Aquí va el tercer capítulo, esta vez me ha quedado un poco largo, pero necesitaba contarlo todo. Este es el fin del prólogo, una vez que ya sabemos qué le ha pasado a Castle comienza la acción y los capítulos serán más rápidos.

Gracias por los reviews y a los que me habeís tenido paciencia, intentaré contestar a todos. A los que no os ha gustado la historia o lo que les ha pasado a la pareja, lo siento espero que en el futuro se arregle.


Abrió lentamente los ojos a la mañana siguiente sumida en un estado de somnolencia que le impedía recordar qué día era, dónde estaba, sintió la sequedad de sus ojos y su boca, su mente vacía y relajada. Intentó despertarse restregándose las manos por la cara. Ese movimiento logró despertar de su letargo al cerebro y recordó los acontecimientos del día anterior, su vida anterior y el nudo en el estómago regresó para estrangularle, se cubrió la cara con las manos y suspiró, sólo había sido una tregua.

En ese momento pudo oír los ruidos que la habían despertado, unos fuertes golpes en la puerta, insistentes, no demasiado fuertes, pero casi podría decir desesperados. Miró el reloj y se asustó. – Dios, son las 7 y media de la mañana. – Había dormido de un tirón toda la noche después de la pesadilla, gracias a las pastillas, e iba a llegar muy tarde a la comisaría. No le importaba, era la primera vez en meses que dormía tantas horas seguidas y sentía que había descansado un poco su maltrecho cuerpo.

- Quién demonios será– pensó con molestia. Ella no esperaba visitas, nadie que la conociera la iría a buscar un viernes a su casa a estas horas. Desde los últimos meses normalmente estaba en la comisaría o camino de ella si antes había ido a correr.

- Ya voy – se incorporó y al mirarse al espejo se percató de que estaba completamente desnuda, tomó su ropa interior y un pantalón de pijama y camiseta y se puso su bata blanca mientras se acercaba a la puerta.

Al aproximarse miró por la mirilla y se sorprendió. En el otro lado estaba Alexis golpeando insistentemente la puerta. Kate se asustó, que ella estuviera allí significaba que había pasado algo y rápidamente pensó en Martha. Abrió rápidamente la puerta con preocupación, pero no pudo decir nada, ya que una Alexis con lágrimas en los ojos se abrazó fuertemente a ella, con desesperación.

- Gracias a Dios, Kate, estás bien, estábamos tan preocupadas la abuela y yo- murmuró entre sollozos Alexis.

- ¿Bien? ¿Por qué no iba a estar bien? – preguntó sorprendida Kate.

La mirada de Alexis se endureció un poco. - ¿Sabes cuántas llamadas perdidas tienes nuestras de ayer por la noche y esta mañana? – Alexis se alejó de la inspectora para poder mirarla fijamente a los ojos.

- ¿Llamadas perdidas? No me he dado cuenta, ayer no podía dormir y me tomé una pastilla, supongo que no las he oído, lo siento. – Entrecerró los ojos a modo de disculpa.

- Tranquila – sonrió Alexis – ahora que ya sabemos que estás bien, no pasa nada.

- Pasa, por favor. -Kate se dio media vuelta camino del salón y la cocina, mientras Alexis cerraba la puerta. – No has contestado a mi pregunta, ¿por qué no iba a estar bien?

- Ayer llamé a Lanie y me dijo que estabas muy deprimida y pensé … - Alexis bajó la cabeza mirando al suelo, no se atrevía a decirle a Kate las miles de cosas que habían pasado por la cabeza de ella y de su abuela.

- ¿Qué podría hacer una tontería? – Levantó una ceja sorprendida y después frunció el ceño algo disgustada. – Yo nunca haría algo así – Era mentira, lo había pensado varias veces, pero la imagen de su padre, de su suegra y Alexis le recordaban que tenía que soportar todo aquello, otros también estaban sufriendo y su egoísmo no debía aumentar su dolor. Ella nunca haría algo así.

- Lo siento, pero es que últimamente te veo tan mal, Kate y yo … - unas lágrimas asomaban por sus ojos y viajaban por su mejilla – desde que mi padre …, - volvió a bajar la cabeza - no quiero perderte a ti también Kate, eres casi como ... como mi madre, no podría soportarlo también. Te necesito, como necesito a la abuela.

Aquellas palabras conmovieron Beckett que sintió sus ojos enrojecer y abrió sus brazos para acogerla. Alexis no dudó y se acercó ella, comenzó a llorar, mezcla del dolor por la pérdida de su padre y mezcla de la tensión de las últimas horas.

- Perdóname, a veces no me doy cuenta que no soy la única que le echa de menos. – Kate acariciaba su melena rojiza – Estoy aquí tranquila, estaré aquí.

- Le echo tanto de menos ¿sabes?, sus tonterías, su inmadurez, sus juegos, sus abrazos de oso – Alexis sonrió – sé que soy demasiado mayor para ello, pero sus abrazos es lo que más echo de menos.

- Lo sé cariño, lo sé. No te avergüences de extrañarle, era tu padre. Yo también le echo mucho de menos.

- ¿Cómo lo hiciste, Kate? – Alexis seguía aferrada a su madrastra, seguía sollozando. Ante esa pregunta, Kate se separó y la miró con extrañeza.

-¿A qué te refieres?

- Como superaste la muerte de tu madre, me parece imposible. – Las lágrimas de Alexis habían cesado. Alexis la miraba suplicante, necesitaba que le ayudara a seguir adelante, necesitaba una receta mágica – Tan sólo tiene 21 años, es casi tan joven como lo era yo – pensó Kate y sintió una punzada de dolor, aquella muchacha estaba pasando por lo mismo que pasó ella y no sabía cómo decirle que lo único que le ayudó a superarlo fue conocer a la persona por la que ahora estaban llorando su pérdida.

- No se supera, sólo se aprende a vivir con ello. Un día te levantas y descubrir que tienes que seguir adelante, que la vida es posible. – Kate suspiró y se alejó del abrazo, sentía que los recuerdos la atormentaban.

- Ojalá hubiera podido hacer algo para salvarlo, lo sabes ¿verdad? – Una lágrima se resbaló ahora por la mejilla de la inspectora.

- Kate, no te atormentes, ¿qué más pudiste hacer? Intentaste dar tu vida por salvarlo a él – Alexis la miraba fijamente a los ojos. Kate sintió la cicatriz de su hombro que le tiraba produciéndole dolor, ese era su recuerdo de aquella tarde. Se sujetó el hombro con la mano y movió la cabeza.

- ¿Un café antes de ir a la universidad? – Intentó huir de sus pensamientos relajar el ambiente cambiando de tema. – No te puedo ofrecer otra cosa

- Si gracias, pero tendrá que ser rápido ya me pierdo la primera clase del día y no puedo perder más – Alexis se acercó a la cocina donde estaba ella y se sentó en una banqueta. Su faceta responsable emergió sobre todas las demás. Kate encendió la cafetera y esperaron en un silencio incómodo hasta que terminó de hacerse el café. Kate le aproximó uno en una taza y se lo acercó a los labios. La inspectora se percató que la muchacha no le miraba a los ojos.

- ¿Pasa algo más Alexis? – Kate se sentó en la banqueta justo enfrente de ella y depositó el vaso en la encimera esperando que Alexis volviera a mirarla.

La muchacha levantó la vista y vio la sonrisa de la inspectora y se llenó de confianza.

- Kate, sé que es duro para ti volver a casa, que todo te recuerda a él, pero te echamos de menos, la abuela y yo.

- Cariño yo … - Kate intentó responderle pero no le salían las palabras y bajó la cabeza, el sólo hecho de pensar en el loft le impedía respirar. Aquella casa le recordaba a él, olía a él, era todo él. No soportaba dormir en su casa, en la que era de ellos, donde tantas veces habían hecho el amor, habían dormido abrazados, donde él le hacía sentirse especial, amada, afortunada. No podía entrar en su despacho, siempre esperaba verlo con las piernas encima de la mezas y el portátil en su regazo escribiendo hasta las mil de la noche, con su vaso de whiskie sumido en la más profunda oscuridad. Por eso, dos meses atrás había decidido volver a su apartamento, llevaba prácticamente cerrado dos años, pero no le costó mucho trasladarse. También le recordaba a él, pero la intensidad del recuerdo y la opresión en su pecho era menor, quizás porque ella había vivido en él sin él, mientras que el loft había sido su casa sólo con él, siempre de él.

- No te pido que vuelvas, sólo que vengas a vernos, a comer – bajo la cabeza – la abuela me ha pedido que te dijera que vinieses mañana a comer al salir de la comisaría, es sábado. – Volvió a levantar la mirada suplicante. – O podemos quedar las tres a comer y después ir de comprar. Echo de menos ir las tres juntas de compras, aunque ahora paguemos nosotras. – Aquel comentario las hizo sonreír a las dos.

- De acuerdo, iré a comer -. Suspiró casi arrepentida ya de lo que acababa de decir, pero la sonrisa que se dibujó en la cara de Alexis le derritió- Y luego nos vamos de comprar, he adelgazado tanto que necesito renovar algo mi vestuario.

- Gracias, no sabes lo contenta que se va a poner la abuela cuando se lo diga. – Alexis terminó el café de un sorbo y se levantó para marcharse. – Me voy a clase, no te entretengo más, creo que llegas tarde a la comisaría.

- Bueno, ayer cerramos un caso difícil así que no pasa nada porque me retrase un poco, así los chicos se encargan de terminar el papeleo. – Abrazó Alexis con cariño, intentó que fuera un abrazo de oso, pero a ella no le salían de forma natural, eran una patente de Richard Castle. – Mañana os llamo.

- Me marcho. – Cuando Alexis estaba en la puerta, se giró - Por cierto, carga la batería del móvil y llama a Lanie, estaba muy preocupada por ti. También intentó llamarte anoche y esta mañana. – Se volvió y abrió – No se quejará inspectora, hay mucha gente preocupada por usted. – y dicho esto se marchó.

Kate se quedó con su taza de café en la mano que volvió a rellenar con más café, sonrió pensando en el comentario de la muchacha. Había empleado el mismo tono que Castle, hablándole de usted como si no la conociera. Castle lo utilizaba mucho antes de estar juntos, cuando sólo eran compañeros-amigos, cuando quería decirle algo cariñoso sin ruborizarla y al parecer su hija utilizaba la misma táctica lingüística.

Poco a poco la sonrisa se trasformó en una mueca y desapareció de sus rostro. Su hija, la hija de Castle, la quería como si fuera suya, porque ella sería lo más parecido a una hija que ella iba a tener, porque una vez, hace muchos años le prometió a Castle que cuidaría de ella si él no estaba. Aun así, Kate sentía una punzada de dolor, porque no era hija suya – si al menos hubiéramos tenido un hijo Rick, algo que me uniera ti para siempre, que me ayudara a seguir adelante. Qué estúpida fui.

Con las respiraciones todavía entrecortadas por el esfuerzo y la excitación residual de sus cuerpos apoyaron la espalda en la cama cada uno a un lado. Kate se incorporó y apoyando su cabeza en su brazo se le quedó mirando. Mientras sonreía.

- ¿Qué? – preguntó entre risas Rick.

- Eso ha sido … guau

- ¿Genial, increíble, el mejor polvo de tu vida? – Arqueó las cejas con aires de suficiencia, lo que hizo que la inspectora le deleitara con una carcajada sonora.

- No se te puede decir nada Castle, tienes el ego demasiado grande.

- ¿Es mentira acaso lo que digo?

- No, no lo es, contigo todos son increíbles, todo es increíble.- Kate comenzó a acariciar con su dedo el pecho de Castle haciendo círculos mientras lo miraba con adoración. – Te quiero Rick – sonrió mientras se lo decía deslizando más suavemente los dedos hacia su cuello y el mentón. – y cada día que pasa más.

Castle se incorporó y rozó con una mano la mejilla con una caricia suave y tierna, tan tierna como la mirada que le ofrecía a ella que se acercó a él y le dio un beso, tímido, lento suave, sin mucha pasión pero con mucha ternura. Con los labios apenas separados unos milímetros fue Castle el que se confesó – Yo también te quiero Kate y quiero … quiero que estas noches, estos besos, estas caricias sean para siempre, te necesito siempre conmigo, tu sonrisa, tus labios, tu cuerpo, pero también necesito tus regañinas, tu sinceridad, tus miedos y tus defectos. Te necesito toda tú.

Kate estaba acostumbrada a las confesiones de amor de él, pero aquella noche se sintió especialmente conmovida y una lágrima cayó por su mejilla, Castle sonrió y se la secó con un dedo deslizándolo por su mejilla, ella suspiró, tomó su mano y se la besó dulcemente.

- Por eso nos casamos – susurró ella.

- Por esos nos casamos - respondió él,

Para siempre – dijeron los dos al mismo tiempo, con esa compenetración que les caracterizaba.

Se mantuvieron en silencio unos minutos, en unos de sus silencios para nada incómodos, diciéndose con la mirada, sin las palabras lo que se querían y necesitaban. Ella seguía acariciando su pecho en círculos mientras él había posado una mano en su brazo y con el pulgar subía y bajaba por él haciéndole cosquillas. Se miraban, sonreían y después comenzaron a besarse.

- Oye Kate – interrumpió repentinamente Castle - ¿puedo hacerte una pregunta?

Kate se separó de él y levantando una ceja sorprendida le contestó – Si claro, pero si vas a volver a preguntarte sobre el curso de piloto de helicóptero, la respuesta es no, si quieres lo haces tú.

Castle no pudo evitar echarse a reír, no lo había pensado aunque hubiera sido un buen momento para intentarlo, pero no era aquello lo que quería preguntarle.

- No, no era eso. Verás …- bajó la mirada un segundo sin atreverse a decir lo que quería preguntarle y eso hizo que la inspectora se tensara y entrecerrara los ojos, conocía a Castle y aquello no le iba a gustar. – Sé que no te gustan mucho los niños pero … llevamos ya un año casados y bueno … me preguntaba … - la cara de Beckett cambió de la preocupación a la sorpresa - algún día … pronto … yo ya soy mayor y tú … - y de la sorpresa a la indignación.

- ¿Me estás diciendo que soy mayor? – Kate echó la cabeza hacia atrás intentado aparentar indignación pero el nerviosismo de Castle, ver como balbucea para preguntarle aquello le divertía tanto que era incapaz de aguatarse la risa.

- No, yo …, no quería decir eso, pero a mí me gustaría, no sé …

Kate ya no pudo aguantarse más y una carcajada salió de sus labios. – Que razón tiene tu madre Castle, para ser un escritor famoso cuando tienes que decir algo importante y estás nervioso no eres capaz de formar una frase coherente. – Se acercó a su frente y le beso ayudando a que Castle se relajara.

- Estoy hablando en serio Kate, me gustaría tener un hijo, o dos o cientos contigo, pero eso es cosa de los dos y tú….

- Tranquilo Castle, tenemos tiempo, yo no soy tan vieja como crees – dijo eso mientras le mordía el cuello dejándole marca como castigo por su osadía – tenemos mucho tiempo por delante, todo llegará de forma natural, sólo dame un poco más de tiempo para disfrutar de nosotros, de esto que tenemos, pero te prometo que tendrás todos los hijos que quieras. – mientras le susurraba Kate se impulsó y se colocó encima del escritor y comenzó a besarle el cuello estimulándolo.

- ¿Todos los que quiera? – preguntó el escritor con alegría.

- Bueno sin pasarse y ahora cállate y bésame, tenemos que practicar. – Kate se incorporó un poco deslizándose por el cuerpo de Castle y comenzó a besarle mientras le empujaba hacia el colchón, sus piernas a cada lado del escritor sintiendo su ya evidente excitación, sus manos acariciando el cuello del él hasta llegar a su pelo, mientras Castle acariciaba su espalda con ambas manos subiendo y bajando por ella al, principio con delicadeza y después presionando para acercarla más a él. Así comenzaron de nuevo a amarse como también sabía hacer ellos.

Una lágrima se deslizó por la mejilla de Kate, se la arrancó de la cara con rabia – Que estúpida fui, no tuvimos todo el tiempo del mundo, ni siquiera tuvimos una semana más Rick, te prometí algo que nunca podré cumplir. – La ira se habían apoderado de la inspectora. - Cuatro días después de aquella noche de promesas aquel hijo de puta te disparó y yo no pude hacer nada por evitarlo, no pude hacer nada por evitarlo. - Kate se repetía ese mantra para sí misma constantemente, probablemente para tratar de convencerse de que así fue, pero la realidad para ella era muy distinta de lo que la gente le quería hacer creer, para ella todo fue culpa suya, ofuscada por el deseo de acabar con todo de una vez fue allí sin más refuerzos que Ryan y Espo, no tenía que haber dejado a Castle entrar en aquel almacén, él era el objetivo de Tyson y no tenía que haberle dejado entrar, lo hizo todo mal, por mucho que los de asuntos internos dijeran lo contrario, y ahora estaba pagando su jodida penitencia, lo que daría por ser ella la desparecida y que él estuviese vivo. Al dolor de haber perdido al hombre de su vida, al único hombre que había amado más que a nada, al dolor de su ausencia y la de su futuro juntos, al sufrimiento de las promesas rotas, tenía que añadirle el remordimiento, la sensación de culpa, la ira consigo misma porque no sólo no había podido salvarle, ni siquiera había podido recuperar su cuerpo. Ni siquiera tenía un sitio donde llorarle. Volvió a sujetarse el hombro mientras recordaba aquella fatídica tarde

Entraron en aquel almacén oscuro, olía a cerrado, a humedad y a óxido. Las ventanas cubiertas de polvo y suciedad de la parte superior apenas iluminaban aquel espacio, lo cual lo hacía más lúgubre y peligroso. Avanzaban agachados en posición de ataque, pistolas en mano, primero Kate seguida de Ryan y Espo, con Castle por detrás, más preocupado de que Kate fuera la primera que de Tyson, que se encontraba escondido en algún lugar de aquel enorme almacén.

El silencio era tal que hasta sus sigilosos pasos podían oírse en aquel recinto, que en mejores tiempos debieron ser las oficinas. Llegaron a una escalera situada al fondo y subieron pegados a la pared, siempre en silencio y sin abandonar la posición. Cuando alcanzaron el primer piso, con un gesto la inspectora les indicó a Ryan y Espósito que subieran al piso de arriba, ellos no parecieron estar muy de acuerdo.

- Kate será mejor que no nos separemos – susurró Ryan, ellos eran dos, pero en el fondo Kate se quedaba sola, sin entrenamiento ni pistola Castle no sería de gran ayuda.

- Arriba, ahora! – ordenó Kate mientras señalaba con la cabeza el piso superior.

- Si lo encontráis avisa, no te enfrentes a él sola ¿de acuerdo? – masculló Espo, no muy convenciso con dejarlos a los dos en ese piso. Tomaron las escaleras hacia arriba y desaparecieron en seguida.

Kate se agachó y sacó una pistola de su tobillo y se la acercó a Castle – Toma, cógela – susurró muy despacio.

- ¿Me vas a dejar llevar una pistola? – preguntó extrañado Castle.

- ¿No creerás que te voy a dejar entrar ahí desarmado? No me fio de ese hijo de puta. Que vayas armado no significa que tengas que hacer ninguna tontería. Por favor ponte detrás de mí y no te separes ¿vale?

- Tranquila, seré tu sombra – se acercó y le dio un rápido beso en los labios mientras le acariciaba la cara. – Y si disparó intentaré no apuntarte a ti.

- Idiota, en serio Castle ten mucho cuidado. – el corazón de Kate latía muy rápido, a pesar de la adrenalina común en este tipo de situaciones, tenía una sensación de angustia que había comenzado al entrar en aquel almacén, tenía la sensación de algo no iba a ir bien, y tener a Castle detrás suyo le aumentaba la ansiedad, le daba miedo que le pasara algo. Había intentado que se quedara en el coche, pero sus intentos habían sido en vano, Castle tenía tantas ganas como ella de cazar a Tyson y terminar de una vez con ese macabro juego, que duraba ya 4 años.

Sin más dilación entraron por la puerta. Kate delante y Castle detrás pegado a ella con su nueva pistola en las manos. El corazón les latía con fuerza y un sudor frío le caía a Castle por la frente, sus manos temblaban al sujetar la pistola, aquello no le gustaba Kate era un blanco fácil y él no era un tirador experimentado, una cosa es un campo de tiro y otra un almacén oscuro. No tenía miedo, tenía pavor de sólo pensar que algo podía pasarle a ella. De todas las veces que había estado con Beckett en una situación así, sólo en un par le había dado una pistola, y en todas habían acabado a tiros. Aquellos pensamientos lo tensaron más todavía, sintió la adrenalina en sus venas y repentinamente sus manos dejaron de temblar, tenía que estar allí por ella, cubrirle la espalda como tantas veces y ésta no iba a ser distinta.

Kate avanzaba en silencio, pasaron un montacargas enorme y llegaron a la primera puerta del pasillo, Kate entró mientras Castle vigilaba, era una gran estancia vacía, una antigua sala donde seguramente antes almacenaban cajas y palés. Estaba vacía. Volvió a salir, le hizo una señal y continuaron por el pasillo, al fondo encontraron otra estancia, también vacía hasta que llegaron al final del pasillo. Enfrente una gran puerta de metal les esperaba, estaba medio abierta, una rendija dejaba ver apenas unos centímetros del interior. Aquella estancia no estaba vacía, había cajas por todos lados, apenas había luz.

Kate suspiró - Esto no me gusta, quédate aquí fuera – ordenó ella.

- Que! Ni hablar, no vas a entrar allí sola, de eso nada. – rechazó Castle, no estaba dispuesto a correr ese riesgo, aquello era una encerrona en toda regla.

- Rick, por favor déjame a mí, si oyes algo no entres, avisa a Espo y Ryan, ¿de acuerdo? – se acercó le dio un rápido beso y después sigilosamente abrió la puerta. El ruido de las oxidadas bisagras de acero hizo que su entrada no fuera silenciosa, así que decidió que lo mejor era darse a conocer.

- Policía de New York, entréguese. – Kate se situó detrás de unas cajas pegada a la pared intentando escuchar algún ruido, pero nada, estaba todo silencioso. Un escalofrío le recorrió la espalda, aquel silencio no le gustaba nada, aferró más fuerte su pistola sintiendo el contacto del cuero de sus guantes con el metal y se metió por un pasillo de cajas. De repente sintió un fuerte golpe en su brazo que le hizo perder la pistola, no la había visto venir pero una barra de hierro oxidada le había roto probablemente algún hueso de la mano, gimió de dolor. No tuvo tiempo de volverse a ver a su agresor cuando otro golpe de la barra en su espalda la hizo caer, se quedó sin respiración, ni siquiera pudo gritar, apretó la mandíbula para no sentir el dolor y tensó sus músculos intentando levantarse con la mano izquierda. Se apoyó pero su cuerpo no le respondía, punzadas de dolor subían desde la zona lumbar hasta el cuello. Otro golpe, esta vez en las costillas, quien le golpeaba era rápido y fuerte y además lo hacía con saña. Sintió una punzada de dolor en el pecho, en las costillas, seguramente se había roto alguna y los pinchazos eran casi insoportables.

- Buenas tardes inspectora – cuando levantó la mirada vio a Tyson apuntándole con su pistola, una sonrisa sardónica se trazaba en su cara y los ojos los tenía entrecerrados, con una mirada intensa, pero carente de todo sentimiento, la mirada de un psicópata.- No me diga que ha venido sola ¿y su perrito faldero?, bueno no, ahora es su esposo ¿no? – Kate intentó levantarse, la mirada de Tyson se endureció – Ni se le ocurra inspectora.

- Kate! ¿estás bien? – el grito de Castle se oyó por todo el almacén.

- Castle, no entres! – suplicó la inspectora intentando evitar lo que ya sabía que iba a pasar. Castle había entrado en el almacén al oír los gritos y la pelea.

- Ya sabía yo que sería tan estúpida de venir con él. – Tyson se agachó y la empujó hacia arriba, sin importarle el dolor de la inspectora le apuntó a la cabeza y se volvió esperando a que apareciera Castle.

- Castle, no te muevas y tira la pistola o la mato – Tyson gritó cuando Castle se asomó por el corredor de cajas apuntándole con la pistola.

La mayor de sus pesadillas se había hecho realidad, Tyson tenía a Beckett y le apuntaba con su pistola, sabía que la mataría, esta vez no iba a dejarles escapar, Un sudor frío le recorrió su frente, si disparaba corría el riesgo de darle a ella y si dejaba la pistola podía ser que les matara a los dos, o quizás a solo a uno, pero no podía arriesgarse, no mientras aquella pistola apuntara a la frente de ella.

Castle comenzó a dejar la pistola lentamente en el suelo, Kate le miraba y le decía que no con la cabeza, sabía que con los dos desarmados nada podía hacer, ella estaba perdida pero Castle aún tenía salvación.

- No lo hagas Castle, vete, sálvate, no dejes la pistola. – gritó desesperada, pero era tarde Castle ya la había dejado en el suelo.

- Bien Richard, bien. Acércate –ordenó. Castle salió de entre las cajas y se enfrentó a ellos. Tyson cogió a Beckett y la empujo hacia Castle.

- Vaya, vaya, si tenemos a la parejita feliz. Qué bonito, a quién mato primero. – Tyson volvió a reír.

- ¿Qué quieres Tyson? ¿Qué gana con todo esto? – Kate intentaba ganar tiempo esperando que Ryan y Espo, al no encontrar nada en el piso de arriba bajaran a buscarlos.

- Sólo quería el anonimato, sólo quería estar muerto, pero vosotros dos no podíais parar de investigar ¿verdad? ¿no podíais para de meter las narices donde nadie os llamaba? – dijo con rabia Tyson. – Nadie sabe que estoy vivo salvo vosotros, así que os toca morir, así me dejaréis en paz.

- No! – gritó Kate cuando vio como Tyson apuntaba a Castle y en un acto reflejo se colocó delante de él, justo para que la bala le impactara en el hombro. Cayó al suelo, el dolor era fuerte, pero al menos Castle estaba vivo.

- Kate , contéstame- suplicó Castle que se había agachado al ver a su musa en el suelo, se asustó, pensó que le había dado en el pecho, su corazón acelerado, sentía los pinchazos en su cabeza, la tensión y el miedo le hacía temblar las manos. – Contéstame, Kate, dime algo! - .imploró desesperado.

- Estoy bien Castle, sólo es el hombro –susurró ella. Castle descubrió la herida y la tumbó en el suelo. En ese momento Tyson comenzó a reír y la rabia y la furia no le hicieron pensar en las consecuencias de sus actos. Castle apretó la mandíbula y los puños y se levantó lleno de rabia con intención de tumbar a Tyson.

- Castle, no, va armado – ahora era ella la que suplicaba.

Tyson reaccionó y disparó a Castle, la bala le alcanzó el estómago, se sujetó la herida y cayó al suelo. – Nooo! – el grito de Kate se oyó por todo el almacén intentó incorporarse para acercarse a Castle, no pudo hacerlo, así que se arrastró hasta donde estaba él, casi inconsciente sólo murmuraba - Kate, Kate.

- No Castle, no te rindas, estoy aquí – las lágrimas de Kate caían por su cara, mientras acariciaba la de él. – No me dejes, aguanta ahora vendrá Ryan y Espo, no te preocupes, aguanta, no te duermas, todo saldrá bien ya verás. – Desesperada acariciaba la cara de él, no tenía fuerzas con un solo brazo para levantarlo, así que lo zarandeó para que no se durmiera – No te mueras Castle, no me dejes sola, que voy a hacer si no estás tú. – Castle la miraba sus ojos azules iban perdiendo vida poco a poco, sus labios temblaban, intentaba decir algo pero no podía, se sentía débil, quería decirle a ella que no se preocupara, que la quería, que cuidara de Alexis, pero no podía, no tenía fuerzas y poco a poco fue perdiendo la consciencia hasta que todo se volvió oscuro. Kate se dio cuenta que los ojos de Castle ya no la miraban y se rompió en mil pedazos, sin importarle Tyson ni nada de su alrededor lo acunó mientras lloraba, su corazón se había roto y una sensación de vacío la u¡inundó. Levantó la miraba, sus ojos estaban rojos del llanto, pero la mirada a Tyson fue fría, aterradora.

- Mátame, acaba de una vez por todas con esto – Kate no podía más, si Castle estaba muerto ella no tenía razones para estar allí, prefería morir con él que vivir muerta.

Tyson la miró, aquella mirada de psicópata era fría, su brillo en los ojos y su irónica sonrisa la asustaron – Sabe qué, inspectora, he cambiado de idea, mejor dejarla muerta en vida – La cara de Kate se tensó, parecía que le había leído el pensamiento, dejarle con vida sin él sería el peor de los castigos.

- No te atreverás – dejo Kate., lo retó esperando que su orgullo le hiciera apretar aquel maldito pestillo, el pestillo de su propia pistola. – Te juro Tyson que si me dejas con vida, te buscaré, te cazaré y te mataré con mis propias manos.

Tyson se acercó a ella – Buen intento, ni lo sueñe inspectora. No, usted se queda con vida, pero sabe una cosa. He pensado un castigo aún peor. Si terrible será su vida sin poder ver a su hombre nunca más, más horrible será no tener dónde llorarle.

- Que …- Kate no tuvo tiempo de más, Tyson le golpeó con la pistola en la cabeza .Sólo pudo unos instantes ver a Castle por última vez y todo se volvió oscuro.

Cuando despertó en el hospital un día después, llena de tubos e inmovilizada de cuerpo para arriba, lo primero que preguntó fue por Castle. Nadie quería decirle nada, pero las miradas de su padre y de Lanie le dijeron todo. Castle estaba muerto. Unas lágrimas cayeron por su mejilla, le daba igual, ahora todo le daba igual, algo se había roto en aquel almacén, como algo se había roto entes en aquel callejón y ya nada importaba. Lanie se acercó a ella y le secó las lágrimas con la mano, ella también tenía los ojos enrojecidos, seguro que de llorar.

- Cuando llegaron Javi y Ryan, te encontraron en el suelo inconsciente, con la herida del hombro y un montón de costillas rotas. Al lado tuyo un charco enorme de sangre, era sangre de Castle.

- ¿Y Castle? ¿Dónde está él ahora? – preguntó ella, recordaba que estaba al lado suyo cuando se desmayó.

- Cariño, no había nadie más, Tyson debió de llevarse el cuerpo. – Le acarició la cara sabiendo lo que esta noticia iba a significar para ella.

- Pero… - Kate no entendía nada, estaba aturdida por la anestesia, un brillo de esperanza apareció. – Si se lo llevó igual está vivo- intentó incorporarse, pero Lanie y el dolor en el pecho se lo impidieron.

- Cariño, son la sangre que había nadie habría podido sobrevivir. – Lanie la miró con pena, compasión y en su cara aparecieron unas lágrimas.

En ese momento Kate entendió la frase de Tyson "Si terrible será su vida sin poder ver a su hombre nunca más, más horrible será no tener dónde llorarle", el muy hijo de puta había escondido el cuerpo para que ella no lo encontrara. Y allí comenzó su pesadilla, su infierno personal.

Los tres primeros meses los dedicó obsesivamente a buscar una pista, algo que le llevara hasta él. Buscaron en escombreras, cementerios, terrenos abandonados, hasta buscaron en el río, pero nada. Tyson, junto al cuerpo de Castle y la Dra. Nieman se habían esfumado, habían vuelto a desaparecer, no tenían nada, ninguna pista o indicio. Beckett sintió la misma impotencia y obsesión que cuando la muerte de su madre, pero esta vez cuando se sintió en caída libre, acudió al Dr. Burke. Pero al empezar a mitigar la obsesión, descubrió que ésta ocultaba algo aún peor, el dolor y el vacío que sentía de no tenerlo.

Recordar aquello la sumía en una profunda depresión, así que se levantó y camino de su dormitorio tomó el móvil sin batería y al llegar a la mesita de noche cogió el cargador y lo enchufó a la red. El móvil se encendió y en el aparecieron 18 llamadas perdidas de Alexis, Martha, Lanie y la comisaría. Hoy le esperaba una buena bronca de sus amigos. Se levantó para ir a ducharse cuando el teléfono sonó. Era Espo.

- Beckett – contestó de forma mecánica.

- Hey, ¿Dónde demonios estás? – Espo parecía enfadado. Kate miró el reloj y marcaba las 9.

- En casa, me quedé dormida. Tampoco pasa nada el caso está cerrado, o es ¿Qué hay otro cuerpo?

- No no hay otro caso, pero Gates lleva preguntando por ti desde las 7 y media, está muy nerviosa.

- Joder Espo, ayer nos marchamos tardísimo, creo que me merezco descansar un poco. ¿No lo puede entender esa mujer?

- Lo sé Beckett, pero Gates está nerviosa, necesita hablar contigo urgentemente.

- ¿Urgentemente? ¿Qué es lo que pasa Espo? – Kate empezaba a tensarse, que Gates quisiese hablar con ella tan urgente no podía ser bueno, algo pasaba.

- No lo sé, solo sé que es sobre Castle. – A Kate al oír aquello se le cayó el móvil al suelo.


Advertencia: Castle no me pertenece