Capítulo final Facebook


Hermione POV

No, no me quejaba de la efusiva muestra de cariño de Ron, pero mi cabeza no podía dejar de pensar en qué cosas habían ocurrido durante todo este tiempo en que trataron de solucionar la interrogante con Ginny.

Un suspiro se me escapó cuando los labios de Ron comenzaron a armar un collar de besos en mi cuello. Mis piernas perdían energía y trataba de mantenerme en pie lo más que podía. De a poco una electricidad me iba invadiendo, haciendo que aquellas preguntas que me mantenían no tan conectada con la situación, se fuesen yendo bien lejos.

Con más soltura lo atraqué a mi cuerpo. Mi espalda sonó contra la pared, y uno de los cuadros cayó al suelo. Ambos comenzamos a reír, pero no nos soltamos por ningún instante. Ninguno de los dos decía palabra alguna, solo nos dedicábamos a tocarnos, a seguir explorándonos como la primera vez, pero con mucha más fuerza, confianza; entrega.

Fui más valiente y le saqué su polera. Me detuve por segundos para contemplarle, ya no daba tanta vergüenza, e iba marcando cada rincón de su tórax. Ron me agarró de las caderas y me apoyó en la pared. Ahí le aprisioné con mis piernas, y podía sentir cómo su miembro iba creciendo en mi bajo vientre. Aquel gesto hizo que me fuese meneando más a él, y un gruñido nació de su garganta, el cual lo acalló cuando perdió otra vez su boca en mi clavícula.

—Te haré el amor cómo debí hacerlo aquella vez —soltó de pronto. Una nueva corriente me embriagó.

Dejando la rapidez de segundos atrás, lentamente nuestros rostros se acercaron mientras cerrábamos los ojos, entregándonos ciegamente a ese beso que nos queríamos obsequiar, con más dulzura. El deseo no se esfumaba, se agolpaba en nuestros labios, inflamados, hinchados de amor y desesperación, de lujuria, al resbalarse el uno en el otro en besos que se extendían más allá de nuestras bocas, al mentón, nariz, mejillas y ojos del otro.

Apoyados en la escalera, sus manos seguían en mi cuello y rostro acariciándolo. Las mías por su parte sobaban su pecho, mis palmas se apoyaban por completo en él, masajeándolo en forma circular e incluso apretando fuertemente sus tetillas entre mis dedos índice y corazón, lo cual al parecer le gustaba, pues gruñía levemente.

Lo tenía a mi merced, envuelto en mis piernas y en mis brazos, apretado contra un rincón del peldaño, tomando el control en ese momento acabándolo a besos. Sus manos se deslizaron por mi espalda suavemente. Me tomó de la mano y nos fuimos directamente a mi habitación. Nos lanzamos a mi cama, en donde nos tumbamos de medio lado, frente a frente y nos abrazamos de nuevo.

Metí una de mis piernas entre las suyas y el me envolvió con su pierna a la altura de mis caderas. Así estuvimos varios minutos simplemente mirándonos y hablando tonterías, para contener esas ansias que parecían de otro planeta. Nos acercamos lentamente para besarnos de nuevo sin prisa y sensualmente, estirando cada labio, succionando la lengua del otro con dulzura.

Ron miraba alternativamente mi cuerpo, leve movimiento y mi rostro de placer. Mis ojos comenzaron a cerrarse otra vez y mi boca a entreabriese, respiraba con dificultad y más a medida que la velocidad de sus caricias aumentaba. Sus dedos se iban perdiendo entre mi ropa, en mi interior. De a poco fue despojándome de las demás prendas. Se volvían realmente innecesarias.

Sus hombros fuertes y espalda ancha me fueron cubriendo bajo de él, y desde la cintura comencé a friccionarlo hasta llegar al cuello. Al principio hice fuerza tratando de relajar sus músculos pero luego me di cuenta que le provocaban más placer las caricias. Mis manos se deslizaron por su espalda y lentamente él se fue entregando a ellas.

En determinado momento giró y quedamos sentados. Sin decir una palabra continué el masaje por su pecho y él comenzó a recorrer tímidamente mi cuerpo con sus manos. Empezó por mis caderas, fue subiendo para acariciar mis brazos, mi cuello y tomándome suavemente por las axilas me levantó para sentarme sobre sus piernas.

Yo me dejé llevar. Sin dejar de acariciarme me desató el sujetador. Nunca me había sentido así. Creo que sus caricias en medio del vaivén, hacían que despertasen en mí, nuevas emociones.

Mientras recorría cada centímetro de mis pechos con su boca, pegaba su miembro al mío para que sintiese sus ganas. Nos besamos profundamente y nuestros cuerpos no dejaban de rozarse uno contra el otro.

Decidí quitarme todo tapujo de mi mente. Me acosté sobre él, piel a piel sin que tocaran las sábanas, mi pecho en su pecho, mis piernas en las suyas, apoyada tan solo en mis codos. Sus manos se apoderaron de mis nalgas y las mías de sus hombros por debajo de sus brazos para atraerlo más a mí. Yo temblaba de la cabeza a los pies, como si fuera mi primera vez mientras nuestras lenguas y piernas se enredaban aún más. Nuestras manos corrían resbalándose ágiles, me movía lentamente, sin detenerme ni un momento, en un movimiento frenético que ni yo misma pudiese medir.

Me obsequió una mirada de complicidad eterna y se colocó sobre mí, cambiando de posición para entregarnos por completo, nuevamente.

Comenzó a entrar lentamente, y en esos segundos el tiempo casi se detuvo, el viento dejó de soplar, el mundo afuera y adentro de esas paredes permaneció en silencio, salvo por un murmullo apenas perceptible en nuestras gargantas, casi incluso dejamos de respirar mientras su cuerpo entraba en el mío.

Me inundó, y al unísono soltamos un suspiro como de alivio. No sabría describirlo, salvo diciendo que estamos yendo acordes en todo. Iniciamos el consabido, inevitable y delicioso movimiento circular de nuestras caderas. Despacio, con algo menos de desenfreno que unos momentos antes, pues nuestros cuerpos comenzaban a conocerse, a aprender cual era el ritmo más placentero y adecuado para ambos.

Hubo magia, rapto simultáneo. De espasmo en espasmo, ambos convulsos. Sudábamos, jadeábamos, resoplábamos…, se sentía como en el cielo. Apenas podía creer lo que estaba sintiendo, minutos después estaba a punto del máximo goce, tenía al hombre más maravilloso del mundo sobre mí y si todo salía bien, toda una vida para disfrutarlo.

Todo ese placer se juntó en una nueva embestida que me hizo gritar y apretarme aún más a su cuerpo. El verme dar rienda suelta a mi placer sin ningún tipo de inhibición le encantó, no podía resistirlo, segundos después me inundó de nuevo con su calor.

Cayó exhausto sobre mi pecho, respirando con dificultad, sudoroso y satisfecho, escuchando el agitado palpitar de mi corazón. Me tumbé a su lado con la convicción de que deseaba cuidarle, protegerle y sentirme acunada entre sus brazos por el resto de mi vida, aunque sonase así de exagerado.

Dormimos un par de horas, quizás fueron más. Yo estaba especialmente cansada, desvelada aunque con una placidez que no había sentido nunca. Entre sueños sentía sus caricias por mi cabello, cuello y espalda.

Desperté y todo era oscuridad. Afuera no existía el ruido de los automóviles o transeúntes. Asumí entonces que era entrada la madrugada. Con pesar me despegué del abrazo de Ron y vi la hora en mi reloj de velador, eran pasadas las tres de la mañana. Me cubrí con la bata y me dirigí al baño. Tomé una ducha rápida, sin dejar de pensar en lo que acabábamos de vivir. Todo había sido distinto, pude sentir esa conexión que quizás en mi primera vez no pude experimentar por los miedos y dudas que seguían como fantasmas en mi cabeza.

Salí del baño y me encontré de sorpresa a Ron, en el umbral de la puerta de este. Alcé mis cejas con sorpresa, iba a taparme rápidamente, pero él lo impidió. Costaba aún quitarse todo el pudor.

—Me hubieses despertado y nos habríamos bañado juntos —exclamó detrás de mi oreja. El silencio de la noche hacía que pudiese escuchar fácilmente el latido de su corazón, o quizás era el mío…

—Eres insaciable, ten un poco de consideración conmigo, por favor —contesté con una pequeña risa. Entró sin mi aprobación a mi baño, y se introdujo en la ducha. Se sacó la sábana que le cubría su parte baja y vi como una de sus manos se asomaba entremedio de las cortinas de la ducha, haciéndome una nueva invitación, a una nueva experiencia. Me asomé para ver el reloj otra vez. Aún teníamos algo de tiempo, antes de que llegaran mis papás del trabajo.

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Luego de aquella noche, donde nos dedicamos a compartir nuestro amor y no a hablar con respecto a Ginny y su increíble capacidad de crear situaciones poco normales, decidimos juntarnos a conversar con respecto a todo lo acontecido.

Enterarme de cómo fueron dándose las cosas, me hizo sentir realmente inestable. Nunca me habría imaginado todas las cosas que pasaban por la mente de Ginny, no me sentí traicionada, pero sí una parte de mí no creería jamás en ella. Dejando de lado aquella situación, había una nueva que también me estaba incomodando, y debía de finiquitarla con mi novio.

—Dime, qué es lo que te tiene con ese seño tan fruncido —exclamó, dándole el último sorbo a su jugo de frambuesa.

—Tenemos que hablar del intercambio —solté sin premura.

—¡Oh! Cierto… el intercambio. Creo que Harry sí lo tomará, se va dentro de un mes.

—No, no me refiero a Harry. Me refiero a tú intercambio. Lo leí en el diario de Lavender, y nosotros también lo conversamos una vez.

—A ti no se te escapa nada, ¿cierto?

—Que no se te olvide que soy la ratona de biblioteca —argumenté, con una sonrisa nerviosa.

—No quiero tomarlo. Ahora no… quizás después.

—¡Pero tu oportunidad es ahora!

—Ahora quiero otras cosas… otra persona, mejor dicho —diciendo aquello tomó mis dos manos y las cubrió con las suyas.

—Yo no quiero ser un impedimento para tu crecimiento profesional.

—No eres un impedimento, eres mi cable a tierra en estos momentos, eres lo mejor que puedo tener, y recién ahora estamos disfrutando como corresponde nuestra relación. Conversé con mi jefe de carrera, y dijo que podría realizar mi tesis final en un intercambio, para eso falta aún un año, y quizás, quien sabe, me podrías acompañar, y así no estamos separados.

Su propuesta realmente me impresionó demasiado.

—¿Qué dices? ¿Te irías el próximo año conmigo? —ahora su propuesta era un poco más fuerte.

—Claro que sí, no te dejaría solo en tu último camino por la universidad —respondí, apretándole las manos. El próximo año yo ya estaría con mi año universitario culminado, podría seguirle a donde quisiera.

Nos quedamos en silencio por un instante. Quise entonces preguntar por alguien más.

—Harry… decidió entonces tomar el intercambio —Ron asintió con algo de pena. No por su amigo, sino por la verdadera razón de la decisión de Harry—. ¿Ellos hablaron algo?

—Creo que se iban a juntar hoy en la tarde a conversar.

—Espero que ambos terminen bien.

—Yo espero que mi hermana aprenda a no meterse en la vida de los demás. Ya, sí, a nosotros nos ayudó, pero creo que de alguna forma u otra, ambos habríamos terminado siendo novios.

—Me da pena la situación. De esto tenemos que aprender que no se debe de mentir. Si ella hubiese confesado lo que ocurrió esa noche, definitivamente, las cosas habrían sido mucho mejor.

—Pero bueno… dejemos de pensar en el pasado, que ya no lo podemos solucionar —asentí. Terminé de beber mi jugo, y estuvimos dando vueltas por el centro comercial toda la tarde. Luego me fue a dejar a mi casa y nos despedimos con serenidad. Mis dos padres se encontraban dentro.

Dejé mi bolso al costado de mi cama y encendí mi notebook. Abrí la página principal y me coloqué el pijama para andar más cómoda en mi casa, no planeaba salir de nuevo. Volví al escritorio y ahí encontré en mi Facebook el 1 en mi inbox. Suponía de quien se trataba, y no me equivoqué al comprobar que era de Ginny.

¿Crees que podamos juntarnos a conversar?

¿Quieres venir a mi casa? —le escribí. Tardó solo unos segundos en contestar.

Ya estoy afuera.

—¿Qué? —dije en voz alta. Al ratito después escuchaba como mi madre respondía al llamado de puerta y le decía a Ginny que entrase a mi habitación.

—Lo siento… es que venía para tu casa y justo te vi cómo te despedías con mi hermano. No quise ser inoportuna.

—Igual llegué hace un rato, estuviste mucho rato fuera de casa, idiota.

Ginny se sentó en mi cama y le ofrecí algo para beber. Accedió, y cuando volví con un vaso de gaseosa, ella ya se encontraba acunando un cojín, como de costumbre. Le dejé el vaso en el velador, y a los segundos después, comenzó a llorar.

Sabía que sucedería aquello. Me senté también en la cama y la acurruqué en mis piernas, haciéndole cariño en su roja cabellera. No podía hacer otra cosa más que eso. Lloró por muchos minutos, y dejé que lo hiciera hasta que ya no tuviese más lágrimas que derramar. Ella sola comenzó a hablar cuando se relajó.

—Se irá el otro mes.

—Lo sé… Ron me contó aquello durante la tarde.

—Él me iba a proponer que nos fuésemos juntos… yo seguiría mis estudios junto a él… pero Harry aceptó la beca para irse de intercambio, la más próxima. No quiere verme más.

—¿Él te dijo que no te quiere ver más?

—No, yo lo asumo.

—No creo que sea así, Ginny. No seas melodramática. Harry está dolido, y es comprensible que quiera justamente, 'ese espacio para él' que quizás, muchas veces ustedes no se dieron.

—Siento que lo perdí, y todo por no contarle lo de aquella noche.

—No, no lo has perdido, pero su confianza en ti ha cambiado. Al igual que la mía, pero aquello no viene al caso ahora.

—¿Tú también me dejarás?

—Ginny, por amor a los demás, no pienses en que todo gira en torno a ti. Cada uno de nosotros somos personas, tenemos nuestros problemas, como también, nuestras oportunidades. No te niego, eres mi amiga, te quiero muchísimo, pero todo este plan que hiciste tenía todo un pasado algo macabro, esto pudo terminar mucho peor. Agradece que Harry se juntara a conversar hoy contigo. Hubiese sido otro hombre, sencillamente te deja.

—No sé qué haré de mi vida sin él.

—Seguir con tu vida, ¡obvio! —contesté algo molesta. Ginny había sido quien había generado todo esto. Debía aprender ahora a tomar responsabilidades de sus actos—. ¿Sabes? Esto puede que realmente les venga bien a ambos. Ustedes se aman. Esta situación puede unirles…

—Como también, destruir toda nuestra relación. Ron estuvo muchos años con Lavender y qué pasó luego, llegaste tú.

—Por tu culpa.

—A lo que voy… Harry puede conocer a alguien más, y tener algo igual de fuerte.

—Ginny, tú misma me dijiste una vez que quien crees que te engañará, es porque tú te crees capaz de hacerle aquello a esa persona. No te ciegues con los problemas de ahora. Recuerda los hermosos momentos que tuviste con Harry. No seas egoísta. La oportunidad que le dieron a él no se la dan a cualquiera.

—Lo dices porque Ron desistió del intercambio y se quedará contigo.

—Lo tomará el año que viene y nos iremos juntos. Madura Ginny, por tu bien —agregué, para zanjar la infantil conversación.

Conversamos de otros temas, pero el ambiente desalentador no se fue jamás. Luego argumentó que tenía sueño, y se fue a su departamento. Apenas se fue le escribí en su inbox 'lo siento'. Sé que lo leyó de inmediato, porque el computador me marcó el 'visto a las 21.43' mas no me respondió.

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Y aquel mes pasó de forma rápida e imperceptible.

Asumo que la espera se sintió de aquella forma, porque de alguna manera uno desea tener más tiempo con la persona antes de que se marche. Harry tampoco se iría por tanto tiempo, estaría fuera del país lo que dura un semestre, seis meses, pero ya dependía de él si seguir allá o devolverse en aquel tiempo. Al menos yo, tenía la esperanza de que estuviese en el tiempo inicial aquí, pero si le resulta algo allá… bueno, solo el tiempo sería capaz de decírnoslo.

Ginny apenas entabló conversación con su hermano, y para que no la molestasen en su Facebook, cerró su muro. Algunos de nuestros compañeros comenzaron a especular cosas, y cuando le veían en la universidad, le solían regalar miradas con muchas preguntas.

Tampoco se contactó conmigo. Y no pensaba buscarla. Pero si ella se acercaba para conversar, la recibiría con los brazos abiertos.

—Gracias por acompañarme.

—Es lo que hacen los amigos —respondió Ron. Ambos se acercaron y se despidieron con un abrazo.

—Avísanos apenas llegues, por favor —dije, también abrazándolo.

—Les tendré al tanto de todo, no tienen por qué preocuparse, chicos —pude ver como Harry buscaba con su mirada a Ginny. Ron y yo también lo habíamos estado haciendo, pero no percibíamos ninguna cabeza pelirroja, a excepción la de mi novio.

—La he llamado, pero tiene su celular apagado. Cuando salí de casa ya no se encontraba —habló Ron.

—Mejor así… supongo —habló Harry, con una afirmación totalmente falsa.

—No desistirás, ¿cierto?

—¡Ron! —le reté. Lo que menos tenía que hacer, era colocarle dudas a Harry en la cabeza.

—No, mi decisión ya está tomada, nos veremos dentro de seis meses. Pero tranquilos, que con internet todo es posible, si me extrañan mucho, podemos hacer una video llamada y será como tenerme aquí mismo, solo que a unos miles de kilómetros de distancia.

El vuelo de Harry fue anunciado, se volvió a despedir de nosotros y se colocó su mochila al hombro, en dirección al embarque.

Ron me tomó de la cintura y nos quedamos viendo a nuestro amigo, como iba subiendo por la escalera mecánica para realizar el último proceso antes de subirse al avión.

Desde unas enormes macetas que había casi a la entrada del pasillo donde nos encontrábamos con Harry, saltó Ginny, quien con mucha rapidez, corrió por las escaleras para tratar de alcanzarlo.

—¡Señorita, no puede pasar para allá si no es pasajera! —le gritó un guardia.

—Déjela pasar por favor. Su novio de toda la vida se va y no alcanzaron a despedirse —le dije. Me sentí como la actriz de alguna película, y asumo que el guardia también, porque sonrió algo sonrojado y no le siguió.

Con Ron nos retrocedimos para tratar de ver algo desde el primer piso. Ginny abrazó por la espalda a Harry. Este se volteó, ambos se miraron por un leve instante y se unieron en un beso.

La gente a su alrededor comenzó a aplaudir. Harry estaba tan rojo que podíamos notarlo desde la distancia. No supimos qué palabras intercambiaron, pero Harry acariciaba la melena de Ginny, como en los viejos tiempos. Ella le entregó un osito pequeño de peluche, con el color de su cabello, algo así como 'no me olvides nunca, te estaré esperando'.

Hicieron un nuevo llamado, Harry le besó la frente y continuó con su caminata. Ginny se devolvió y se juntó con nosotros.

—Tú y tus manías de hacer que todo parezca una película —le retó Ron—. Pudiste haber aprovechado más tiempo con él aquí.

—Quizás lo habría hecho desistir, le conozco muy bien. Y no merezco aún que se quede por mí —respondió con tranquilidad.

Ron le abrazó y ella se acurrucó bajo su lecho. Derramó un par de lágrimas, y una vez más calmada, decidimos ir al departamento para almorzar.

Hacíamos la sobremesa, cuando Ron recibió una llamada.

—¿Quién es? —pregunté, al ver su cara de asombro.

—Oliver.

—¿Oliver? —Ginny también parecía sorprendida—. Contéstale, debe ser algo súper grave para que te esté llamando. Ron asintió.

¿Ron? —la voz de Oliver se podía escuchar.

—Sí Oliver, dime, qué sucede.

Necesito conversar contigo,… me preguntaba si estás en tu departamento, estoy abajo en el estacionamiento, necesito conversar con alguien.

—He… claro, claro, ven —respondió con duda. Oliver cortó de inmediato la llamada.

—Creo que es algo privado. Será mejor que vayamos a tu pieza, Ginny.

—Lo mismo creo —agregué. Recogimos la mesa rápidamente y nos fuimos a la habitación de Ginny. Ella inmediatamente abrió su Facebook y buscó a Oliver. Quería ver si él había publicado algo, pero no aparecían escritos que denotaran algún problema.

El timbre del departamento nos anunció su llegada. Ambas nos quedamos detrás de la puerta.

—Sé que te parecerá raro el que te haya llamado, más aún cuando traté de levantarte a tu novia. Pero sabes que los amigos son amigos, y que el fútbol nos ha unido, además, como el capitán de futbol que eres, debo de hablar contigo esta situación —dijo de forma rápida y angustiante.

—Calma, Oliver. ¿Deseas algo para beber? Siéntate, por favor… estás algo pálido.

—¿Has escuchado del karma?

—Algo… por mi hermana.

—Funciona según cómo obras… dicen que el karma te cobrará todos tus males, y te los hará pagar con doble fuerza. Creo que lo estoy comenzado a experimentar de la peor forma posible.

—Oliver, con más calma, por favor, no entiendo qué es lo que tratas de decirme.

—Dejaré el equipo de fútbol.

—¿Qué? —la sorpresa de Ron fue inmediata. Y tanto la de Ginny como la mía también. Todos los presentes sabíamos lo mucho que le gusta el fútbol a Oliver, y lo buen jugador que es—. ¿Tuviste algún problema con alguien? Ya sé… te metiste con alguna novia de los chicos del equipo, este se enteró y…

—No, no… ojalá hubiese sido aquello, pero no. Es algo mucho peor, por eso te hablé del karma.

—A qué viene tu decisión, en la cual estoy en completo desacuerdo.

—Mira este examen —se podía escuchar como Oliver buscaba dentro de algún bolso o mochila un documento. Lo demás fue silencio.

—Oliver…

—Escuchar la palabra SIDA me ha estado matando desde que recibí este papel de mierda —Ginny se tapó la boca para no emitir sonido alguno. Yo tragué saliva y podía darme cuenta de los latidos de mi corazón. Era una noticia totalmente inesperada y sin gracia.

—Por eso hablabas del karma —murmuró Ron.

—Fui una mierda con tantas mujeres, Ron. Me comporté tan mal, nunca me cuidé, porque me creí el súper hombre… y ahora no sé quién me contagió, y si contagié a alguien. ¿Te das cuenta del enorme problema en el cual estoy metido?

—Comprendo tu angustia, tranquilo… lo primero es comenzar a contactar a las mujeres con las cuales estuviste y advertirles, que vayan a hacerse el examen.

—¡Ja! Tendría que hacer un evento en Facebook e invitar casi a todas las chicas de las facultades. Fui un maldito bastardo, Ron, me metí con cuanta mujer me levantó el culo.

—Pues tendrás que hacerte el ánimo, a ver si con eso, el karma se hace más llevadero. Tienes que comenzar un tratamiento también para…

—¿Para qué? Esta enfermedad no tiene cura, de igual forma me voy a morir. Tengo 25 años, Ron, y no sé siquiera si seré capaz de tener un hijo. Obviamente ya no podré tener uno.

Se quedaron en silencio por un instante. En mi interior supuse que Ron haría una pregunta de extremo rigor.

—Sé que sonará algo descarado que te pregunte esto y en tu situación, pero… tú… alguna vez…

—No. Con ninguna de tus mujeres. Ni con Ginny, Lavender, ni Hermione —ambas escuchamos el suspiro de tranquilidad de Ron, aunque sabíamos que sus dudas eran con respecto a Lavender.

—No estás solo. Tienes nuestro apoyo. Y con nuestro, digo el de todos tus compañeros de fútbol. Recuerda que somos una familia.

Hablaron de más temas relacionados a la enfermedad, Oliver estaba haciendo los trámites en la universidad para tomarse un año completo, tenía en mente viajar a la capital a comenzar su tratamiento. Le dolía el hecho de que su fama de Don Juan le pasara la cuenta. A la hora después se despidió y agradeció por el apoyo a Ron. Ginny y yo salimos de la habitación en silencio. No había que decir palabra alguna, habíamos escuchado todo.

De igual forma, la noticia de la enfermedad de Oliver se supo en la universidad. Oliver no había mentido en la cantidad de chicas que corrían peligro de haber sido contagiadas o de ser portadoras del VIH. En la universidad se ofreció como medida de protección, el test de ELISA durante toda una semana. Todos los estudiantes nos lo hicimos, aprovechando la oportunidad, y sea como sea, para intentar proteger la reputación de muchos estudiantes.

Muchos casos de otras enfermedades se dieron a conocer, por lo que se prohibieron las fiestas dentro del campus y la prohibición de entrega de fondos económicos para celebraciones fuera de la casa de estudio, para intentar prevenir situaciones similares. Sin embargo, aquello no salvaría más vidas de contagios, sino una verdadera educación sexual desde infantes.

—Ginny, ¿me podrías explicar el porqué de tu cara? Llevas como fotografía hace cinco minutos, y eso no es normal. Ya sabemos que no tienes VIH

—No, pero tengo otra noticia bomba que darles. Serán tíos.


Nota de la autora:

Tómenlo como un regalo de navidad, aunque casi ya no es navidad (a lo menos aquí en Chile). Me perdí meses, sí, meses, pero niñas, ser profesora es sin lugar a dudas, la profesión más caótica del mundo. En estos meses, tuve que acudir hasta una medida de protección (esa onda, soy todo un record en mi generación xd). Por suerte ya soy una profesora con todas sus leyes, y musicalmente hablando, mi vida ha estado rodeada de éxitos durante el último tiempo. Sé que no he estado tan desaparecida para quienes me tienen en Facebook, porque hasta de Twitter me desaparecí, es que de verdad, no hay tiempo de nada cuando tienes a muchas bestias a cargo.

Gracias a las personas que se siguen sumando a esta familia de Facebook. Nunca creí que tuviese tanto éxito, aún con mis desapariciones. Mi intención es escribir un epilogo, ideal para los primeros días de enero (salgo de vacaciones el 31 de diciembre xd) y de ahí, dedicar a terminar la continuación de Breaking Rules (esa sí que la tengo botada u.u)

De todo corazón, espero que hayan pasado unas felices fiestas, y que las festividades que aún quedan, sean de completa felicidad. Les quiero mucho!