Epílogo Facebook

¡Recuérdame!


Cinco años después

Ron POV

Llevaba un buen tiempo mirándola. Parecía tranquila, como si estuviese en un sueño profundo, sin ningún problema o duda que resolver. Podía apreciar como su pecho subía lentamente mientras respiraba, y un pequeño suspiro se escapaba de su boca, para repetir la acción.

La imagen sería perfecta, si no fuese por el 'tic…tic…tic' de la maquinita odiosa que estaba al lado de su cama, marcando el ritmo de su corazón. ¡Claro!, y el aroma a suero que impregna las habitaciones de los hospitales, con sus características paredes en tonalidades semejantes al blanco.

Corrí un poco más el sillón que estaba al lado de su cama, y coloqué sin su autorización mi cabeza cerca de su brazo. La posición era incómoda, pero tenía sueño. Estar a su lado me relajaba completamente, aunque estuviese todo encorvado.

.

Desperté cuando unos dedos frágiles se entremetían entre mis cabellos. Podía reconocer esa suavidad en cualquier instante, pero todavía no se sentían tan propias de la persona.

—¿Te desperté?

—No… llevaba unos minutos algo soñoliento —medio mentí. Hermione dejó de acariciar mi cabello y me volví a acomodar en la silla. Algunos de mis huesos sonaron por la mala posición—. ¿Te sientes mejor?

—Siento que toda esta maquinaria es innecesaria. Físicamente, dejando de lado esto —dijo, indicándose el parche que cubría la esquina superior derecha de su cabeza— no tengo ningún otro problema… —volvió a hacer una pausa.

—Eso y la memoria —le respondí.

—Lo siento… ¿mi mamá está afuera?

—Sí. Iré a buscarla, no te muevas —bromeé. Hermione sonrió y cerró sus ojos.

Salí del cuarto y fui al casino del hospital. En una de las mesas que estaban al rincón, se encontraban los padres de Hermione, además de Harry y Ginny.

—Está preguntando por usted.

—Gracias hijo, vamos papá —la señora Granger se puso de pie y junto a su marido fueron al dormitorio de su hija.

—Gracias mami… no, ahora no tengo más noticias de las que te conté… sí,… sí, Ron está con nosotros. Dale un beso enorme a James de mi parte, ¡dile que lo amamos muchísimo! —Ginny dejó de hablar con mi madre.

—¿Aún nada? —preguntó Harry. Negué con la cabeza.

—Estoy comenzando a perder la fe. Maldita la hora en que volví a seguir tus planes —comenté desganado, mirando de reojo a Ginny.

—No me eches la culpa, que ya me siento culpable por mí misma. ¿Cómo creías que iba a suponer que ocurriría todo esto?

—Tuve que pedirle matrimonio en nuestra cafetería favorita…

—¿Y dejar de lado lo romanticón de este plan? ¡Si era perfecto!

—¡Y mira donde estamos conversando ahora!

—Chicos… estamos en un hospital, hay que bajar el volumen.

—Estoy segura que cuando Hermione nos recuerde, todo esto será una hermosa experiencia que contarle a vuestros hijos.

—Si es que llego a tenerlos con ella… ¿Y si nunca se acuerda de mí?

—Tranquilo Ron, eso no pasará.

—Ya van casi dos semanas… —agregué.

Parecía mentira la situación en la cual nos encontrábamos.

Con Hermione estábamos planeando formalizar nuestra relación. En alguna de las conversaciones que ella tuvo que tener con mi hermana —la principal mentora de todas las cosas de película en mi vida—, hablaron de lo lindo y mágico que sería una petición de matrimonio fuera de lo común. Ginny se casó con Harry cuando nació el hijo de ambos, James. Fue algo sencillo, algo que siempre quisieron, pero Ginny no tuvo esa 'magia' que quería de alguna forma u otra, experimentarla por medio de Hermione. No hubo petición de mano sorpresa, y la ceremonia fue bastante recatada, solo la familia y los amigos más cercanos. Con mi novia pensábamos en lo mismo de todas formas.

Fue así como me convenció del plan maestro de su vida.

Deja que la ceremonia sea tranquila, pero tienes que sorprenderla con la petición. Por mucho que Hermione te diga que no le gustan ese tipo de cosas, sé que en el fondo es una romántica empedernida. Y para qué vamos a estar con rodeos. A toda mujer le encantaría sentirse así de protagonista.

Y bien… qué es lo que tu cabeza está maquinando…

Pues… supe que dentro de un mes viajarán a Chile, principalmente a Isla de Pascua, esa isla bonita que tiene unas rocas con cara de personas.

Ginny, esos son moais…

Da igual, a lo que voy es a lo siguiente. Date cuenta, saldrán al extranjero, estarán en una isla, solos… ambos saben bucear, podrías dejar la cajita con el anillo a un par de metros bajo el mar, bucean, la llevas hasta allí y ¡ta tan! Ella encuentra el anillo y se lo pides bajo el agua. Nadie te podrá superar.

Y cómo quieres que planee todo eso yo solo. Tú muy bien lo dijiste.

Ya tengo todo pensado, puedes escribir un correo electrónico a un equipo de buceo de allá, de seguro que hay muchos. Y todos querrán formar parte.

Ginny me convenció, porque la idea también me había llamado la atención, y lo mejor sería que ella no estaría presente, todo saldría bien. Ella me ayudó con los respectivos contactos, y rápidamente se fue organizando todo.

Nuestro viaje a la Isla de Pascua fue una idea que tomó forma durante el periodo en que estuvimos separados. Por aquellos años, Ginny comenzaba su embarazo, mientras Harry no hallaba la forma de poder regresar para estar con mi hermana. Esos meses fueron caóticos para ambos. Ellos querían que pasasen rapidísimo, y yo por mi parte, disfrutaba lo que más podía de mi relación con Hermione, puesto que regresando Harry, yo tendría que iniciar el mismo camino. A diferencia de Harry, que quería devolverse inmediatamente, yo deseaba poder permanecer mínimo un año en el intercambio de estudio. Era un plan y proyecto personal, y Hermione me apoyó en todo. Obviamente ambos nos entristecimos cuando tuvimos que separarnos, pero mi novia también se dedicaría a terminar sus estudios, juntaría dinero para independizarse y para experimentar la vida profesional.

Nuestra relación siguió su curso por medio de Facebook. Nos comunicábamos casi todos los días, y cuando me sentía muy melancólico o la extrañaba demasiado, veía todas sus fotos de perfil, desde la primera que publicó, allá por finales del 2007, (donde usaba frenillos), hasta las últimas, titulándose, con su familia, con mi hermana y mi sobrino aún en formación. Conversábamos de todo, y cuando digo de todo, era realmente todo. Había días en que discutíamos por el precio de la bencina, o nos reíamos de la gente de farándula que hacía de todo para poder sobrevivir en el complicado mundo de la televisión. Y había noches en que comentábamos algún documental en el que se encontraba investigando, porque Dicovery Channel era muy poca cosa para ella. Así fue como llegamos a la creación del mundo, pero no por las escrituras bíblicas o la evolución del mono.

¿Seguro que tienes tiempo?

Si amor, léeme, yo terminaré de hacerme el sándwich.

Busqué una reseña breve, la saqué de Wikipedia por lo rápido y resumido —me informaba por el micrófono.

Te escucho.

La leyenda dice que luego de que Make—Make hubiese creado la Tierra, sentía que algo le faltaba. Pero sucedió que un día tomó una calabaza que contenía agua, y con asombro se dio cuenta que al mirar en el agua, se veía su rostro reflejado en ella. Make—Make saludó a su propia imagen mientras observaba que en ella se apreciaba un pico, alas y plumas. Así fue como mientras observaba su reflejo, en ese mismo momento un pájaro se posó sobre su hombro. Observando la gran similitud entre su imagen y el pájaro, procedió a tomar su reflejo y lo unió con el del pájaro, naciendo así su primogénito. Pero a pesar de ello, Make—Make igualmente pensó en crear a un ser que tuviese su imagen, el cual hablara y pensara como él lo deseaba. Primeramente fecundó las aguas del mar, y producto de ello en las aguas aparecieron los peces. Pero como el resultado de ello no fue lo esperado, posteriormente procedió a fecundar una piedra en la que había tierra colorada, y de ella surgió el hombre. Make—Make estaba muy contento al haber creado al hombre, como la criatura que él deseaba; y como observó que este se veía muy solitario, posteriormente crearía también a la mujer. Mucho tiempo después, Make—Make se le aparecería en sueños a Hau—Maka, y le indicaría y explicaría cómo llegar a una isla inhabitada (La Isla de Pascua), para que en ese lugar tengan su nuevo hogar el Rey Hotu Matu'a y su pueblo.

Sería interesante poder ir a conocer esa Isla. No me preguntes por los nombres, tengo decenas de fórmulas matemáticas almacenadas ahora en la cabeza.

Aquella isla es conocida como "El ombligo del mundo"

Deberíamos tener nuestro hogar allá, qué te parece.

Creo que es muy místico, y no quiero aburrirme de su poder mitológico. Me encantaría si poder visitarla, debe haber un museo precioso, y cientos de historias más que en internet no se pueden encontrar.

Pues… vayamos a Isla de Pascua, será nuestro primer viaje como pareja, sin mencionar los anteriores a la Madriguera.

¿Te gustaría ir de verdad?

Claro que sí… estaba googleando unas imágenes, y me parece un lugar muy lindo. Prepara tus maletas.

¡Que eres exagerado! Aún falta medio año para que regreses.

Se pasará volando si tenemos muchos más planes.

Pero yo me encontraré viajando…

Pues iremos en tus vacaciones…

Averiguaré más al respecto.

Esa es tu misión.

Y justamente, los seis meses que me faltaban para devolverme pasaron rápidamente. Me perdí de muchos momentos importantes. El nacimiento de mi primer sobrino, James, y el fallecimiento de Oliver. Aquel futbolista, Don Juan con las mujeres, pero leal con sus amigos, había estado internado de gravedad los últimos dos meses. Su enfermedad lo había consumido sin piedad alguna, y sus últimas semanas de vida fueron las más dolientes, encerrado en el cuarto de su familia. Cho, la novia que fue más conocida por todos, y con la cual, casi siempre volvía, esperaba un hijo de él. Cuando se desató todo el problema de su enfermedad, ella aún no sabía de su embarazo. No solo temía por su vida, sino por la de su primogénito. Afortunadamente, ni ella ni su hija habían sido contagiadas, por lo que el legado de Oliver seguiría vivo en aquella niña que no pudo conocer a su padre.

Cuando me bajé del avión, luego de pasar a retirar mi equipaje, lo primero que vieron mis ojos fueron los castaños de Hermione, que aguantaban las ganas de llorar. Nos acercamos con lentitud, disfrutando de ese alargue de momento, donde vives y sientes cada paso, cada corte de distancia. Al encontrarnos frente a frente, le extendí mis brazos, y ella encajó su cabeza en mi pecho, como si siempre hubiésemos estado unidos. Su aroma me llenó de recuerdos, y sus labios húmedos me dieron la más cordial bienvenida. Estaba muchísimo más hermosa, si podía ser posible.

Dicen que cuando llega alguien a este mundo, otro se va… por eso fuimos primero al cementerio. Las flores que estaban sobre la tumba de Oliver aún estaban frescas. Le dejé un ramo de crisantemos y a pesar de no ser tan creyente, le recé la oración universal con respeto, guardando un poco de silencio, recordando los buenos momentos que pasamos juntos como amigos. Luego viajamos hasta La Madriguera. Allí conocí al pequeño James, que ya no estaba tan pequeño, rondaba casi el año de edad. Al principio se asustó, pero luego asoció que era uno más de la familia. El rojo de mi cabello ya era algo familiar en su corta vida.

Estuvimos dos semanas en mi casa.

Mi madre no dejaba de regalonearme y decía que estaba mucho más alto. Luego nos devolvimos a la ciudad, y me quedé en el departamento de Hermione. Aún no era de ella, pero tenía contrato con compromiso de venta. De a poco lo había estado adornando y cada rincón tenía su esencia.

Decidimos retrasar nuestro viaje a Isla de Pascua, porque lo primordial era poder formar lo que sería nuestro hogar. Así nos dedicamos ambos a trabajar durante el año siguiente, y ya cuando nos estabilizamos económicamente, y nuestra relación se fortaleció mucho más, estábamos listos para dar el siguiente paso, casarnos y viajar a aquel misterioso lugar.

—Ron, ¡Ron!

—Harry.

—Hermione te llama —me había quedado perdido en mis recuerdos.

—Se pondrá bien, ya verás.

—Gracias por estar aquí.

—No seríamos amigos ni padrinos de boda si no estamos aquí para animar a la novia con amnesia temporal, y al novio con nervios.

Simulé una pistola con mi mano y me dirigí nuevamente a la habitación de Hermione. Se encontraba almorzando.

—¿Rico?

—No mucho.

—Así es la comida de hospital —agregué, sentándome otra vez al frente de ella. Permaneció en silencio— ¿sucede algo?

—Disculpa… por no poder recordar aún. Sé que te entristece el que te vea como un desconocido.

—Tengo mucha paciencia, aunque no se note.

—Algo me dice que no —respondió sonriendo.

—La que se muere es Ginny.

—Tu hermana.

—Tu mejor amiga —volvió a perder su vista en su escuálida sopa.

—Me podrías contar otra vez… ¿cómo terminé aquí?

—Es como la sexta vez en la semana.

—Me da risa —contestó con franqueza—. Creo que escuchar muchas veces lo mismo me hará recordarte mucho más rápido. Y a Ginny, y su esposo.

—Pues… luego de casi un año juntando dinero para nuestra boda y este viaje, llegamos a la Isla. Nuestra primera noche dormimos en el hotel… en realidad, no dormimos mucho —agregué dos tonalidades más bajas. Hermione abrió sus ojos y esbozó una sonrisa tímida—. Al día siguiente te tenía una sorpresa, íbamos a bucear. Ambos teníamos puesto nuestro equipo necesario, y junto con el club de buceo del hotel iniciamos el descenso por un camino algo rocoso. Yo… tuve la culpa, me descuidé por unos instantes, te resbalaste y tu cabeza se golpeó con una roca a la orilla de la playa. Caíste en seco al mar y tragaste un poco de agua. Despertaste al día siguiente, pero cuando volviste en sí, no me reconociste. No me recordabas; ni a Ginny, Harry… solo a tus padres. Para ese minuto ellos ya venían viajando hacia aquí. Y eso ha sido tu estancia en la isla, llevas dos semanas internada.

—Siento que he arruinado el viaje de nuestras vidas.

—No, para nada.

—Ginny me dijo que lo teníamos planeado desde hacía mucho tiempo, apenas he podido ver el paisaje de la isla. Lo siento.

—No te disculpes amor… —Hermione aún era algo reacia a las muestras de cariño—, lo bueno es que estás aquí, sigues viva. Si te hubiese ocurrido algo yo… yo no me lo hubiera perdonado jamás.

—He visto nuestro historial, nuestras fotografías… lo único que quiero es poder recordarte, pero sigo sintiéndote un extraño.

Sus palabras dolían. Pero al menos me dejaba verla. Los primeros días me tenía miedo.

—Lo vamos a superar.

.

Los médicos tratantes de Hermione determinaron que no era necesario que siguiese internada en el hospital, pero recomendaban que siguiésemos en la isla, por lo menos hasta que Hermione se sintiese más cómoda con toda la información que había olvidado. Fue así como nos devolvimos al hotel. Sus padres se fueron al día siguiente, deseando que su hija recordase lo que ya era en su vida; una mujer profesional, con muchos sueños cumplidos, con una vida por delante que no podía esperar para seguir disfrutando. Por su parte, Harry y Ginny también tuvieron que devolverse, el pequeño James les extrañaba demasiado.

—Aún estamos a tiempo de ir a buscar a tu madre, y que se quede contigo aquí.

—No me iba a casar con mi madre, sino contigo.

—Dormiré en el sillón —Hermione se acercó a mí y colocó sus manos en mi rostro. Lo único que deseaba era poder abrazarla y besarla con locura, deshacerle de su ropa y encerrarnos en la pieza hasta que ya no pudiésemos más.

—No es para tanto —susurró, besando suavemente mis labios. Aquel beso fue como la gota que rebalsaba el vaso. Me separé de ella con algo de brusquedad.

—Iré a buscar la ropa a la lavandería —me excusé, y salí de la habitación.

Caminé y di dos vueltas completa por el hotel. No había tenido tiempo para poder conocerlo, y realmente era hermoso. Calculé el tiempo en que Hermione se tardaba en duchar, por lo que cuando llegué de vuelta al cuarto, ella ya estaba secándose el cabello. Mientras menos visiones tuviese de ella en acciones que me 'incentivaban', muchísimo mejor.

Cenamos en la terraza del hotel y no pareció incómoda. Sin embargo me abrumaba, sabía de alguna forma u otra que ella se sentía fuera de lugar. Yo también me sentiría así si hubiese perdido la memoria, creo.

Conversamos de muchas cosas del pasado, y por medio de mi Tablet, le mostré nuestros primeros álbumes de fotos, partiendo por el que hizo Ginny, cuando salimos en nuestra primera cita falsa. Con todos estos años de relación, teníamos muchísimas fotos que aguardaban preciosos instantes que incluso yo, había olvidado.

Comenzó a quedarse dormida temprano, aún permanecía con medicamentos, por lo que decidimos acostarnos para descansar. Ella se quedó dormida inmediatamente. Acaricié su brazo con sumo cuidado, seguía siendo igual de suave y azulino por los pequeños rayos de luna que entraban por la ventana. Media hora más tarde, Morfeo hizo acto de presencia en mi vida, y caí en un sereno sueño.

Hermione POV

Los ronquidos de Ron me hicieron despertar. Su brazo estaba cercano al mío, de seguro que estaba algo incómodo en la posición en la cual se había quedado dormido. Le acomodé sus lagos brazos debajo de las sábanas y le corrí el cabello para observar sus pelirrojas pestañas. Me sentía culpable por no poder sentir todo el amor que sabía, sentía por él.

No recordar cuánto amas a la persona que amas, sí que resultaba extraño. Yo sabía mis sentimientos, mi mente lo tenía claro, pero mi corazón no latía al mismo ritmo que las razones que le daba. Necesitaba volver a ser la misma.

Me levanté con cuidado de no despertarle y busqué su Tablet. Habría recurrido a un libro, pero estaba en medio del océano Pacífico, en un hotel, y no creía que tuviese una librería dentro.

"Cómo puedo recuperar la memoria después de un accidente" —escribí, y me di cuenta que Ron ya había escrito lo mismo, y había visitado todas las páginas que el buscador le entregó. Obviamente no me dijo nada, porque las ideas generales que aparecían, era volver al lugar donde se había 'extraviado la memoria' y justamente, él no debería de querer que volviese ahí, a sumergirme entre las aguas y golpearme otra vez con otra roca igual de malvada. Claro que esa no era la única información, había cientos de estudios y citas de películas y teleseries venezolanas.

—Prometo que volveré a ti —le susurré. Besé su frente y me abrigué para salir.

Llegué hasta el lugar donde me iban a proponer matrimonio. Era de noche, pero seguía siendo hermoso. La idea era digna de Ginny, y si todo hubiese salido bien, de seguro que la habría felicitado.

Sabía que mi amnesia era pequeña, y que más temprano que tarde se tendría que solucionar. Quizás porque pensaba mucho en aquello era que no me había concentrado en lo fundamental, que era justamente, disfrutar mi estadía en este hermoso paraíso.

Con más cuidado que la primera vez, comencé a descender solo un poco el roquerío. Estaba más oscuro por la hora en que me encontraba haciendo digna estupidez (estupidez que si tuviese mis cinco sentidos claros, obviamente no estaría haciendo).

Me senté al borde de unas piedras más lisas, y dejé que mis pies se mojasen con el agua. Para mi sorpresa, estaba tibia. Asumí que se debía por el calor del sol durante todo el día. Tomé otra piedrecita más pequeña, y me la lancé sobre mi cabeza. Mi cabello rebotó cualquier dolor. Me reí ante lo imbécil que había hecho. Sabía que golpearse nuevamente el mismo lugar agravaría el problema.

Cerré los ojos, y por un instante, dejé de pensar en todas las cosas que llenaban mi cerebro. Poco a poco fui hundiéndome en el mar oscuro, sintiendo como la calidez del agua iba impregnándome, haciendo que todo a mí alrededor no emitiese ruido alguno. El chocar de las olas se fue apagando, el leve canto del viento solo movía parte de mi cabello, las luces del pueblo iban descendiendo. Y fue así como fui sintiendo que todo lo que me rodeaba adquiría un color negro, tan negro como la noche misma sin estrellas.

Desperté porque un escalofrío recorrió mi cuerpo entero. El cielo ya no estaba tan oscuro, estaba amaneciendo. Por primera vez podía experimentar la salida del sol de forma tan espectacular. La vida realmente era maravillosa. Y cuando pensé lo magnifica de esta, un nombre retumbó en mi corazón, haciéndome sentir que me faltaba el aire, y que había perdido demasiado tiempo olvidándolo.

Y su voz retumbó en el sector, su voz agitada, así como cuando desperté luego del golpe.

—¡Ron! —grité, colocándome de pie, corriendo a su encuentro. Me vio y pude comprobar que parte de su miedo se había disipado. Corrió con mayor rapidez que yo y me estrechó en un abrazo. Por fin nos abrazábamos como correspondía. Sentía, al igual que la noche anterior, como mi cuerpo se volvía a inundar, pero no con oscuridad, sino con una luz tan radiante como la del sol que nos abrigaba con su resplandor.

—Tú quieres matarme de un susto, ¿cierto?

—Te amo, te amo mucho, no sabes lo mucho que te amo —repetí, como si el tiempo se me fuese a arrebatar. Ron sonrió enormemente y volvió a estrecharme contra su pecho.

—Dime por favor que no bajaste en la noche a estrechar tu cabeza con piedras, porque eso no da resultados… ¿o sí?

—Por supuesto que no lo hice. Pero he vuelto. Por fin he vuelto —Ron me besó con toda su pasión.

Yo sabía que se había estado conteniendo porque una parte de mí no podía reconocer todo su calor, toda su persona. Por fin sentía que éramos parte de un cuadro perfecto. Sabía que me veía más hermosa que antes, porque estaba junto a la persona que me ha amado en la vida de forma incondicional, quizás porque en este preciso instante me sentía tan feliz, quizás porque esperaba pasar toda mi vida así, amándolo como nunca había amado a alguien.

Terminamos de ver el amanecer, y regresamos de la mano al hotel. Llamé a mis padres para mencionarles que todo estaba en paz y normalidad, y que regresaríamos dentro de unos días más, para aprovechar la venida a Isla de Pascua como correspondía.

Pensaba en llamar a Ginny, pero Ron dijo que mejor la hiciera sufrir un poco, por lo que nos saltamos su comunicación y desayunamos. Tomé medicina para prevenir un posible resfrío, puesto que había pasado la noche al exterior y sería realmente desastroso terminar mis días en esta isla enferma.

Nos acostamos en la cama, qué más daba que fuesen pasadas las diez de la mañana, podíamos hacer lo que quisiéramos, y ahora estábamos tranquilos, juntos, amándonos. Conversamos de todo lo ocurrido durante la semana, nos reímos, e inició un juego de lanzarnos almohadas, evitando el golpearnos la cabeza, totalmente.

De pronto nos detuvimos y nos miramos fijamente. Me acerqué a él y enredé mis dedos en su nuca, mientras me perdía en la cálida sensación que me producía el acariciarle. Su lengua de pronto buscaba el permiso para conquistar mi boca, la entreabrí para permitirle entrelazarse y fundirse en una lucha apasionada. Ron me rodeó por la cintura, con fuerza. Fue un beso largo, intenso, dulce y apasionado.

Permanecimos así por varios minutos. Toda una eternidad. Hasta que quise despegarme. Cuando abrí los ojos me encontré con los de él que no dejaban de mirarme, con una cara de borrego a medio morir que me pareció completamente encantadora.

El juego de almohadas pasó a segundo plano. No dejábamos de besarnos. Al principio con ternura e inocencia. Ron, en un movimiento casi reflejo, comenzó a acariciarme la espalda por todo el borde del camisón, rozando apenas con la yema de sus dedos. Sentía cientos de pequeñas y deliciosas descargas eléctricas recorriéndome, sin darme cuenta comencé a respirar por la boca, en la boca de mi hombre, y así, sin que ninguno de los dos lo planeara (en realidad sí) el beso se volvió apasionado y tan incontrolable como un incendio.

Un gemido suave y ahogado retumbó en la habitación. Sus labios volvieron a encontrarme, nuestras lenguas a buscarse y enroscarse, entre suspiros y jadeos. Mis dedos se enredaron en su pelo otra vez, mientras las manos de mi amado me recorrían firmemente. Sin notarlo comencé a mecerse contra él, y abrió los ojos, que hasta ese momento había mantenido cerrados.

Se pegó a mi cuerpo con amor y deseo, para fundirme a él en un beso hambriento de más sensaciones. Nunca había sentido tantas hormigas recorrer mi cuerpo, tanta necesidad de ser acariciada más y más. Y él más acariciaba, sí, no dejaba de recorrer mi espalda, brazos, cintura... tímidamente las caderas, porque era como reencontrarnos luego de un tiempo. Un tiempo que se sentía una eternidad. Todas las caricias tenían una nueva energía para los dos.

Podía sentir el magnetismo en cada uno de los vellos de mis brazos. En un pequeñito vértice que parecía querer estallarme entre las piernas. Y necesitaba más, necesitaba más. Ron cerró su mano alrededor de mi pecho y acarició con suavidad al comienzo y con mayor firmeza según lo pedían nuestros vaivenes.

Deslizó suavemente su mano dentro de mi camisón, trazó deliciosos círculos recorriéndome hasta llegar al centro de mis sensaciones y así poder aprisionarme. Le mordí el labio inferior para quedar gimiendo en su boca, mientras él repetía la operación con mi otro pecho, hasta que Ron se deshizo de la exquisita presión de esos dientes para comenzar a regalarme suaves y húmedos besos en mi mejilla, cuello, clavícula, y por fin perderse en mis senos. Se apartó unos segundos para mirarme, como la primera vez, hace tantos años ya.

Había perdido completamente el control de mi cuerpo, me encontraba totalmente entregada al fragor de las sensaciones que Ron me regalaba. Podía sentir cómo ardía entre las piernas, como se mojaba sin dejar de palpitar. Y dejándonos llevar por ese mar de sensaciones rodeé a Ron con la pierna que tenía encima, buscando calmar nuestros ardores. Eso fue mucho más de lo que podíamos soportar, por lo que él se acomodó sobre mí, dejándome sentir todo el peso y la dureza de su cuerpo.

—Te amo… —me susurró entre jadeos. Sabía que estaba completamente sonrojada.

Todo el momento era muy excitante. Sentía mi intimidad más profunda, sentía deseo, mucho deseo. Ron estaba a punto de explotar. El calzoncillo seguía molestando, así que ayudada por ambas manos, salió de la escena rápidamente. Comenzó a subir y bajar lentamente. Ambos nos mirábamos dentro de los ojos del otro, con las frentes y narices pegadas, respirando el mismo aire, rozando nuestros labios sin besarnos. Era una escena cargada de excitación para los dos. Ron apretó su mano un poco más, acelerando progresivamente el ritmo.

Sin más cuestionamientos, Ron se dejó hundir en la profundidad y colmándome completamente, me volvió a hacer su mujer. El aire abandonó totalmente mis pulmones. Estuvimos un rato quietos, solamente sintiéndonos. Cuando nuestros pulmones pudieron llenarse de aire otra vez, él comenzó a moverse, fuera y dentro, despacio, lenta y deliciosamente. Sin pausas, sin prisas, sin dejar de mirarme, de besarse. Él salía casi completamente solo para volver a entrar, al mismo tiempo que yo iba su encuentro.

Cuando Ron sintió que me faltaba el aire de los pulmones, nuevamente, aceleró el ritmo, y la intensidad. Se dejó sostener por mí, haciéndome sentir todo el peso de su cuerpo y los empujes fueron más vigorosos. Poco a poco comencé a sentir como mi cuerpo se tensaba, mis músculos se contraían… algo dentro de mí iba a explotar inminentemente. Apreté mis ojos, empuñé mis manos en su espalda, y me sentí completamente plena.

—Te amo —se volvió a escuchar en nuestra habitación.

Fue todo lo que consiguió articular, y Ron se entregó al más demoledor placer en un grito desesperado. Sentí que me rompía en mil pedazos en el cielo estrellado… perdiéndome en el universo. No terminaba aún de recuperar el último de mis pedacitos, cuando sentí espasmos en mí. Exhausto, Ron se dejó yacer sobre mi cuerpo, reposando su cabeza entre mis pechos.

—Te amo, nunca me cansaré de decírtelo.

Sellamos nuestro reencuentro con un beso en nuestras frentes. Nos abrazamos, y volvimos a dormir, sabiendo que todos nuestros días serían igual de intensos.

Los días restantes transcurrieron de forma rápida y energética; sin lugar a duda nos llevábamos parte de la Isla en nuestros corazones.

Llegamos a nuestra ciudad, Ginny se deshizo en disculpas y prometió no meterse nunca más en nuestras vidas, pero tanto Ron como yo, sabíamos que aquella promesa sería rota en el tiempo. ¡Qué más daba! Si gracias a la intromisión de mi estúpida pero encantadora mejor amiga, había podido conocer al hombre de mi vida, al futuro padre de mis hijos (ojalá tener la parejita), al hombre que me llenaría de emociones y me haría sentir mujer no solo cuando me hiciese el amor, sino con solo mirarme. Mi historia estaba llena de momentos bellos, y todos estos eran gracias a las personas que me rodeaban.

—¿Qué haces?

—Estoy terminando de subir las fotografías de nuestro viaje. Hice un álbum exclusivo de mi estancia en el hospital.

—Te aseguro que Fred y George fueron los primeros en darle 'Me gusta' a dicho álbum.

—No te equivocas, incluso ya han comentado muchas fotos.

—Siendo tantos hermanos, no sé por qué soy yo el hazme reír de todos ellos.

—Tranquilo amor, yo te voy a defender.

—Créeme que tus palabras no me consuelan.

—Pues creo que haré otra cosa entonces para que te sientas mejor —agregué sugestivamente. Ron sonrió de inmediato y me levanto de la silla.

El resto de nuestra historia, seguirá siendo de la misma forma.


Nota de la autora:

Aunque muy tarde, por fin he terminado Facebook. Gracias infinitas a todas las personas que se unieron en esta loca locura locurística (¿) y que me esperaron. Créanme que tengo muchas ideas y todas estas las he estado escribiendo. Ya cuando las tenga terminadas las subiré y así no sufriré con los enormes retrasos de publicaciones.

El epílogo está basado en lo que le ocurrió a una amiga xD (no crean que pensé en películas de Hollywood). Su novio súper romanticón se la llevó a Isla de Pascua y de esa misma forma le iba a pedir matrimonio, pero ella se resbaló y perdió la memoria. Fue re triste para él, porque ellos cuando se conocieron se llevaban súper mal, y cuando ella lo vio a él solamente lo trató pésimo y bueno… le duró como un mes la amnesia, después se casaron, y ahora son los más felices.

Cada vez tengo menos tiempo, he ahí la explicación de por qué he estado desaparecida. Tengo muchas responsabilidades, y ya cuando estás inserta en el mundo laboral, la vida cambia completamente y valoras demasiado las horas que tienes para dormir. Todo enero estuve ensayando para la gira de coro, fuimos a Argentina y Brasil, luego viajé a Perú, empecé a trabajar de inmediato, y ahora que es Semana Santa pude escribir lo que me faltaba (el lemon para que me recuerden con amor xd)

Ahora prometo terminar Fixing Bugs! Nos vemos ahí (: