidas.-
El rubio espadachín se giró hacia un lado para mirarlo a la cara.
-¿Conociste también a Naga?-preguntó.
-Sí... cuando Lina Invers apareció aquí.-contestó Hyui levantando la vista y mirando a algún punto indeterminado en el mostrador.- Mi padre eligió a Lina como modelo para "su mejor Golem" y yo elegí a Naga para el mío.-negó con la cabeza, - Sin ofender a Lina, pero ya has visto que mi padre tiene un sentido del gusto un tanto peculiar a la hora de hacer golems.-
-Sí... pero¿qué tiene que ver eso con Lina?-preguntó Gaury sin llegar a entender a lo que Hyui se refería.
-¿Huh?-exclamó Hyui, -…No, nada.-se retractó.
Gaury parpadeó... y a continuación se sonrojó. No tuvo más remedio que dar un buen trago de cerveza a su jarra para disimular; en principio pensaba hacer lo que creía que le ocurría cuando bebía, pero ese fue un craso error porque el rubio elmekiano sufría el efecto contrario cuanto más alcohol consumía.
-En cualquier caso, espero que tu futuro matrimonio con Greisia sea bueno.- exclamó con una sonrisa el cada vez más avispado espadachín.
-Greisia lo quiere así...- contestó Hyui apoyando la jarra de cerveza sobre la mesa, - Y yo... quería a alguien como a ella.-contestó.
-Bueno, he visto que Greisia es una mujer aplicada a su trabajo y con gran corazón... Se preocupa mucho por hacer bien las cosas, y también se preocupa por su... bueno, no sé cómo llamar a Naga.-
-Sí, es cierto.- afirmó el pelirrojo sin despegar la mirada de la jarra, -Greisia tiene todo lo bueno de Naga, pero...- Gaury esperó a que Hyui terminara de hablar, guiado por una posible intuición. –Le falta...-
-¡GAIRA, HYUI!- se oyó gritar de repente desde la puerta del mesón interrumpiendo la conversación,- ¡VENID, RÁPIDO!-
Los Eimberg y el resto de los parroquianos se giraron hacia el origen de esas voces, incluyendo el propio Gaury que al final se había quedado sin escuchar la explicación de Hyui por el repentino aviso.
-¿Qué pasa?- preguntó el mayor del os Eimberg avanzando hacia la salida con un aire que parecía que el efecto de todo el alcohol que había consumido se hubiese disipado por completo.
El recién llegado era un individuo de aspecto anodino pero que tenía todas las trazas de ser un miembro más del gremio de hechiceros creadores de golems de Stoner, aunque solo fuera por el mandil de cuero que le cubría. Cuando Gaira se situó hacia su lado, se hizo más evidente la diferencia de envergadura entre ambos.
-¿Qué ocurre?- preguntó el hechicero barbado.
-Hay fuego... en tu casa.-explicó azorado.-Un fuego extraño.-
-¿Cómo¿fuego?- exclamó Hyui levantándose del asiento de la barra y acercándose a la entrada.
-¿¡Mi casa está ardiendo!?-exclamó el mayor de los Eimberg. -¿Cómo es que las campanas no están tocando que hay fuego?-
-No... No es eso.- contestó el hombre, -Hay fuego en el... cielo. Sobre tu casa.-explicó como buenamente pudo.- Se ven bolas de fuego y de luz que resplandecen y estallan sobre tu casa.-
-¡Lina...!- exclamó Gaury al reconocer la burda descripción del recién llegado.
Y diciendo esto, salió por la puerta a la carrera calle arriba, hacia las afueras de la ciudad. Tras él, también corrieron los Eimberg intuyendo lo que podía estar pasando, aunque antes de salir, Hyui se volvió hacia el hombre que había dado el aviso y le dijo.
-Gracias por el aviso... Pero creo que sería mejor que no vinierais ninguno. Y tampoco toquéis las campanas.-
-¿Por qué?- preguntó él mientras que otro parroquiano asentía a su lado.
-Porque se trata de Lina Invers.- contestó Hyui mientras salía corriendo por la puerta.
Semejante afirmación bastó para que ninguno de ellos quisiera verse envuelto.
Gaury, seguido de cerca por los Eimberg, subió a la carrera la loma prácticamente sin mucho esfuerzo gracias a las considerables dotes físicas del espadachín que se había visto en tesituras mucho más graves que esa. Los Eimberg, acostumbrados a un trabajo como el suyo, tampoco parecían estar muy cansados por el esfuerzo, aunque no podían mantener el mismo ritmo que Gaury.
Finalmente los tres llegaron a lo alto de la loma para encontrarse con un espectáculo inesperado.
Lina se acercó a Elena con paso furioso pese a que cojeaba levemente de la pierna derecha; su reflejo estaba en peor estado que ella, con sus trenzas deshechas y aún jadeando arrodillada en el suelo con sus manos atrapadas en un bloque de hielo producto del conjuro del "Lah Freez" para tenerla inmovilizada. Lina no tuvo en cuenta ese detalle nada más que para cogerla por el chal que asomaba bajo sus hombreras de hechicera y obligarla así a levantar la cabeza y mirarla.
-¡No eres más que una tonta celosa!- exclamó Lina furiosa, y en un gesto que parecía más propio de Luna que de ella, le cruzó la cara de una bofetada sin mediar palabra.
El golpe no fue tan fuerte como los que la hechicera solía proferir cuando luchaba, pero era más el efecto psicológico que otra cosa, y Elena cayó de bruces al suelo. Que Gaury recordara, era la primera vez que veía a Lina abofetear a alguien de esa forma, no por verse envuelta en una batalla.
-Celosa... Todo lo que has estado diciendo hasta ahora era para auto convencerte de que lo hacías por el bien de ellos, pero es solo porque me tienes celos.- ladró apretando los puños,- Y solo por eso, has estado a punto de destruir la casa de los Eimberg y el templo de esa a quien llamas tu mejor amiga.- Lina levantó los puños por encima de la cabeza, como si estuviera tirándose de los pelos.-¡No puedo creer que mi reflejo sea tan... tan...egoísta!-
Elena no replicó a ninguna de las acusaciones de Lina, sino que se quedó en el suelo gimoteando, incapaz de replicar, como si simplemente esperas a que Lina acabase con ella.
En ese momento, Gaury se acercó a la hechicera pelirroja (la verdadera) con la vista saltando de una a la otra, seguido de cerca por los Eimberg, que contemplaban el efecto de sus hechizos lanzados sobre la explanada frente a su casa, con una mezcla de desconcierto y... alivio. Ambos sabían que el resultado podía ser mucho peor y que dentro de lo que cabe, habían salido bien parados.
Fue el rubio espadachín quien hizo la inevitable pregunta.
-Lina... ¿Qué ha pasado aquí?-
La pelirroja le miró de reojo sobre las hombreras de concha negra que llevaba sobre los hombros; hacía rato que había percibido la presencia de Gaury allí, pero no por eso iba a callarse lo que tenía que decirle a su reflejo.
-Es esa tonta.- contestó ella señalando con un gesto de la mano a su reflejo tendido en el suelo, que parecía aún más desamparado por la presencia de Gaury y de los Eimberg que venían detrás.-…Me atacó por las buenas cuando todos os fuisteis.-
-¿Cómo?- exclamó Gaira mientras que su hijo soltaba una exclamación ahogada.
Elena miró a los dos hechiceros de golems con una mirada tan llena de tristeza y desamparo que podría enternecer a cualquiera ante la piedad que despedía.
-Señor Eimberg... No le haga caso a lo que diga Lina sobre mí.- suplicó, -Mire cómo me ha tratado.-gimoteó.
-¿Hacerle caso?... Ni siquiera sé que ha pasado aquí.-espetó él.- ¿Os estabais peleando las dos?-
-¿Qué ha pasado, Lina?-preguntó Gaury con mas suavidad.
-Ha pasado...- Lina no sabía qué decir sin poner en evidencia muchas cosas, -Ha pasado que he tenido una fiera discusión conmigo misma.-contestó con aplomo.
Elena miró a Gaury con los ojos llorosos, dándose cuenta de a quién él hacía más caso realmente hacía era a Lina y no a ella; por el contrario, Hyui le ayudó a reincorporarse haciendo que los lagrimones de sus ojos se hicieran aún más grandes por no verse ayudada por quien le hubiese gustado que lo hiciera.
-Esto es increíble...- exclamó Gaira.- Lina... sé perfectamente de lo que eres capaz, pero te ruego que no uses tu poder en esta casa. –Pidió- Y lo mismo, tú, Elena... No sabía que eras capaz de las mismas cosas que Lina, pero te pido que no lo hagas.-
-Señor Eimberg...- gimoteó Elena.
-Tiene mi palabra, Gaira.-juró Lina.
-Eso espero... Porque si no, ninguno de vosotros será más bien venido a esta casa.-fue su ultimátum- Así que vamos adentro a dormir, y ya hablaremos mañana.
Y diciendo esto, todos se introdujeron en el interior de la casa, en dirección a las habitaciones.
Lina se metió en una habitación construida donde una vez estuvo el mismo cuarto donde ella había dormido el día que amaneció en el interior de ese esperpento de golem llamado "Piko-Piko Lina-chan". La hechicera pelirroja ignoró esta coincidencia y dejó caer los hombros de espaldas a Gaury mientras soltaba un pesado suspiro. ¿Cómo explicarle lo ocurrido a Gaury sin quedar en evidencia? Para la "Dra Mata" estaba claro que la pelea con Elena había sido provocada porque su reflejo estaba celosa de ella, pero esos mismos celos abarcaban muchas cosas.
Cosas que Lina tampoco se atrevía a demostrar abiertamente, y menos ante su hermana o ante el propio Gaury.
-Lina...- inquirió el espadachín, -¿Por qué Elena te atacó? Dime la verdad.-
La hechicera dio un respingo asombrada por la capacidad de Gaury de darse cuenta de todo; en secreto, agradeció que no tuviera que dar muchas explicaciones detalladas.
-... Elena me tiene envidia.- comenzó a decir la pelirroja, - Porque los Eimberg me adoran.-
El espadachín dio un respingo al escuchar su explicación. Podría ser que Gaury tuviese una gran intuición, pero no podía pensar mal de los demás.
-¿Celos?... ¿Porque los Eimberg te aprecian?-exclamó, incrédulo.
Lina asintió y procedió a explicarle a Gaury su interpretación de los hechos, quien lee escuchó atentamente.
-Elena... es todo lo contrario a ti.- respondió en tono suave, -Ella ambicionará lo que tú tienes y que no valoras igual que ella.-
-Gaury... Eso que has dicho es muy rudo.- contestó Lina volviéndose hacia él. –Estas diciendo que yo tengo cosas que no valoro.-
-No, no es eso.- apaciguó él, -Sino que ella siempre va a querer cosas que tú no quieres... Como te pasa con los Eimberg.-
Lina suspiró y sin decir nada, Gaury supo que ella había admitido que era verdad. Para la "Dra Mata", los Eimberg no eran más que una etapa en el camino, gente con la que se había encontrado para bien o para mal; no los odiaba, pero tampoco estaba especialmente vinculada a ellos. Sin embargo ellos realmente la apreciaban, y Elena quería que le correspondieran con el mismo aprecio, uno opuesto a los sentimientos de Lina hacia ellos.
Pero Lina también sabía que Elena ambicionaba algo que ella se negaba a si misma y no pudo evitar mirar a Gaury con culpabilidad.
-Ella no eres tú, Lina.-afirmó el espadachín. – Ni para mí y para todos los demás.- hizo una pausa, -Eso es algo que ella también debe saber y que no puede competir contigo para ocupar tu lugar.-
-Gaury...- exclamó la pelirroja.
El rubio espadachín la sonrió con dulzura para reafirmar lo que había dicho, y se dirigió hacia la puerta del cuarto para salir de él.
-Cuando tu hermana vuelva, seguiremos nuestro camino.- anunció en tono grave, tomando el mando de una situación.- Realmente no creo que tengamos más que hacer aquí... Nosotros no podemos hacer nada por los problemas que ellos tengan.-
Lina se quedó mirando asombrada a Gaury mientras este abría la puerta del cuarto para salir de él, y justo cuando iba a desaparecer por el quicio de la puerta, le llamó con una voz.
-¡Gaury!-
-¿Si¿Qué pasa?-preguntó él sin comprender deteniéndose en la entrada de la habitación.
-Gaury... ¿Cuánto has bebido esta noche?- quiso saber ella clavando peligrosamente sus cálidos ojos castaños en él.
-¿Huh?-
A la mañana siguiente, todos se reunieron en el salón principal de la casa para desayunar el copioso desayuno que Elena y Laila habían preparado para todos ellos. El día anterior habían podido comprobar que tanto Lina como Gaury eran especialmente glotones y que comían mucho (algo normal considerando el tipo de vida que llevaban) mientras que Elena era realmente comedida a la hora de comer; era por eso que Laila había insistido en preparar un abundante desayuno a base de tostada con miel, leche, fruta, queso y embutidos típicos de la región que todos consumieron con ganas pese a que el ambiente en torno a la mesa no era tan relajado como el día anterior.
De hecho, Lina estaba sorprendida de que su hermana aún no hubiese dicho nada pese a que todos estaban ya al tanto de la pelea que había pasado la noche anterior entre las dos hechiceras.
-...Espero que lo que pasó anoche no vuelva a ocurrir.- anunció Gaira desde su posición presidiendo la mesa.- entonces se volvió hacia Elena, -Ha costado mucho reconstruir esta casa y esta familia... No quiero que todo eso se eche a perder ahora por una pelea entre... hermanas.-
Lina parpadeó sorprendida; estaba de acuerdo con lo que Gaira decía, pero no imaginó que el viejo Eimberg pudiera decir algo así considerando sus extravagancias. Por su parte, su hija Laila comenzó a verlo todo con su pesimismo habitual mientras que Elena simplemente comía en silencio, apartándose de todos sumida en su vergüenza.
-No... Eso otra vez no... He tenido que trabajar mucho para que podamos salir adelante.- se volvió hacia Greisia y su hermano, quienes estaban comiendo juntos.- Espero que realmente podáis celebrar nuestra boda.-
Greisia simplemente sonrió débilmente.
-Por supuesto que sí, Laila... Pero ahora mismo estoy preocupada por lo que vi anoche en el oráculo.-
-Tiene razón... ¿qué averiguasteis anoche?- preguntó Lina entre bocado y bocado de queso, brevas y chistorra (todo a la vez) dirigiéndose a Greisia y a su hermana.
-Lina tiene razón, cariño... ¿Qué pasó anoche?-añadió Hyui.
La sacerdotisa cerró los ojos en tono de cansancio y comenzó a hablar.
-Vi muchas cosas, y ninguna realmente buena... La verdad es que temo por lo que pueda pasarle a mi original.-contestó la sacerdotisa en tono fatalista.
Los demás, incluyendo a la propia Elena, la escucharon con estupor, y rápidamente Lina buscó con la mirada a su hermana.
-Tiene razón.- contestó la Caballero de Cephied.-De hecho, sería mejor que nos reuniéramos con Naga y con Zelgadiss.-
-¿Naga y Zelgadiss?-exclamó Hyui, -¿Quién es ese? Imaginé que Naga y tú seguiríais viajando juntos de alguna forma.- aventuró el hechicero de golems dirigiéndose a Lina.
En ese momento, se oyó un sordo estampido enmudecido por la distancia, algo similar a un trueno. Sería algo normal si no fuera porque fue seguido de otro similar seguido del tañido de las campanas de alarma procedente de la ciudad. Todo eso junto consiguió ponerlos en alerta; ese no era un ruido normal y todos ellos estaban lo bastante entrenados de una forma u otra en ese tipo de situaciones como para intuir qué podía estar pasando.
-Suena como si fuera una especie de desprendimiento.-supuso Leila.
-Espero que solo sea eso.- contestó su hermano poniéndose en pie.
Todos salieron al exterior de la casa, asomándose hacia la ciudad que había abajo sin prestar atención a los destrozos del combate de la noche anterior producido por las dos Linas y que adornaban el pavimento y los alrededores de la casa familiar; no obstante, el reflejo de la hechicera pelirroja se quedó al final mientras que todos miraban hacia el horizonte buscando el origen de esos estampidos. Elena parecía bastante avergonzada por la impresión que había causado a Gaira Eimberg, así que prefería mantenerse al margen del grupo, pero no por ello desvió la vista del origen del atronador estampido.
Aún así, Lina podía notar cómo no apartaba una mirada de rencor hacia ella, e igualmente otra de pena hacia Gaury.
Fue entonces cuando el rubio espadachín señaló con el dedo el origen del estampido.
-¡Allí!-exclamó.
Todos se volvieron hacia donde él apuntaba con el índice y pudieron ver asombrados como encima del que había sido el castillo de Lord Granion se había situado una gigantesca criatura alada de cuello largo y cola más larga todavía.
-¿¡Un dragón!?- exclamó Lina, más acostumbrada a ver semejantes seres que la mayoría de los mortales.
-Eso parece.- corroboró Luna.
-¡No puedo creerlo!- exclamó Gaira, asombrado.-Creí que se habían extinguido.-
-Es una criatura horrorosa.- añadió Greisia con voz inquieta.
-¿Cómo habrá llegado hasta aquí?- preguntó Hyui.
-Pues a mi me parece que... es un dragón un poco extraño.- apuntó Gaury.
-Sí, a mí también me lo parece.- afirmó Luna con su acostumbrada seriedad.
-¿Qué quieres decir?- preguntó Gaira – Es un dragón que se ha posado encima de las ruinas del castillo.- y diciendo esto, volvió a señalar a la criatura y a los ciudadanos de Stoner que correteaban nerviosos en todas direcciones alrededor de la ciudad. Sus gritos eran tan fuertes que incluso se oían desde donde estaban como un clamor lejano.
-Bueno... pero yo he visto antes más dragones.- contestó Gaury con calma, -Y ninguno era como ese.-
"¡Increíble! Se ha acordado." Pensó para si Lina.
-A mí ese dragón me parece que está hecho de piedra.-explicó.
-¿De... piedra?-exclamó Lina.
-¿Un golem dragón?- añadió Hyui con admiración, -¡Es la primera vez que veo una maravilla así!-
La mente de Lina empezó a elaborar una vaga sospecha sobre la verdadera naturaleza de ese dragón después de haber escuchado a Hyui y Gaury, que se vio confirmada ante el silencio de Greisia. Pero fue rápidamente sacada de sus pensamientos cuando Laila gritó:
-¡Se está moviendo¡Vuela!-
-¿¡Vuela!?-exclamó Lina.
Efectivamente. Con un ensordecedor estampido similar al sonido de un derrumbe de rocas, la inmensa criatura empezó a mover sus pétreas alas como si intentara alzar el vuelo, cosa que increíblemente consiguió. Ante los atónitos ojos de todo el mundo, el dragón de piedra se alzó sobre el aire en un pesado planeo similar al vuelo de un escarabajo, pero que no por eso dejaba de ser sorprendente.
-Quien haya construido un golem así, capaz de volar, realmente es un genio.-dijo Hyui con admiración.
-¡Viene hacia aquí!- exclamó su hermana Leila, asustada.
Y así era. La criatura se aproximaba lenta pero segura hacia la loma donde estaba la casa de los Eimberg; los que antes se habían encontrado con un dragón ahora estaban seguros de que lo que Gaury decía era verdad: era demasiado lento para ser de carne y hueso, ese dragón era "artificial".
-Lina, no hagas nada.- advirtió Luna a su hermana, quien había permanecido callada durante todo ese tiempo.- Y tú tampoco, Elena. No empleéis vuestros conjuros para destruirlo.-
-¡No pensaba hacerlo!-contestó Elena con convicción pacifista, -Yo nunca emplearía mis poderes para hacer algo así.-
Al oírla, Lina suspiró, pero el resto parecía más interesado en saber qué iba a pasar, sobre todo cuando vieron que la criatura de piedra se disponía a descender sobre la explanada frente a la casa de los Eimberg.
-¡Apartaos!-gritó el hechicero de los golems, sin que su mirada no acusara un deje de admiración.
Finalmente, ante sus atónitos ojos, el dragón de piedra se posó con toda la suavidad de la que era posible sobre el suelo; al hacerlo, sus extremidades crujieron con el mismo ruido de rocas entrechocando entre sí, aunque ahora que lo tenían más cerca pudieron apreciar que en realidad eran sillares de piedra como los que se usaban para construir grandes casas y edificaciones los que le daban forma; era como si ese golem estuviese hecho con los restos de una casa o algo parecido.
Era un golem realmente… peculiar.
Zelgadiss se cubrió los ojos con la mano derecha mientras sujetaba las riendas de los dos caballos con la otra mano; los dos animales aún no se habían acostumbrado a semejante trato de ir cabalgando a lomos de un golem de piedra, y el furioso viento de la mañana que corría a semejantes alturas los ponía más nerviosos todavía al afectarles tanto a las orejas.
El propio Zelgadiss se estaba cubriendo por culpa de ese mismo viento que hacía ondear su capa furiosamente, y también por el resplandor del sol de la mañana que le estaba dando directamente a la cara dificultando su visión.
-¡Naga!- exclamó, -¿Realmente era necesario que posaras el golem encima de este castillo en ruinas?-preguntó furioso.
La hechicera le contestó con sus acostumbradas risotadas.
-Es mejor sitio que en la plaza mayor de la ciudad, y desde aquí puede verse toda la ciudad.-contestó ella con su acostumbrada carencia de sentido común.
Zelgadiss chasqueó la lengua y miró la ciudad que se tendía a sus pies; abajo podía ver como los habitantes de esa ciudad gritaban y correteaban como hormigas asustadas a sus pies mientras las campanas repiqueteaban furiosamente el tañido de alarma, obviamente como consecuencia de la repentina aparición del dragón de piedra que se había posado sobre uno de sus dos castillos. El mago espadachín, sin embargo, no pudo evitar mirar alrededor y notar que la orografía de la ciudad era un tanto peculiar, incluyendo la forma en que los dos castillos de la ciudad aparecían dañados. Él había visto suficientes mega-conjuros para saber el rastro que dejan tras explotar.
-Esto... me resulta familia.-anunció, y luego se volvió hacia Naga.- ¿Dónde estamos?-
-En la ciudad donde están Lina y su hermana.- contestó Naga con autosuficiencia. –Yo no soy sacerdotisa, pero ahora mis poderes de oráculo se han ampliado mucho, así que puedo afirmar que Lina está aquí.-
-No me refiero a eso, sino al nombre de la ciudad.-
Entonces Naga comenzó a fijarse con más detalle de en dónde estaba, y los detalles familiares empezaron a agruparse hasta reconocer la ciudad.
-¡Stoner!-exclamó de repente, -¡Esta es la ciudad de Stoner!-
-¿Stoner?- contestó Zelgadiss con asombro, -¿La ciudad de los golems de barro?-
La hechicera asintió y su mirada se volvió seria.
-Aquí, a mí me conocen también.- añadió con una mueca de prepotencia que a juicio de Zelgadiss parecía querer ocultar algo más. -¿Tú también la conoces?-preguntó ella mirándole por encima de sus hombreras claveteadas.
Zelgadiss asintió,
-Solo por la fama. Supe que aquí había grandes hechiceros creadores de golems, pero ninguno de ellos podía tratar mi caso, así que pasé de largo.-explicó. –Pero ahora que ya hemos llegado, tendremos que encontrar a las Invers y Gaury... Seguro que ya nos habrán visto después de aparecer aquí de esa forma.-admitió Zelgadiss con un suspiro. Era posible que las extravagancias de Naga también tuvieran su razón de ser.
La hechicera volvió la vista hacia la loma donde sabía que se encontraba el hogar de los Eimberg y agudizó la vista intentando distinguir al grupo de gente que se veía frente a la casa; demasiada para una familia de solo tres miembros.
-¡Lina, te me has vuelto a adelantar!- exclamó, y comenzó a murmurar las "palabras de poder" para invocar el "Levitación", y rápidamente las rocas cubiertas del polvo de la Piedra de Sarvia que formaban la estructura del cuerpo del golem, comenzaron a brilla animadas por el conjuro de Naga, haciendo que una vez más pudiera moverse por el aire.
Zelgadiss apenas pudo reaccionar manteniendo el equilibrio sobre el dragón de piedra mientras que luchaba por mantener tranquilos a los dos caballos que llevaban consigo; sabía que no podía pararse a razonar con Naga tal y como estaban ahora, además, ella tendría una buena razón para poner el golem otra vez en movimiento. Al menos lo sacaría de donde estaba.
Con un vuelo pesado y ensordecedor por los crujidos de los sillares de piedra, el golem-dragón elevó su pesado vuelo hacia la loma en la que Naga había posado su interés. Zelgadiss agudizó la vista en esa dirección (echando de menos sus antiguos ojos de quimera que le permitían ver con más detalle) en donde alcanzó a distinguir al menos tres brillantes melenas pelirrojas.
Finalmente el golem acabó totalmente relajado e inmóvil sobre la explanada, librado de la voluntad mágica que le hacía moverse. Ahora, ya quieto, parecía solo una tosca y gigantesca escultura en forma de dragón formada por cientos de sillares de piedra basáltica o similar.
Estaba claro que era una criatura artificial y que alguien la había traído hasta allí.
Los Eimberg se acercaron tímidamente al golem, fascinados por una curiosidad profesional, y tímidamente alzaron sus manos para tocarlo.
-¿Un golem de roca en forma de dragón y que vuela?-exclamó Gaira asombrado, -No sabía de nadie de Stoner que pudiera hacer algo así.-
-Ni yo... pero es realmente fantástico.- contestó Hyui con admiración.
-Hyui...- comenzó a decir Greisia acercándose al pelirrojo.
Entonces se oyó el asustado relincho de un caballo desde lo alto del lomo del dragón, que no podía vislumbrarse a ras de suelo dado que las alas tapaban la mayor parte de la perspectiva.
-¿Un caballo?-exclamó Laila.
A su lado, Luna no contestó, sino que se limitó a seguir observando, mientras que Lina se aproximaba a los Eimberg.
-Hay alguien encima de ese bicho.- anunció Gaury sin perder de vista a la pelirroja.
Zelgadiss y Naga se asomaron a la cornisa del lomo del dragón, y unos 5metros más abajo vieron a toda la gente que literalmente les estaba esperando. Y de la misma forma literal, ninguno de los dos pudo evitar una ahogada exclamación de asombro.
Allí, tal y como Naga había previsto a su manera, estaban las Invers y Gaury junto a los Eimberg... pero lo que no había previsto es que además de ellos también hubiera otra más de sus muchas copias que había por el mundo abrazándose con temor a Hyui, y tampoco otra copia de Lina que aparecía tímidamente situada tras Gaury, como si buscara su protección.
-¿Pero qué...?-exclamó Zelgadiss haciéndose eco de los pensamientos de Naga.- ¿Qué es eso?... Ver una copia tuya más ya no me sorprende después de todo lo que he visto... ¿Pero una copia de Lina...?-anunció con asombro.
De todas formas, a ojos de Zelgadiss había algo extraño en esas copias. La de Naga parecía extrañamente recatada y temerosa al lado de ese tipo tan alto como Gaury que les miraba con asombro y desconfianza; y la de Lina parecía igualmente delicada e insegura respecto a la hechicera que él conocía. De todas formas, eso solo era una trivialidad para el asunto que ahora le ocupaba.
Zelgadiss comenzó a bajar dando saltos por el muro de piedra que formaba los costillares del golem-dragón donde estaba, ya que ahora que era totalmente humano no podía permitirse las mismas proezas físicas que en el pasado cuando todavía era quimera. En apenas unos saltos descendió al suelo con seguridad, mientras que sorprendentemente Naga parecía titubear antes de decidirse a bajar; eso facilitó que todos los demás pudieran verle con detalle, y ahora Zelgadiss podía experimentar que por primera vez en mucho tiempo no llamaba la atención solo por su aspecto físico, sino por su sorprendente entrada en escena, un sentimiento que tanto a Lina como a Naga y Amelia les entusiasmaba.
-Es él, es el hombre que vi en el oráculo junto a Naga.-exclamó asombrada Greisia.
-¿Qué...¿Con Naga?- respondió Hyui en el mismo tono, y clavó al vista en él, un hombre tal vez algo mayor que él a juzgar por el gesto de su rostro, parejo al hecho de que llevase una gran espada bastarda colgada al cinto.
-Aparta.-le ordenó Zelgadiss secamente echándole a un lado para poder pasar.
Aunque molesto por el trato, el hechicero pelirrojo obedeció con cautela, intuyendo la clase de hombre que era aquel y lo que podía pasar.
-Zelgadiss... ¿qué haces aquí?-preguntó Lina acercándose a él, -¿Cómo nos has encontrado¿No ibas a la Torre de Rezo?-
-Eso es lo de menos ahora.- apuntó Luna acercándose a ambos,- Lo importante es que Naga y él han venido.-
-Es cierto, Luna.- contestó Zelgadiss deteniéndose ante las Invers e ignorando al resto de los presentes.- Es posible que tú puedas saber ya algo, pero lo cierto es que... tenemos un problema. Uno muy grave.-
Lina parpadeó sin comprender.
Entre tanto, Naga por fin se había animado a descender de la grupa del golem y ahora estaba frente a su reflejo y los Eimberg.
-Naga... ¿la de verdad?-preguntó.
-Sí, Hyui... –contestó con voz seca y una sonrisa prepotente, -Hacía mucho tiempo que veía a quien me fabricó un golem.-entonces se inclinó hacia su reflejo, hasta casi tocarse la nariz con ella.- ¿Y tú quién eres? No pareces uno de mis clones.-preguntó.
-Ella es...- Hyui ni sabía que decir, más cuando Greisia aparecía tan abrazada a él.
-Soy su reflejo, señorita Gracia.- contestó la versión recatada de Naga, -El reflejo que nació de usted y del espejo Reflector de Sombras de Shazard Lugandy. Ahora vivo aquí.-
Naga sintió un escalofrío involuntario; de todas las versiones suyas que correteaban por el mundo, su reflejo era la que menos toleraba, y ahora ella aparecía allí junto a Hyui en una actitud claramente cercana... eso sin mencionar al reflejo de Lina y su original que también andaban por allí.
-Sé por qué has venido.- añadió su reflejo para incomodidad suya.- Y me alegro que lo hayas hecho.-
NOTAS:
(1) El nombre de "Elena" es el de una de las versiones contrarias a Lina que sale en uno de los videojuegos; la chica es idéntica a ella pero tontita y bien dotada. Así que me pareció interesante usar su nombre para el reverso de Lina en la versión animada.
(2) "Greisia" es en realidad la pronunciación japonesa del nombre de "Gracia", una versión casi anglófona del nombre. Es por eso que la usé para referirme al reflejo de Naga.
(3) En lo que he leído de las novelas, no se explica cómo hacen los sacerdotes para usar su oráculo, solo que son capaces de tener visiones. Esto lo describí basándome más bien en el oráculo de Shilfild.
