Este fic está dedicado a Sorg por su cumple ya que siempre mostró curiosidad por la peculiar visión de la matriarca acerca de las varitas de Silvano.

1945, Sevilla

La mujer se levantó como pudo del asiento del tren para dirigirse hacia la plaza del Canónigo, emplazamiento del barrio mágico hispalense. La temperatura era muy agradable a pesar de encontrarse todavía en el mes de marzo, así que la mujer se quitó el abrigo.

Había mucha gente en la plaza, no en vano los magos se acercaban a comprar alimentos a los barrios mágicos cuando necesitaban más de lo que podían obtener con las cartillas de racionamiento y ella tenía que ir esquivando a la gente con dificultad por su avanzado estado de embarazo.

El establecimiento al que se dirigía, Sileno Silvano, era una casa andaluza blanquísima, en contraste con el blanco descolorido de las casas de fuera del barrio mágico, con una marquesina de madera pintada de verde y rojo y con un cartel con letras doradas que rezaban "Descendientes de Sileno Silvano, fabricante de varitas para magos."

Iria entró sin dedicar una sola mirada al escaparate haciendo que sonara una breve melodía al pasar por debajo de un móvil. La tienda estaba desierta pero sobre el mostrador había un pequeño timbre que al pulsar hizo un sonido estridente.

Apenas unos instantes después salió un hombre joven, alto y muy delgado con el pelo rubio corto a la moda de los ingenuos, ojos saltones y orejas un poco picudas.

-Favio Silvano, ¿en qué puedo ayudarla, señora?- Preguntó él nada más verla.

-Querría una varita.- Contestó ella.

-Disculpe pero no puedo recordar su nombre, si me lo recuerda podré buscarlo en el archivo.

-Es la primera vez que vengo.- Respondió ella medio ignorando su pregunta.

-Tradiciones de la cornisa, sin duda interesante el uso que hacen de las varitas. Normalmente, medimos a los niños y efectuamos unos cálculos. Nos enorgullecemos de encontrar la combinación perfecta de madera y sustancia mágica en un noventa y nueve con nueve por ciento de los casos en niños y en un noventa por ciento en adultos, aunque no recuerdo que hayamos confeccionado nunca una primera varita para una mujer embarazada.- Brillaba en sus ojos el furor de enfrentarse a un reto al que nadie en su familia se había enfrentado.v

El hombre sacó una cinta métrica y empezó a medir a Iria mientras las cifras eran apuntadas por una pluma mágica. A Iria nunca dejaba de sorprenderle cuan amplio era el mundo mágico y cuan diferentes podían ser las formas de utilizar la magia.

Una vez tomadas todas las medidas, incluidas las de su tripa, el hombre se sentó delante de una especie de máquina de escribir y se puso a teclear.

-¿Cuáles son su nombre y apellidos?

-Iria Ulloa Castro.

-¿Edad?

-Veintiocho años.

-Múltiplo de siete, eso será beneficioso. ¿De cuánto está embarazada?

-Salgo de cuentas en tres días.

-¿Primeriza?- Preguntó él cambiando el tono profesional por uno más personal.

-No, es el tercero.- Contestó ella con pesar

-Yo también tengo un niño, Julio César,- Añadió él muy ilusionado- acaba de cumplir dos años. ¿Qué edad tiene los suyos?

-Ambos murieron.- Respondió casi sin voz ella.

-Lo siento mucho. ¿Puede seguir con las preguntas?- Preguntó volviendo al tono profesional de antes.

-Claro.

-¿Será niño o niña?

-No lo sé, aunque presiento que será niña.- Aunque en el mundo mágico era muy sencillo saber qué serían los bebés, los métodos de los ingenuos todavía no lo permitían, así que ella no quiso saber más que su marido. Ya tendría tiempo de saberlo cuando naciera.

-Pondré entonces que será niña. Aquí me dice que su varita ideal tiene 25 cm de largo, 1 cm de diámetro, madera de álamo y cuerno de minotauro. Ahora vuelvo con ella.

-Iria esperó mirando los libros que tenían por allí; nuevos, viejos; en castellano, árabe, vascuence, latín… y todos parecían versar sobre varitas. Pero había uno encuadernado en cuero de color verde que le llamaba profundamente la atención. Estaba escrito por Cleissy, que significaba Reina de los Bosques. Era un nombre que ya había oído antes, en un diario de una antepasada de su marido llamada Meadhbh.

-Aquí tiene, pruébela.

Iria cogió la varita pero nada pasó. Ni fuegos artificiales ni brisas sobrenaturales, nada.

-¿Tengo que hacer algo?

-Cualquier hechizo. Un aguamenti, por ejemplo.

-Aguamenti- Un potente chorro de agua salió a presión de su varita.

-Parece uno de esos raros casos en qué no damos con la varita a la primera. Repasaré los cálculos.

Favio Silvano repasó los cálculos varias veces dándole varitas de manzano y crin de unicornio, de eucalipto y pelo de arpía y otras con resultados igual de nefastos.

-Bueno, pues si los cálculos fallan recurriremos al método Ollivander.- Dijo en tono burlón.

-¿Cuál es ese método?

-Ese método lo inventó un compañero de profesión inglés y se trata de medir como nosotras hacemos y luego probar con todas y cada una de las varitas disponibles hasta obtener la correcta.

-Ensayo y error, vaya.

-Efectivamente. Iré a por el material.

Iria estuvo durante dos horas probando todas las combinaciones, sin que ninguna le fuera mucho mejor que la primera. Quería haber ido a Biblos a ver si tenían ese libro de varitas, pero ya tendría que haber cogido el tren de vuelta.

-Mire, muchas gracias por atenderme, pero ya se me ha hecho tarde.

-Pruebe esta última.- Dijo el hombre visiblemente cansado y nervioso.- Madera de peral y núcleo de unicornio.

Ella la tomó en la mano y la sintió bastante mejor que las anteriores, aunque seguía sin ser su varita ideal.

-Me llevo esta. ¿Cuánto es?

-No, esa varita no es para usted. Le daré otra a probar.

-No. Si quiere venderme la varita, bien, sino me voy. He probado ciento veintiuna varitas. ¡Ciento veintiuna! Me duele la espalda, los tobillos y estoy empezando a tener contracciones y todavía tengo que coger un tren mágico hasta Lugo, otro normal de Lugo a Ourense donde he dejado la escoba para volver a casa. Así que dígame cuanto es por la varita y ese libro de ahí.- Dijo señalando el libro verde.

-A ver, son diez pesetas por la apertura de ficha, sesenta por la confección de varita y otras sesenta por almacenaje de material de reposición durante diez años.

-No se preocupe que no hace falta ni que abra ficha ni que guarde material de repuesto, sólo quiero la varita y el libro.

-Señora, el libro no está a la venta.

-Quizá quiera considerar cuanto podría perder si menciono en el aquelarre que he tenido que probar ciento veinte una varitas.

-Pero…

-Miré, o me llevo las dos cosas o ninguna.

El hombre cogió a regañadientes el libro y se lo entregó aunque le hizo pagar las ciento treinta pesetas que solía cobrar cada vez que alguien se hacía su primera varita.

En el viaje de vuelta a Galicia entendió claramente el porqué Favio Silvano no quería venderle el libro, allí explicaba la forma que utilizaban los celtas para confeccionarse sus propias varitas.

El viaje apenas duraba veinte minutos pero cuando estaba esperando el regional rompió aguas. La taquillera enseguida llamó una ambulancia para llevarla a la Residencia.

Dos días después

Iria se encontraba en el lugar que había sido su hogar durante su infancia y vio aquel peral que había salvado de niña al esquejarlo en un membrillero que tenían.

-Te pido permiso para cortar un trozo de ti y que me ayudes a cuidar de mi familia como yo cuidé de ti.

Sintió la energía fluir del árbol a ella a través de su mano. Con un cuchillo cortó una rama de peral al membrillero y en el mismo lugar puso la varita que había comprado a Silvano y la vendó como si fuera otro esqueje más.

A partir de ahora daría mucha guerra, decían que su bebé había nacido muerto pero lo había visto moverse antes de que ella entrara. Si era necesario la mataría pero no volvería a perder un hijo por su culpa.