Le observé otra vez. Ella tenía sus ojos brillantes. Aquel par de ojos iluminaban todo nuestro alrededor. Hermione Granger era sin lugar a dudas la mujer que deseé por mucho tiempo, y nunca lo había podido comprender, porque trataba de encasillar en un mundo cuerdo. Besé sus párpados, su nariz. Besé la comisura de sus labios, y volví a robarle un par de besos que fueron contestados con afecto.

Ahora lo único que me basta es mirarte. Con solo mirarte sé que esto no es una farsa, esto es real —Hermione sonrió y se acurrucó en mi pecho.

Creo que ya estaba curado de toda enfermedad.


Capítulo XII Facebook

Diario


Hermione POV

Había despertado hacía unos momentos, pero no quería abrir mis ojos.

Unos dedos largos dibujaban círculos en mi frente, y bajaban lentamente por mi mejilla, para volver a repetir el camino. No tenía ganas de enfrentarme al nuevo día, por ningún motivo, y en parte, las caricias de Ron me animaban a seguir en ese estado catártico.

En mi subconsciente se repetía una y otra vez lo que habíamos hablado.

Quizás se repetían nuestras acciones no verbales. Pero el punto era que de todas formas, ya nada era igual a antes. En realidad, cada día que pasábamos se convertía en algo totalmente distante a lo que era en un principio, esta idea descabellada.

Sentía el miedo de Ron, y él también sentía el mío, pero ambos éramos 'solteros', por así decirlo, y teníamos que aprender a dejar nuestros miedos —y personas amadas o deseadas— atrás.

Sí, si antes no sabía qué era lo que sentía, ahora ya lo vivía en su totalidad, y podía decirlo en solo una palabra: miedo.

Miedo de que esta nueva experiencia, de que este nuevo posible amor me volviese a dañar. Ni siquiera a Ginny, mi mejor amiga, le había contado lo que había ocurrido con Viktor. La relación con él me había afectado durante mucho tiempo, al punto que llegué a desear enamorarme de alguien que se mostrase tal cual era, sin mentiras, sin falsas personalidades que encandilaran a los padres, y sobre todo, a uno misma. Fue así como me ilusioné con Oliver, me idealicé toda una vida universitaria con él, porque él, por muy Don Juan que fuese, por muy malos que fuesen los comentarios de pasillo, también tenía sus cosas buenas. Era un caballero, leal —con los amigos— y siempre decía la verdad (y dicen que la verdad duele, por eso me dolía tanto mirarle, quererle, obsesionarme con él en secreto). Siempre buscaba 'eso' en los hombres. Independiente de su físico. Era su caballerosidad.

Viktor moreno, fue un caballero pero a medias, porque la mitad de lo que me decía, nunca fue verdad.

Oliver castaño era un caballero, pero sin memoria.

Y Ron pelirrojo… era un caballero, que demostraba ser eso. Sin algo que esconder, ¿o sí?

—¿Hermione? —susurró muy suave, muy cerca de mi oído—. ¿Estará teniendo pesadillas? —le escuché decir. Asumí que había dejado de mostrarle un rostro angelical mañanero, y lo había cambiado por uno más urgido, al pensar en todos esos chicos y sus distintas caballerosidades.

Decidí entonces abrir mis ojos, lentamente. Y si hubiera sabido que tendría esa vista de frente, quizás no habría perdido tanto tiempo pensando, rememorando a hombres que no valían la pena.

Dos orbes azules me observaban curiosas, esperando a que mis pestañas se dignaran a dejar en libertad mis ojos. Ron tapaba el sol con su cabeza. Era como si su cabello fuese un enorme sol, absorbía toda la luz y se veía radiante.

—Buenos días —dijo, besando con suavidad la punta de mi nariz. Fue su tacto y bajó un escalofrío por todo mi cuerpo.

—Buenos días —contesté, tapándome con su frazada—, ¿hace cuánto que despertaste?

—Hace mucho —respondió, regalándome otro beso en la frente— me quitaste la cama, por si no te diste cuenta —acusó sonriendo. Ahí caí en la cuenta que estaba durmiendo en su cama. Mis mejillas me traicionaron y revelaron la culpa.

—¡Lo siento! ¡Lo siento! —grité algo alarmada, cubriéndome completamente. Escucha su risa de fondo, y buscó encontrarse con mis ojos otra vez. Me destapó con brusquedad y me abrazó.

—Hacía mucho tiempo que no me sentía tan en paz —comentó, juntando su frente con la mía—. Eres increíble.

—No estaba haciendo nada, solo dormía —comenté, tratando de bajar la importancia del momento.

—Y no sabes lo hermosa que te veías, la paz que me entregabas —me acurrucó en un abrazo apretado, le respondí rodeando su ancha espalda. Podía escuchar el choque de su corazón en mi oído. Estaba tan feliz, latía a la par con el mío.

—Será mejor que me vaya, mi mamá ya debe de estar en casa.

—Estás loca si pretendes irte sin desayunar conmigo. Haz tu trabajo completo, novia. Prepárale comida a tu novio enfermo.

—¿Enfermo? Yo te veo bastante bien. Incluso estoy llegando a pensar que estuviste finiendo toda la noche.

—¿Me encuentras capaz de semejante mentira? —asentí con una sonrisa y ambos nos reímos. Me ayudó a levantarme—. Quiero que hagamos panqueques. Fui a comprar los ingredientes en la mañana. Ahora serás mi esclava, anda a la cocina.

—Amanecidos demandantes, caballero.

—Así es, ahora sírveme —arqueé una ceja y lo dejé solo en su habitación. Caminé por la salita pequeña y fui hasta la habitación de Ginny. Le pediría prestada un cambio de ropa. Abrí su armario y cuando escogí las prendas menos llamativas de ella, me percaté que su notebook seguía encendido. Me dio algo de pena que permaneciera así, así que decidí apagarlo.

Al reanudar la sesión, me pude dar cuenta que el Facebook de Ron estaba abierto, y había publicado una fotografía…

De mí…

Durmiendo…

En su cama.

Claro, muy pocos, o puede que casi ninguna persona sepa el lugar exacto en donde estoy. Pero aparecía ahí, como si fuese una princesa de algún cuento de hadas, porque me veía en una completa paz, si hasta mi cara se veía linda. Bajo la fotografía había un escrito de él.

"Lograr salir del circulo vicioso es un paso que no todos pueden hacer. No siempre se consigue a la primera. Se pierden demasiadas batallas, y de a poco se van obteniendo las victorias. Desde hace un tiempo, puede que poco para algunos, pero demasiado para nosotros, comencé a experimentar algo que a ciencia cierta, no podía entender. Me cuestioné muchas veces, y no era capaz de entender que la vida me estaba dando segundas oportunidades. No desprecio ni acuso mi pasado. No tengo y quiero cambiarle nada, porque sin él no sería la persona que fui hoy. Pero hoy quiero vivir del presente, y sé que no estoy solo. Estoy con alguien que de forma mágica se fue introduciendo a mi vida, de a poco me cautivó con su sonrisa sincera, con su timidez que se ocultaba en un par de libros, en un castillo, cual princesa esperando a su príncipe. Sé que tengo muchos errores como hombre, también sé que ella los tiene como mujer, pero esa extraña conexión que se fue formando entre nosotros, hace que esto sea tan real, tan palpable que ni siquiera tenga deseos de dormir, porque serían horas en donde no pensaría en ella por estar descansando. Siento que hemos nacido juntos, y que estamos tomados de las manos aun cuando nos encontramos alejados. Creo que eso es amor… y tener la dicha de verte dormir tan tranquila, mientras velo tu sueño, ha sido lejos, una de las cosas más hermosas que me has regalado en todo este tiempo. Te amo."

Leí el mensaje unas tres o cuatro veces. Dejé de repetir la lectura cuando mis ojos no podían seguir viendo la pantalla. Lloraba a mares.

Este sentimiento no podía estar más dentro de mi corazón, me había roto, y volvía a nacer, como lo decía Ron. No podía comprender el cómo se podía llegar a querer tanto, si a vista de todos, hacía tan solo un mes y días que habíamos comenzado nuestra relación.

Me cambié de ropa rápidamente, y esperé a que mis ojos dejaran de disparar agua. Cuando salí de la habitación, Ron ya tenía preparada la mezcla, y se disponía a echar una tacita pequeña de esta en el sartén precalentado.

—¿Viste un fantasma? —me preguntó. Le negué con pasividad, me acerqué a él con lentitud, y creo que fue la primera vez que lo besé. Cerré mis ojos, me atraqué a él y apreté mis labios con los suyos. Ron automáticamente correspondió el gesto y me aprisionó entre sus brazos. El olor a quemado del primer panqueque nos quitó la inspiración—. Por qué no se me ocurrió comer pan con queso —acusó molesto. Reí ante su comentario.

—¿Te sobró leche?

—Sí. ¿Para qué la quieres? Como esclava no me serviste, acabé haciendo las cosas yo —recriminó.

—Deja de reclamar —le reté. Abrí el refrigerador y saqué la caja de leche. En un pocillo eché el manjar con el que rellenaríamos los panqueques. Tuve un recuerdo de cuando iba de vacaciones a la casa de mi abuela. Ella le echaba al manjar un poco de leche, para que este no quedase tan espeso y fuese más fácil, esparcirlo por la delgada masita.

—Ah… veo que tienes tus secretos culinarios —comentó, apoyando su mentón en mi hombro.

—¡Hey! No descuides la masa —sacó un poco de mezcla con su dedo y se fue al frente de la cocina. Yo seguí revolviendo con el tenedor. Había una naranja milagrosa en la mesita de la cocina, así que exprimí la mitad, para darle un poco más de sabor. Dejé de batir, y con mi dedo probé la mezcla. Estaba rica—. Yo también quiero —volvió a acusar. Tomó mi mano e introdujo uno de mis dedos en el pocillo. Ante su reacción quité mi mano y me ensucié la mejilla.

—¡Ron! ¿Qué haces? —dije enojada.

—Yo solo quería probar —respondió, haciendo un puchero.

—Pero mete tu dedo, no el mío. ¡Mira! Me he ensuciado.

—Eso se soluciona en un instante —respondió rápidamente. Tomó mi mano, e introdujo mi dedo en su boca. Me quedé quieta, sentía cómo mi corazón bombeaba sangre a mil kilómetros por hora. Un escalofrío bajó hasta mis piernas, tambaleándome—. Está delicioso —murmuró cerca de mi oído.

—Ron… la cocina…

—Fui precavido, está apagada —contestó sonriendo. Me levantó y sentó en la esquina de la mesa, corrió mi cabello de la cara y lamió el rastro de manjar que había en mi mejilla. Su lengua siguió hasta mis labios, y ahí nos encerramos nuevamente en una pasión algo nueva entre nosotros. Mis piernas de forma inconsciente le aprisionaron, y Ron me estrujó contra su pecho.

La respiración chocaba fuerte y deseosa, sus manos ya no estaban en mis mejillas, sino que abordaban parte de mi cintura, queriéndose adentrar a otros confines. Suspiré agitadamente cerca de su oído, y nos volvimos a unir en otro profundo beso.

—¡Esas cosas en mi cocina no! —gritó de pronto Ginny. No sé quién de los dos saltó más hacia el techo. Trágame tierra, Ginny estaba con ambas manos en sus caderas, y Harry nos observaba igual de colorado que su novia y nosotros. Ginny no pudo aguantar su seriedad y explotó en risas. Risas que solamente ella irradiaba en el ambiente.

—¡Ginny! ¿Desde cuándo llegas a la casa en forma de ninja? —le recriminó Ron, mientras yo me bajaba de la mesa y me colocaba atrás de él. Sentí todo el peso de la vergüenza.

—Muchas veces llego de forma silenciosa, qué te pasa —acusó ella.

—¿Y tú que no te estabas muriendo? ¿Ah? —Ron trataba de buscar algún tipo de culpabilidad en ellos para que se nos bajara la sorpresa, pero no podía, era como si me estuviera hundiendo más rápido.

—He… hum…. Bueno… —los balbuceos de Harry ayudaban a disipar la tensión—. ¡Panqueques! Aun no desayunan, ¿cierto?

—Creo que ya iban en el postre —apuntó Ginny.

—¿Te ayudo a servir Ron? —preguntó Harry. Gracias Harry, tratabas de hacer las cosas más apacibles, o tratabas de salvar tu pellejo. Cuales fueran tus intenciones, te lo agradecía enormemente.

Ginny se acercó a mí y con sus cejas hizo el sugestivo gesto del famoso '1313'. Estaba acostumbrada a escribirlo o leerlo, pero visto en persona me parecía algo entretenido y por qué no decirlo, extraño.

—Creo que tenemos que conversar —murmuró.

—Creo que sí.

—¿Vamos un momento a mi habitación? —tragué un poco de saliva. Si bien Ginny se veía tranquila, había algo en sus ojos que no me daba serenidad. Comenzaba a temer por mi vida.

—Claro, te sigo —ambas nos dirigimos hasta su cuarto. Ella se sentó en su cama y abrazó uno de sus cojines. Le imité.

—A pesar de que moleste mucho a Ron, sabes que lo quiero demasiado, ¿no? —comenzó a hablar.

—Por supuesto que lo sé.

—Por lo mismo… quería pedirte un favor.

—Dime.

—Termina con él.

Su petición era lo que menos esperaba. Porque ella misma había sido quien había ideado todo esto. No podía unir su idea inicial con esta otra, era como si hubiese hablado al comienzo con una Ginny, y otra del futuro, viniese a corregir a la alocada.

—¿Ah?

—Sé que parece estúpido, y por tu cara me doy cuenta que mi petición te pilló de sorpresa. Sé que estás pensando que estoy loca, pero no es así.

—No entiendo el porqué de tu petición, Ginny.

—Siempre te quise dentro de mi familia, Hermy. Pero quería que las cosas fueran ocurriendo con calma. Creí que tendrías algo con Fred, luego se me ocurrió Ron, pero él siempre había estado enamorado de Lavender… pero el plan que ideé se salió de control. Las publicaciones de ustedes en Facebook son de personas completamente enamoradas. Y ya no sé cómo terminarán la farsa. Tendrán muchos problemas después. No quiero que el sufra contigo, y tampoco quiero que sufras con él, cuando llegue el momento de la separación.

Claro, Ginny estaba dando su punto de vista como persona que conocía nuestras verdaderas intenciones. Lo curioso es que no sabía todo lo otro que había estado ocurriendo entre ambos. Para ojos de los demás, Ron y yo estábamos realmente enamorados. Para ojos de Ginny y posiblemente Harry, el plan era una locura y había que abortar la misión, antes de que saliéramos heridos.

—¡Dios mío! ¿Las publicaciones son verdaderas? —exclamó al no escuchar una respuesta de mi parte. Me ruboricé.

—No sé si es amor… pero el plan dejó de ser cuerdo desde antes que comenzara —confesé—. Nadie en su sano juicio acepta fingir una relación, masificarla por las redes sociales, darse besos sin sentimientos… era algo totalmente sin cabeza.

—Hermione… mi hermano y tú me han estado ocultando cosas. Necesito que desembuches todo lo que sabes.

—No sé qué ha pasado Ginny. Ese es mi problema y lo que nos ha estado carcomiendo de alguna forma u otra durante este tiempo —comenté algo alterada—. Yo no quería comenzar a sentir cosas por tu hermano, no porque no lo encontrase un buen hombre, sino porque sabía que él ya le pertenecía a otra mujer. Pero no sé, fue el tacto, las conversaciones, los momentos que fuimos compartiendo los que me hicieron de verdad, querer verlo realmente, pasar el tiempo con él, compartir mi día, desear… besarlo, es algo que sigo sin poder explicar y me frustra.

—Amiga… —susurró, sobándome la espalda. Sentía que la capa de seguridad que tenía puesta comenzaba a desvanecerse, y todos mis miedos se iban exponiendo—, ¿y qué pasó con Oliver? Creí que de verdad te gustaba.

—Claro, me gustaba como a todas las chicas de la universidad. Sabes que siempre lo vi como alguien inalcanzable, y sí, el plan tuvo el efecto que deseé, atrapé su atención, nunca se propasó conmigo, me di cuenta que no era lo que estaba buscando. Él se comportaría como un caballero, pero a fin de cuentas ese sentimiento y caballerosidad le llegaría hasta que me tuviese en sus manos… lo que no supo es que me tenía desde hacía mucho antes —completé, algo triste. No, no estaba arrepentida de las cosas, pero daba incluso vergüenza el darse cuenta lo mucho que uno se aferraba a un amor que desde el inicio, sabía que nunca sería correspondido.

Uno de los peores errores en la vida, era amar a un imposible. Y mucho peor aún, creer que ese imposible te correspondería algún día.

Ginny suspiró amargamente. Dibujó una sonrisa, aunque no la sentí honesta.

—Aunque no lo creas, soy muy seria —comentó. Asumí que se dio cuenta de mi expresión—. O sea, soy seria con los temas y personas que realmente me importan. No se lo digas a Ron, pero si a él le sucede algo, me muero. Le quiero mucho, y de verdad que deseo su felicidad. También te quiero mucho Hermione, no me gustaría que mi hermano te hiciera sufrir, me harían decidir apoyar a uno y no podría, se me partiría el corazón.

—Sé tus preocupaciones Ginny, tranquila —ella sonrío más tranquila y me apretó en un abrazo.

—Si hubiera sabido la efectividad de este plan, creo que lo habría ejecutado hace mucho tiempo atrás —de a poco comenzó a volver a su estado natural, por así llamarlo.

—Dejemos las cosas como están —concluí, suspirando de forma pesada.

¿Se puede? —preguntó Ron.

—Pasa.

—El desayuno está listo —secundó, asomando su cabeza entre la puerta.

—Gracias por la invitación, pero me marcharé a casa.

—¿Qué? —dijeron ambos.

—Acabo de tener una linda conversación contigo, Ginny. Quiero descansar un poco, de seguro que tengo llamadas perdidas de mi madre y…

—¿Qué pasó entre ustedes? ¿Ginny?

—No te alteres, conversamos cosas de mujeres —interrumpí a Ron—, soy yo la que quiere marcharse desde un comienzo, te juro que no es por lo que ocurrió ahora.

—Huy, si hasta ahora hablan como novios-novios.

—¿Podrías salir un momento?

—¡Estoy en mi habitación! —exclamó haciendo un puchero. Ron me tomó de la mano y me llevó hasta su cuarto.

—No tenías que hacer eso. Aquello fue una salida dramática.

—¿Por qué te quieres ir? ¿De verdad que Ginny no te molestó?

—Ya te dije Ron… solo conversamos.

—¿De qué?

—De lo mucho que te quiere.

—¡Ja! Dime la verdad.

—Esa es la verdad, no te lo decía porque no me creerías —comenté riendo—. Ella me dijo sus miedos.

—¿Miedos del mismo plan que se le ocurrió? ¡Pero qué boba más grande!

—Eran los mismos miedos tuyos y míos, yo no les llamaría bobos. Al contrario, son sensatos.

—De igual forma… —dijo, luego de un silencio—, no entiendo el porqué de querer irte, si planeábamos desayunar juntos.

—Entiende que para mí esto es algo vergonzoso, Ron. Tú… has estado acostumbrado a estar en una relación, dormir con la persona que quieres… yo nunca… nunca me había quedado en la casa del chico que me gusta, nunca había dormido en su cama, comprenderás que esto es nuevo para mí —respondí con vergüenza.

Ron bajó sus hombros y me encerró en un abrazo.

—Discúlpame, no sabía que iba tan rápido —habló, luego de una pequeña pausa.

—Nuestra relación es realmente rara. No hay culpa, solo momentos —respondí. No quería que se sintiese culpable de algo que no tenía que ver con su persona—, asumo que encontraremos nuestro propio tiempo con el correr de los días.

—Igual me da pena que te vayas. Ya me había hecho la idea de estar contigo en la mañana, pero comprendo tus razones. A cambio me deberás muchas mañanas.

—Te debo la preparación de un desayuno también —agregué, cuando nos dejamos de abrazar—. Ahora si me voy —Ron asintió.

Me despedí de Harry y Ginny. Cuando crucé la puerta del departamento, un vacío se apoderó de mi cuerpo, e inconscientemente deseé no haber pensado tanto las cosas, y haberme quedado ahí, con ellos. Con Ron.

Llegué a mi casa y no había nadie. Aproveché de la soledad y me coloqué una bata, lavé la ropa que llevaba puesta y después me duché.

Recordé que había dejado un par de deberes inconclusos, mi cabeza latió ante el olvido. Mas pensaba en la noche anterior y cualquier preocupación se reducía a la nada misma. Sabiendo que estar un poco atrasada era netamente mi culpa, encendí mi notebook, mientras bajaba por un poco de comida. Cuando volví a mi habitación, el ordenador ya estaba encendido y tenía abierta la última página que había estado visitando: Facebook.

Me sorprendió la cantidad de notificaciones, casi todas eran con respecto a la fotografía que había subido Ron durante la mañana.

Con todo lo acontecido durante estas semanas, podía tomar el peso real de las redes sociales. Sí, habían muchas en la actualidad, pero Facebook, nos gustase o no, englobaba un poco de todos los servicios. La en un principio, farsa con Ron, no habría sido creíble si no hubiésemos ocupado aquel espacio en internet.

Podría seguir leyendo los comentarios agradables de nuestros contactos en común, avergonzarme por las cosas que escribían los gemelos, o viciarme un ratito jugando al Candy Crush, ¡pero no! Debía de avanzar con mis deberes universitarios, así que cerré la página y me concentré en lo que debía de hacer.

Por fortuna, la tarde de domingo se hizo provechosa. Terminé todos mis asuntos universitarios en tiempo record, incluso, alcancé a ver una película junto a mis padres, cuando el cielo se encontraba decorado de brillantes estrellas. Decidí acostarme más temprano de lo común, se vendría una semana pesada y no quería que me sucediese lo mismo de hoy. Tendría que volver a planificar mi vida, no quería dejar mis estudios de lado, pero tampoco a Ron.

No, a él no. Por ningún motivo.

.

Todo lunes en la universidad era tortuoso.

Costaba acostumbrarse a la misma rutina, pero con el paso de las horas, se iba creando un clima más agradable. Pude ver a Ron en la hora de almuerzo y por tan solo un par de minutos. Él debía de seguir en su horario extendido, y yo, continuaba haciendo hora para las clases de la tarde. No importaba cuántos minutos lo viese, bastaba con que le divisase a lo lejos para alegrar mi día.

—Si no fuera porque las clases siguientes son con asistencia obligatoria, ahora estaría en mi casita, viendo 'Caso cerrado' —comentó Ginny, tapándose el cuello con la bufanda.

—El clima está como para cualquier panorama invernal, menos permanecer en la universidad —dijo otra de nuestras compañeras.

—¡Quizás para un abrazo de novio! —Harry apareció por sorpresa, abrazando a Ginny por detrás. La pelirroja se alegró ante el gesto de su pareja y le correspondió el abrazo.

—Ahora te toca a ti mirar como los ricos comen pan al frente de los pobres —agregó otra de nuestras compañeras. Nos reímos ante su opinión—. Me dieron ganas de un chocolate.

—¿Quieres que vaya a comprar? —me ofrecí. Las dos chicas asintieron felices y buscaron dinero. Le pregunté a Harry y Ginny si querían algo, pero creo que estaban ocupados.

Caminé hasta el negocio más cercano. Era uno de los más concurridos, luego del casino de la universidad. Alrededor de este se encontraban muchas mesas con sus respectivas sillas, donde muchos de los estudiantes comían sus almuerzos o realizaban sus deberes al aire libre.

Compré los chocolates, y al caminar entremedio de las mesas, podía escuchar cómo se reían atrás de mí. Nunca había sido 'perseguida', pero desde que comenzamos la relación con Ron, los chismes con respecto a mí se habían hecho frecuentes, y de cierta forma, había aprendido a percibir las risas y distinguirlas cuando se trataba de burlas.

Giré no tan disimuladamente, el quinteto de chicas me observó, algunas nerviosas, otras con más gracia. Se levantaron de sus asientos y se fueron caminando a paso rápido. En la mesa donde estaban, dejaron un cuaderno que estaban leyendo.

—¡Hey, se les queda esto! —medio grité, acercándome a la mesa. No era un cuaderno, se trataba de un diario de vida. Parecía biblia, por lo grueso—. Estas cosas no deberían de traerlas a sitios públicos —hablé para mí misma. Alcé la vista para tratar de encontrar al grupo, pero este había desaparecido.

Con algo de culpa lo abrí, para ver si tenía algún nombre, y así devolverlo a su dueña.

Y pude comprender solo en ese momento, las risas de esas chicas.

El diario pertenecía a Lavender Brown.

.

El resto de la tarde estuve intranquila. Tenía el diario de vida de la que fue, la novia de mi novio por muchos años. Sentía un peso enorme en mi bolso, el cual no soltaba por ningún motivo. Me costó mucho el poder ocultarle la información a Ginny. Deseé que la clase terminase pronto para gozar de los quince minutos que nos otorgaban para el cambio de sala. No sabía cómo, pero tenía que encontrar a Lavender en ese lapsus de tiempo. No podía pedir ayuda, debía de encontrarla por arte de magia.

Salí de la sala y comencé a recorrer los pasillos de la universidad. Hice todos los caminos que usualmente ella hacía con Ron, pero no la pude encontrar. El ajetreo me hizo sudar, y entré al baño para quitarme la bufanda y arreglarme el cabello. Por fortuna, Lavender salía de uno de los cubículos.

—¡Lavender! —exclamé al verla detrás de mí en el espejo del baño. La nombrada que ya parecía alterada, se alarmó un poco más.

—Hermione —dijo mi nombre a modo de saludo—, discúlpame, estoy algo ocupada —agregó de inmediato, colocando un mechón de cabello detrás de su oreja.

—¿Buscas esto? —saqué su diario de mi bolso.

—¡Dónde lo encontraste!

—Lo tenían unas chicas… lo dejaron en una mesa, en el negocio.

—Lo… ¿lo leíste? —preguntó dudosa, mirándolo con una expresión indescifrable.

—No… solo lo abrí para saber a quién pertenecía. Toma, está a salvo.

—¿No lo quieres?

—¿Ah?

—Me iba a deshacer de él —habló, más tranquila—, tener ese diario ya no tiene ninguna validez para mí.

—Por lo mismo, no deberías de dejarlo por ahí. Asumo que escribías cosas íntimas.

—No fue mi intención, mi plan era destruirlo pero lo perdí hoy en la mañana. Quería triturarlo con la demoledora de papeles que hay en la central de apuntes, pero no sé en qué momento lo extravié.

—Pues ahí lo tienes. Sé más cuidadosa con estas cosas.

—Te dije que no lo quiero.

—Pero no es mío.

—Te servirá.

—No sé a lo que te refieres.

—Tú y Ron van muy bien… ese diario es una especie de biografía de él. Te servirá para que no cometas los mismos errores que yo cometí.

—No podría leerlo jamás.

—Sabemos las dos que sí serías capaz. La curiosidad nos embriaga a todos —expresó. En parte tenía razón—. Quémalo, haz algo. Yo quería eliminarlo, por eso lo traje a la universidad… pero lo perdí, quizás lo dejé en este baño o en el casino. Si lo encontraste fue por algo.

Dejé el diario en el lavamanos. A pesar de que mis manos picaban por llevármelo, sabía que no era lo correcto. Agaché un poco la cabeza en señal de despedida y decidí salir del baño.

—¡Espera! —Lavender tomó parte de mi bolso e hizo que me volteara, quedando al frente de ella.

—Lavender…

—Este será el segundo favor que te pediré en la vida. Por favor, deshazte de él. A pesar de mis deseos de eliminarlo, hay algo que no me deja hacerlo. Por favor… quémalo, bótalo, lánzalo al mar, pero por favor, aleja ese diario de mí —Lavender me volvió a entregar su diario, hizo que lo aprisionara en mi pecho. Su rostro denotaba un poco de desesperación.

—¿El segundo favor? ¿Cuál es el primero?

—Creo que no es necesario que te lo diga, ya lo estás haciendo —guardé silencio, esperando a que lo dijese, no soportaba la tensión de nuestra conversación—, haz feliz a Ron, él se lo merece —agregó. Creí que ella lloraría, pero solo sonrió melancólica y me dejó ahí, en el espacio pequeño.

Guardé el diario y me dirigí a clases, sin saber qué pensar. Fue imposible concentrarme en las horas siguientes.

Harry se ofreció llevarnos a nuestras respectivas casas. A él se le había quedado su bolso deportivo en casa de Ginny, por lo que debía de ir a buscarlo para entrenar en la universidad. Fue algo incómodo seguir guardando silencio en el viaje, Ginny no se cansaba de preguntar que qué era lo que me tenía tan callada. Argumenté que el clima me tenía atontada. Los días eran más oscuros, y a veces las nubes pasaban algo cargadas, lanzando indirectas que pronto el cielo volvería a llorar.

Caminé las cuadras necesarias para llegar por fin a mi casa. Saludé a mi padre que se encontraba leyendo el periódico en su Tablet, acompañado de un café. Dejé mi bolso en la orilla de la cama y me lancé con cansancio a ella.

Las ganas de hojear el diario aparecieron otra vez.

—Hermione no puedes, no puedes —me decía—. De hecho si puedes, no debes, que es muy distinto —respondía mi segunda voz.

Mis manos se fueron solas al bolso, busqué el diario, quizás de cuándo sería, habían muchas hojas ya aclarecidas por el tiempo. Hojeé las páginas más marcadas. Eran las que tenían fotografías impresas de ellos dos. Muchas eran de su adolescencia. Lavender era más rubiecita, y Ron mucho más pecoso. Ambos se veían tan felices en las imágenes que me generaban un poco de envidia. Las ultimas fotografías eran de no hacía tanto tiempo, a lo más, unos seis meses atrás; las podía reconocer porque muchas de esas fotos habían sido imágenes de perfil del que era hoy, mi novio.

"19 de marzo de 2011

Querido diario:

Hoy pasamos nuestro tercer susto con Ron. Ambos estábamos realmente asustados. Nos amamos mucho, pero no queremos ser padres todavía, nuestro plan es salir de la universidad y recorrer Europa. Los hijos vendrán después, cuando formalicemos aún más nuestra relación, y así tendremos una segunda excusa para viajar a esas hermosas tierras. Sé que un hijo es una bendición, pero ahora no creo sentirme muy capaz de cuidar alguno. Me gusta la vida que tengo ahora, y quiero disfrutar de mi juventud. Pero tampoco puedo explicar mi decepción, al darme cuenta que el test de embarazo marcó negativo. Creo que una pequeña parte de mí añoraba el darle aquella noticia a Ron. Pensar en la criatura que saldrá de nosotros me quita el sueño. ¿Será pelirrojo? ¿Llevará sus ojos o los míos? Son interrogantes que de verdad, a veces me gustaría descubrir pronto. Sé que la noticia le alegró, pero estoy segura que también se había hecho ilusiones".

"25 de mayo de 2011

Querido diario:

Ayer tuvimos una discusión horrible, y creo que toda la universidad se enteró. Hace unos meses atrás comencé a trabajar de promotora en un supermercado. El trabajo es estresante y cansador, debemos de estar con las chicas más de ocho horas de pie, a veces, sobre unos tacos de más de diez centímetros de altura, estaba sumamente cansada y uno de los bodegueros, de nuestra misma edad, amablemente nos ofreció una silla a cada una de nosotras. Nos quedamos conversando con él y no nos dimos cuenta de la hora. Una de las chicas escuchó la vibración de un celular, y solo ahí caí en cuenta que tenía que juntarme con Ron, íbamos a celebrar nuestro cumple mes. Tenía siete llamadas perdidas y un par de mensajes de texto. No me creyó y no encontramos cosa mejor que resolver nuestros problemas exponiéndolos en el casino de la universidad. Amo a Ron, pero sus actitudes me desconciertan. Le pedí disculpas, pero es tan paranoico que me abruma. A veces siento que no soy pareja de la misma persona".

"5 de junio de 2011

Amigo diario:

Lo que temía ocurrió. A Ron le ofrecieron realizar su tesis en la capital. Eso significa una cosa: separación.

Sé que es lo mejor para él. Ambos nos amamos, no tengo el miedo de la infidelidad, tenemos la confianza y la seguridad suficiente para mantener una relación a distancia, pero el simple hecho de pensar que no le veré como de costumbre me entristece mucho. Cuando me comentó la noticia le felicité y celebramos como de costumbre, pero me sentía culpable porque no le podía expresar mi pesar. ¿Estaba siendo muy egoísta al querer retenerlo? Sabía que si se lo mencionaba, él se quedaría aquí, pero no quería cortarle las alas. Realmente no sé qué hacer".

"26 de octubre de 2011

Entretenido diario:

El fin de semana estuvo increíble. Ron me llevó a la tienda de antigüedades que se abrió en la calle principal, y me compró una cajita musical. Se acordó de la historia que le conté con respecto a este objeto, cuando recién nos estábamos conociendo. ¡Fue tan romántico! Luego fuimos a tomar helados al parque. El clima estaba agradable y nos mojamos los pies en la pileta. Me doy cuenta que todos los lugares a donde vamos los llenamos de color. Es tan lindo sentirse amada y amar a alguien con la misma intensidad. Con aquel tipo de días, siento que podremos superar cualquier dificultad, porque nuestro amor superará todo".

No leía todos sus escritos, me saltaba fechas y recuerdos que me provocaban vergüenza. A medida que mis ojos obtenían esas memorias mi corazón se iba sintiendo peor. Tantas cosas que habían vivido… ahora conocía el motivo de muchas de las peleas, todo realmente se volvía difícil de digerir.

Uno siempre desea saber el porqué de las cosas. Ahora deseaba ser ignorante. Completamente ignorante.

Y de alguna forma u otra, ahora me sentía invasora, una recién llegada a la vida de Ron.

Comprendía entonces el miedo palpable de Ginny.

Guardé el diario en el cajón de mi escritorio, me cambié de ropa, apagué el celular y me cubrí bajo las tapas, hasta que caí en un profundo sueño.

Un sueño que se inició con amargas lágrimas.


Nota de la autora:

Merezco morir (siempre merezco morir porque me demoro mucho en actualizar) pero como les comenté la vez anterior, inicié mi práctica profesional, tengo un lindo curso y en tan solo dos semanas ya he tenido que visitar el hospital con un alumno y conocer a la PDI xd (algo así como el FBI, pero chilensis), tengo muchos problemas con mis profesores guías, además, estoy trabajando en otro colegio, soy ayudante en coro (por lo que de igual forma, tengo más responsabilidades ahí) y lo que me tiene más atareada ahora, es la preparación de mi ponencia semiótica, la cual será expuesta en Chillán, a principios de octubre. Sí, falta mucho tiempo, pero estoy súper nerviosa, exponer escritos serios nunca había sido tan desafiante, así que desde ya les hago la invitación a dicho congreso, si es que les motiva y viven cerca :')

En cuanto al capítulo, el final es medio raro. ¿Qué pasará ahora con Hermione? Las cosas parecían ir viento en popa, pero este diario cambió un poco las cosas. No sé si quedan uno tres o cuatro capítulos más, estamos en la quemá.

Gracias por sus ánimos… y nunca escriban una historia con temática de Facebook. Vendrá algo llamado Karma, y les romperá el corazón (?) jajajajaja