Disclaimer: Todos los derechos de autor están reservados a Hajime Kanzaka y Rui Araizumi y Tokyo TV, SOFTX; los personajes y el contexto. El argumento y personajes muy secundarios, son míos. Comentarios y opiniones, al final de la obra.
N. de A.: Bien, lo primero de todo, siento el enorme parón que ha supuesto esta historia, de la que sólo quedan 3 capítulos (incluyendo este mismo) para acabar. No ha habido una única razón para justificar que esta historia haya estado parada durante tanto tiempo, sino un cúmulo de razones. Por un lado, mi vida personal, que en todo este tiempo ha dado bastantes tumbos y ha afectado mis movimientos por el fandom. Luego, tal vez la principal, la desidia, pues para cuando estaba escribiendo estos últimos capítulos, la nueva serie de "Slayers" estaba siendo emitida, y aunque disfruté viéndola, no fue tanto como las anteriores series: gráficamente estaba muy bien, pero el argumento era un refrito sin mucho sentido de las novelas, y las posibilidades que planteaba sobre los personajes y su pasado eran bastante flojas. La falta de evolución general de los personajes me dejó bastante fría. Luego, otras cosas como el combate entre Xelloss y Rezo, que yo ya había relatado antes, me hicieron gracia, o la relación entre Naga y Amelia, aunque no supieran quiénes eran realmente.
Mi intención principal siempre fue escribir una historia que encajara lo máximo posible con el universo de Slayers, aunque obviamente yo no soy Kanzaka, y todo ese batiburrillo de continuidades me desanimó. Pero después de todo el esfuerzo que he puesto durante tanto tiempo en escribir esta historia, ver que tanta gente la ha seguido y que yo misma me quejo de ver inacabados los fics que me gustan, no era cuestión de dejarla a medias, sobre todo tan cerca del final. Así que aquí va lo que queda.
Retomar lo que me quedaba por escribir ha sido pesado de hacer; es verdad que ya tenía mucho escrito de lo que quedaba, pero tenía que recordar lo que aún me quedaba por hacer, revisar lo que ya tenía y volver a mirar mucha de la info que necesitaba para continuar. Es casi más difícil retomar una cosa que empezar desde 0 cuando se está en esta situación. Por otra parte, mi estilo escribiendo ha cambiado un tanto durante este tiempo, y también he aprendido unas cuántas cosas sobre técnicas narrativas y presentación de una historia… pero que realmente no voy a usar en mis fics porque las encuentro irritantes cuando las veo por ahí. No obstante, he intentado que todo lo que he escrito nuevo sea lo más similar a lo que ya tenía escrito para que no se note mucho el cambio.
Finalmente, este capítulo es bastante carente de acción, sino que se centra más en las relaciones personales de los personajes y su entorno, así que hay mucho-mucho diálogo. El que viene ya es otra cosa más intensa.
Disfrutadlo.
=Capítulo-8=
"Romper y rasgar"
Xelloss había oído decir a Lina Invers en muchas ocasiones cosas como "los bandidos son como las cucarachas, por muchos que elimine siempre saldrán más", y el propio Mazoku había podido comprobar lo ciertas que eran esas palabras.
Más ahora que realmente necesitaba de ellos.
La mayor parte de las bandas organizadas de bandidos estaban compuestas por individuos lamentables y procedentes de las capas más bajas de la sociedad humana; en ocasiones incluso había hombres-lobo y otras clases de seres casi humanos que relegados a los rincones de la sociedad humana habían acabado convirtiéndose en bandidos. Y en otras ocasiones ellos mismos contaban en su haber un grupo de bestias o monstruos, tales como bersherkers o trolls, que poder emplear en los ataques arriesgados.
Pero nada de eso suponía un problema a alguien tan poderoso como Xelloss, aunque él ahora mismo necesitara de esas mismas criaturas para... recuperarse.
Xelloss estaba herido. No tanto como cuando luchó contra Gaarv, quien era considerablemente más fuerte que él, sino más bien como cuando se enfrentó a Vargaarv y este demostró la extraordinaria criatura que era en realidad. Rezo había demostrado ser un adversario a la altura de las circunstancias; era solo un humano pero había tenido una voluntad tan fuerte que había podido doblegar al propio Ojo de Rubí durante el tiempo suficiente como para que Lina lo destruyera con el "Giga Slave"... y alguien con semejante fuerza de espíritu y no solo poder mágico, realmente suponía un problema para un ser que solo se mueve por conciencia, como era el caso de Xelloss. Rezo había conseguido detenerle el tiempo suficiente como para permitir a su nieto (o lo que fuera) escapar del Sacerdote Bestia, y por lo mismo había conseguido herirle.
Era por eso que ahora necesitaba de los bandidos.
Xelloss se acercó a la entrada de la fortaleza medio derruida que era la guarida principal de ese grupo de bandidos en particular, causando que los guardias de la misma –unos hombres toscos vestidos con ropas igualmente toscas y arbitrarias, pero adornados con cicatrices y armas de diversos tipos- se quedaran asombrados al verle aparecer. Xelloss caminaba hacia ellos con tranquilidad, con su habitual aspecto de sacerdote enlutado en una capa de terciopelo, y su expresión risueña, como si aquello fuera lo más natural del mundo.
— ¡Eh, "saserdote"!— increpó uno, — ¿Qué "hase´" aquí?
—Oh, nada...— contestó el aludido deteniéndose frente a ellos, —Solo he venido porque tenía algo que hacer. — Xelloss podría estar herido, pero le seguía gustando jugar igual que siempre.
— ¿Algo que "haser"?— replicó el segundo, y luego se volvió hacia su compañero— Oye... ¿sabes tú algo sobre que el jefe haya pedido un sacerdote?—preguntó.
—No me ha dicho "nah´"... Pero sería mejor preguntar.
Al parecer, esos bandidos estaban mejor organizados que la mayoría que Xelloss había visto.
—Oh, no os molestéis...— respondió él con su habitual tono cantarín, —... He venido por mi cuenta.
Los dos bandidos se volvieron hacia él, sorprendidos, y entonces, por primera vez repararon en el bastón que llevaba el sacerdote, una pieza aparentemente de madera con runas grabadas sobre la caña y una venda a modo de empuñadura, no era lo que parecía, sino que estaba quebrada en varios puntos de su longitud, sosteniéndose de una sola pieza de forma casi imposible. Otro tanto ocurría con su capa de terciopelo negro, que se encontraba rasgada y agujereada en varios puntos, y no solo del bajo (que habría sido lo más normal) sino en toda su amplitud Lo más extraño es que entre esas fisuras no eran de ropa destrozada sin más, sino que se veía un resplandor negro y una especie de neblina oscura emanando de ella, que, incluso para los no versados como aquellos dos bandidos, resultaba atemorizante.
— ¿Quién eres?— preguntó de nuevo.
—Yo... solo quiero comer— contestó Xelloss abriendo los ojos y mostrando sus pupilas violáceas de ojos rasgados.
Recordando una vieja canción infantil que advertía sobre la gente con "ojos de gato", los bandidos apenas tuvieron tiempo de reaccionar al saber qué clase de individuo era aquel sacerdote.
Algo más tarde, Xelloss reposaba en medio del patio principal de la maltrecha fortaleza sentado sobre un pilón para dar de beber a las caballerizas. A su alrededor, los cuerpos de medio centenar de bandidos agonizantes y moribundos se esparcían cubiertos de sangre; el mazoku había matado a unos pocos de forma inmediata sin haber usado ninguno de sus recursos, y había dejado maltrechos pero vivos a la mayoría intencionadamente. La razón era que necesitaba que sus espíritus siguieran vivos para poder alimentarse de su agonía y así recuperarse.
—Esto... está mejor — suspiró con alivio mientras absorbía el "miasma" que aquellos desgraciados emanaban.
Sus heridas se iban cerrando poco a poco, y Xelloss empezó a sentirse completo de nuevo, aunque aquel miasma no era el mejor que había probado ya que carecía de una voluntad fuerte ni de pureza suficiente, sino que procedía de espíritus caídos que habían perdido el deseo de luchar, pero eso era mejor que nada.
Xelloss, inteligente como era, había jugado con su comida antes de tomarla para sacarle el mayor provecho posible, y ahora que estaba relajado, su mente vagaba evaluando su próximo movimiento. Sabía que la Piedra de Sarvia estaba en posesión de la sacerdotisa de Hulagón, otra humana que si bien no poseía una gran capacidad de combate, sí tenía un espíritu lo bastante fuerte como para haber atacado al propio Fibrizo usando el conjuro estrella de la magia negra. Y si alguien así poseía la Piedra de Sarvia, eso la hacía doblemente peligrosa... Tenía que averiguar la forma de hacerse con ese objeto sin que resultara destruido.
Pero sobre todo, primero debía encontrarla.
Shilfild y Melina almorzaba con tranquilidad en un pequeño mesón que habían encontrado en su camino y que dirigía una joven de alborotado cabello rubio llamada Miranda Macstar, según supieron. El pueblo, llamado Wimbou, estaba situado en una ruta algo más apartada de los principales –pero muy transitados- caminos que cruzaban el inmenso bosque de Kresaus, así que era una población pequeña y aparentemente tranquila, aunque seguramente esa villa tuviese alguna particularidad dada la cantidad de gente armada que se veía en ella. Pero Shilfild había notado otra cosa gracias a su capacidad de sacerdotisa que en esa ciudad había pasado "algo", y que la tal Miranda tenía algo que ver con ese "algo". Al mismo tiempo también había algo más que la inquietaba desde hacía un par de días al menos, y no sabía muy bien de qué se podría tratar.
—Tomen, aquí tienen— les dijo ella mientras depositaba sendos platos de un guiso de legumbres con carne de despojos y varias verduras; un socorrido guiso de campesinos pero igualmente caliente y nutritivo.
Shilfild cogió la hogaza de pan y la dividió en dos porciones, una para ella y otra para su acompañante.
—La verdad es que se agradece poder comer por fin algo caliente—exclamó Mellina, — Viajar en esta época del año es muy duro.
—Cuanto más al sur vayamos, más cálido será el ambiente— contestó Shilfild tomando una cuchara de palo y removiendo el plato de legumbres, — Además, queda poco para llegar a Seillon. Solo tenemos que tomar el barco en Sadgria para cruzar al otro lado del gran lago y entrar en Seillon.
Mellina la escuchó con la mirada atenta a su propio plato de legumbres, sin atreverse todavía a llevarse una cucharada a la boca, en parte porque estaban muy calientes, en parte porque estaba demasiado inmersa en sus pensamientos.
—Shilfild… ¿Puedo hacerte una pregunta?— dijo por fin.
—Sí, claro— contestó la sacerdotisa educadamente mientras luchaba contra el calor del guiso en su boca. — ¿De qué se trata?
—… Todo esto… —comenzó a decir Mellina en tono vacilante, — Todo lo que Zelgadiss está haciendo… Bueno, supongo que se podría interpretar como una redención por lo que el Maestro Rezo le hizo… Él es ahora muy distinto a como era cuando mi familia le crió, pero…
—No dudes de la palabra de tu… bueno, no sé si llamarlo "hermano"—contestó Shilfild. —Él es una persona bastante integra, en contra de lo que pueda parecerte ahora.
—Sí, eso quiero creer— asintió Mellina aún sin probar de su plato, — Pero lo que quiero decir es… ¿Por qué tenéis tanto interés en que la Corona de Seillon sepa lo que ocurrió con esa sacerdotisa?— pregunto por fin, — ¿Por qué el Príncipe regente de Seillon debe saber que ella ha muerto? ¿Tan importante es?
—Mellina…— exclamó Shilfild con suavidad.
—Por favor, no me mal interpretes— se apresuró a responder la joven, —Pero no acabo de entender por qué Cephied presta su poder para dar resurrección a una persona, a esa persona en particular… cuando todos decís que Zelgadiss acabó con muchos siguiendo las órdenes del Maestro Rezo.— Mellina tensó la mandíbula, —Sencillamente es injusto.
Shilfild la miró largamente, como si ella también hubiese pensado lo mismo en algún momento.
—Es cierto… Visto desde tu situación, puedo entender que lo juzgues así. Pero Amelia también era amiga mía y me hace feliz que pueda resucitar después de su sacrificio y de todo lo que ha hecho por el mundo. Además, yo no soy quién para oponerme a los designios de Nuestro Señor Cephied y sé que lo hace por algo.
—… Hablas así porque eres una sacerdotisa— la increpó Mellina, —Y aunque yo no puedo poner en duda la palabra de Cephied y de sus sacerdotes… ¿Por qué debe el príncipe regente de Seillon saber lo que pasa? ¿Tiene algo que ver con el clero de la Ciudad de la Magia Blanca?
Aunque ella había formulado la pregunta, Mellina se sorprendió cuando vio que Shilfild asintió con la cabeza.
—Sí, Amelia es su hija— reveló con gravedad.
Mellina dio un respingo.
— ¿¡Qué!?— exclamó, —¿En serio? ¿La princesa de Seillon?
—Sí, y su hermana mayor es señorita Naga, la hechicera que acompaña a tu "hermano".
Su interlocutora permaneció unos largos instantes en silencio, aún digiriendo la noticia que acababa de recibir y sin atreverse a preguntar nada más. Shilfild, adivinando lo que podía pasar, intervino.
—Imagino que Zelgadiss no te habrá contado nada de esto para no involucrarte más de lo necesario, pero así es.
—Entonces, ¿por qué me dices eso ahora? A lo mejor debería haber preguntado antes.
Shilfild permaneció callada unos instantes; Mellina tenía razón, pero ahora sabía que algo se cernía sobre ellas y no debía permanecer callada. Finalmente se avino a contestar.
—Porque a estas alturas ya no importa que lo sepas… Y creo que van a pasar cosas más serias, así que es mejor que estés preparada.
—…A veces creo que… no debería haber hecho este viaje— musitó la joven. –He sabido muchas cosas que no debería haber descubierto.
—No hables así—la contradijo Shilfild. —Todos nosotros tuvimos la opción de quedarnos sin hacer nada y al final hemos logrado grandes cosas. Yo también tengo un sueño y quiero poder cumplirlo de alguna forma. Por eso viajo aquí.
—Supongo que… tienes razón— contestó Mellina, —Ya no puedo echarme atrás.
Shilfild decidió no seguir presionando la conversación. Esa joven le caía bien pero, aunque sí parecía tener voluntad suficiente como para querer averiguar qué pasó realmente con su mundo y su entorno familiar (aunque técnicamente ni Zelgadiss ni el propio Rezo eran familia, solo sus señores), tampoco parecía estar totalmente preparada para lo que estaba descubriendo.
Pero la sacerdotisa del Hulagón también tenía otra razón para no querer seguir hablando de tema pese a todo lo que le había dicho ya; estaba preocupada. Desde hacía días sus capacidades de percepción como sacerdotisa, muy agudizadas en las últimas semanas, le habían estado advirtiendo de cierto peligro en torno a su persona y a Zelgadiss y Naga, aunque afortunadamente no parecía que esa sombra afectara de la misma forma al grupo de las Inverse y Gaury. Shilfild no podía decir en qué sentido, pero sí que algo malo podía pasar.
Zelgadiss caminaba arriba y abajo del salón de la casa de los Eimberg, negándose a tomar asiento junto al resto pese a que ya se lo habían ofrecido varias veces. Lina, Gaury y Luna aguardaban esperando alguna reacción de su parte, mientras que Hyui le miraba con mal disimulado recelo, y ambos reflejos con actitud expectante. Sólo Naga parecía encontrarse al margen de todos ellos, comiendo con ansia parte del desayuno que Laila había preparado, mientras que Gaira presidía la mesa con la actitud propia del patriarca familiar.
—Rezo… apareció— explicó entonces Zelgadiss deteniéndose en medio del comedor, — El Monje Rojo se nos apareció como espectro a mí y a Naga para revelarnos el paradero de la Piedra de Sarvia.
— ¿¡Cómo!?— exclamó Lina sin contener su asombro, —¿¡Rezo!?
— ¿Quién es Rezo?—preguntó Laila por lo bajo a su hermano.
—Es el Monje Rojo… Un sacerdote que no está vinculado a ninguna concesión y que viaja por el mundo para sanar a la gente— explicó Greisia, —Me encantaría conocerlo... aunque hace mucho que no se sabe de él— añadió con un suspiro.
Zelgadiss ignoró los cuchicheos de la mesa e intentó seguir con el tema que le atenazaba en ese momento, pero Greisia estaba muy entusiasmada con la (lejana) posibilidad de poder ver a Rezo.
— ¿Vosotros conocéis al Monje Rojo?—preguntó de repente alzando la voz.
Lina se volvió hacia ella, tan dispuesta como sabedora de que debía romper el encanto del carisma del Monje Rojo.
—Sí; algunos de nosotros le conocimos hace unos años—contestó en un tono cercano a un suspiro de hastío, opuesto a la ensoñación de Greisia. — Y creedme si os digo que tampoco es para tanto. —Entonces Lina se volvió hacia él y le pidió, —Continua, Zel. ¿Qué pasó?
Zelgadiss miró a Lina, aliviado por su intervención y porque no revelara a ninguno de los presentes su relación con el Monje Rojo surgiendo un acuerdo tácito entre todos ellos acerca de no revelar sus parentescos al no ser que fuera necesario. A pesar de lo ocurrido hacía unos días, Zelgadiss aún veía aquello más como una maldición que como un privilegio.
Por otro lado, Greisia no pudo ver satisfecha más de su curiosidad, y para su sorpresa, las explicaciones del tal Zelgadiss arrojaban más interrogantes que respuestas.
—..Era un fantasma, un espíritu… El suyo—dijo mirando hacia el paisaje que se veía a través de la ventana principal del salón— Lina, tú y yo nos hemos enfrentando anteriormente a "no muertos" y otros espíritus… También hemos visto los fantasmas de los habitantes de Sairag que conjuró Fibrizo. No es la primera vez que vemos gente que ya no es como nosotros, que esté viva.
—Sí, lo sé, Zelgadiss. Y nunca es agradable— contestó Lina, pues realmente parecía ser la única persona de la sala con la que Zelgadiss parecía estar teniendo un auténtico intercambio de impresiones, pues Luna se limitaba a escuchar y seguirles con la mirada, mientras que Naga seguía comiendo con ganas y sin parar desde que se sentó a la mesa; la familia Eimberg les escuchaba sin entender mucho, aunque tampoco les habían apartado de la conversación.
Zelgadiss asintió suavemente y continuó con su relato de los hechos.
—Rezo parecía haber regresado desde el otro mundo o lo que sea para hacerme una advertencia. Quería que tanto Naga como yo supiéramos dónde está la Piedra de Sarvia y que los mazoku no estén interesados en que la encontremos. Más bien quieren evitar que eso pase.
— ¿¡Qué!? ¿Los Mazoku? —exclamó Lina, alzándose leventemente de su asiento, aunque sin abandonar su puesto.
—Pues sí, Lina— contestó Naga arreglándoselas para intervenir en la conversación entre bocado y bocado. — Tu amigo, ese sacerdote que se cree tan simpático, Xelloss, apareció y nos atacó.
Ahora Luna sí que tenía toda su atención en la conversación, mientras que los ojos de los Eimberg saltaban de uno a otro como espectadores de un partido de tenis.
— ¿Xelloss apareció luego? —inquirió en un tono peligrosamente tranquilo, —¿Y qué hizo?
—Nos atacó. Primero a Rezo y luego a nosotros dos… Le pudimos hacer frente de mala manera y al final Rezo pudo repelerle, pero no sé a qué precio— explicó Zelgadiss.
Lina boqueó como un pez, intentando articular algún pensamiento coherente ante lo que estaba escuchando. Un escalofrío recorrió su espalda: hasta ahora, Xelloss nunca les había atacado o puesto en su contra, como mucho había manipulado los acontecimientos para manejarles en sus propósitos, pero no había habido nunca un enfrentamiento directo.
Y sin embargo, parecía que ahora eran enemigos. Enemigos de verdad, como lo había sido Gaarv, por ejemplo. Eso era algo que Lina (y todos los demás, de hecho), siempre habían preferido pensar que nunca ocurriría, aunque supiesen que Xelloss era un adversario en potencia. Pero la explicación de Zelgadiss traía consigo otro hecho igualmente chocante.
— ¿Es verdad todo eso, Zelgadiss? ¿Os atacó y Rezo luchó contra él?
—No sé si será verdad o no lo que Rezo dijo, pero después de lo que pasó en su torre, dudo mucho que sea mentira—explicó, — Pero por lo menos sí nos reveló dónde se encuentra la Piedra de Sarvia.
— ¿Dónde…?—musitó Lina, asombrada por lo que Zelgadiss decía.
—La tiene Shilfild— contestó Naga desde la mesa, —La Sacerdotisa del Hulagón.
La sorprendente declaración de Naga atrajo todos los ojos de los demás sobre ella, quien disfrutó en secreto por ser el centro de atención de todos ellos.
— ¿¡Qué la tiene Shilfild!?—exclamó Lina esta vez poniéndose en pie.— ¡No es posible que ella la tenga! ¿¡Cómo!?
—… Debí haberlo supuesto— suspiró Luna al margen de la reacción de Lina, y Zelgadiss pestañeó al oírla.
—Shilfild… ¿La sacerdotisa del Hulagón, decís?—preguntó de repente Greisia, el reflejo de Naga.
—Sí, eso es— afirmó Gaury, quien había permanecido al margen durante todo ese tiempo. —Una vieja amiga nuestra que cocina muy bien.
—Eh, Greisia, hablas como si la conocieras—exclamó Lina.
—No, no la conozco... Pero creo que es la sacerdotisa que vi anoche en el oráculo del templo de la ciudad.
— ¿En el oráculo?—exclamó Zelgadiss acercándose a la mesa, —Explica eso.
Súbitamente, Greisia robó todo el protagonismo que Naga había tenido hasta hacía solo un momento, y la tímida sacerdotisa se vio obligada a contar lo que había visto la noche anterior; a su lado, Hyui seguía conteniendo la expectación de todos los demás, sobre todo de Zelgadiss, quien le seguía imponiendo un sentimiento cercano al miedo y el disgusto.
—Ayer, cuando acompañé a la señorita Luna al templo de la ciudad, pude ver cosas… cosas que creo que tienen que ver con lo que están hablando—explicó la copia de Naga tras carraspear para aclararse la garganta, no tanto por necesidad como por calmar sus nervios. —Vi una sacerdotisa de la orden que había en Sairag, y también noté que se hallaba bajo un peligro, una sombra que la acechaba… -Y seguidamente les contó a todos lo que el día antes había relatado a Luna y Laila.
Zelgadiss resopló.
—Entiendo. Yo era el sacerdote-espadachín que viste, y no hay duda que Shilfild era esa sacerdotisa.
—Lo que está claro es que Shilfild está en peligro… y posiblemente Mellina también lo esté.
—Si Mellina es la campesina que vi junto a la sacerdotisa de Sairag, no notó que hubiese nada malo sobre ella—señaló Greisia con suavidad.
—Eso no importa—replicó Luna, —Sólo por estar junto a Shilfild, ella ya está en peligro.
—Es cierto. No sé si Xelloss podría dar con ella, o cuánto tiempo tardará en hacerlo… pero si todo lo que Naga y Zelgadiss han contado es verdad, lo más probable es que Xelloss vaya a su encuentro. Le sería más fácil enfrentarse a ella, aunque tenga la Piedra, que a todos nosotros juntos.
—Y a mí—añadió Luna en tono grave.
Gaury frunció el ceño. Aunque los detalles técnicos se le escapaban, tenía claro que Shilfild, una de las personas por las que más se preocupaba en el mundo, estaba en claro peligro, y que ese peligro era Xelloss. En circunstancias normales, el mazolu-sacerdote no habría supuesto ninguna preocupación para él, y posiblemente incluso se acabara olvidando de él… pero las cosas cambiaban cuando Gaury tenía que enfrentarse a algún peligro.
—Si Shilfild está en peligro, debemos ir en su búsqueda cuanto antes—exclamó.
Lina no sentía ningunos celos hacia Shilfild, hacía tiempo que había superado esa etapa y era consciente que para Gaury, ella era muy importante, aunque de una manera distinta a lo que la propia Lina lo era. La hechicera Rosa también se encontraba preocupada por la sacerdotisa.
Zelgadiss, en cambio, había estado mirando a Greisia –o como quiera que se llamase aquella copia de Naga- con curiosidad. Esa mujer tendría el mismo físico que la primera princesa de Seillon, pero parecía tener una marcada personalidad propia que los clones de Naga carecían, y además, mucho sentido común. Era, literalmente, una especie de opuesto a Naga, y ahora el tal Hyui Eimberg, quien no había participado en toda la conversación, la cogía de la mano y se la apretaba, mal interpretando la penetrante mirada del mago-espadachín. Después de todo él había venido acompañando a Naga.
Hyui Eimberg, el chico que le habían presentado al llegar a esa casa, no disimulaba el nerviosismo que Zelgadiss le infundía, y ahora parecía tener otra razón para ello. Pero eso a Zelgadiss no le importaba y fue directo al grano.
—Greisia… ¿Hasta dónde llegan tus capacidades de sacerdotisa?—preguntó sin rodeos.
—Pues… tengo las mismas que mi original, la señorita… Naga.
Y todas las miradas se volvieron hacia la aludida, que depositó sobre la mesa con un golpe seco el vaso sobre el que había estado bebiendo, y luego se secó la boca con el dorso de la mano, aún enguantada. Naga podía ser tan despreocupada como elegante.
— ¿Es verdad eso, Naga?—preguntó Hyui un tanto inseguro, aunque era difícil adivinar si era porque dirigirse a ella le perturbaba, o porque era algo totalmente inesperado.
Naga se llevó la palma de la mano a la boca y soltó una de sus carcajadas.
—Naturalmente, no puede ser de otra forma—explicó como si los demás tuvieran que saber obligatoriamente todo lo referente a sus capacidades con la magia. —Yo fui entrenada como sacerdotisa y conozco los procedimientos de la magia blanca… Pero nos los practico.
—Vaya, pues tiene razón…—comentó Lina mirando a Greisia. —Eres su opuesto después de todo.
El reflejo de de Naga asintió suavemente con un gesto tímido y comedido, justo lo contrario de cualquiera de los gestos de su original. Hyui, en cambio, se quedó mirando a Naga fijamente.
—Vaya—musitó.
Zelgadiss ignoró el pomposo comentario de Naga, algo en lo que ya tenía harta práctica, y se quedó mirando a su reflejo fijamente, evaluando la situación. No entendía todo lo referente a "ser un reflejo" de lo que hablaban los demás, pero ese no era el asunto a tratar.
—Entonces, ¿serías capaz de localizar a Shilfild y decirnos su paradero?—preguntó sin rodeos.
—Su… supongo que sí. Pero tendría que hacerlo en el templo que hay en Stoner, aquí no.
—Yo puedo ayudarte igual que hice anoche, Greisia—se ofreció Luna en tono grave.
—Bien, entonces bajemos a la ciudad y averigüemos lo que podamos. Cuanto antes acabemos, mejor—arengó Zelgadiss.
—Pe… pero al Sr. Anglesy no le va a gustar—intervino entonces Elena con un hilo de voz, posiblemente aún cohibida por lo que había pasado la noche antes.
Zelgadiss se volvió hacia esa versión tan tímida y apocada de Lina y la miró de forma penetrante. No entendía el por qué de esa advertencia.
— ¿Qué…?
—No te preocupes, Zel, ya contesto yo— se apresuró a intervenir Lina para luego volverse hacia su reflejo, cosa que le producía siempre cierto malestar. Es difícil hablar consigo mismo cuando se es lo opuesto a lo que uno es y se razona de forma tan distinta. —Elena… Lo que tenemos entre manos es muy importante, y no importa que a ese tal Anglesy le guste o no. Por cierto, ¿quién es? ¿Alguien importante?—preguntó dirigiéndose a todo el mundo.
—Es el adjunto al prior del templo de Raguradya que hay en la ciudad, un hombre muy ocupado desde que los lores de la ciudad ya no lo gobiernan. Ahora el templo estará empezando a llenarse, y dentro de poco empezará a venir gente aquí para que Greisia les atienda en su casa de curas—explicó Laila de forma diligente, para luego poner una expresión compungida. —Ya sabía yo que no nos daría tiempo a todo y sólo tendríamos urgencias en esta casa.
Zelgadiss pestañeó ante la súbita e inesperada declaración de mala suerte de esa joven pelirroja que acababa de conocer, más cuando los problemas que ella anticipaba le parecían una mera minucia comparado con lo que tenían entre manos. Entonces sintió cómo una mano le daba palmaditas en el hombro como intentando consolarle, anticipándose a su reacción.
—Tranquilo, Zel. Ella siempre está así—le explicó.
—Yo tengo que ayudaros a encontrar a esa sacerdotisa, aunque el templo esté lleno y el Sr. Anglesy esté tan ocupado y empiece a venir gente aquí. Es lo mínimo que puedo hacer—musitó Greisia con un hilo de voz.
—No te preocupes, Greisia. Ve con ellos al templo y haz lo que tengas que hacer. Eso es lo más importante… Nosotros ya nos encargamos de decir que hoy no admites visitas, ¿vale?—le contestó Hyui mientras pasaba una mano por su brazo en un gesto que pretendía influirle seguridad.
Gesto que no pasó desapercibido para Naga, quien contempló la escena con una ceja ligeramente arqueada. Desde que había llegado, ya iban unas cuántas veces que había visto gestos muy familiares y cercanos entre su reflejo y Hyui.
—Mi hijo tiene razón, Greisia. Ve con Lina y sus amigos a resolver en lo que puedas ese embrollo en el que están metidos.
Zelgadiss clavó la mirada en el patriarca de la familia, una persona aparentemente muy segura de sí misma pero igualmente ignorante de lo que estaba pasando o de su propia identidad, lejos de la desconfianza hacia él que había percibido en el joven Eimberg. En cualquier caso, asintió suavemente en gesto de agradecimiento mientras que Lina levantaba el pulgar en gesto de triunfo.
—De acuerdo, no se hable más. Vayamos al templo de Raguradya y averigüemos lo que tengamos que saber—exclamó.
Así las cosas, un grupo compuesto por Lina y su hermana Luna, Goury, Zelgadiss y Greisia, de nuevo vestida con sus ropas de sacerdotisa y con su larga melena recogida en una gruesa trenza, se puso en marcha hacia el templo donde la noche antes Greisia había llevado a cabo su ritual. Zelgadiss no había comido nada desde su llegada, sólo bebido un poco de agua, así que ahora se había llevado algo de fruta para consumir por el camino y que Laila Eimberg le había ofrecido mientras les acompañaba una parte del trecho que llevaba hasta Stoner, pues si bien no podía asistirles con lo que iba a pasar en el templo, aún seguía trabajando en la ciudad pese a que la familia ya no tenía los mismos problemas económicos que tiempo atrás.
El reflejo de Lina, Elena, tampoco les acompañó, ya que tampoco podía ayudar en nada a su amiga, y aún se encontraba avergonzada por lo ocurrido la noche antes, prefiriendo quedarse en la casa ayudando al patriarca de los Eimberg a modo de disculpa por lo ocurrido y arreglando parte del estropicio que ella misma había causado, aunque su magia tampoco era de gran ayuda en tal menester. Naga, por otro lado, tampoco se dispuso a acompañarles, pues aunque no lo quería reconocer, crear un golem de piedra con los remanentes de la Torre de Rezo y hacerla volar tantos kilómetros, la habían drenado considerablemente y ahora lucía con el cabello salpicado de hebras blancas y los pómulos considerablemente más marcados, motivo por el cual había estado consumiendo tanta comida; ahora sólo quería descansar para recuperarse. De hecho, no faltó mucho para que después de su copioso desayuno, se repantingara sobre un banco situado en el porche de la casa familiar, y que no recordaba que estuviera ahí durante su visita anterior.
-Eso y otra serie de ampliaciones realizadas en la casa. Era un buen sitio en donde sestear despreocupadamente mientras su doble hacía un trabajo que ella no podía realizar.
Lo curioso del asunto era… ¿Por qué su reflejo estaba tan dispuesto a ayudarla en el problema en el que estaban todos metidos? Ni los Eimberg ni los reflejos de las dos hechiceras tenían algo que ver, y lo único que se le ocurría es que la zapatilla que Lina siempre llevaba encima tenía algo que ver en obligarlas de alguna manera a que fueran tan diligentes con ellos. Eso o la propia Luna, una mujer a la que nadie parecía atreverse a chistar.
Naga decidió que no había motivo por el que preocuparse más de esas cosas, y se dejó llevar por la morriña del cansancio y el estómago lleno.
Hyui Eimberg caminó con paso quieto alrededor de la enorme mole en forma de dragón con la que Naga y el tal Zelgadiss habían aparecido de esa forma tan llamativa ante la puerta de su casa familiar a las afueras de Stoner. Cerca de allí, los dos caballos que les debían haber servido de cabalgadura hasta entonces, ahora libres de sus arreos, pastaban ajenos a lo que sucedía, salvo de vez en cuando que levantaban la cerviz del suelo y le miraban con las orejas cruzadas.
Se podría decir que la expresión de Hyui venía a ser la misma que la de los dos equinos.
El golem de roca, no de barro tratado, que había hecho Naga era sin duda un trabajo encomiable. Él, siendo un reconocido hechicero fabricante de golems, sabía reconocer el trabajo bien hecho con sólo mirarlo, y ese montón de piedras, ahora inanimado pero expectante a las órdenes de su dueña, había sido capaz de volar… Nadie más había conseguido lograr algo así, menos con un golem hecho de roca sólida, ni siquiera con el conjuro del "Bogardic Elm" y un núcleo mágico como los de los golems que se fabricaban en Stoner.
Cautamente, extendió la palma de la de la mano y la apoyó sobre los sillares de roca que formaban la figura draconiana. Su superficie era vieja y rugosa, casi se diría que anciana, a veces cubierta de musgo, pero podía sentir el poder de Nephimos latiendo en su interior. Naga no manipulaba el espíritu de la Tierra sobre el barro activando un núcleo cargado de magia, como hacía él, sino que lo convocaba y le daba forma con su poder mágico, un procedimiento tosco según las creencias de los creadores de golems en Stoner, pero que Naga sabía manejar con maestría.
—Ya veo que estás impresionado con mi trabajo—oyó exclamar una voz familiar tras él.
Hyui se volvió y a poca distancia tras él, se encontró con Naga, quien parecía haber contemplado su proceder sin que él se diera cuenta. Sabía que se había retirado a descansar, pero no imaginaba que estuviese fuera, y menos comprobando cómo él admiraba su trabajo.
— ¡Naga!—exclamó.
La portentosa hechicera se acercó a él con su habitual paso despampanante, tan distinto del de su opuesto, hasta que se situó frente a Hyui. Una sonrisa autosuficiente le adornaba la cara y sus brazos se posicionaron en jarras, adoptando el habitual gesto de autosuficiencia que los Eimberg, Hyui en particular, conocían tan bien.
—Me alegra que pienses tan bien sobre mis creaciones de golems—exclamó Naga.
Hyui parpadeó, un tanto intimidado por la cercana presencia de Naga, sin saber muy bien qué postura adoptar. Finalmente se las apañó para inspirar profundamente y recuperar la compostura; había muchas cosas de las que hablar y que él no podía dejar de ignorar.
—Ya sabes que siempre he pensado que tus invocaciones de golems son de muy alta categoría. No me importa lo que digan en Stoner.
Naga soltó una risotada,
—Naturalmente. Las cosas de categoría no están hechas para aquellos que no saben apreciarla.
Hyui sonrió. Sabía de la arrogancia de Naga, pero también sabía quién era realmente y lo extraordinaria hechicera que podía ser, respetándola por ello.
—Pero… ¿Cómo has hecho para conseguir que volara? No se puede obligar a Nephimos a que alce algo por el aire— preguntó movido tanto por la genuina curiosidad como por poder hablar por fin con la original de su prometida después de tantos años.
—Pues con un hechizo de "Levitación", por supuesto—contestó Naga con tranquilidad, —Primero convoco al golem y luego lo levanto por el aire.
Hyui la miró unos instantes sin comprender y luego sacudió la cabeza mientras reía.
—Eso es imposible—negó, —No sé muy bien cómo funcionan los hechizos de aire, pero levantar una mole así me parece imposible… Incluso para alguien como tú o Lina. Y Lina ya estaba aquí cuando vosotros llegasteis.
Naga frunció los labios en un gesto de molestia; no le gustaba lo que Hyui estaba implicando con sus palabras, y menos que fuera él mismo quien la cuestionase.
—Lina no tiene nada que ver en esto. Sólo vinimos hasta aquí buscándola… Este golem es creación mía, nada más. Zelgadiss tampoco tiene nada que ver.
—Zelgadiss…—Hyui pronunció el nombre con cautela, como si le diera aprensión referirse a ese hombre cuya presencia le infundía cierto temor pese a las obvias diferencias físicas, —… ¿Acaso es él un hechicero también?
—Sí, lo es. Y uno muy hábil, pero ya no es tan poderoso como antes.
—Parece que le conocieras bien si dices algo así—opinó Hyui con cautela.
—Le conozco a mi pesar. Prefiero otras compañías, pero por ahora no tengo otra opción.
— ¿Por lo de tu hermana?
La sonrisa petulante de Naga desapareció de su rostro y se tornó en un gesto grave y contenido. Hyui imaginaba algo así al mencionar lo que había sabido el día antes, pero nunca había visto a Naga perder la compostura, salvo cuando Lina la apaleaba, y de eso ya hacía unos cuantos años.
— ¿Cómo sabes tú…?—comenzó a preguntar Naga.
—Tu reflejo me lo dijo. Sé que Lina y los demás tenéis… problemas por ella.
Naga resopló y se llevó los dedos a los ojos en gesto cansado para luego soltar un suspiro.
—Mi reflejo…—masculló, — ¿Y qué hace ella aquí en vuestra casa si puede saberse? ¿Y el de Lina?
—Tu reflejo y el de Lina aparecieron hace un tiempo en Stoner—comenzó a explicar Hyui, lo que atrajo de nuevo la sorpresa de Naga. —Al principio todos pensamos que habíais vuelto, y eso no le gustó a mucha gente… Ya sabes, por lo que pasó.
La hechicera esbozó una sonrisa nerviosa pero no interrumpió el relato del menor de los Eimberg.
—Cuando llegaron a Stoner, ellas dos se acercaron hasta mi familia buscando refugio pues ya nos conocían gracias a vosotras… Entonces mi padre les ofreció alojamiento en recuerdo de lo que nos ayudasteis con el asunto de los golems y nosotros accedimos pensando que erais vosotras… Al final descubrimos que no lo eran, sino unos dobles opuestos a vosotras en personalidad—Ahora fue Hyui quien suspiró cansinamente, —La verdad es que eso fue una buena noticia para la gente de Stoner, que no quería que volvieseis pero tampoco se atrevían a echaros. De eso, hará cosa ya de unos dos años.
—Y parece que las dos estén viviendo con vosotros ahora.
Hyui asintió.
—Elena, el reflejo de Lina, se ha convertido en una ayuda para mi hermana Laila, que así tiene más tiempo para trabajar en Stoner, y entre las dos hacen las cosas de la casa—explicó, y Naga arqueó una ceja, divertida ante la idea de una Lina casera y doméstica, cuyo mayor interés es hacer una buena tarta de manzana, remendar calcetines o algo parecido. Pero no era eso lo que más temía saber.
— ¿Y mi reflejo?
—Ella es… sacerdotisa. Una muy buena y popular en Stoner. ¿Ves esa ampliación de nuestra casa?—explicó señalando con la mano vagamente el edificio encalado con techo abovedado que estaba añadido a un lateral del patio. Naga asintió dirigiendo la mirada en esa dirección. —Es una sala de curaciones que se construyó para que ella pudiera ejercer aquí su arte.
—Está claro que sería eso. Yo nunca quise ser sacerdotisa—resopló Naga con desdén.
—Lo sé… Alteza.
El rostro de Naga se giró como un resorte al oír la forma en que Hyui se había dirigido a ella. Su gesto era un cuadro de sorpresa, desconcierto y malestar. A pesar de que el joven de los Eimberg siempre había demostrado un gran respeto y admiración por ella, y de hecho la propia Naga siempre le había gustado por eso, ella nunca le había revelado su verdadera identidad a él.
Ni a él, ni a Lina, ni a ninguno de los nobles y reyes con los que se había cruzado durante sus viajes.
— ¿Cómo… cómo sabes qu...?—balbuceó. Ese era un sentimiento al que no estaba acostumbrada. La sorpresa había sido tan grande que no se atrevía ni a negarlo.
— ¿Cómo lo sé?—exclamó Hyui con una sonrisa comprensiva. —Tu reflejo me lo dijo, igual que lo de tu hermana… Tardó un tiempo en hacerlo, pero al final me confesó todo lo que era, y de hecho me contó todo lo que tú eres. Ella eres tú, sólo que al revés.
Naga se quedó muda, algo inusitado. Ni siquiera el habitual intercambio de impresiones que mantenía con Zelgadiss, o incluso con Lina, había logrado al efecto en ella. Aunque lo intentara, tampoco se veía capaz de soltar una risotada de las suyas que demostrara lo muy por encima que estaba de la situación en la que estaba metida en ese momento.
Hyui pareció comprenderla, y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.
—No te preocupes, nadie más en Stoner lo sabe realmente. Ni siquiera mi padre o mi hermana, sólo yo sé quién eres en realidad; lo único que ha dicho es tu nombre de pila real. —Hizo una pausa esperando que sus palabras hicieran efecto antes de continuar. —Cuando me lo dijo, entendí mejor por qué tenías tanto valor en presentarte ante Lord Grannion y no te arrodillaste ante él. Tú eres muy superior en rango a él.
Naga entreabrió la boca suavemente, hasta que por fin las palabras fluyeron de su garganta, esforzándose por no parecer más superada por los acontecimientos de lo que ya estaba.
— ¿Sólo te lo dijo a ti? ¿Por qué? Mi identidad es secreta para todo el mundo, incluso para esos nobles del tres al cuarto que gobernaban Stoner. No veo por qué mi reflejo debería ir contándolo por ahí, aunque sea sólo a ti. Yo nunca he revelado ni mi nombre ni mi identidad a nadie, ni siquiera Lina lo ha sabido hasta hace unas semanas.
Hyui captó el tono defensivo de Naga. Siempre había sido una habilidad suya el poder leer sus pensamientos y dialogar con ella mejor que los demás, o por lo menos así parecía.
—Ella es tu opuesto, así que si tú no lo decías, lo normal es que ella si lo hiciera. ¿No te parece?
Naga soltó un bufido con desdén y se cruzó de brazos, abandonando así su postura de jarras.
—Aun así, no debería habértelo contado—exclamó, —Mi identidad es mía y sólo mía, de Naga, de la Gran Serpiente Blanca. Ella no tiene por qué hacer uso de ella, ni tampoco ir contando lo que pase entre mi familia y yo.
—No lo ha hecho nunca. Sois opuestas, pero no tanto como para ser tu negativo. Y lo mismo pasa con el reflejo de Lina, Elena.
Naga se relajó ligeramente. Hyui tenía la habilidad de tranquilizarla, pero sus palabras también tenían otro mensaje que no podía obviar pese a su arrogancia.
—Por supuesto que ella es mi opuesto. No hay más que verla… Se avergüenza de su propio cuerpo y recoge su pelo en trenzas como una campesina.
Afortunadamente para Hyui, Naga no estaba mirándole a la cara cuando él se sonrojó al oír esas palabras tan ciertas. Naga tenía razón en ese punto en particular, pero parecía no haber entendido lo que quería decir con que los reflejos no son negativos.
—No, no… Ellas no son una versión oscura de vosotras, sino que son lo opuesto a lo que vosotras soléis sentir y pensar, pero la base sigue siendo la misma—Naga se volvió hacia él con una clara expresión de "no te entiendo" en la mirada. —Verás… si fuerais totalmente opuestas, también lo seríais en el físico, pero no es así sino que sois lo mismo pero al revés. Ella es buena sacerdotisa porque es lo contrario a lo que tú haces con la magia blanca… Las dos la tenéis, pero ella la usa de una forma que tú elegiste no hacer, si he entendido bien con lo que hemos hablado antes en la mesa.
Naga le miró ladeando ligeramente la cabeza aún cruzada de brazos en un inconsciente gesto defensivo.
—Tú puedes convocar golems tan extraordinarios como este—continuó explicando Hyui mientras señalaba la mole de piedra con el pulgar, —Y ella también puede, pero hará lo contrario… Posiblemente fabricarlos en lugar de convocarlos, aunque nunca le he visto interés en hacerlo.
Naga soltó un resoplido.
—Claro, porque a mí me encantan los golems.
Hyui asintió con gesto serio.
—Eso es. Ella es al revés de lo que tú harías en la mismas circunstancias. Siempre hará lo opuesto al que tú harías pero partiendo de la misma base… He podido comprobarlo en varias ocasiones.
— ¿Qué quieres decir con eso? ¿Acaso cuestionas la palabra de la primera Princesa de Seillon?—exclamó Naga. Por primera vez desde que le conocía, Hyui la había herido en el orgullo al anunciar algo así y ahora hacía gala de su título real.
—No, no por supuesto que no—se apresuró a responder Hyui, azorado. —Lo que quiero decir es que… ella… Ella es mi prometida.
Naga dio un bote y bajó los brazos mientras le miraba estupefacta. Incluso en su arrogancia, sabía lo que Hyui le quería decir con aquello. En todos los sentidos.
Naga era irracional, carecía de sentido común y desde que empezó a viajar tras abandonar Seillon y su familia, siempre se había movido por sus propios intereses. Pero también conocía bien cuáles eran sus motivos y sus sentimientos. Y lo que Hyui le había dicho tenía razón de ser: su reflejo siempre haría lo contrario a lo que ella habría hecho en las mismas circunstancias.
Con razón el Espejo de Sombras era un arma definitiva.
— ¿Cómo nos encontraste, Zel?—preguntó Lina mientras esquivaba un carruaje tirado por golems en forma de caballos que pasaba por su lado justo en ese momento.
Zelgadiss esperó a que el vehículo se alejara para evitar el ruido que producía al desplazarse sobre el suelo adoquinado y poder responder; entonces se volvió hacia Lina y respondió con tranquilidad,
—Te encontramos siguiendo el rastro de destrucción y los bandidos abrasados.
Lina le miró con sorpresa para descubrir la sonrisa maliciosa que se dibujaba sobre los labios de Zelgadiss; fue entonces cuando su expresión se tornó en su habitual gesto de enfado al sentirse insultada.
— ¡Oye! ¿A qué viene eso?—exclamó.
—Lina, compórtate— le advirtió Luna tras ella, mientras caminaba junto a Greisia, quién les había ignorado durante ese breve intercambio de impresiones por estar saludando a algún conocido con quien se había cruzado por la calle.
—Lina, tienes que admitir que Zelgadiss tiene razón. Es fácil saber por dónde pasamos porque siempre se destruye algo—comentó Gaury con su habitual tranquilidad, señalando lo obvio tanto para lo bueno como para lo malo. —Menos mal que la gente de esta ciudad no huye de ti porque te confunde con Elena.
La hechicera no se atrevió a protestar a causa de la advertencia de su hermana, pero volvió a girarse con furia hacia Zelgadiss, quien empezó a reír con humor. Lina sabía que el hechicero encontraba especialmente placentero burlarse de ella y hacer chistes a su costa para hacerla rabiar, y si bien Lina sabía que no había malicia en ello, tampoco le gustaba que Zelgadiss soliera usarla como blanco de sus bromas… Pero por otro lado y precisamente por eso, que el nieto del Monje Rojo riera, más de esa forma en que lo hacía en ese momento, era algo poco frecuente, así que la Hechicera Rosa no iba a privar a Zelgadiss de tal cosa.
—Está bien—refunfuñó, —No hace falta que me lo digas.
Zelgadiss continuó con la sonrisa dibujada en su rostro, hasta que finalmente su expresión se volvió más seria. Por el camino, entre ella y Laila le habían explicado qué había pasado años atrás cuando Lina había visitado Stoner junto a Naga, y gracias a un comentario de Luna, supieron que el golem que había creado Gayra Eimberg, el conocido como "Piki-Piko Lina-chan", había sido adquirido por la Reina Eterna de Zefiria. Eso también explicaba el enorme cambio económico de los Eimberg.
En resumen, tras oír esta historia con más detalle por segunda vez, Luna ya había torcido el gesto unas cuantas veces más, como era habitual cada vez que sabía de las andanzas de Lina en los años que siguieron a su partida del hogar familiar, pero también había una leven sonrisa de satisfacción por saber que ese golem con la efigie de su hermana había acabado en posesión de su reina. Zelgadiss, en cambio, tan sólo sacudía la cabeza en gesto de desaprobación, pero igualmente asombrado por la cantidad de cosas por las que Lina había pasado antes que ambos se conocieran. Sin embargo, era la visión de ese clon o lo que fuera de Naga, la tal Greisia, lo que realmente alzaba interrogantes dentro de su cabeza.
Finalmente, el mago-espadachín se decidió a preguntar lo que definitivamente debía saber. A fin de cuentas esa versión de Naga parecía ser una sacerdotisa reconocida y lo que tenían que averiguar dependía en gran medida de ella.
— ¿Quiénes son, Lina?—preguntó, —Me refiero a esos clones vuestros. Parece que tuvieran personalidades muy concretas incluso aunque sean copias y no clones corrientes.
— ¿Eh? Pues…—Lina miró de reojo a Greisia, quien todavía parecía ser ajena a la conversación de los dos, de nuevo ocupada en saludar a toda la gente con la que se cruzaban y explicarles que hoy no atendería a nadie en su casa; tal y como habían dicho los Eimberg, era un personaje muy popular en Stoner. Tras evaluar la situación, Lina comenzó su explicación de forma tentativa. —Ellas no son clones, ni siquiera copias nuestras… Supongo que conocerás al hechicero Shazard Lugandy—dijo.
—Por supuesto—asintió Zelgadiss, — En su día, Rezo me encomendó encontrar algunos de los tesoros que había creado cuando buscaba la Piedra de Sarvia; creía que su habilidad mágica podría estar motivada porque él la hubiese poseído. ¿Qué tiene que ver eso con esa versión de Naga?
—Ella y la otra… bueno, esa Elena, son creaciones suyas—explicó Lina en tono grave pero con un deje molesto que Zelgadiss ya conocía.
— ¿Creaciones suyas? Lina, ese hechicero lleva muerto hace siglos. Y sé muy bien que al final él no tuvo nada que ver con la Piedra de Sarvia.
—Ya, ya… A lo que me refiero es que él creó un objeto mágico de donde ellas surgieron. Verás…
Y a continuación Lina continuó explicándole a Zelgadiss todo lo que había pasado en aquella ocasión y cómo habían surgido esos reflejos, eso sí, intentando ser lo más escueta posible porque Zelgadiss tenía poca paciencia para lidiar con los largos discursos de Lina cuando esta tenía que dar explicaciones detalladas de algún tipo. Incluso Gaury, que ya conocía la historia, encontraba que Lina muchas veces hablaba demasiado, y posiblemente eso tuviera que ver también con su (aparente) falta de atención, cosa que a Lina siempre le había irritado.
—Entiendo—contestó Zelgadiss al final de su explicación, —Entonces creo que sí me puedo fiar de esa otra Naga… O como se llame.
— ¿Ves, Lina?—sonrió Gaury mientras le daba palmaditas en la espalda, —Al final esto será para bien.
Lina dirigió una breve mirada a Gaury y luego suspiró con cierta resignación, pero pronto su gesto también adquirió la mueca de una sonrisa.
—Espero que sí.
Por su parte, Zelgadiss se reservó su opinión para sí mismo como solía ser lo habitual. Lo cierto es que de todas las opciones, una versión de Naga con esas habilidades tan bien empleadas y con tanto sentido común, era algo realmente positivo. Y sobre la otra Lina, bueno, estaba claro que la Hechicera Rosa no la tenía mucha simpatía, pero dado el historial de Lina en Stoner, ahora entendía por qué la gente la saludaba como si ella fuera la tal Elena, aunque Lina no se molestara en hacer mucho caso a devolver esos mismos saludos y menos en aclarar quién era; si allí todo el mundo la saludaba como si fuera su reflejo, eso estaba resultando menos problemático.
Gaury tenía razón: había sido una suerte dar con semejantes creaciones mágicas.
La charla del camino había sido lo suficientemente provechosa para que todos se hubieran puesto más o menos al día, y para cuando llegaron a las puertas del templo de Raguradya, todo había sido lo suficientemente explicado como para saber a qué atenerse.
Naga se llevó las manos a las sientes en un inusitado gesto de hastío, mientras caminaba en círculos junto a su enorme golem de roca y la mirada expectante de Hyui. El menor de los Eimberg mantenía una expresión seria en el rostro, pero también de cierta pena por Naga, o incluso por toda la situación en su conjunto que no sabía muy bien cómo manejar.
Demasiadas revelaciones eran las que había tenido en tan sólo el espacio de unos minutos de charla con Hyui Eimberg, demasiadas cosas sobre ella que no deberían ser conocidas, especialmente por el más joven de los Eimberg.
— ¿Por qué?—preguntó Naga por fin, — ¿Cómo has acabado de esa forma con mi reflejo?—masculló, — ¿Por qué ella ha tenido que contarte todo sobre mí y luego convertiros en pareja?
Era difícil ver furiosa a Naga, y que Hyui recordara sólo había ocurrido cuando se cuestionaban sus capacidades, pero nunca por algo tan personal; Naga siempre había parecido estar por encima de todo y de todos, así que difícilmente se enfurecía, justo al contrario que Lina cuyo sentimiento de inseguridad hacía que se enfureciera con facilidad.
—Tal vez porque tú nunca me lo contaste—explicó Hyui con voz suave. —Como te he explicado, ella hace lo contrario a lo que tú harías, pero en base a los mismos sentimientos.
La cabeza de Naga se giró hacia él en un gesto casi violento y clavó sus ojos zarcos en los del hechicero artesano de golems. Hyui había madurado, ya no era el mismo joven respondón y con ansias de auto-realización que ella había conocido años antes.
— ¿Sentimientos?—exclamó.
—Tú me gustabas, Naga…—confesó Hyui, —aunque entonces pensé que era pura admiración por ti, pero me quedó claro al encontrarme con tu reflejo. Está claro que tú debiste sentir algo parecido.
— ¿Yo?—exclamó Naga con petulancia, —Yo siempre he sido el objeto de admiración de muchos hombres. Que tú me admiraras no es nada nuevo para mí… Aunque admito que fuiste mejor que la mayoría.
Hyui suspiró. Se recordó a si mismo que estaba lidiando con la máscara de arrogancia que Naga siempre enarbolaba, y también chasqueó la lengua al pensar que Naga también estaba en lo cierto: con una apariencia como la suya, seguramente habría sido objeto de deseo de muchos hombres y ella lo disfrutase de la misma forma que disfrutaba el ser el centro de cualquier clase de admiración.
Pero también recordaba lo que Greisia le había explicado sobre la identidad de su original: su origen como miembro de la realeza del país más poderoso del interior de la Barrera, el asesinato de su madre aparentemente destinado a ella, su huída de palacio y vida en el exilio y ayer mismo, la muerte de su hermana, tema particularmente doloroso que todavía no se había atrevido a tocar de lleno.
Estaba claro que lo de Naga era pura mascarada.
—Naga… —comenzó a decir, —Tu reflejo es mi pareja, ella me lo ha contado todo sobre ti, así que no hay razón para que me mienta sobre esto. Ella decidió ser mi prometida porque tú no lo elegiste, pero el motivo original sigue siendo el mismo. No puedes negármelo.
La Serpiente Blanca bajó la barbilla, perdiendo así su gesto petulante, si bien Hyui seguía siendo más alta que ella.
—Di lo que quieras. Esa pavisosa no se puede comparar conmigo. Además… no debería irte contando todo eso sobre mí, aunque sea a ti sólo.
— ¿Es eso lo que más te molesta?—inquirió Hyui, — ¿Que yo sepa quién eres en realidad y pesar de todo ahora estemos prometidos en matrimonio? ¿Qué la haya elegido a ella en lugar de a ti?
— ¡Yo no me arrepiento de haber seguido con mi camino y no haberme querido convertir en tu…tu esposa!—exclamó Naga levantando la barbilla en un gesto lleno de altanería.
—Entonces, ¿qué es lo que te irrita tanto?
—Nada. Eso no tiene nada que ver conmigo. Ella es mi reflejo y no está a mi altura de ninguna de las maneras. No existe forma de que eso me moleste.
—Sí, si lo hace. Estás furiosa...—suspiró Hyui bajando la mirada hacia un lado. —Apostaría que te molesta en realidad que yo la haya elegido a ella en lugar de a ti por mucho que lo niegues.
Nada más escuchar las palabras que salieron de la boca de Hyui, Naga dio un respingo, y luego, casi de forma refleja, soltó una risotada. El menor de los Eimberg volvió a suspirar, sabiendo lo que venía después.
— ¡Imposible! Te equivocas completamente… Yo no puedo estar furiosa de alguien que es inferior a mí.
—Ella no es inferior; tiene un poder mágico realmente enorme y hay hecho mucho por esta ciudad. Aquí la gente la adora… Pero tú estás furiosa porque te sientes superada por alguien que no es realmente tú misma, con tus títulos nobiliarios y tu rango. Y lo que más te molesta es que yo me vaya a casar con ella en lugar de contigo, que eres "superior".
Por supuesto, las risas de Naga, enmudecieron; no importaba cuánto lo negase porque era la realidad. Lo que Hyui le acababa de decir era una auténtica bofetada metafórica a todo lo que Naga sentía por sí misma, más incluso que muchas de las cosas por las que había discutido con Zelgadiss. Furiosa, avanzó hacia él y levantó la mano para abofetearle, pero Hyui la detuvo, no sin dificultad, a tiempo. Naga era realmente fuerte, y eso era otra de las cosas que él sabía bien sobre ella.
Naga gruñó al ver que él la sujetaba firmemente por la muñeca, y aunque no le hacía daño realmente, forcejeó para liberarse. Si aquello hubiese sido un combate serio, Hyui tampoco lo habría tenido tan fácil, pero Naga estaba movida por la furia hacia si misma y hacia todos, no por la supervivencia.
— ¡Suéltame!—exclamó.
— ¿Para qué? ¿Para que me pegues?—respondió Hyui. — ¿Para que pagues conmigo tu enfado por tus propias decisiones?
Naga se calmó y dejó de luchar, por lo que el menor de los Eimberg por fin le liberó la mano. La hechicera soltó un bufido y se retiró hacia atrás, aunque su ceño seguía fruncido, furiosa por verse superada por los acontecimientos.
—Naga, no tiene sentido que te enfades conmigo por algo que fue decisión tuya. Y creo que ahora mismo tienes problemas más importantes que una posible vida que dejaste atrás hace años.
Los hombros cubiertos de las aparatosas hombreras claveteadas que ella siempre llevaba encima, lucieron visiblemente caídos en un gesto de inusitada derrota. Naga se giró hacia el horizonte, mirando la ciudad de Stoner a pies de la colina sobre la que se alzaba la casa-taller de los Eimberg.
—Tienes razón, Hyui…—murmuró Naga al final de un silencio incómodo. —Yo podía haberme quedado contigo aquí, pero no lo hice… Yo soy quien soy, no me podía permitir establecerme aquí como tu esposa, dando la espalda a toda mi verdadera identidad. Tenía mucho por hacer antes de que llegara el día que me decidiera a volver algún día… a mi casa, el palacio real de Seillon.
—Lo sé… Gracia—contestó Hyui en un tono más tranquilo. —Pero eso es algo que yo no comprendí hasta que no supe quién eras realmente gracias a tu reflejo.
Naga volteó la cabeza para mirarle.
—Bien, me alegro que así sea—contestó, —Sigo sin entender qué le viste a ella, siendo lo opuesto a lo que yo soy.
—Es verdad que ella no es como tú en muchos sentidos; Greisia carece de tu… espíritu, tu ansia de viajar y superar tus posibilidades—contestó Hyui al ir recordando la conversación que había mantenido con Gaury la noche pasada en el mesó antes de saber siquiera que en cuestión de horas se reencontraría con la Naga original. —Eso es algo que echo de menos en tu reflejo… Pero ella es muy buena persona, se dedica totalmente a los demás y es querida por toda la ciudad. Además, con ella también he aprendido muchas cosas.
— ¿Aprendido?—exclamó Naga con cierto deje jocoso.
Hyui asintió.
—Tiene todas tus experiencias hasta que ella… "nació" de ti. Sabe muchísimo sobre magia y administración política, así que he aprendido mucho de ella y ha ayudado mucho a esta ciudad.
— ¡Ju! La quieres porque te es útil—resopló Naga.
—La quiero porque me da lo que tú no me pudiste dar en su momento.
Naga se volvió hacia él con una mirada dura en sus ojos zarcos. Pero no había violencia en ellos, sino una especie de resignación.
—Veo ya no eres el mismo Hyui que conocí. Has madurado.
Eso era algo que el menor de los Eimberg no esperaba escuchar, y su reacción fue una risita nerviosa mientras se llevaba la mano al cogote, desprovisto de su cabello castaño pelirrojo.
—Supongo que sí—exclamó azorado, —Admito que cuando te conocí sólo era un jovenzuelo sin criterio que quería superarse con hechicero sin pensar en las consecuencias y que perdía el juicio con las jovencitas.
—Sí, todo eso es cierto—contestó Naga con una nueva sonrisa teñida de su habitual deje de petulancia, pero que Hyui no tomó como algo personal.
Naga parecía haberse calmado lo suficiente para no seguir furiosa por un tema que, a fin de cuentas, era resultado de sus propias elecciones. Lo pensara como lo pensase, los reflejos eran así porque estaban pensados para ser armas definitivas, y verse convertida en algo que ella siempre había evitado (una sacerdotisa diligente y apocada a una vida bastante monótona que tenía por marido a un creador de golems seguramente por propia admiración y no por voluntad de crearlos) era algo que ella había evitado. No podía enfurecerse con su reflejo por hacer lo que ella renunció a hacer, y tampoco con su posible enamorado que ella misma rechazó.
Además, Hyui parecía saber que ella ahora mismo tenía un problema serio con su hermana, y viendo la actitud de él y de su reflejo, no podía reprochar nada a aquellos que estaban intentando ayudarla de esa forma.
Hyui, captando el cambio en su actitud, avanzó hacia ella con la mano tendida en gesto de reconciliación.
—Sólo quería que supieras todo esto. No sería justo que pasaras por aquí sin saber lo que significaste para todos nosotros de una forma u otra...—dijo explicándose en tono reconciliador, —En mi caso, aquí tienes un… amigo. Quiero que sepas también siento mucho el fallecimiento de tu hermana menor. Es por eso que estoy dispuesto a ayudarte a ti y a tu reflejo en lo que sea posible.
Naga miró la mano tendida de Hyui y luego al propio hechicero, su expresión era grave pero también dubitativa. Finalmente la tomó con la suya. Si había sido capaz de colaborar con Zelgadiss y viajar con él pese a lo ocurrido con Amelia, debería ser capaz de no guardar ninguna clase de resquemor hacia Hyui.
Ambas manos se estrecharon mutuamente en un gesto más allá de lo cordial.
—Sí. Me alegro que se así —contestó Naga por fin. —Gracias por vuestra ayuda.
De día, el templo local de Raguradya resultaba sólo un poco más impresionante que de noche y su cimborrio junto con los taqueados de sus muros lo hacían destacar sobre el resto de las construcciones de Stoner, incluso de ese barrio en particular jalonado de casonas residenciales. El edificio estaba en la parte más alejada del borde del lago, así que no había resultado dañado por el "Dragon Slave" de Lina cuando ella y Naga se enfrentaron con sus avatares en forma de golem años atrás. Gracias a eso, no había habido necesidad de reconstruirlo, y los habitantes de la ciudad dieron gracias a Cephied por ver su templo salvado.
Después del paso de Lina y Naga por la ciudad, el número de visitantes al templo había aumentado notoriamente, o por lo menos esa fue la impresión de Lina respecto a la vez pasada.
Las puertas principales estaban abiertas al público, no como la noche pasada que Greisia tuvo que usar la trasera para poder entrar, así que simplemente se mezclaron entre los visitantes y la atravesaron, sin dejar de responder a corteses saludos por parte de los locales. La voz sobre que hoy Greisia no recibiría a nadie en su casa de curas debían haberse corrido, y mucha gente parecía haberse dirigido al templo dada la circunstancia.
—Entremos—acabó diciendo a pesar de las circunstancias.
El interior del templo daba en primer lugar antes de entrar en las naves de la basílica propiamente dicha, a un patio de mediano tamaño rodeado por un soportal de columnas coronado por capiteles de temas florales y dragones; las paredes tenían grecas de runas y símbolos mágicos que todos ellos, salvo Greisia, no conocían en profundidad pero que eran lo habitual en los templos. Grupos de personas se dirigían a la capilla principal para celebrar los oficios, mientras que otros se dirigían a las salas de curas. No había sacerdotisas, así que el templo no tenía gineceo, pero sí un área privada para los sacerdotes del templo, incluyendo al Sr. Anglesy, el adjunto al prior, quien Gracia asumió que estaría en sus oficinas, pues si bien los templos solían repartir las tareas entre los monjes de forma equitativa para aumentar el sentido de congregación, las jerarquías seguían prevaleciendo. Además, un notable número de pequeños golems de arcilla correteaban por todo el edificio cumpliendo las tareas de limpieza y mantenimiento que teóricamente debían realizar los monjes del templo; que todos ellos recordaran, nunca habían estado en un templo donde tal cosa pasase, pero esa parecía ser la tónica habitual de esa ciudad.
El grupo de hechiceros y espadachines, o de ambas cosas en algunos casos, se detuvo en el centro del patio, junto a la típica fuente de Raguradya que solía aparecer en tales sitios y a donde los fieles acudían para beber y hacer alguna ablución. Greisia se volvió hacia ellos y les dijo,
—Por favor, esperadme aquí. Voy a hablar con el Sr. Anglesy para que nos deje usar la sala del oráculo.
—Te acompaño—contestó Luna, —Haremos más presión si vamos las dos.
Greisia asintió. No tenía valor ni motivos para discutirle a la mayor de las Invers, así que ambas mujeres se retiraron hacia una puerta más encubierta que había bajo uno de los soportales.
—Bueno, pues a esperar otra vez...—suspiró Lina mientras se cruzaba de brazos y se dejaba caer sobre el brocal de la fuente, apoyándose sobre ella.
—Lina, no deberías hacer eso—la recriminó Gaury, —La gente está usando la fuente y tú te has puesto justo en medio.
La Hechicera Rosa se encogió de hombros.
—No me importa. Y lo hago porque no dejan de confundirme con "Elena" todo el rato.
Los dos hombres, hechicera y espadachín, junto a ella, suspiraron. Uno pensando en lo infantil del comportamiento de Lina, y el otro sabiendo cuál era la verdadera causa.
Pasó un rato en el que los tres aguardaron a que Greisia y Luna volvieran con buenas nuevas y en el que Lina seguía devolviendo saludos de todo el mundo llamándola "Elena" y preguntándole cosas sin importancia que ella respondía con vagos monosílabos. La situación resultaba entre cómica y a vergonzante, así que Zelgadiss, como era lo habitual, se giró dándoles la espalda, como si aquello no tuviera nada que ver con él. Gaury, en cambio, buscó la catarsis razonando con Lina en una situación.
—Lina, ¿por qué no dices de una vez quién eres en lugar de hacerte pasar por Elena? Estás burlándote de todo el mundo con tu actitud y ya viste cómo se ponía ayer la gente cada vez que te reconocían. ¿De verdad quieres eso?
—Son ellos los que me confunden con ella… Y me da igual que sepan quién soy; es ella la que quiso suplantarme. Tengo todo el derecho del mundo.
Zelgadiss arqueó una ceja ligeramente al oírla. No sabía qué había pasado con la tal Elena y la disputa que tendría con Lina, pero parecía que eso de tener dobles opuestos a uno mismo sí podía resultar cuanto menos problemático.
Afortunadamente para los tres, Greisia y Luna acabaron por hacer su aparición, la primera con una sonrisa de felicidad y la segunda con una complacencia.
— ¡Conseguido! —exclamó Greisia, —Podemos usar la sala del oráculo otra vez.
Zelgadiss asintió en un mudo gesto de reconocimiento a las dos mujeres, pero todos ellos tenían las sospechas sobre que la popularidad del reflejo de Naga no era la única razón por la que tenían acceso a esa sala a pesar de las horas que eran. Luna era una mujer con un gran poder de convicción sobre los demás.
Y la situación de la noche pasada se volvió a repetir pero con algunas variaciones.
Para empezar, todos ellos se situaron en los vértices de una estrella de cinco puntas inscrita en un círculo en cuyo centro se hallaba el bastón con el oráculo apuntando hacia el norte. Greisia sería la sacerdotisa que haría todo el trabajo, pero en este caso estaría apoyada por gente que también eran hechiceros y que tenían además, una relación directa con la persona que estaban buscando; al situarse todos ellos en un vértice de la estrella, su poder se vería multiplicado y podrían conseguir más fácilmente lo que pretendían.
Shilfild tenía la Piedra de Sarvia, así que lo primero era localizarla para encontrarla y marchar todos juntos a su encuentro antes que Xeross la localizara. Si eso sucedía, aun teniendo la Piedra en su poder, Shilfild tendría muchos problemas para enfrentarse al Sacerdote-Bestia y salir airosa del encuentro. Además, estaba el problema de su marcha, pues seguramente Melina y ella aún siguieran su camino hacia Seillon, totalmente ignorantes de lo que tenían encima y el peligro que corrían.
-Aunque como Shilfild era una sacerdotisa, posiblemente ya hubiese intuido algún peligro sobre ella.
En base a esa habilidad intrínseca a las sacerdotisas y el hecho de tener en su poder la Piedra de Sarvia, el grupo aún no había decidido qué hacer una vez hubiesen contactado con ella, eso era algo que debían dilucidar cuando hablasen con Shilfild.
La sesión del oráculo comenzó, dirigida de nuevo por Greisia, quién sería la que actuaría como intermediaria en todo el proceso. Las mentes de los demás, especialmente de Gaury –la persona más cercana a Shilfild, posiblemente de forma recíproca también.- serían las que le ayudarían a localizar y entablar contacto telepático con la sacerdotisa del Hulagón. Greisia sabía que Gaury no era un hechicero ni mucho menos, pero en el momento en que sintió cómo el poder mágico y las mentes de todos ellos se congregaban con el suyo en torno al oráculo, se sorprendió al comprobar lo grande que era su poder, incluso pudiera ser que mayor que el de Lina o el suyo propio, ya de por sí elevados, pero sin control: Gaury nunca había empleado ni mucho menos era consciente del enorme potencial que tenía. El caso de Zelgadiss en cambio era distinto, pues si bien era el más bajo de todos ellos, tenía perfecto control sobre él y una enorme reserva, así que eso le ayudó a estabilizar el contacto. Pero al igual que la vez anterior, fue el enorme empuje del poder de Luna Invers lo que hizo que todos ellos vieran sus mentes catapultadas.
Pese a que una sesión de oráculo era una cosa relativamente tranquila, para Zelgadiss aquello estaba suponiendo una experiencia. Sabía muy bien de lo que eran capaces los monjes y sacerdotes de alto nivel después de haber convivido con Rezo desde su más tierna infancia, pero nunca había llegado a comprender los intríngulis de la magia blanca. Aquello estaba resultando algo nuevo y abrumador; el poder de Lina era grande, sí, pero el de Gaury… ¿Desde cuándo Gaury poseía tanto poder mágico? Eso le hizo recordar una conversación que él había seguido sin demasiado interés sobre los posible antepasados elficos de Gaury, aunque esto no era un hecho demostrado. Sin embargo, fue al sentir el empuje hacia arriba en su mente por el poder de Luna, lo que casi le hizo marearse; pese a sus ojos cerrados y postura relajada sobre el vértice del pentaculo, tuvo que apoyar las manos en el suelo para sentirse seguro de alguna forma.
Pero ahí estaba. Ahora lo veía; ahora sabía de alguna manera lo que era el poder de los oráculos sacerdoticos, una forma de captar el mundo, de abrir la mente a otro sentido más allá de los físicos, y de captar cosas que normalmente uno ni siquiera se para a analizar de forma consciente. Era Greisia la que dirigía todo el proceso, pero se vio arrastrado visualmente a través de un enorme bosque (el de Kreasus, posiblemente) hasta una villa libre en mitad de un camino de caravanas, y de ahí a una posada que tenía algo familiar que no podía identificar. Finalmente, él, junto con todas las mentes que acompañaban la sesión, vio y reconoció a Shilfild junto a su hermana postiza. Ambas estaban aparentemente tranquilas y relajadas.
Fue entonces cuando Greisia comenzó a hacer lo que tenía que hacer, y a decir verdad, tal vez lo más complicado de todo el proceso. Al igual que Lina, su poder mágico se sincronizó con el del oráculo de Greisia para servir de anclaje. Inspiró profundamente y dejó que la sacerdotisa hiciera su labor.
El cepillo de cerdas de jabalí se deslizaba suavemente a través de la larga cabellera de la sacerdotisa del Hulagón mientras Melina lo hacía desenredar los nudos de la melena de su propietaria. Shilfild, relajada como estaba, contemplaba su reflejo y el hacer de la vasalla de Rezo en el pequeño espejo que jalonaba una de las paredes de la habitación de la posada que ambas mujeres compartían.
—Tienes un pelo maravilloso, Shilfild—exclamó Mellina mientras se lo cepillaba.
—Sí, supongo… Eso me decían en Sairag cuando vivía allí.
— ¿Has vivido allí siempre?—preguntó Mellina.
Shilfild asintió con un pequeño gesto de la cabeza que no interfirió con las actividades cosméticas de Mellina.
—Toda mi vida… hasta que la ciudad fue destruida. —Hizo una pausa, queriendo evitar temas que para ella resultaban tan dolorosos como incómodos para Mellina. —Cuando era niña, yo era muy traviesa… Y mi madre me regañaba por cómo llevaba siempre el pelo, lleno de nudos por los sitios en donde me metía—rió con añoranza.
— ¿De verdad?—exclamó Mellina, — ¿Y le hacías caso?
Shilfild soltó una risita traviesa.
—No, al principio, no… Pero un día, cuando ya me estaba empezando a hacer mujer, me puse delante del espejo y decidí ponerme guapa—contestó con una sonrisa pizpireta que Mellina respondió.
La joven dio un par de cepilladas más y luego atusó el cabello de Shilfild, enganchando un par de mechones tras sus orejas.
—Bueno, ya está—dijo. —Creo que sería mejor que te lo dejaras así, sin que te tape el marco de la cara.
—Puede ser.
—Voy a salir un momento a devolver las cosas. No quiero que piensen que nos hemos quedado con esto.
—Vale.
Y Shilfild contempló cómo Mellina salía de la habitación llevando una cesta con los útiles de aseo que había pedido prestado a la posadera, ya que ninguna de las dos mujeres había llevado entre sus pertenencias más que lo básico para el viaje. Cargar con extras era siempre un problema.
La sacerdotisa del Hulagón había tenido el presentimiento de que era mejor quedarse en donde estaban durante un tiempo antes que continuar el viaje. Sus capacidades de oráculo la advertían sobre un peligro que la acechaba, y que si continuaba con el viaje, tampoco escaparía de él, sino que lo acrecentaría. Así que al final había convencido a Mellina de pasar un tiempo en la villa en donde se encontraban; Shilfild no quería preocuparla, pero sabía que las dos –ella en particular- corrían peligro, y antes de continuar, esperaba que su oráculo le diera alguna señal sobre qué hacer.
Era una situación difícil de explicar para un no-versado, pero los monjes y sacerdotisas eran reconocidos por sus capacidades de vidente. Y dado que Mellina había sido vasalla de uno de los más grandes, comprendía bien a lo que Shilfild se refería, aunque la sacerdotisa no quisiera preocuparla. Aún así, la joven tampoco podía dejar de sentirse inquieta, pese a que sabía menos todavía que Shilfild a qué se enfrentaban.
Esa era la razón por la que las dos se habían quedado en la posada de Miranda.
Shilfild se volvió hacia el espejo y contempló con cierta coquetería su reflejo en la desgastada superficie mientras miraba el trabajo de Melina. Tal vez la joven tuviera razón y sería mejor llevar su cara más al descubierto, puede que incluso recortarse un poco el flequillo…
Entonces vio unos ojos zarcos desconocidos pero familiares que la miraban a través del reflejo del espejo. La sacerdotisa dio un respingo, asustada por lo que acababa de ver, hasta que rápidamente comprendió lo que era: estaba teniendo una visión.
Shilfild se dejó llevar por lo que veía, y por la sensación que le transmitía. Al mismo tiempo, notó que el bolsillo de sus calzas estaba ardiendo, e instintivamente llevó la mano hacia la esquirla de piedra que allí tenía guardada y de la que parecía proceder todo ese calor. En ese momento, sintió como su poder mágico aumentaba de forma exponencial y la visión se volvía mucho más clara. Se dio cuenta que se debía a la piedra que estaba tocando, pero no quería perder el hilo de la visión racionalizando lo que ocurría, sino dejarse llevar por ello.
Los ojos azules del espejo eran familiares, de alguien que ya conocía, un rostro familiar… pero al mismo tiempo, ajeno y extraño. Al final, acabó por identificarlo: era el rostro de la hermana de Amelia, la tal Naga. Shilfild sabía que también usaba la magia blanca con habilidad, pero no esperaba que fuera capaz de comunicarse con ella en una visión tan clara como esa, incluso con el inesperado poder de la piedrecita que tenía en el bolsillo.
— ¿Na… Naga?—preguntó tentativamente en voz baja.
— ¿Es usted Shilfild, la sacerdotisa del Hulagón en Sairag?—preguntó ese rostro conocido pero ajeno. ¿Cómo era que Naga le preguntaba tal cosa?
—Por supuesto. Ya sabes quién soy, señorita Naga.
—Me temo que no, mi sacerdotisa. No soy quién creéis.
— ¿No? ¿Quién sois entonces?
Shilfild estaba segura de que esos ojos y ese rostro con esa voz mental eran los de Naga, y no los de otra persona. Pero debía reconocer que había algo diferente en ellos; tal vez esa fuera la razón de tener la impresión de estar hablando ante una desconocida. ¿Y si fuera un mazoku o algo parecido? ¿O la propia Acqua usando un rostro conocido para que el encuentro fuera más tranquilizador? Cabía esa posibilidad porque la telepatía era algo que requería mucho poder mágico y muy pocos hechiceros estaban capacitados para usarla; de hecho, la propia Lina no podía… Al menos hasta donde Shilfild sabía.
Entonces, el extraño rostro de Naga comenzó a explicarle a Shilfild quién era y el motivo de su atropellado contacto con ella. Su forma de hablar era dulce y educada, lejos de los rimbombantes y pomposos discursos de la Naga que ella conocía, así que lo de su identidad debía ser verdad, aunque sonara tan extraña. Pero Shilfild también se tranquilizó más cuando ese "reflejo de Naga" que se hacía llamar Greisia, le explicó que Gaury y los demás estaban con ella en ese momento, y que había logrado ponerse en contacto directo con ella gracias a que todos los demás estaban canalizando su poder mágico y sus mentes para encontrarla. Shilfild sabía de las técnicas de esas meditaciones conjuntas, y también que como todos ellos la conocían, encontrarla había sido más fácil, pero pocas veces había sido partícipe en tales procedimientos.
El corazón de Shilfild comenzó a latir con fuerza cuando fue comprendiendo el peligro en el que se encontraba y el esfuerzo que habían puesto todos los demás para advertirla. Tampoco pudo evitar un respingo de sorpresa al descubrir la naturaleza de la piedrecita sobre la que no había apartado la mano todo el rato.
— ¡La… la Piedra de Sarvia!—balbuceó. Y pronunciar tales palabras fue como si algo un engranaje en su cerebro encajara de repente. —Entonces, ¿la tenía yo todo este tiempo?
—Eso parece. Y es por eso que ahora estás en peligro.
—Xeross me estará buscando—Tembló. —Ese mazoku es muy poderoso… Aunque tenga la piedra, no creo que mi "Dragon Slave" le haga efecto.
—Sí… eso dicen… ¡Espera!.. La señorita Luna dice que…
De repente una nueva voz irrumpió en la mente de Shilfild, y también en todos los demás que andaban conectados a través del lazo telepático del oráculo. Su intrusión fue una sorpresa para todos, no tanto por ser una reacción natural en ella, sino por cómo lo había conseguido pese a no ser hechicera.
—Shilfild. Yo iré a buscarte a ti y a Mellina para protegeros —anunció. —Xeross intentará ir a por ti la primera, y yo tampoco creo que tú sola puedas contra él. Dinos dónde estáis e iré a buscaros a las dos inmediatamente.
Shilfild vio su propia expresión de sorpresa reflejada en el espejo en donde había visto aparecer el rostro de Greisia. Todo estaba siendo muy precipitado y la ansiedad de tan repentinas revelaciones estaba empezando a anidar en su pecho.
—De acuerdo. Estoy en la villa Wimbou situada en el paso del oeste del bosque de Kreasus. Mellina y yo nos hemos hospedado en el mesón Macstar—explicó brevemente.
— ¿Wimbou? Eso está cerca de la frontera con Seillon, ¿Verdad? La ciudad más cercana al otro lado de la frontera debe ser FreeGround.
Shilfild asintió con la cabeza, pero el lazo telepático reveló sus pensamientos igualmente.
—Era nuestro siguiente destino.
—Bien. Entonces quedaros en donde estáis e intentad pasad lo más desapercibidas posible; Xeross se guiará por tu energía mágica para localizarte y no debes darle esa posibilidad bajo ningún concepto. Yo iré a buscaros inmediatamente.
—De acuerdo… Gracias por tu ayuda, Luna.
Shilfild sintió la sonrisa de la mayor de las Invers y el contacto telepático se rompió. En ese momento, la hechicera del Hulagón se desplomó en la mesita ante el espejo, agotada por lo que acababa de sufrir. Durante un instante, intentó recuperar el contacto telepático otra vez, pero no tenía idea de cómo hacerlo, y en cuanto le asaltó la idea sobre que podía usar la esquirla de la Piedra para aumentar su poder, abandonó la idea inmediatamente. No quería vocear su poder y que Xeross la encontrara, tal y como le había aconsejado Luna.
Ocultó la cara entre sus brazos cruzados sobre la mesa y respiró con profundidad pensando en todo lo que acababa de descubrir. Ella conocía a Xeross gracias a los encuentros previos que había tenido con él cuando había acompañado a Lina y luchado contra Fibrizo, y aunque sabía que era un mazoku, nunca se había sentido amenazada por él… Claro que como Lina le había dicho en esas ocasiones, si eso no había ocurrido era porque no entraba en los planes de Xeross el hacerlo.
Pero ahora sí que lo hacía. Y eso era aterrador.
Si Xeross la encontraba, pudiera ser que se limitara sólo a destruir la Piedra de Sarvia y ella saliera indemne… pero si eso ocurría, entonces Amelia no podría resucitar. Y además, sus planes originales de usar la Piedra una vez Zelgadiss le hubiese dado el uso correspondiente, se irían al garete igualmente. Pero eso sería en el mejor de los casos… y tratándose de un mazoku, ¿quién no podía asegurar que no la mataría igualmente? Xeross solo dejaba a alguien vivo cuando eso servía a sus intereses, o directamente no ganaba nada con ello. Y Shilfild no podía asegurar que esa fuera una de esas ocasiones.
El sentimiento de peligro que la había embargado se estaba haciendo cada vez más potente, en parte por saber ya su origen, y en parte acrecentado por sus propios miedos. Pero Shilfild acabó levantando la cabeza de entre sus brazos con una expresión de decisión en el rostro: ya había combatido antes a Fibrizo, ya se había enfrentado anteriormente al poder de la Copia de Rezo y su discípula Eris, y también había luchado junto a Gaury cuando se conocieron en su ciudad natal. Ante tales peligros, no iba a amedrentarse ahora porque el Sacerdote-Bestia la tuviera en su punto de mira.
-Ella era una superviviente y seguiría siéndolo.
El problema inmediato era explicarle todo aquello a Mellina sin que perdiera los nervios. Para la vasalla de Rezo, todo aquello era una novedad muy peligrosa.
Estaba tardando en volver y Shilfild se preocupó de forma irracional por ello, pensando que Xeross la podría haber localizado y haberle hecho algo; pero cuando tal idea empezó a formarse en su mente, la puerta de la habitación volvió a abrirse dejándola entrar en el cuarto.
—Disculpa la tardanza—dijo de forma automática, —Me he entretenido en las cocinas un rato. La tal Miranda hace unas tartas estupendas, ¿sabes?
Shilfild no contestó, sino que la miró gravemente e hizo un gesto con la mano, indicando que se sentara en la otra silla que había en la habitación con dos catres que compartían.
—Mellina, tenemos que hablar—anunció. —Ha ocurrido algo…
— ¡No puedes estar hablando en serio, Luna!—exclamó Lina mientras salían de la sala del oráculo. A la menor de las Invers nunca le había molestado demasiado montar una escena mientras no hubiese nada que perder, y estar en medio del patio de un templo rodeada de desconocidos, no se contaba entre ellas.
—Lo he dicho en serio, Lina. Yo iré a buscar a Shilfild para protegerla de Xeross; luego la traeré de vuelta hasta aquí y partiremos todos juntos hacia Rikkido otra vez.
— ¿Y no sería mucho más fácil si fuéramos todos a su encuentro?—preguntó Lina, sabiendo de lo fútil que resultaba muchas veces discutir con su hermana.
—No. Eso sólo nos retrasaría. En primer lugar, nosotros estamos mucho más cerca del camino de vuelta a Rikkido que ellas, así que desde donde estamos, tardaríamos menos en volver—comenzó a enumerar Luna, —Luego, somos muchos más y no tenemos caballos suficientes para ir todos juntos a la vez; en esta ciudad tampoco los conseguiríamos, ya has visto que sólo usan golems y no animales de carga de verdad.
—Sí, lo sé, pero no veo el problema. Conseguimos un par de esos y ya está— rebatió Lina.
—Tu hermana tiene razón, Lina—interfirió Zelgadiss, quien hasta el momento había permanecido callado. — ¿Has visto que los locales vendan sus golems-caballo fuera de la ciudad? No lo hacen porque sólo ellos pueden controlarlos, y tampoco son monturas fiables. Ninguno de nosotros salvo Naga, puede controlar un golem durante tanto tiempo y tan bien como hace ella, y a pesar de lo que Naga diga, convocar de nuevo a ese dragón-golem en el que hemos venido, la ha desgastado mucho. Va a necesitar varios días para recuperar todo su poder mágico y poder ponerlo en marcha otra vez.
Lina se quedó mirando a Zelgadiss y luego dirigió una mirada de reojo a otro de los carruajes tirado por caballos de arcilla cocida que tanto abundaban en la ciudad. Zelgadiss tenía razón: esos golems no se cansarían ni necesitarían de agua o comida, pero sólo obedecían al hechicero que los controlaba, y también se podrían hacer añicos ante cualquier inconveniente del camino. Pero fue Gaury quién hizo otra pregunta al respecto, una tal vez motivada por lo que le incomodaba el asunto.
— ¿Y por qué tiene Naga que poner en marcha otra vez el golem de roca?—preguntó confundido, —Basta que vayamos a pie, como hasta ahora.
—No, Gaury—le contestó Zelgadiss antes que Lina le diera un nuevo coscorrón. —Hay que ir lo más rápido posible y no tenemos caballos suficientes ni forma de conseguirlos en un plazo corto de tiempo. Con ese golem podemos cubrir distancias muy grandes en muy poco tiempo, más rápido que yendo a caballo, y además, podemos ir todos juntos a la vez viajando subidos en su lomo. Es por eso que lo necesitamos.
—Es lo que me temía—suspiró el espadachín, — ¿Recordáis cuando nos subimos en aquel vehículo mágico tan grande en el mundo exterior? Casi nos estrellamos y sobrevivimos de milagro. No quiero que pase algo así.
Los otros dos hechiceros se quedaron mirando a Gaury con gesto de sorpresa, incluso Luna arqueó una ceja bajo su espeso flequillo de perro pastor, aunque no sabía a qué se refería Gaury.
—Gaury… ¿Cómo es que recuerdas eso? —exclamó Lina.
— ¿Uh? Bueno, me ha venido a la cabeza cuando he pensado que tenía que subirme en esa cosa de piedra.
—Increíble—murmuró Lina, y Zelgadiss le dio la razón asintiendo con la cabeza.
Luna suspiró olvidando el asunto y retomó el tema original de la conversación.
—Yo iré a buscar a Shilfild a esa villa con el caballo de Naga, ese castaño tan grande. En ir y volver creo que tardaré unos cinco días, suponiendo que no tengamos problemas. Una vez estemos de vuelta, nos subimos al golem-dragón de Naga y volvemos todos juntos a Rikkido inmediatamente. —Se volvió hacia Zelgadiss con una mirada inquisitiva, —Tú que has viajado a lomos de ese golem, ¿cuánto tiempo crees que tardaremos en hacer el viaje de vuelta a Rikkido?
Ciertamente era una buena pregunta. En primavera, los caminos eran más practicables y yendo todos juntos en el mismo vehículo, podían viajar más rápido que a pie o incluso a caballo. Además, aunque ninguno de los dos fuera un experto en la materia como lo era Naga, tanto Lina como Zelgadiss conocían los procedimientos de invocación de golems, así que los dos podían ayudarla a mantenerlo en funcionamiento por turnos o apoyándola con sus propios conjuros. Eso también ayudaría a mantener el ritmo.
—No puedo hacer un cálculo exacto—comenzó a decir, —Pero creo que tardaremos unos 15días aproximadamente.
— ¡Vaya! Eso está muy bien. Hemos tardado casi dos meses en llegar hasta aquí.
—Sí, pero parando en todas las posadas de rigor con menús especiales que te ibas encontrando por el camino, Lina—la espetó Luna.
—Pero, ¿y qué pasa con nosotros, señorita Luna?—preguntó Greisia al sentirse incómodamente olvidada de todo el asunto. Lo cierto es que le había quitado la palabra de la boca a Lina, quien tenía la misma duda.
—Vosotros os quedaréis aquí esperándonos. Lo más probable es que Xeross no os ataque directamente porque su principal objetivo ahora mismo es Shilfild, que es quién tiene la piedra. Vosotros estaréis más a salvo que ellas y yo.
— ¡Cht!— exclamó Zelgadiss chasqueando la lengua. —No creo que nosotros solos fuéramos capaces de hacerle frente aunque trabajáramos juntos. Yo ya no tengo tanto poder mágico, Gaury está sin su espada, y Naga aún tiene que recuperarse… No lo veo tan claro, Luna.
—¿Y qué hay de nosotros?—añadió Greisia, aparentemente sin el mismo miedo que Lina y todo el mundo en general, parecía tenerle a Luna.—Yo quiero ayudar a mi hermana… bueno, a la hermana de mi reflejo. Pero yo no tengo nada que ver con ese al que llamáis Sacerdote-Bestia, y creo que yo también correré peligro sólo por haber querido ayudar. ¿Y qué pasa con los Eimberg? ¿Con Elena? ¿Y con mi boda?
Luna detuvo el paso y miró a Greisia clavando sus ojos en los zarcos de ella, y luego dirigió una breve mirada a su hermana, a Gaury y a Zelgadiss, y por último, a todo el grupo en general. Entonces comenzó a explicarse.
—Cuando me decidí a acompañar a mi hermana Lina el año pasado en sus viajes, al principio lo hice sólo para evitar que causara más desastres de los que ya había hecho—dijo, y Lina soltó un resoplido por la nariz. —Pero en realidad lo hice porque tenía la impresión de que algo importante iba a pasar… Algo en lo que yo era una pieza clave.
—Luna… Tú serás el caballero de Cephied, pero hasta ahora no te lo habías tomado tan en serio—le reprochó Lina. —Incluso me encargaste a mí que me ocupara del asunto por el que Firia te vino a buscar, y tampoco interviniste cuando Amelia se vio obligada a usar todo su poder para ya sabes qué… ¡Te lavaste las manos todas esas veces!
Gaury asintió suavemente. Él había sido testigo de ello y si bien lo que decía Lina tenía muchos tintes de discusión familiar, tampoco iba a callarse por algo que les afectaba a todos y que incluso pudiese haber salvado la vida de Amelia en su momento. Mientras, Lina continúo hablando.
— ¿Por qué ahora quieres disponer qué debemos hacer todos? Tú eres la única que se puede enfrentar a Xeross en igualdad de condiciones… Incluso yo contando con la ayuda de todos los demás, tendría muchos problemas. Si tú te vas, quedaríamos en clara desventaja.
—Lina; yo no podía haber hecho nada cuando Amelia se sacrificó de la manera que lo hizo. Esa no es la naturaleza de mi poder—contestó Luna con un inusitado resoplido de impotencia, y luego miró de reojo a Zelgadiss quien la miraba con ojos duros. —La magia no es lo mío, sino el poder de luchar puro y duro.
—No lo creo tampoco, Lina—contestó Zelgadiss. —Tu hermana tiene razón y yo tampoco la culpo por algo que ella no podía haber solucionado de ninguna manera; eso es sólo asunto mío y de Amelia. La que ahora está en verdadero peligro es Shilfild y por eso Luna debe protegerla. Nosotros estaremos a salvo hasta que no hagamos nada… Y es precisamente lo que haremos. —Se volvió hacia Greisia. — Agradezco mucho tu ayuda, sacerdotisa. Gracias a ti estamos pudiendo organizarnos mejor de lo que pensaba para solucionar este problema. Pero tienes razón y no es bueno que abusemos, así que abandonaremos la casa de tu familia para evitaros mayores problemas.
Zelgadiss raramente daba las gracias por algo; desde que Lina le conocía, parecía que siempre había estado en contra de todos y del mundo, y tampoco le podía culpar por pensar así después de lo que había pasado, así que ver cómo le agradecía al reflejo de Naga todo su esfuerzo, era porque realmente lo sentía. Greisia en cambio, sintió que el agradecimiento de ese espadachín con mente de hechicero era por algo más que sólo la ayuda prestada; a juzgar por el diálogo que acababa de presenciar, ese hombre y la hermana de Lina parecían tener algo que ver con el fallecimiento de su hermana postiza.
Sólo por ello se vio obligada a intervenir en más de una forma.
—Un placer, Sr. Zelgadiss… Y por mi parte no habría problema para que os quedarais en nuestra casa; sois bienvenidos pero no puedo hablar por el resto de la familia. Tampoco tenemos espacio para tanta gente en casa y, bueno… me avergüenza decirlo, pero mi prometido os tiene resquemor.
— ¿Cómo?—exclamó Lina, — ¡Eso es nuevo! Hyui nunca le ha importando demasiado decir y hacer lo que le da la gana.
—No, no es por eso, Lina. —se apresuró a corregir Greisia. —Es por…—vaciló—Es por el Sr. Zelgadiss. Creo que le tiene miedo.
Zelgadiss pestañeó y se giró hacia un lado con un sonoro chasquido de lengua. Parecía que incluso siendo humano otra vez, su reputación le precediera, y que alguien a quién en ese momento él tardó segundos en categorizar como "niñato ignorante con ansias de machito", le había puesto un cartel sólo porque le había visto con una espada colgada al cinto o vete a saber. Gaury, intuyendo lo que pensaba, se situó a su vera y le puso una mano sobre el hombro mientras negaba con la cabeza.
—No es eso, Zel—le dijo en voz baja. —Es por los reflejos. Hyui te ha visto con Naga, y Greisia, su reflejo, es su prometida.
Lina había oído perfectamente lo que Gaury había dicho; era una de las ventajas no tan agradables de tener un oído fino. Zelgadiss en cambio, pestañeó confundido; no esperaba que los temores del tal Hyui tuvieran ese cariz, tan distinto al que él estaba acostumbrado.
— ¡Aaaaah! ¡Está celoso!—exclamó Lina con una risita, —Hyui está celoso de Zelgadiss porque le vio con Naga.
— ¡Lina!—la recriminó Gaury, dándose la vuelta hacia ella. Pero la Hechicera Rosa nunca se había callado sus opiniones.
— ¡Esto es ridículo!—escupió Zelgadiss. —Yo no tengo nada con Naga ni tampoco he amenazado a ese Hyui.
—Lo sé—añadió Greisia, —Pero él lo siente de esa forma. Que Naga haya vuelto le ha confundido mucho… —La sacerdotisa suspiró. —Me temo que al final sí va a ser mejor que no os quedéis en mi casa. Anoche, ya hubo una pelea entre Elena y Lina que enfadó mucho al Sr. Eimberg… Y yo no quiero que las cosas entre mi prometido y yo se pongan mal porque mi original ahora esté de vuelta.
—Me hago cargo de las irresponsabilidades de mi hermana—intervino Luna. —Pero pensé que tú tenías aprecio a tu original, Greisia. Y acabas de decir que somos bienvenidos en tu casa. Además, tu original necesita descansar bien.
—Por supuesto—asintió la sacerdotisa. —Yo quiero lo mejor para ella, mi hermana y todos vosotros. Pero viendo lo que está pasando hasta ahora, no creo que sea lo más prudente.
Lina se llevó los brazos a la nuca, cruzándolos tras la cabeza, como queriendo dar a entender que ese panorama era algo que le resultaba absurdo e indiferente. "Mira la mosquita muerta" Pensó, "Al final tiene más mal carácter de lo que pensaba… A saber qué clase de líos tiene ella con su prometido y Naga".
—Pero entiendo que mi original deba descansar y que Luna deba preparar su viaje, así que creo que esta noche sí os podríais quedar todos en la casa de los Eimberg. Hablaré con el Sr. Gaira para explicarle la situación y ya decidiremos lo que sea mejor para todos.
— ¡Ah! ¡Qué mal! Al final nosotros solos hemos conseguido lo que Xeross no había podido hasta ahora, que nos peleemos entre nosotros y nos tengamos que separar.
—Ya nos ha pasado antes, Lina—contestó Gaury dirigiéndose sólo a ella. —Eso es lo que pasa por no dejar las cosas claras.
Lina se sonrojó como un tomate. Pero afortunadamente para ella, los demás ya habían iniciado la marcha y no habían oído su pequeño intercambio de impresiones.
Parecía que sólo Gaury fuese realmente consciente de todos los matices de lo que semejante reunión había traído al grupo. Por supuesto la vida de Shilfild y Mellina, o la resurrección de Amelia y la posible lucha contra Xeross eran los asuntos más importantes. Pero para Gaury resultaba incómodamente inmaduro por parte de todos ellos que Hyui estuviera con Greisia porque no pudo quedarse con Naga, que Greisia se estuviera dando dolorosa cuenta de ello, que Zelgadiss se viera salpicado por esa situación cuando no tenía nada que ver sólo por un error de interpretación en una de las partes, y Elena hubiese atacado a Lina en un ataque de celos.
Tal vez fuera hora de ir dejando las cosas más claras, por lo menos en lo tocante a su parte.
Esa misma tarde, después del copioso almuerzo, preparado por Elena con mucho encanto a pesar de todo, Luna preparó su equipaje para el viaje en solitario para ir en busca de Shilfild, así como su ruta de viaje gracias a las indicaciones del viejo Gaira. Ensilló el caballo castaño que hasta entonces había usado Naga, colocó su espada bastarda colgando del costado izquierdo de la silla, y se acomodó sobre la montura con su capa gris de viaje por encima y los volantes de la falda arremolinados entre los borrenes de la silla, lo que daba un aire cómico y pintoresco al conjunto.
El grupo se despidió de la mayor de las Invers no sin cierta inquietud; Luna asintió, dio unas últimas instrucciones, giró su caballo y tras unos pocos pasos, se alejó de allí a trote. Según Gaira, yendo a caballo, para la caída de la noche ya habría llegado al borde del bosque de Kreasus y podría pernoctar sin problemas en algunas de las posadas para mercaderes que allí había.
El resto de la jornada transcurrió sin problemas aparentes, si bien Naga parecía ciertamente distante cuando no estaba dormitando, evitando a su reflejo y a los demás, cosa que sorprendió a Lina, quien sabía de sobra que Naga no era especialmente anti-social. La Dra-Mata lo achacó a la conversación que había escuchado por casualidad de boca de Gaury, así que no quiso incomodar más la situación intentando hablar con la hechicera, aunque por otro lado, también tenía interés en que ella le contara más detalles desde que se separaran hacía ya varias semanas. Por otra parte, era obvio que Naga todavía necesitaba descansar y recuperar su poder mágico, y en cuanto tenía la ocasión, acudía a la cocina o la despensa de la casa para agenciarse algo para comer, incluso sin pedir permiso a Laila o Elena.
Por todo ello, Lina decidió que Zelgadiss era el más indicado para contarle qué había pasado durante el tiempo que estuvo viajando con Naga, y no sólo los detalles de lo ocurrido en la Torre de Rezo. La hechicera pelirroja, al igual que Gaury, sabían que Zelgadiss querría dar alguna explicación más de lo ocurrido hasta la fecha. Así fue de hecho, y los tres pasaron la tarde sumidos en conversaciones y comidas continuas por parte de Naga para recuperar fuerzas. Ni Elena ni Greisia tomaron parte de ellas, aunque el reflejo de Naga parecía encontrarse algo ausente.
Ya a la noche, el grupo de distribuyó por las habitaciones como buenamente pudo. Lina compartió habitación con Laila y Naga, mientras que Gaury lo hizo con Hyui; Elena y Greisia compartían lo que parecía ser su habitación común.
Zelgadiss, en cambio, debido a la falta de sitio y no sentirse especialmente sociable con esa familia, acabó dormido en uno de los sillones corridos cubierto de cojines que había en la planta baja. Ya había dormido en sitios bastante peores que ese, y desde luego que resultaba más cómodo y cálido que dormir al raso.
De noche, la casa se quedó en silencio, sólo roto por el reloj de pared que la familia poseía, un objeto que por su complejo mecanismo, no todo el mundo podía permitirse pero que los Eimberg parecía que sí, lo que demostraba lo boyante de su economía, por lo menos la actual. Zelgadiss encontraba que los compases del carillón y sus sordos toques dando las horas, que la familia parecía estar tan acostumbrada a oír de noche que ya no le prestaba atención. El reloj no marcaba los cuartos, afortunadamente, pero debían ser cerca de las dos de la madrugada cuando Zelgadiss se despertó con las quietas campanadas del mecanismo.
O eso pensaba él.
Abrió los ojos, incómodo por la situación, y entonces reparó en que no habían sido esos dos únicos toques del carrillón lo que le habían despertado, sino unos pasos quietos y apagados acompañados de unas voces susurrantes que surgían a escondidas en el rellano del piso superior de la casa. Zelgadiss sabía que sólo había dos personas en esa casa además de él capaces de caminar sigilosamente de esa forma, y esos eran Lina y Gaury, ambos veteranos en la lucha. ¿Acaso había pasado algo y por eso andaban cuchicheando en medio de la noche? Si era así, lo más probable es que fueran a buscarle inmediatamente, aunque le extrañaba que estuvieran siendo tan sutiles.
Entonces oyó los quietos pasos de ambos bajando las escalinatas que conducían al piso inferior; la larga cabellera rubia de Gaury resultaba más que evidente al reflejar como si fuera plata las pocas luces que se filtraban del exterior, pero la figura de Lina, sin su habitual capa negra con aparatosas hombreras, resultaba menuda bajo el brazo protector de su autodenominado guardaespaldas.
Fue entonces cuando Zelgadiss se dio cuenta que no había pasado nada peligroso, sino que la pareja quería pasar un rato a solas, lejos de los reflejos de Naga y la propia Lina. Recordó lo que Gaury había mencionado esa misma mañana, y que de hecho si estaban en la situación en la que ahora lidiaban, era precisamente por eso, y eso era algo que a día de hoy, Zelgadiss sabía demasiado bien. Gaury podría no ser tan letrado con Lina o el propio Zelgadiss, distraerse con facilidad y una gran capacidad de aparentemente olvidar hechos importantes, pero desde luego que tenía casi se diría que más sentido común y pragmatismo que ellos dos, y ahora parecía estar siendo fiel a su palabra, arreglando un entuerto personal que ya duraba demasiado y que de alguna forma que Zelgadiss desconocía, el reflejo de Elena había visto acrecentado… Al menos esa era la posibilidad más plausible si la naturaleza de los reflejos era lo que Lina le había explicado y él había podido ver mayormente en el reflejo de Naga.
Pero Zelgadiss nunca se había interesado demasiado en la vida de los demás, por lo menos no más de lo normal en una amistad, y los temas amoroso de Lina eran algo sobre lo que él siempre se había mantenido razonablemente al margen, salvo para incordiar a Lina, claro… Así que cuando vio que ambos abrían la puerta de la casa y desaparecían en el exterior, ignorantes de estar siendo observados por él, simplemente se dio la vuelta y se dispuso a seguir durmiendo. No era una situación qué él fuese a juzgar, menos de forma negativa.
Eso habría sido lo propio, por supuesto.
Al poco rato, volvió a oír pasos en el piso superior, esta vez no tan discretos y suaves, sino considerablemente más torpes dentro de su intención de pasar desapercibidos, y por la dirección, supo que era alguien saliendo de la habitación en donde dormían los reflejos. A través de la balaustrada de la escalera pudo divisar la larga mata oscura de pelo que tenía Naga, aunque no era ella pues la hechicera nunca vestiría motu proprio con un largo camisón de franela rosa. Era obvio que se trataba de su reflejo, y ahora estaba entrando discretamente en la habitación de su prometido, Hyui, quien se había quedado solo cuando Gaury abandonó el cuarto. Obviamente la puerta del cuarto quedó completamente cerrada cuando Greisia entró allí.
Zelgadiss soltó un gruñido y se tapó la cara con un cojín en un gesto de hastío. Era la primera noche que dormía cómodamente en una casa normal desde que salió de la Torre de Rezo… Y parecía que todo el mundo había escogido precisamente esa noche para arreglar sus asuntos y estar en danzando malamente a escondidas a altas horas de la madrugada. Pero tras permanecer unos momentos así, resolvió que lo mejor era volverse a dormir y pretender que ahí no estaba pasando nada.
Él también merecía descansar.
Dos días más tarde de abandonar la curiosa ciudad de Stoner, Luna llegó a lomos de su caballo castaño a la villa de Wimbou, el lugar que Shilfild le había indicado durante la sesión del oráculo. Ahora que ya había llegado hasta allí, Luna reparó en que su presencia no era del todo extraña, pues ver a una mujer que ni siquiera era de la nobleza o una hechicera declarada y menos aún una mercenaria, paseándose por ahí con una notable espada, era algo bastante llamativo pero que allí era algo que no lo resultaba. Y todo era porque en la ciudad se habían empezado a congregar un buen número de mercenarios y, a juzgar por sus emblemas, soldados de permiso de la guardia fronteriza, como si hubiesen acudido a alguna clase de encuentro. A pesar de su género, también había otras muchas mujeres portando espadas por la villa y Luna simplemente se paseaba entre ellas.
Dejándolo como una mera curiosidad, Luna no le dio mayor importancia al hecho y atravesó la calle principal de la villa mientras buscaba con la mirada el lugar que Shilfild le había indicado, la posada Macstar. A pesar del ajetreo por la cantidad de gente de armas congregadas allí, Luna no percibía ningún tipo de miasma o algo que denostase la presencia de mazoku en la población; eso la hizo respirar con tranquilidad pues lo último que deseaba era verse envuelta en una pelea con Xeross en un lugar poblado.
Afortunadamente las posadas son lugares fáciles de divisar en una población porque el típico cartel gremial que se había estandarizado entre todos los reinos del interior de la barrera, adornaba siempre la entrada principal; eso y la cantidad de monturas que muchas veces solía haber a su alrededor.
Y la posada Macstart no era de las que acogía a la soldada, sino más bien a comerciantes, sacerdotes peregrinos y otras gentes supuestamente menos belicosas. Por lo menos eso era lo que pensó Luna al ver el tipo de gente y caballerizas que pululaban en su perímetro, como abejas en torno a un panal.
Luna descabalgó de su montura de un salto y se dirigió la a entrada principal, que obviamente estaba abierta de par en par, mientras tiraba de las riendas de su caballo sin mucha ceremonia. En ese momento, un muchacho con ojos color avellana a juego de cabello color arena, se acercó a ella dirigente, con intención de sujetar a su caballo y llevarlo a las cuadras de los huéspedes, o por lo menos eso parecía.
—Tranquilo, chico. No busco habitación—le detuvo Luna consiguiendo el jovencito se detuviera en seco. Luna no era una noble, pero hablaba como si estuviera acostumbrada a dar órdenes.
—Lo siento, señora… ¿Desea alguna otra cosa? Nuestra posada también funciona como mesón.
Estaba claro que el chico debía trabajar allí.
—Hm, a lo mejor puedas ayudarme. ¿Se hospeda aquí una sacerdotisa del Hulagón?
—Perdón… ¿Hula-qué?—exclamó el chico. A pesar de trabajar en un albergue y estar en contacto con tantos viajeros, no parecía saber mucho.
—Me refiero a una sacerdotisa vestida de morado. Una que no es de la orden de Seillon—explicó la Invers de una forma más gráfica para facilitar el asunto.
— ¡Ah, sí! La que vino con la mulilla...
Eso aclaraba cualquier tipo de duda.
—Bien, entonces ve a buscarla a donde esté y dile que Luna la está esperando. Luego coge mi caballo y dale de beber y un celemín de comida en dos partes de avena mojada y paja. ¡Vamos!
El chico pareció sufrir unos breves instantes de desconcierto a causa del imperioso tono que Luna había usado, pero rápidamente se recompuso y asintió con la cabeza, para luego salir con paso presuroso en dirección a la entrada principal.
Pero no pudo ir mucho más allá, pues en ese preciso momento, Shilfild, ahora vestida con su habitual capa de viaje y cargando un pequeño morral sobre el hombro, salía de la posada seguida de cerca por Mellina, quien parecía no creerse que Luna estuviese allí realmente.
— ¡Luna! Estamos aquí—exclamó Shilfild haciendo señales con la mano.
La aludida permitió que su caballo bajara la cerviz y husmeara el suelo, oliendo alguna porquería que le recordase a sus congéneres. No era eso lo que centraba ahora su atención.
—Vaya, ¿me estabais esperando?—preguntó, —Veo que ya vais preparadas para viajar, ¿Es que sabíais que ya había llegado?
Para entonces, las dos jóvenes ya la habían alcanzado.
—Naturalmente. Mi oráculo me lo dijo—sonrió Shilfild. — ¡Cuánto me alegro de verte!
—Lo mismo pienso, señorita Luna—se apresuró a decir Mellina.
—Yo también, pero debemos ponernos en marcha de inmediato.
—Cierto…—asintió Shilfild y se volvió hacia el jovencito que había irrumpido antes, quien contemplaba la situación sin saber muy bien qué hacer. —Narof, nos vamos a quedar aquí a almorzar y luego nos marcharemos… ¿Puedes preparar mi mula para cuando hayamos terminado, por favor?
—Por supuesto, señora sacerdotisa—asintió el joven, Luna le tendió las riendas de su castaño y se volvió hacia las cuadras con el enorme caballo caminando de forma diligente tras él.
—Entonces, ¿lo tenéis ya todo preparado?—inquirió Luna. —Veo que ya habías pensado en que nos quedáramos aquí a comer las tres antes de irnos.
—Pensé que tú y tu caballo estaríais cansados por el viaje, así que antes de partir, sería mejor hacerlo con el estómago lleno y recuperar fuerzas— explicó Shilfild.
—Ciertamente no es una mala idea—reconoció Luna asintiendo con la cabeza.
—Sí. Ya he pagado nuestro hospedaje de estos días a Miranda, la dueña, que también cocina muy bien—explicó Mellina en tono diligente y luego añadió con una sonrisa, — ¿Sabéis que conoce a Zelgadiss? Por lo menos eso parece.
—Sí, es muy posible—sonrió Shilfild volviéndose hacia ella, aunque Luna, por supuesto, ignoró el comentario; no tenía nada que ver con ella, aunque entendía la sorpresa de la joven por tal coincidencia.
—Bien, entonces partiremos de inmediato cuando hayamos acabado.
—Señorita Luna… ¿No cree que sería mejor que descansara un poco después de comer? Debe haber viajado prácticamente sin parar hasta llegar aquí—señaló Shilfild.
—Es verdad. He estado prácticamente dos días viajando sin parar, pero no estoy cansada—contestó Luna y Shilfild no tardó mucho en entender por qué y de dónde venía la inusitada energía de Luna. Pero el caballo sí merecía descansar.
Poco después, las tres mujeres se encontraban comiendo en torno a una de las mesas corridas del interior de la posada, que afortunadamente no tenían que compartir con ningún extraño. La conversación en torno a la misma no era la adecuada para cualquier oído, y dado que Xeross les estaba persiguiendo, eso las ponía sobre aviso acerca de cualquiera que se les acercara demasiado.
De acuerdo con Mellina, la dueña del mesón era una buena cocinera, y Luna tuvo que reconocer que así era, algo que la mayor de las Invers no solía hacer dado su elevado nivel de exigencia sobre cualquier tarea, incluyendo lo tocante a su gremio.
—Miranda fue mercenaria hace algún tiempo—explicó Mellina, —Es por eso que acabó en Wimbou.
—He notado que en esta ciudad hay mucha gente armada—comentó Luna, — ¿Tiene algo que ver?
—Sí… Aquí van a celebrar el torneo anual para elegir al mejor guerrero que tiene un premio muy jugoso… Vienen soldados y mercenarios desde muy lejos para competir—explicó Mellina de forma dirigente; semejante información debía haberla obtenido después de pasar tanto tiempo con Miranda, momento en el que la mesonera debía haber comentado que ella conocía a un tal Zelgadiss.
Pero Miranda no se había explayado más en el tema.
— ¿Un premio? Lástima… Si tuviéramos más tiempo, podría quedarme aquí y ganarlo sin problemas—refunfuñó Luna. La tendencia familiar a oler el dinero donde fuera se estaba demostrando también en la mayor de las Invers.
—Eso no sería justo, señorita Luna— señaló Shilfild con una risita nerviosa.
Luna se encogió de hombros mientras que Miranda intercambiaba miradas entre ambas mujeres sin comprender demasiado a qué se referían. La mayor de las Invers miró a su alrededor, como si tomara nota de todo lo que pasaba en el local, y a continuación se inclinó sobre la mesa, queriendo cerrar la conversación sólo sobre las cabezas de las tres mujeres.
— ¿Habéis tenido algún problema? ¿Sabéis algo sobre Xeross?—preguntó en voz baja.
—Yo no he visto nada sospechoso entre los clientes—comentó Mellina. —Shilfild me explicó que los Mazoku con forma humana tienen ojos de gato de color violeta, como dice la canción, pero aquí no he visto a nadie así.
Luna permaneció unos instantes callada al darse cuenta que Miranda, pese a ser vasalla de Rezo, era también novel en muchos temas, así que su conocimiento de los mazoku era bastante limitado, y sólo acerca de cosas como aquella canción tradicional que hablaba sobre los ojos de esas criaturas. Era normal que Shilfild la hubiese tenido que asesorar sobre el tema. Por ello se volvió hacia la sacerdotisa del Hulagón con una expresión inquisitiva en el rostro.
—Desde que supe que tengo la Piedra de Sarvia… —comenzó a decir Shilfild llevándose las manos a los bolsillos donde siempre la llevaba resguardada, —he notado que mi poder ha aumentado mucho, así que habría podido captar sin problemas a alguien tan poderoso como Xeross. Pero no he notado nada raro, sólo la sensación de peligro que ya tenía.
Luna entre cerró los ojos.
—Es extraño. Sé que sufrió daños durante la refriega de la Torre de Rezo, —comenzó a decir, y por el rabillo del ojo, notó que Mellina se tensaba ante la mención de su antiguo maestro. —Pero me sorprende que todavía no haya hecho ningún movimiento.
—Tal vez esté muy debilitado—sugirió Mellina sin conocimiento de facto.
—Tal vez.
Las tres mujeres comieron un guiso de cordero con patatas, pimentón y especias, una especie de calderada acompañada de pan moreno que fue más que bienvenida por Luna, la más hambrienta de las tres a pesar de sus palabras. Cuando acabaron, las tres mujeres, en especial Mellina, se despidieron de la tal Miranda Macstar, la rubia mercenaria que se había reciclado en posadera. Al poco rato, Narof apareció llevando una mano la mulilla de Shilfild que ya venía jaezada con su albarda, mientras que en la otra llevaba el enorme caballo castaño en el que había venido Luna. Las tres mujeres se repartieron entre las dos monturas y se fueron de allí a trote, en dirección a Stoner.
Dos días después, tal y como Luna había prometido, hacía medio día, las tres llegaron a Stoner, y se encaminaron directamente hacia la casa de los Gaira. A pesar de lo que Greisia había comentado unos días antes, el grupo no había abandonado la casa sino que habían permanecido allí; Gaira Eimberg estaba más que encantado por tener a dos modelos de "Lina" tan opuestos para sus golems y no quería que nadie le robara la oportunidad. El viejo seguía siendo el mismo obseso con el trabajo que Lina y Naga habían conocido años atrás, y por lo que se ve, ahora también se consideraba un artista por sus creaciones. La consecuencia fue que ninguno de ellos tuvo la necesidad de moverse de la ciudad.
Para cuando llegaron y descabalgaron, se encontraron con que Naga ya se había restablecido completamente y esperaba a la vera de su golem dragón, listo para empezar a moverlo de nuevo. Cerca de ella, Zelgadiss aguardaba sujetando las riendas del caballito blanco que había pertenecido a Amelia, y flanqueando el conjunto, su hermana Lina aguardaba junto a Gaury su llegada.
Para sorpresa de Luna y también de Shilfild, Lina apareció abrazada del bracete de Gaury.
La visita a la casa de los Eimberg y la presencia de los reflejos habían cambiado unas cuantas cosas, aparentemente.
Pero la parte más peligrosa del viaje justo acababa de empezar.
