Le sonreí a la pantalla. El detalle de sus palabras me había gustado mucho. Cliqueé su nombre y también decidí dejarle un mensaje.
Sí, creo que fue nuestra primera vez que hablamos tanto, pero se sintió como si lo hiciéramos desde siempre. Gracias por tu compañía, y te cobraré ese helado, cuando los dos estemos de mejor ánimo. ¡Saludos! :D
La sopa derramándose por toda la cocina me hizo aterrizar en los minutos que había perdido en Facebook, así que apagué la señal del wifi para que pudiese concentrarme en limpiar el desastre.
A pesar de haber llorado por Oliver, el día no había sido tan malo.
Capítulo I
Amanecer
Deseaba llamarla.
Una parte de mí quería pedirle disculpas —no sabía por qué, pero sentía esa necesidad— y la otra, muy a mi pesar, quería dejarla libre.
Ella era una mujer de mundo, con lujos que difícilmente yo le podría dar y que se merecía, porque Lavender era una buena mujer. Muchos decían lo contrario, pero era porque no la conocían en realidad. Asumen que las rubias, voluptuosas y agraciadas chicas son tontas, pero no. Lavender no era así. El único imbécil de la relación era yo.
Siempre le cortaba sus alas. No podía estar al mismo nivel de ella. Sabía de mis errores, y los seguía cometiendo. Día tras día, año tras año.
—¿Se puede? —preguntaron. Y no sé para qué se tomaban la molestia de hacerlo, si Harry y Ginny entraban de la mano a mi habitación—. Hermano, tienes una cara que te la encargo —susurró al verme de cerca—. Estábamos muy preocupados por ti.
—Lo pude corroborar hoy mismo, en el casino de la universidad —respondí, estirándome en mi cama. Me tapé la cara con la almohada, no quería que vieran mi deplorable estado.
—Tú das... dabas espectáculos similares —agregó Harry, luego de unos segundos de silencio—. De todas formas, ¿dónde estuviste toda la tarde? Te buscamos pero no te encontramos.
—Estuve en la universidad, junto a Hermione.
—¿Hermione? —repitió mi hermana.
—Sí. Me la encontré viéndoles, y estaba tan mal como yo —aquello sonó como queja, y Ginny cambió su expresión de enojo a preocupación—. Sí, ella también vio a Oliver y a su novia de turno.
—Pobrecita mi amiga, debió de haberse sentido pésimo.
—Fue bueno compartir mi tarde con ella. Pasar el tiempo con una persona que también sufre de penas amorosas, las hace menos dolorosas —comenté, algo melodramático.
—Ella es un amor de persona, deberías de hablar más con ella, háganse amigos —propuso, sentándose en mi cama, haciéndome saltar—, pero no venía a decirte eso, sino, para contarte algo que ocurrirá el fin de semana.
—No me digas…
—Sí, tendremos visitas.
—¿Quién vendrá?
—Querrás decir, quiénes —me corroboró Harry.
—Los gemelos.
—¿No pueden venir cuando me encuentre mejor? Sabes que soy el objeto de burla de ellos dos.
—Si no le dices que terminaste otravez con Lavender, no creo que te molesten.
—Se darán cuenta, no estoy de humor.
—Comosiloestuvierassiempre —escuché que susurró Harry por debajo. Le golpeé con una de mis almohadas.
—Como sea. Ese día planeaba hacer un trabajo con Hermione, así que le diré que no nos juntemos en la universidad, sino aquí, en el departamento. Hace mucho tiempo que no veo a los gemelos —yo planeaba decirle a Lavender que nos juntásemos aquel día a charlar. Vería la posibilidad de compartir con ella también. A pesar de que mis hermanos me molestasen, los extrañaba demasiado.
—¿Vendrán el sábado o el domingo? —quise saber.
—¿No entiendes el significado de fin de semana? —abrí mi boca en señal de asombro. Mi primer año de la universidad lo viví en una pensión, puesto que nuestra casa queda muy lejos del campus donde estudiamos con mi hermana. Fue un año difícil, porque estaba acostumbrado a vivir en una zona bastante rural, con la paz de no tener vecinos a unas cuantas millas de distancia, rodeado de mis familiares y de exquisitas comidas preparadas por mi madre. Cambiar esa relajante vida a vivir en completa soledad en una habitación, con una cama, un ropero y un escritorio donde con suerte caía un televisor y una radio, sí que había sido desolador. A Lavender no le gustaba ir a verme a aquel lugar, porque la habitación era un tanto oscura y pequeña, además de no contar con un baño privado, así que los únicos días de alegrías que compartía, era cuando me invitaba a su casa y ahí alojaba junto a ella, o cuando Harry me invitaba para subirme el ánimo, las veces que terminaba con mi chica. Cuando mi hermana hizo ingreso a la universidad, nuestros padres decidieron ver la posibilidad de alquilar un departamento pequeño, para que los dos pudiésemos vivir juntos y ahorrásemos en gastos de alojamiento y obviamente, nos pudiésemos acompañar. Encontramos un edificio de quince pisos ubicado a media hora de la universidad donde ambos estudiamos. En el penúltimo piso, había un departamento con dos habitaciones y un baño esperándonos. La habitación más grande se la escogió Ginny, pero yo no me quejaba. La mía tenía una pequeña terraza, mínima, que me permitía ver los techos de las cientos de casas que nos rodeaban. Tenía una linda vista cuando el cielo estaba despejado. Por eso nos escaseaban las visitas en nuestro pequeño hogar, y nuestra familia nos visitaba de agotas. Un mes venía mamá y dormía en mi habitación, y yo me apoderaba del sillón de mimbre de tres cuerpos que adornaba los cinco metros cuadrados de living. Al otro mes, viajaba papá, y yo volvía a ocupar dicho mueble como cama.
—Le diremos a papá que compre un sofá-cama —pedí, sobándome la espalda apresuradamente. Los gemelos difícilmente querrían dormir en el sillón. Se sentirían tan importantes como nuestros padres, y no me dejarían dormir tranquilo.
Los días transcurrieron con completa normalidad, si a mi situación se le podía decir normal.
De a poco iba recuperando el apetito, pero no dejaba de revisar el perfil deFacebook de Lavender en cada segundo que podía hacerlo. Sus comentarios de estados eran felices, tales como: Estoeslomejor,Respirandootravez,Mástiempoconmifamiliayamigoslindos,Trabajandoafull:D,… cada uno de ellos me hacía daño, porque en ninguno mi nombre aparecía como el protagonista de su felicidad. Miraba nuestras fotografías, las primeras que nos sacamos cuando comenzamos nuestra relación hace cinco años atrás. Yo era un joven desgarbado, y ella siempre fue la hermosa chica del pueblo. Tuve suerte que se fijara en mí. Siempre estuve enamorado de ella y cuando me dijo que sí, que deseaba salir conmigo y conocerme mejor, fui el adolescente más feliz. Nuestros mundos distintos, nuestras carreras distintas y nuestros ideales siempre fueron desiguales, pero aguantamos las lluvias, que con los años, se convirtieron en horribles tormentas. Ella era quien terminaba siempre la relación, y yo, siempre esperaba paciente. Ella decidía cuando volver, y yo me empeñaba en que las cosas saliesen bien. Pero sabía que las cosas ahora eran más complicadas. Cuando una pareja terminaba muchas veces era por algo. No quería borrar estas fotografías. Aún no. Ellas me permitían traerme a la realidad, y saber que mi relación con ella no era un juego de mi cabeza, sino que había sido una total realidad.
A diferencia de mí, ella sí había borrado nuestros álbumes alojados en la red social…
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—¡Hermanita! Pero qué guapa te pones cada día. Harry es muy afortunado.
—Un hombre con mucha suerte, mira nada más a la mujer que tiene a su lado.
—¡Uy! Que llegaron buenos para decir piropos —Ginny se deshacía en sonrojos por las palabras de los gemelos.
—Y tú, ¡para de crecer tanto! Pareceremos dos llaveros a tu lado —agregó Fred, luego de golpear mi espalda con fraternidad.
—Dos llaveros sexys —opinó George, repitiendo el gesto de mi hermano.
Almorzamos como si no existiera un mañana. Cada uno se repitió dos platos de comida, y qué decir del postre. En la sobremesa, nos pusieron al tanto de lo que ocurría en nuestra casa de forma chistosa y llevadera. Nos enteramos que mamá no se encontraba muy bien de salud, y que deseaba vernos lo más pronto posible.
—Ella se moría por volver a visitarles. Dice que no le agrada la ciudad, pero reconoce que hay muchas tiendas con artilugios muy atrayentes —decía uno de los gemelos.
—Recién podremos ir a casa cuando se acabe el período de exámenes. Y recién lo estamos comenzando —se lamentaba Ginny—, y si es que no los aprobamos, ¡nos quedaremos sin vacaciones!
—Qué mejor que trabajar en su propio negocio, ¿o no, Fred?
—Elemental, mi querido George. No hay nada mejor que ser el propio jefe —seguimos compartiendo la charla, hasta que el reloj de la pared apuntase las cuatro de la tarde. Entre todos nos dedicamos a recoger la mesa, y los gemelos se dedicaron a apoderarse de mi habitación, llenándola de sus cosas.
—Ron, dentro de un momento llegará Hermione. Dile que pase a mi habitación.
—¿A dónde vas? —le consulté a Ginny, puesto que le veía alistarse fugazmente para salir.
—Se me quedaron unos apuntes súper importantes en la casa de Harry. Si no los tengo, Hermione me matará.
—Pero Harry vive a una media hora de aquí. Sin contar el tiempo en que te demorarás en regresar…
—Pero Hermione ya viene en camino. Me odiará si le digo que regrese más tarde. Por favor… prometo comportarme el fin de semana, y no sumarme a las burlas de los gemelos —dijo aquello con tanta seguridad que casi le creí, si no es porque es mi hermana, y sé que no podrá cumplir su promesa. Es su pasatiempo. Bufé más para mí que para el exterior, y le hice señal que se marchara rápido—, ¡Gracias! Prometo cumplir lo que acabo de decir —y eso fue lo último, antes de ver su cabeza pelirroja desaparecer del salón.
No podía estar en mi cuarto, porque mis hermanos se encontraban en él, arreglando sus cosas —como si se quedasen por una semana.
Pensé por un momento en ver la televisión, y justo cuando planeaba tomar el control remoto, llamaron de la portería del edificio, para corroborar la entrada de Hermione. Di el sí y me puse de pie para abrir la puerta.
—¡Hola Ron! —me saludó con alegría.
—Hola Hermione, ¿qué tal? —dije, mientras me hacía a un lado para que ella pudiese entrar a la casa. Nos saludamos con un beso en la mejilla y un pequeño abrazo.
—Aquí, algo preocupada por este trabajo, pero tranquila, porque sé que hoy lo terminaremos y mañana podré dedicarlo a mis otros deberes. ¿Dónde está Ginny?
—Ginny fue a la casa de Harry a buscar unos apuntes, creo que se le olvidaron… —Hermione abrió sus ojos y luego su expresión fue adquiriendo algo de enfado. Frunció sus cejas y me reí ante la nueva imagen que ella me daba de sí. Se veía linda a pesar de la extraña expresión.
—¡Le dije que era importante! Siempre se le quedan u olvidan cosas en la casa de Harry… empiezo a creer que lo hace a propósito —se quejó.
—Me dijo que te hiciera pasar a su dormitorio, pero puedes estar conmigo, viendo la televisión para que no te aburras. Sabes lo lejos que vive Harry —ella asintió y agradeció con una sonrisa la invitación. Nos sentamos juntos en el sillón de tres cuerpos, encendí la televisión, y el último canal en ser visto hizo acto de presencia. Comenzamos a ver un especial de Oasisen el MTV,que al parecer, acababa de comenzar.
—Esta es una de mis canciones favoritas —comentó, cuando comenzó un live del grupo. Wonderwall era también, una de mis canciones favoritas.
—Concuerdo contigo. Es una de las mejores —hablé feliz. Empezamos tarareando la canción con un volumen apenas audible, y a medida que la canción iba avanzando, nos arriesgábamos a cantar desafinadamente.
—¿Ron? ¿Estás con Lavender? —gritó George desde mi habitación. Mi sonrisa se esfumó, y la expresión de Hermione dejó de ser divertida—. ¡Oh, no es Lavender! ¡Es otra chica, Fred!
Los gemelos se plantaron al frente de nosotros, y comenzaron a saludar a Hermione.
—No sabía que estabas acompañado —murmuró Hermione, algo sonrojada.
—Creo haberte visto en alguna parte, pero no recuerdo dónde —dijo Fred, tratando de hacer memoria.
—De todas formas, nos presentaremos. Somos Fred y George. Los hermanos más simpáticos, buen mozos y mejores remunerados de la familia Weasley —George le ofrecía la mano y luego un beso en cada mejilla. Fred hizo lo mismo.
—¿Desde cuándo que están saliendo?
—Desde nunca. Yo soy amiga de Ginny, y venía a preparar un trabajo de la universidad.
—¡Sabía que te había visto en alguna otra parte! Eres la chica que Ginny conoció durante el campamento, hace hartos años atrás —Fred sonreía ante su descubrimiento.
—Hace cinco años, y hace dos que somos compañeras de universidad —surgió un incómodo silencio, que luego fue rellenado con risas y comentarios de mis hermanos.
Ginny llegó al rato junto a Harry —no me extrañaba aquello— y las chicas se encerraron en la habitación a realizar sus deberes. Aprovechando la estadía de los gemelos en casa, decidimos hacer una pequeña nocherecreativa. De paso ahogaría mi angustia por Lavender con algo de alcohol. Fuimos entonces al supermercado más próximo al edificio, y estuvimos durante una media hora dando vuelta por todos los pasillos. Compramos bocadillos salados, packs de cervezas, una botella de ron y otra de vodka. Otros líquidos para acompañar los tragos y nuestra noche sería de todo menos aburrida.
Afortunadamente cuando llegamos a casa, Ginny y Hermione ya habían finalizado su trabajo.
—¡Necesito una cerveza! —exclamó Ginny, nada más al vernos entrar con las cosas.
—Tranquilidad, que hay para todos —frenaba George, que se dirigía directo al refrigerador para dejar por un momento el ansiado bebestible. Lo que me llamaba la atención, era que Hermione estaba tomando sus libros y bolso, con dirección a irse.
—¿Te vas? —pregunté algo curioso. Pensaba que ella también se quedaría a compartir con nosotros.
—Sí —decía mientras trataba de ordenar la gran cantidad de hojas—, quiero tener mis cinco sentidos intactos para mañana. Quedan muchos deberes por hacer.
—Pero podrías estar un momento con nosotros —le invité— los gemelos vienen en algo que se llama automóvil. Es un trasto que pasa más tiempo en el remolque que en el estacionamiento de la casa, pero igual sirve para transportar personas… a veces —Hermione rió ante mi detallada descripción del lamentable vehículo de mis hermanos. Ella miró la hora en el reloj de la pared. Era temprano, ni siquiera eran las once de la noche.
—Me quedaré solo un momento. Así podrás beber con confianza, luego de haberme ido a dejar —hicimos un trato de palabra y dejó sus cosas otra vez en el sillón.
Mas no pensamos nunca que el juego de los limones,elsieteylapirámide, nos haría olvidar tan fácil la hora y la cordura para saber hasta qué punto debíamos de detenernos para no quedar como Fred y George, que llevaban toda la noche bailando LaMacarena,ElMeneito y cuánta cosa rara, antigua y añeja se les pasase por su cabeza.
—Ahora le toca bailar al Roñuelo —apenas se le entendía a Fred. Yo con suerte podía asimilar.
—No pienso hacer el ridículo como tú… y no me llames Roñuelo —dije con algo de credibilidad.
—Oh vamos… faltas tú y Hermione. Todos hemos demostrado nuestras cualidades artísticas —Harry decía aquello y se echaba la mitad de un limón a su boca, para ahogarse con cerveza después.
—Y yo no bailo —informaba Hermione, que tenía toda su cara enrojecida de tanto beber. Se movía de un lado a otro con la música de fondo, pero sin despegarse de su asiento. Ella no estaba ebria, pero sí, bastante feliz. Me pregunto si se había dado cuenta que el reloj apuntaba que pronto serían las cuatro de la mañana.
—Pero háganse algo en pareja, por último —exigía Fred, que se tomaba lo poco y nada que quedaba de ron directamente desde la botella, todo unJackSparrow.
—No harán nada, los dos son iguales en ese sentido —sentenciaba Ginny, mucho más risueña que de costumbre—. Aburridos los dos, por eso que Lavender se aburrió de ti —el comentario de mi hermana sacó risas entre todos. Menos de Hermione, que asumo que en su grado de cordura, estaba pensando que mi hermana la molestaría a continuación. Mi lado cuerdo también lo pensó, y preferí ponerme de pie, y bailar lo más estúpidamente posible la canción que sonaba de fondo. Eso desconcertó a mi hermana, que acompañaba mi baile con sus palmas. Divisé a Hermione un momento. Ella sonreía sinceramente. No sé como sabía que era sincero, pero lo sentí así. Aproveché de tomarle de las manos, y la saqué a que bailara conmigo. Al principio colocó la misma expresión de enfado de la tarde anterior, pero como estaba ya en el grado de la borrachez, pronto se le olvidó, y también me acompañó en la extraña coreografía que inventamos.
Sin ron, vodka y cervezas, la velada había terminado. Fred y George eran un par de bultos desastrosos de cargar. Harry y yo apenas nos lo podíamos, y con suerte, logramos tirar a mis hermanos sobre mi cama y el sofá cama que habían instalado en mi habitación. Ginny dormía abiertamente de pies y manos sobre su cama, por lo que Harry se había convertido en un ovillo y se había acomodado en uno de nuestros sillones.
Busqué tres frazadas del closet de mi hermana. Con una de ellas tapé a Harry, otra la dejé para mí, y la tercera se la di a Hermione.
—Gracias —respondió, menos ebria que yo.
—No hay de qué… lamento que mi hermana se haya ocupado toda su cama. Tendrás que acomodarte en el sillón. Es cómodo, aunque no lo parezca —dije de forma rápida.
—Gracias por lo de antes —con lo de antes asumí que se refería a lo que había impedido, con el descoordinado baile.
—Mi hermana es un poco cruel cuando está borracha.
—Lo sé… no es la primera vez que me emborracho con Ginny —contó.
—¿Te deja en vergüenza? ¿Así como lo hace conmigo?
—Dicen que los niños y los borrachos dicen la verdad —argumentó. Con aquello me quedó claro que sí—. ¿Dónde dormirás tú? —preguntó al cabo de unos segundos de silencio.
—No tengo mucho sueño —mentí. Pero no quedaba otro sitio en dónde pusiese dormir. Claro, podría dormir en una de las sillas, o en el piso, pero a las horas siguientes tendría un dolor de cuello que sería imposible de soportar. Se acercaba el período de entrenamiento más complejo en el equipo de fútbol, y tenía que estar en buena forma, si es que quería ser el capitán del equipo—, si tienes sueño, te dejo en libertad de acción para que ocupes el sillón.
—Tampoco tengo sueño —expresó con algo de energía sobrehumana. Increíblemente, no se veía demacrada por la jugosa noche que habíamos tenido bebiendo—, es más, puedes sentarte en el sillón, sea como sea, este sería tu cama durante el fin de semana. Yo iré a lavar los platos y a ordenar el chiquero que quedó en la mesa.
—No lo hagas, Hermione. Eso lo hacemos más rato con los chicos.
—Así se me pasa la borrachera. Se nota a leguas que mueres de sueño. Descansa mientras yo limpio todo. Me demoraré harto —me empujó hacia el sillón, y me quedé quieto durante unos minutos. No supe cómo, pero caí dormido al rato.
Eran las seis treinta de la mañana cuando desperté. Toda la mesa estaba limpia, y qué decir de la cocina. Fui al baño porque una extraña sensación de tener mucho líquido en el estómago me ahogó. Creí que vomitaría, pero no. Entré a mi habitación, y mis dos hermanos dormían tal cual los habíamos dejado con Harry. Les abrigué a ambos con el cubrecama, puesto que el hielo de la mañana se sentía en el ambiente, y ambos no estaban tapados.
Después me dirigí a la habitación de mi hermana. Ella dormía en un rincón de su cama, pero no estaba Hermione con ella. Le saqué los lentes a Harry, que seguía durmiendo en sillón, y me percaté que la frazada que le había dado a ella, tampoco estaba.
—Debe de estar en la terraza —imaginé. Saqué las llaves de la casa y me dirigí al último piso del edificio, que consistía en una terraza que daba vista ancha a toda la ciudad. Aún no amanecía, y los rayos del sol apenas se divisaban en el horizonte. Las luces de la calle todavía estaban encendidas, y la vida humana era imperceptible, si se tomaba en cuenta que era día domingo.
En efecto, ahí estaba ella, arropada en la frazada, sentada a unos metros atrás de la baranda.
—¿Puedes ver desde esa distancia? —mi voz la estremeció un poco. Se tocó el pecho en señal de susto y luego sonrió.
—Me aterran las alturas, pero me encanta el cielo. Se veía hermoso cuando estaba más oscuro.
—Lo que me encanta de este edificio —inicié una conversación, mientras me sentaba al lado de ella—, es la vista que tiene. Es increíble.
—Totalmente de acuerdo —me corroboró, perdiendo su vista en la aparición del sol—. ¡Está amaneciendo! —exclamó contenta.
En efecto, ambos estábamos viendo el inicio del día. Poco a poco los rayos del sol fueron mayores que las nubes, y la ciudad se fue llenando de luz. Hermione se volteó para verme, y su cabello adquirió un tono tan claro como la miel. Sonreía con los ojos cerrados, pude ver sus pestañas, y la distribución de ínfimas pecas sobre sus mejillas. Sus dientes frontales resaltaron en su sonrisa, y a mí me pareció una imagen tierna y divertida de ver. Nunca le había visto tan de cerca, mucho menos con tanto detenimiento. Hermione era una chica muy linda, Oliver se estaba perdiendo a una gran mujer.
—¿Tengo algo pegado en la cara? —dijo de pronto, sacándome de mis pensamientos. Sonrió otra vez y dedicó total atención al paisaje.
—¿No te arrepentirás de esto? —consulté con un poco de curiosidad.
—Puede que sí. Pero quizás… no tanto —agregó—. Ha sido la primera vez que he presenciado un amanecer.
—¿La primera?
—La primera de esta forma —corrigió—. Siempre me quedo hasta tarde estudiando. Muchas veces he visto la aparición del sol, pero nunca así. Acompañada, algo ebria, algo sobria… ha sido especial. ¿Y tú? —su merodeo me hizo rememorar muchos amaneceres compartidos con Lavender, aunque ella siempre dormía, o se perdía el momento exacto. Había estado acompañado, pero solo a la vez—. No hace falta que me respondas, supongo que mi pregunta te hizo recordar cosas tristes —habló durante mi silencio. Se acomodó la frazada en su espalda y se puso de pie—. Ahora sí que me voy.
—Te llevo a tu casa.
—No hace falta. La locomoción ya está circulando. Cuida a todos los borrachos que hay dentro de tu casa.
—Asumo que tendré que preparar varios cafés cargados —ella asintió y volvimos al departamento. Hermione tomó sus cosas y le acompañé hasta el primer piso, donde me despedí de ella.
Durante el día, vi un desfile de pelirrojos al único baño de nuestro hogar, escuché quejidos y arrepentimientos, y como nunca, durante el almuerzo comimos como personas civilizadas.
Lavender me llamó a las cuatro de la tarde. Mi corazón se arremetió dentro de mi pecho y deseoso de poder arreglar las cosas con ella, fui dispuesto a pedir perdón por cualquier cosa que hubiese hecho mal.
Pero nunca creí que su respuesta sería 'démonos un tiempo, tratemos de no buscarnos, de no llamarnos, de no pensar en el otro… tratemos de olvidar'.
Estaba destruido y no quería nada con el mundo. Prendí el computador para tratar de hacer un informe de la universidad, mas no tenía cabeza para ninguna cosa.
Deseé ver el rostro de Lavender, aunque fuese en fotografías, y no pude contener las ganas de entrar a mi Facebook.
Tenía un par de notificaciones, y teniendo la esperanza de que fuera una de ellas por parte de mi ex novia, las abrí. No había señales de ella, pero sí de otra persona.
Hermione ha compartido un enlace contigo.
Hice clic en la notificación, y me envió directo a un video subido al muro de Hermione. Era el liveque habíamos visto el día de ayer.
No es una canción muy alegre, pero eso no significa que no tenga valor. Hay que seguir adelante, aunque cueste. Ánimo Ron, todo pasará… y gracias por lo de anoche. No se me olvidará (:
Sus palabras simples pero significantes hicieron que sonriera mucho más calmado. Hermione era realmente una persona especial.
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Nota de autora:
Ódienme, y sí, lo tengo merecido. Lamento la HIPER tardanza, pero créanme que no lo hago a propósito. El capítulo se me había borrado (mágicamente) y lo tuve que escribir otra vez… además de tener el internet cortado en mi casa y estar trabajando a full en múltiples deberes. LO siento, lo siento, lo siento.
Tengo el tiempo contando, así que esto es lo que puedo decir solo por el momento. Preparen el drama en Breaking Rules, se vienen los capítulos finales, y si todo me calza, en diciembre estaremos llorando todos :')
BESITOS Y ABRAZOS A LA DISTANCIA =)
