Su aroma se fue apoderando de mis sábanas y prendas. Mi cabello escasamente mojado también fue robando su esencia, al punto de creer que él podría estar ahí, junto a mí.
—De verdad que es agradable —musité, mientras mi mente se iba entregando al cansancio—, prométete que no descuidarás nunca tu amistad con Ron —fue mi último pensamiento, antes de abandonar la paz de mi cuarto, y fundirme junto a Morfeo.
La evidencia
Ron POV
—Weasley, creo que suena tu celular.
—¿Puedo contestar?
—Te lo permitiré porque estás dando un buen entrenamiento. Apresúrate —teniendo la autorización del entrenador corrí hasta mi bolso y busqué mi móvil, que seguía sonando.
—¿Pansy?
—¡Ron! menos mal que contestas, he tratado de ubicarte hace rato.
—Qué pasa, por qué estás tan alterada.
—Lav tuvo un accidente.
—¿¡Qué le pasó!
—Íbamos en dirección al estacionamiento de la universidad, no se percató de uno de los peldaños y se torció el pie —respiré con pesadez, pero más tranquilo. No había sido algo más grave—, ¿nos puedes llevar al hospital? Tiene muy hinchado el pie, creo que es grave, no puede apoyarlo.
—Ahora estoy en práctica, es importante… ¿por qué no la puedes llevar tú? ¿Y Parvati?
—Ella no vino a clases, y yo dejé mi licencia en casa, además, estoy sumamente nerviosa, no podría manejar.
—¿Siguen en el estacionamiento?
—Sí, no nos hemos podido mover de aquí.
—En unos minutos estoy allá —corté la comunicación y me removí el cabello. Estaba preocupado por Lavender, pero tenía consciente nuestra última discusión, no quería verla.
—¿Pasa algo?
—Lavender se accidentó un pie, me llamó su amiga y quiere que la lleve al hospital.
—No pareces muy convencido. ¿No querías la atención de tu ex?
—Sí… pero por qué tiene que ser hoy —contesté a Harry, mirando hacia el sitio donde se encontraba Hermione, concentradísima con sus estudios.
—¿Pasa algo con Hermione? —un tercer integrante se unía a nuestra conversación. Podría haber sido Draco, que era más cercano a Harry y a mí, pero no, era Oliver, y preguntaba por Hermione.
—Nada que te importe —solté. Harry tosió y ocultó una sonrisa que alcancé a ver, antes de que la tapase con su puño.
—¡USTEDES! ¿Creen que esto es una reunión de centro de madres? ¡Veinte abdominales en diez segundos! —gritó nuestro entrenador. Harry y Oliver se lanzaron al suelo y comenzaron con el ejercicio.
—Necesito ausentarme, entrenador. Tengo una emergencia y debo de resolverla de inmediato. Prometo que llegaré antes al próximo entrenamiento y daré todas las vueltas a la cancha que desee.
—Puedes marcharte, pero estos dos —dijo, apuntando a los dos chicos cansados— han quedado de testigos de tu promesa —asentí y guardé todas mis cosas en el bolso. Me costaba demasiado, porque trataba de llamar a Hermione y avisarle que posiblemente, no alcanzaría a llegar de regreso para buscarla.
—Por qué las mujeres tienen su celular apagado, o nunca contestan cuando es necesario… —me quejaba, al darme por vencido con el móvil. Dirigí mi mirada otra vez a donde estaba Hermione. Se le veía tan concentrada leyendo su torre de libros que de seguro me odiaría si le dijese que no podría cumplir la promesa, por ir a ver a Lav.
—Si te preocupa ella, yo le puedo decir que tuviste que partir antes —era bueno que Oliver se fijase en Hermione, pero aún así, había algo en mí que me hacía actuar de forma tosca con él.
—¿Lo harías? —susurré, pensando en lo feliz que se pondría ella al verlo a él, y no a mí.
—Claro, después de la práctica.
—Gracias —comenté y me fui con más rapidez, ya estaba atrasado y el estacionamiento quedaba al otro lado de la universidad.
Distinguí a Lavender de inmediato. Su brillante cabellera con la luz del sol, opacaba a cualquier otra cosa que mis ojos pudiesen ver. Estaba sentada, con su ceño fruncido, quizás aguantando las lágrimas, porque detestaba llorar en público.
—¡Ron! —gritó Pansy, feliz de verme. Lavender de inmediato me observó, y trató de no hacer contacto visual conmigo.
—¿Por qué estás aquí?
—Pansy me llamó, ¿puedes apoyar el pie?
—¡Pansy!
—Lo siento amiga, no traje mi licencia, y no sabía a quién más acudir. Tu pie no se ve muy bien.
—Déjame ver —pedí. Ella se cruzó de piernas, y quedó arriba la que tenía visiblemente hinchada—. No soy médico y esas cosas, pero puede que tengas algo serio. Sube a mi espalda, te cargaré hasta mi auto y te llevaré al hospital.
—No necesito que me carguen —contestó arisca y se levantó. Apenas quiso apoyar su pie, chilló de dolor.
—¡Tan testaruda, Lav! —le reté, tomándola en brazos. Pansy sonreía de par en par atrás de nosotros—. Camino al hospital te dejaré en tu casa Pansy, para que puedas buscar tu licencia y venir a recoger el coche de Lav —la morena asintió y se acomodó en los asientos traseros del vehículo.
¿El diagnóstico final?
Una simple torcedura de tobillo, pero al no haber mantenido el pie elevado, y mucho menos, haber trabajado la zona con abundante hielo en el momento exacto, la mejora de Lav no sería tan rápida como se supone en estos casos. La enviaron con su pierna derecha envuelta en telas flexibles, y tendría que hacer reposo por unos cuantos días. La sangre acumulada en el sector le haría pequeños moretones, y debería de vivir con la bolsa de hielo durante la semana siguiente.
Llegamos a su casa pasada las seis treinta de la tarde, le ayudé a subir los peldaños de su pequeña terraza, y nuevamente la cargué hasta su habitación.
—Iré a prepararte algo para que comas, aprovechare también de traerte hielo.
—Te acepto el hielo. Estoy a dieta.
—Sigues con esa estupidez, eres hermosa Lav, no necesitas hacer dieta.
—Por supuesto que la necesito —bufé y bajé hasta su cocina. En el trayecto vi el living, y un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando recordé nuestra casi reconciliación.
A pesar de su negatividad, le preparé algo ligero y cargué una bandeja con unas tostadas y un vaso de jugo. Ella rodó los ojos cuando me vio llegar con las cosas, pero no dijo nada.
—Aquí está el hielo. Si deseas, puedo ir a comprar una bolsa especial a la farmacia, así no tendrás que…
—Está bien Ron. Gracias por todo. Será mejor que te vayas —dijo seria, pero pausadamente.
—Para mí no es un problema.
—Para mí sí lo es. Tú y yo ya no somos pareja, no tienes por qué preocuparte por mí.
—Lo hago porque te quiero.
—Íbamos a mantener distancia, en eso quedamos la última vez que nos vimos. Y recuerda que te fuiste furioso de aquí.
—Habría cumplido con mi promesa, si no hubiese sido por la llamada de Pansy. Y mejor que me haya llamado a mí. De lo contrario, todavía estarían en la universidad.
—Por tu gesto muchas gracias. Pero… tratemos de no vernos, por favor. Yo no sabía que Pansy te había llamado, nunca pensé en hacerlo —su comentario me desalentó.
—Tú… de verdad… ¿no quieres volver conmigo? ¿Dejaste de quererme?
—No se trata de dejar de querer, o algo así… se trata de querer, no sé, cambiar de aire.
—¿Te agobiaba demasiado?
—Nunca lo supe, siempre has sido tú.
—Quieres experimentar entonces, quieres probar 'otros aires' para saber si yo soy el indicado para ti.
—No lo digas de esa forma, suena a como si yo fuese una perra, y no lo soy.
—Sé que no lo eres —un silencio incómodo nos embargó. Ambos teníamos la misma edad, yo jamás había experimentado con otra chica, y jamás creí hacerlo, porque pensé que entre Lavender y yo no tendríamos que buscar el amor y cariño en otra persona. Ahora me daba cuenta que ahí podría estar mi error.
—Será mejor que te vayas.
—Si salgo por esta puerta otra vez… no voy a volver hasta que recapacites.
—Recapacité el día que terminamos, Ron. Me duele volver a decirlo. Necesito de este tiempo y a pesar de nuestro desliz la otra vez, me he sentido bastante bien. Lo nuestro no estaba marchando bien desde hace tiempo. Siempre discutíamos…
—¡Pero siempre encontrábamos una solución!
—¡Ya estaba aburrida de eso! —se exaltó, golpeando con fuerza uno de sus cojines—. Estaba aburrida de pelear por cualquier cosa, hacer escándalos públicos, y luego, reconciliarnos en medio de una fiesta, para después terminar haciéndolo en mi casa o en tu departamento. Te juro Ron que lo intenté, traté de interesarme más en tus gustos, en compartir más con tus amigos, en llevarme mejor con tu hermana, pero por cada paso que daba, sentía que retrocedía cinco al día siguiente. Tú tampoco lograste simpatizar con mis amigas, siempre las despellejaste cuando ellas se iban, nunca te agradaron mis padres, jamás podríamos haber formalizado algo.
—Era nuestra relación Lavender, no con nuestros amigos, con nuestras familias, éramos nosotros dos —argumenté débilmente. La instancia de estar con ella se veía realmente opacada. Lavender parecía ser otra persona, y ponía todo el empeño en alejarme de su corazón.
—Siempre ha sucedido esto, Ron. Nunca me has escuchado. Y yo no lo soporté más. No quiero estar con una persona que no respeta mis opiniones.
—¿Tienes a alguien más en mente? —Lavender permaneció en silencio y miró sus puños. Suspiró con pesadez.
—No. No tengo a nadie.
—Dímelo mirándome a los ojos.
—¿Todos estos años de relación y no confías en mí? —respondió con fuerza. Definitivamente si no salía de ahí, el dañado seguiría siendo yo.
—Procura mantener en hielo esa hinchazón —dije, saliendo de su habitación.
Lavender había decidido continuar su vida sin mi compañía, y yo tenía que encontrar la forma de volver a enamorarla. El plan con Hermione tenía que funcionar.
Observé la hora en mi reloj de pulsera. Hermione de seguro que ya estaría en su casa. Tenía que ir a verla y disculparme por no haber cumplido a su promesa.
No podía conciliar el sueño.
Los recuerdos del día anterior seguían inundando mi cabeza, sin poder descansar. Pronto amanecería, y con suerte, había podido dormir unas horas entrecortadas. Ya estaba dando por hecho que entre Lavender y yo no habría ningún avance —en este momento— así que mi única salvación, era poder concretar el plan que se le había ocurrido a mi hermana. Por suerte, a Hermione le estaba resultando mucho mejor, cosa que no creí en un principio. No porque no sea linda o llame la atención —porque lo hace— sino por el pastel del que está enamorada.
—Debería de encontrarle alguien mejor. Ella se lo merece —un par de vueltas más y me quedé dormido con aquella idea.
.
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—¡Ron! tienes que despertar, de lo contrario no llegarás a clases —Ginny me quitó las mantas y por poco me bota de la cama.
—¿Tienes que ser tan animal para despertar a las personas?
—Me comporto como animal, cuando al sujeto que tengo que despertar no reacciona frente a métodos humanos. No soy tu madre, Ronald, soy tu hermanita pequeña, no me obligues a utilizar la fuerza bruta.
—Ya, ya, ya… —balbuceé, frotándome los brazos. Tenía frío, y no sabía si era por el brusco despertar, o porque el clima ya estaba cambiando.
—Abrígate, no quiero que pesques un resfriado —asentí y rasqué mis ojos como si no hubiese un mañana. Los desvelos de la noche ahora me jugaban en contra. Tomé una ducha rápida y me vestí con ropa más cálida. Recorrí mi habitación buscando mi chaqueta, pero recordé que la había dejado en casa de Hermione.
Alcancé la ida a la universidad junto a Harry y mi hermana, por lo que llegué un poco más temprano de lo que solía llegar.
De pronto tuve la rara idea de caminar con dirección hacia la biblioteca. No pensaba encontrarme a Hermione a estas horas, pero la necesidad absurda de estar en un lugar que ella frecuentaba con cotidianidad, aflojó en mi cabeza.
Recorrí el recinto que escasamente visitaba. Tenía demasiadas escaleras, y pensé en todas las veces que Hermione tuvo que cargar con sus pesados libros hasta llegar al portón. Era obstinada, y por mucho que alguien voluntariamente se ofreciese a ayudarla, ella le habría rechazado con una dulce sonrisa de autosuficiencia.
Vi mi reflejo en el ventanal de la biblioteca. Estaba sonriendo producto de todos mis pensamientos.
—La biblioteca la abrimos a las nueve de la mañana —me dijo un funcionario, que pidió permiso para abrir el portón y de seguro, comenzar a preparar todo para los estudiantes.
—Gracias —dije, moviendo la cabeza. Le cedí el espacio para que pudiese entrar—. ¿Le puedo hacer una consulta?
—Dígame, en qué le puedo ayudar.
—¿Usted conoce a Hermione Granger? —pregunta algo descabellada. Que Hermione fuese a la biblioteca no significaba que todos los funcionarios le conociesen.
—¡Por supuesto que sí! —bueno, quizás no era tan descabellada— es una muchachita adorable, muy atenta por lo demás. ¿A qué se debe su interés?
—Solo curiosidad. Sé que ella viene a menudo por estos sitios y… me parecía interesante que todos le conocieran aquí.
—Me gustaría que viniese menos, no porque nos cause problemas —corrigió de inmediato—. Hay veces que me ha ayudado incluso a cerrar la biblioteca. Soy viejo, y mis rodillas no me acompañan en todo el trabajo, sobre todo cuando comienza a hacer más frío. Es una joven muy linda, que necesita disfrutar de su juventud no encerrada estudiando, porque es realmente inteligente, sino compartiendo con más personas de su edad, explotar su belleza, tener novios… en fin.
—¿Necesita que le ayude?
—¿No tienes clases, jovencito? —cierto, de hecho, estarían a punto de comenzar—. Gracias de todas formas —agregó, al darse cuenta de mi expresión—, aceptaré gustosamente tu ayuda en la tarde, si deseas cumplir con tu ofrecimiento.
—Vendré a la tarde —confirmé, marchándome.
Bajé las escaleras y con paso apresurado, caminé hacia los pabellones de mis clases. Un 'Ron' a lo lejos me alertó.
—¡Hermione! —la nombrada dejó de correr y se tocó el pecho.
—¡Caminas… muy… rápido! —dijo congestionada.
—¡Estás enferma! Yo sabía que te haría mal el que estuvieses desabrigada —le reté.
—Ten tu chaqueta. Aunque no lo creas, me sirvió mucho durante la noche —me entregó la prenda cuidadosamente doblada. Estaba cálida, puesto que la cargaba entre sus manos.
—Úsala otra vez. No viniste muy abrigada, y si no mal recuerdo, tienes clases hasta tarde —Hermione se sonrojó y prefirió no observarme. A lo lejos vi llegar a Oliver, así que aproveché la instancia—. Ven, permíteme —se la quité de sus manos, y tomé el bolso que estaba cargando. Sin preguntarle comencé a vestirla. Ella se sobresaltó, mas se dejó hacer, sin mirarme siquiera. Levanté con mi mano su mentón para que me observara. Una corazonada me invadió al toparme con sus ojos que me miraban asombrados. Sus mejillas estaban extremadamente rojas.
—Ron… —murmuró estática. Mis manos se fueron a sus mejillas, estaban cálidas y abrigaron de inmediato mis palmas.
—Este es el efecto que causo —respondí estúpidamente. Hermione frunció sus cejas y tomó su bolso de regreso—. No te desabrigues.
—Hum —respondió, dirigiéndose a su salón. Me di la vuelta y seguí caminando con la velocidad anterior.
—¡Ron!
—Que tal, Oliver. Voy algo atrasado —le saludé, sin dejar de caminar.
—Yo también —contestó, alargando el paso para ir a mi velocidad—. ¿Así que ayer fuiste a ver a Hermione después?
—Por supuesto, le había hecho una promesa. Por cierto, muchas gracias por haberle ayudado.
—No fue problema en lo absoluto. Le habría ido a dejar a su casa, pero tuve un percance.
—¿Llamas a tu novia un percance?
—No somos novios, solamente amigos con beneficios. Grado tres, ya sabes.
—Creí que lo tuyo con ella era serio.
—Me gustaría tener algo serio con otra chica, estoy viendo qué sucede —el nombre de Hermione retumbó de lleno en mi cabeza—. Tú eres bien cercano a Hermione, quizás me puedas ayudar con ella.
—Ella no —solté de lleno, dejando de caminar. Oliver me observó con mucha curiosidad.
—Lo dices como si ella fuese tu propiedad. Por lo que tengo entendido, tú quieres volver con Lavender, y Hermione está soltera.
—Ella no —volví a repetir más serio, por si no le quedaba claro.
—De todas formas… la que tendría que decidir sería Hermione, no tú. Nos vemos en la práctica.
Respiré con pesadez y le seguí con la mirada hasta que le vi entrar en su salón. Yo también ingresé a mi sala y no coloqué atención durante la cátedra.
El plan entre Hermione y yo aún no comenzaba, y Oliver ya tenía sus ojos puestos en ella. A Hermione le encantaría saber esto, pero no podría decírselo. Ella no tenía que estar con alguien como Oliver, y le ayudaría a encontrar alguien mejor, muchísimo mejor para su vida. Tendría doble trabajo: alejar a Oliver, y hacer que ella se enamorase de otra persona.
A la salida del tercer bloque de clases, me encontré con Harry y Ginny, quienes estaban conversando animadamente en una de las aéreas verdes —no tan verdes por el otoño— de la universidad.
—¡Ron! mamá me llamó hace poco, y quiere que vayamos a visitarla.
—¿Ocurrió algo en especial?
—Ella le contó que tú con 'cierta chica' estaban comenzando a salir, y quiere volver a ver a Hermione —respondió Harry.
—¡Ah! O sea que Hermione también tiene que ir.
—Por supuesto que sí, será un viaje de a parejas, y no sería malo que lo promocionaran en sus Facebooks. Tienen que concretar el plan de una vez por todas, para que puedan llamar la atención que tanto necesitan.
—Te comenzaré a hacer caso más a menudo, Ginny.
—¿En serio? —preguntó emocionada. Asentí.
—¿Las cosas están yendo bien? —quiso saber Harry, tratando de no escucharse curioso.
—Se podría decir que sí. Yo me encargaré de comentárselo a Hermione.
Llamé a Hermione a su celular, y le pregunté si durante el día tendría clases o estaría en alguna ventana*. Para mi mala suerte, recién estaría disponible en la tarde, y quedamos de juntarnos en la biblioteca.
Dormí en una de las clases de la tarde, y resolví otras dudas en la siguiente, así que no fue tan odioso esperar el momento de juntarme con Hermione. Cuando llegué a la biblioteca, ella ya se encontraba con una pila de libros cubriéndole su rostro, dejando a la vista el desorden de su cabello castaño. Estaba tan concentrada que no se percató de mi presencia, así que la sorprendí con un beso en su mejilla.
—¡Ron! —gritó, para luego cubrirse la boca ante su exageración.
—¿Cómo supiste que era yo?
—No lo haría alguien más —contestó, como si se tratase de algo obvio. Sonreí por lo mismo.
—Un pajarito me contó que deberías de salir más. Que eres demasiado linda para estar encerrada entre estas paredes, y que no necesitabas estudiar demasiado, porque inteligencia te sobraba.
—¿Qué sucede contigo? —moví mi cabeza, en señal de no comprender su pregunta—. Desde ayer que te estás… comportando de forma 'rara' conmigo.
—Lo raro para ti, vendría siendo especial para mí, ¿no?
—Supongo que sí —respondió, colocando atención a su escritura.
—Es porque tenemos que seguir con el plan —ella dejó de escribir por un instante y su expresión se volvió seria—. ¿Dije algo malo?
—No. Dices la verdad. Y tienes razón —hubo un silencio entre nosotros que no logré encontrarle sentido. Hermione había cambiado el matiz de su rostro. No sabía por qué, pero me había percatado de aquello.
—¿Tienes algo que hacer durante el fin de semana? —Hermione no me miró, pero negó con su cabeza, sin dejar de escribir—. Ginny le ha contado a nuestra madre que… estoy saliendo con una chica, y desea conocerte. Ya sé que te conoce porque eres amiga de Ginny, pero desea verte ahora como mi novia. Quiere que vayamos a visitarla durante el fin de semana. Creo que sería una buena instancia para que… ¿te sucede algo?
—¿Cómo está Lavender de su pierna?
—¿Ah? Supongo que bien. ¿Cómo te enteraste?
—Escuché una conversación en el baño, no fue mi intención.
—Pero qué escuchaste.
—Que se torció la pierna, que te llamó, que tú fuiste en su auxilio, que estuviste con ella… no era necesario que hubieses ido a mi casa. Debiste de estar cansado durante la tarde, con tu entrenamiento y luego con Lavender. Yo lo habría entendido.
—¿Es mi idea o estás celosa?
—Es tu idea. Quería saber cómo se encontraba ella, y por eso te lo pregunté —y volvió a desviar su mirada a su cuaderno.
—Pues… no tengo ni la menor idea de cómo habrá amanecido. De hecho, ni siquiera me acordaba de lo que le sucedió ayer. Lavender no quiere saber nada de mí, nunca pensó en llamarme. Fue una de sus amigas la que me localizó, y apenas la dejé en su casa, me fui a la tuya, porque contigo tenía una promesa, y la había roto.
—No lo digas de esa forma —murmuró.
—¿Por qué no?
—Porque me da mucha vergüenza —confesó.
—Tienes que acostumbrarte. Nosotros seremos novios, y tendremos que tener ciertas muestras de cariño en público, como la que tuvimos hoy.
—Al menos me deberías de dar una pista cuando te vas a comportar así. Lo digo para estar preparada.
—Entonces, te comento que desde hoy tendrás que permanecer siempre alerta —Hermione me observó con atención, y pude notar como sus mejillas volvían a sonrojarse. Era realmente encantadora. Los pocos rayos de sol le daban contra su espalda, y su cabello se tornaba dorado, decorando el escaso brillo de sus ojos. Me apoyé en la mesa y dirigí mi boca hasta su mejilla. Su respiración agitada dio de lleno en mi cara. Hermione estaba completamente nerviosa, y al encontrar mis ojos otra vez con los suyos, pude comprobar que me observaba con mucha atención—. Nunca te haré daño, Hermione —susurré cerca de su oído— y nunca deberías de permitir que lo hicieran. Eres una mujer realmente valiosa —ella iba a decir algo, pero el saludo eufórico del anciano de la mañana la interrumpió. Yo volví a mi sitio, y ella escondió su cabeza en uno de sus libros.
—¡Qué bueno que le encuentro aquí! Le cobraré la palabra de hoy.
—¿Conoce a Ron?
—Él preguntó por ti en la mañana, y se ofreció a ayudarme cuando yo lo necesitase —respondió el funcionario —la forma en que lo dijo me dio algo de vergüenza.
—Dejemos de hablar y vayamos directo a lo que necesita —hablé, para salir del incómodo momento. Hermione rió por lo bajo. Entendí entonces el tipo de vergüenza que ella sentía cuando yo le trataba de la misma forma.
—Te lo robaré por un instante.
—Tranquilo Don Albus, se lo presto, pero me lo cuida. Es muy importante para mí —respondió audaz. Le miré con sorpresa y ella me guiñó un ojo. Cierto, estaba en su territorio.
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Luego de unas horas de viaje, por fin llegábamos a La Madriguera. Harry había iniciado el viaje, pero terminé conduciendo yo. Nos bajamos todos del vehículo, y ya podíamos oler en el ambiente el delicioso aroma a comida casera de mamá. Ayudamos a bajar los bolsos de las chicas y entramos con bullicio a la casa. Mamá se encontraba en la cocina terminando de preparar el almuerzo, y nos saludó con efusiva alegría.
—¡Mi preciosa bebé! Que cada día está más atractiva y se parece más a su mamá. ¡Ron! creces tanto que debo saltar para besarte. ¡Agáchate para poder estrujarte en un abrazo!, Harry, tan caballeroso como siempre, ahora te peinas más, tus ojos verdes resaltan mejor. ¡Hermione! Hacía tiempo que no te veía, estoy realmente emocionada por lo que me contó Ginny, siempre deseé que pertenecieras a la familia.
—¡Mamá! La vas a asustar —dije.
—Siempre creí que te vería de la mano de Fred. Me daba cuenta como él te miraba, y como tú le mirabas a él cuando eran más jóvenes, pero supongo que el amor no floreció entre ustedes porque apenas venías a visitarnos. En cambio, no creí que podrías relacionarte con Ron. Ambos son tan distintos, él es un desordenado y siempre estuvo enganchado de una niñita de escasa ropa que no me agradaba mucho, pero supongo que ese dicho de 'los polos opuestos se atraen' es cierto.
Hermione no decía palabra alguna, estaba completamente avergonzada. Yo por mi parte también. Nunca imaginé que mamá hubiese visto a Hermione con Fred. Harry se rascaba la cabeza en señal de incomodidad y Ginny se carcajeaba como si se tratase del mejor chiste del mundo.
—Ayudaré a las chicas con las maletas —dije, tratando de escapar de la cocina.
—¡Yo cargo la mía! —gritó Hermione, saliendo de la cocina más rápido que yo.
—Harry, ayuda a los chicos por favor, ¡y tú, deja de reír! —fue lo último que escuché de mi madre. Indiqué a Hermione donde dormiría. Abrí la puerta de la habitación de mi hermana, y juntos acomodamos las cosas.
—Hacía muchísimo tiempo que no estaba en esta habitación. Cada vez la voy encontrando más pequeña, ¿será porque estamos creciendo?
—¿Te gustaba Fred? —solté de pronto. Ella no respondió—. Mamá es muy suspicaz, de seguro que ustedes dos se gustaron, y nunca se lo dijeron.
—Si tu mamá es muy suspicaz, ¿por qué no se ha dado cuenta que lo nuestro es una mentira?
—¡Respóndeme lo que te pregunté! —dije, alterado. Ella me miró con ganas de golpearme la cara, y me lo merecía— disculpa, no sé por qué te grité.
—Fred… siempre me pareció agradable. Gracioso y no tan burlesco como George. Nunca le miré con otros ojos. Me atraía, pero solo con la intención de conocerle más. Con el tiempo, y así como dijo tu mamá, todo posible sentimiento se esfumó de mi cabeza y corazón. ¿Satisfecho? —asentí, y Hermione salió de la habitación, dejándome solo.
—Tienes que aprender a controlarte, Ron. Recuerda que esto es un plan ideado por Ginny, y no puedes cuartar a Hermione. Recuerda que tú también tienes otras intenciones, ¿no? —dijo Harry, depositando el bolso de Ginny en la cama de ella.
—Lo sé, pero no pude evitarlo. No sé por qué me enfadé.
—Mientras estés claro 'aquí' —lo dijo apuntando su corazón— no habrá problema. Y toma mi consejo: cuando sientas que las cosas se están saliendo de control, sea cual sea la situación, corta de inmediato con el plan. Eres mi amigo y no quiero verte sufrir. Y Hermione es una buena niña, tampoco se lo merece. Permiso —Harry salió del cuarto, y me dejó solo. Él era mi amigo, y a pesar de que nos teníamos confianza, nunca hablábamos de estos temas. Sabía que podía confiar en él, si las cosas se salían de control.
Luego del almuerzo, decidimos ir a dar una vuelta por los terrenos aledaños de la casa. Las chicas recolectaron algunos frutos, y nosotros buscamos pedazos de madera para hacer una fogata en la noche. Mojamos nuestros pies en un lago cercano, y cuando el sol comenzó a esconderse, decidimos regresar a casa. Papá ya se encontraba leyendo el periódico a la entrada de la cocina, acompañando a mamá en la limpieza de esta. Los gemelos también habían regresado de su trabajo.
Comentamos las ganas que teníamos de hacer una fogata cuando fuese de noche, por lo que junto a Harry y los gemelos, fuimos en vehículo hasta el almacén más cercano a comprar lo que necesitásemos para pasar una agradable velada. Regresamos a la hora, Ginny y Hermione ayudaban a mamá con la preparación de algunos otros bocadillos.
Papá y mamá nos acompañaron mientras la fogata chispeaba un fuego flameante y acogedor. Bebieron un par de cervezas con nosotros, y cuando comenzó a caer el hielo de la noche, decidieron entrarse a dormir. Los gemelos se devolvieron también a buscar mantas y una guitarra.
—Esta es la adquisición de la familia, y nadie la sabe utilizar —comentó George, depositándola al lado suyo.
—¿Y para qué la traes si nadie sabe ocuparla? —pregunté.
—Hermione sabe tocar la guitarra—habló Fred, mientras le miraba con gracia. No sé por qué, pero me sentí mal ante lo que él sabía y yo no.
—Es cierto, cuando estábamos en el campamento, Hermione cantó una canción muy linda. ¿Podrías repetir el espectáculo?
—Aquello ocurrió hace muchos años atrás —se excusaba.
—¡Anímate Hermione!, nunca te he escuchado cantar, y Ginny dice que lo haces fenomenal —le dijo Harry.
—Yo tampoco, haznos el honor —hablé, mirándole. Ella, aún con recelo, tomó el instrumento y lo acomodó entre sus piernas. Tocó la primera cuerda y comprobó lo desafinada que estaba por el uso nulo. Luego de alinear las cuerdas en un solo tono, comenzó a emitir unos sonidos lentos y armoniosos. Me privó del brillo de sus ojos porque los cerró, y suavemente, sus cuerdas vocales se unieron a las de la guitarra.
Oh, sí creo… en todas las cosas que dices.
Que lo que llega es mejor de lo que tenía antes.
Y será mejor que vengas, vengas, vengas a mí
Mejor será que vengas, vengas, vengas a mí
Será mejor que corras, corras, corras hacia mí
Será mejor que vengas
Oh, sí creo… en todas las cosas que dices
Que lo que llega es mejor que lo que tenía antes
Será mejor que corras, corras, corras hacia mí
Será mejor que corras, corras, corras hacia mí
Será mejor que vengas, vengas, vengas a mí
Será mejor que corras.
Poco a poco fue disminuyendo su voz, y junto a ella, las notas musicales, que se propagaron en todo el sector. Quedó el silencio decorado de nuestras respiraciones y la madera quemándose en el fuego.
—Les dije que era algo triste —comentó, avergonzada.
—Te salió hermosa, Hermione. Había olvidado lo lindo de tu voz —Ginny se abalanzó sobre ella, los demás aplaudieron.
—¿No le dirás nada a ella? —me preguntó Fred. De seguro que él quería probarme, y de pronto, sentí una débil rivalidad hacia él. Mi orgullo y valentía se apoderaron de mi cuerpo, me puse de pie y le tomé la mano a Hermione, llevándomela lejos de ellos.
—¡Le dará su felicitación en privado! —gritó Ginny, abucheando. George comenzó a carcajearse y al rato, también lo hizo Fred. Harry preguntó si querían más cerveza, y todos asintieron.
—¡Me duele, Ron! —no me di cuenta, pero seguía arrastrando a Hermione.
—Discúlpame otra vez, no sé qué sucede conmigo.
—¿Por qué me apartaste del grupo?
—Si te digo la verdad, ¿me creerías? —Hermione se colocó frente a mí.
—Por supuesto que sí. En eso habíamos quedado.
—Me puso celoso —solté sin aviso. Ella me miró con duda.
—¿Celoso de tu hermano?
—Celoso de todos en realidad. Siento que todo el mundo sabe más de ti, y yo no sé nada. Hasta el funcionario de la biblioteca te conoce más que yo.
—Eso es porque desde siempre he ido a la biblioteca, y nosotros estamos siendo cercanos desde que decidimos iniciar el plan. Ginny me tiene que conocer más, porque es mi amiga, y asumo que Harry también me conoce, porque todo lo que él hace, Ginny lo sabe y viceversa. En cuanto a Fred… bueno, ya te lo expliqué hoy en la tarde.
—Tienes razón. Soy un acelerado. Culparé además a las latas de cerveza que he bebido —Hermione sonrió y se relajó.
—Vayamos con el grupo.
—Espera, antes que regresemos… quiero intentar algo.
—¿Algo como qué? —me coloqué frente a ella, y moví el cabello para despejar su cara. Automáticamente sus mejillas se oscurecieron.
—¿Puedo? Tarde o temprano tendremos que hacerlo.
—¿Ahora?
—No hay nadie, y puede que mañana Ginny nos ponga en una situación complicada.
—Es medio raro que programes esto, se supone que debe de salir casual.
—Tienes razón, mejor vayamos con los chicos —le ofrecí mi mano y ella la aceptó. Comenzamos a caminar con lentitud hacia la fogata, y un ruido entre los árboles nos alarmó. Hermione se aferró a mi cuerpo de inmediato, y yo la protegí con mis brazos.
—¿Qué fue eso? —preguntó con miedo.
—Debe de ser algún animal —el mismo ruido se propagó en el sector con mayor intensidad. Los dos retrocedimos, y mi espalda dio de lleno con la corteza de un árbol—. Shh… guardemos silencio para que podamos descubrir qué es —ella apoyó su cabeza en mi pecho, y al poner mi mano en su espalda, podía sentir los latidos apresurados de su corazón.
En un instante nuestras miradas se cruzaron. Su rostro estaba totalmente cercano al mío, y con unas extrañas ganas que nacían desde mi interior, acerqué mis labios a los de ella y los besé. Nuestras bocas se quedaron quietas, sin siquiera moverse. Poco a poco, bajé mis labios y volví a besar los de ella, centrándome solamente en su persona. Me iba a dar por vencido porque no obtenía respuesta, cuando la boca de Hermione aprisionó uno de mis labios y sentí la necesidad de continuar.
No era amor lo que sentía, pero tampoco podía ser mentiroso y decir que no experimentaba algo. Los labios de ella se movían lentamente, tratando de captar la esencia de los míos. Eran agradables, cálidos, era como si siempre los hubiese besado, y luego de mucho tiempo, podía volver a hacerlo.
Un flash nos separó de golpe. Ella me empujó y yo traté de no tambalearme.
—¡Ya tengo una evidencia para sus Facebooks! —gritaba Ginny emocionada, dejándose ver con unas ramas mal colocadas en su cabeza.
—¡Ginny! —gritamos los dos.
—Sabía que tramaban algo. No se preocupen chicos, subiré la fotografía inmediatamente y los voy a etiquetar. Podrán gritarle al mundo su relación, y tendrán tanto a Lavender como a Oliver, atrás de ustedes —Ginny se marchó dando saltitos apresurados a la fogata.
—¡Ginny, espera! —gritó de pronto Hermione, al darse cuenta de lo que estaba pronto a suceder—. ¡Ron, ayúdame! —siguió gritando, sin dejar de correr.
No sabía si era culpa del flash, pero seguía algo anonadado. ¿A caso Hermione no había sentido algo en lo absoluto?
Nota de la autora:
Crucifíquenme, lo merezco. Gracias por su constante apoyo : ) por las ganas, por los mensajes en Twitter y algunos en mi propio Facebook, sobre todo, por sus adorables reviews. Gracias a quienes me dieron ánimos cuando trabajé como profesora en el colegio, haciendo el reemplazo, y gracias también, por quienes se preocupan por mí.
La canción que interpreta Hermione se llama I found a reason, y es de Cat Power.
Desde ya, les agradezco la lectura de este nuevo capítulo, y les pido que me den ánimos. El sábado participo en un concurso de canto en la ciudad donde estudio. Me he estado preparando durante todo abril, así que planeo dar mi mayor esfuerzo ^^ Además, participaremos con un grupo de amigas en la confección de un cosplay (cuando sea la premiación, contaré todos los detalles)
Nuevamente, gracias, gracias infinitas : )
Ventana: se le denomina ventana al horario que tienes que permanecer en la universidad, esperando a que comience la siguiente clase. A veces tienes lapsos de tiempo tan grandes, que les sueles denominar ventanales xD.
