Estás hermosa —susurró. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Mi corazón palpitó con más fuerza, pero no de alegría, sino de asombro. Me di la vuelta para confirmar mis sospechas.

—¿Oliver?

—Guau, de cerca puedo corroborar que sí, estás muy linda —pronunció, besando con delicadeza mi mejilla.

—¿Qué haces aquí?

—¿Cómo que qué hago aquí? Soy tu cita el día de hoy


Capítulo IV Facebook

Mágica decepción II


** Este capítulo transcurre en el mismo tiempo que el capítulo anterior, tal como dice el enunciado de abajo, es el punto de vista de Ron**

(Y querrán matarlo xd)


Ron POV

—Es una lástima, Ginny… ¿y tendrán una sola función?... claro, me imagino… pero tú como amiga hiciste lo posible… después de entrenamiento pasaré a tu casa, te amo —Harry guardó su celular en el bolso y se sentó algo desganado en la mesa.

—¿Pasó algo entre mi hermana y tú?

—Más bien, con tu novia —murmuró. Tragué saliva y me acomodé al lado de él, preocupado.

—¿Qué pasó?

—Tranquilo, no es algo para alarmarse tanto.

—¡Pero dime! —la pasividad de Harry me desesperaba un poco.

—Ginny y Hermione querían ir a una exposición de arte. Bueno, más Hermione que Ginny. Pero creo que no alcanzaron entradas. Ginny fue ahora a ver si podía conseguir aunque fuese una para Hermione, pero le fue imposible —trataba de hacer memoria, pero no recordaba alguna conversación similar. Hermione el último tiempo había estado preparando mentalmente para sus exámenes, y pasaba el mayor tiempo con Ginny, estudiando.

—Harry… ¿te puedo hacer una consulta?

—Por supuesto. Aprovechemos que aún no llega el entrenador.

—¿Qué hiciste en tu primera cita con Ginny? —Harry se sonrojó un poco y se corrió de mi lado.

—¿Por qué me preguntas algo así? ¿No se supone que tú tienes más experiencia que yo en estas cosas?

—Sé que soy mejor que tú —dije, halagándome—, pero quería escuchar otras opiniones, otras experiencias, no quiero hacer las mismas cosas.

—¿No crees que esto entre ustedes… va muy enserio? —se atrevió a preguntar, con voz más aguda.

—Somos una pareja, la próxima semana cumpliremos un mes, tenemos que salir a celebrar —opiné, enseñándole el calendario de la pared.

—Ron, no has respondido lo que te pregunté.

—Tiene que ser creíble —contesté, algo enfadado.

—Sabes que no me gusta meterme en estos asuntos, pero me preocupo por ti, y por Hermione.

—A ella no le pasará nada, no dejaré que nadie le haga daño.

—¿Y qué pasa si le comienzas a gustar? Esto terminará cuando logres la atención de Lavender.

—Eso aún no sucede —si Harry seguía hablando del tema, la lucha interna que llevaba adentro saldría, y no quería por ningún motivo que eso sucediera.

—¿Tan serios? ¿De qué hablan que tienen esas caras tan largas? —Oliver, el muy estúpido de Oliver se sentó al lado nuestro y nos ofreció un poco del agua que estaba bebiendo. Harry se metió la botella en la boca y yo me rasqué la cabeza con algo de enfado.

—De nuestras novias —comentó Harry—. Ambas están tristes porque no consiguieron entradas para una exposición que se hará el próximo sábado.

—¿La de arte y literatura japonesa? —agregó, sorprendido.

—¡Esa misma! No sabía que te interesara.

—No me interesa mucho, pero mi padre es uno de los socios que trae dicha exposición, así que en mi casa han estado hablando de eso durante un buen tiempo.

—¿Tú me podrías conseguir dos entradas? —pregunté de pronto. Harry me miró de reojo.

—Claro, en mi casa creo que tengo un par, después de entrenamiento podría pasártelas —respondió, con su faceta de galán.

Antes de que llegara el entrenador, llamé a Hermione.

—¿Cómo estás? ¿No interrumpo tu estudio? —quise saber, porque me imaginaba que estaba ordenando todas sus responsabilidades desde temprano.

Estaba estudiando, pero no hacía eso precisamente.

—Me alegro, no quería que me regañaras —le respondí, riéndome.

¿Por qué me llamas? Creí que tendrías práctica especial en el equipo.

—Estamos en un break, ahora estamos en el salón de reuniones con el técnico, planeando alguna estrategia para el juego.

Mucho ánimo entonces, te envío mi fuerza vía móvil.

—Gracias, la necesito… En la sala donde nos encontramos hay un calendario… y me percaté que estamos pronto a cumplir el mes de pololeo —comencé a relatarle.

Yo también me di cuenta de eso.

—Tenemos suerte que sea un día sábado. Podremos ir a cualquier parte —estaba feliz, ella también se había dado cuenta de la fecha.

¿Planeas una cita? —la escuché con asombro. La sorpresa de Hermione siempre me causaba ternura.

—¡Por supuesto! No siempre se cumplen meses, y sea como sea estamos en una relación, tenemos que hacerla funcionar todo el tiempo.

¿Planeas algo?

—Tengo una sorpresa para ti, está todo calurosamente calculado.

Eres un loco.

—Después de mí, no querrás a ninguna otra persona de pareja —comenté con seguridad. Oliver me estaba viendo, y quería marcar territorio a como dé lugar. Hermione se quedó callada un instante en la línea telefónica.

Qué… ¿qué planeas hacer?

—¡Ajá! te dejé sin habla, nerviosa, apuesto que estás sentada tocándote el corazón. Lo sabrás hoy, pasaré a tu casa después de entrenamiento.

Tengo que estudiar.

—Yo también debo estudiar, y no me quejo. Te llamo cuando esté afuera, ahora comenzará la reunión. ¡Te quiero! —le corté antes de que pudiese inventar otra excusa para no verme. La extrañaba demasiado, y ver su rostro sería un premio.

—¡Me desaparezco por diez minutos y se convierten en un centro de madres! —gritó el entrenador—. ¡Salgan todos, quiero treinta flexiones y treinta abdominales, y el último que entre, tendrá que dar cinco vueltas a la cancha! —agregó furioso. En menos de diez segundos, estábamos todos afuera, tratando de cumplir las exigencias del entrenador.

Luego de cumplir con el castigo, tuve que planear alguna estrategia, como soy capitán, debía de exponer ciertos puntos. Por suerte mis compañeros me ayudaron y todos llegamos a una buena estrategia de juego. El entrenador nos corregía qué aspectos quedaban raros o que iban en contra de las reglas del juego. Habríamos terminado más temprano si no hubiese sido por el percance.

—¿Viniste en automóvil al entrenamiento?

—Sí, ¿tú también? —le pregunté. Oliver asintió.

—Conoces donde vivo, ¿no? Me puedes seguir en vehículo —asentí, mientras me secaba el pelo y guardaba la ropa sucia en una bolsa plástica, dentro del bolso.

—Harry, si puedes avisarle a Ginny lo de las entradas te lo agradecería. Tú tienes plan unido con ella —mi amigo asintió y nos despedimos con una palmada en la espalda. Corrí un poco para alcanzar a Oliver, quien ya estaba arriba de su auto.

Vivía lejos, lo suficientemente cerca de Hermione, por lo que el regreso a la casa de ella no me tomaría tanto tiempo. Para ser hijo de socios y esas cosas costosas, la casa de Oliver no aparentaba ser algo más que la de sus vecinos. Era grande, sí, pero tampoco abusaba del espacio físico.

—Ven.

—No gracias, prefiero esperar aquí, tengo algo de prisa —comenté. Oliver sonrió y entró a su casa saltando los peldaños de la terraza en dos. Mi celular vibró en el bolsillo de mi pantalón. Tenía un mensaje de Ginny.

"Si lograste conseguir esas entradas, ni se te ocurra pasarme una a mí. Compártelas con Hermione y pásenla bonito (L)"

—Tsss... Con lo que me ha costado, nica (1) te daría una —le hablaba al celular.

Oliver apareció de pronto, asustándome.

—¿Hermione? —preguntó, al verme con el móvil en la mano.

—Sí, me estaba preguntando dónde estaba, me extraña demasiado —me jacté.

—¿Qué tal van las cosas con ellas?

—¿Ellas?

—Hermione y Lavender.

—Con Hermione las cosas van de maravilla. Tú sabes cómo son los primeros meses de relación. ¡Cierto! Tú casi nunca pasas del mes de relación con alguna chica. No podrías comprender lo genial que se siente. En cuanto a Lavender… —una punzada detuvo por instantes breves mi corazón. Decir su nombre tan casual con mis labios, esos que muchas veces le besaron y proclamaron amor eterno, de igual forma me descolocaba—, debe de estar bien. Ya no es mi novia, y tampoco me comprenderías, porque cuando alguien acaba una relación tan fuerte, debe de alejarse de la persona un poco, para después, retomar el contacto.

—O sea que estás ocupando a Hermione como carnada para que tu ex vuelva a ti —tan alejado de la verdad no estaba. De la verdad inicial. El presente era otra cosa muy distinta.

—No. Yo no ocupo a las mujeres. A diferencia tuya.

—¿Qué pasa si te digo que estás consiguiendo tu objetivo? —sus interrogantes me estresaban.

—Oliver, no tengo mucho tiempo para este tipo de conversación contigo.

—Yo si la tendría, si se trata de información confidencial y fidedigna —demandó, colocándose al frente de mí—. No me gusta este enredo de meterme en la vida privada de la gente. Sobre todo la tuya, suficiente tienes con todos los espectáculos que dabas, y que sigues dando en la universidad. Además, eres compañero de equipo, no deseo estar jugando en un ambiente corrompido por problemas personales.

—Qué mierda estás tratando de decirme.

—Me gusta Hermione. La verdad es que me gusta mucho y desde hace un tiempo. Pero sé que con ella no se puede jugar, y como hombre necesito de ciertas cosas que sé, ella no me dará. Eso creí hasta que comenzó una relación contigo, y mis ganas por tener algo con ella aumentaron. Hermione no es para ti.

—¿Y crees que sería una mujer adecuada para ti? ¡Por favor! Si ves una vagina nueva y te lanzas sin importar que la chica tenga novio. Por lo menos yo hacía escándalos con una sola mujer, que deseo que esté bien ahora.

—No lo está —esas tres palabras me hicieron olvidar a Hermione durante un par de segundos. Segundos que parecían eternos, mientras Oliver tomaba respiración para continuar con su discurso—. Becka, mi nueva… 'amiga'… es compañera de clase de Lavender, y me cuenta que no es la misma de antes. Ha bajado sus calificaciones, no sale como de costumbre, incluso, rechazó un trabajo de promotora, donde la paga no era menor.

—Esas cosas no me deben de importar, no somos pareja.

—Acabas de decir la palabra clave, no te debieran de importar, pero te importa, porque no puedes olvidar una relación de tantos años en un par de meses.

—¡De a poco las heridas sanarán!

—No quiero que le hagas daño a Hermione. Así como puedo obtener a cualquier chica, también puedo obtener a Hermione. Y no lo consideraría un juego.

—Eso no te lo permitiré.

—Ya te dije, si llego a tener algo con Hermione, no será como las demás. Sé que ella es especial —guardamos silencio por un instante. Las ganas de golpear a Oliver contra el capó del vehículo, o acostarlo en la carretera y pasar el auto encima de él se hacían tentadoras, pero no podía hacerlo. De alguna forma u otra, estaba demostrando 'sinceridad'—. Toma las entradas a la exposición. Espero que la hagas feliz, mientras puedas —aclaró, sonriendo. Me ofreció su mano, pero solo agaché la cabeza y susurré un 'gracias'.

Hubiese deseado tener más tiempo para pensar durante el trayecto, pero la casa del malnacido estaba más cerca de lo que creí de la casa de Hermione. No podía entender por qué Harry y Oliver habían decidido hablarme de mis sentimientos el mismo día.

—¡Ron!

—Señora Granger, qué gusto verla, tan guapa como siempre.

—Ay niño, tú y tus encantos —le saludé con un abrazo y un beso en la mejilla—. Hermione se ha estado arreglando para ti desde que supo que venías. Así que dale una sorpresa y sube a su dormitorio. Papá Granger no vendrá hasta la madrugada, así que no temas con encontrarte un ogro.

—Gracias, podré estar más tranquilo —comenté, siguiéndole el juego. Estar en esta casa hacía que me olvidase de todas las conversaciones de la tarde. Reí al escuchar a Hermione hablar sola. Sin esperar que me dejase entrar, golpeé la puerta suavemente y entré.

—¡Qué haces acá!

—Mi suegra me dejó entrar. Ella me ama, más que tú, será mi amante.

—¡Mamá! —gritó enojadísima, dirigiéndose al baño. Me entretuve viendo sus fotografías de pequeña.

—Siempre has sido castaña natural, me agrada —confesé. Su cabello no podía ser de otro color. No podría combinar con sus ojos.

—Soy cien por ciento natural, por si no te habías dado cuenta —respondió con ironía.

—¿Te cuento un secreto? —murmuré mientras me acercaba a su cuerpo. Ella obvió la distancia y permaneció muy cerca de mí—, Lavender se tiñe…

—¿Verdad? —preguntó inocente. Y viéndola así, no podía resistirme.

—Mentira, solo quería estar cerca de ti para saludarte —y le di un pequeño beso en los labios para conmoverla—. ¿Sigo sorprendiéndote?

—Eso no puede sorprender a nadie —sabía que mentía.

—Tú cara no acompaña tu mensaje —secundé, y ella rápidamente me aprisionó entre su cuerpo y la pared. Mi corazón también rebotó. De pronto lo único que veía era ella y solo ella.

—¿Por qué tan nervioso, Weasley? —de a poco aprendía, y eso me gustaba. Sabía el cómo ser un ángel caminando en pleno infierno.

—¿Tan nerviosa, Granger? —sí que lo estaba, y yo también. Tenía deseos de besarla y lo hice. Comencé lentamente. Sus labios me llamaban a gritos, o eran los míos, pero había un bullicio tan grande que tenía que estancar de una forma u otra. Iba a parar, juraba que lo iba a hacer, pero ella comenzó a besarme de la misma forma, y no pude dejar de desearla.

¿Qué se supone que pasaría ahora? No había tenido excusa alguna para haberle besado. Pero se sentía tan bien y cálido, tan real, que no se lo podría expresar. Lo mejor sería fingir que no había ocurrido nada por mi mente. Con pesar me separé rápidamente de sus labios y fingí ser indiferente, comenzando a reír.

—Este es mi regalo de cumple mes —solté luego de carcajearme, acomodado en su cama. Ella seguía algo atontada, pero actuó rápido.

—¿Qué es?

—Ábrelo.

—¿Cómo supiste que quería asistir a esta exposición? El otro día hice fila para conseguir una, pero cuando fue mi turno, estaban todas agotadas.

—Es que tú no eres pelirroja, deberías de saber que nosotros atraemos y conseguimos todo —dije. Jamás le diría que Oliver me había dado las entradas.

—Idiota —dijo emocionada, al punto de abrazarme—. Muchas gracias.

—¿Crees que podríamos ver el cuadro de Gumiho?

—¿Sigues creyendo en esa historia? No es real, Ron, fue una invención para la televisión.

—Podríamos apostar, tú no crees que existe un cuadro de una Gumiho. Pues bien, yo creo que sí, así que si ese día vemos un cuadro, tendrás que cumplir el deseo que se me apetezca. Y lo mismo va para ti.

—Perderás —opinó con seguridad. Temí por mi vida. De seguro que ya había investigado todo.

—Lo veremos ese día —sentencié y nos dimos la mano. Una pequeña tripa sonó en mi estómago.

—¿Tienes hambre?

—Estaba esperando a que me dijeras eso.

—Vamos abajo entonces.

Tomamos té y compartí con su madre. Efectivamente, estar en la casa de Hermione era desintoxicarse de los problemas y de la triste vida en un departamento. No es que no quisiese estar con mi hermana, mucho menos compartir con ella, pero extrañaba 'esto', el aroma a hogar, los cariños excesivos de una madre. Se hacía tarde, y aunque tuviese ganas de quedarme no pude. Primero porque Hermione no me lo permitió, y segundo porque debía de pensar ciertas cosas con más calma y soledad. Debía alejarme de este sitio durante un tiempo.

—Tienes que guardar las entradas. Si me llevo la mía podría perderla.

—La guardaré bajo siete llaves.

—Esta semana no nos veremos mucho, ¿cierto?

—Así es. Tengo reforzamiento y ayudantía con varios cursos, así que estaré ocupadísima. Y tú tienes entrenamiento. Te veré con mucho gusto el sábado —no sabía si era buena la idea de permanecer tanto tiempo separados. Cierto, por eso quería guardar un duelo de esta casa, me transformaba en otro Ron.

—La semana se me hará eterna. De igual forma te acosaré en los ratos libres de la universidad —le comenté, aunque la amenaza fue más para mí. Creía ser más bueno estando con ella.

—Yo no he visto ninguno.

—Te harás de espacios, solo para contemplar mi belleza.

—Como tú digas —opinó sonriendo, saliendo de la casa para acompañarme. Me despedí de su madre, y al salir me encontré con su rostro de frente. Le abracé con fuerza y ella respondió el abrazo. Quise besarla otra vez, besarla de forma no muy dulce, pero sí más cálida, enredar mis dedos en su cabello, pero sería una traición hacerlo. Traición porque saliendo de esa casa, automáticamente las dudas insertas en mi cabeza, por culpa de Oliver y mi amigo Harry, no me dejaban ver las cosas con naturalidad.

Le besé la frente, aún con culpa, y preferí no verla más. Me subí al auto, y pasando la esquina aceleré con furia.

Llegué al departamento con rapidez, pero una vez ahí, no quería estarlo. No subí por el ascensor, sino por la escalera. Ginny estaba con Harry jugando con el Playstation, por lo que poco se dieron cuenta de mi presencia. Fui hasta la cocina, saqué una cerveza del refrigerador y me encerré en mi habitación.

—¡Te dejé comida en el microondas! —gritaba Ginny.

—¡Ya! —respondí por cortesía. Pensar demasiado me quitaba las ganas de comer. Y eso era gravísimo.

Mientras me cambiaba ropa encendí el notebook, hoy haría algo que había dejado de hacer, no porque me lo hubiese propuesto, sino porque sencillamente, no me había percatado.

Entré a Facebook y busqué el perfil de Lavender.

Su foto no hacía juicio a lo hermosa que era. Su sonrisa decoraba todo su rostro, su perfecto rostro. Pero sí, había algo en el brillo de sus ojos que no reflejaba toda la felicidad que el resto de las personas creían. Lavender estaba triste.

Leí su muro, había publicado muchas imágenes con el fondo negro y las letras blancas, esas típicas y odiosas 'Desmotivaciones', pero no apuntaban a lo romántico propiamente tal, sino más bien a las interrogantes de la vida.

—¿Lavender? —escribí en un mensaje privado. No aparecía conectada al chat.

No contestó. De todas formas era tarde, así que o podría estar durmiendo o de fiesta con su grupo de amigas. Miré mi celular con duda, no sabía si llamarla o escribirle un mensaje. Lo lancé lejos y preferí escribirle un inbox.

"¿Lavender?

Hola… ha pasado un tiempo que no hablamos… quería saber cómo estabas, aunque no lo creas, me preocupo por ti. He sabido por otras personas, tranquila, gente confiable, que no estás como de costumbre, de alguna forma u otra, me siento culpable.

Sé que no te interesa, pero te cuento que estoy bien. A veces me sorprende lo bien que estoy, es verdad. Eso mismo me hace sentir culpable, discúlpame.

Creo que no estoy muy claro, me estoy dando vuelta en las mismas cosas, como siempre, ¿no?

Ojalá respondas. Cuídate".

Lo envié, y una vez enviado, me di el lujo de revisarlo. Creo que no estoy muy claro, me estoy dando vuelta en las mismas cosas, como siempre, ¿no? eso sin lugar a dudas se malinterpretaba, pero ya estaba todo escrito y enviado. Lavender de todas formas no iba a responder.

El remordimiento no me abandonó.

.

Pasó el domingo, el lunes, el martes… y no podía hablar con Hermione. Ella me llamaba, y luego le contestaba con mensajes tales como 'no escuché, estaba en entrenamiento', 'estaba duchándome', 'me conectaré a la noche', etc. Fue tal mi angustia que la observaba a escondidas durante la semana. El lunes había estado estudiando en la ventana que estaba más próxima a la cancha donde practicamos. El martes almorzó al aire libre con Ginny y otras compañeras. También la cuidé con la mirada, y podía notar cómo me buscaba entre la gente. Mi corazón no se sentía bien.

—¿Espías a tu novia? Me enojaré mucho si me dices que eso también lo hacías conmigo —Lavender me sorprendió por detrás—. Qué… ¿ya no me hablas? ¿O tienes solamente el valor para escribir cosas comprometedoras solamenteen Facebook?

—¿Cómo estás?

—Bien. ¿Almorzaste? —asentí pero luego negué. Volví a asentir—. No tiene caso preguntar, si ya lo has hecho, lo volverías a hacer. Vamos, te invito al casino.

—No… —murmuré.

—Cierto, el casino tiene mucha gente, vamos a la facultad de medicina, ahí no somos conocidos —dijo. Sentía que una parte de mí se quedaba husmeando a Hermione, y la otra se alegraba, al ver la sonrisa de Lavender de tan cerca.

No caminamos tomados de las manos, aunque por momentos deseaba hacerlo. Era la costumbre. De vez en cuando le observaba, y dejaba de mirarla cuando sentía que ella lo haría.

—No te voy a comer Ron, tranquilízate. Muchas veces almorzamos juntos —habló, cuando estábamos sentados.

—¿Leíste mi mensaje? —Lavender asintió, mientras comía—. ¿Estás bien? Como te decía ahí… supe que no estabas como de costumbre.

—¿Tú como me ves?

—Te veo como cuando ocultas algo.

—Me enteré de algo, y eso en parte me tiene un poco más preocupada.

—Qué pasó.

—La chica con la que estás… ella no te quiere.

—¿De dónde sacaste eso? —era cierto, Hermione no me quería, pero los únicos que sabíamos eso eran Harry y Ginny.

—Todo se sabe, Ron. Tú estás muy obsesionado con esa chica, me sorprendí mucho ahora, encontrarte así, viéndola con tanta preocupación.

—No me has respondido, Lavender, ¿quién te dijo eso?

Se cuenta el milagro, pero no el santo —opinó. Dejamos de hablar por un instante. Ella decidió retomar la conversación—. No tienes que estar preocupado por mí. Si he estado desanimada no es por tu culpa, creo que ya te superé, pero no como para tener una nueva pareja —agregó, con algo de frustración—. A mi padre le ascendieron en el trabajo.

—Pero eso es una buena noticia.

—Perdí la beca de la universidad… para la universidad, pasé a ser una alumna con más 'entrada económica', así que encuentran que no soy apta para ese beneficio.

—Ah… es lamentable. Pero aún puedes luchar para que te restablezcan la beca, ¿cierto?

—Tengo que hacer unos trámites, tengo plazo hasta el sábado.

—¿Por eso no aceptaste el trabajo de promotora? ¿Para no figurar más gastos en tu ficha socioeconómica?

—¡No! Ya no quiero ser promotora. El otro día vi un documental de chicas hermosas, todas menores a treinta años y lamentablemente sufren problemas de lumbago y similares, por culpa de este trabajo. No me había dado cuenta del daño que le haces a tu cuerpo estando seis horas de pie seguidas, arriba de unos tacos que incluso, miden más de diez centímetros —era increíble el volver a conversar con ella de esta forma, tan natural…

—Extrañaba esto —solté de pronto.

—Yo también —secundó, mirando hacia otro lado. Permanecimos en silencio, esquivando nuestras miradas—. Salgamos… como amigos —agregó inmediatamente.

—¿Cuándo?

—El sábado. Acompáñame en mis trámites, después podemos ir a ver una película, o caminamos un ratito en la avenida, como antes —propuso.

—No puedo este sábado, saldré con Hermione.

—Deja que Hermione salga con el chico que le gusta. Ron, no quiero que te hagan daño —volvió a insistir. La cara de Oliver se formó en mi cabeza, y me dieron ganas de azotar mi frente en la mesa.

—Yo le gusto a Hermione. Ambos nos gustamos.

—Entenderá entonces si no sales con ella el sábado. Por último, no le digas que saliste conmigo.

—No quiero mentirle —Hermione no se debería de molestar de todas formas… lo nuestro era un plan, y por fin me estaba funcionando. Una idea descabellada pasó por mi cabeza.

—Piénsalo. Yo también he tenido tiempo para analizar mis actitudes. No quiero presionarte. Eso sí, me tienes que avisar si me acompañarás o no. Te esperaré hasta el viernes —diciendo aquello, Lavender tomó su bolso y se fue.

.

Los días faltantes al sábado fueron transcurriendo más lentos. Si realizaba el plan que mi cabeza había maquinado podía obtener muchos resultados:

El primero sería que Lavender estuviese conmigo, como antes, y Hermione pudiese comenzar a tener una relación con Oliver. Ambos terminaríamos felices, con nuestras respectivas parejas, aunque no me gustase él para ella.

Lo segundo, que Hermione me amase por mi acto de valentía. Ella sería feliz, porque estaría con el chico que le gusta, y yo, bueno, sería feliz porque le daría un buen momento a ella, aunque no me gustase Oliver. Cierto, eso también está en mi primer punto.

Lo tercero y final, que Hermione me odiase por lo que tenía planeado hacer. Esto era imposible. Ella preferiría decenas de veces estar con Oliver que conmigo.

—Será por su bien, después de todo a ella le gusta —me animé, mientras marcaba el celular de Oliver.

—¿Weasley?

—Oliver, necesito pedirte un favor, sé que tú podrás.

—Qué pasa, me preocupas.

—Mañana no puedo ir con Hermione a la exposición… tuve problemas personales, y mi hermana tampoco le puede acompañar —me quedé callado por un instante. Respiré con fuerza, me estaba costando más de lo que creía. El rostro de Hermione feliz por las entradas no abandonaba por ningún instante mi cabeza—. Sé que pedirte esto a ti es como entregar la batalla ganada al enemigo…

—Yo iré con ella —respondió con seguridad. Lo noté en su voz. Me di pena—. No sé qué cosa tan importante tienes que hacer como para dejarla plantada, pero yo asumiré tu error, y lo aprovecharé —dijo seguro.

—Lo sé, pero no creas que te estoy regalando a Hermione.

—Gracias, Ron —respondió con el tono que solía ocupar cuando hablaba de sus conquistas.

No tenía el valor para hablar con Hermione. Me duché con agua fría para ver si así podía encontrar un poco de calma, pero nada. Al regresar a mi habitación tenía un mensaje de Lavender, preguntándome si le acompañaría. Le respondí que sí. Luego me envío los datos de dónde nos juntaríamos.

Apagué el celular y traté de dormir. Fue imposible.

Por más vueltas que daba en la cama, no podía encontrar una posición que me acomodase. Hice abdominales, gasté energía y nada. Me bebí un litro de leche y tampoco. Salí a la terraza, pero fue una mala idea. A ese lugar solía ir con Hermione. Era como si su olor estuviese impregnado en todo el sitio. Deseé llamarla, pero era muy tarde. Marqué su número y me sorprendí al darme cuenta que lo sabía de memoria. Apreté el botón para llamar, marcó una vez y lo corté inmediatamente. Iba a entrar al departamento cuando me devolvió el llamado.

¿Ron?

—Creí que podrías estar dormida —escuchar su voz, su voz y la pena me embargó completamente.

—No, recién me estaba acostando.

—Estás nerviosa por mañana, lo sé —comenté con culpa.

Sí, ya no te puedo mentir —comentó con alegría—. ¿Tú estás nervioso?

—Sí, mucho.

No me mientas, estas cosas a ti no te avergüenzan tanto como a mí —me arrodillé, Hermione me estaba esperando a mí. Yo era su cita, no era Oliver—, mañana a las cinco en la estatua que está al frente del centro cultural.

—Te veré ahí, no llegues tarde.

No lo haré.

—Duerme, no quiero que tu cara tenga ojeras.

Lo mismo va para ti —dijo veloz.

—Te quiero —solté, apretándome la camisa.

—Te quiero —respondió con la misma inocencia de siempre.

Dejamos de hablar y me encontré con mis ojos llorosos.

Harry tenía razón. El plan ya no era el mismo de antes.

Yo había dejado de ser la persona que esperaba a Lavender. Ahora, yo era el Ron que deseaba esperar a Hermione, y con mis estúpidas ideas la estaba cagando.

.

Con Lavender nos juntamos en la mañana a entregar los papeles. Tuvimos que ir a una notaria del centro de la ciudad para oficializar unos papeles, por lo que tuvimos que ir y venir rápidamente. Me invitó a almorzar, y pasamos un rato agradable.

Hubiese sido mejor si no hubiese estado pensando en Hermione durante todo el rato. Lavender se daba cuenta, pero también reconocía mis dudas. Ella era una mujer inteligente, y sabía cómo despejarme. Me llevó al cine a ver una de las películas de mi género favorito, y ahí permanecimos por un par de horas dentro de la oscuridad.

Miré la hora cuando salimos de la función, eran alrededor de las cinco de la tarde.

—Espérame aquí, no tardo —le dije.

—¿A dónde vas?

—Prometo volver.

—¿De verdad?

—De verdad —repetí, y corrí con todas mis fuerzas hasta el centro cultural, donde se efectuaría la exposición. Si tenía suerte, vería a Hermione antes que Oliver, y le diría que me esperase, que viniese conmigo.

Miré la hora otra vez. Hermione de seguro que ya estaba allí, siempre era puntual.

Pero Oliver también lo era, y ya le estaba haciendo compañía.

De lejos pude ver como él le impresionaba por detrás. Ella volteó, sorprendida. Mi corazón latió con fuerza. Quería cruzar la calle y llegar hasta ellos, pero no podía. Mis sentidos no me permitían avanzar.

—No lo aceptes, no lo aceptes —susurraba. Oliver le habló y Hermione le contestó algo que no pude saber. Él le ofreció caminar, y Hermione aceptó.

Ahora que estaba seguro de lo que sentía, podía sentir el miedo de perderla, y era horrible.


Nota de la autora:

Apuesto a que no me esperaban tan rápido por acá xd. Si ya les dije que mis impedimentos por escribir no eran porque sí, sino por deberes universitarios y profesionales. Gracias a todas las personitas que me desearon un feliz cumpleaños. La verdad es que fue súper distinto y de hecho, tomaré un par de sentimientos y cosas para escribir un capítulo de esta historia, que vendrá más adelante.

Si bien es cierto, la actualización de esta vez no avanzó en el tiempo de la historia, aclaró el por qué carajos apareció Oliver en la cita, y no Ronnie Banana (el banana omitámoslo, la semana pasada justo para mi cumpleaños terminó AHS II, y me encanta Lana Banana xd).

Ya sabemos en qué posición se encuentra Ron, habrá que investigar más a Hermione… ¿Y a Oliver? ¿Lavender?

Gracias por leer! Espero actualizar así de rápido ^^


Vocabulario:

Nica: es la abreviación de NI CAGANDO xd, que quiere decir, ¡ni lo imagines, sueñes, creas, esperes, etc...!