Uno siempre desea saber el porqué de las cosas. Ahora deseaba ser ignorante. Completamente ignorante.
Y de alguna forma u otra, ahora me sentía invasora, una recién llegada a la vida de Ron.
Comprendía entonces el miedo palpable de Ginny.
Guardé el diario en el cajón de mi escritorio, me cambié de ropa, apagué el celular y me cubrí bajo las tapas, hasta que caí en un profundo sueño.
Un sueño que se inició con amargas lágrimas.
Capítulo XIII Facebook
Coincidencias
Ron POV
Estaba esperándole.
Era usual en ella llegar con un poco de retraso, no porque fuese irresponsable, sino porque le encantaba hacerme esperar, siempre quería sorprenderme. Y sabiendo lo que a ella le gustaba, yo llegaba un poco más temprano para tener la dicha de verle aparecer, arreglándose un par de cabellos que no obedecían el orden impuesto y jugaban a revolotearse con su andar apurado, mientras caminaba hacia mí.
—Estás hermosa.
—Como siempre —respondió, sonriendo abiertamente. Se acurrucó a mi pecho, le aprisioné su cintura y nos besamos un por instante. Abrimos los ojos al mismo tiempo, sentía que estaba completo cuando podía tenerla tan cerca de mí.
Entrelazamos nuestras manos y comenzamos a caminar por todos nuestros lugares favoritos. El tiempo nos había hecho adueñarnos de veredas, de tiendas que aguardaban muchos recuerdos desde que habíamos decidido comenzar con todo esto.
Al pasar, los otros transeúntes nos miraban con gracia. Era como si fuésemos repartiendo alegría por doquier.
—Ese idiota te quedó viendo mucho rato.
—Yo no dije nada con respecto al trío de adolescentes que hizo lo mismo contigo —agregó rápidamente. Besé su frente y apreté su mano con más fuerza. Ya estábamos a punto de llegar a la cafetería donde teníamos planeado pasar nuestro nuevo aniversario.
—Este lugar no cambia. Me gusta que siga manteniéndose así.
—Es como si el tiempo no hubiese pasado —asentimos al mismo tiempo. Le abrí la puerta y ella entró primero. Apenas hicimos ingreso pude ser consciente del aroma del café, mezclado con un perfume que por mucho tiempo me fue muy familiar.
—Mira quién está ahí —dijo Lavender, indicándome—. Vamos a saludarle —haciéndole caso, fuimos hasta donde se encontraba Hermione—. ¡Hola!
Hermione se volteó y nos miró con una sonrisa.
—Hola —pronunció con su suave voz. Nos dirigió una mirada serena a Lavender y a mí.
—¿Qué haces aquí? —preguntó mi novia. Hermione observó su tazón de café—, ¡pero qué tonta mi pregunta!
—No te preocupes. Asumo que ustedes vienen a lo mismo.
—Sí, celebramos nuestro aniversario de bodas. El segundo.
—Aún recuerdo su matrimonio. Creo que no he ido a mejor celebración que esa a la fecha —comentó—. Felicidades, y que cumplan muchos años más.
—Muchísimas gracias. ¿No te gustaría beber otro café con nosotros?
—¡Cómo se te ocurre! Están celebrando su unión. Además, yo ya estoy terminando de revisar estas cosas. El café está prácticamente frío, estoy pronta a retirarme.
—Bueno, te dejamos entonces. Cuídate Hermione, esperamos verte por nuestra casa, tiene una habitación para invitados, con cama matrimonial —lo último lo dijo con un tono sugerente.
—¡Lavender! —le reté ante su sugerencia final. Hermione solo sonrío, nos hizo una seña con su mano y retomó la revisión de sus documentos.
Junto a mi novia caminamos a una mesita ubicada en una de las esquinas del local. De inmediato nos llevaron la carta y escogimos rápidamente nuestros cafés.
—¿Se demorará mucho?
—Unos quince minutos, señorita.
—Gracias —el mesero se llevó nuestros pedidos y de inmediato nos trajo dos vasos con agua cristalina—. Cariño, aprovecharé de retocar mi maquillaje.
—Lavender, estás hermosa.
—Eso lo dices porque eres mi marido. No tardaré más de quince minutos —ella se levantó, y antes de dejarme solo, besó mi frente.
Me eché hacia atrás para suspirar. Sentía que todo estaba en orden. Un ruido extraño captó mi atención, y pude ver que a la entrada de la cafetería, Hermione tenía un taco de mediana intensidad, al haber esparcido por todo el suelo su carpeta colmada de hojas.
—Lo siento, lo siento —exclamaba mientras recogía todas sus hojas. Rápidamente decidí ayudarle—. Se rompió el elástico de la carpeta, creo que excedí a la pobre —me contaba, mientras seguía recogiendo los montones.
—Tendré que regalarte otra, esta está muy vieja ya —agregué, mientras le hacía entrega de todos sus documentos.
—Gracias Ron, eres todo un caballero —mis ojos recorrieron el cuerpo de Hermione. Me detuve en mi parte favorita, sus orbes que no dejaban de observarme.
—¿Qué es de tu vida?
—Aquí, como me ves… haciendo clases en la universidad, atestada de exámenes que aún no acabo de revisar.
—Te gusta venir aquí, siempre te veo por las ventanas.
—Sí… tú me enseñaste este sitio, cuando jugamos a eso de ser novios, para que volvieses con Lavender, ¿lo recuerdas?
—Lo recuerdo. Aunque haya pasado tiempo.
—Cuatro años —dijo rápidamente—, no es que lleve la cuenta —agregó de la misma forma.
—Y sigues soltera.
—Tengo asuntos más importantes que atender ahora. Quiero seguir estudiando, ahorrar dinero, viajar, y luego buscar al indicado. Pero me alegro que estés bien, que todo en tu vida sea genial.
—Te extraño mucho.
—Yo también.
—Deberíamos de vernos más seguido —Hermione asintió
—Lavender ya salió del baño. Será mejor que vayas donde ella.
—Te enviaré un inbox —Hermione volvió a sonreír. De alguna forma u otra, me daba cuenta que no estaba tan tranquilo como creía.
Me fui nuevamente a la mesa que compartía con Lavender.
—Ayudé a Hermione, tuvo un percance con su carpeta —comenté.
—Esa carpeta está bastante vieja. Creo que se la regalaste tú.
—¿Cómo sabes eso?
—Lo recuerdo. En ese tiempo siempre revisaba tus publicaciones y tú le compraste esa cosa.
Entonces, como si hubiesen abierto una puerta dentro de mí, muchos recuerdos, muchos sentimientos me embargaron. Sentí que no fui dueño de mis piernas, las cuales corrieron los metros suficientes para alcanzar a Hermione.
Le tomé de la mano y la volteé. Ella caminaba, y su rostro estaba marcado por un par de lágrimas.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, comenzando a llorar con más fuerza. La atraqué a la pared y la besé como si estuviésemos a punto de morir. Hermione respondió con el mismo deseo, y fue como si por fin hubiera encontrado otro tipo de felicidad. Uno que no me hacía pensar en todo lo que me rodeaba, sino que solamente en ella y yo. Los dos, formando uno solo.
.
Desperté sudando, sumamente agitado. El corazón amenazaba con salir de mi pecho y comenzar a revotar por toda mi habitación.
Busqué con suma urgencia mi celular, necesitaba comprobar a qué fecha nos encontrábamos.
—¡Vamos, mierda, enciende! —dije alterado, al apretar reiteradas veces el botón. Salí solo vistiendo bóxer a la casa y me topé con Ginny en la cocina— ¡Ginny! ¿A qué fecha estamos? —mi hermana deformó su boca, como si hubiese preguntado lo obvio.
—Sábado, 20 de julio de 2013. Diez de la mañana, ¿departamento de los hermanos Weasley? ¿Vacaciones de invierno?
A pesar de que me estaba dando información extra, podía respirar en paz. No habían pasado cuatro años, solo un par de meses desde que con Hermione, habíamos iniciado nuestra relación. Nuestra verdadera relación.
—Te levantaste temprano.
—Me desertó una pesadilla.
—¡Cuéntame más!
—Te reirías de mí.
—Eso lo hago siempre, no sería novedad —era cierto—. Ahora cuéntame con qué soñaste. Si tienes una cara más fea de lo común —hice caso omiso a sus últimas palabras.
—Soñé que me habían pasado unos… ¿cuatro años? Quizás un poco más. Yo estaba cumpliendo mi segundo aniversario de casado con Lavender y me encontraba con Hermione, quien estaba soltera. Nos encontrábamos en mi cafetería favorita. Luego... no sé, salía tras ella y la besaba.
—Necesito que me cuentes todo, con todos los detalles posibles —así fue como estuve todo el día, relatándole mi sueño-pesadilla a Ginny.
.
—¿Harry aún no llega?
—No, Ginny. Te he dicho decenas de veces que está en un taco enorme, y por eso está atrasado.
—¿Hermione se decidió a no venir? —asentí. Para mi desgracia, Hermione no aceptó mi invitación a una noche de pizzas y películas en nuestro departamento. Dijo que el trabajo de ayudante la tenía algo colapsada, y por mucho que nos encontrásemos de vacaciones, ella seguía revisando evaluaciones de sus compañeros de cursos inferiores.
—De todas formas… Hermione está algo rara.
—Cuando está con mucho estrés se coloca algo odiosa. Deberías de acostumbrarte a eso.
—No, me refiero a que… no sé, puede que sea algo imaginario, pero siento que trata de evitarme.
—Ron, no eres un bombón sexual. Hermione siempre pondrá primero sus estudios, luego pondrá a sus amigos, su familia, y después, al final, su persona.
—No, estás diciendo cosas erradas de Hermione, hablas como si no la conocieras.
—¿Y tú la conoces? ¡Por favor! Llevan solo un mes como 'novios reales' no me vas a venir a decir que conoces mucho más a mi amiga.
—Todos se fijan en el tiempo común y corriente. A Hermione le conozco de hace años, Ginny. Y puede que sí, recién llevamos una relación de solo treinta días, sesenta para los otros chismosos. Pero puedo poner mis manos al fuego, y sé que a Hermione le ocurre algo.
Ginny suspiró algo fastidiada y se encerró en la cocina, dando un fuerte portazo. Yo me lancé al sillón de la misma forma, aunque me tuve que poner de pie casi de inmediato porque llamaban a la puerta.
—¿Tuviste problemas con Hermione? —fue el saludo de Harry, luego de que nos golpeáramos la espalda.
—No. Con mi hermana.
—¿Qué pasó? —aprovechando que Ginny no se encontraba husmeando la conversación, le conté todo lo acontecido a Harry, desde el sueño, hasta la última plática con la que me disgusté con Ginny—. Comprendo —dijo, luego de unos segundos de silencio—. Yo creo que tienes un poco de dudas.
—¿Dudas? Yo estoy muy seguro de lo que siento —respondí, alterándome un poco. Creía que Harry me iba a ayudar.
—Yo no soy el experto en analizar sueños, pero si hay algo que he aprendido todos estos años junto a tu hermana, es a leer entre líneas —me quedé callado, esperando a que continuase—. Últimamente has pensando en Lavender, ¿no? Esto no es una pregunta, sino más bien una afirmación. Y creo que has pensado en ella, porque Hermione de alguna forma u otra, ya no está tan cerca de ti. Eso lo sé por lo que me acabas de decir. Tú estás confiado en que las cosas van bien, pero esa necesidad innata que tiene el ser humano de sentirse el centro del universo de la otra persona a veces no juega malas pasadas. A Hermione no le conozco tanto como Ginny o tú, pero sé que no es una mala persona, y que si te tiene algo 'botado' ahora no es porque le has dejado de importar. Bien sabemos los dos que los primeros meses de relación son los más llenos de azúcar.
—¿Habré hecho algo mal?
—Ni idea. ¿Le has obligado a algo?
—¡No Harry!, créeme que muchas veces he tenido ganas de…no sé, llegar a muchas cosas más con Hermione. Pero sé que para ella también es complicado. Yo sería el primer hombre en su vida, y no sé si quiera realmente eso.
—Te aconsejo que no pienses en lo que ella piensa. Trata de ser tú mismo, y no sé, guíale, tú tienes más experiencia en este tipo de cosas.
—¿Así te llevaste a mi hermana a la cama?
—¡Yo solo trato de ayudar! —gritó exasperado, ruborizándose. El grito alertó a la comadreja que estaba encerrada en la cocina.
—¡Por qué no me dijiste que Harry había llegado! —Ginny salió, amenazándome con una cuchara de palo.
—Tranquila amor, recién llegué —Harry saludó a mi hermana de manera civilizada—. Huele muy bien.
—Preparo la especialidad de la casa —comentó orgullosa.
—¿Quieres que te ayude a preparar la mesa? —ambos seres enamorados se fueron a la cocina, aunque hice el hincapié que estuviesen con la puerta abierta. Yo por mi parte me fui a encerrar a mi habitación.
Aburrido de la programación televisiva, encendí mi notebook. Revisé el correo electrónico y luego entré a Facebook. Tenía un par de notificaciones, muchas de estas del jueguito ese del Songpop, así que devolví los desafíos, comprobando mi nula capacidad de reconocer Bachatas (Ginny siempre enviaba ese estilo de música y me mataba). Iba a cerrar la ventana, pero una publicación de Hermione me llamó mucho la atención.
"Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o la madre de tus hijos... Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella.
Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderás para siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado... que las fuerzas de la química escapan a la razón y les impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejarás de intentarlo, Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando.
Pero te aseguro que no pasarás una sola noche, sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más...Todos saben de qué estoy hablando, porque mientras están leyendo esto, se les ha venido su nombre a la cabeza, te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz (la sustituirás por la calma) pero te aseguro que no pasará un día en que desees que esté aquí para perturbarte.
Porque a veces se desprende más energía discutiendo con alguien que amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias".
—Definitivamente le sucede algo —murmuré, sintiéndome mal por no saber qué era lo que pasaba por su cabeza. Vi la hora del notebook. Aún era temprano, asumía que no se enojaría si iba a su casa a visitarle, estábamos en vacaciones.
Salí del departamento, despidiéndome de Harry y mi hermana. Conduje sin prisas. ¿De qué me servía llegar de forma rápida, si ni siquiera sabía qué le iba a decir? Todo se dio en mi contra, y los semáforos marcaron siempre el color verde para avanzar con más premura. Sin salir del automóvil marqué a su celular, esperando que contestase. Se tardó un poco.
—¡Ron!
—Buenas noches, Hermione.
—Buenas noches para ti. ¿Cómo estás?
—Aburrido.
—¿Y por qué? Se supone que Harry iría también.
—Es aburrido porque tú no estás —Hermione río ante mi tono dramático.
—Ya tendremos días para nosotros… prefiero sacrificar este fin de semana, para dedicarme completamente a ti después.
—Eso suena muy bien. ¿Te falta mucho?
—Ya tengo todo revisado, ahora debo de sumar puntajes y escribir las calificaciones en Excel.
—Soy rápido contando números
—No te haré venir, aprovecha de ver la película.
—Creo que estoy más cerca de tu habitación que de la mía —confesé. Inmediatamente sentí como Hermione se movía y se dirigía a la ventana. Me vio y se tapó con la cortina inmediatamente. Al parecer vestía su pijama.
—¡Ron! Debiste avisar, estoy horrible.
—Estás lindísima. Voy a golpear tu puerta —colgué, a pesar que alcancé a escuchar parte de su propuesta. Estacioné el automóvil más cerca, y caminé con total lentitud. Estar cerca de ella, hacía que olvidase todas las preocupaciones, incluso el frío de la noche. Los días se colocaban cada vez peor. Golpeé con lentitud, una, dos, tres veces. Iba por el cuarto golpe, cuando ella abrió la puerta. Estaba algo agitada, y por lo que pude notar, se encontraba sin compañía. Todas las habitaciones de abajo se encontraban en penumbras—. ¿Sola? —Hermione asintió. Sin pedirle permiso, entré a su casa y la abracé con fuerza. Cerré mis ojos y busqué su boca. La encontré de inmediato. Nos perdimos no sé cuánto tiempo ahí, entre su puerta y la primera pared donde decidí apoyarla. Era como si la hubiese dejado de ver por meses, era exagerado, si tan solo un par de días atrás le había venido a dejar a este mismo sitio. Recordaba de vez en cuando mi sueño, entonces le apretaba más y mis besos comenzaban a resonar de otra forma en su boca.
—Estás… ¿estás bien? —murmuraba, sin dejar de besarme.
—Mejor que nunca —agregué. Mis manos empezaron a jugar en su espalda, comenzando a dibujar primeramente formas uniformes. Luego se trasformaron en un montón de ensalada, ensalada que deseaba experimentar un poco más allá, pero una parte de mí, una no muy fuerte por lo demás, me decía que tratase de moderarme.
—¿Va… a…pasar? —dijo de pronto. Su pregunta hizo que me detuviese de inmediato. A este punto, me daba cuenta que habíamos avanzado un poco, casi hasta llegar a las escaleras que daban a su habitación.
—Solo lo que tu desees que pase —comenté. Hermione comenzó a reír nerviosa, luego carcajeó, al punto de separarse un poco de mí.
—¡Esa es una frase muy cliché!, es típica de obrero, sin menospreciar esa profesión —agregó rápidamente. Me dio un beso pequeño en mis labios. De pronto su semblante fue cambiando, como si se hubiese acordado de algo.
—Hermione, ¿estás bien? —repetí su pregunta. Ella asintió—. Pues no te creo nada.
—Deberías —dijo, con muy poca credibilidad.
—Vi lo que compartiste en tu Facebook —solté. Sabía que podríamos tener otra de nuestras discusiones, pero nuestros repentinos cambios también me exasperaban. Uno estaba en una relación para sentirse en paz. Ella suspiró y se dirigió a su habitación. Yo le seguí sin pedir permiso.
Nos sentamos en su cama, estaba algo deshecha.
—Eso debes saber que no lo escribí yo. Es de un escritor llamado Paulo Coelho. No me gusta mucho su literatura, pero ¿sabes? Cuando leí esa publicación… quedé fascinada de la simpleza de lo que escribió, lo encontré realmente hermoso, pero no pude sentirme identificada, al contrario. Pensaba en ti y en Lavender —Hermione poco a poco se fue apagando—. Sé que no tenemos muchos recuerdos, ni lugares favoritos. Conozco muy cosas de ti y tú de mí. También soy consciente del amor que me tienes, y no puedo creer que te quiera todos los días un poquito más. Aun así… el fantasma no me ha dejado seguir con mi vida normal. No temo ser una persona pasajera. No tengo miedo a que me dejes, tengo miedo al después, si sabré ser capaz de tener algo con otra persona.
—Hermione, mírame, mírame —le pedí, tocando sus hombros. Ella estaba a punto de llorar—. No sé qué es o quién te está metiendo todas esas ideas en la cabeza. Primero… yo no sé mucho de escritores y esas cosas, no es mi fuerte, pero ese tal señor Coelho debe de tener mínimo, un centenar de años para decir tal cosa. Ya debió de experimentar, ya debe de tener hijos y nietos para hablar así del amor. Hermione. Yo no tengo previsto mi futuro. No sé qué es lo que sucederá conmigo, si seré capaz de titularme, ser campeón con el equipo universitario, incluso si lograré pasar este año, me pueden atropellar, llevar los extraterrestres, encontrar un mundo mágico y salvar la humanidad, no sé… yo no puedo decir que Lavender sea 'aquella persona' porque ella forma parte de un tercio de mi vida, y me queda tanto por vivir aún… sé que esto para ti es nuevo, también lo es para mí, yo también estoy aprendiendo contigo, es sumamente difícil.
Nos quedamos callados por un instante. La verdad es que no sabía que más hacer. Comprendía sus miedos, pero ella también tenía que entender que yo estaba dando todo por ella, por nuestra relación. Que el pasado lo tenía bastante claro, no tenía por qué asustarse. De pronto, Hermione tomó mi mano. Algo tímida, pero tomó la iniciativa. Se colocó al frente de mí, cerró sus ojos y comenzó a besarme.
Me dejé llevar por sus caricias. Al poco rato, y sin darme cuenta, la tenía debajo de mi cuerpo. De a poco las palabras iban sobrando, y las ideas de seguir conversando se fueron esfumando. A ratos me faltaba el aire y tomaba energías del cuello de Hermione, aspirando su aroma. Abrí mis ojos para verle una vez más, ella también los abrió, y pude leer fácilmente un 'sí', aunque no estaba acompañado de una sonrisa. Hermione estaba realmente nerviosa.
—Tranquila… —murmuré, tratando de hacerle entender que todo estaría bien. Escuché un leve asentimiento, y me atreví a tocar algo más que no fuese su ropa. Mis manos fueron recorriendo su baja espalda, su piel era extremadamente cálida y suave, aquello me hizo jadear inmediatamente. Hermione se acomodó debajo de mí, sus manos recorrían mi tórax y parte de mi cintura. Me apoyé con una mano, y con la otra le guié hasta mi espalda. Seguimos besándonos, el sudor ya estaba llegando a mi cuerpo. Me deshice de mi camisa en menos de tres segundos y la volví a envolver en mi cuerpo.
Mis manos llegaron entonces hasta sus senos. Pude sentir como estos me recibían, erizándose completamente. Por cada nuevo espacio recorrido, sentía que me iba quemando. Hermione subió sus manos y le quité su camisa de dormir.
—No mires mucho… —susurró, volteando su cara. Estaba agitada, pero muy avergonzada. De forma torpe, colocó sus manos sobre sus senos. Eran pequeños, pero no por aquel detalle encantadores. Cada uno de ellos podía caber en mi mano, y pensar en eso me provocaba experimentarlos de inmediato, con sumo cuidado.
—No dejaré de mirarte nunca, Hermione —busqué sus labios para besarlos otra vez, de apoco fue descubriéndose, mimetizándose con mis movimientos. Nuestras pieles que comenzaban a mezclarse se fueron acompañando del nuevo calor, y podía sentir cómo ya me iba preparando para lo inevitable. No quería propasarme con ella, pero si seguíamos con esto, sería casi imposible parar. Ella bajó sus manos hasta mi cinturón, una nueva señal para confirmar que tendríamos nuestra primera relación. Le guié y terminé de hacer su trabajo, necesitaba deshacerme de todo lo que estuviese estorbando. Toqué sus piernas y jugué por unos minutos con el elástico de su pantalón. Decidí bajarlo y ella lo pateó.
Era inevitable el no mirarle. Seguiría sonando cliché, pero era condenadamente hermosa, no había punto de comparación, era todo lo que deseaba ver, tocar, sentir, hacer mío. Y estaba ahí, tiritando, más de nervio que de frío.
—Si me dices que pare… lo haré —me forcé a decir. Pude ver la primera sonrisa en su rostro, aunque duró menos que el pasar de una estrella fugaz.
—No quiero que te detengas —musitó. Sus labios ya estaban rojizos. El miedo en ella terminaría yéndose. Quité la última prenda en ella y seguí estimulándole de variadas formas para hacer que el dolor fuese lo menos importante. De a poco, las piernas de ella fueron envolviéndome.
Bajé mi cabeza hasta el centro de sus senos. Podía escuchar el latir de su corazón con fuerza. Hermione acariciaba mi cabello y con su otra mano me guiaba hasta uno de sus senos. Eran tan suaves, y sentir la presión de su mano en la mía hacía que todo fuese más fantástico. Mi otra mano se fue adentrando a su intimidad, aún faltaba un poco más.
Le llené de besos y palabras lindas. Le llené de verdades, quería que su primera vez fuese lo mejor posible, quería que se sintiera la persona más amada y deseada del mundo. Sus gemidos fueron aumentando, y aquello fue como música para mis oídos. Entonces, de forma lenta, fui adentrándome a ella, muy despacio. Comencé a acariciar sus rodillas, suavemente, casi haciéndole cosquillas, ambos teníamos la piel de gallina y sentí como dejaba caer su nuca hacia atrás y cerró los ojos. Cada vez que me acercaba a su zona paraba y volvía a empezar, entonces ella arqueaba la espalda y se aferraba de la mía, enterrando con un poco más de fuerza sus uñas.
—Ron… —su tono, más agudo y bajito de lo normal, casi confundiéndose con un gemido, me excitaba muchísimo y me daba la tranquilidad que Hermione comenzaba a disfrutar, a pesar del dolor de la primera vez.
Visité sus pechos y su estómago, me dejaba caer en su monte de venus y con cuidado pasaba un solo dedo por sus labios. Su cuerpo no paraba de pedirme guerra mediante movimientos más marcados y vaivenes. Seguí acomodándome, poco a poco al ir y venir de sus caderas, hasta arrancarle un gemido profundo. Ambos nos quedamos quietos. Sus manos terminaron prácticamente hundidas en mi espalda, y a pesar de la incomodidad y dolor que aquello me generaría después, no sentiría angustia alguna. Ahora era de Hermione, y ella era mía, completamente mía.
Jadeé y me adentré un poco más para finalizar nuestra unión. Ella tiritaba y sus piernas me aprisionaban con muchísima fuerza. Busqué su boca y la besé con pasión.
—Ya pasó, cariño, ya pasó —le dije en su oído. Pude ver como Hermione lagrimeaba de un ojo, y comenzó a llorar con un poco más de fuerza—. Quise que fuese lo mejor posible, aunque lamento que haya sido así, de forma tan imprevista…
—Está bien… todo estuvo bien… fuiste tú, y eso para mí es suficiente —contestó, escondiendo su rostro en mi cuello.
De a poco nos fuimos separando. Habían quedado rastros de lo que había ocurrido en su cama.
—Ya sé, me pedirás que no mire —me adelanté—. Tendrás que acostumbrarte, me he enamorado mucho más de ti —le besé la frente y la acomodé a mi lado. Acariciar su cabello esparcido en la almohada me relajaba, y de a poco mi respiración y la de ella se acompasó. Permanecimos así por no sé cuánto tiempo. Quizás fueron minutos u horas; era como si iniciáramos un nuevo reloj con nuestras vidas, con nuestras respiraciones. Con algo de vergüenza se cubrió con la manta que dejaba en los pies de su cama, mientras se tapaba decidí darle algo de privacidad, me volteé y me coloqué el bóxer y pantalón.
—Debo de lavar esto antes de que lleguen mis padres —confesó, sin perder el rubor en sus mejillas. Comenzó a reunir toda la ropa de cama que estaba esparcida.
—Llegarán… ¿muy pronto? —pregunté algo asustado. Ni siquiera conocía al papá de Hermione.
—En la amanecida, tu pellejo está a salvo —agregó.
—Te ayudaré con eso, debes de estar cansada —hacerle recordar un poco lo recién vivido hizo que retomase su color. Aferró las sábanas y prefirió darme la espalda.
—Busca en el armario un nuevo juego, haz la cama si deseas. Iré a dejar esto en la lavadora y prepararé de comida —habló de comida y recordé la pizza. Asentí y me dejó solo. Aproveché de estirarme y sonreír. Era como si estuviera comenzando una nueva vida. No quería abrir la ventana, hacía muchísimo frío afuera, pero era necesario el cambio de aire en la habitación. El viento frío azotó mi rostro de lleno, fue mucho más refrescante que un chorro de agua.
Me habría gustado que nuestra primera vez juntos hubiese sido distinta. No era muy romántico, pero recordé la primera vez en que lo hicimos con Lavender. Esperamos el momento por mucho tiempo, sabíamos que vendría, por lo que escogimos un lugar, compartimos mucho tiempo antes… eran otros tiempos, las cosas en aquella oportunidad se dieron bien, ahora, a pesar de haber sido distintas, encontraba que de igual forma había sido especial.
Hice la cama lo mejor que pude. Hermione me llamó desde el primer piso, así que dejé junta la ventana y entreabierta la puerta para que el aire siguiese recorriendo parte de la casa.
Vi la mesa servida, y un antiguo recuerdo inundó mi cabeza de golpe. Había jugo de frambuesa y selladitos. A Lavender y a mí nos encantaba comer selladitos. A veces no teníamos dinero, y cada uno se comía la mitad, así como otras veces gastábamos todo el dinero que teníamos y nos llegaba a doler estómago de tanto pan y queso sellado en esas máquinas chiquitas pero milagrosas. El jugo también traía memorias, era el favorito de ella, y se ponía tan feliz cuando le daba en el gusto y comprábamos aquel sabor.
Era una coincidencia terrible.
—Es difícil porque piensas en ella, ¿verdad? —dijo Hermione, mirando la mesa.
—¿Ah?
—Olvídalo. Dije algo que no debí de haber dicho en voz alta —se retractó, aunque pude notar el cambio de voz.
Me parecía increíble que una coincidencia como esta se presentara luego del momento que acabábamos de vivir. Me sentí culpable.
—Disculpa —Hermione bajó la mirada y se sentó. Trataba de esquivar mi mirada.
—No tienes por qué disculparte, yo no debí de haber hecho esto.
—¡Nada que ver! ¡Todo se ve delicioso! —masqué uno de los selladitos, estaba realmente exquisito. Acabé con la mitad del jugo de mi vaso, el líquido medianamente helado recorrió mi esófago y fue llenando mi interior—. ¡Exquisito! —ella sonrió, pero solo lo hizo por cortesía. Podía ver que no la estaba pasando bien otra vez.
Comimos en silencio. Era incómodo, luego de todo lo que había ocurrido entre nosotros. Se suponía que nuestra relación se pondría más empalagosa, vendrían mejores cosas, pero sentía que la estaba cagando, sin saber por qué. Fue así como recordé su pregunta inicial, y sabiendo que provocaría problemas, de igual forma comencé a hablar.
—Es verdad. Probablemente siga pensando en Lavender durante mucho tiempo. Pero las cosas han cambiado. Nosotros dejamos de ser pareja, pero seguimos siendo personas. Si a ella le sucede algo yo le ayudaré, porque sé que si a mí me sucede algo, ella hará lo mismo por mí, y no tiene que entenderse como amor, porque ella y yo ya no somos pareja.
—Todo lo que dices lo puedo comprender, no soy tonta, tampoco egoísta. Pero compréndeme a mí también. Esto duele.
—Me sorprendió la comida que preparaste, solía ser la favorita de Lavender, principalmente. Por eso mi mala cara, no tenía que ver contigo.
—No me hagas caso, tengo muchas cosas en la cabeza ahora, no me siento muy bien, suelo explotar con facilidad cuando me comienzo a sentir un poco mal —respondió.
—¿Deseas descansar? Puedo llevarte a tu cama, no tengo problemas.
—Me bajó un leve dolor de cabeza, me pongo algo idiota.
—¿Quieres que vaya por alguna pastilla o algo?
—Sí… en el baño tiene que haber unas pastillas para el dolor de cabeza, en el botiquín que está sobre la repisa. Sino están ahí, deberían de estar en mi escritorio —subí rápidamente las escaleras y fui hasta el baño. Busqué en el botiquín pero no había nada, así que entré a su habitación. Aproveché de cerrar la ventana y comencé a buscar en su escritorio. Vi la repisa, cerca de su computador, abrí el primer cajón del escritorio para ver si las había guardado ahí. Sí, ahí estaban, pero un pequeño cuadernillo me llamó la atención.
Saqué las pastillas y dicho cuadernillo. Al abrirlo, supe de inmediato de quien era. ¿Qué hacía Hermione con el diario de Lavender?
Apenas me hice aquella pregunta, el comportamiento de Hermione, sus miedos, incluso lo que acababa de pasar recién, me hacían comprender su actuar. Y no podía entender, si estaba entristecido o decepcionado. Había venido a la casa de Hermione a solucionar las cosas. Tuvimos relaciones, y ahora encontraba este diario. Todo resultaba ser realmente complicado y doloroso.
Nota de la autora:
Hola, creo que llegué más temprano de lo común (alabado sea el feriado largo que me hizo producir en todas mis tareas) CAPÍTULO RE INESPERADO ¿NO? No me maten xd. Es difícil describir una relación sexual desde el POV de un hombre experimentado, versus una joven virginal. Salió medio raro, no me odien (otra vez xd). La pregunta del millón: ¿qué pasará ahora? Quien se sienta identificado con el fic, puede dar libre opinión, este escrito se ha formado producto de vivencias tanto personales (chan) como de personas muy cercanas, entonces, es muy real en muchas cosas.
Me despido, ahora viajo a mis deberes en la otra ciudad. No sé si hay argentinas leyendo (antes sí xd) les aviso y desde ya les hago la invitación a la ciudad de San Miguel de Tucumán en la semanas de agosto (luego confirmaré) el coro y orquesta de mi universidad se presentará en la UNT, así que podrían ir a vernos y conocer nuestro trabajo, y para las chilenas que viven en Chillan (o cerca) al Congreso de semiótica. Por ser oyentes la adhesión es solo de $2000 (y me conocen en mi faceta seria y escritora más pulcra) esta invitación es para los días 9, 10 y 11 de octubre.
