Deseé ver el rostro de Lavender aunque fuese en fotografías, y no pude contener las ganas de entrar a miFacebook.

Tenía un par de notificaciones, y teniendo la esperanza de que fuera una por parte de mi ex novia, las abrí. No había señales de Lavender, pero sí de otra persona.

Hermione ha compartido un enlace contigo.

Hice clic en la notificación y me envió directo a un video subido al muro de Hermione. Era ellive que habíamos visto el día de ayer.

No es una canción muy alegre, pero eso no significa que no tenga valor. Hay que seguir adelante, aunque cueste. Ánimo Ron, todo pasará… y gracias por lo de anoche. No se me olvidará (:

Sus palabras simples pero significativas hicieron que sonriera, mucho más calmado. Hermione era realmente una persona especial.


Capítulo II

El plan


Hermione POV

—¡Lanza la jodida pelota!

—¡No tengo visión!

—¡Lánzala de todas formas! —Harry hizo caso a los mandatos desesperados de Oliver, y magistralmente, él logró capturarla con un cabezazo, enviando el balón hacia sus pies para luego correr como si la vida se le fuese en ello.

Por mi parte no perdía de vista sus movimientos; era ágil, y podía mandar u ordenar mientras corría con el balón. Se veía guapo sudado, y a pesar de estar algo sucio por culpa del lodo que salpicaba sus prendas, no perdía su distinción varonil.

Sí, estaba obsesionada con él.

—¡Vamos Harry! ¡Tú puedes! —animaba Ginny, quien se encontraba al lado mío observando la práctica de fútbol. Hoy escogerían a las personas que representarían a la universidad en las competencias deportivas de la ciudad, entre todas las casas de estudio.

Harry logró ejecutar un pase en el momento crítico, y el juego siguió a su favor. Mas el equipo con el que estaban compitiendo —sus mismos compañeros de academia— hacían todo el esfuerzo por ser escogidos. Cada uno de ellos ponía su corazón en cada corrida, en cada pase, y su expresión se agriaba cuando la pelota no caía en los pies deseados, como ahora.

Ron preparó todos sus sentidos. Él en esta ocasión jugaba de arquero, y no lo hacía para nada mal. Había atajado tres goles que fácilmente habrían marcado el conteo contra su equipo, y solo uno no había podido impedir. Su rostro también sudado se concentró en los movimientos que veían sus ojos, y adquirió esa pose tan particular de estar preparado para saltar en cualquier instante. El contrincante pateó con fuerza, la pelota voló hacia el arco y Ron interpuso su mano en forma de puño, para enviarla lejos de su lugar.

—¡Bien hecho! —grité emocionada, junto a Ginny.

—¡Ese es el poder Weasley! —expresaba emocionada Ginny—, vamos por el gol, vamos por el gol —repetía nerviosa, mordiéndose las uñas de sus dedos, para luego agarrar su cabello.

A los chicos le quedaban solamente quince minutos… quince minutos para que el partido decisivo acabase, y el marcador era simétrico para ambos grupos; uno a uno.

Todos los jugadores corrían atrás del balón como si el mundo se acabase mañana, y es que en efecto, para muchos de los que participaban de aquel juego, este era el momento clave para sus vidas. Oliver ama el fútbol, y sabía que podría formar parte de los representantes de la universidad. Él había logrado dar el primer gol para su equipo, y era quien más se acercaba a la zona contraria para poder marcar la diferencia. A Harry no lo dejo de lado, su especialidad era dar los pases a Oliver. Juntos hacían una buena dupla, y que el otro equipo no hubiese hecho más goles, se debía al desplante de Ron, quien cuidaba el arco como si se tratase de su vida propia.

Un nuevo pase de Harry a Oliver, y con decisión, pateó el balón desde una esquina. La pelota rebotó en el pilar y…

—¡GOL! —mi amiga y yo nos abrazamos con emoción. No estábamos solas, por supuesto que no. Muchos curiosos observaban el partido, y los amigos de los otros jugadores también. El público estaba dividido, pero lo importante era que nuestros conocidos y amigos, lo estaban haciendo genial.

Aquel nuevo gol desconcentró al equipo contrario, y no pudieron seguir efectuando el partido tan reñido como hacía unos minutos atrás. El profesor a cargo de la academia tocó su silbato y dio por finalizada la partida.

—¿No vas? —preguntó Ginny, cuando se disponía a bajar las gradas para ver a Harry. Era costumbre que cada jugador de la academia que tuviese una novia, esperase a su pareja en la cancha para recibir mimos, palabras de aliento, una toalla que limpiase sus rostros y agua que calmasen la necesidad de hidratarse.

—No lo creo. No tengo a nadie a quien abrazar efusivamente.

—¿Cómo que no? Oliver lo ha hecho maravilloso, deberías de decírselo. De lo contrario, jamás podrás acercarte a él.

—No creo que necesite de mi abrazo —comenté con algo de dolor, al ver que su cara era limpiada con una toalla que pasaba suavemente por su rostro. Y precisamente, yo no era quien hacía aquel amable gesto, sino la chica con la cual le había visto en el casino, Regina. Ginny chasqueó su lengua, tomó el bolso que tenía preparado para Harry y me dejó ahí, con la pena que comenzaba a aglomerarse en mi pecho.

Me senté en la grada, y con algo de dolor observé mi mochila, la cual aguardaba una toalla y una botella con agua helada. Por alguna mágica razón, me había imaginado acariciando y limpiando el rostro de Oliver, felicitándole por su grandioso espectáculo. La chica con la cual se paseaba ahora, no tenía el perfil de querer ensuciarse en la cancha o sentarse incómoda en las galerías. Supongo que es amor lo que siente, porque se exponía a toda la suciedad, con tal de estar con Oliver.

—No sé qué sigo haciendo aquí —murmuré con algo de desgano cuando me aburrí de hablar conmigo misma. Tomé mis cosas para irme, mas alguien me llamó la atención cuando volteaba para comenzar a caminar.

Ron estaba solo. Cochino y solo, apoyado en el arco, echándose aire con el guante. Él también lo había hecho sensacional, y nadie parecía notarlo, incluso yo… así que bajé con algo de torpeza y miedo las gradas y crucé la cancha hasta llegar donde él.

—¿Hermione? —dijo mi nombre. Me sorprendió que lo hiciese, porque tenía los ojos cerrados.

—Sí, soy yo —afirmé, aunque dudosa—, ¿cómo supiste que era yo?

—Tú aroma ya me es familiar. Supuse que podrías ser tú, y no me equivoqué —abrió los ojos y sonrió, yo también le sonreí—, tengo tanta sed… —exclamó mirando hacia el cielo.

—Toma. Bebe esto, está helado y te asentará de maravillas —ofrecí la botella con agua. Mejor que la bebiese él, que estaba tan sediento. Abrió sus ojos con sorpresa y no lo dudó un segundo.

—Muchas gracias, me has caído desde el cielo, como un ángel —agregó con burla, a lo que yo respondí golpeando uno de sus hombros. Bebió con mucha alegría y apenas dejó un poco de líquido en la botella. Se pasó su brazo cubierto con la ropa sucia por toda la cara para quitarse el sudor, quedando con su cabello desordenado y unas manchitas de tierra que se colaban con sus pecas.

—Sí, creo que te caí del cielo —hablé con la misma oración que me había dicho segundos antes, mientras le pasaba la toalla.

—La voy a ensuciar.

—Las toallas se hicieron para eso, úsala sin culpa —y se la volví a ofrecer. Se la pasó por su cara y descansaba su rostro en la suave tela. Me daba risa su respiración profunda.

—Huele demasiado a ti. De seguro que ahora huelo igual —insistía con eso del aroma.

—Jugaste muy bien, eres excelente en el arco, todo un guardián. De seguro que estás dentro de la nómina.

—Gracias por los halagos. Espero poder quedar dentro del equipo, sería una de las mayores alegrías que tendría en este último tiempo —su comentario lo dijo sin el toque humorístico con el que me estaba tratando. Supuse que le seguía doliendo el término de relación con su antigua novia—. Disculpa, no es mi intención entristecerte.

—Al contrario, discúlpame a mí —nos quedamos en silencio unos instantes.

—Ginny me ha aconsejado que no piense en ella, que deje pasar tiempo entre nosotros y claro, me di cuenta que sí funciona… a velocidad de tortuga —no tenía qué responderle, así que preferí guardar silencio—. Las cosas que me acabas de prestar no estaban dirigidas para mi, ¿cierto? —escondí mi rostro mirando hacia abajo. No pensé que preguntaría por algo así. Al parecer, él creía que entre nosotros comenzaba a ver una especie de confianza.

—Fui una ilusa al pensar que podría serle de ayuda en algo tan sencillo como esto. Él tiene a muchas peleándose por hacerlo —comenté sin mirarle. Sabía que me hablaba de Oliver.

—Menos mal que viniste a verme entonces, esa agua ha sido la mejor que he bebido —contestó para alegrarme—. Muchas gracias, Hermione —su tono de voz hizo que le volviese a mirar. El sol se estaba escondiendo detrás del edificio central de la universidad, y los rayos que osaban con atravesar aquella cima de cemento, rebotaban en el cabello pelirrojo de Ron, haciéndolo más rojo, más brillante.

—De nada, Ron —nos miramos y el llamado del instructor hacia los jugadores nos hizo caminar hasta el centro de la cancha, donde se encontraban los demás jugadores y curiosos.

—Le pediré por favor a todos los extranjeros que se retiren de la cancha —de mala manera, todos los extranjeros dejamos el lugar de entrenamiento, y junto a Ginny, decidimos esperar a los chicos en el casino de la universidad.

—¡Tengo que contarte algo que te alegrará mucho! —Ginny me tomó del brazo y me arrastró con mayor rapidez, para quedar a una distancia prudente y así conversar de forma privada—. Oliver y Regina acaban de discutir, y creo que fue por tu culpa.

—¿Qué? Estás loca, cómo dices algo así —expresé casi enfurecida, olvidándome del matiz privado.

—Es verdad, es verdad —afirmaba con un poco de locura—. Yo estaba junto a Harry, cercano a donde estaba Oliver con su mascota de tiempo. De pronto, él te vio conversar con mi hermano, y se les quedó observando. Regina le hablaba pero él no le respondía, y ahí le hizo una pequeña escena de celos.

—De seguro que estaba mirando a otras personas u otra cosa. ¿Para qué iba a estar viéndome a mí? —por mucho que tratase de auto convencerme, la noticia que me acababa de dar Ginny me alegraba muchísimo.

—¿Sabes por qué no has llamado la atención de algún chico? No te preocupes, yo misma te voy a dar la respuesta: porque jamás te tienes confianza. Hay que lanzarse a la vida, Hermione. Los chicos no te lloverán del cielo —Ginny había utilizado la misma expresión de Ron, el cielo nuevamente aparecía en nuestras conversaciones—, ¿por qué te ríes?

—Me acordé de algo que me dijo tu hermano. Que yo le había caído del cielo —mi respuesta la desconcertó—, planeaba marcharme, pero justo le vi solo en el arco, así que le fui a hacer compañía. Estaba sediento, así que le di las cosas que había preparado pensando en Oliver. ¿Ginny? ¿Te pasa algo?

—No, nada… solo estaba pensando en algunas cosas —acotó seria. Rodeé mis ojos y seguimos caminando.

Para alegría nuestra, Ron, Harry y Oliver habían sido seleccionados. Celebramos con un brindis de gaseosas en el casino —con Regina, también— y comenzaron a armar planes para celebrarlo durante el fin de semana.

—No creo que sea buena idea, Ginny. Comenzaremos el período de exámenes.

—Hermione, siempre dices lo mismo, esto es una ocasión especial.

—Se supone que son deportistas, no pueden estar yéndose de fiestas todos los fines de semana.

—Será una pequeña recepción. Luego calabaza, calabaza, cada uno para su casa —me dejó con la palabra y discusión en la boca y prosiguió a organizar una nueva junta en su departamento.

Salí del casino para dirigirme a casa. Ya no tenía qué hacer en la universidad, y lo mejor sería estar en mi hogar, en paz y tranquilidad.

—¡Hermione! —esa voz la podía reconocer hasta dormida. Me volteé con duda, pensando que se trataba de un sueño o mi imaginación, pero no, no lo era. Era la hermosa realidad.

—Oliver… —dije su nombre tan bajito que él se acercó a escucharme—. Jugaste muy bien hoy. Felicidades.

—Muchas gracias —respondió de inmediato—. ¿Ya te vas? —asentí frenéticamente, agarrando con fuerza el bolso que llevaba en ese instante, como si aquel gesto me diese confianza—. ¿Quieres que te lleve?

¿De verdad que no estaba soñando?

—No te preocupes, vivo lejos de la universidad.

—Sé dónde vives, te he visto bajar de la locomoción. Hoy vine a la universidad en auto, no será problema. Vamos, acepta mi invitación —me sonrió y esperó a que yo avanzara con él.

—¿Y Regina? —eso, ¿dónde está su novia?

Oliver chasqueó su lengua.

—Se fue con sus amigas. Pero vamos, no te niegues a que yo pueda llevarte hasta tu casa.

—Bueno, vamos —caminé detrás de él con el corazón en mi boca. Recordé mi infancia, cuando le dije a mi compañera de asiento que le entregase una carta de amor al primer chico que me gustó. Era la misma agonía infantil.

Oliver mantuvo la conversación durante todo el trayecto. Nunca había pasado tanto tiempo con él, a solas. Su acento pausado, su preocupación al volante, su preocupación cada diez minutos para saber si me encontraba bien, si el aire acondicionado era el adecuado o la música de fondo era de mi agrado… estaba más que feliz, y toda alegría se iba disminuyendo, cuando mi casa se asomó en el paisaje.

—Déjame aquí no más —hablé, mientras arreglaba mis cosas.

—Dime cuál es tu casa, no tengo problemas en aparcar al frente —le indiqué cuál era y efectivamente, estacionó su vehículo a escasos metros.

—Muchas gracias, has sido muy caballero —sé que lo último que dije fue con mi cara enrojecida. Oliver sonrió de lado y mi corazón, nuevamente en la boca.

—El placer es todo mío. Nos vemos el viernes.

—¿Qué hay el viernes?

—Ginny celebrará en su departamento nuestra clasificación al equipo. Me imagino que tú estarás presente.

—No sé aún.

—Vamos, será divertido compartir y verte en otra faceta, con otra ropa, con otros modales —debí de haber cambiado de expresión, porque se revolvió el cabello nervioso y desvió la mirada.

—Sí… nos vemos —concluí, bajándome de su auto. Apenas fuera, él se fue.

Entré a mi casa y lancé el bolso con desgano. Tenía a Oliver en un altar, y poco a poco la imagen del chico perfecto se iba desintegrando. Él pensaba que yo me transformaba para las fiestas y esas cosas. Error, siempre era la misma, con algo de alcohol en mi cuerpo, pero la misma en esencia. Él se estaba creyendo una faceta de mí, e implícitamente, me había dicho fea, poco agraciada, aburrida.

Prendí mi notebook y esperé a que estuviese listo para ocuparlo. Abrí el navegador, y me dio rabia tener como última página visitada, el perfil de Oliver. Lo cerré sin leer sus actualizaciones, y me digné a buscar los contenidos que había subido mi profesor a la plataforma online. Cuando la pena y angustia fue disminuyendo, tecleé la red social y vi mi muro. Alguien había hecho una publicación con mi nombre. Por un breve instante mi cabeza me jugó un agradable pensamiento, pero preferí desecharlo de inmediato. Oliver para las únicas oportunidades en que escribía en mi muro, era para saludarme por mi cumpleaños, y conste que lo hacía porque Facebook te avisaba la fecha, y no sobrepasaban más allá de diez palabras y dos mal escritas.

Súper Hermione Granger al rescate del desolado Ron Weasley. ¡Gracias por lo de hoy!

Me reí y leí muchas veces el estado de Ron. Le di 'Me gusta' y me limité a contestar:

Aún me debes un helado :P —seguí leyendo los papers de la universidad, una nueva notificación me desconcentró. Él había respondido a su estado.

Me lo sacarás en cara siempre. Te llevaré de paseo a una heladería entonces.

¿Me estrás tratando como un animal?

En lo absoluto, vamos a una heladería, antes de la celebración, el viernes.

Otro más que me exige ir a una noche de perdición.

Obvio, si eres muy divertida. Me sentiría solo, ya sabes por qué te lo digo —sí, suponía por qué me lo decía. Ginny estaría con Harry, Oliver con Regina, si no cambia antes de novia, y quizás cuánta otra gente del equipo se aparezca en la celebración. La mayoría de los invitados contaba con una pareja estable.

Un momento, que ella es mi amiga, cuidadito ustedes dos —se entrometió a nuestras respuestas, Ginny.

¿Y eso a qué se debe? —escribí con asombro.

Le dan sus arranques de vez en cuando, cree que tiene el control de todos —me contestó Ron.

¡Claro! Ahora me omiten… —escribió Ginny. Ron le colocó 'Me gusta' al escrito de su hermana, y yo para molestarla otro poco, hice lo mismo.

Nos vemos el viernes, Hermione —escribió Ron.

Nos ponemos de acuerdo para mi helado :D

Decidí cerrar Facebook, ya imaginaba la ola furiosa que estaría Ginny, odiaba no ser el centro de atención, y a decir verdad, me encantaba la amistad que estaba llevando con Ron. De verdad que es un buen amigo.

.

.

Quedamos de juntarnos en el almacén que estaba cercano al departamento en donde vivían. Yo le había comprado un helado común y corriente, y teniendo en cuenta que deberíamos de estar en la celebración del equipo de fútbol, los helados de mora, con crema de mora al interior, fueron los seleccionados.

—Cualquier helado… sabe bien… si tienes buena… compañía —dijo Ron, quedándose con la mitad del helado en la boca.

—¿Qué cosas tenemos que comprar? —pregunté, puesto que Ginny nos había encargado una lista de cosas que faltaban para la noche.

—Ni siquiera la he… revisado —medio hablaba, aún no se comía la mitad del helado—, creo que me quemé la lengua —moví la cabeza desaprobatoriamente y caminamos hasta el supermercado.

Ahí vio la lista, eran pocas cosas, y como conocíamos el sitio en donde nos dispusimos a comprar, rápidamente dimos con los productos y pudimos desocuparnos de la tediosa actividad. Pero al ser fin de semana, las filas para pagar los productos eran largas y tediosas. Tendríamos que estar todo el tiempo invertido, en una de las largas filas.

—Mira… —susurró, indicándome la izquierda.

—Qué cosa.

—El cartel que está arriba —agregó.

—Estás loco si crees que fingiré eso.

—Yo lo haría, pero no me creerían.

—¿Tan desagradable es mi compañía que quieres pasar menos tiempo conmigo? —se lo dije en broma, puesto que siempre bromeaba conmigo de esa forma.

—En absoluto —respondió serio. Se formó un incómodo silencio entre los dos. Me fijé en las personas que nos rodeaban, y con mucha vergüenza le tomé la mano y corrí hacia la fila de la izquierda. Saqué todo el estómago que pude, y coloqué mis manos en la espalda. Me sobé con ganas la panza ficticia, y Ron trató de no estallar en risas.

La cajera nos atendió rápidamente, y tuvo el descaro de preguntar si el hijo que estaba esperando, era niño o niña.

—Es asexuado por el momento, recién está creciendo —argumentó Ron como si fuese real. Salimos del supermercado, y solo fuera del sitio, nos reímos como si aquello hubiese sido lo más gracioso del mundo.

—Nunca pensé… que lo harías… ha sido tan divertido… —hablaba entre carcajadas.

—Yo tampoco creí ser capaz de hacerlo —asumía sonrojada por lo que acababa de realizar.

Seguimos riéndonos y recordando a la cajera del supermercado. Ron abrió la puerta del departamento cuando justo se encontraba imitándome con el falso estómago. Yo estallé en risas, y todos los que estaban dentro del departamento —que no eran pocos— se quedaron callados y nos observaron con curiosidad.

Azorada miré al piso, porque la primera mirada que me recorrió fue la de Oliver. Fue una mirada de milisegundos, pero aún así, observé dónde estaban sus manos; en la baja espalda de Regina.

—Comprar en el supermercado es divertido —dijo Ginny. Golpeó el hombro de Harry y este rió suavemente. Los demás invitados siguieron con su charla y decidí adentrarme a la cocina. Sabía a quién tendría tras de mí.

—¿No me puedo reír? —mi pregunta tuvo más tintes drásticos que inquietantes.

—Tranquila, solo quiero ayudar —contestó, revisando las bolsas—. Sé que también te diste cuenta que Oliver te estaba mirando.

—Ginny… últimamente le estás dando demasiada importancia a Oliver… la que está enganchada de él soy yo.

—Y sé que necesitas ayuda, es por eso que me he dado el trabajo de detective, y mi intuición ha estado atenta de cada detalle, durante todas estas semanas.

—Contrólate un poco, por favor. Ojalá le pusieras ese empeño a las clases —bufó y chasqueó su lengua.

—No dejaré que te vayas hoy. Tengo que hablar contigo y mi hermano.

—¿Y eso?

—Tengo un plan —y se devolvió a atender a los invitados. Me apoyé en la mesita pequeña que tenían en la cocina; cuando Ginny pensaba en planes, las cosas más insignificantes se podrían convertir en tormentas.

.

.

Sabía lo que sucedería en la fiesta. El exceso de alcohol en los chicos les provoca esa sensación estúpida de hacer algo imbécil. Estuvieron chocándose cuerpo a cuerpo, lanzándose cosas pesadas a sus entrepiernas, las chicas cantaban y se sentaban sobre sus novios porque… al parecer sus nalgas tenían frío, y no soportaban la tibieza de la madera, tenían que sentarse sobre una piel cálida y confortable.

Pasadas las cinco de la mañana, eran pocos los que sobrevivían ante grandiosa celebración. Eran pocos los que quedaban… y lamentablemente, una pareja que no deseaba observar, daba un espectáculo desinhibido. Regina recorría el cuerpo de Oliver con osadía, se atrevía a desabrocharle algunos botones de su camisa y se enrollaba a él, como si fueran uno solo. Él se dejaba hacer y no oponía resistencia alguna. Cómo rayos no se iban a un motel o se encerraban en el baño a terminar lo que estaban empezando al frente de todos nosotros.

Me sentí mal porque apretaba con fuerza el vaso que sostenía en mi mano. No quería llorar, porque era estúpido llorar. No tenía excusas para hacerlo.

—Vamos a dar una vuelta a la terraza —me dijo. Tomaron mi mano y me arrastraron hasta aquel lugar—, si quieres llorar, hazlo. Es bueno sacarse toda esa mierda que guardas aquí —murmuró apuntándose el corazón. Su compañía me debilitaba, o me relajaba al punto en que confiaba de una forma especial, y las lágrimas salieron.

—Eres un gran amigo, Ron —gimoteé en su hombro.

—Lo sé, lo sé —contestaba. Sabía que se estaba riendo—. Tienes que aprender a decirle que no a las personas. Si no querías venir a esta fiesta, no debiste de hacerlo. Yo podría habérmelas apañado solo.

—No quiero que estés solo, no lo mereces.

—Tú tampoco y también lo estás… acabamos de darnos cuenta que el mundo es injusto —siempre con una sonrisa, siempre con ese tono de voz que me relajaba de manera natural.

—Quedémonos aquí hasta que veamos otro amanecer.

—Iré por una frazada —moví mi cabeza con lentitud.

—No te vayas. No hará falta —se sentó a mi lado, y en silencio, esperamos el amanecer.

O eso pensé yo, porque cuando desperté, el sol ya estaba en el cielo, y una ventana obstaculizaba su visión. Me senté en la cama y agarré mi cabeza. No había bebido demasiado, pero de todas formas sentía un leve malestar. Estaba cubierta con una frazada.

Salí del cuarto de Ginny. Todo estaba limpio y escuchaba voces en la cocina. Ahí se encontraban Harry, Ron y ella.

—Despertaste.

—Eso creo, ¿qué hora es?

—Las once y algo —contestó Harry.

—¿Tan tarde? —me sorprendí por la hora. Solía despertar temprano, además, no recordaba en qué momento había bajado al departamento a acostarme.

Estornudé y busqué una servilleta.

—Tú también tienes síntomas de enfermarte. Quién les manda a pasar la noche en la terraza, sin algo que les cubra —Ginny nos retaba como si fuese nuestra madre. Ron estornudó y siguió comiendo.

—Será mejor que me vaya. Tenemos dos exámenes el martes y tenemos que estudiar, Ginny.

—Tú no te puedes ir. Tenemos una conversación pendiente. —cierto, el plan.

—Yo les dejaré para que hablen —Harry tomó su taza y agarró con su boca un pan tostado. Ron le comenzó a imitar.

—Tú no te mueves de aquí. La conversación es también contigo —estornudó otra vez y Harry le dio esa mirada de lo siento amigo, pero no te puedo ayudar.

—Hazla corta, que yo quiero dormir.

—Y yo ir a estudiar.

—Tengo la mejor idea del mundo.

—Temo cuando dices eso, hermana.

—He sabido por ahí… —a Ginny no le importó lo que le contestó su hermano, siguió con su discurso—. Que Lavender ha estado preguntando en los baños femeninos de la universidad por ti.

—¿Por mí?

—Sí, porque le han llegado rumores de que te han visto muy cercana a mi hermano —pues… de que éramos más cercanos, lo éramos, pero nunca en otro plan, solo como amigos—. Y eso significa una cosa; celos.

—¿Lavender tiene celos? —Ron estaba sonriendo como niño pequeño. Mi autoestima subió un par de puntos.

—Y Oliver les ha estado observando desde un tiempo… así que mi intuición femenina me dice que te está comenzando a mirar con otros ojos, Herms —mi corazón latió con rapidez—, como ustedes dos están solteros, tengo la brillante idea de que se hagan pasar por novios.

—¿¡Qué! —gritamos al mismo tiempo.

—Se alarman como si fuera la idea más descabellada del mundo.

—Por supuesto que lo es. Con Ron recién estamos formando una bonita amistad, y gracias a tu nexo.

—Hermione tiene razón. Los novios hacen cosas… cosas que la otra gente ve. Nosotros no.

—¿Y te parece poco lo de hoy, hermanito? —Ron alzó sus cejas y no habló.

—¿Qué pasó hoy? —le pregunté a ambos. Ginny sonrió maliciosamente.

—Quiero creer que te quedaste dormida allá arriba, y Ron te bajó en brazos, cubriéndote con su chaqueta. Te acomodó en mi cama, y hace poco que despertaste de eso —vaya… con que así había llegado hasta la cama de Ginny—, me faltó agregar que Oliver vio ese dulce gesto, y estoy segura que le ardieron las manos. Se fue a los segundos de que Ron saliera de mi cuarto y se fuera a la cocina a comer como si no hubiese un mañana.

—Harry hubiera hecho lo mismo con Hermione —se defendió. Yo le di en la razón.

—Chicos… —nos llamó a que le prestáramos atención—. Ustedes no me entienden… si los dos aparentan tener algo serio, tanto Lavender como Oliver reaccionarán. Ella se dará cuenta que se está perdiendo al hombre más cariñoso y mamón del mundo, al hombre que siempre le ha querido y soportado todas sus tonteras y caprichos. Al hombre que le hará feliz, porque yo sé que eres el mejor, hermanito —agregó para que Ron arreglase su mala cara ante las características negativas de su ex—. Y por otra parte, Hermione… no entiendo por qué te gusta tanto ese chico, si Oliver es lo más superficial, aunque caballero, del mundo. Sé que tu misteriosa apariencia ya le está llamando la atención, y que quiere acercarse más a ti. Tienes que sacarte partido, porque eres hermosa, y tienes encantos que deben ser notados por los hombres, debes quererte más, amiga.

—Deseo que él lo note —murmuré muy a mi pesar. Las palabras de Ginny tenían sentido.

—Ron, Hermione… —caminó hacia nosotros y se colocó al medio. Posó su mano amiga en mi espalda, y la otra en la espalda de su hermano—. Ustedes se conocen desde hace muchísimo tiempo, así que tienen la confianza para atreverse y jugar un poco, y por qué no, ayudarse mutuamente. Nada saldrá mal, al contrario… Ron conseguirá que Lavender vuelva con él, y Oliver, que se fije en ti, y podrán tener esa relación que añoras desde hace mucho tiempo en silencio.

—Por mí… no hay problema —miré a Ron con asombro. Si el plan no tenía el resultado que Ginny pensaba, Ron sería el más afectado. Lavender no le hablaría más, y sería el término de su relación, para siempre.

—¿Hermione? —dijo Ginny, sonriéndome.

—No nos creerán si nos colocamos 'En una relación' de inmediato en Facebook.

—Ya tengo todo planeado. No doy puntada sin hilo —Ginny volvió a su lugar inicial, dando saltitos de alegría—, el próximo fin de semana iremos a una cita doble. Tu, Ron, Harry y yo. Nos sacaremos fotografías, ustedes beberán bebida de un solo vaso, harán cosas de novios. Durante toda esta semana, se escribirán cosas lindas en el muro del Facebook, y verán las reacciones que tendrán en la universidad. De aquí a un mes, ustedes tienen que tener una relación. Y el mismo tiempo se encargará de que los otros dos pánfilos, reaccionen.

Sí… Ginny ya tenía toda una película montada en su cabeza.

—No quiero perder la amistad contigo, Ron.

—No la perderás, estoy seguro de lo que siento, y sé también tus sentimientos —asentí, con un poco más de seguridad.

—¿Aceptas entonces? —Ginny estaba histérica.

—¿Supongo que sí?

.

.


Nota de la autora:

Ultimo día del año y yo actualizo esta historia, que sí, lo lamento… la tenía muy botada, pero las que me conocen saben el por qué xd. (Ahora que BR terminó, tendrá un poco más de tiempo, espero).

Me pregunto si ya van descubriendo el cómo se irán dando las cosas de aquí en adelante, y cuál será el próximo capítulo (:

Gracias por su constante visita, y por el buen ánimo que me han brindado a lo largo de este año, les quiero demasiado ^^