Sí… Ginny ya tenía toda una película montada en su cabeza.

No quiero perder la amistad contigo, Ron.

No la perderás, estoy seguro de lo que siento, y sé también tus sentimientos —asentí, con un poco más de seguridad.

¿Aceptas entonces? —Ginny estaba histérica.

¿Supongo que sí?


Capítulo III

(Sinceridad)


Ron POV

Efectivamente, esto era similar a una cita real.

Si hasta debía de confesar que tenía algo de nervios, puesto que hacía muchísimo tiempo no experimentaba la sensación de esperar a la persona con la que saldrías por primera vez.

Lo ilógico era sentir todo este nerviosismo, porque era una cita de mentira y ni siquiera estaríamos solos.

A escaso metros de mí, mi hermana posaba para que Harry le sacase una fotografía con un monumento de elefante que había a la entrada del parque de diversiones. Harry se veía muy divertido con el sombrero que Ginny le había obligado a usar. El color arena de este combinaba con sus sandalias. De lejos parecía un explorador.

Miré la hora de mi reloj de pulsera, dentro de poco serían las dos de la tarde, hora en la cual habíamos decidimos juntarnos con Hermione para iniciar nuestros 'acercamientos'. Ginny me aconsejó que trajese algún pequeño presente para ella, pero no se me ocurrió qué podría ser, así que mientras estuviésemos disfrutando del parque de diversiones, si veía que a ella le llamaba la atención algo en concreto, trataría de conseguirlo.

—¡Allá viene Hermione! —anunció Ginny, colocándose al lado mío.

Hermione sonrió y bajó su mirada al escuchar la frenética expresión de mi hermana. Y no pude dejar de observarle de pies a cabeza, porque usaba unas sandalias que aterrizaban sus talones al suelo, y combinaban con el vestido crema que llevaba puesto, el cual tenía pequeñas flores estampadas en colores cálidos.

—Habría llegado más temprano, pero Ginny me aconsejó que llegase un tanto más tarde —se excusó, luego de saludarme.

—Hemos firmado nuestro contrato con el infierno al querer hacerle caso a mi hermana —Hermione rió ante mi extremo comentario.

—¡Te ves súper linda, Hermione!

—Gracias Ginny. Tú también estás muy linda. ¡Hola Harry! —el aludido le respondió el saludo con un movimiento de cabeza, e inmortalizó el primer encuentro de todos nosotros con la cámara fotográfica.

—Entremos antes de que los juegos se nos escapen.

—Ginny, tengo hambre. Salimos sin siquiera desayunar de la casa.

—¡Ron! puedes comprarte un paquete de palomitas, yo quiero divertirme.

—¿No se supone que la cita es para conocernos mejor? Uno en las comidas se puede conocer muy bien, ¿no lo crees Hermione?

—Yo igual tengo un poquito de hambre —dijo ella, ruborizándose un poco.

—Podríamos ir por unos helados, así recorremos el parque y comemos algo. Si nos da más hambre, comemos otra cosa más contundente ofreció Harry.

—¡Quien ofrece invita! —exclamó Ginny, corriendo hacia el interior del parque de diversiones. Hermione le siguió con la misma alegría y yo corrí junto a ellas, dejando a un Harry descolocado con la cámara entre sus manos.

—¡Espérenme! gritó, cuando se dio cuenta que nos perdería de vista si se quedaba viéndonos desde la entrada.

Cuando Harry nos alcanzó deseó no haberlo hecho, puesto que Ginny ya había pedido nuestros helados y esperaba a que Harry llegase para que cancelara la cuenta.

—Te daré un premio en casa —confesó mi hermana en el oído de mi amigo. Por desgracia escuché aquello y tuve deseos de golpearlo, a pesar de que él no era el culpable.

—Yo le pagaré el helado a Hermione —dije de forma seria. A Ginny la idea le encantó y no se opuso. Hermione puso cara de malos amigos, pero poco me interesó.

—Sería bueno que ahora nos dividiéramos… digo yo, para que puedan compartir más, como pareja.

—Recién nos estamos 'conociendo', Ginny —el conociendo lo dijo moviendo sus dedos para recalcar la palabra—. No vamos a actuar como novios.

—Por algo se empieza. Llévense la cámara, y a la hora que nos dispongamos para comer otra cosa, revisaré la evidencia de sus fotografías —tomó a Harry de la mano, y emprendió el viaje al lado contrario del que estábamos.

—No sé cómo aguantas a mi hermana. Yo lo tuve que hacer porque nacimos en la misma familia. Pero tú la escogiste de amiga.

—Los amigos son también como una familia. En ellos encuentras el refugio y entendimiento que a veces en tu hogar no. Y es divertido. Si me buscase una amiga con las mismas características mías, nos aburriríamos mutuamente. Ginny es mi complemento.

—Tú no eres aburrida —le corregí. La pasaba muy bien con ella, y lo que me molestaba de Hermione era que no se valoraba como correspondía.

—Lo dices porque estás tratando de conquistarme —agregó con algo de burla, comenzando a caminar.

—En lo absoluto. Tienes que permitir que la gente te halague. Eres simpática, buena amiga, sabes escuchar… eres muy inteligente.

—¿Te puedo hacer una pregunta? —soltó de pronto. Asentí y esperé a que siguiese hablando—, crees que… ¿mi manera de vestir es aburrida? ¿Qué tengo muy buenos modales y eso me hace parecer nerd, ratón de biblioteca? —preguntó de forma rápida. Luego se cubrió el rostro con el folleto del parque de diversiones, el cual informaba acerca de los mejores juegos y atracciones.

No pude evitar soltar una risa. Efectivamente, la sensación de estar en una cita real era evidente.

—¿A qué se deben esas interrogantes? ¿Acaso alguien te dijo esas cosas? —buscó mis ojos con los suyos y descubrí el clavados en ellos. Nuestros temas en común eran siempre Oliver y Lavender. Me molestó el hecho de que él le hubiese llamado de esa forma, porque sabía que su pregunta tenía que ver con mi compañero de equipo. Una de las desventajas de Oliver era que siempre se dejaba llevar por lo que sus ojos físicos veían. Lo bueno sin embargo, era que te las decía de frente—. No creo que tu manera de vestir sea aburrida. De seguro que la persona que te dijo eso le encanta mirar piernas, culos y tetas ¡no digo que tú no tengas! —me adelanté, al ver que se disponía a hablar— y asumo que le gustaría ver a todas las mujeres vestidas así.

—Pero a todos los hombres les gusta ver eso. Por eso me debió de encontrar aburrida.

—Claro. Nos gusta, pero no que nuestra chica se esté mostrando así a todos. Ahora si lo hace solo para ti, en la intimidad… la cosa cambia —mi cerebro me traicionó por algunos instantes. Aparecieron diversas imágenes, recuerdos de Lavender, de las jugarretas de fin de semana, de las vestimentas que fácilmente caían en mis palmas extendidas—. No soy un pervertido.

—No lo creo. No tienes pinta de serlo.

—Y también me gustan tus modales. Creo que eres buena influencia para mi hermana. Aunque lo de estar en la biblioteca casi siempre creo que sí, eso debería de cambiar un poco.

—¿Por qué? Me gusta estudiar en la biblioteca.

—Pero en la universidad hay muchos lugares tranquilos para estudiar. Yo los utilizo para dormir.

—La idea no es quedarme dormida, Ronald —pronunció mi nombre de forma divertida—. En la biblioteca me concentro, además, siempre estoy cargando muchos libros. Después tendría que subir a dejarlos, y pesan demasiado.

—A esas alturas seremos novios. Yo cargaría tus libros, como todo un caballero —me jacté.

—Podría ser —dejó la idea en duda, y se detuvo al frente de uno de los atractivos del parque, "La casa embrujada".

—¿Quieres entrar?

—¿No será muy temprano? La idea es entrar cuando está todo oscuro, y el sol alumbra todo el parque.

—Pero adentro no hay luz ¿No será que tienes miedo? —la incité.

—Para nada. Esto es invención del ser humano —tomó mi mano y me arrastró con fuerza hacia adentro. Los dos mostramos nuestra pulsera y el encargado del juego nos abrió paso.

—Si en veinte minutos no encuentran la salida, busquen el botón rojo que hay dentro de la casa. Eso les mostrará un mapa para qué encuentren la salida —nos informó automáticamente. Asumí que su falta de entusiasmo era porque aquello lo debía de repetir mínimo, unas cien veces por día.

Entramos a un pequeño salón de luces tenues que solamente alumbraban un mapa del lugar.

—Tratemos de memorizar el camino. Hay algunos lugares que tienen trampas y nos alejarán de la salida principal.

—Tú eres buena aprendiéndote cosas. Yo soy un fracaso. Pero si se trata de matar zombies o momias, puedes confiar en mí.

—Entonces seremos una excelente dupla —dejamos la poca luz para adentrarnos aún mas, por un angosto pasillo. Una música lúgubre invadía el lugar, acompañada de gritos agudos y lastimosos.

Hermione se agarró de mi brazo con fuerza.

—Algo pasó por debajo de mis pies —se excusó, soltando un poco mi brazo, pero dejando sus manos ahí.

—Tranquila, es netamente invención humana —repetí sus palabras, y asumí que bufó con furia.

—Tenemos que doblar a la izquierda dos veces y subir dos pisos —hice un sonido para confirmarle la información, y no le comenté el nerviosismo que sentí cuando una cosa se apoyó en mi espalda.

—Déjame subir a mí primero. Puede que los peldaños de las escaleras tengan alguna pillería. Afírmate de mi ropa. Toqué algo asqueroso en el pilar —le advertí.

Tan solo había puesto un pie en el primer escalón, cuando un zombie salió del pasillo por el cual habíamos estado caminando.

—¡Corre! —me gritó, empujándome hacia arriba. La adrenalina me inundó, le tomé de la mano y juntos subimos rápidamente. Lo simpático era que dos momias nos daban la bienvenida, por lo que bajamos al piso de al medio y corrimos por otros pasillos. Bien, esa era la gracia. Podíamos aprendernos el mapa, pero ellos se encargaban de confundirnos.

—Tendremos que distraerlos para volver a retomar el camino —dijo Hermione.

—Te lo estás tomando muy enserio.

—¿Eso es malo?

—Al contrario, es súper divertido —por la escasa luz no podía ver mucho el rostro de ella, pero sabía que le había causado gracia mi comentario—. Vamos, yo iré adelante y golpearé cuanto bicho raro se nos cruce.

Desgraciada o afortunadamente, los sujetos disfrazados para la ocasión no se encontraban en el sector. Pensamos con Hermione que se debía a que tenían que estar asustando a otras personas.

—Ahora tenemos que doblar a la derecha, bajar un piso, dos veces más a la izquierda y subir tres pisos más.

—Sí que tienes buena memo… —el llanto de 'La llorona' no me dejó terminar la oración. Fui yo quien le tomó la mano ahora, y nos dispusimos a correr con mayor velocidad— ¡Ah!

—¿Qué te pasó? —preguntó mientras seguíamos corriendo por el camino que ella había memorizado.

—Creo que pasé a llevar mi rodilla con algún clavo o algo así.

—¿Te duele mucho?

—No, pero es molestoso —me quejé.

—Encontremos la salida rápidamente.

—Estoy bien. ¿A dónde tenemos que dirigirnos ahora?

—Derecha, izquierda, derecha, derecha, bajar todas las escaleras y todo en izquierda. Creo.

—¿Lo crees?

—Asumo.

—Así es entonces.

—Tenerle mucha confianza a las personas no siempre es bueno.

—No eres cualquier persona —le informé. Un descabezado y un hombre lobo nos siguieron hasta la mitad del recorrido. Un pasillo estaba cubierto por telaraña completamente, nos impedía caminar de forma rápida.

—¡Nos están alcanzando!

—Permiso —pedí y sin esperar su respuesta, la tomé entre mis brazos. No era la primera vez que la cargaba, así que su peso ya estaba familiarizado en mis brazos. Pudimos pasar el pasillo sin ningún problema, y si no hubiese sido por el dolor en mi rodilla, todo habría sido muchísimo más fácil.

—Gracias… tendré en cuenta no venir con sandalias para la próxima vez.

—Nos queda bajar y terminar con los otros caminos. Saldremos invictos.

—Tú no. Estás herido.

—Es tan pequeña la herida que apenas la siento.

—Ya lo comprobaremos a la luz del sol —continuamos con la caminata. Se nos agregaron dos personas que llevaban recorriendo el sector hacía rato al parecer. Estaban a una distancia prudente de la nuestra, pero no nos perdían los pasos.

—¡Veo la luz! —expresó Hermione con júbilo. Quienes nos seguían nos adelantaron y corrieron hacia la salida. Pero ninguno de nosotros contaba con que aparecerían por un pasadizo oculto, un vampiro y un esqueleto, quienes se encargaron de devolver y confundir otra vez a los dos sujetos que nos seguían por los otros pasillos. Nosotros aprovechamos aquello y corrimos con todas nuestras fuerzas hacia el exterior—. ¡Logramos salir!

—Estuvo muy entretenido, pero algo cansador —confesé, sentándome en una de las bancas que habían en el sector.

—¡Tu rodilla! —Hermione se alarmó. Me sorprendió ver un manchón de sangre. No pensé que había sido tanto—. Permíteme ver la herida.

—Te mancharás, y estás vestida muy linda.

—No tiene importancia aquello. Por favor, levántate el jean —ordenó, mientras buscaba en su cartera un estuche mediano.

—No me digas que cargas con un botiquín.

—En lo absoluto, no estudio algo relacionado a la salud, pero estas cosas servirán —de su estuche sacó un frasco mediano de perfume, que aguardaba el aroma único de ella—. Puede que te duela, pero tendré que esparcirte un poco de perfume, es lo único que tengo con un grado de alcohol.

—No tengo derecho a oponerme, así que… haz tu trabajo, enfermera —ella movió su cabeza reprobatoriamente, y antes de provocarme el ardor, limpió suavemente con un pañuelo desechable el sector de la herida. Comprobamos que no era profunda, pero sí de un diámetro de unos tres centímetros. Roció un poco de su perfume para alejar cualquier infección—, arde —me quejé. Hermione sopló la herida para disipar la molestia.

—No te quejes. De seguro que has tenido otras heridas mucho más complicadas —me retó, mientras sacaba una bendita de su cartera. La depositó con delicadeza y repasó las partes pegajosas con sus dedos—. ¡Listo! Aunque de todas formas, deberías de pedirle a Ginny que te la revisase hoy en la noche, solo por precaución.

—Gracias, enfermera.

—¡Ron! —dijo mi nombre al momento que depositaba sus manos en mi pecho.

—Tomémonos una foto. Creo que ya estoy en confianza —le pedí con gracia. Ella asumió que no podría escapar, así que tomó mi brazo y esperó a que yo apretase el botón de la cámara. Ambos salíamos riéndonos. Ella tenía una frescura que contagiaba, y realmente, me encontraba feliz, a pesar de la pequeña molestia en mi pierna.

Una familia compuesta de cuatro miembros nos vio reírnos a carcajadas, puesto que no encontrábamos la forma de lograr otra fotografía, similar a la primera. Tuve suerte de poder inmortalizarnos a la primera, puesto que las otras eran intentos fallidos. O salía ella riéndose acompañada de una media cabeza rojiza, o era mi rostro con alguna expresión absurda, acompañado de la cabellera castaña.

—¿Les gustaría que les sacase una fotografía? Se ve que tienen algunos problemas —se ofrece el padre. Sin dudarlo le entrego la cámara, diciéndole con qué botón podría sacarnos la foto. Hermione apoyó su cabeza en mi hombro, y yo recorrí su cintura para estrecharla en un medio abrazo.

—Son una pareja muy feliz. Espero que sigan así —opinó la mujer cuando husmeó la imagen que había obtenido su esposo. Hermione y yo sonreímos con complicidad.

Agradecimos el gesto de la familia, y decidimos encontrarnos con Harry y Ginny.

El resto de la tarde la compartimos entre los cuatro. Ginny se encargó de sacarnos más fotografías para el álbum, y sabiendo que todo esto era para el bien de Hermione y mío, no podía estar más tranquilo. Todo fluía como si efectivamente, estuviésemos en una cita.

—Yo seré la persona que publicará las fotografías —informó Ginny, luego comer una papa frita—, así que me encargaré de escribir algunas descripciones de ciertas fotografías con un poco de picardía, no se asusten, pero sembraré las semillas de la duda en nuestro círculo de amigos.

—No te emociones demasiado, Ginny —le pedía Harry, con recelo.

—Sé muy bien lo que hago. Además, creo que ustedes dos la pasaron muy bien.

—Me he divertido bastante —habló Hermione.

—Yo también. Se tiene que repetir.

—La otra vez que salgan, lo harán solamente ustedes dos.

—A la orden, Ginny. ¿Ya es hora de volver?

—Hermione, nos dedicamos a hacer todas las investigaciones y deberes pertinentes para que no te molestases durante el fin de semana —Ginny y Hermione se pondrían a discutir por sus deberes en la universidad. Estaba divertido viéndolas, hasta que un mensaje en mi móvil llamó mi atención.

"¿Podríamos vernos?" —el remitente era Lavender. El corazón se aceleró y traté de serenarme. ¿Qué si nos podíamos ver? Estaba deseando verla. Le extrañaba demasiado.

—Yo creo que por hoy está bien. Estoy accidentado y necesito reposo —apunté mi rodilla y Ginny bufó.

—Yo quiero seguir paseando, tenía ganas de ir al cine.

—Ustedes pueden seguir con su cita real. Nosotros ya tuvimos suficiente por hoy.

—Te podemos ir a dejar, Hermione.

—No es necesario Harry. Mi casa está cercana al parque.

—Por mí no se preocupen. Yo tomaré una locomoción y me voy.

—No pensaba ofrecerte movilización a ti, hermanito —rodeé los ojos y junto a Hermione abandonamos el parque. Nos despedimos en el paradero de buses, puesto que nos servían distintas líneas y texteé a Lavender.

"¿Dónde te veo?"

"Ven a mi casa, te estoy esperando" —respondió a los pocos segundos.

Hacía tiempo que no iba a su casa. Y asumía que su invitación se debía a que su familia no se podría encontrar. Escasamente hablaba con ellos en los años que llevé de relación con Lav. Otra clase de nervios me abordó cuando llamé anunciando mi llegada.

Lavender salió para recibirme, y besó mi mejilla con cordialidad.

—Pasa —ofreció—. ¿Quieres algo para beber?

—No, gracias —hablé, sentándome al borde del sillón.

—¿Dónde estabas que no deseas beber algo?

—Salí con mi hermana, Harry y… una amiga.

—¿Una amiga? ¿La conozco?

—Sí, es amiga de Ginny, se llama Hermione —pronunciar el nombre de Hermione frente Lavender me dio algo de vergüenza. Veía la mirada inquisidora de mi ex novia, y podía percibir el filo del que hablaba Ginny.

—Ah… la conozco. Es la nerd de la biblioteca —el comentario negativo hacia Hermione me molestó, pero no fui capaz de defenderla. Me sentí miserable—. No tienes que darles esperanzas, a menos que quieras tener algo con ella.

—No planeo tener algo con ella. Recién nos estamos conociendo, ella es amiga de mi hermana, como te dije —antes de que comenzara nuestro plan, ya estaba echando todo a la borda, pero no tenía contemplado que Lavender me buscase antes. Lavender sonrió y acortó la distancia entre nosotros.

—Pensé que no te extrañaba tanto. Pero creo que me he equivocado.

—Yo… no hay día en que no piense en ti.

—¿Eso qué dices es verdad?

—Claro que lo es. ¿Qué puedo hacer para que te des cuenta? —Lavender se posicionó al frente de mí, y con suavidad, depositó un beso en la comisura de mis labios. Cerré los ojos ante el contacto de su piel rosada con la mía. Mis brazos la moldearon de inmediato, y sus manos se enredaron entre la camisa y el chaleco que yo estaba usando.

No supe cómo, pero me encontré besándola desaforadamente a los escasos segundos después. Extrañaba sus labios, la forma en que ella se movía bajo mi cuerpo, mientras me deshacía en caricias antes de hacerla mía, porque sabía que este encuentro no quedaría en una conversación en el salón principal de su hogar. No tuvimos el precalentamiento común antes de, el precalentamiento que olvidamos con los años, y nos embriagamos el uno del otro, a medida que nuestros cuerpos se iban quitando los obstáculos que no nos dejasen tocar nuestra piel.

Terminamos entremedio de sus sábanas, jugueteando como dos niños a quienes les dan en Navidad los obsequios que estuvieron esperando durante todo el año. Sus gemidos cerca de mi oído, sus uñas arañando mi piel. Sus piernas entrelazando mis caderas, sus senos bajo mi pecho… todo volvía a ser como antes. La hacía mía con desesperación y ella se dejaba hacer, porque yo también me estaba entregando en un acto que estaba lejano al romanticismo, porque había excitación, sudor, emoción, necesidad.

—Te amo… te amo… —repetía, antes de morder suavemente su clavícula.

—No acabes dentro… estoy en mis días y… no estamos usando protección —le escuché decir. Cerré mis ojos con frustración, y con toda la lástima que un hombre podía sentir, salí de Lavender y me recosté a su lado, respirando con agitación, conteniendo las ganas de explotar.

Tenía que controlarme. De a poco la cordura se iba introduciendo dentro de mí y me hacía pensar con un poco más de tranquilidad.

—Hoy… te vi en el parque de diversiones —comentó a los minutos de silencio. Ella estaba cubierta completamente hasta el cuello, como si le diera vergüenza el que yo la viese—. Te veías realmente feliz.

—Si me viste… ¿por qué no me lo dijiste?

—Ya te lo dije, te vi realmente feliz, posando con esa chica. Te vi cuando ella te acariciaba la pierna.

—No me estaba acariciando la pierna, tenía una herida y ella la estaba curando —contesté con algo de frustración.

—Tú no me extrañas. Lo que tú extrañas es esto, terminar así —respondió más enojada. Comenzó a vestirse con furia.

—¿Cómo dices eso? Te acabo decir que te extraño, que te amo, que no hay día en que no piense en…

—¡Cuando yo te vi, no pensabas en mí! estabas completamente feliz.

—¡Y qué hay de malo en eso! He pasado días horribles por tu ausencia, y tuve que soportar todas las veces en que no me dirigiste la mirada en la universidad. Pasé días realmente malos, en los cuales no hablaba con nadie.

—Pero veo que ya estás recuperado. No me digas que la rata de biblioteca también te da lo que acabo de quitarte —Hermione. Se estaba metiendo con Hermione y la estaba descalificando como mujer. Y aquello no lo iba a permitir.

—Es mejor que me vaya —dije, mientras recogía el regadero de ropa. Lavender no pensó que actuaría así, porque cubrió con la sábana lo que le faltaba por vestirse y se interpuso ante mí.

—Tendrás que hacer muchos meritos para que vuelva a confiar en ti, Ron. Me has decepcionado.

—No sé qué conceptos tienes de decepción. Apenas me has llamado he corrido como un animal por verte. Te he necesitado, y tú no has respondido a ningún mensaje. El herido por sentirse usado debería de ser yo, no tú.

—No quiero verte nunca más.

—Me duele mucho que me digas esto, porque sé que después te arrepentirás. Y yo también me arrepentiré por no rogarte una vez más. Pero me cansé. Me cansé de ser yo quien siempre vuelve, y resulta ser que jamás me he ido —terminé de abrochar mi segunda zapatilla y salí de la casa de ella. Estaba realmente furioso. Enojado conmigo mismo, porque sabía que algo entre Lavender y yo se había destruido, y que me costaría muchísimo volver a armar.

Llegué a mi casa y para sorpresa mía, Ginny y Harry ya estaban allí. Ambos se reían de todas las fotografías obtenidas en el día.

—¿No irían al cine ustedes dos?

—Nos arrepentimos a último minuto. Preferimos arrendar una película y verla aquí. Además, quería subir las fotografías del día de hoy —respondía mi hermana—, ¿dónde estabas?

—Me entretuve con un espectáculo que había cerca de la plaza. Estos comediantes son muy ingeniosos.

—¿Cómo estás de tu pierna?

—Mucho mejor Harry. Gracias por preguntar. Pero por si las dudas, me iré a recostar.

—¿No quieres ver la película con nosotros? —negué con la cabeza y me metí a mi cuarto. Estaba enfadado y por lo mismo había tomado la drástica decisión de dormir hasta el día siguiente. Mas no podía conciliar el sueño por la rabia y por los ruidos del televisor de la sala central.

De mala forma encendí mi notebook para ver si en algo me entretenía. La excesiva cantidad de notificaciones en el Facebook me saturó, y comprobé que eran por las decenas de 'etiquetas' que Ginny había hecho en todas las imágenes donde se apreciase aunque fuese, media cabeza mía.

Conforme iban pasando las fotografías, mi humor fue mejorando. Había tenido una grandiosa tarde, y no podía dejar que se atrofiase con malos recuerdos. En algunas fotografías había comentarios de otras personas, y me sorprendían que efectivamente, les llamase la atención que Hermione compartiese con nosotros, si ella siempre ha sido amiga de mi hermana. Llegué a la imagen que nos sacó el padre de familia, y me quedé por largo rato viéndola. Lucíamos tan felices, que nadie se podría imaginar todo el plan que había tras ese par de sonrisas. Un comentario de Hermione en esa foto removió mi corazón.

"Gracias por la sinceridad (la real sinceridad, esa que tu y yo conocemos). La pasé muy bien con todos, y creo que salí de mi pequeño mundo. Espero que se repita (de verdad)".

Busqué mi celular y marqué al número de Hermione.

—¿Te desperté? —fue lo primero que dije apenas escuché que me contestaban del otro lado.

No, en lo absoluto.

—¿Crees que sería muy descabellado si te pidiese que nos viésemos ahora?

Sí, me parecería súper descabellado, así que creería que se debe a una broma.

—¿Y si te confirmo que no es una broma y que necesito verte?

Te vería, por supuesto —confirmó con preocupación—. ¿Pasó algo?

—Pasaré por ti, ahí te contaré —no sé por qué necesité de ella, pero una tranquilad me invadió al terminar de hablar con Hermione. Me vestí por tercera vez en el día y saqué las llaves del automóvil que estaban en la esquina de la mesa.

—¿Saldrás?

—Se supone —fue mi despedida.

.

.

—Y bien… ¿me dirás el por qué de esto? —Hermione había permanecido callada durante todo el trayecto. Su silencio me había mantenido concentrado en muchas cosas, menos en lo que acababa de vivir con Lavender—. Tranquilo, sino me lo quieres decir lo comprenderé. Pero recuerda que una mujer nunca olvida, y seguramente te preguntaré por esto en otra ocasión.

—De pronto… sentí una necesidad enorme de verte —aquello era cierto. De lo contrario hubiera recurrido a mis amigos, o al encierro dentro de mi habitación al que pensaba someterme. Pero había sido ella. Había sido su mensaje en la fotografía que me había hecho tomar el móvil y sin dudar, llamarla.

—Estuvimos casi toda la tarde juntos, Ron —respondió, aguantándose la risa. Mojó sus labios con la cerveza que estaba bebiendo, cerró sus ojos ante el amargo del líquido y quitó la espuma con su lengua.

—Supongo que no fue suficiente —me excusaba tontamente por culpa de su reciente acción.

—Tranquilo. Aún no nos tenemos suficiente confianza. No tienes que decirme tus problemas. Los hablaremos cuando el tiempo nos acerque más —opinó sabiamente— aunque sería ilógico que no me dijeses nada, porque te noté algo preocupado cuando me llamaste.

—Gracias —contesté automáticamente. Hermione tomó mis manos y las acarició con fuerza. Dibujó unos pequeños círculos en mis palmas y finalizó su gesto de cariño con un par de golpecitos—. ¿Quieres beber otra cerveza?

—Todavía me queda —confirmó, mostrándome su vaso—, y no soy de las personas que se emborrachan fuera de su hogar —agregó. Bebimos mientras hablamos de temas en común. Hermione sabía escuchar y también hablar en los momentos adecuados. No teníamos muchas posturas similares, y en ocasiones nuestros ánimos se elevaban, pero asumía que se debía al alcohol que estábamos ingiriendo.

—Me pregunto si… alguna vez dejaré de querer a Lavender.

—Esa es una pregunta que solo tú tendrás que responder.

—Yo me imagino el futuro con ella —dije con melancolía.

—Todo se arreglará. Verás que el plan de Ginny resultará.

—De que está resultado, está resultando —repetí por culpa de la cerveza.

—¿Lo dices por los comentarios de las fotos?

—Claro. Se comprueba el dicho que una imagen vale más que mil palabras —sellé aquel tema. No quería que Hermione supiese que había visto a Lavender, mucho menos, que había casi tenido relaciones con ella—. Perdóname, Hermione —le pedí. Me sentía culpable por ocultarle información.

—Ya pasamos por esto, Ron.

—No, de verdad perdóname. Eres sincera conmigo, me cuentas todo lo que piensas, resuelves tus dudas, y yo no soy capaz de abrirte mi vida.

—Con el tiempo, no hay apuros en mi caso.

—¿Podría abrazarte? —Hermione se levantó de su silla y me abrazó. Apoyó su mentón en mi hombro y la estreché contra mi cuerpo.

—Arriba el ánimo —me apoyó, sin soltarme aún—. Tienes que ser fuerte ahora, para que puedas traspasar las barreras y problemas que vengan después.

—Gracias Hermione, gracias por tu sinceridad.

Nos separamos, y a pesar de la poca iluminación del pub en donde nos encontrábamos, pude ver el brillar sus ojos.

Hermione era buena en esencia. Merecía ser feliz.

Y yo haría lo posible para lograrlo.


Nota de la autora:

Sencillamente, gracias por el apoyo a este fic. No saben lo feliz que me hacen : )