Cortamos el beso juntos porque ya no podíamos seguir con él, y apoyamos nuestras frentes. Por alguna extraña razón, no podía mirarle, era como si por cada beso, por cada cercanía, me enterraba más a su presencia.
—Te acuerdas… que… aquella vez en tu casa… ¿hicimos una apuesta? —habló entrecortadamente.
—Hum… el que ganaba, tenía derecho de pedir un deseo —Ron se distanció un poco de mí y no dejó de observarme—. ¿Qué deseas?
—Deseo que te olvides de Oliver.
Toda la música con la cual escribí este capítulo, se encuentra decorando mi Tumblr. Puedes dejarlo abierto y leer mientras tanto :') nekiiito . tumblr . com
Capítulo XI Facebook
Confesiones
Ron POV
Aquellas palabras salieron de mi boca como si mantenerlas dentro me estuviese quemando. Apenas dichas, sentí como el aire frío entraba por mi garganta, y despejaba la tibieza que dormía en mi estómago, disipando ese calor por todo mi cuerpo. Pero bastaron unos segundos, un par de segundos para que el frío absorbiera cada vena cada arteria de mi cuerpo, porque en dos, tres segundos, mi cerebro analizaba lo que mi corazón había gritado por medio de un susurro. Olvídate de él, olvídate de él…
Hermione me observaba algo confusa, escudaba sus ojos por medio de pestañeadas permanentes, algo notorias. De a poco sus mejillas adquirían el color de la vergüenza, el color de la vivacidad.
—¿Por qué quieres que me olvide de él? —preguntó. Era ella quien en este preciso instante, no dejaba de mirarme. Hubiese deseado por un momento que dejara de hacerlo. Toda la fortaleza de hacía unos momentos con suerte me mantenía de pie. Sus ojos se iluminaban con el farol del parque, su cabello se matizaba entre el castaño claro y un clásico dorado… Hermione adquiría una belleza nueva, no importase el tiempo que la pasase observando, siempre encontraba algo mejor en su persona.
—Porque no te conviene, y quiero que seas feliz —respondí. Hermione era inteligente, ella sabía que no le decía la verdad. Bajó su mirada y se quedó pendiente de sus zapatos. Suspiró con decepción y se sacudió los brazos por el frío.
—Desde hace un tiempo dices lo mismo; que no me conviene, que debería buscar a alguien mejor, y también te he dicho que estoy aprendiendo a ver ciertas cosas, pero tú tampoco eres claro con lo que deseas —dijo, con algo de furia—. ¡Fue tu idea que me juntase con Oliver! —gritó, saliendo de sus casillas—, y tienes el descaro de pedirme que me olvide de él. No puedo entender, si la única razón que me das, es que 'no me conviene'
—Creo que esto se está saliendo de control —interrumpí. Hermione se tragó su nuevo discurso, cargado de energía y me miró nuevamente—. Creo que el plan… no está resultando.
—A qué te refieres con que… no está funcionando.
—No necesitas que te lo explique, ¿o sí?
—Deberías, porque me confundes.
—¿Quieres que te diga todo? ¿Ahora? ¿Aquí? —dejamos que la brisa hablase por nosotros. En menos de diez minutos, nos habíamos enojado, arreglado, besado y vuelto a enojar.
—Si es lo que estoy pensando… prefiero esperar un poco más. Me da miedo.
—Cuánto.
—No lo sé, un poco más, hasta que tú —hizo una breve pausa— y yo… nos enfoquemos en lo que pensamos en un comienzo.
Pude ver en sus ojos que no estaba tranquila.
Yo tampoco lo estaba. Podría evitarme el mantener oculto mis sentimientos, no es que no estuviese seguros de ellos, pero no podía comparar prácticamente toda mi vida amorosa compartida con una sola mujer, y que ahora mi corazón estuviese sintiendo tantas cosas por una chica que si bien era cierto, la conocía de hace años, era cercana a mí en este breve tiempo. Sentía que por cada paso que daba retrocedía dos. Los tiempos se me confundían… si parecía que desde años atrás había compartido estas emociones por Hermione, pero no.
—Aún… aún estamos a tiempo de disfrutar de nuestra primera cita —comenté. Hermione no respondió—. ¿Estás enojada?
—Estoy cansada.
—Y eso que saliste recién a las cuatro de la tarde de tu casa. Yo estoy de temprano en el centro y ni siquiera me quejo.
—¿Con Lavender?
—¿Celosa?
—Te hice una pregunta.
—Sí. Estuve casi todo el día con ella. Desde la mañana. Conversamos, almorzamos juntos, incluso fuimos al cine.
—Al menos… ¿la pasaste bien?
—¿Ah?
—Que si la pasaste bien… me imagino que igual extrañabas estar con ella, ¿no?
—Te mentiría si te dijese que la pasé mal… o bien —agregué. Lo último pareció alegrarle un poco. Sonrió tan solo por un segundo y luego volvió a su seriedad—. No puedo ser ajeno a Lavender. Independiente de que no seamos pareja, y de que mis intenciones en un principio eran recuperarla a como dé lugar. Verla durante esta última semana me ha servido para aclararme.
—¿Te juntaste con ella durante la semana?
—Nos vimos en la universidad y me invitó a almorzar. Me agrada saber que tienes celos.
—No son celos. Deseo cubrir mi reputación. No quiero que hablen cosas malas de mí.
—Lo sé, lo sé, no tienes por qué temer. Ven, vamos a dar una vuelta.
—Te dije que estoy cansada —le creí. Su rostro denotaba lo que decía.
—Entonces vamos a mi casa.
—Después se me hará muy tarde para regresar a la mía.
—No tengo problemas en llevarte. Vamos —le ofrecí mi mano. Tardó en responder a la invitación, y con algo de duda entrelazó sus dedos con los míos. Fue el choque de nuestros tactos el que me hizo desear tenerla nuevamente entre mis brazos, pero me contuve y salimos del parque, en dirección al estacionamiento del vehículo.
Caminábamos en silencio. No es que no tuviésemos tema de conversación. De hecho podría estar hablando con ella de muchas cosas, pero sentía que comunicábamos muchas otras de esta manera; acompañados, pero sin palabras, solo tomados de nuestras manos.
Pasamos por el frente del centro cultural. Ya casi no había presencia de público, y por medio de los ventanales se podía apreciar el ajetreo de los expositores.
—¿Cómo…? ¿Cómo fue que ocurrió lo de Gumiho —preguntó. Se había demorado mucho.
—¿Te cuento la verdad? —solo asintió. Seguimos caminando—. Me arrepentí de la sorpresa que quise darte, así que traté de llegar antes de que te encontrases con Oliver, para que vinieses conmigo.
—¿Eso es verdad?
—Sí. Mi nuevo plan era ir a buscarte, y pedirte que esperaras un momento por mí. Despacharía a Lavender porque aunque no lo creas, hoy la acompañé como amigo a hacer unos trámites y a cambio me llevó a almorzar y bueno, el cine no estaba planificado y… ya, volviendo al punto principal, quería que pasáramos nuestro día, como se suponía que debía ser.
—Entonces, ¿por qué no me fuiste a buscar? Yo te habría esperado —agregó, con tono infantil.
—Llegué muy tarde, Oliver ya estaba contigo, y no sabía que me deseabas tanto —comenté con algo de risa. Hermione rodó los ojos y esperó a que siguiese hablando—. Me sentí sumamente mal, ahí me di cuenta de que lo que había hecho había sido realmente tonto. Entonces vi el centro cultural, y quise comprobar si existía el cuadro de la Gumiho. Obviamente no pude entrar, no tenía entradas, y maldecí mi estupidez por segunda vez. Entonces vi a un par de promotoras, muy buenas mozas, y me dieron un afiche de Mc Donalds. Les pregunté si tenían un lápiz o algo por el estilo, y dibujé el cuadro atrás del afiche, en toda la parte blanca. Sé que no soy el mejor dibujante del mundo, pero tienes que asumir que ese cuadro quedó hermoso —me auto alagué y eso pareció causarle risa. Pude ver como buscaba con su otra mano el afiche, que de seguro lo tenía guardado en su bolso.
—¿Y cómo entraste?
—No fue necesario. Estaba viendo mi obra de arte, cuando una mujer se acercó a preguntar si eso era una mala copia de un supuesto cuadro de Gumiho —Hermione estalló en risas, al punto que dejó mi mano para cubrir su rostro. Dejó de caminar y cuando se relajó volvió a tomarla con naturalidad. Aquel gesto me encantó—. Le conté más menos mi situación, y asumió que se encontraría contigo abajo, porque más que mal, ibas a comprobar si era verdad o no lo del cuadro. Supe en ese instante que el cuadro no existía, que era historia netamente de un dorama, pero que la historia de las Gumihos uno las podría traer a la vida real, así como lo estaba haciendo en ese instante.
—Si hubiésemos venido juntos no habríamos encontrado 'el cuadro', y yo habría ganado la apuesta.
—¿Qué hubieses deseado? —quise saber inmediatamente. Hermione miró hacia atrás y sonrío. Dijo algo que no pude escuchar, porque pasó un camión, provocando un fuerte estruendo—. ¿Qué cosa?
—Lo siento, no lo diré dos veces —respondió segura. Le tomé de la cintura y ella dio un pequeño saltito. Ya estábamos pronto de llegar al estacionamiento y el resto de camino que nos faltaba nos la fuimos jugando. El ambiente entre nosotros volvía a inundarse de tranquilidad y confianza. Apenas nos subimos a mi auto, Hermione se sacó sus zapatos y acariciaba los dedos de sus pies.
—Puedes ocupar un par de zapatillas de Ginny.
—Es lo que estaba pensando… —sintonizó una emisora radial, y fueron las canciones que nos acompañaron en el trayecto.
Llegamos al estacionamiento de los departamentos y le dije que esperase en el asiento del auto. Salí del vehículo y le abrí la puerta. Sorpresivamente la tomé entre mis brazos.
—¡Qué haces!
—Cómo que qué hago, ¡te estoy cargando!
—¡Bájame!
—Estás loca, te has estado masajeando tus pies todo el viaje, y antes me recriminabas que con suerte podías caminar. Te llevaré hasta nuestro piso —Hermione protestó, pero no pudo hacer mucho por culpa de su ropa. Si se movía mucho, dejaría a la vista ciertas cosas que asumía, no quería que viese.
Me sorprendió el llegar a casa y no encontrar a Ginny. Se suponía que estaría aquí. El departamento era realmente solitario y aburrido sin mi pequeña y odiosa hermana.
—¿Habrá salido con Harry? —dijo Hermione, mientras yo encendía la luz de la habitación central. Mi hermana había dejado una nota en el refrigerador.
—"Me quedaré en casa de Harry, agarró una gripe que lo tiene muy mal, y seré su enfermera"
—Sí claro, una gripe… lo que tienen ambos es una calentura imparable —acusé para mí mismo.
—¿Dijiste algo?
—No, nada importante. Ponte cómoda. Ginny no llegará, así que estamos solos.
—Ah… ¿prefieres descansar? Aún estoy a tiempo de tomar una locomoción e irme a mi casa.
—Estás loca, acabas de llegar y… no quiero quedarme solo.
—Puedo… ¿puedo ocupar el baño?
—Pasa, estás en tu casa —ella asintió, agarró su bolsito y se metió ahí. De pronto, una especie de nerviosismo comenzó a recorrer mi cuerpo, y un montón de ideas desenfrenadas comenzaron a surgir en mi cabeza—. Contrólate, mierda. Contrólate.
Abrí y cerré reiteradas veces el refrigerador. Era como si tratase de concentrarme en algo, y eso era lo único que mi cuerpo podía hacer. Miraba la hora del reloj, pero no ponía atención. En el living, y producto del silencio nocturno, pude escuchar el vibrar de un celular. Toqué mi bolsillo y ahí tenía mi móvil.
—¿Hermione? ¿Tienes tu celular?
—Creo que no, parece que se quedó en el sillón. ¿Alguien llama? —contestó desde el baño.
—Creo que sí. Iré a ver —salté hasta la otra habitación—. ¡Es tu madre! Le contestaré. ¿Aló?
—¿Ron?
—El mismo… ¿cómo está una de las mujeres más bellas de la ciudad?
—¿De la ciudad solamente? —preguntó, siguiéndome el juego.
—Qué iluso, ¡del mundo entero!
—Muy bien, me imagino que Hermione y tú la han pasado bien durante la tarde, ¿cierto? ¿Ella está por ahí?
—Ahora está en el baño.
—Podré contarte entonces lo feliz que estaba de verte hoy, se probó un montón de prendas para ver cuál le quedaba mejor, y optó por la que combinara con tus ojos. Creo que le encantan —las confesiones de la madre de Hermione, de alguna u otra forma, me provocaban una sorpresiva alegría.
—Está hermosa, como siempre. ¿Es muy urgente su llamado?
—Quería preguntarle si se podía quedar en casa de Ginny,… mi marido y yo tenemos una cirugía de emergencia y debemos de atenderla dentro de unos minutos, y creemos que no alcanzaremos a regresar esta noche a casa. No me gusta cuando Hermione se queda sola, siempre me preocupo, sobre todo si hoy hay partido en el estadio que está cerca de nuestro vecindario. No todos los hinchas son fieles al fútbol, muchos causan destrozos y… y si mi marido se entera que te digo a ti que le acompañes, probablemente te dejaría estéril —ante su divertida conclusión solo reí nervioso—. Pero si Ginny no está en casa, ¿la puedes regresar?
—No se preocupe, Sra. Granger, mi hermana está en su dormitorio, Hermione siempre es bien recibida en este lugar. ¿Le digo que le llame cuando salga del baño?
—No es necesario, ya hablé contigo, gracias Ron, y cuida a las mujeres.
—Lo haré, que le vaya bien en el trabajo —me sentí mal por mentirle, pero necesitaba de este momento con Hermione, para no sé, conversar, solo estar con ella. Eso era lo que necesitaba; poder recompensar el día, nuestro día, que no habíamos compartido como tal.
—¿Qué quería mi mamá?
—Me pidió que te cuidase.
—¿Quiere que me vayas a dejar?
—No, me pidió que te quedases aquí.
—¿Está loca?
—Dice que trabajarán hasta tarde con tu papá, y le preocupa los delincuentes que pueden rondar tu vecindario, por el partido de fútbol y todo ese show.
—Había olvidado completamente ese detalle… ¿pero le dijiste que Ginny no está en casa? —negué con mi cabeza, y luego alcé mis cejas de forma sugestiva para que su rostro algo desenfocado se traumatizara otro poco más—. ¡Ron! Le mentiste a mi mamá, y ella que te quiere tanto.
—Me siento culpable por eso. Pero por ninguna otra cosa más. No haré nada contigo. Nada de lo que no desees hacer —le vi preocupada, así que decidí dejar el juego de seducción. Hermione era muy niña en muchas cosas en cuanto a relaciones—. No te haré daño, Hermione, sabes que no lo haría jamás. Puedes dormir en el cuarto de Ginny, yo me quedaré en mi habitación —asintió y se encaminó hacia el dormitorio de mi hermana.
Le vi desaparecer por la puerta y me adentré a la cocina. Me preparé algo ligero pero contundente. Tenía un poco de frío y hambre, así que lo mejor sería una buena dosis de fideos chinos. No era lo mejor del mundo, pero se cocinaban rápido y mientras los comías, tu rostro se llenaba del vapor, y eso, según mi hermana, era bueno para la piel.
Comí en silencio. No es que me gustara permanecer en ese estado, pero quería estar atento a cualquier ruido que proviniese del cuarto de mi hermana. Al parecer, Hermione se había quedado dormida, porque no podía escuchar sonido alguno, ni siquiera las teclas del notebook o algo por el estilo. Tenía mucha curiosidad de saber qué es lo que se encontraba haciendo, pero si me introducía a la habitación sin algún plan, lo más probable es que me sacarían a patadas.
Fui a buscar las películas que tenía en mi pieza. De seguro que alguna le gustaría. Le ofrecería compartir un momento grato conmigo, comentar una cinta cinematográfica, mientras comíamos palomitas de maíz caseras. Seleccioné varias, las dejé todas juntas en la mesa de la cocina, mientras metía dentro del microondas las palomitas. Aproveché de lavar los utensilios que había ocupado cuando comí ramen. La campanilla del electrodoméstico sonó, me quemé las manos al sacar el pocillo y volaron un par hasta el piso. Las tapé con un mantel y me quedé un momento tras la puerta de la habitación.
Golpeé suavemente la madera, pero no recibí respuesta. La puerta estaba entreabierta, así que asomé mi cabeza para ver qué hacía.
Hermione estaba durmiendo encima de las tapas de la cama, enrollada cual oruga. El piso alfombrado me permitió caminar sin cuidado por la habitación. Abrí el ropero y saqué una frazada para taparla. Sus brazos estaban algo helados.
Estaba completamente dormida, si hasta podía escuchar un débil ronquido que provenía de su garganta. Le quité unos cuantos cabellos que tapaban la visión de su rostro, y me quedé como bobo cuidándole su sueño. No sé cuántos minutos transcurrieron, pero me llené de paz, mientras le observaba respirar pausadamente, con su boca entreabierta, invitándome a que encajara por unos instantes mis labios. Lo iba a hacer, pero el molesto ruido de las notificaciones de Facebook me interrumpió.
Observé el notebook de mi hermana, estaba encendido. Fui hasta el escritorio y pude ver que Hermione había iniciado su sesión en Facebook. Le había llegado un mensaje privado.
La curiosidad mató al gato, pero como yo no era ningún felino, apreté el ícono y me sorprendí al ver que era una conversación con Oliver. No lo pensé dos veces, y decidí ver el historial.
Era la primera vez que conversaban, y ella misma había iniciado la interacción:
"Muchas gracias por haberme acompañado el día de hoy. De verdad que quería ir a la exposición. Pero nunca más, por favor, nunca más, me digas mentiras respecto a Ron. Si él estaba con Lavender, tuviste que habérmelo dicho. Entre ambos no hay secretos, y créeme que no soy celosa. Sé lo que es mío, y lo que no. Y mantendré mi promesa, algún día tendré que pagarte por la rica comida que compartimos al final. Gracias nuevamente".
"No tienes que agradecerme nada, Hermione. Para mí fue un gusto el poder compartir mi tarde contigo, y estoy dispuesto a compartir muchos otros días, si se da la oportunidad. Obvio que como amigos, y si todo resulta mejor, quizás como algo más. Te mentí porque temía hacerte daño, no quería que te sintieras traicionada. Quiero que seas feliz, solo eso".
"Soy muy feliz, no sabes cuánto… y a pesar de las cosas que ocurrieron hoy, mi día terminó muy bien. Gracias de nuevo, nos vemos en la universidad".
"¡Te llamaré para cobrar tu promesa!" —fue lo último que había escrito, y Hermione no alcanzó a leer. Quise borrar el historial, pero aquello sería invadir demasiado la privacidad de Hermione, así que solo me limité a comprobar una pequeña cosa que me tenía dando vueltas del otro día.
En su buscador de amigos escribí el nombre "Víctor". No apareció ningún sujeto con dicho nombre, así que asumí que aquel no tendría su nombre real en Facebook. Me las di de detective, y revisé la sección "ver amistad" que tiene Hermione con mi hermana. Ahí salían sus amigos en común, (que eran demasiados), y entre ellos, un tal "Viktor Krum". Vi su perfil, sus fotografías, las cosas que escribía… un tipo común y corriente, a mi juicio. No estaba soltero, mantenía una relación con una joven.
Escuché a Hermione voltearse en la cama, así que volví a su 'Inicio', cerré el notebook y salí inmediatamente de la habitación.
—Ginny te está pegando lo copuchento, Ron —me dije al sentirme seguro. Corrí las cortinas del living. A pesar de que las ventanas estaban cerradas, podía darme cuenta de cómo el viento trataba de entrar a la habitación. Estornudé.
Encendí la luz de la lámpara de mesa y apagué la central. Me estiré en el sillón y esperé a que me diera sueño, para poder marcharme a mi habitación. Pero cerré mis ojos, y no supe de mí, quizás hasta qué hora.
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Desperté con algo de tos, con la necesidad de abrigarme un poco más. Ahí caí en cuenta de que estaba cubierto por la misma frazada que le había dado a Hermione, mientras dormía. Abrí mis ojos con lentitud. Aún era de noche, podía ver el cielo oscuro, y la lámpara seguía encendida. En la mesa central, había un pocillo con agua.
—¡Qué bueno que despertaste! —susurró con alegría. De inmediato posó su mano en mi frente. Su rostro estaba muy cerca del mío, un escalofrío recorrió mi cuerpo completamente y me sacudí—. Aun no te baja toda la fiebre.
—¿Fiebre? ¿Estoy enfermo?
—Eres un idiota, Ron Weasley. ¿Cómo se te ocurre quedarte dormido en el sofá que está al lado de la ventana en pleno invierno? ¡Y ni siquiera abrigado! —a medida que despertaba iba recibiendo de forma no tan gustosa los malestares. Mi garganta picaba, la cabeza me dolía, al igual que mi cuello. Y el frío, el maldito frío.
—¿Qué hora es?
—Alrededor de las tres de la mañana.
—¿A qué hora despertarte?
—Da lo mismo. Ven, te llevaré a tu habitación. Ayúdame —Hermione me ofreció sus manos para que me pudiese levantar. Mi cuerpo estaba completamente 'cortado'. Apenas me puse de pie perdí algo de estabilidad, y Hermione quedó bajo mi cuerpo y el respaldar del otro sillón.
—Creo que me gusta estar enfermo —opiné. Ella parpadeó reiteradas veces, balbuceó algo que no pude entender del todo y colocó mi brazo detrás de su espalda, para ayudarme a caminar. No estaba tan mal, recién me estaba enfermando así que todo esto era más por alharaquiento que otra cosa, pero ser atendido por Hermione… cielos, era maravilloso.
Caminamos hasta mi cama, y me lancé dramáticamente, llevándomela conmigo. Me quejé y ella se quedó quieta. Podía escuchar como latía su corazón, mientras me iba colocando sobre ella para incorporarme. Los cabellos de Hermione estaban revueltos en toda mi cama, respiraba con su boca entreabierta. Maldición, tenía unas ganas enormes de besarla ahí mismo. Me acerqué demasiado a ella, y escondí mi nariz en su cabello. No sé si era por la fiebre, pero sentía que todo mi cuerpo quemaba.
—Estás… ¿estás bien? —consultaba, debajo de mí.
—No, no lo estoy —contesté, con algo de incertidumbre. Hermione se escurrió debajo de mi cuerpo y me ayudó a acostarme bajo mis frazadas. Me acomodó las almohadas, para que quedase sentado, me susurró un 'ya vengo' y volvió enseguida, cargando el pocillo con agua y un paño que tenía mojado. Con cuidado iba posando aquel objeto en mi frente, para bajar la fiebre.
—Busqué alguna medicina para darte, pero no encontré nada en el botiquín del baño.
—La única medicina que necesito eres tú.
—Estoy hablando en serio.
—¿Crees que yo no? —repliqué. No me gustaba cuando Hermione dudaba de las cosas que yo le decía. Sí, era consciente que muchas veces se las dije con el toque de juego y gracia, pero nuestra relación había evolucionado, no todas las cosas que le decía eran porque sí, había un trasfondo que necesitaba ser creíble, y sus dudas me afectaban.
—No sé… me desconciertas. Y desde hace un tiempo lo haces con mayor regularidad —confesó, agachando la mirada.
—Tienes que confiar en mí. Yo soy tuyo —ella negó con la cabeza.
—Tú no eres mío.
—¿Por eso le dijiste a Oliver que no sentías celos al saber que estaba con Lavender?
—¿Cómo sabes eso? —preguntó asombrada— ¡Leíste la conversación que tenía con Oliver! —inquirió de inmediato.
—Entre ambos no hay secretos… así que tarde o temprano me lo habrías dicho. Mi intención no era husmear tus cosas, solo… sucedió. Perdóname —confesé.
—No le contestaste nada pesado, ¿cierto? —quiso saber.
—Me habría encantado el refregarle que estabas conmigo, en mi casa, los dos solos… pero no. No hice nada —ella suspiró de forma pesada y se relajó, volviendo a colocar el paño en mi frente.
—Gracias —me dijo, repitiendo lo que había realizado anteriormente.
—Confío en tu inteligencia. Ella te hará olvidar a ese sujeto. No te conviene —permanecimos en silencio. A ratos me sentía un poco débil.
—Por qué… ¿por qué terminaron? —soltó de pronto—. Siempre ha sido mi interrogante. Ustedes de verdad que hacen una linda pareja… ¿por qué? —esperó a que le contestase. Supongo que había llegado el momento de hablar ciertas cosas con mi novia—. Si no me quieres decir no hay problema. Sé que es algo personal… y a ti no te gusta hablar de eso…
—Creo que siempre necesité sentirme abrumado. No fui consciente que poseo una afición a la tristeza.
—¿Emociones fuertes? —adivinó. Solo asentí.
—Me perturba la tranquilidad, me asfixia. No sé… no sirvo para estar tranquilo. Lavender fue mi primera novia, y solo con los años pude darme cuenta que los momentos de paz, siempre eran boicoteados por mí.
—¿No disfrutabas de tu relación? Creí que eras el que estaba más enamorado.
—No, me refiero a que antes todo era mejor. El pasado siempre es mejor. Pero a medida que fuimos creciendo, juntos, nos volvimos más dependientes el uno del otro. Ella comenzó a inundar mi espacio, y yo el de ella —narré—, y con el tiempo comprobé que no me gustaba eso.
—Pensé que te gustaba. Siempre te vi acompañado de Lavender en la universidad. Y las veces que iba a tu casa y no estabas en ella, era porque estabas con tu novia.
—El problema de Lavender fue su inseguridad. Ella se sentía perturbada si no me encontraba a su lado, y a mí siempre me gustó tener mi espacio, mi grupo de amigos, mi momento de intimidad personal, como quieran llamarlo los psicólogos… todas estas cosas eran nuevas para nosotros, pero podía comprenderlas de mejor forma, producto de las experiencias que nos contaban nuestros hermanos mayores.
—¿Y nunca le dijiste esas cosas?
—No quería que entristeciera. Me partía el corazón verla triste, y sea como sea, la amaba, al rato se me olvidaba todo lo que pensaba y me quedaba todo el día a su lado. Otro factor que nos cobró la cuenta fue nuestro grupo de amigos. Verlos a ellos era verla a ella también. Y agradezco en parte que yo no fui del agrado de sus otras amigas, y ella de Harry y Ginny. Sino, habría sido muchísimo peor. Habríamos terminado conviviendo quizás.
—Pero imagino que ella también trató de hacer cambios en ti. Si las cosas no resultaron… fue porque ambos trataron quizás de imponerse cosas, y no contarse otras.
—Sentía que me educaba —conté, con risas—. Estaba pendiente de mis estudios, y me sentía un tanto domesticado. Ella dejó de juntarse con sus amigos por pasar tardes enteras conmigo, a veces haciendo nada. Y ahí comenzaron los problemas más grandes, cuando dependía completamente de mí, y yo de ella. Cuando nos volvimos dependientes y nos olvidamos de nuestros momentos a solas. Nunca hubo infidelidad por parte mía, y pongo mis manos al fuego que ella tampoco me engañó. Después los papeles se invirtieron. Ella deseó su libertad, y yo se la negaba injustamente.
—Sería una lástima que las cosas no volvieran a la normalidad con Lavender —opinó seria.
—Te equivocas, Hermione. Las cosas cambiaron. Cambiaron desde hace mucho tiempo, quizás hace un par de años atrás, pero nunca me di cuenta, hasta que comencé a ser más cercano a ti. Contigo… las cosas son totalmente distintas. No me siento atado, y siento que tú no me atas tampoco a ti.
—Eso es porque no somos novios… reales. Esto es un juego.
—Un juego que te dije, ya nos está pasando la cuenta.
—Quedamos en que hablaríamos de esto después.
—¿Por qué hablarlo después, si siento que todas mis dudas se disiparon? —nos quedamos callados. La conversación había tomado matices más serios—. Hermione… —murmuré su nombre con sumo cuidado. Estaba a punto de realizar un vómito verbal, y no sabía si sería bien recibido o no—. Simplemente… enséñame a amar otra vez, a fijarme en el mundo que existe detrás de tu mirada, entendernos y respetar nuestros momentos juntos como separados. Tratemos de superar los obstáculos, como si fuésemos a vivir toda la vida juntos. ¿No te llama la atención el querer imaginar tu vida junto a la mía? ¿Has pensado en lo que sucederá con nosotros cuando dejemos esta estúpida pero hermosa idea de mi hermana? Puede que terminemos con esta farsa, nos dejaremos de ver, y de vez en cuando nos toparemos en la universidad, caminando por los mismos pasillos, pero con direcciones totalmente distintas. Nuestros cuerpos Hermione, aunque ya no estemos juntos se van a reconocer, se van a buscar... —no aguanté más, y la arrastré a mi cuerpo. Le abracé y busqué sus labios. Lo único que deseaba era besarla. Besarla hasta no poder respirar. Y sentí que volvía a nacer, cuando sus dedos se enredaron en mi cabello, y su boca recibía gustosa la mía. Todo cobraba sentido otra vez. Era como haber estado buscando el camino hacía mucho tiempo y por fin aparecía la clave para continuar. A la mierda todo el malestar que sentía, estaba junto a Hermione, la tenía entre mis brazos, recorriendo su espalda, estrechándola contra mi cuerpo. Era en verdad mi medicina.
Me atreví a besar su mentón, y a bajar lentamente por su cuello. Eran nuevos horizontes, nuevas sensaciones, pero Hermione se detuvo de inmediato. Respirando entrecortadamente.
—No puedo… no puedo —repitió con culpa. No se alejó de mí. No se lo permití.
—Tranquila… mi intención no era angustiarte —le susurré, atrayéndola otra vez a mí, pero de forma protectora. La acuné entre mis brazos, dejando besos repartidos en su cabello.
—No quiero ser la otra… otra vez —soltó con pena, guardando un silencio que me conmovió.
—¿Qué quieres decir?
—Yo… realmente me enamoré de Víktor. Al punto de querer hacer muchas cosas por él. Irme a su ciudad, buscarlo, darle todo lo que podía ofrecerle con mis infantilismos, con mis defectos… de verdad que lo amaba, pero él tenía a otra persona y nunca me lo dijo. Él nunca fue completamente mío… y a pesar de haberlo olvidado, a pesar de aprender a solventar el dolor, a crecer y madurar luego de la primera decepción amorosa, nunca me ha dejado completamente libre. Luego conocí a Oliver. Él es todo lo que Víktor me ocultó, de alguna forma u otra le sentí más sincero, y no puedo reprocharle nada, porque él no me pertenece. Sé que es una obsesión, sé que no es amor y todo esto me destruye por dentro —confesó, respirando agitadamente—. No te comparo con ninguno de ellos dos, porque eres incomparable. Realmente incomparable. Eres una estrella que nunca se subió al cielo a brillar, porque siempre deseó acompañar a quienes le necesitaban en la tierra. Eres una persona tan maravillosa, que enamorarme de ti me provoca un miedo horrible… el fantasma de Lavender es muy fuerte para mí, aún no soy lo suficientemente valiente como para reclamarte, soy lo más inexperta que hay, no tengo nada que ofrecerte, yo… —volví a abrazarla. ¿Cómo mierda podría seguir en esta farsa? Todo lo que había salido de nuestras bocas, de nuestros corazones, era una verdad que no podía ser encarcelada en algo tan falso como un plan premeditado, difundido de forma farandulera en Facebook..
Le observé otra vez. Ella tenía sus ojos brillantes. Aquel par de ojos iluminaban todo nuestro alrededor. Hermione Granger era sin lugar a dudas la mujer que deseé por mucho tiempo, y nunca lo había podido comprender, porque trataba de encasillar en un mundo cuerdo. Besé sus párpados, su nariz. Besé la comisura de sus labios, y volví a robarle un par de besos que fueron contestados con afecto.
—Ahora lo único que me basta es mirarte. Con solo mirarte sé que esto no es una farsa, esto es real —Hermione sonrió y se acurrucó en mi pecho.
Creo que ya estaba curado de toda enfermedad.
Nota de la autora.
Lamento en el alma la ausencia. Quería aprovechar el máximo de mis vacaciones para traerles más actualizaciones, pero ¡chan—chan! Recibí una llamada telefónica de un profesor de mi universidad, ¡ofreciéndome trabajo en esta! *—* estuve a cargo durante las dos últimas semanas de cinco cursos, comprendidos por las carreras de Kinesiología, enfermería y obstetricia. No sé cómo, pero realicé 35 clases en siete días… así que me volví casi, un poco loca. Ayer comencé con mis últimas otras dos semanas de clases en la universidad, y ya en abril me inundo en mi última práctica. ¡Perdónenme las ausencias! Les juro por mis animales y mis guitarras que no son adrede :c
Les comunico también que Facebook ya está llegando a su clímax, no sé si se dieron cuenta, 1313, y ya tendrán más de 'askjdhfkjhjkha' y 'alksjdkjhjkha' :$
