Hermione se detuvo en seco, fue demasiado para ella.
—Lo que yo haga con mi vida, no es de su incumbencia. Si yo estoy con este hombre… es porque lo amo, y eso a ustedes no les tiene que interesar —su voz sonó algo quebradiza al final, tiritaba completamente y se apoyaba en mí. Realmente Hermione me sorprendía. Y me sorprendió mucho más, cuando clavó sus ojos castaños en los míos, se puso en puntillas y me besó la mejilla, delante de todos.
Automáticamente le abracé, y mandamos a la mierda al mundo.
Y de paso, por unos instantes, todas mis dudas.
Capítulo VIII Facebook
Mágica decepción
Hermione POV
Debido a mi amistad con Ginny, sabía que Ron era todo un personaje en el campus universitario. A decir verdad, nunca me había llamado la atención el saber el porqué de aquello, pero con el tiempo, —y principalmente cuando ingresé a estudiar— descubrí que se debía a su fogosa relación con Lavender, una de las chicas más hermosas de la universidad.
Nunca la conocí en persona, pero en los comentarios de baño se hablaba que era una mujer realmente inteligente, pero egocéntrica. Y como no iba a serlo, si tener el don de la inteligencia y la belleza, de alguna u otra forma te hacía merecedor de mejores cosas. Yo también era inteligente, eso lo reconocía abiertamente, mis profesores alababan la capacidad que tenía de comprender todo lo que me enseñaban, pero también destacaban mi introversión. ¿Qué podía hacer con esto? Me divertía conmigo misma, en mis libros y me agradaba vivir la vida así, vivir en el anonimato. Siempre fui de las personas tranquilas, considerada en reiteradas veces 'fome' o aburrida de mi curso. Era la alumna que no participaba de la semana de la carrera o de la semana mechona (1).
Y ahora, justo ahora, cuando estábamos a días de comenzar con las primeras pruebas, las cuales nos darían el primer vistazo a lo que serían los exámenes de fin de semestre, me encontraba abrazada a este chico, a Ron Weasley, en mitad del estacionamiento de la carrera con más estudiantes matriculados.
—Confirmo el dicho popular que las calladitas son las peores —susurró en mi oído, aguantándose la risa.
—Confirmo que la estupidez se pega, y con creces —secundé, tratando de sonar majadera, pero estaba tan nerviosa que seguía aprisionándolo a mi cuerpo, para esconder el llanto de mis ojos.
—Eres peligrosa, tienes la cuota exacta de todas las cosas que me gustan.
—¿Ah? —me guiñó uno de sus ojos, me tomó de la mano y me arrastró con seguridad.
La gente que se había aglomerado para ver nuestro primer espectáculo como pareja despejaba nuestro camino, como si nosotros fuésemos Moisés, y ellos el mar que se transformaba en paredes cristalinas para abrirnos el paso.
A medida que caminábamos por otros sectores de la universidad, nos fuimos soltando lentamente, al punto de caminar muy juntos, pero sin ningún contacto físico.
—Debo reconocer que te luciste hace unos instantes.
—No sé por qué lo hice.
—Yo si lo sé —respondió seguro. Me detuve para observarle. Ron estaba sonriendo de oreja a oreja, me miraba con algo de gracia—. Te molestaron los comentarios que iban más dirigidos a mí, y como buena novia que eres, me defendiste. Gracias.
Era cierto. Aquellos comentarios me molestaron, porque hablaban de Ron como si lo conocieran. Obvio que yo no le conocía como su hermana o su ex, pero no era un desconocido en mi vida. Ron se estaba transformando en un muy buen amigo. Uno que a veces me ponía nerviosa con sus arranques de pseudo amor, pero que por sobre todas las cosas, deseaba protegerme.
—De nada, para eso están los amigos.
—Como sé lo que seguirá a continuación, sería bueno que nos encontrásemos luego de clases en un sitio tranquilo, para conversar.
—¿Conversar sobre qué?
—Sobre las muchas cosas que tendremos que repetir hasta que los faranduleros nos dejen respirar.
—Pero qué cosas.
—Lo sabrás después de clases. Ahí te llamaré. Tu salón se encuentra aquí, en este pabellón ¿o no? —asentí. Ron me besó en la mejilla y se encaminó hacia sus clases.
Sin la compañía de Ron me era un como más complicado el caminar sola. Ahora sentía un enorme peso en mis hombros, y Ginny no estaba en el salón, para que pudiese aliviar las muchas miradas que se concentraban en mí.
—Enhorabuena Hermione —escuché que dijeron, mientras caminaba hacia el banco desocupado. Generalmente, me sentaba sola en el primer banco. Ginny se sentaba un par de asientos más atrás, pero si tenía dudas me acompañaba durante la clase.
Solo asentí a lo que me dijeron y traté de no hacer contacto visual con las personas que se dedicaban a observar cualquier detalle, incluso mi ropa.
—¡Cuñadis! —no, no podría salir campante de esta clase—. ¡Veo que todos están muy interesados en ella, ¿no?! —exclamaba a los estudiantes que nos miraban—, pues no se preocupen, en Facebook podrán ver todas las hermosas cosas que han ocurrido con…
—¡Ginny! Creo que es suficiente —le terminé diciendo en un murmuro.
—¡Yo tengo mucha curiosidad! Quiero saber cómo se conocieron.
—Yo también Hermione, cuéntanos.
Quizás a ese tipo de preguntas se refería Ron. Era algo que no podía comentar sola, debía de ponerme de acuerdo con él.
Para fortuna mía, el profesor había llegado al salón. Si bien es cierto, los murmullos no cesaron, me olvidé del tema al colocar atención a la cátedra. Lo extraño es que la hora y media se me hizo larguísima. Deseaba que el maestro diese pronto el permiso para salir de esas cuatro paredes.
—Tranquila, sé que los Weasley's somos irresistibles, pero tranquilízate, por favor, que ni por Oliver te colocabas así de nerviosa —no quería discutir con Ginny, solo le respondí con una 'dulce' mirada, y escondió sus ojos tras el libro que leía al revés.
Arreglaba mis cosas para salir del salón, cuando me llegó un mensaje de Ron.
"Estoy ayudándole al Sr. Albus. Te espero"
—¡Hey, ¿A dónde vas tan apurada?
—A ver a mi novio —Ginny saltó de alegría—. No, tú no estás invitada —respondí de inmediato, adivinando lo que planeaba. Hizo un puchero, pero no le di mayor importancia. Caminé con rapidez hacia la biblioteca, y procuré pasar desapercibida.
—Estoy aquí —murmuró. Tenía que ser así, estábamos en la biblioteca.
—Hola Ronnie.
—Ginny, ¿qué haces aquí?
—Creo que me siguió —bufé suavemente y escogimos una de las mesas que estaban más apartadas de la entrada principal.
—No se quejen, gracias a mí fácilmente podrían ser Treding Topic en Twitter, porque en Facebook ni les cuento, son tema qué hablar.
—Eso es lo que tenemos que resolver. Tenemos que crear una 'historia'
—A eso me refería antes de dejarte en clases.
—Podríamos ocupar nuestra historia.
—Es muy 'paaaaaabre' (2) —soltó Ginny.
—Tenemos conocimiento del otro hace más de cinco años, cuando te conociste con Ginny durante el campamento de verano. Ella te invitó a nuestra casa y ahí nos vimos por primera vez. Hemos compartido algunas celebraciones de cumpleaños de nuestros hermanos, un par de días de vacaciones, y bueno, ahora último creo que nos hemos hecho muy buenos amigos.
—Claro, esa es su historia, por eso digo que es muy poca cosa. En el tiempo que Hermione iba a casa, aparte de mirar medio raro a Fred, ella se mensajeaba con Viktor.
—¡Ginny! ¡Quedamos que no hablaríamos de él nunca más! —solté de pronto, tapando mi boca ante el grito que había lanzado sin pensar.
—¿Y ese quién es? —la pelirroja observó a su hermano con malicia—, ¿nunca te ha contado de Viktor?
—No, nunca lo ha hecho, quién es —dijo con interés.
—¡Esa sí que es historia!
—Ginny por favor… No te preocupes Ron, te lo contaré pronto.
—Ginny, cuéntame la historia, haber si con esa podemos armar algo —estúpidos pelirrojos.
A Ginny le encantaba ser el centro de atención y tener tanto a su hermano como a mí en sus palmas. Se sentó al medio de nosotros y comenzó a susurrar mi pequeña historia de amor de adolescencia.
—A Viktor lo conocimos en el campamento. Mientras nosotras compartíamos con las chicas, en las cabañas del frente se encontraba el campamento de chicos. De vez en cuando coincidíamos en los patios donde realizábamos diversas competencias y actividades recreativas, sobre todo cuando nos tocaba ocupar la piscina. A los profesores se les ocurrió un día realizar una lucha entre campamentos, así que nos mezclaron durante la última semana, y quedamos junto a Viktor, en el mismo equipo. Era el más grandote y morocho de los chicos, siempre ganábamos gracias a su fuerza, si se trataba de abrir la boca para responder coherentemente, Hermione era nuestra heroína, y si había que mostrar belleza corporal o talento, esta hermosa pelirroja los dejaba locos a todos.
—Eso no me interesa, llega al punto —mi amiga lo observó con furia y no le dio mayor importancia a la rapidez de la historia.
—Se finalizó con un baile, donde Viktor invitó a Hermione. Ambos fueron coronados como la pareja del campamento.
—¿Y no ganaste tú? —le preguntó, mofándose. Ginny cerró los ojos y contó hasta diez.
—Vamos al punto de la historia, como querías —no pude contener la risa, Ron me acompañó, aunque luego recordó que estaba algo enojado conmigo—. Al finalizar el campamento, Viktor se acercó a Hermione a pedirle su número telefónico para estar en contacto. En ese tiempo Hermione no se tenía Facebook, así que todas nosotras le habíamos dado nuestro celular.
—¿Y?
—Mi celular se ahogó en la laguna del recinto, apenas llegamos a acampar… así que le di a Viktor el número de mi papá, porque era el que más recordaba. Pero… se me olvidó decirle que no era mi celular, y pensé que no me llamaría y que pedía mi teléfono por cortesía.
—¡Ja! Cortesía mis ovarios, Hermione, si ese hombre babeaba por ti.
—No me digas…
—Sí, mi papá tiene la manía de contestar, pero jamás hablar primero. Viktor le llamó un día, y confesó sus sentimientos a mi padre. Y mi simpático progenitor no habló hasta que Viktor hubiese desembuchado todo lo que tenía que decirme. A mi padre inmediatamente le simpatizó Viktor, lo encontró un hombre súper caballeroso y preocupado, me contó lo de la llamada, y me dijo que por qué no lo invitaba a la casa. El resto del verano Viktor y yo nos vimos reiteradas veces, hasta que comenzamos a tener una relación al año de conocernos. Fue él quien se confesó, ha sido mi primer y único novio… y eso —finalicé, algo ruborizada.
—Y si era tan genial, por qué terminaron… o sea, se supone que le agradó a tu padre.
—Se fue a Bulgaria.
—¿Y dónde queda esa mierda?
—A la chucha, hermano, muy a la chucha.
—Podrían haber seguido… —negué con la cabeza.
—No resultó. Él se marchó a estudiar a dicho sitio, tenía la mitad de su familia allá. La diferencia de horario era un primer impedimento, y con el tiempo lo fui extrañando como a un buen amigo, y el cariño de novios se esfumó. Confieso que me dio mucha pena, pero una vez terminada la relación, seguimos con el mismo contacto y nos convertimos en buenos amigos.
—Podríamos robar parte de esa historia y agregar a Ron.
—No creo que resulte, Ginny. De todas formas no puede ser algo tan 'increíble'. Ron es conocido en casi toda la universidad, tiene un historial con Lavender desde hace muchos años. Si se inventa algo, le traerá más problemas, se pueden generar comentarios incluso de infidelidad y esas cosas.
—Buen punto —me apoyó Ron—. Mi historial promiscuo me delata. Me apena un poco que te veas envuelta en este tipo de situaciones Hermione, pero estas eran justamente, parte de las consecuencias del plan de Ginny.
—Los tres somos culpables, así que debemos de pensar en algo.
—Podemos decir que… Hermione, tú no eres de este mundo.
—¿Ah? —dijimos a coro.
—Eso, podemos decir que cuando fuimos al campamento, había un templo donde se hacían diversas visitas, y los estudiantes iban a pedir por sus exámenes del colegio y universitarios. Dentro de ese templo, estaba la pintura de una anciana, junto a una Gumiho.
—¿Qué es eso?
—Una zorra, pero de nueve colas. Suena muy feo decirlo así. Como les explicaba… el monje del templo nos contó la historia de dicho cuadro. Fue pintado hace más de cinco mil años atrás, y encerraba a dicha Gumiho. Un día sollozando, le pidió a la abuela que por favor la liberase de su encierro, puesto que deseaba ser humana, casarse y ser feliz. La abuela le otorgó dicho beneficio, Gumiho abandonó sus colitas y se convirtió en una mujer hermosa. Tan hermosa que los hombres dejaban de trabajar por verla caminar. Tanta envidia provocó su belleza, que las mujeres del pueblo comenzaron a esparcir rumores acerca de ella; si un hombre se casaba con aquella, esta se devoraría sus órganos. El día que Gumiho se preparó para recibir a sus pretendientes, no llegó ninguno por temor. Sumida en su dolor, volvió al cuadro, y la abuela se encerró con ella. Se dice que si un hombre pinta las ocho colas restantes de Gumiho, la liberará de su cautiverio, saldrá convertida en una hermosa mujer, de extraordinaria fuerza, y casándose con quien le haya liberado, podrá convertirse en humano.
—Ginny, ¿en dónde leíste esa historia?
—Naaaah, yo no leo, es el resumen de una teleserie coreana, un dorama que vi en televisión. Tú sabes, con esto del Gangman Style, ahora hasta en las televisiones pasan 'doramas' incluso aprendí que 'dorama' es la mala pronunciación de 'drama' —hizo con sus manos el 'paso del caballo y murmuró el coro de dicha canción—. ¿Crees que nos creerían si decimos que Hermione es una zorra?
—¡Ginny! —grité otra vez. Ella hizo el gesto de guardar silencio.
—Es muy fantástica la historia, pero me gustó mucho. Lamentablemente no nos sirve para esta ocasión.
—Quedamos en nada otra vez. Está a punto de comenzar nuestra clase, deberíamos ir.
—Yo también, bajemos.
Nos despedimos al salir de la biblioteca, Ron tenía laboratorio así que debía dirigirse a otro sector de la universidad. Con Ginny fuimos por unos bocadillos antes de entrar a clases.
Los curiosos que seguían preguntando por nuestra relación se multiplicaron al parecer con el sol. No fue fácil hacer oído sordo a los murmullos, risas y malas caras en el baño. Por lo mismo nos fuimos a almorzar con los chicos a la cancha donde practicaban fútbol. Ahí no habría tantas miradas curiosas como en el casino de la universidad.
Después de las dos clases restantes de la tarde, llegué a mi casa prácticamente en estado zombie. Me remojé como pasa en la bañera, y apenas acostándome en la cama, me quedé profundamente dormida. Desperté con el sonido de la puerta, cuando mis padres llegaban del trabajo, a eso de las nueve de la noche. Cené con ellos, y como estaba algo despejada, encendí mi notebook.
Aproveché de lavarme los dientes y armar un par de trenzas para que mi cabello no estuviese tan desordenado. La primera página que aparecía en mi historial era Facebook, y en mi vida, había tenido tantas notificaciones. Tenía diez solicitudes de amistad, seis inbox y muchas, muchas notificaciones. Leí algunas y todas se referían a la historia que había de nosotros. Borré muchos escritos en mi Facebook. Mucha gente ajena a mi vida y que tenía agregada a esa red social por cortesía o por ser vínculo de amigos y esas cosas, comentaban acerca de mi vida como si fuesen íntimos.
Motivada por el disgusto y la curiosidad de la mayoría de mis contactos, escribí un estado en mi perfil.
"No necesito de fantasías, mucho menos de historias inventadas. Soy una persona que aprende del pasado, disfruta su presente y no espera el futuro, solo lo vive. No sé en qué momento ocurrió. Él ha estado en mi vida por muchos años, primero como un completo desconocido, luego como el hermano de mi mejor amiga. Después pasó a ser un personaje divertido, algo bruto y desordenado, pero siempre divertido. Pasamos a ser amigos, un poco confidentes, gozadores de amaneceres esperando al sol en la terraza. Esas cosas son las que hoy me hacen estar contigo. Si les gusta tanto saber de nuestras vidas, he aquí nuestra historia. No tiene detalles escabrosos, tampoco las palabras que nos dijimos cuando comenzó todo esto, porque nos dedicamos a sentir, a vivirlas y no a repasarlas para los desconocidos. Te quiero, Ron Weasley. Será hasta que nosotros lo queramos".
Lo leí un par de veces, y me iba convenciendo menos de publicarlo. Me leía convincente, y eso en parte me atemorizaba un poco. De tanto jugar con el teclado terminé aceptando el contenido, y en cosa de segundos, los comentarios se volvieron a hacer presente. Me bajó otra vez el sueño, y preferí apagar todas las cosas electrónicas de mi pieza. Lo único que deseaba, era dormir y que pasara el tiempo milagrosamente, para no sentir las miradas y los comentarios mientras caminábamos.
.
Y nuestro primer cumple mes llegó.
Los primeros treinta días de nuestra relación se cumplirían el fin de semana siguiente.
No había pasado tanto tiempo como deseaba, pero quedaba menos que el principio. Con el correr de las primeras dos semanas los chismes y comentarios en la universidad habían descendido. Aunque las bromas en los sitios sociales seguían como de costumbre. Mucha gente que se fotografía en la universidad, nos etiquetaba si es que uno de nosotros aparecía en dicha imagen, y ni siquiera posando. Las novias de los jugadores de futbol, me agregaron al grupo secreto en Facebook donde organizaban un montón de tonterías —para mí— hacia ellos, estas chicas eran una especie de 'damas de rojo' (esas señoras que piden dinero a los transeúntes los viernes durante el día), incluso, en esas típicas 'Frases del Facebook', siempre nuestros horóscopos (el de Ron y el mío) coincidían, al igual que nuestras iniciales. No creía en esas cosas, pero aquellas me resultaban buenas aliadas para mantener la mentira, que resultaba bastante creíble.
Estaba acostumbrada a caminar tomada de la mano de Ron. Su tacto se sentía cálido, pero no sofocante. Antes me avergonzaba cuando nuestros brazos se frotaban demasiado. Pero con el tiempo fui notando y apreciando la particularidad de que esto sería obvio. Tampoco me avergonzaba su mirada inquisidora, y podíamos pasar segundos enteros mirándonos con mucha atención.
—Será extraño volver a mi vida —dije para mí misma. Porque claro que había cambiado mi normalidad. De ser la ratón de biblioteca, pasiva para las relaciones, activa para los estudios, me había convertido en la princesita del rey del fútbol, en la activa en comentarios de los baños, lo único que seguía tal cual eran mis estudios—. De seguro que hablarán de mí cuando terminemos… no importa, no debo pensar en esas cosas ahora.
Seguí escribiendo unos apuntes para mi resumen. Con Ron nos pusimos a 'pololear' (3) exactamente, un mes antes de que comenzaran los exámenes obligatorios en la universidad. Nuestro segundo mes lo pasaríamos en dichas pruebas, y el tercero, en vacaciones, por lo que fácilmente podríamos regresar de nuestro descanso, solteros (para no levantar sospechas). En las vacaciones él podría arreglarse con Lavender, y yo… bueno, me pondría en plan de olvidar a Oliver. Mi amor platónico lo único que hacía era observarme de lejos y sonreírme, mientras le agarraba una pompa a cualquiera de sus chicas.
Sí, teníamos mucho más contacto que antes, y era porque compartía más actividades con él. Éramos más cercanos, pero yo seguía sintiendo ese enorme abismo entre su persona y la mía. Había superado en parte el husmear su muro de Facebook, un logro que no creí superar, si hasta realizaba apuestas conmigo misma, me dejé crecer las uñas de los dedos, por ejemplo.
Estaba perdida en esos pensamientos, cuando sonó mi celular.
—¿Cómo estás? ¿No interrumpo tu estudio?
—Estaba estudiando, pero no hacía eso precisamente.
—Me alegro, no quería que me regañaras.
—¿Por qué me llamas? Creí que tendrías práctica especial en el equipo.
—Estamos en un break, ahora estamos en el salón de reuniones con el técnico, planeando alguna estrategia para el juego.
—Mucho ánimo entonces, te envío mi fuerza vía móvil.
—Gracias, la necesito… En la sala donde nos encontramos hay un calendario… y me percaté que estamos pronto a cumplir el mes de pololeo.
—Yo también me di cuenta de eso.
—Tenemos suerte que sea un día sábado. Podremos ir a cualquier parte.
—¿Planeas una cita? —dije con sorpresa.
—¡Por supuesto! No siempre se cumplen meses, y sea como sea estamos en una relación, tenemos que hacerla funcionar todo el tiempo.
—¿Planeas algo?
—Tengo una sorpresa para ti, está todo calurosamente calculado.
—Eres un loco.
—Después de mí, no querrás a ninguna otra persona de pareja —soltó con seguridad. No supe qué alegar, a veces me dejaba sin respuestas, y eso era algo que ni los profesores lograban.
—Qué… ¿qué planeas hacer?
—¡Ajá! te dejé sin habla, nerviosa, apuesto que estás sentada tocándote el corazón —bufé ante su egocentrismo—. Lo sabrás hoy, pasaré a tu casa después de entrenamiento.
—Tengo que estudiar.
—Yo también debo estudiar, y no me quejo. Te llamo cuando esté afuera, ahora comenzará la reunión. ¡Te quiero!
—¡Ron!
Ni modo, ya había cortado. Suspiré con pesadez y dejé de estudiar por un instante, para recoger los apuntes del suelo, y pasar la aspiradora en mi pieza. Me quedó un ratito disponible, porque más o menos calculé cuánto se demoraría en su práctica y la venida hasta mi casa. Me cambié de ropa y me maquillé.
—Estás perdiendo tu encanto, Hermione —murmuré al verme más arreglada de lo usual. Empecé a sacarme parte de la pintura, cuando golpearon y abrieron la puerta de mi habitación—. ¡Qué haces acá!
—Mi suegra me dejó entrar —contestó con risa, al verme con la mitad de la cara pintada—. Ella me ama, más que tú, será mi amante.
—¡Mamá! —corrí al baño a quitarme toda la pintura y volví a los minutos. Ron se encontraba viendo las fotografías que estaban en mi repisa.
—Siempre has sido castaña natural, me agrada.
—Soy cien por ciento natural, por si no te habías dado cuenta.
—¿Te cuento un secreto? —preguntó, acercándose a mí—, Lavender se tiñe…
—¿Verdad?
—Mentira, solo quería estar cerca de ti para saludarte —confesó, sorprendiendo a mis labios con un rápido beso—. ¿Sigo sorprendiéndote?
Estaba algo aturdida. No sabía por qué tantas cosas dentro de mí se encontraban agitadas.
—Eso no puede sorprender a nadie —solté para tranquilizarme.
—Tú cara no acompaña tu mensaje —apoyé mis manos en su pecho y lo empujé hacia la pared. Ron rebotó un poco y lo aprisioné con mis brazos, mirándole fijamente.
—¿Por qué tan nervioso, Weasley? —sonrió de lado, tomó mis muñecas y me volteó, cambiando de posición.
—¿Tan nerviosa, Granger? —sí, estaba nerviosa. Jugaba con fuego y me quemaba, pero no hacía nada para detenerlo. Las llamas seguían consumiéndome, me atraían y dolía al mismo tiempo. Ron se acercó y me besó con lentitud. Respiraba con mayor dificultad, pero no interrumpí el beso. Al contrario, me fui quemando con él.
Dejamos de besarnos.
No le podía observar.
Era la primera vez que nos besábamos de esa forma. No habíamos tenido necesidad de hacerlo, nadie nos veía, nadie nos amenazaba u hostigaba para que lo hiciéramos. Y me sentía culpable porque me había gustado mucho.
Ron rompió el hielo comenzado a reír. Se tiró a mi cama y me hizo un gesto con su cara para que me sentara al frente de él.
—Este es mi regalo de cumple mes —promulgó, buscando algo en el bolsillo trasero de su jean. Su normalidad no me la podía contagiar. Aún sentía mi corazón escupiendo sangre por doquier.
—¿Qué es?
—Ábrelo —siguiendo sus instrucciones, abrí el sobre que estaba doblado. Dentro de él había dos entradas.
"Exposición de pintura y literatura oriental histórica"
—¿Cómo supiste que quería asistir a esta exposición? —pregunté emocionada—. El otro día hice fila para conseguir una, pero cuando fue mi turno, estaban todas agotadas.
—Es que tú no eres pelirroja, deberías de saber que nosotros atraemos y conseguimos todo.
—Idiota —susurré, y luego le abracé—. Muchas gracias.
—¿Crees que podríamos ver el cuadro de Gumiho?
—¿Sigues creyendo en esa historia? No es real, Ron, fue una invención para la televisión.
—Podríamos apostar —alcé una ceja—, tú no crees que exista un cuadro de una Gumiho. Pues bien, yo creo que sí, así que si ese día vemos un cuadro, tendrás que cumplir el deseo que se me apetezca. Y lo mismo va para ti.
—Perderás —opiné abiertamente.
—Lo veremos ese día —sellamos nuestra nueva apuesta con un apretón de manos.
—¿Tienes hambre?
—Estaba esperando a que me dijeras eso.
—Vamos abajo entonces.
Ron se quedó a tomar té con nosotras. Mi madre efectivamente le prestaba muchísima atención, y tuvo la osadía de compararlo con Viktor, diciendo que ahora había mejorado el gusto por los hombres.
Como se hacía tarde, recogimos la mesa y me ayudó a lavar los platos, mientras mi mamá se acomodaba en el sillón para ver una película. Nos invitó a ambos, pero los dos desistimos de la oferta. Ron quería, pero mis remordimientos por los estudios me estaban carcomiendo.
—Tienes que guardar las entradas. Si me llevo la mía podría perderla.
—La guardaré bajo siete llaves.
—Esta semana no nos veremos mucho, ¿cierto?
—Así es. Tengo reforzamiento y ayudantía con varios cursos, así que estaré ocupadísima. Y tú tienes entrenamiento. Te veré con mucho gusto el sábado.
—La semana se me hará eterna. De igual forma te acosaré en los ratos libres de la universidad.
—Yo no he visto ninguno.
—Te harás de espacios, solo para contemplar mi belleza.
—Como tú digas —le acompañé a la puerta de mi casa. Se despidió de mi madre, y salí junto a él a la terraza. Nos abrazamos y besó mi frente. Por un leve instante deseé que hubiese repetido el momento de la tarde, pero entre tanto pensar, Ron ya estaba arriba de su auto.
.
Creí que la semana sería eterna, y es que el tiempo avanzaba como si se tratase de otro mes. Entre tanto estudio, tanta clase, y sobre todo no ver a Ron, la semana se me había hecho imposible. Él, el que más deseaba escaparse un momento para verme, fue el más desaparecido. A veces ni siquiera me contestaba el celular, y casi no dio señales de vida por internet. Me llegué a preocupar un poco, pero Ginny me daba la seguridad que estaba bien, cansado, pero muy bien.
El viernes no podía conciliar el sueño. Era solamente una exposición, pero sabía que había algo más en dicha cita. Sería la primera, ahora que actuábamos más como novios... no sé, todo me tenía realmente nerviosa. Miré el despertador del velador, eran las dos y media de la mañana y nada.
A los pocos segundos, sonó mi celular. Tan solo una vibración. Devolví el llamado inmediatamente.
—¿Ron?
—Creí que podrías estar dormida.
—No, recién me estaba acostando —mentí.
—Estas nerviosa por mañana, yo lo sé.
—Sí, ya no te puedo mentir —asumí feliz—. ¿Tú estás nervioso?
—Sí, mucho —respondió, aunque no muy convincente.
—No me mientas, estas cosas a ti no te avergüenzan tanto como a mí —soltó una risita dulce—, mañana a las cinco en la estatua que está al frente del centro cultural.
—Te veré ahí, no llegues tarde.
—No lo haré.
—Duerme, no quiero que tu cara tenga ojeras.
—Lo mismo va para ti —guardamos silencio por un instante.
—Te quiero.
—Te quiero.
Increíble, con su llamada logré conciliar el sueño. Soñé muchas veces lo que viviría con él en nuestra primera cita. Me imaginé viendo la exposición, compartiendo con otras personas opiniones de la literatura y la cultura oriental, luego salir a beber un café… fue una noche cargada de lindos recuerdos. Desperté temprano, y estuve relajando mis hombros con algo de yoga.
Me comencé a arreglar incluso, antes del almuerzo. Me bañé y decidí ondular mi cabello con una crema mágica que utilizaba mi madre. Luego de la comida me cepillé los dientes más de una vez, y probé muchas combinaciones de ropa.
—Creo que ese se te vería hermoso.
—¿Tú crees?
—Bueno, todo se le ve hermoso a mi hija, pero ese asienta de mejor forma tu carita.
—Lo dices porque eres mi mamá —le hice caso, me coloqué un vestido celeste que llegaba hasta las rodillas. Lo acompañé con un chal de color más oscuro, para que hiciera juego con los botines que tenían el mismo tono.
—Lleva una prenda más abrigada. Estamos en invierno.
—Será en un lugar cerrado, y Ron siempre está con su vehículo —mi madre sonrió ampliamente—, de seguro que sufrirás cuando termine mi relación con él.
—No creo que lo hagan. Ambos son muy felices juntos.
—Será hasta que se nos acabe la felicidad —opiné, algo melancólica—. Ni modo, voy saliendo, no quiero llegar tarde.
—Cuídense, y pásenla lindo. Si termina temprano, pueden venir a la casa.
Salí de mi casa y corroboré la hora en mi celular. Todo iba saliendo a la perfección, justo en el paradero se encontraba la línea colectiva que me servía para ir al centro cultural. Estaba tan ansiosa que ni siquiera me fui escuchando música.
Cuando vi por la ventana la estatua, mi corazón volvió a palpitar con fuerza. Me bajé afirmándome de la barandilla y di un pequeño salto para quedar en la vereda. Caminé con tranquilidad, y me quedé de frente, viendo el centro cultural. Ya había personas haciendo fila para ingresar.
Suspiré con tranquilidad, y saqué las entradas de mi cartera. En ese instante, alguien cubrió mi visión. Sonreí.
—Estás hermosa —susurró. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Mi corazón palpitó con más fuerza, pero no de alegría, sino de asombro. Me di la vuelta para confirmar mis sospechas.
—¿Oliver?
—Guau, de cerca puedo corroborar que sí, estás muy linda —pronunció, besando con delicadeza mi mejilla.
—¿Qué haces aquí?
—¿Cómo que qué hago aquí? Soy tu cita el día de hoy.
Nota de la autora:
Espero que estén pasando unos lindos días de vacaciones. (Bueno, para quienes estamos disfrutando de ellas). La verdad es que no he salido mucho, estoy en crisis financiera xD, y mis abuelas, hermana, y hermano se han sometido a diversas operaciones en este último tiempo, por lo que en mi casa ha sido un verdadero caos.
La mitad de esta actualización la tenia escrita hace mucho, pero me faltaba la otra mitad. Hoy por fin salió, y la actualización que se viene, será uff… ¿QUÉ CREEN QUE PASÓ? No me odien ni asesinen, el miércoles celebraré mi cumpleaños 22 jajajaja.
Siempre pido disculpas por mi tardanza. Me gustaría tener mi tiempo de hace cinco años atrás, pero como sé que no se puede, ni modo. ¡Discúlpenme!
Quienes me conocen, saben que adoro la cultura asiática, y como no veo televisión, todo me lo da el internet… así que sí, veo muchos doramas hace mucho tiempo atrás. No sabía con cuál ejemplificar las ocurrencias de Ginny, así que escogí uno que vi a finales de diciembre. La confesión de Viktor-Hermione fue algo 50% cierto jajajajaja.
Los quiero a todos ^^ y nos estamos leyendo.
Vocabulario:
Mechona (Mechón): se les dice de esta forma a los estudiantes de primer año en la uiversidad, sea de la carrera que sea.
Paaaabre: es la mala pronunciación de 'pobre'. Se ha acentuado mucho este término, para denotar mayor 'pobreza' de la situación o la persona.
Pololear: es la relación que tienes con tu chico/a. últimamente la gente utiliza 'mi novio/a' pero aquí es más formal, cuando te comprometes a casarte.
