—Estás hermosa —susurró. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Mi corazón palpitó con más fuerza, pero no de alegría, sino de asombro. Me di la vuelta para confirmar mis sospechas.
—¿Oliver?
—Guau, de cerca puedo corroborar que sí, estás muy linda —pronunció, besando con delicadeza mi mejilla.
—¿Qué haces aquí?
—¿Cómo que qué hago aquí? Soy tu cita el día de hoy
Capítulo X Facebook
Deseo
(Si quieres, puedes escuchar esta lista de reproducción en YouTube :3
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Hermione POV
Por unos instantes, me olvidé de todo el ruido que nos rodeaba. Los murmullos de las personas se fueron apagando, los motores de los vehículos, sus bocinas… todo.
Mi corazón latía aprisa, bombeaba sangre como si no existiese un segundo más de vida y dependiese de él mantenerme en pie. De pronto el exceso de líquido rojo aglomeró mis mejillas, las sentí arder cuando me cubrí la cara y di media vuelta, tratando de esconder mi expresión. Estaba avergonzada, sorprendida, nerviosa, y un poco triste.
¿Decepcionada?
¿Por qué?
¡Por qué, Hermione! Si tenías a Oliver al lado tuyo —de hecho, le estabas dando la espalda—.
—¿Estás bien? —preguntó algo preocupado.
—Sí, lo estoy —respondí volteándome—. Pensé que vendría Ron, le esperaba a él —solté impresionándome.
—Me acabo de dar cuenta —agregó, con una sonrisa de lado. Gemí con algo de angustia y volvió a sonreír ampliamente—. Le salió un compromiso con nuestro entrenador, tú sabes que él es el capitán del equipo, así que no podía faltar —comentó apoyándose en el monumento, donde seguíamos de pie— creo que trató de comunicarse con Ginny, o algo así le entendí, pero esta no podía venir. No sé por qué habrá pensado en mí —su último comentario hizo que tragara aire con más rapidez.
—Lo lamento —me excusé—. No te preocupes por mí, si tenías cosas que hacer no debiste de haber venido. Ron tuvo que haber llamado.
—Para mí no es ningún problema compartir mi tarde contigo. De hecho, ansiaba mucho venir a esta exposición, mi madre lo único que hacía en casa era hablar de esta, y se emocionó mucho cuando le pedí dos entradas.
—Tú… ¿Tú le diste las entradas a Ron para que viniésemos? —si era así, podría comprender por qué estaba aquí. Asintió como si fuese lo más normal del mundo.
Por un breve instante, sentí que alguien nos observaba. Miré hacia todos los lados pero no vi a nadie que fuese conocido.
—Se nos hará tarde si seguimos conversando aquí afuera. ¿Quieres ir a la exposición de todas formas? Podría ocupar un gorro, y así no ves mi cabello y parecería que fuese tu novio —agregó bromista. Imposible, Oliver jamás podría parecerse a Ron.
Cruzamos la calle e hicimos la fila para entrar al centro cultural. La estancia ahí fue rápida, el servicio de bienvenida era expedito. Oliver dejó las entradas con la persona de la puerta, y otro par de funcionarios perfectamente uniformados nos agrupó en decenas, con otros visitantes. Mientras un grupo era dirigido a la izquierda, otro iba a la derecha. De esa forma, se iba apreciando de mejor forma las artes que estaban en el primer piso. Aquellas tenían una historia en particular, por lo que había un encargado que se dedicaba a narrar la historia tras el objeto o pintura.
—¿Estás bien?
—Sí, lo estoy, ¿por qué preguntas?
—Pensé que estarías más emocionada —dijo desconcertante.
—Estoy muy nerviosa —se me salió. Me ruboricé, y Oliver sonrió como si hubiese ganado un par de puntos. Lo que él no sabía, era que yo lo consideraba el mejor desde hace mucho, pero por lo mismo, no podía sentirme del todo cómoda con él. Sentía que esto no debía de ocurrir.
—Tranquila. Prometo que este día será inolvidable para ti —murmuró.
Pestañeé reiteradas veces. Oliver de a poco se iba apoderando de mí, y la Hermione decepcionada por no ver al pelirrojo se convertía en fantasma.
El expositor de las obras del primer piso hablaba con cariño e inteligencia. Podía oler su conocimiento, su boca se movía con lentitud, y desde su garganta provenía la suave melodía de su voz, que era amplificada por un micrófono inalámbrico. Todos a mí alrededor le observaban y asentían, pero por más que quisiese poner atención en sus reseñas no podía, me perdía en sus movimientos y en el de las demás personas. De todas formas, había leído algo de cada una de las obras y sus autores, no estaría tan perdida.
La primera parte de la exposición había finalizado, éramos libres de deambular por el subterráneo del centro cultural, donde se encontraban las paredes llenas de pinturas, los pasillos con más esculturas, y al centro de todo, alguno de los artistas, que estarían gustosos de compartir sus emociones al plasmar sus creaciones.
—De verdad que todo esto es maravilloso, nunca me lo hubiera imaginado. Comprendo a mi mamá, pero sobre todo a ti que deseabas venir.
—El arte es la representación del alma. Así lo siento, y creo que también lo afirmo. Por eso es tan maravilloso, nunca encontrarás algo igual, porque todos podemos ver cosas totalmente distintas... y eso es lo que nos hace realmente especiales.
—Eres maravillosa, Hermione. Nadie lo podría haber dicho mejor que tú —¿Aquello había sido un piropo? ¡Merlín!—. No te avergüences, de seguro que estás acostumbrada a escuchar este tipo de halagos por parte de Ron.
—Porque él es mi novio… —murmuré.
—¿Ah? —dijo agachándose, colocando su oreja muy cerca de mí.
—Porque él es mi novio… estoy acostumbrada a su cariño, no al de los demás —comenté, un poco más alto.
—Pues deberías acostumbrarte a que te digan lo bella e inteligente que eres. Me encantaría poder sacarte una foto, no he parado de mirarte.
—¿Me permites un momento? —apunté con mi vista hacia la flecha que indicaba donde se encontraban los baños—. No tardo.
—Ve con calma, me quedaré aquí —agaché la cabeza y tomé mi bolso con fuerza, como si aquello me pudiese salvar de la situación en la que me encontraba.
Por fortuna el baño se encontraba sin mujeres, por lo que pude suspirar, tomar y botar aire escandalosamente las veces que quise. Iba a mojar mi rostro, pero recordé que llevaba maquillaje, y hacer aquel acto me dejaría como mapache.
Ahora podía comprender por qué Ron estuvo distante durante toda la semana, por qué me evitaba… de seguro que había planeado esto desde el mismo día que me dio las entradas. ¿Pero por qué no me llamó? Casi me dio un infarto cuando vi a Oliver.
—Es un estúpido… yo de verdad creí que saldría con él… —me dije a mí misma, viéndome en el espejo. Estaba decepcionada. Y en parte, no lo podía comprender, si estaba teniendo una cita con el hombre que llevaba psicopateando desde días impensados. Definitivamente no me podía entender. ¿Cómo es que estaba encerrada en el baño, perdiendo minutos con Oliver, pensando en la manera de cómo encarar a Ron?
Quise llamarlo, pero si se encontraba en práctica o reunión o lo que fuese con su entrenador de seguro que tendría su celular en silencio, y no me podría escuchar. De seguro que se conectaría a la noche a Facebook, ahí tendría que pedirle una explicación. Agradecerle, insultarle…
Algo tendría que conversar con él.
—Aprovecha de disfrutar esta oportunidad Hermione. No se te dará otra vez. Piensa que Ron así lo quiso. Él quería darte esta sorpresa, aunque fue un estúpido al escoger esta fecha, se suponía que era nuestra —me dije. Un par de jóvenes que entraron al baño me vieron con cara de asustadas, así que terminé de arreglar mi cabello —que ya se desordenaba— y salí aprisa.
Antes de llegar al patio central del subterráneo, pude divisar a Oliver, conversando animadamente con un grupo de hermosas mujeres. Cuál de todas ellas era la mejor, no sé, definitivamente tenían el cuerpo ideal, unas sonrisas perfectas, con dientes blancos y labios pintados de rojos y rosados que iban a tono con sus prendas.
No podía entender por qué me atraía y obsesionaba tanto ese hombre, si era como un imán con las mujeres. De seguro yo también estaba en ese hechizo, era el adorno del refrigerador, que solo servía para decorar y a lo más, sostener algún mensaje para que alguien lo leyera. Me sorprendían mis comparaciones, así que decidí dejarlo un momento a solas con las mujeres, y me di la otra vuelta, para seguir preciando la exposición.
El centro cultural estaba repleto con la exposición. No quise subir al primer piso, puesto que tendría que volver a tomar un recorrido dirigido, así que me quedé rondando en el subterráneo, que tenía una enorme explanada, similar a una plaza al centro, y varias habitaciones encaminadas por pasillos. Generalmente en esas habitaciones se rendían algunas academias artísticas, como escultura, pintura al óleo u otra técnica, como también artes musicales. Todos estos implementos ahora yacían guardados, para dar espacio a la enorme exhibición.
Ingresé a una habitación japonesa, donde expresamente se hablaba de los bailes típicos, su historia y mayores exponentes. Parecía como si realmente estuviésemos en dicha localidad, todo estaba ambientado, cual salón de baile típico. Recorrí los pasillos que se decoraban con pinturas del Monte Fuji y llegué a otro salón, donde había un grupo de personas escuchando a un expositor.
La señora hablaba con el grupo de estudiantes, —asumí que eran estudiantes, porque tomaban notas y grababan con sus celulares— estos se encontraban muy atentos a las palabras de aquella, por lo que silenciosamente me coloqué tras ellos.
—¿Alguien tiene alguna otra pregunta? —una de las chicas levantó su mano. Llevaba una mochila llena de pins, parches y tarjetas que le colgaban de los cierres. Aunque no me llamó más la atención aquello, sino su gorro con orejas de conejo, que caían hacia los lados—. Dime.
—Puede que no tenga nada que ver con lo que estábamos hablando, pero me gustaría hacerle una consulta, referente a algo que vi en internet…
—Ya comenzará otra vez —comentó uno de los chicos que estaba al lado de ella.
—Te escucho.
—¿Existe la historia de la Gumiho de nueve colas que se salió de un cuadro y logró encontrar el amor? —mi corazón dio un pequeño vuelco, el rostro de Ron apareció en todos los sitios, si hasta me pareció percibir su aroma alrededor…
Sus compañeros bufaron y se distanciaron de ella. Asumía el por qué, extrañamente era la disputa que habíamos tenido con Ron y Ginny hacía un par de días atrás.
—Creo que aparte de esta pregunta no tienen ninguna otra, ¿verdad? —dijo la mujer, viendo a los otros chicos del grupo. Ellos asintieron—, pueden ver las pinturas de la habitación, y yo le responderé a vuestra compañera —los nombrados se relajaron y comenzaron a fotografiar alrededor. Yo me acerqué cautelosamente hacia las dos mujeres.
—Lo siento, es que me gusta mucho ver doramas —se excusaba la chica, sonrojándose.
—Lo supuse cuando te vi —le contestó más informal—. ¿A ti también te interesa saber la respuesta? —la segunda oración iba dirigida a mí. Me sobresalté, pero le di a entender que sí, acercándome hacia ellas.
—Solo por… curiosidad —agregué. La señora camino hacia un rincón, donde se encontraba una banca alargada y nos señaló para que nos acercáramos. Ahí nos sentamos y ella comenzó a hablar.
—Una gumiho es un zorro de 9 colas, una criatura legendaria que tiene sus orígenes en los antiguos mitos chinos. Hay distintas versiones de esta figura en cuentos de China y Japón, cada uno con ligeras diferencias. La china huli jing y la japonesa kitsune tienen más rasgos morales, y dependiendo de estos pueden ser buenas o malas, y no necesariamente atacan a las personas. Sin embargo la gumiho coreana es, la mayoría de las veces, una figura maligna, carnívora que se alimenta de carne humana, y creo que te interesa saber más de ella, ¿no?
—¡Sí, hábleme de ella, por favor!
—Según la leyenda, una zorra que vive 1000 años se convierte en una gumiho, una criatura que puede cambiar de forma y aparecer con imagen de mujer. Una gumiho es mala por naturaleza, y se alimenta de corazones o hígados humanos, dependiendo de la leyenda, para sobrevivir. Por su parte, la china huli jing necesita crear su energía femenina denominada yin, consumiendo energía masculina, yang, para vivir, mientras que la japonesa kitsune puede ser mujer u hombre, y puede elegir ser bastante benevolente. La Gumiho es tradicionalmente femenina. Algunas pueden ocultar sus rasgos de gumiho, mientras que otros mitos indican que no pueden transformarse completamente. Como sea, normalmente hay al menos un rasgo físico que probará su verdadera forma, o de alguna manera mágica se verán forzadas a revelar su imagen real —hizo una pausa para mostrarnos algunos de los cuadros que estaban a nuestras espaldas. En ellos se podían apreciar pinturas de zorros. Le diría así, zorros a secas, porque algunos tenían distintas cantidades de colas, y asumía que con esa característica, cambiaban de nombre—. Al igual que ocurre con los hombres lobo o los vampiros occidentales, siempre hay variantes en los mitos dependiendo de las libertades que cada historia se tome respecto a la leyenda. Algunos cuentos narran que si Gumiho se abstiene de matar o comer humanos durante mil días puede convertirse en humana. Otros, como el que trata otro dorama, que de seguro te encantaría, donde la gumiho puede convertirse en humana si el hombre que ve su verdadera naturaleza lo mantiene en secreto durante 10 años. De cualquier forma, sin importar las reglas que siga cada historia, siempre hay varias condiciones que se mantienen: una gumiho siempre es un zorro, una mujer, puede cambiar de forma, y es carnívora.
—Eso quiere decir que… la historia que ocuparon en el dorama, ¿no es real? —la chica sonaba algo decepcionada. Pobrecita, me hizo recordar a Ginny, que insistía en lo mismo. Era obvio que no. Moví mi cabeza negativamente.
—En cine y televisión, la gumiho puede ser tanto una figura horrible o un demonio como una figura cómica, con la que reír, dependiendo del género de la historia. Además, a través de los años la leyenda ha cambiado. El dorama que a ti te gusta se llama Mi novia es una Gumiho, Ella es un demonio que elige andar sobre la fina línea de la moralidad para mantener sus rasgos humanos. Esa interpretación es mucho más cercana a la historia del "vampiro con alma" en la mitología, esos seres que luchan contra su demonio interior. Pero esto no quiere decir que las guionistas de las últimas películas y dramas se apoderen de la leyenda, sino que podemos verlo como la forma de sacarla de su territorio para apartar las antiguas versiones añadiendo nuevos matices, renovándolas.
—Habría sido lindo creer que de verdad, una gumiho estuviese esperando salir de un cuadro, para transformarse en humano y poder ser feliz junto a su amor —comentó entre ilusionada y decepcionada.
—Puede que esas cosas ocurran en la vida real —comentó la expositora. La chica y yo le vimos con sorpresa. Ella buscó en el bolsillo trasero de su pantalón y sacó un afiche doblado en ocho partes. Lo estiró con cuidado y luego nos lo mostró—. ¿Qué ven?
—Es un afiche de Mc Donalds —respondí. Se veía claramente la oferta de las hamburguesas y papas fritas —ella volteó el afiche, y por un instante, quise llorar.
Detrás de este, se encontraba un muy mal dibujado zorro, con una cola. Había un par de árboles al fondo, tratando de pasar desapercibidos.
—Sé que la historia del dorama no existe, porque está basado en las leyendas típicas de Asia, pero muchas personas hoy en día, esperan a 'su alguien especial' que los libere del encierro en el que se encuentren. Así como estaba gumiho. Así como este dibujo.
—Qué linda forma de comprender el mensaje, creo que me gusta muchísimo más —confesó la chica, ilusionada nuevamente—. La historia si existe, puede que todas seamos gumihos, y esperamos a que nos dibujen las colas para salir y encontrar el amor. Muchas gracias, señora Park —la joven se inclinó y se fue donde sus compañeros dando saltitos. Yo seguía viendo el dibujo, tratando de no llorar.
—Usted… ¿usted lo hizo? —pregunté con duda. Mi corazón volvió a saltar cuando ella movió su cabeza negativamente.
—Me lo entregó un joven, cuando llevábamos poco tiempo de comenzar la exposición. Fue mi salvación, no hubiera sabido cómo explicarle a esa jovencita que todo lo ficticio, tiene mucha relación con la realidad… ¿le pasa algo? —inquirió. De seguro que ya no estaba aguantando las lágrimas, sentí un pequeño frío recorrer mis mejillas.
—¿Cómo era el joven?
—Fuera de lo común —dijo con gracia. Estaba segura que era Ron, él era totalmente fuera de lo común—. ¿Lo quieres? —preguntó.
¿Qué si lo quiero? No sabía, sentía tantas cosas en este instante que de lo que menos estaba segura era de mis respuestas. Querer a Ron era un hecho, pero quererlo de la forma en que ella se refería, era difícil de averiguar, tenía el corazón a flor de piel.
—¿Lo quieres? —volvió a preguntar.
—No lo sé —respondí con duda.
—Yo no lo quiero, yo dejé de ser una gumiho hace tiempo. Alguien dibujó las ocho colas que me faltaban, y soy completamente feliz —agregó, entregándome el dibujo. Un nuevo grupo de personas entró al salón, ella hizo una pequeña inclinación de cabeza y se fue donde aquellos.
Tomé el dibujo y lo estreché contra mi pecho.
El estúpido de Ron Weasley, había ganado la apuesta.
.
—¡Hermione! Creí que te habías marchado, te he buscado por todas partes.
—Estaba en los salones de la vuelta, me entretuve con una exposición dirigida. Lo lamento, Oliver —el nombrado suspiró y su preocupación desapareció.
—¿Quieres ver algo más de la exposición? —ya había visto lo principal, y lo más importante, así que podía regresar a mi casa con algo más de seguridad.
—No, creo que está bien.
—¡Bien! Entonces, iremos a comer, conozco un restaurant de lujo que está a un par de cuadras…
—Gracias por la invitación, pero prefiero ir a mi casa.
—Estás loca si crees que te dejaré ir. ¿Es por el dinero? No te preocupes, yo te invito, recuerda que nosotros estamos en una cita, déjame atenderte, por favor —en parte tenía razón. Conocía los gustos de Oliver y no eran tan económicos. Y por otra parte, mis pies ya no daban más, no estaba acostumbrada a estar tanto tiempo con zapatos de taco, por muy bajitos que fuesen.
Le sonreí como respuesta, y comenzamos a caminar hacia el exterior. Estábamos en pleno invierno, por lo que las calles ya estaban iluminadas con los postes eléctricos. El sol apenas se veía a lo lejos. Pronto oscurecería.
Al ser fin de semana, había mucho tránsito en las veredas. Oliver y yo caminábamos muy juntos, y a veces nuestros brazos rozaban entre sí. Al principio me daba mucha vergüenza, pero con el pasar de las cuadras me relajé.
—Oliver… aquí…
—Las damas primero —pronunció, colocándose al lado, mientras el encargado de la puerta nos la abría para que entrásemos.
—Buenas noches. ¿Tiene reserva?
—No, no tengo. ¿Tiene disponibilidad? —el señor miró hacia atrás, intercambió unas señales con otro mozo y nos indicó el camino. Nos acomodamos en una mesa que quedaba en una de las esquinas, y daba justo al exterior.
—No sientas vergüenza. Estos vidrios son polarizados. Nosotros podemos husmear hacia el exterior, pero ellos no nos husmearan —agregó. Me sorprendía que Oliver pudiese entender muchas cosas, sin que yo se las pudiera decir.
Otro mozo nos trajo la carta. Muchos nombres de comidas que solo conocí por los libros y la televisión aparecían frente a mí. No sabía qué pedir, por lo que opté por lo más sencillo y supuestamente, barato.
—Y me trae el mejor vino que tenga —agregó Oliver, luego de pedir su plato.
Me puse a jugar con la servilleta del frente, la doblaba de distintas formas y la volvía a su estado normal. En ese instante llegó el vino. Un catador le ofreció a Oliver sacar el corcho, luego nos lo sirvió como solo él sabe hacerlo, y nos dejó el líquido ahí, dividido en un par de copas.
—No soy de beber mucho…
—Haremos un brindis, por el día de hoy. Por tu linda compañía, porque fuiste la más radiante de la exposición, y en este sitio —pasó por mi cabeza el grupo de chicas que asechó durante mi ausencia, mas el 'chin' de nuestras copas cortó las imágenes mentales. Llevé a mi boca el líquido. No me gustaba el vino, pero este tenía un sabor distinto, asumía que era por su calidad. Tan solo bebí un poco y ya sentía mis pies más ligeros.
Conversamos de la exposición, mientras esperábamos nuestros platos. Y seguimos de la misma forma, mientras los degustábamos.
La ira con Ron había desaparecido, estaba segura que había sido él quien había dibujado el zorro en el afiche, pero ¿en qué momento? Muchas cosas no calzaban. Bebí otra copa de vino.
Ahora que lo pensaba mejor, la ira había aumentado, muchos cabos sueltos me desesperaban. Necesitaba ver a Ron ahora mismo, por muy buena que estuviese la comida con Oliver, y este vino…
—¿Te ha gustado el postre? —preguntó.
—Ha sido uno de los mejores que he probado. Prometo que cancelaré mi parte.
—Estás loca, no lo aceptaré jamás. A cambio me puedes invitar a salir, me gusta mucho jugar en las maquinitas. Con eso me daría por pagado.
—¿Quieres que salgamos otra vez? ¿Tu novia no se enfadará?
—¿Novia? ¿Qué novia? Yo no tengo ninguna, son solo amigas —tremendo concepto de amiga que tenía él.
—Ah…
—Estoy soltero.
—Entiendo…
—Busco a alguien desde hace un tiempo —comentó más serio—. La verdad es que deseo conocerla mucho más, porque no quiero hacerle daño. Sé que soy un picaflor, las mujeres creen que juego con ellas, pero si saben que soy así, no sé por qué se meten conmigo. Soy hombre y la carne es débil. Por eso que no quiero dañar a esa persona, porque sé que tiene sentimientos hacia mí —finalizó mirándome. Trágame tierra, sentía que ese discurso iba hacia mí, pero sería demasiado—. ¿Crees que esa mujer me corresponderá? —preguntó, sin dejar de observarme—. Si tú fueses esa mujer, ¿qué me dirías?
Esta era mi oportunidad. Era la oportunidad de decirle tantas cosas. Tendría el coraje dado por el brebaje, tendría la estabilidad porque estaba sentada, estábamos solos.
—Si esa chica fuese yo… probablemente sería la más feliz el universo —musité, mirando mi plato—, porque a pesar de todas las cosas que dicen de ti, o lo que aparentas ser, sé que eres un buen hombre, caballero, preocupado, buen alumno, con metas concretas. De verdad que estaría feliz —comenté, mirándole—. De seguro que ella será muy feliz. Espero que esté soltera.
—Gracias por tus palabras. Ron tiene a una hermosa mujer a su lado. Si yo fuese él, tendría un poco de cuidado —dijo riéndose. Me ruboricé, pero le seguí su juego.
Entre nuestras risas escuché una similar. Miré disimuladamente hacia los lados y no vi a nadie conocido. Pero me fijé en el vidrio polarizado, y vi a una chica rubia, acompañada de un pelirrojo, aprovechando el semáforo para ir a la otra cuadra.
—¿Hay alguien conocido al otro lado?
—Mi mamá, creo que la escuché…
—¡Vamos a saludarla entonces!
—¡No! Será mejor que me vaya, Oliver.
—Te voy a dejar…
—No, ya has hecho mucho por mí el día de hoy. Te agradezco por todo, de verdad. Pero prefiero salir ahora, e ir a buscarla, así aprovecho de marcharme con ella.
—Puedo acompañarte.
—No es necesario —nunca creí que querría sacarme a Oliver de encima.
—Nos vemos, Hermione —respondió, resignado.
—Gracias, y disculpa por irme tan aprisa.
—No creas que te librarás así de mí, te cobraré por la cena —tomé mi bolso y salí con paso apresurado hacia fuera.
Esperé pasar el restaurant para tratar de correr lo más rápido que podía con mi ropa. Malditos tacos.
Si seguía el camino que ambos habían tomado, podrían estar quizás en la plaza. La noche y su brisa ya estaban instaladas en la ciudad. Sentí frio cuando me detuve a descansar. No era buena haciendo deportes, respiraba como si no hubiese un mañana.
Me senté en uno de los bancos de la plaza, bajo un farol y esperé a que me recompusiera. Adiós peinado, adiós maquillaje. Adiós a la Hermione bonita.
—Se tienen que haber ido a otro sitio… o quizás fue mi imaginación —mi respiración volvió a la normalidad y retomé el camino.
Y al doblar por el sendero de árboles, me los encontré de frente.
Quise pronunciar su nombre. Quería hacerlo con todas mi fuerzas, pero no podía. No podía articular palabra alguna. Mi lengua estaba muerta, mis ojos se dedicaban a pestañear más rápido de lo común, y solo atiné a tratar de arreglar mi cabello.
Podía sentir como Ron me devoraba con la mirada. No era capaz de mirar a ambos, me sentía tan invasora, tan extraña, tan fuera de lugar. Y no sabía por qué, pero dolía tanto…
—Hermione —Ron pronunció mi nombre. Instantáneamente le vi a los ojos. Tratábamos de comunicarnos, pero no podíamos.
—Creo que llegó la hora de despedirnos, Ron —habló Lavender, arreglándose la chaqueta—. Gracias por acompañarme el día de hoy, hablamos —agregó. Me observó y pronuncio un débil adiós.
Los dos seguimos mirándonos, como si no tuviésemos lengua para hablar.
—Debes tener frío —dijo, sacándose su chaqueta y colocándomela sobre mi espalda.
—¿Estuviste todo el día con ella?
—Sí —contestó, sin dejar de observarme—. Tú estuviste con Oliver.
—Porque tú lo planeaste de esa forma.
—Creí que te gustaría.
—¡Tendrías que habérmelo dicho!
—¡No habría sido una sorpresa!
—¡No es excusa para haberte distanciado de mí durante toda la semana!
—¡No me distancié de ti!
—¡Sí lo hiciste!
—¡No!
—¡Si! —grité más fuerte. Respiraba con fuerza, cerré los ojos para calmarme.
—Estás hermosa —comentó luego de un silencio.
—Gracias —respondí burlona. No dejaría que Ron se riera de mí.
—Es la verdad —insistió, acercándose a mí. Di un paso hacia atrás, pero solo ahí sentí el dolor de mis pies, al haber corrido. Él de inmediato acortó la distancia y me estrechó entre sus brazos. Me apoyó en el banco más cercano y no dejó de observarme por ningún momento. Ahí estaba de nuevo, jugando con mi corazón, con mi estabilidad mental—. Sí que estás bella, hoy luces como tú —comentó. Tomó uno de mis rizos mal formados y lo dejó detrás de mi oreja. Su mano tibia recorriendo parte de mi mejilla me sobresaltó—. A veces dudo de tu inteligencia, no sé cuál es tu afán de exponerte tanto al clima —agregó, mientras me abrazaba contra su cuerpo—. Perdóname… no pensé que te molestaría tanto mi sorpresa. Creí que la estaba haciendo de oro, pero la jodí.
—Era nuestro día —murmuré tontamente—. Te esperé durante toda la semana.
—Fui un imbécil, perdóname —repitió, sin dejar de abrazarme. A este punto mis manos le recorrían su baja espalda, respondiéndole su muestra de cariño.
—Sí que lo fuiste —opiné, inhalando el aroma que se desprendía de su pecho.
—¿Te divertiste en la exposición?
—Me habría divertido más si hubiese ido contigo —respondí, con total afirmación. El corazón de Ron bombeaba con más fuerza en su pecho. Aquella melodía la repitió casi inmediatamente mi corazón —. Ganaste la apuesta, el cuadro de gumiho sí existe —agregué, mirándole.
Ron sonrió de oreja a oreja. Me daba a entender que era la mejor noticia que había recibido en el día.
—No sé cómo lo hiciste, pero fue hermoso —seguí hablando. Iba a sacar el dibujo, pero Ron tomó mi mentón, y llevó mi boca a la suya y me besó.
Nos besamos.
Y cada vez, era de una forma distinta.
Cada vez, se sentía mejor.
Mis pies se doblegaban ante la falta de fuerza, me sentía débil en sus brazos, pero sabía que no caería, él me mantendría junto a su cuerpo, mientras nuestros labios se cambiaban de posición, para sentirse aún más unidos.
Necesitaba respirar, pero no quería hacerlo, no quería cortar con la magia del momento. Todo lo malo desaparecía, me olvidaba del diario vivir, de la hora, del lugar, de quien pudiera estar viéndonos, porque solo existíamos nosotros.
Cortamos el beso juntos porque ya no podíamos seguir con él, y apoyamos nuestras frentes. Por alguna extraña razón, no podía mirarle, era como si por cada beso, por cada cercanía, me enterraba más a su presencia.
—Te acuerdas… que… aquella vez en tu casa… ¿hicimos una apuesta? —habló entrecortadamente.
—Hum… el que ganaba, tenía derecho de pedir un deseo —Ron se distanció un poco de mí y no dejó de observarme—. ¿Qué deseas?
—Deseo que te olvides de Oliver.
Nota de la autora:
Hola mis niñas lindas. Aquí vengo a traerles un nuevo capítulo, creo que el último de las vacaciones (acá en Chile estamos de vacaciones ^^, bueno estábamos xd).
Gracias pos sus comentarios, no saben lo mucho que me animan! Y espero que esta actualización haya sido de su agrado. La información que dice la señora expositora NO LA ESCRIBÍ YO, por eso está en cursiva, es la traducción de una chica que participa en un blog de cultura asiática, Si es destino, se llama el blog, si desean visitarlo.
Siempre escribo con música, y pensé en crear un playlist en YouTube con las canciones más… típicas? Del capítulo de hoy. (1 de cada 50 canciones que escucho, es en español xd, así que escasamente me verán recomendando algo en mi lengua materna xd) estoy escribiendo rápidamente lo de aquí aajo, pueto que son pasadas las cinco de la mañana, y tengo algo de sueño, así que nos leemos.
¿Opiniones? ¿Dudas? ¿Tomates? (igual me gustan xd jajajajaja) espero sus adorados comentarios :3
