Diana, Ed y Callie lograron apenas escapar del hospital. Con Callie como copilota, mirando en todo momento cómo estaba Ed, recostado en el asiento de atrás, y Diana al volante, rompieron la barricada improvisada con el mismo auto para poder salir de lo que era una inminente perdición, si seguían en ese hospital. El auto sufrió disparos por parte de los soldados, pero pudo seguir avanzando.
-Esa niña que fue mordida cuando escapamos… Fue mordida por su abuelo. Yo misma lo di por muerto. No lo mordieron ni arañaron. Y dejé que la familia pasara un tiempo con el cuerpo, para despedirse. Y esto sucedió -dijo Callie desconsolada.
-No sé cómo explicar que se haya convertido. Pero no hay forma de impedir lo que pasó -dijo Ed apenas, que había escuchado. Tenía los ojos cerrados.
-Supongo que no. Pero podría haberme quedado en el hospital. Era mi deber quedarme ahí a curar a los mordidos… Y ahora estoy escapando.
-Hubieras muerto, el hospital estaba perdido. Ahora estás con nosotros. Vamos a Atlanta donde está nuestra hija, pero primero tenemos que rescatar a Jane y Claus, unos amigos. Fueron al hotel donde estábamos a rescatarnos, y ahora ellos están atrapados -dijo Diana, que buscaba un ruta por dónde manejar entre tanto caos.
-Los acompañaré. No sé si sirva de mucho, pero entre otras personas muertas confisqué una pistola, y una caja con balas. Tal vez nos sea útil para defendernos contra soldados o mordedores.
-Ojalá -dijo Diana.
Intentaron llegar en auto al Hotel Marsh House, pero fue imposible, debido a que el camino estaba lleno de autos volcados y pequeños incendios. Faltaban unas cuantas cuadras, así que las dos mujeres bajaron del auto, y se las arreglaron para quedar una a cada lado de Ed, sosteniéndolo, que estaba al borde de la inconsciencia.
Mientras caminaban a paso lento, cada vez que un mordedor se acercaba, Callie se encargaba de dispararles, pero no tenía buena puntería, y las balas se iban gastando rápido. Y muchos mordedores volvían a levantarse luego de recibir un disparo. Diana decidió ocupar el arma y se sorprendió al comprobar que tenía una puntería bastante buena, aunque decidió no dispararle a los mordedores, sino evitarlos para ahorrar balas. Aunque también se sorprendió al ver que algunos mordedores no morían al recibir el impacto de una bala.
Al llegar al hotel, de una patada Diana logró romper el cerrojo de la puerta principal para entrar. El salón principal estaba vacío y oscuro. Eran tal vez las seis de la mañana. Cuando ya estuvieron adentro, se dieron cuenta de que las ventanas estaban por fuera clavadas con tablas, improvisando una pared más segura, al igual que la puerta, que quedó entreabierta. Poco a poco, Diana empezó a buscar en los pasillos señales para encontrar a Jane y a Claus, mientras Callie, mientras ponía más balas en la pistola, se quedó a la entrada cuidando de Ed, el que ya estaba completamente inconsciente. Su tono de piel había palidecido demasiado.
-¿Jane? ¿Claus? -Preguntó Diana hacia las escaleras, esperando recibir una respuesta de otro piso, pero recibió desde pisos superiores fueron unos cuantos extraños gruñidos y pasos lentos acercándose.
-Mordedores -dijo Callie para sí misma al escucharlos también, y vio cómo Diana se acercaba hacia ella corriendo.
-Sí. No sé cuántos son, así que haremos esto. Acércate un poco a ellos y distráelos moviéndote de un lado a otro. Por mientras, yo desde acá les dispararé. ¡Vamos, no hay tiempo!
Callie obedeció y se acercó más a las escaleras, y vio a los mordedores acercarse, pero tuvo que dar unos cuantos pasos hacia atrás, pues éstos bajaron la escalera cayendo o a tropezones bruscos. Callie los guió de un lado a otro, encontrándose peligrosamente cerca de ellos. Mientras tanto, Diana se dedicó a dispararles, y de pronto entendió por qué cuando le disparaba a algunos éstos se volvían a levantar, o no les afectaba en nada. Ya había descubierto el patrón.
-¡Hay que darles en la cabeza para que funcione!
Así, fue mucho más fácil encargarse. Diana estaba tan concentrada en su puntería y no desperdiciar ni una sola bala, que no se fijó en que un mordedor se acercó a ella por la puerta del hotel, estando a menos de un metro detrás de ella. Diana no se percató del peligro que había sorteado hasta que Ed volvió a gritar, pues la criatura estaba mordiéndole un poco el otro hombro y arañándole una gran parte del abdomen con una mano. Inmediatamente, Diana cambió de prioridad y le disparó a quien estaba atacando a su marido. Y fue entonces que se dio cuenta que Ed estaba sentado en el suelo, ya no recostado. Él se había convertido en un escudo humano para mantenerla a salvo.
-¡Ed! Pensé que estabas desmayado -dijo ella con una lágrima cayéndole del ojo.
-Te iba a atrapar… De todos modos yo ya estoy mordido, no voy a salir de aquí… -dijo Ed, empezando a toser un poco de sangre.
-No, no digas eso.
-Tienes que volver a casa… Tienes que cuidar de Clementine… Te amo… -dijo Ed, cerrando los ojos.
-Yo también te amo. Nosotros dos cuidaremos de Clementine. Saldremos de aquí, y Callie hará que te pongas mejor. Buscaremos a Jane y a Claus, los sacaremos de aquí, y volveremos todos a casa.
Pero Ed ya no respondió, ni se movió. Diana no se sintió valiente para quedarse a ver cómo su marido yacía muerto y probablemente se convertía en un monstruo. Buscó a Callie que se las había arreglado para deshacerse con los mordedores que le quedaban, con un destornillador que había encontrado por ahí. El cabello rubio de Callie ahora estaba teñido en sangre.
-¿Y tu esposo? -Preguntó.
-Se ha ido. Tenemos que rescatar a mis amigos y luego iremos a las afueras de Atlanta, allí está mi hija. Podrás quedarte con nosotros mientras dure este desastre -dijo Diana sin emoción alguna-. Vamos a buscar a mis amigos.
-¿Tanto quieres a tus amigos?
-Ellos se arriesgaron a venir a buscarnos sin saber siquiera si estaríamos aquí. Ed no puede haber muerto en vano.
Cuando revisaron el comedor del primer piso encontraron uno que otro mordedor, pero Diana se encargó de ellos con el destornillador de Callie, para ser más silenciosas. Finalmente, encontraron a Jane y Claus, que estaban en el suelo, inmóviles.
-¿Jane? ¿Claus? ¿Están bien? -dijo sacudiéndolos para que volvieran a la normalidad-. Los vamos a sacar de aquí. Callie, ven a ayudarme con esto…
Fue entonces que unos reanimados Jane y Claus empezaron a atacar a Diana, colocándose encima de ella. Se escucharon cerca de tres disparos y los dos mordedores volvieron a quedar inmóviles, esta vez permanentemente. Asustada, triste y decepcionada de encontrar a sus amigos muertos, Diana intentó levantarse, pero no pudo, pues sentía un inmenso dolor e inmovilidad. Se dio cuenta que algo marchaba mal.
-¡Oh, Dios! No, no, no…
.¡Qué he hecho! Lo siento, lo siento… -dijo Callie, revisando el disparo que le había dado a Diana en un costado del abdomen- No puedo seguir con esto. No quiero vivir en este mundo, no así. De todos modos, ya me arañaron, cuando dejaste de cubrirme en la entrada. Un araño es tan mortal como una mordida.
Callie revisó que quedaran balas en la pistola, y sin decir ninguna palabra más se disparó en la cabeza, rápidamente, llorando. Su cuerpo se desmoronó, y la sangre empezó a cubrir los alrededores.
Mientras tanto, Diana le quitó la pistola a Callie de las manos. No quedaban balas. Intentó levantarse, seguir adelante, alcanzar el auto e irse de ahí. Pero era imposible. Se arrastró lo más que pudo hasta la entrada del hotel, pero no pudo más. Quedó a pocos metros de Ed que seguía en el suelo, sin convertirse aún.
Diana recordó lo que dijo Callie. Un anciano se había convertido sin recibir ni una mordida o rasguño. Tal vez a ella le pasaría lo mismo. No podría llegar a casa, ni cuidar de Clementine. Esperó a que ella siguiera viva. Esperó a que la situación fuera mejor allá. Diana sacó su celular del bolsillo del pantalón. Marcó a su casa y nadie contestó. Dejó otro buzón de voz, esforzándose por no llorar.
-¿Clementine, nena? Si tu puedes escuchar esto, llama a la policía. Acuérdate, 9-1-1. Te queremos mucho... Te queremos mucho... Te querem...
La batería murió, y Diana sucumbió.
